<?xml version="1.0"?>
<?xml-stylesheet type="text/css" href="http://en.gospeltranslations.org/w/skins/common/feed.css?239"?>
<rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title>Gospel Translations - User contributions [en]</title>
		<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Special:Contributions/Avillos</link>
		<description>From Gospel Translations</description>
		<language>en</language>
		<generator>MediaWiki 1.16alpha</generator>
		<lastBuildDate>Sun, 26 Apr 2026 23:54:17 GMT</lastBuildDate>
		<item>
			<title>The Cross and Criticism/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/The_Cross_and_Criticism/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''LA CRÍTICA Y LA CRUZ'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por Alfred J. Poirier.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 28 de enero de 1986, la lanzadera espacial Challenger y su tripulación se embarcaron en una misión con el fin de ampliar los horizontes didácticos y promover la evolución del conocimiento científico. El principal objetivo de la misión “Challenger 51-L” era la impartición de lecciones educativas desde el espacio por la profesora Christa McAuliffe.  Desde luego se impartió una lección, pero no la que todo el mundo esperaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
75 segundos tras el despegue se desató la tragedia. Ante la mirada de todo el planeta, de repente la lanzadera estalló por lo alto, desintegrándose la cabina junto con la tripulación. Los restos de metal, sangre y huesos cayeron en picado hacia la tierra con la gloria de nuestra nación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué había ido mal? Esa era la insistente pregunta que todo el mundo se hacía. El equipo de investigadores descubrió en seguida la causa concreta mientras examinaba los restos. El problema se encontró en las juntas tóricas (anillos de goma) diseñadas para adaptarse perfectamente a las juntas de las ranuras del motor del cohete. Obviamente, las juntas tóricas se habían vuelto defectuosos ante condiciones adversas y el fallo mecánico resultante acabó en tragedia. ¿Esa era toda la historia?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al final la verdad salió a la luz. El ''New York Times'' lo anunció con franqueza: la causa final del desastre de la lanzadera espacial fue el orgullo. Un equipo compuesto por los mejores managers hizo caso omiso de las advertencias, consejos y críticas hechas por aquéllos con vistas en el futuro preocupados por la fiabilidad operativa de algunas partes del motor de la lanzadera en condiciones de presión anormales. Sólo piense:''haber hecho caso de las críticas podría haber salvado siete vidas humanas''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como pastor, líder en la iglesia y profesor para ''Peacemaker Ministries'', estoy bendecido gracias a la oportunidad de ministrar a personas y congregaciones en conflicto. Entre muchas de las cosas que he podido aprender, una de ellas es el papel dominante que tiene el criticar y recibir críticas a la hora de agravar un conflicto. Y con más razón he aprendido que el remedio ofrecido maravillosamente por Dios nos exige que volvamos a la cruz de Cristo. Para el propósito que tenemos por delante, quiero que examinemos el problema de recibir críticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La dinámica defensiva contra la crítica'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, voy a definir lo que quiero expresar con crítica. Estoy usando este término en un sentido amplio refiriéndome ''a cualquier juicio que alguien hace de usted porque no puede cumplir con un criterio''. El criterio puede ser de Dios o de un hombre. El juicio puede ser verdadero o falso, puede hacerse con amabilidad con intención de corregir o con dureza y de forma condenatoria, puede hacerlo un amigo o un enemigo, pero en cualquier caso es un juicio o una crítica sobre usted porque no ha cumplido con un criterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea como sea, la mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en que la crítica es difícil de aceptar. ¿Quién de nosotros no conoce a alguien con quien hay que tener especial cuidado con nuestras observaciones no sea que exploten en respuesta a las correcciones que sugerimos? Desgraciadamente, cuando viajo por el país, la historia que se escucha a menudo es la de que muchas personas nunca se atreverían a enfrentarse o a criticar a sus pastores o líderes por miedo a las represalias. Muchos simplemente buscan otra organización para la que trabajar u otra iglesia a la que asistir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De hecho, ¿no conoce a líderes que eligen para su círculo íntimo a las personas que son más complacientes con ellos? ¿Cuántas veces lo han advertido de “andarse con pies de plomo” con esa persona?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por muy triste que pueda parecer, esas personas no son muy diferentes de mí. A mí tampoco me gusta la crítica. Me cuesta aceptar cualquier tipo de crítica. Preferiría mucho más ser elogiado que corregido, alabado que reprendido. ¡Preferiría mucho más juzgar que ser juzgado! Y no creo que sea el único. Cuánto más escucho, más oigo la dinámica defensiva contra la crítica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando aconsejo, veo esa dinámica en la manera chistosa en la que una pareja se distrae con cualquier tema a mano para discutir sobre quién dijo qué, cuándo y dónde; o en cómo las personas debaten una y otra vez si fue el martes o el miércoles cuando hicieron algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué empleamos tanto tiempo y energía aplastando con mazos estas moscas? ¿Por qué nuestras mentes y nuestros corazones se implican instantáneamente y nuestras emociones surgen con tanto vigor en nuestra defensa? La respuesta es sencilla. Estos temas no son secundarios o insignificantes. Defendemos lo que consideramos de gran valor. Pensamos que es nuestra ''vida'' lo que estamos salvando; creemos que algo mucho mayor se perderá si no empleamos todos nuestros medios para salvarlo. ''Nuestro nombre, nuestra reputación, nuestro honor, nuestra gloria''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si no ''señalo'' que ''me han'' malinterpretado, tergiversado mis palabras o acusado falsamente, entonces los demás no sabrán que ''yo tengo razón''. Y si ''yo'' no señalo ''mi'' razón, nadie lo hará. ''Seré'' desdeñado y condenado ante los ojos de los demás”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Ve al ''ídolo del yo'' aquí? ¿El deseo de autojustificación? Los ídolos tienen piernas. A causa de este profundo deseo idólatra de autojustificación, la tragedia de la lanzadera espacial se agota una y otra vez en nuestras relaciones. Destruye nuestra capacidad para escuchar y aprender y nos lleva a disputas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este modo, por nuestro orgullo y necedad, sufrimos voluntariamente la pérdida de amigos, esposa o personas queridas. Algo de esta destrucción viene en forma de breve tregua. Aguantamos una guerra fría, firmamos una paz falsa. Nos comprometemos los unos con los otros para debatir sólo aquello que tiene muy poca importancia para el bien de nuestras almas. Plantamos minas terrestres y amenazamos a alguien con que explotaremos de ira si sacan el tema tabú de mi equivocación, error o mi pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así es como progresan las divisiones y las facciones en las iglesias. Nos rodeamos de hombres “sí”, personas dispuestas a no cuestionarnos, aconsejarnos o criticarnos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún así, mientras seguimos defendiéndonos de las críticas, vemos que las Escrituras enseñan algo distinto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Crítica elogiada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La habilidad para escuchar y hacer caso de la corrección o la crítica es elogiada en las Escrituras, sobre todo en Proverbios. Ser una persona enseñable, capaz y dispuesta a recibir corrección es de sabios. Y un padre o madre sabio promoverá e inspirará esa actitud en sus hijos e hijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que ''escucha consejos'' es sabio” (Pr. 12:15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Por la soberbia sólo viene la contienda, mas con los que ''reciben consejos'' está la sabiduría&amp;quot;  (Pr. 13:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La reprensión ''penetra'' más en el que tiene entendimiento que cien azotes en el necio” (Pr. 17:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La capacidad para recibir un consejo, corrección o reprensión no sólo se considera una ''característica'' del sabio y la incapacidad una ''característica'' del necio, sino que tanto el sabio como el necio ''cosechan'' según su capacidad para recibir críticas: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El que desprecia la palabra ''pagará por ello'', pero el que teme el mandamiento será ''recompensado''” (Pr. 13:13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Da instrucción al sabio, y ''será aún más sabio'', enseña al justo, y ''aumentará su saber''” (Pr. 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones ''adquiere entendimiento''” (Pr. 15:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay ''ganancia'' al recibir críticas.  No extraña que David lo exclamase en el salmo 141:5: “Que el justo me hiera con ''bondad'' y me reprenda; es ''aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza''”.  David conoce el beneficio de adquirir entendimiento, conocimiento y sabiduría. Sabe que la reprensión es una bondad, una bendición, un honor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos pasar de ser siempre prontos para defendernos contra todo tipo de críticas a al contrario, pasar a ser como David que lo veía como una ganancia? La respuesta es mediante entendimiento, creyendo y declarando todo lo que Dios dice sobre nosotros en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo lo resumió cuando dijo: “He sido crucificado con Cristo”. Un creyente es aquel que se identifica con todo lo que Dios declara y condena en la crucifixión de Cristo. Dios declara en la crucifixión de Cristo la verdad completa sobre Él mismo: Su santidad, benignidad, justicia, misericordia y verdad revelada y mostrada en Su Hijo, Jesús. Del mismo modo, Dios condena la mentira en la cruz: pecado, engaño y el corazón idólatra. Condena mi naturaleza pecadora tanto como mis pecados concretos. Veamos cómo se aplica esto a la hora criticar y recibir críticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Primero. En la Cruz de Cristo estoy de acuerdo con el Juicio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me veo como Dios me ve: un pecador. No hay manera de escapar a la verdad: &amp;quot;No hay justo, ni aun uno&amp;quot; (Ro. 3:9-18). Como respuesta a mi pecado, la cruz me ha criticado y juzgado de la manera más intensa, profunda, penetrante y verdadera como nadie hubiera podido jamás. Este conocimiento nos permite decir de otras críticas hacia nosotros: sólo son una parte muy pequeña de ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Stg. 2:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fe, yo confirmo el juicio de Dios conmigo, que soy un pecador. También creo que la respuesta a mi pecado está puesta en la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive” (Gá. 2:20). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él [Jesús], para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (Ro. 6:6). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si la cruz habla de algo, habla de mi pecado. La persona que dice: &amp;quot;con Cristo he sido crucificado” es una persona bien al corriente de su naturaleza pecadora. Usted nunca conseguirá que la vida vaya bien mediante sus propios esfuerzos y sin ayuda porque todos los que dependen de cumplir la ley están bajo maldición. “Maldito ''todo el que'' no permanece en ''todas las cosas'' escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). De este modo la cruz no se limita a criticarnos o juzgarnos, nos condena por no hacer todas las cosas escritas en la ley de Dios. ¿Usted lo cree? ¿Siente la fuerza de esa crítica? ¿Valora la minuciosidad del juicio de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La persona crucificada también sabe que no puede defenderse por si sola contra el juicio de Dios compensando su pecado con buenas obras. Piense en este hecho: “Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Santiago 2:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afirmar ser cristiano es estar de acuerdo con todo lo que Dios dice de nuestro pecado. Como persona “crucificada con Cristo”, admitimos, estamos de acuerdo y aprobamos el juicio de Dios contra nosotros: “No hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Segundo. En la cruz de Cristo estoy de acuerdo con la justificación de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cruz de Cristo, no sólo tengo que estar de acuerdo con el juicio de Dios hacia mí como pecador sino también tengo que estar de acuerdo con la justificación que Dios ha hecho de mí como pecador. Mediante el sacrifico de amor de Jesús, Dios justifica a impíos (Ro. 3:21-26). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gá. 2:20). Mi objetivo es gloriarme en la justificación en Cristo, no en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él [Dios]” (Ro. 3:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen” (Ro. 3:22).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orgullo alimenta las disputas, decía Salomón. A menudo las disputas consisten en quién tiene la razón. Las disputas estallan en nuestra necesidad idólatra de autojustificación pero no si estoy apelando a la cruz. Porque la cruz no solo declara el veredicto justo de Dios contra mí como pecador sino también Su declaración de justificación mediante la gracia por la fe en Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cruz de Cristo me recuerda que el Hijo de Dios me amó y dio su vida por mí; y por ello, Dios me ha aceptado completamente y para siempre en Cristo. Así funciona la gracia: Cristo nos redimió de la maldición de la ley haciéndose maldito por nosotros, porque está escrito: &amp;quot;Maldito todo el que cuelga de un madero”. Él nos redimió, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Ga. 3:13f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué cimientos más seguro para el alma! Ahora, ya no practico la autojustificación sino que me glorío, me glorío en la justicia de Cristo para mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si realmente cree esto de corazón, el mundo entero podrá levantarse contra usted, denunciarle o criticarle, y usted será capaz de responder: &amp;quot;Si Dios me ha justificado, ¿quién me condenará?&amp;quot; &amp;quot;Si Dios me ha justificado, aceptado y nunca me abandonará, ¿entonces porqué debería sentirme inseguro y temer a las críticas?” “Cristo cargó con mis pecados y yo recibí Su Espíritu. Cristo cargó con mi condena y yo recibí su justicia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Implicaciones de tratar con la crítica'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo en cuenta el juicio y la justificación de Dios para el pecador en la cruz de Cristo, podemos empezar a descubrir la manera de trata con todo tipo de críticas. Al estar de acuerdo la crítica ''de Dios''puedo enfrentarme a cualquier crítica que el hombre pueda lanzar contra mí. En otras palabras, ''nadie puede criticarme más de lo que lo hizo la cruz''. Y la crítica más devastadora acaba siendo la más misericordiosa. Si por tanto usted sabe que ha sido crucificado con Cristo, entonces puede responder a cualquier crítica, incluso a las malentendidas u hostiles sin amargura, sin ir a la defensiva y sin insultarse. Esas reacciones suelen agravar e intensificar los conflictos y conducen a la ruptura de las relaciones. Usted puede aprender a escuchar las críticas como constructivas y no condenatorias porque Dios lo ha justificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena?” (Ro. 8-33:34a).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Que el justo me hiera con ''bondad'' y me reprenda; es ''aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza''” (Sal. 141:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si sé que he sido crucificado con Cristo, ahora puedo recibir la crítica de alguien con esta actitud: “Usted no ha descubierto una fracción de mi culpabilidad. Cristo ha dicho más sobre mi pecado, mis fallos, mi rebelión y mi necedad que lo que cualquier hombre pueda decir de mí. Le agradezco sus correcciones. Son una bendición y una gentileza para mí ya que incluso si son erróneas o inadecuadas, me recuerdan mis verdaderos fallos y pecados por los que mi Señor y Salvador pagó caro cuando Él fue crucificado por mí. Quiero escuchar sus críticas cuando sean legítimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La corrección y el consejo que oímos nos lo envía nuestro Padre celestial. Son Sus correcciones, reprensiones, advertencias y reprimendas. Sus recordatorios quieren humillarme, eliminar la raíz del orgullo y sustituirla con un corazón y un modo de vida de creciente sabiduría, entendimiento, benignidad y verdad. Por ejemplo, si usted puede recibir críticas (ya sean justas o injustas), aprenderá a ''criticar'' con un propósito misericordioso y resultados constructivos. Vea la separata “Criticar a la manera de Dios&amp;quot; (Giving Criticism God’s Way).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya no temo la crítica del hombre porque ya he aceptado la crítica de Dios. Y ya no busco como fin la aprobación del hombre porque por medio de la gracia he ganado la aprobación de Dios. De hecho, Su amor por mí me ayuda a escuchar las correcciones y las críticas como una bondad, aceite sobre mi cabeza de parte de mi Padre que me ama y me dice: “Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12: 5-6).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aplicando lo que hemos aprendido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Critíquese a sí mismo''. ¿Cómo reacciono típicamente ante la corrección? ¿Hago pucheros cuando me critican o me corrigen? ¿Cuál es mi primera reacción cuando alguien me dice que estoy equivocado? ¿Tiendo a atacar a la persona? ¿Tiendo a rechazar el contenido de las críticas? ¿Reacciono con educación? ¿Hasta qué punto acepto los consejos? ¿Hasta qué punto los busco? ¿Puede la gente acercarse a mí para corregirme? ¿Soy enseñable? ¿Albergo ira contra la persona que me está criticando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Busco la defensa inmediatamente, desempacando mis actos justos y opiniones personales para auto-defenderme y demostrar mi justicia? ¿Pueden corregirme mi esposa, mis padres, mis hijos, hermanos, hermanas o mis amigos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. ''Pídale al Señor que le dé un anhelo por ser sabio en lugar de necio''. Utilice los proverbios para encomendarse a sí mismo las bondades de estar dispuesto y ser capaz de recibir críticas, consejos, reprensiones, asesoramiento o corrección. Medite en los pasajes dados anteriormente: Proverbios 9:9; 12:15; 13:10,13; 15:32; 17:10; Salmo 141:5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. ''Céntrese en su crucifixión con Cristo''. Aunque puedo decir que tengo fe en Cristo e incluso decir como Pablo: “Con Cristo he sido crucificado”, aún no me encuentro viviendo a la luz de la cruz. Entonces me reto con dos preguntas. La primera: si nunca sé dónde meterme ante la crítica de los demás, ¿cómo puedo decir que conozco y estoy de acuerdo con la crítica de la cruz? Segunda: si me justifico todo el tiempo, ¿cómo puedo decir que conozco, amo y me agarro a la justificación de Dios mediante la cruz de Cristo? Esto me lleva a reconsiderar el juicio y la justificación de Dios hacia el pecador en Cristo en la cruz. Cuando medito en lo que Dios ha hecho por mí en Cristo, encuentro la resolución para estar de acuerdo y declarar todo lo que Dios dice de mí en Cristo con quien he sido crucificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4. ''Aprender a hablar palabras enriquecedoras para los demá''s. Yo quiero ''recibir'' críticas como un pecador viviendo en la misericordia de Jesús, ¿así que cómo puedo ''criticar'' de manera que trasmita misericordia a otro? Una crítica acertada, equilibrada hecha con misericordia es la más fácil de escuchar (e incluso mi orgullo se rebela contra esa); una crítica injusta o áspera (ya sea justa o injusta) no tiene porqué ser duro de oír. ¿Cómo puedo hacer críticas acertadas, justas, templadas con misericordia y afirmación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi oración es para que en su lucha contra el pecado de la autojustificación su amor profundice para la gloria de Dios como fue revelado en el evangelio de Su Hijo, y que usted crezca como un sabio mediante la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
----&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CRITICAR A LA MANERA DE DIOS (GIVING CRITICISM GOD’S WAY)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Veo a mi hermano y hermana como alguien por quien Cristo murió (1 Co. 8:11)'''.&lt;br /&gt;
“Permanezca el amor fraternal” (He. 13:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vengo como otro igual que también es pecador'''.&lt;br /&gt;
“¿Entonces qué? ¿Somos nosotros mejores que ellos? De ninguna manera. No hay justo... por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Ro. 3:9, 23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Preparo mi corazón no sea que hable'''&lt;br /&gt;
'''con un espíritu equivocado'''.&lt;br /&gt;
“Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus” (Pr. 16:2).&lt;br /&gt;
“El corazón del justo medita cómo responder, mas la boca de los impíos habla lo malo” (Pr. 15:28).&lt;br /&gt;
“El corazón del sabio enseña a su boca y añade persuasión a sus labios” (Pr. 16:23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Examino mi propia mi vida y'''&lt;br /&gt;
'''confieso primero mi pecado'''.&lt;br /&gt;
“¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: &amp;quot;Déjame sacarte la mota del ojo&amp;quot;, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano” (Mt. 7:3-5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Siempre soy paciente durante el largo recorrido (Ef. 4:2)'''.&lt;br /&gt;
“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante” (1 Co. 13:4).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mi objetivo no es condenar debatiendo&lt;br /&gt;
sino edificar con crítica constructiva'''.&lt;br /&gt;
“No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” (Ef. 4:29).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Yo corrijo y reprendo a mi hermano con amabilidad,'''&lt;br /&gt;
'''con la esperanza de que Dios le otorgue la gracia'''&lt;br /&gt;
'''del arrepentimiento incluso cuando'''&lt;br /&gt;
'''yo mismo me arrepiento sólo mediante Su gracia'''.&lt;br /&gt;
“Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad...” (2 Tim. 2:24-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''&lt;br /&gt;
Alfred J. Poirier es pastor en la iglesia &lt;br /&gt;
Rocky Mountain Community Church, OPC, &lt;br /&gt;
y también sirve como profesor adjunto &lt;br /&gt;
para Peacemaker Ministries en asuntos que implican &lt;br /&gt;
aconsejar sobre conflictos y mediación. Es candidato&lt;br /&gt;
doctoral en el ministerio de consejo pastoral &lt;br /&gt;
en Westminster Theological&lt;br /&gt;
Seminary en Glenside, PA.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 07 Aug 2009 17:42:33 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:The_Cross_and_Criticism/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>The Cross and Criticism/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/The_Cross_and_Criticism/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''LA CRÍTICA Y LA CRUZ'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por Alfred J. Poirier.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 28 de enero de 1986, la lanzadera espacial Challenger y su tripulación se embarcaron en una misión con el fin de ampliar los horizontes didácticos y promover la evolución del conocimiento científico. El principal objetivo de la misión “Challenger 51-L” era la impartición de lecciones educativas desde el espacio por la profesora Christa McAuliffe.  Desde luego se impartió una lección, pero no la que todo el mundo esperaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
75 segundos tras el despegue se desató la tragedia. Ante la mirada de todo el planeta, de repente la lanzadera estalló por lo alto, desintegrándose la cabina junto con la tripulación. Los restos de metal, sangre y huesos cayeron en picado hacia la tierra con la gloria de nuestra nación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué había ido mal? Esa era la insistente pregunta que todo el mundo se hacía. El equipo de investigadores descubrió en seguida la causa concreta mientras examinaba los restos. El problema se encontró en las juntas tóricas (anillos de goma) diseñadas para adaptarse perfectamente a las juntas de las ranuras del motor del cohete. Obviamente, las juntas tóricas se habían vuelto defectuosos ante condiciones adversas y el fallo mecánico resultante acabó en tragedia. ¿Esa era toda la historia?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al final la verdad salió a la luz. El ''New York Times'' lo anunció con franqueza: la causa final del desastre de la lanzadera espacial fue el orgullo. Un equipo compuesto por los mejores managers hizo caso omiso de las advertencias, consejos y críticas hechas por aquéllos con vistas en el futuro preocupados por la fiabilidad operativa de algunas partes del motor de la lanzadera en condiciones de presión anormales. Sólo piense:''haber hecho caso de las críticas podría haber salvado siete vidas humanas''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como pastor, líder en la iglesia y profesor para ''Peacemaker Ministries'', estoy bendecido gracias a la oportunidad de ministrar a personas y congregaciones en conflicto. Entre muchas de las cosas que he podido aprender, una de ellas es el papel dominante que tiene el criticar y recibir críticas a la hora de agravar un conflicto. Y con más razón he aprendido que el remedio ofrecido maravillosamente por Dios nos exige que volvamos a la cruz de Cristo. Para el propósito que tenemos por delante, quiero que examinemos el problema de recibir críticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La dinámica defensiva contra la crítica'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, voy a definir lo que quiero expresar con crítica. Estoy usando este término en un sentido amplio refiriéndome ''a cualquier juicio que alguien hace de usted porque no puede cumplir con un criterio''. El criterio puede ser de Dios o de un hombre. El juicio puede ser verdadero o falso, puede hacerse con amabilidad con intención de corregir o con dureza y de forma condenatoria, puede hacerlo un amigo o un enemigo, pero en cualquier caso es un juicio o una crítica sobre usted porque no ha cumplido con un criterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea como sea, la mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en que la crítica es difícil de aceptar. ¿Quién de nosotros no conoce a alguien con quien hay que tener especial cuidado con nuestras observaciones no sea que exploten en respuesta a las correcciones que sugerimos? Desgraciadamente, cuando viajo por el país, la historia que se escucha a menudo es la de que muchas personas nunca se atreverían a enfrentarse o a criticar a sus pastores o líderes por miedo a las represalias. Muchos simplemente buscan otra organización para la que trabajar u otra iglesia a la que asistir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De hecho, ¿no conoce a líderes que eligen para su círculo íntimo a las personas que son más complacientes con ellos? ¿Cuántas veces lo han advertido de “andarse con pies de plomo” con esa persona?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por muy triste que pueda parecer, esas personas no son muy diferentes de mí. A mí tampoco me gusta la crítica. Me cuesta aceptar cualquier tipo de crítica. Preferiría mucho más ser elogiado que corregido, alabado que reprendido. ¡Preferiría mucho más juzgar que ser juzgado! Y no creo que sea el único. Cuánto más escucho, más oigo la dinámica defensiva contra la crítica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando aconsejo, veo esa dinámica en la manera chistosa en la que una pareja se distrae con cualquier tema a mano para discutir sobre quién dijo qué, cuándo y dónde; o en cómo las personas debaten una y otra vez si fue el martes o el miércoles cuando hicieron algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué empleamos tanto tiempo y energía aplastando con mazos estas moscas? ¿Por qué nuestras mentes y nuestros corazones se implican instantáneamente y nuestras emociones surgen con tanto vigor en nuestra defensa? La respuesta es sencilla. Estos temas no son secundarios o insignificantes. Defendemos lo que consideramos de gran valor. Pensamos que es nuestra ''vida'' lo que estamos salvando; creemos que algo mucho mayor se perderá si no empleamos todos nuestros medios para salvarlo. ''Nuestro nombre, nuestra reputación, nuestro honor, nuestra gloria''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si no ''señalo'' que ''me han'' malinterpretado, tergiversado mis palabras o acusado falsamente, entonces los demás no sabrán que ''yo tengo razón''. Y si ''yo'' no señalo ''mi'' razón, nadie lo hará. ''Seré'' desdeñado y condenado ante los ojos de los demás”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Ve al ''ídolo del yo'' aquí? ¿El deseo de autojustificación? Los ídolos tienen piernas. A causa de este profundo deseo idólatra de autojustificación, la tragedia de la lanzadera espacial se agota una y otra vez en nuestras relaciones. Destruye nuestra capacidad para escuchar y aprender y nos lleva a disputas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este modo, por nuestro orgullo y necedad, sufrimos voluntariamente la pérdida de amigos, esposa o personas queridas. Algo de esta destrucción viene en forma de breve tregua. Aguantamos una guerra fría, firmamos una paz falsa. Nos comprometemos los unos con los otros para debatir sólo aquello que tiene muy poca importancia para el bien de nuestras almas. Plantamos minas terrestres y amenazamos a alguien con que explotaremos de ira si sacan el tema tabú de mi equivocación, error o mi pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así es como progresan las divisiones y las facciones en las iglesias. Nos rodeamos de hombres “sí”, personas dispuestas a no cuestionarnos, aconsejarnos o criticarnos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún así, mientras seguimos defendiéndonos de las críticas, vemos que las Escrituras enseñan algo distinto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Crítica elogiada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La habilidad para escuchar y hacer caso de la corrección o la crítica es elogiada en las Escrituras, sobre todo en Proverbios. Ser una persona enseñable, capaz y dispuesta a recibir corrección es de sabios. Y un padre o madre sabio promoverá e inspirará esa actitud en sus hijos e hijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que ''escucha consejos'' es sabio” (Pr. 12:15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Por la soberbia sólo viene la contienda, mas con los que ''reciben consejos'' está la sabiduría&amp;quot;  (Pr. 13:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La reprensión ''penetra'' más en el que tiene entendimiento que cien azotes en el necio” (Pr. 17:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La capacidad para recibir un consejo, corrección o reprensión no sólo se considera una ''característica'' del sabio y la incapacidad una ''característica'' del necio, sino que tanto el sabio como el necio ''cosechan'' según su capacidad para recibir críticas: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El que desprecia la palabra ''pagará por ello'', pero el que teme el mandamiento será ''recompensado''” (Pr. 13:13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Da instrucción al sabio, y ''será aún más sabio'', enseña al justo, y ''aumentará su saber''” (Pr. 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones ''adquiere entendimiento''” (Pr. 15:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay ''ganancia'' al recibir críticas.  No extraña que David lo exclamase en el salmo 141:5: “Que el justo me hiera con ''bondad'' y me reprenda; es ''aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza''”.  David conoce el beneficio de adquirir entendimiento, conocimiento y sabiduría. Sabe que la reprensión es una bondad, una bendición, un honor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos pasar de ser siempre prontos para defendernos contra todo tipo de críticas a al contrario, pasar a ser como David que lo veía como una ganancia? La respuesta es mediante entendimiento, creyendo y declarando todo lo que Dios dice sobre nosotros en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo lo resumió cuando dijo: “He sido crucificado con Cristo”. Un creyente es aquel que se identifica con todo lo que Dios declara y condena en la crucifixión de Cristo. Dios declara en la crucifixión de Cristo la verdad completa sobre Él mismo: Su santidad, benignidad, justicia, misericordia y verdad revelada y mostrada en Su Hijo, Jesús. Del mismo modo, Dios condena la mentira en la cruz: pecado, engaño y el corazón idólatra. Condena mi naturaleza pecadora tanto como mis pecados concretos. Veamos cómo se aplica esto a la hora criticar y recibir críticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Primero. En la Cruz de Cristo estoy de acuerdo con el Juicio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me veo como Dios me ve: un pecador. No hay manera de escapar a la verdad: &amp;quot;No hay justo, ni aun uno&amp;quot; (Ro. 3:9-18). Como respuesta a mi pecado, la cruz me ha criticado y juzgado de la manera más intensa, profunda, penetrante y verdadera como nadie hubiera podido jamás. Este conocimiento nos permite decir de otras críticas hacia nosotros: sólo son una parte muy pequeña de ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Stg. 2:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fe, yo confirmo el juicio de Dios conmigo, que soy un pecador. También creo que la respuesta a mi pecado está puesta en la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive” (Gá. 2:20). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él [Jesús], para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (Ro. 6:6). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si la cruz habla de algo, habla de mi pecado. La persona que dice: &amp;quot;con Cristo he sido crucificado” es una persona bien al corriente de su naturaleza pecadora. Usted nunca conseguirá que la vida vaya bien mediante sus propios esfuerzos y sin ayuda porque todos los que dependen de cumplir la ley están bajo maldición. “Maldito ''todo el que'' no permanece en ''todas las cosas'' escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). De este modo la cruz no se limita a criticarnos o juzgarnos, nos condena por no hacer todas las cosas escritas en la ley de Dios. ¿Usted lo cree? ¿Siente la fuerza de esa crítica? ¿Valora la minuciosidad del juicio de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La persona crucificada también sabe que no puede defenderse por si sola contra el juicio de Dios compensando su pecado con buenas obras. Piense en este hecho: “Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Santiago 2:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afirmar ser cristiano es estar de acuerdo con todo lo que Dios dice de nuestro pecado. Como persona “crucificada con Cristo”, admitimos, estamos de acuerdo y aprobamos el juicio de Dios contra nosotros: “No hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Segundo. En la cruz de Cristo estoy de acuerdo con la justificación de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cruz de Cristo, no sólo tengo que estar de acuerdo con el juicio de Dios hacia mí como pecador sino también tengo que estar de acuerdo con la justificación que Dios ha hecho de mí como pecador. Mediante el sacrifico de amor de Jesús, Dios justifica a impíos (Ro. 3:21-26). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gá. 2:20). Mi objetivo es gloriarme en la justificación en Cristo, no en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él [Dios]” (Ro. 3:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen” (Ro. 3:22).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orgullo alimenta las disputas, decía Salomón. A menudo las disputas consisten en quién tiene la razón. Las disputas estallan en nuestra necesidad idólatra de autojustificación pero no si estoy apelando a la cruz. Porque la cruz no solo declara el veredicto justo de Dios contra mí como pecador sino también Su declaración de justificación mediante la gracia por la fe en Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cruz de Cristo me recuerda que el Hijo de Dios me amó y dio su vida por mí; y por ello, Dios me ha aceptado completamente y para siempre en Cristo. Así funciona la gracia: Cristo nos redimió de la maldición de la ley haciéndose maldito por nosotros, porque está escrito: &amp;quot;Maldito todo el que cuelga de un madero”. Él nos redimió, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Ga. 3:13f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué cimientos más seguro para el alma! Ahora, ya no practico la autojustificación sino que me glorío, me glorío en la justicia de Cristo para mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si realmente cree esto de corazón, el mundo entero podrá levantarse contra usted, denunciarle o criticarle, y usted será capaz de responder: &amp;quot;Si Dios me ha justificado, ¿quién me condenará?&amp;quot; &amp;quot;Si Dios me ha justificado, aceptado y nunca me abandonará, ¿entonces porqué debería sentirme inseguro y temer a las críticas?” “Cristo cargó con mis pecados y yo recibí Su Espíritu. Cristo cargó con mi condena y yo recibí su justicia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Implicaciones de tratar con la crítica'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo en cuenta el juicio y la justificación de Dios para el pecador en la cruz de Cristo, podemos empezar a descubrir la manera de trata con todo tipo de críticas. Al estar de acuerdo la crítica ''de Dios''puedo enfrentarme a cualquier crítica que el hombre pueda lanzar contra mí. En otras palabras, ''nadie puede criticarme más de lo que lo hizo la cruz''. Y la crítica más devastadora acaba siendo la más misericordiosa. Si por tanto usted sabe que ha sido crucificado con Cristo, entonces puede responder a cualquier crítica, incluso a las malentendidas u hostiles sin amargura, sin ir a la defensiva y sin insultarse. Esas reacciones suelen agravar e intensificar los conflictos y conducen a la ruptura de las relaciones. Usted puede aprender a escuchar las críticas como constructivas y no condenatorias porque Dios lo ha justificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena?” (Ro. 8-33:34a).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Que el justo me hiera con ''bondad'' y me reprenda; es ''aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza''” (Sal. 141:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si sé que he sido crucificado con Cristo, ahora puedo recibir la crítica de alguien con esta actitud: “Usted no ha descubierto una fracción de mi culpabilidad. Cristo ha dicho más sobre mi pecado, mis fallos, mi rebelión y mi necedad que lo que cualquier hombre pueda decir de mí. Le agradezco sus correcciones. Son una bendición y una gentileza para mí ya que incluso si son erróneas o inadecuadas, me recuerdan mis verdaderos fallos y pecados por los que mi Señor y Salvador pagó caro cuando Él fue crucificado por mí. Quiero escuchar sus críticas cuando sean legítimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La corrección y el consejo que oímos nos lo envía nuestro Padre celestial. Son Sus correcciones, reprensiones, advertencias y reprimendas. Sus recordatorios quieren humillarme, eliminar la raíz del orgullo y sustituirla con un corazón y un modo de vida de creciente sabiduría, entendimiento, benignidad y verdad. Por ejemplo, si usted puede recibir críticas (ya sean justas o injustas), aprenderá a ''criticar'' con un propósito misericordioso y resultados constructivos. Vea la separata “Criticar a la manera de Dios&amp;quot; (Giving Criticism God’s Way).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya no temo la crítica del hombre porque ya he aceptado la crítica de Dios. Y ya no busco como fin la aprobación del hombre porque por medio de la gracia he ganado la aprobación de Dios. De hecho, Su amor por mí me ayuda a escuchar las correcciones y las críticas como una bondad, aceite sobre mi cabeza de parte de mi Padre que me ama y me dice: “Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12: 5-6).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aplicando lo que hemos aprendido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Critíquese a sí mismo''. ¿Cómo reacciono típicamente ante la corrección? ¿Hago pucheros cuando me critican o me corrigen? ¿Cuál es mi primera reacción cuando alguien me dice que estoy equivocado? ¿Tiendo a atacar a la persona? ¿Tiendo a rechazar el contenido de las críticas? ¿Reacciono con educación? ¿Hasta qué punto acepto los consejos? ¿Hasta qué punto los busco? ¿Puede la gente acercarse a mí para corregirme? ¿Soy enseñable? ¿Albergo ira contra la persona que me está criticando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Busco la defensa inmediatamente, desempacando mis actos justos y opiniones personales para auto-defenderme y demostrar mi justicia? ¿Pueden corregirme mi esposa, mis padres, mis hijos, hermanos, hermanas o mis amigos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. ''Pídale al Señor que le dé un anhelo por ser sabio en lugar de necio''. Utilice los proverbios para encomendarse a sí mismo las bondades de estar dispuesto y ser capaz de recibir críticas, consejos, reprensiones, asesoramiento o corrección. Medite en los pasajes dados anteriormente: Proverbios 9:9; 12:15; 13:10,13; 15:32; 17:10; Salmo 141:5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. ''Céntrese en su crucifixión con Cristo''. Aunque puedo decir que tengo fe en Cristo e incluso decir como Pablo: “Con Cristo he sido crucificado”, aún no me encuentro viviendo a la luz de la cruz. Entonces me reto con dos preguntas. La primera: si nunca sé dónde meterme ante la crítica de los demás, ¿cómo puedo decir que conozco y estoy de acuerdo con la crítica de la cruz? Segunda: si me justifico todo el tiempo, ¿cómo puedo decir que conozco, amo y me agarro a la justificación de Dios mediante la cruz de Cristo? Esto me lleva a reconsiderar el juicio y la justificación de Dios hacia el pecador en Cristo en la cruz. Cuando medito en lo que Dios ha hecho por mí en Cristo, encuentro la resolución para estar de acuerdo y declarar todo lo que Dios dice de mí en Cristo con quien he sido crucificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4. ''Aprender a hablar palabras enriquecedoras para los demá''s. Yo quiero ''recibir'' críticas como un pecador viviendo en la misericordia de Jesús, ¿así que cómo puedo ''criticar'' de manera que trasmita misericordia a otro? Una crítica acertada, equilibrada hecha con misericordia es la más fácil de escuchar (e incluso mi orgullo se rebela contra esa); una crítica injusta o áspera (ya sea justa o injusta) no tiene porqué ser duro de oír. ¿Cómo puedo hacer críticas acertadas, justas, templadas con misericordia y afirmación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi oración es para que en su lucha contra el pecado de la autojustificación su amor profundice para la gloria de Dios como fue revelado en el evangelio de Su Hijo, y que usted crezca como un sabio mediante la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
----&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CRITICAR A LA MANERA DE DIOS (GIVING CRITICISM GOD’S WAY)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Veo a mi hermano y hermana como alguien por quien Cristo murió (1 Co. 8:11)'''.&lt;br /&gt;
“Permanezca el amor fraternal” (He. 13:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vengo como otro igual que también es pecador'''.&lt;br /&gt;
“¿Entonces qué? ¿Somos nosotros mejores que ellos? De ninguna manera. No hay justo... por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Ro. 3:9, 23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Preparo mi corazón no sea que hable &lt;br /&gt;
con un espíritu equivocado'''.&lt;br /&gt;
“Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus” (Pr. 16:2).&lt;br /&gt;
“El corazón del justo medita cómo responder, mas la boca de los impíos habla lo malo” (Pr. 15:28).&lt;br /&gt;
“El corazón del sabio enseña a su boca y añade persuasión a sus labios” (Pr. 16:23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Examino mi propia mi vida y'''&lt;br /&gt;
'''confieso primero mi pecado'''.&lt;br /&gt;
“¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: &amp;quot;Déjame sacarte la mota del ojo&amp;quot;, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano” (Mt. 7:3-5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Siempre soy paciente durante el largo recorrido (Ef. 4:2)'''.&lt;br /&gt;
“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante” (1 Co. 13:4).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mi objetivo no es condenar debatiendo&lt;br /&gt;
sino edificar con crítica constructiva'''.&lt;br /&gt;
“No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” (Ef. 4:29).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Yo corrijo y reprendo a mi hermano con amabilidad,&lt;br /&gt;
con la esperanza de que Dios le otorgue la gracia &lt;br /&gt;
del arrepentimiento incluso cuando&lt;br /&gt;
yo mismo me arrepiento sólo mediante Su gracia'''.&lt;br /&gt;
“Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad...” (2 Tim. 2:24-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''&lt;br /&gt;
Alfred J. Poirier es pastor en la iglesia &lt;br /&gt;
Rocky Mountain Community Church, OPC, &lt;br /&gt;
y también sirve como profesor adjunto &lt;br /&gt;
para Peacemaker Ministries en asuntos que implican &lt;br /&gt;
aconsejar sobre conflictos y mediación. Es candidato&lt;br /&gt;
doctoral en el ministerio de consejo pastoral &lt;br /&gt;
en Westminster Theological&lt;br /&gt;
Seminary en Glenside, PA.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 07 Aug 2009 17:40:12 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:The_Cross_and_Criticism/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>The Cross and Criticism/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/The_Cross_and_Criticism/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''LA CRÍTICA Y LA CRUZ'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por Alfred J. Poirier.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 28 de enero de 1986, la lanzadera espacial Challenger y su tripulación se embarcaron en una misión con el fin de ampliar los horizontes didácticos y promover la evolución del conocimiento científico. El principal objetivo de la misión “Challenger 51-L” era la impartición de lecciones educativas desde el espacio por la profesora Christa McAuliffe.  Desde luego se impartió una lección, pero no la que todo el mundo esperaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
75 segundos tras el despegue se desató la tragedia. Ante la mirada de todo el planeta, de repente la lanzadera estalló por lo alto, desintegrándose la cabina junto con la tripulación. Los restos de metal, sangre y huesos cayeron en picado hacia la tierra con la gloria de nuestra nación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué había ido mal? Esa era la insistente pregunta que todo el mundo se hacía. El equipo de investigadores descubrió en seguida la causa concreta mientras examinaba los restos. El problema se encontró en las juntas tóricas (anillos de goma) diseñadas para adaptarse perfectamente a las juntas de las ranuras del motor del cohete. Obviamente, las juntas tóricas se habían vuelto defectuosos ante condiciones adversas y el fallo mecánico resultante acabó en tragedia. ¿Esa era toda la historia?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al final la verdad salió a la luz. El ''New York Times'' lo anunció con franqueza: la causa final del desastre de la lanzadera espacial fue el orgullo. Un equipo compuesto por los mejores managers hizo caso omiso de las advertencias, consejos y críticas hechas por aquéllos con vistas en el futuro preocupados por la fiabilidad operativa de algunas partes del motor de la lanzadera en condiciones de presión anormales. Sólo piense:''haber hecho caso de las críticas podría haber salvado siete vidas humanas''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como pastor, líder en la iglesia y profesor para ''Peacemaker Ministries'', estoy bendecido gracias a la oportunidad de ministrar a personas y congregaciones en conflicto. Entre muchas de las cosas que he podido aprender, una de ellas es el papel dominante que tiene el criticar y recibir críticas a la hora de agravar un conflicto. Y con más razón he aprendido que el remedio ofrecido maravillosamente por Dios nos exige que volvamos a la cruz de Cristo. Para el propósito que tenemos por delante, quiero que examinemos el problema de recibir críticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La dinámica defensiva contra la crítica'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, voy a definir lo que quiero expresar con crítica. Estoy usando este término en un sentido amplio refiriéndome ''a cualquier juicio que alguien hace de usted porque no puede cumplir con un criterio''. El criterio puede ser de Dios o de un hombre. El juicio puede ser verdadero o falso, puede hacerse con amabilidad con intención de corregir o con dureza y de forma condenatoria, puede hacerlo un amigo o un enemigo, pero en cualquier caso es un juicio o una crítica sobre usted porque no ha cumplido con un criterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea como sea, la mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en que la crítica es difícil de aceptar. ¿Quién de nosotros no conoce a alguien con quien hay que tener especial cuidado con nuestras observaciones no sea que exploten en respuesta a las correcciones que sugerimos? Desgraciadamente, cuando viajo por el país, la historia que se escucha a menudo es la de que muchas personas nunca se atreverían a enfrentarse o a criticar a sus pastores o líderes por miedo a las represalias. Muchos simplemente buscan otra organización para la que trabajar u otra iglesia a la que asistir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De hecho, ¿no conoce a líderes que eligen para su círculo íntimo a las personas que son más complacientes con ellos? ¿Cuántas veces lo han advertido de “andarse con pies de plomo” con esa persona?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por muy triste que pueda parecer, esas personas no son muy diferentes de mí. A mí tampoco me gusta la crítica. Me cuesta aceptar cualquier tipo de crítica. Preferiría mucho más ser elogiado que corregido, alabado que reprendido. ¡Preferiría mucho más juzgar que ser juzgado! Y no creo que sea el único. Cuánto más escucho, más oigo la dinámica defensiva contra la crítica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando aconsejo, veo esa dinámica en la manera chistosa en la que una pareja se distrae con cualquier tema a mano para discutir sobre quién dijo qué, cuándo y dónde; o en cómo las personas debaten una y otra vez si fue el martes o el miércoles cuando hicieron algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué empleamos tanto tiempo y energía aplastando con mazos estas moscas? ¿Por qué nuestras mentes y nuestros corazones se implican instantáneamente y nuestras emociones surgen con tanto vigor en nuestra defensa? La respuesta es sencilla. Estos temas no son secundarios o insignificantes. Defendemos lo que consideramos de gran valor. Pensamos que es nuestra ''vida'' lo que estamos salvando; creemos que algo mucho mayor se perderá si no empleamos todos nuestros medios para salvarlo. ''Nuestro nombre, nuestra reputación, nuestro honor, nuestra gloria''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si no ''señalo'' que ''me han'' malinterpretado, tergiversado mis palabras o acusado falsamente, entonces los demás no sabrán que ''yo tengo razón''. Y si ''yo'' no señalo ''mi'' razón, nadie lo hará. ''Seré'' desdeñado y condenado ante los ojos de los demás”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Ve al ''ídolo del yo'' aquí? ¿El deseo de autojustificación? Los ídolos tienen piernas. A causa de este profundo deseo idólatra de autojustificación, la tragedia de la lanzadera espacial se agota una y otra vez en nuestras relaciones. Destruye nuestra capacidad para escuchar y aprender y nos lleva a disputas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este modo, por nuestro orgullo y necedad, sufrimos voluntariamente la pérdida de amigos, esposa o personas queridas. Algo de esta destrucción viene en forma de breve tregua. Aguantamos una guerra fría, firmamos una paz falsa. Nos comprometemos los unos con los otros para debatir sólo aquello que tiene muy poca importancia para el bien de nuestras almas. Plantamos minas terrestres y amenazamos a alguien con que explotaremos de ira si sacan el tema tabú de mi equivocación, error o mi pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así es como progresan las divisiones y las facciones en las iglesias. Nos rodeamos de hombres “sí”, personas dispuestas a no cuestionarnos, aconsejarnos o criticarnos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún así, mientras seguimos defendiéndonos de las críticas, vemos que las Escrituras enseñan algo distinto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Crítica elogiada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La habilidad para escuchar y hacer caso de la corrección o la crítica es elogiada en las Escrituras, sobre todo en Proverbios. Ser una persona enseñable, capaz y dispuesta a recibir corrección es de sabios. Y un padre o madre sabio promoverá e inspirará esa actitud en sus hijos e hijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que ''escucha consejos'' es sabio” (Pr. 12:15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Por la soberbia sólo viene la contienda, mas con los que ''reciben consejos'' está la sabiduría&amp;quot;  (Pr. 13:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La reprensión ''penetra'' más en el que tiene entendimiento que cien azotes en el necio” (Pr. 17:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La capacidad para recibir un consejo, corrección o reprensión no sólo se considera una ''característica'' del sabio y la incapacidad una ''característica'' del necio, sino que tanto el sabio como el necio ''cosechan'' según su capacidad para recibir críticas: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El que desprecia la palabra ''pagará por ello'', pero el que teme el mandamiento será ''recompensado''” (Pr. 13:13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Da instrucción al sabio, y ''será aún más sabio'', enseña al justo, y ''aumentará su saber''” (Pr. 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones ''adquiere entendimiento''” (Pr. 15:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay ''ganancia'' al recibir críticas.  No extraña que David lo exclamase en el salmo 141:5: “Que el justo me hiera con ''bondad'' y me reprenda; es ''aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza''”.  David conoce el beneficio de adquirir entendimiento, conocimiento y sabiduría. Sabe que la reprensión es una bondad, una bendición, un honor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos pasar de ser siempre prontos para defendernos contra todo tipo de críticas a al contrario, pasar a ser como David que lo veía como una ganancia? La respuesta es mediante entendimiento, creyendo y declarando todo lo que Dios dice sobre nosotros en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo lo resumió cuando dijo: “He sido crucificado con Cristo”. Un creyente es aquel que se identifica con todo lo que Dios declara y condena en la crucifixión de Cristo. Dios declara en la crucifixión de Cristo la verdad completa sobre Él mismo: Su santidad, benignidad, justicia, misericordia y verdad revelada y mostrada en Su Hijo, Jesús. Del mismo modo, Dios condena la mentira en la cruz: pecado, engaño y el corazón idólatra. Condena mi naturaleza pecadora tanto como mis pecados concretos. Veamos cómo se aplica esto a la hora criticar y recibir críticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Primero. En la Cruz de Cristo estoy de acuerdo con el Juicio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me veo como Dios me ve: un pecador. No hay manera de escapar a la verdad: &amp;quot;No hay justo, ni aun uno&amp;quot; (Ro. 3:9-18). Como respuesta a mi pecado, la cruz me ha criticado y juzgado de la manera más intensa, profunda, penetrante y verdadera como nadie hubiera podido jamás. Este conocimiento nos permite decir de otras críticas hacia nosotros: sólo son una parte muy pequeña de ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Stg. 2:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fe, yo confirmo el juicio de Dios conmigo, que soy un pecador. También creo que la respuesta a mi pecado está puesta en la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive” (Gá. 2:20). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él [Jesús], para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (Ro. 6:6). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si la cruz habla de algo, habla de mi pecado. La persona que dice: &amp;quot;con Cristo he sido crucificado” es una persona bien al corriente de su naturaleza pecadora. Usted nunca conseguirá que la vida vaya bien mediante sus propios esfuerzos y sin ayuda porque todos los que dependen de cumplir la ley están bajo maldición. “Maldito ''todo el que'' no permanece en ''todas las cosas'' escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). De este modo la cruz no se limita a criticarnos o juzgarnos, nos condena por no hacer todas las cosas escritas en la ley de Dios. ¿Usted lo cree? ¿Siente la fuerza de esa crítica? ¿Valora la minuciosidad del juicio de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La persona crucificada también sabe que no puede defenderse por si sola contra el juicio de Dios compensando su pecado con buenas obras. Piense en este hecho: “Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Santiago 2:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afirmar ser cristiano es estar de acuerdo con todo lo que Dios dice de nuestro pecado. Como persona “crucificada con Cristo”, admitimos, estamos de acuerdo y aprobamos el juicio de Dios contra nosotros: “No hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Segundo. En la cruz de Cristo estoy de acuerdo con la justificación de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cruz de Cristo, no sólo tengo que estar de acuerdo con el juicio de Dios hacia mí como pecador sino también tengo que estar de acuerdo con la justificación que Dios ha hecho de mí como pecador. Mediante el sacrifico de amor de Jesús, Dios justifica a impíos (Ro. 3:21-26). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gá. 2:20). Mi objetivo es gloriarme en la justificación en Cristo, no en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él [Dios]” (Ro. 3:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen” (Ro. 3:22).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orgullo alimenta las disputas, decía Salomón. A menudo las disputas consisten en quién tiene la razón. Las disputas estallan en nuestra necesidad idólatra de autojustificación pero no si estoy apelando a la cruz. Porque la cruz no solo declara el veredicto justo de Dios contra mí como pecador sino también Su declaración de justificación mediante la gracia por la fe en Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cruz de Cristo me recuerda que el Hijo de Dios me amó y dio su vida por mí; y por ello, Dios me ha aceptado completamente y para siempre en Cristo. Así funciona la gracia: Cristo nos redimió de la maldición de la ley haciéndose maldito por nosotros, porque está escrito: &amp;quot;Maldito todo el que cuelga de un madero”. Él nos redimió, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Ga. 3:13f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué cimientos más seguro para el alma! Ahora, ya no practico la autojustificación sino que me glorío, me glorío en la justicia de Cristo para mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si realmente cree esto de corazón, el mundo entero podrá levantarse contra usted, denunciarle o criticarle, y usted será capaz de responder: &amp;quot;Si Dios me ha justificado, ¿quién me condenará?&amp;quot; &amp;quot;Si Dios me ha justificado, aceptado y nunca me abandonará, ¿entonces porqué debería sentirme inseguro y temer a las críticas?” “Cristo cargó con mis pecados y yo recibí Su Espíritu. Cristo cargó con mi condena y yo recibí su justicia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Implicaciones de tratar con la crítica'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo en cuenta el juicio y la justificación de Dios para el pecador en la cruz de Cristo, podemos empezar a descubrir la manera de trata con todo tipo de críticas. Al estar de acuerdo la crítica ''de Dios''puedo enfrentarme a cualquier crítica que el hombre pueda lanzar contra mí. En otras palabras, ''nadie puede criticarme más de lo que lo hizo la cruz''. Y la crítica más devastadora acaba siendo la más misericordiosa. Si por tanto usted sabe que ha sido crucificado con Cristo, entonces puede responder a cualquier crítica, incluso a las malentendidas u hostiles sin amargura, sin ir a la defensiva y sin insultarse. Esas reacciones suelen agravar e intensificar los conflictos y conducen a la ruptura de las relaciones. Usted puede aprender a escuchar las críticas como constructivas y no condenatorias porque Dios lo ha justificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena?” (Ro. 8-33:34a).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Que el justo me hiera con ''bondad'' y me reprenda; es ''aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza''” (Sal. 141:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si sé que he sido crucificado con Cristo, ahora puedo recibir la crítica de alguien con esta actitud: “Usted no ha descubierto una fracción de mi culpabilidad. Cristo ha dicho más sobre mi pecado, mis fallos, mi rebelión y mi necedad que lo que cualquier hombre pueda decir de mí. Le agradezco sus correcciones. Son una bendición y una gentileza para mí ya que incluso si son erróneas o inadecuadas, me recuerdan mis verdaderos fallos y pecados por los que mi Señor y Salvador pagó caro cuando Él fue crucificado por mí. Quiero escuchar sus críticas cuando sean legítimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La corrección y el consejo que oímos nos lo envía nuestro Padre celestial. Son Sus correcciones, reprensiones, advertencias y reprimendas. Sus recordatorios quieren humillarme, eliminar la raíz del orgullo y sustituirla con un corazón y un modo de vida de creciente sabiduría, entendimiento, benignidad y verdad. Por ejemplo, si usted puede recibir críticas (ya sean justas o injustas), aprenderá a ''criticar'' con un propósito misericordioso y resultados constructivos. Vea la separata “Criticar a la manera de Dios&amp;quot; (Giving Criticism God’s Way).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya no temo la crítica del hombre porque ya he aceptado la crítica de Dios. Y ya no busco como fin la aprobación del hombre porque por medio de la gracia he ganado la aprobación de Dios. De hecho, Su amor por mí me ayuda a escuchar las correcciones y las críticas como una bondad, aceite sobre mi cabeza de parte de mi Padre que me ama y me dice: “Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12: 5-6).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aplicando lo que hemos aprendido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. ''Critíquese a sí mismo''. ¿Cómo reacciono típicamente ante la corrección? ¿Hago pucheros cuando me critican o me corrigen? ¿Cuál es mi primera reacción cuando alguien me dice que estoy equivocado? ¿Tiendo a atacar a la persona? ¿Tiendo a rechazar el contenido de las críticas? ¿Reacciono con educación? ¿Hasta qué punto acepto los consejos? ¿Hasta qué punto los busco? ¿Puede la gente acercarse a mí para corregirme? ¿Soy enseñable? ¿Albergo ira contra la persona que me está criticando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Busco la defensa inmediatamente, desempacando mis actos justos y opiniones personales para auto-defenderme y demostrar mi justicia? ¿Pueden corregirme mi esposa, mis padres, mis hijos, hermanos, hermanas o mis amigos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. ''Pídale al Señor que le dé un anhelo por ser sabio en lugar de necio''. Utilice los proverbios para encomendarse a sí mismo las bondades de estar dispuesto y ser capaz de recibir críticas, consejos, reprensiones, asesoramiento o corrección. Medite en los pasajes dados anteriormente: Proverbios 9:9; 12:15; 13:10,13; 15:32; 17:10; Salmo 141:5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. ''Céntrese en su crucifixión con Cristo''. Aunque puedo decir que tengo fe en Cristo e incluso decir como Pablo: “Con Cristo he sido crucificado”, aún no me encuentro viviendo a la luz de la cruz. Entonces me reto con dos preguntas. La primera: si nunca sé dónde meterme ante la crítica de los demás, ¿cómo puedo decir que conozco y estoy de acuerdo con la crítica de la cruz? Segunda: si me justifico todo el tiempo, ¿cómo puedo decir que conozco, amo y me agarro a la justificación de Dios mediante la cruz de Cristo? Esto me lleva a reconsiderar el juicio y la justificación de Dios hacia el pecador en Cristo en la cruz. Cuando medito en lo que Dios ha hecho por mí en Cristo, encuentro la resolución para estar de acuerdo y declarar todo lo que Dios dice de mí en Cristo con quien he sido crucificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4. ''Aprender a hablar palabras enriquecedoras para los demá''s. Yo quiero ''recibir'' críticas como un pecador viviendo en la misericordia de Jesús, ¿así que cómo puedo ''criticar'' de manera que trasmita misericordia a otro? Una crítica acertada, equilibrada hecha con misericordia es la más fácil de escuchar (e incluso mi orgullo se rebela contra esa); una crítica injusta o áspera (ya sea justa o injusta) no tiene porqué ser duro de oír. ¿Cómo puedo hacer críticas acertadas, justas, templadas con misericordia y afirmación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi oración es para que en su lucha contra el pecado de la autojustificación su amor profundice para la gloria de Dios como fue revelado en el evangelio de Su Hijo, y que usted crezca como un sabio mediante la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
----&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CRITICAR A LA MANERA DE DIOS (GIVING CRITICISM GOD’S WAY)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Veo a mi hermano y hermana como alguien por quien Cristo murió (1 Co. 8:11)'''.&lt;br /&gt;
“Permanezca el amor fraternal” (He. 13:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vengo como otro igual que también es pecador'''.&lt;br /&gt;
“¿Entonces qué? ¿Somos nosotros mejores que ellos? De ninguna manera. No hay justo... por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Ro. 3:9, 23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Preparo mi corazón no sea que hable &lt;br /&gt;
con un espíritu equivocado'''.&lt;br /&gt;
“Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus” (Pr. 16:2).&lt;br /&gt;
“El corazón del justo medita cómo responder, mas la boca de los impíos habla lo malo” (Pr. 15:28).&lt;br /&gt;
“El corazón del sabio enseña a su boca y añade persuasión a sus labios” (Pr. 16:23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Examino mi propia mi vida y&lt;br /&gt;
confieso primero mi pecado'''.&lt;br /&gt;
“¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: &amp;quot;Déjame sacarte la mota del ojo&amp;quot;, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano” (Mt. 7:3-5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Siempre soy paciente durante el largo recorrido (Ef. 4:2)'''.&lt;br /&gt;
“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante” (1 Co. 13:4).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mi objetivo no es condenar debatiendo&lt;br /&gt;
sino edificar con crítica constructiva'''.&lt;br /&gt;
“No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” (Ef. 4:29).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Yo corrijo y reprendo a mi hermano con amabilidad,&lt;br /&gt;
con la esperanza de que Dios le otorgue la gracia &lt;br /&gt;
del arrepentimiento incluso cuando&lt;br /&gt;
yo mismo me arrepiento sólo mediante Su gracia'''.&lt;br /&gt;
“Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad...” (2 Tim. 2:24-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''&lt;br /&gt;
Alfred J. Poirier es pastor en la iglesia &lt;br /&gt;
Rocky Mountain Community Church, OPC, &lt;br /&gt;
y también sirve como profesor adjunto &lt;br /&gt;
para Peacemaker Ministries en asuntos que implican &lt;br /&gt;
aconsejar sobre conflictos y mediación. Es candidato&lt;br /&gt;
doctoral en el ministerio de consejo pastoral &lt;br /&gt;
en Westminster Theological&lt;br /&gt;
Seminary en Glenside, PA.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 07 Aug 2009 17:37:15 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:The_Cross_and_Criticism/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>The Cross and Criticism/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/The_Cross_and_Criticism/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''LA CRÍTICA Y LA CRUZ'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por Alfred J. Poirier.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 28 de enero de 1986, la lanzadera espacial Challenger y su tripulación se embarcaron en una misión con el fin de ampliar los horizontes didácticos y promover la evolución del conocimiento científico. El principal objetivo de la misión “Challenger 51-L” era la impartición de lecciones educativas desde el espacio por la profesora Christa McAuliffe.  Desde luego se impartió una lección, pero no la que todo el mundo esperaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
75 segundos tras el despegue se desató la tragedia. Ante la mirada de todo el planeta, de repente la lanzadera estalló por lo alto, desintegrándose la cabina junto con la tripulación. Los restos de metal, sangre y huesos cayeron en picado hacia la tierra con la gloria de nuestra nación.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 07 Aug 2009 17:02:04 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:The_Cross_and_Criticism/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>X-ray Questions: Drawing Out the Whys and Wherefores of Human Behavior/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''RADIOGRAFÍA DE PREGUNTAS: DESCUBRIENDO LOS POR QUÉ Y LAS RAZONES DEL COMPORTAMIENTO HUMANO'''&lt;br /&gt;
por David Powlison.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Por qué lo hice?” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué ''reacciona'' usted de ese modo? ¿Por qué usa esas palabras y ese tono de voz? ¿Por qué piensa o siente así? ¿Por qué no olvida ese aspecto concreto de lo que ocurrió? ¿Por qué hace esa elección para esta situación? ¿Por qué anticipa posibles resultados?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta “¿Por qué?” lanza miles de teorías sobre la naturaleza humana. ¿Por qué actúan las personas como lo hacen? La “respuesta” a esta pregunta está sujeta a cada análisis de la personalidad humana y a cada intento por solucionar lo que mantiene enferma a la raza humana. Un vistazo sobre las motivaciones organiza y colorea cada detalle de la teoría y la práctica. ¿Se quedó usted inmóvil en algún punto de la jerarquía de las necesidades? ¿Está determinado genéticamente hacia la agresividad? ¿Son el culpable las hormonas furiosas? ¿Su instinto lo lleva a conflicto con lo establecido por la sociedad? ¿Sus impulsos se han visto reforzados por estímulos de recompensa? ¿Es usted Aries con ascendente de Júpiter? ¿Es usted un niño adulto por una experiencia traumática que lo marcó? ¿Se está compensado por inferioridades que percibe, intentando adquirir mejor autoestima? ¿Produjo un demonio llamado “Adicción” una grieta en su personalidad? ¿Falló su fuerza de voluntad? ¿Desconoce la doctrina correcta? ¿Es usted de temperamento sanguíneo o melancólico, optimista o pesimista, introvertido o extrovertido? ¿Está inmerso en una falsa consciencia ideológica que caracteriza a su clase social? ¿Sus monólogos distorsionan la base para una identidad y autoestima? “Hice esto, pensé aquello, sentí así ''porque''…” Las razones son más complicadas de lo que parece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las teorías sobre lo que aprueban las personas se encarnan en modelos de consejo. Las explicaciones son postes indicadores de las soluciones: medicarse, volver a ser padres, expulsar un demonio, satisfacer sus necesidades, no tomar decisiones importantes en días que se antojan malos, reprogramar su monólogo interior, explorar su dolor. Las supuestas razones y las respuestas apropiadas son discutidas con fiereza. En cualquier biblioteca universitaria, cientos de yardas de estanterías de libros recogen y recogen estas discusiones. El Señor Dios tiene mucho que decir sobre este tema, sopesándolo con Su propia opinión. Él refuta enérgicamente a los contendientes y a los falsificadores demostrando que las motivaciones humanas están relacionadas con ''Él''. Un consejo que pretenda surgir de las Escrituras debe hacer justicia con lo que Dios dice acerca de los por qué y las razones del corazón humano. Las Escrituras afirman que descubren “los pensamientos y las intenciones del corazón” según los criterios específicos con los que el Buscador de corazones evalúa lo que Él ve en nosotros (He 4:12f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente “radiografía de preguntas” facilita una ayuda para discernir el modelo de las motivaciones de una persona. Las preguntas pretenden ayudar a las personas a identificar y descubrir a los señores impíos que ocupan puestos de autoridad en sus corazones. Estas preguntas ponen de manifiesto a “dioses funcionales”, qué o quién controla realmente acciones específicas, pensamientos, emociones, actitudes, recuerdos y expectativas. Fíjese bien, a menudo los “dioses funcionales” en una situación concreta están diametralmente opuestos al &amp;quot;Dios verdadero&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Piense en cuando se siente ansioso, preocupado y lleno de inquietud. Ocurrió algo que no puede sacarse de la cabeza; ahora está ocurriendo algo que lo está consumiendo; mañana ocurrirá algo a lo que su mente no deja de darle vueltas pensando en cada posible imprevisto. Mientras que el pecado de la preocupación aprieta su desagradable lazo en su alma, puede que usted salte hacia una vía rápida vía de escape para solucionarlo: asalte la heladera, vea la tele, se masturbar, lea una novela, vaya de compras, beba una cerveza, juegue a algo o quizás se movilice para tomar el control: hacer una larga lista de llamadas, trabajar durante toda la noche, conseguir una facción de partidarios, limpiar su casa, enojarse. ¿Por qué está pasando todo esto?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como cristiano usted ''profesa'' que Dios controla todas las cosas y hace que todo ocurra para Su gloria y el ulterior bienestar de usted. Profesa que Dios es su roca y su refugio, una ayuda siempre presente ante cualquier problema que tenga que afrontar. Usted profesa que Lo adora, confía en Él, Lo ama, Lo obedece. Pero en ese momento, hora, día o temporada de ansiedad, huida o descontrol, ''usted'' vive como si necesitase controlarlo todo. Vive como si el dinero, la aprobación de alguien, un sermón “exitoso”, una puntuación, un examen, la salud, evitar un conflicto, salirse con la suya, etc., importase más que confiar y amar a Dios. Vive como si algo que lo hace sentir bien temporalmente pudiera darle refugio, como si sus acciones pudieran arreglar el mundo. Su dios funcional compite contra el Dios que usted profesa. Los incrédulos están completamente dominados por motivaciones impías. Los verdaderos creyentes están a veces severamente comprometidos, distraídos y divididos. No obstante, la gracia nos reorienta, purifica y nos vuelve a nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra transformadora de Cristo en nuestras vidas trabaja simultáneamente en dos dimensiones, la “vertical” y la “horizontal”, el por qué y el cómo. Dios siempre está reorientando tanto nuestra adoración como nuestro caminar, nuestras motivaciones y nuestro estilo de vida. Pablo resume el objetivo de su ministerio de este modo: Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera (1 Ti. 1:5). La renovación de las relaciones horizontales la resume el amor. Un corazón puro, una buena conciencia y una fe sincera atraen la reconfiguración de la relación vertical. Un corazón impuro o de doble ánimo sirve a mucho señores. Una conciencia mala o distorsionada malinterpreta, se equivoca y no evalúa bien, fracasando para entender la vida al modo de Dios. Una fe hipócrita declara, canta y ora de una manera pero confía de otra cuando algo comienza a presionar. La deserción del corazón, la conciencia y la fe produce pecados específicos; la restauración del corazón, la conciencia y la fe produce una obediencia específica. Este artículo explorará en la dimensión vertical que guía y promueve (causa) la dimensión horizontal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe que cada pregunta se mueve alrededor del mismo tema esencial: ¿qué o quién es su Dios o dios funcional? Muchas de las preguntas se desprenden simplemente de los verbos que lo relacionan con Dios: amar, confiar, temer, esperar, buscar, obedecer, refugiarse y semejantes. Cada verbo nos tiende una lámpara para guiarnos a Él que es el camino, la verdad y la vida. Sin embargo, cada verbo puede que también nos vuelva hacia una pregunta, sosteniendo un espejo que nos muestra dónde estamos extraviados. Cada pregunta conduce a la misma pregunta general. En situaciones particulares, diferente tiempo, lugar, personas, unas u otras pueden ser más útiles o apropiadas. Las diferentes maneras de formular las preguntas sobre las motivaciones tocarán a la puerta de cada persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que vienen a continuación son preguntas de &amp;quot;¿Por qué&amp;quot; formuladas concretamente como &amp;quot;¿Qué?&amp;quot;. Estas preguntas pueden ayudarlo a descubrir lo que da sentido específico a la vida de una persona. Usted no va a mirar en el corazón de nadie pero puede hacer preguntas inteligentes como “¿Por qué está enojado? ¿Por qué lo está manipulando? ¿Por qué está ansioso ante esta situación? ¿Por qué tiene problemas con la codicia en ese momento en particular? ¿Por qué bebe hasta el exceso?” La Biblia, la palabra del Buscador de corazones que penetra e ilumina, se preocupa por penetrar más allá del comportamiento y las emociones para exponer las razones, para ponernos al descubierto delante de Él que es ante quien tenemos que dar cuentas. La reorientación de las razones a través de la gracia del evangelio puede venir cuando hay convicción de que existen formas específicas de desorientación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas preguntas pueden emplearse de diversas maneras. Cada una puede analizarse “al microscopio” para diseccionar los detalles de un incidente concreto en la vida de una persona o también pueden analizarse para ofrecer una &amp;quot;mayor perspectiva&amp;quot;, para iluminar modelos típicos y recurrentes que caracterizan la vida entera de una persona. A lo largo de la vida de un consejero encontrará (aparte de su propio crecimiento en la gracia) que los detalles y el panorama se complementan entre sí. El panorama aislado es demasiado general, el cambio sucede en situaciones específicas; los detalles aislados parecen triviales, el panorama le aporta mucho significado a esos pequeños detalles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las referencias bíblicas están pensadas para ser los detonantes que lo hagan pararse a pensar. Las personas apenas arañan la superficie del tratamiento que la Biblia da a las motivaciones humanas. Asegúrese de hacer en primer lugar las preguntas “existenciales”. ¿Qué lo ''está'' motivando a usted o a otro? No acuda hacia la “respuesta cristiana correcta” sin trabajar duro y honestamente para analizar “dioses funcionales” que pervierten. Un arrepentimiento inteligente traerá respuestas correctas que así lo serán y hará que el amor de Jesús sea su alegría y esperanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.¿Qué ama? ¿Qué odia? '''1'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta sobre el “primer gran mandamiento” descubre su corazón, alma, mente y fuerza. No hay otra pregunta más profunda que hacerle a alguien. No hay una explicación más profunda para el por qué hace lo que hace. Un amor desordenado secuestra nuestros corazones de nuestro justo Padre y Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.¿Qué quiere, anhela, ansía, codicia y desea? ¿Cuáles son los deseos a los que sirve y obedece? '''2'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto resume las operaciones internas dirigidas por los deseos de la carne descritas en las cartas del Nuevo Testamento. &amp;quot;Haré según mi voluntad&amp;quot; y &amp;quot;Quiero...&amp;quot; son a menudo bastante cómodos. Diversos son los deseos que gobiernan a las personas por lo que vaya por los detalles de ''esta'' persona, ''ahora'', en ''esta'' situación. Dese cuenta de que en ocasiones es la voluntad de otra persona la que lo está gobernando (presión de los colegas, agradar a otras personas, ser como un esclavo o un comportamiento camaleónico). En tales casos, lo que ansía su corazón es obtener algo bueno que le están prometiendo y evitar cualquier cosa mala con la que lo amenacen: “Ansío que me incluyan, aprecien, acepten y admiren”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.¿Qué busca, aspira, persigue? ¿Cuáles son sus objetivos y expectativas? '''3'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto manifiesta en concreto que su vida es activa y se dirige en una dirección. Estamos  repletos de propósitos. La motivación humana no es pasiva como si necesidades programadas, instintos o impulsos estuvieran controlados desde fuera siendo “incumplidas”, “frustradas” o &amp;quot;condicionadas”. Las personas son verbos activos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.¿Dónde atesora sus esperanzas? '''4'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dimensión futura es prominente en la interpretación de Dios sobre las razones humanas. Las personas sacrifican todas sus energías para alcanzar lo que anhelan. ¿Y qué es? Las personas desesperadas han tenido deseos malditos. ¿Cuáles fueron esas esperanzas hechas añicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.¿Qué teme? ¿Qué es lo que no quiere? ¿Qué es lo que tiende a preocuparle?'''5'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los temores pecaminosos invierten las ansías. Si quiero evitar algo a toda costa (pérdida de su reputación, de control, pobreza, enfermedad, rechazo, etc), me gobierna un temor codicioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.¿Qué siente que quiere hacer?'''6'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es la continuación de la charla para la segunda pregunta, ¿qué desea? Ser &amp;quot;orientado por los sentimientos&amp;quot; significa hacer de sus necesidades su guía: “Siento que quiero maldecirlo. No me siento con ganas de hacer mis tareas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7. ¿Qué piensa que necesita? ¿Qué siente que le hace falta? '''7'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas 2 y 3 exponen sus objetivos en términos de actividad y búsqueda. Esta pregunta revela sus objetivos en términos de lo que usted espera recibir, obtener y conservar. La sensación de necesidad se toma frecuentemente como necesidades manifiestas que hay que obtener y no como señores engañosos que esclavizan. Nuestra cultura de la necesidad refuerza los instintos y hábitos de la carne. En la mayoría de casos, la sensación de necesidad de una persona es palabrería para demandas idólatras de amor, comprensión, sensación de tener el control, afirmación y logro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8. ¿Cuáles son sus planes, compromisos, estrategias e intenciones por lograr? '''8'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es otra manera de medir lo que se persigue. El egocentrismo que acecha incluso los planes que parecen más nobles puede ser atroz. Nadie afirmará nunca: “la expansión de nuestra iglesia en una súper iglesia me hará famoso, rico y poderoso”, pero tales razones son comunes y corrientes en la naturaleza humana. Su presencia incluso encubierta, pervertirán y mancharán las acciones de uno de una manera u otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9. ¿Qué lo hace moverse? ¿Alrededor de qué sol gira su planeta? ¿Dónde encuentra el jardín de sus delicias? ¿Qué ilumina su mundo? ¿De qué fuente de vida, esperanza y delicia bebe usted? ¿Qué  alimento sustenta su vida? ¿Qué es realmente importante para usted? ¿Qué castillo de cuento de hadas construye en las nubes? ¿Qué sueños lo atormentan o lo aterrorizan? ¿Alrededor de qué organiza su vida? ¿Qué brújula lo orienta? '''9'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas metáforas impactantes pueden expresar la pregunta: &amp;quot;¿para qué está viviendo usted realmente?&amp;quot; Dese cuenta de que ser gobernado, por ejemplo, por una profunda sed de intimidad, logro, respeto, salud o riqueza no los hacen deseos legítimos y sin problemas. Funcionan de manera perversa, poniéndonos en el centro del universo. Nosotros estamos hechos para anhelar supremamente al Señor mismo, al Dador, no Sus dones. La ausencia de bendiciones (rechazo, vanidad, injurias, enfermedad, pobreza) es a menudo el crisol en el que aprendemos a amar a Dios por ser Dios. En nuestra idolatría instalamos los dones como bienes supremos y convertimos al Dador en el chico errante de deseos ambulantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10. ¿Dónde encuentra refugio, protección, comodidad, escape, disfrute o seguridad? '''10'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es la pregunta de los salmos, desenterrando sus falsas confianzas, sus vías de escape que sustituyen al Señor. Esta pregunta aborda de manera muy útil muchos de estos &amp;quot;comportamientos adictivos&amp;quot;. A menudo surgen en el contexto de las presiones y los problemas de la vida, funcionando como falsos refugios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
11. ¿En qué o quién confía? '''11'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confiar es uno de los verbos principales que lo relacionan con Dios, o con mentiras y falsos dioses. Los salmos decisivos respiran confianza en nuestro Padre y Pastor. En su lugar, ¿dónde pone su confianza para dirigir su vida, dónde cimienta su vida? ¿En otras personas? ¿En sus capacidades o logros? ¿En su iglesia o tradición teológica? ¿En sus posesiones? ¿En dietas, ejercicios y cuidados médicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12. ¿Qué actuación importa? ¿En qué hombros descansa el bienestar de su mundo? ¿Quién puede mejorarlo, hacer que funcione, que sea seguro y que sea próspero? '''12'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto desentierra autojustificación, vivir mediante sus hijos o esperanzas fijas de tener la clase correcta de esposo o esposa y así sucesivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
13. ¿A quién quiere agradar? ¿Qué opinión sobre usted es la que cuenta? ¿De quién espera aprobación y teme el rechazo? ¿Con qué escala de valores se mide? ¿Ante los ojos de quién está viviendo? ¿De quién necesita amor y aprobación? '''13'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuándo se pierde a Dios, se entra en una selva de confusión. Usted tiende a vivir ante sus propios ojos o ante los de los demás, o ambos. Los &amp;quot;ídolos sociales&amp;quot; toman numerosas formas concretas: aceptación o rechazo, ser incluido o excluido, aprobación o crítica, afecto u hostilidad, adoración o subestima, privacidad o alienación, ser comprendido o burlado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
14. ¿Quién es su modelo para comportarse? ¿Qué clase de persona cree que tiene o quiere ser? '''14'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su “ídolo” o “héroe” lo descubre. Esas personas encarnan la “imagen” hacia la que usted aspira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
15. En su lecho de muerte, ¿qué logro haría que su vida hubiera valido la pena? ¿Qué le da sentido a su vida? '''15'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una pregunta de Eclesiastés. Este libro examina decenas de opciones y encuentra todas finalmente vanas menos una. En alguna ocasión, ¡traduzca Eclesiastés 2 a sus equivalentes modernos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
16. ¿Cómo define y sopesa el éxito o el fracaso, lo correcto de lo incorrecto, lo deseable de lo indeseable en una situación particular? '''16'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los modelos que usted sirve y emplea pueden estar totalmente distorsionados. Dios piensa en renovar su “consciencia” por la que usted se evalúa así mismo y a los demás. Si usted aborda la vida &amp;quot;con su propio entendimiento” o “ante sus propios ojos&amp;quot;, vivirá como un loco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
17. ¿Qué lo haría sentirse rico, seguro, próspero? ¿Qué tiene que obtener para que la vida sea vibrante? '''17'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia a menudo emplea la metáfora del tesoro o de la heredad para hablar de la motivación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
18. ¿Qué le aportaría el mayor placer, felicidad y deleite? ¿El mayor dolor y miseria? '''18'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bendición y la maldición son los modos en los que la Biblia habla de la felicidad y de la aflicción. ¿De qué manera calcula dónde y cómo encontrar bendición? Su cálculo le revela para lo que está viviendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
19. ¿La llegada de qué político al poder mejoraría las cosas? '''19'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto no solía darse tanto entre los americanos como en otros países donde la política es un importante foco de esperanzas idólatras. Pero mientras el consenso cultural va fracasando, muchas personas ponen sus esperanzas cada vez más en el poder político. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
20. ¿Qué éxito o victoria haría que su vida fuese feliz? ¿Cuál es su definición de éxito o victoria? 20&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se revela por inercia el interés personal? Hay personas que &amp;quot;viven y mueren&amp;quot; en base al resultado del equipo local, el balance financiero de su compañía, una puntuación media o su apariencia física.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
21. ¿Qué considera como sus derechos? ¿A qué cree que tiene derecho? '''21'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta a menudo ilumina bien el modelo motivacional de las personas airadas, apenadas, auto-justificadas y autocompasivas. Nuestra cultura de los derechos refuerza los instintos y los hábitos. ¿”Merezco yo…”?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
22. ¿En qué situaciones se siente presionado o tenso? Cuando se siente presionado, ¿hacia quién se vuelve? ¿En qué piensa? ¿Cuáles son sus vías de escape? ¿De qué escapa? '''22'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta se vuelve importante desde una orientación ligeramente distinta. Muchas veces algunos modelos específicos de pecado dependen de la situación. Burlarse de aspectos importantes de una situación puede ser el espejo de las motivaciones del corazón. Cuando hablar en público lo tensa, quizás su corazón está gobernado por su propia actuación ante los ojos de los demás (temor al hombre y orgullo). Cuando pagar las facturas genera ansiedad, quizás un ídolo de la codicia está funcionando en usted.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
23. ¿Qué espera conseguir de la vida? ¿Qué recompensa espera obtener de las cosas que hace? &amp;quot;¿Qué saca haciendo esto?&amp;quot; '''23'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un modo concreto de reformular las preguntas 3 y 8, desenterrando sus objetivos operacionales. Ídolos, mentiras y ansías ''prometiendo'' cosas buenas. Sirva a Baal y le proporcionará fertilidad.  Consiga que ese chico tan guapo se fije en usted y se sentirá bien consigo misma. Consiga 100 000 $ y avergonzará a aquéllos que pensaban que nunca en la vida lo lograría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
24. ¿Por qué ora? '''24'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus oraciones le muestran a menudo el modelo de su desequilibrio y egocentrismo. De todas las cosas posibles que se pueden pedir, ¿en qué se concentra? La oración es sobre deseos, pedimos por lo que queremos. ¿Sus oraciones reflejan los deseos de Dios o de la carne?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
25. ¿En qué es lo que piensa más a menudo? ¿Qué le preocupa o le obsesiona? Por la mañana, ¿hacia qué se desvía su mente instintivamente? ¿Cuá es su &amp;quot;pensamiento&amp;quot;? '''25'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Ponga un espejo delante del desvío para que pueda volver a su recorrido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
26. ¿Sobre qué habla? ¿Qué es importante para usted? ¿Qué actitudes transmite? '''26'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ésta y la siguiente pregunta suponen la conexión más cercana posible entre las razones y el comportamiento. Observe lo de lo que prefieren hablar las personas y cómo lo dicen. Nuestras palabras proclaman lo que adora nuestro corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
27. ¿Cómo emplea su tiempo? ¿Cuáles son sus prioridades? '''27'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe lo que los demás y usted deciden hacer. Es un poste indicador de la lealtad bajo la que opera el corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
28. ¿Cuáles son sus fantasías típicas tanto agradables como aterradoras? ¿Ensueños? ¿Sobre qué giran sus sueños durante la noche? '''28'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún somos seres humanos responsables incluso cuando estamos más o menos separados de la conciencia. Su modelo de preocupación y deseo se revelan en la ensoñación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
29. ¿Cuáles son las creencias funcionales que controlan su interpretación de la vida y determinan su manera de actuar? '''29'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos 4:12 habla de los “pensamientos e intenciones” del corazón. Quizás podríamos interpretarlo como “creencias y deseos”. Tanto las mentiras en las que cree y la codicia que persigue apoya pecados visibles. Las creencias operativas y funcionales de una persona controlan las respuestas. El modo en el que entiende a Dios, a usted mismo, a los demás, al demonio, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, el pasado, presente, futuro… tiene efectos dominantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
30. ¿Cuáles son sus ídolos o falsos dioses? ¿En qué pone su confianza o sus esperanzas? ¿Hacia qué se vuelve o qué busca? ¿Dónde se refugia? ¿Quién es el salvador, juez, controlador, proveedor, protector en su mundo? ¿A quién sirve? ¿Qué &amp;quot;voz&amp;quot; lo controla? '''30'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta lista completa de 35 preguntas busca las cosas que usurpan a Dios. De manera metafórica, cada una de ellas puede denominarse un “ídolo” al que usted es fiel. Las voces que escucha imitan rasgos específicos de Dios. Comience a indicarlas en los detalles de su vida vivida y su capacidad para tratar con la dimensión vertical de una manera relevante y específica madurará.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
31. ¿Cómo vive para si mismo? '''31'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una manera general de preguntar cualquiera de estas preguntas. “Si mismo” toma miles de formas y disfraces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
32. ¿Cómo es su vida como esclavo del maligno? '''32'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La motivación humana no es puramente “psicológica”, “psicosocial” o “psicosomática”. Cuando sirve a la codicia y a las mentiras, está sirviendo a un enemigo personal que desea engañarlo, esclavizarlo y asesinarlo. La motivación humana es &amp;quot;de pactos&amp;quot; en su totalidad. Puede que sirva al demonio o puede que sirva al Señor, pero como dijo Bob Dylan, va a tener que servir a alguno de los dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
33. Implícitamente, ¿cómo dice “Si tan solo…” (para conseguir lo que quiere, evitar lo que no quiere, conservar lo que tiene)? '''33'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los “si tan solo” son palabrería que pueden destapar muchos temas de motivación con el fin de crear auto-comprensión y arrepentimiento bíblico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
34. Instintivamente, ¿qué le parece y siente como lo correcto? ¿Cuáles son sus opiniones, las cosas que siente que son verdad? '''34'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no sólo “siente” que tiene que hacer ciertas cosas (pregunta 6), también &amp;quot;siente&amp;quot; que ciertas cosas son verdad. Por el contrario, la sabiduría es corregible mientras que se escucha y se aprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
35. ¿Dónde encuentra su identidad? ¿Cómo define quién es? '''35'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia dice cosas radicales sobre el auto-conocimiento, identidad y los tipos de auto-evaluación (“consciencia”). Los lugares en los que las personas buscan identidad son pozos secos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta muestra de preguntas lo llevará a pensar de un modo fructífero acerca de cómo la vida humana es absolutamente de relación con Dios. Permítame que acentúe tres puntos que he encontrado particularmente útiles para mantener la orientación tanto para aconsejar como para buscar arrepentimiento por mis propios pecados. En primer lugar, mi regla general es una pregunta de dos caras: ''¿Qué mentiras y codicias se expresan mediante este pecaminoso modelo de vida?'' Cave bajo la irritación, egoísmo, desesperanza, fuga, auto-justificación, auto-compasión, temores agobiantes, queja - lo que sea – y encontrará un mosaico de mentiras concretas que se creyó y ansias perseguidas. Las Escrituras lo equipan para atraparlas y sacarlas a la luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segunda lugar, ''los verbos que relacionan a las personas con Dios deben convertirse en una parte activa de su pensamiento''. Las personas siempre están tratando con Dios. Los seres humanos aman innegablemente a Dios, o aman otra cosa. Nos refugiamos en Dios, o en otra cosa. Ponemos nuestras esperanzas en Dios, o en otra cosa. Tememos a Dios, o a otra cosa. Las Escrituras cobrarán vida de una nueva forma conforme desarrolle un estado de alerta ante la forma en la que los verbos del &amp;quot;hombre delante Dios&amp;quot; se agotan en la vida real. Esa perspectiva concede una poderosa perspectiva tanto para el consejo evangelístico como para ayudar a crecer a los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar,''al ver que toda motivación está relacionada con Dios, usted verá que lo que está mal en nosotros clama por una solución de Dios: gracia, paz, poder y presencia de Jesucristo''. La motivación humana trata de la dimensión vertical. Las buenas noticias de Cristo son que no hay añadidos, no existe un camino religioso para conocer los deseos y necesidades antes de que existan. Vivir la fe en Jesucristo es la única motivación sensata, la alternativa radical a las miles de formas de perversión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santificación pretende purificar tanto el corazón como los miembros, cambiar las razones y el comportamiento; importan los dos. Imagínese sentado en una colina observando un lago. Está mirando una lancha motora por el agua, ve y oye su “comportamiento”: acelera desde el muelle, da un amplio giro, bota dejando una estela a gran velocidad y de repente, apaga el motor, deambula hacia la orilla de una isleta y echa el ancla por la borda. ¿Por qué se comportó de ese modo? Si usted fuera capaz de aumentar el zoom, descubriría sus &amp;quot;razones&amp;quot;. Vería lo qué daba fuerza y dirigía la lancha: un motor interior V-8, un timón y un volante, los pensamientos y las intenciones del piloto. ¿Por qué fue el bote a la isla? ¿Para encontrar un tesoro oculto? ¿Escapar de la policía? ¿Irse con la familia de picnic? ¿Probar el bote antes de una posible compra? ¿Para hacerle señales a alguien que pase porque se quedó sin gasolina? Para poder comprender y “ayudar” totalmente a la lancha motora, debe conversar sobre lo visible y lo invisible, tanto el comportamiento como la razón. La Biblia establece tanto los resultados como las razones. Para evaluar y “aconsejar” a la lancha motora, tiene que buscar todo lo que se pueda saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que Conoce los ''corazones'' recompensará a cada uno según sus ''obras'' (Jeremías 17:10). Las Escrituras nunca separan razón de comportamiento. El espejo de las Escrituras expone los dos. La lámpara de las Escrituras guía a ambos. La gracia y el poder de Jesucristo cambiar tanto la raíz como el fruto. El &amp;quot;primer gran mandamiento&amp;quot; se dirige a raíces motivacionales: ¿ama a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza? ¿O hay algo más que divide y roba su afecto? El &amp;quot;segundo gran mandamiento&amp;quot; se dirige a los frutos del comportamiento: ¿Ama a su prójimo como así mismo? ¿O abusa, intimida, asusta, evita, odia, ignora a su vecino? El evangelio de la gracia saca de nosotros el corazón de piedra, enseñándonos a conocer a Dios, la gracia reemplaza las manos y la lengua que obra el mal, enseñándonos a vivir vidas más hermosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera de estas 35 preguntas pueden hacerse directamente a una persona de esta forma o de otra adapta apropiadamente, pero no siempre son preguntas para hacerse directamente. A veces es mejor escuchar y observar simplemente, revisando el fruto de la vida de una persona para llegar a los modelos que puedan indicar los compromisos por los que funciona su corazón. Recuerdo cuando observé cómo un hombre al que aconsejaba se disculpaba profusamente con signos evidentes de agitación y estrés cada vez que llegaba con unos minutos de retraso. Estas pequeñas cosas &amp;quot;concordaban” con otras piezas del puzzle que no habían tomado aún forma suficiente durante nuestras conversaciones. Mientras se iban desvelando, el hombre llegaba tarde porque no podía desligarse de otras personas, de llamadas o visitantes por temor a que no lo apreciasen. Se disculpaba profusamente conmigo porque tenía miedo de que no lo quisiese. Tenía pocos compañeros de verdad pero a la vez idealizaba a seres superiores o menospreciaba a seres inferiores. Esas pequeñas porciones de fruto (las razones de su retraso, agitación momentánea, disculpas desordenadas, polarizados puntos de vista sobre los demás) nos condujeron al modelo que enseñoreaba su vida: las personas muy grandes y Dios muy pequeño (Proverbios 29:25). Ese entretejido de orgullo y temor al hombre es un desorden fundamental en nuestros corazones desordenados. Eso nos dirigió directamente a Jesucristo digno de confianza. Las explicaciones son indicadores hacia las soluciones. Este hombre encontró perdón y el poder para confiar en un nuevo Señor. Aprendió a ejercer cambios prácticos. En lugar de amedrentarse o engrandecerse, comenzó a amar a las personas con un realismo y ternura crecientes mientras que crecía para ver a los demás básicamente como a él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permítame finalizar con un último caso de estudio. Una vez aconsejé a un hombre que habitualmente escapaba de las presiones de la vida viendo la tele, comiendo, jugando a videojuegos, bebiendo, con pornografía, coleccionando antigüedades, leyendo novelas de ciencia ficción o entrenando en el gimnasio. Abandonaba el amor a su esposa y a sus hijos, flojeaba en el trabajo, era evasivo y engañoso en cuanto a su comunicación con los demás, iba por compromiso a la iglesia. ¿Por dónde empezar? Había muchos problemas, muchísimos pecados tanto de comisión como de omisión. ¿Cómo podía analizar estos problemas? No estaba seguro de por dónde empezar. Entonces me sacudió: ¡prueba con los salmos como un todo! Casi cada salmo en solitario, de alguna u otra manera, retrata al Señor como nuestro refugio ante los problemas, como el centro de nuestras esperanzas. De manera implícita y explícita, los salmos reprochan el refugiarse en otra cosa, los salmos ofrecen amor y misericordia firmes, los salmos nos animan a conocer y a obedecer a Dios en las trincheras de la vida. Este hombre se sentía ligeramente culpable por algunos de sus malos comportamientos pero no era consciente del modelo o de la gravedad de lo que estaba viviendo. Ansiaba la facilidad, control, comodidad y manifestaba sus deseos de decenas de formas. Sus esfuerzos por cambiar se quedaban a medias. La convicción sobre el pecado concreto de su corazón (dar la espalda al Dios vivo para buscar refugios idólatras) lo despertó y vio su comportamiento pecaminoso de una nueva manera. Su necesidad por lo que Dios ofrecía, gracia sobre gracia para una vida de fe obrada a través del amor, comenzó a arder en su interior. Mientras se hacía la luz sobre sus modelos, comenzó incluso a identificar pequeños trucos para escapar de los que nunca antes se había percatado ni había relacionado con los pecados más destacados, como por ejemplo: modos en los que empleó (abusó) del humor, se daba sutiles excusas así mismo o se sentía apesadumbrado. Dios &amp;quot;parecía estar lejos&amp;quot; al principio del proceso, cuando este hombre se encontraba retenido por la niebla. Sin embargo, cuando el proceso comenzó a desarrollarse, Dios parecía muy, muy cercano, relevante y querido. La gracia de Cristo se hizo muy real y necesaria. Este hombre se motivó para un cambio práctico, para afrontar las presiones y las responsabilidades, para aprender a amar a los demás, para la gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ejemplar de ''Journal Biblical Counseling'' (JBC) contiene una mezcla de ideas y consejos que confío que encuentre motivadoras y alentadoras tanto en su manera de pensar y en su ministerio con los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros dos primeros artículos se centraban en lo tangible que puede llegar a ser el amor expresado en el ministerio de consejo. La palabra y la obra cooperan. En ''Counseling Children'' (“Aconsejando a niños&amp;quot;), Earl Cook (con prefacio de Paul Tripp) debate e ilustra cómo ministrar el amor y la verdad de Cristo a la oveja más joven. En sus comentarios encontrará un compromiso profundo y práctico para entrar en el mundo del niño. Sus acciones y actitudes encarnan el mismo amor y verdad que hablan sus palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Counseling Ministry Within Wider Ministry'' (“Ministerio de consejo dentro de otro gran ministerio&amp;quot;) presenta un entrevista con John Babler y trae al panorama un tipo diferente de ministerio de la encarnación. Balber describe cómo el amor por las personas se encuentra en momentos de necesidad física, material o social, creando por ende contextos poderosos para un evangelismo personalizado y discipulado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros dos próximos artículos ofrecen estudios de caso sobre apologética, interactuando con bastantes ideas de liderato de la cultura psicológica que predomina en occidente. John Babler evalúa las categorías y estrategias del DSM-IV, la “biblia” del diagnóstico psiquiátrico. Su ''A Biblical Critique of the DSM-IV'' (“Una crítica bíblica del DSM-IV&amp;quot;) muestra cómo los síntomas que supuestamente le otorgan a uno una etiqueta psiquiátrica puede ser comprendidos directamente mediante la lupa de la Palabra de nuestro Redentor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Taking Up the Challenge'' (“Asumiendo el desafío”) de Alfred Poirier responde a la frecuente y reiterada reivindicación de que un modelo de consejo válido que honre a Dios puede (y debe) ser construida sin los materiales de la investigación social. Poirier muestra cómo los mejores ejemplares del pensamiento y la teoría &amp;quot;integracionista” no cumplen sistemáticamente con la sólida teología pastoral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con ''Let Me Draw a Picture'' (“Voy a pintar un dibujo”), Dana Stoddard describe el centro dinámico de la vida cristiana, el ciclo de arrepentimiento &amp;quot;desde/hasta”, fe y nueva obediencia. Muchos de los que usted aconseja se quedan atrapados en alguna forma de perfeccionismo o idealización del caminar y la experiencia cristiana. Stoddard captura realísticamente el proceso de crecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra sección de ''Public Ministry'' (Ministerio Público) contiene un sermón sobre el Viernes Santo del difunto Ray Dillard. Éste ponía ante nosotros el cáliz de la ira que Jesús bebió en nuestro lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenemos la revisión de dos libros: ''Worthington and McMurry’s Marriage Conflicts'' (Conflictos en el matrimonio), de la serie de David Benner para consejo pastoral a corto plazo y un grupo de libros publicados por ''Plough Publications'' que cubren perdón, pureza sexual y discipulado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
JBC provee periódicamente una bibliografía anotada de libros escritos por autores comprometidos con el desarrollo de un consejo que glorifique a Jesucristo siendo construido por la Palabra de Dios, una sensata reflexión teológica y habilidosa práctica pastoral; ésta es la cuarta en dicha bibliografía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, con ''Queries &amp;amp; Controversies'' (“Cuestiones y controversias”), John Bettler aborda la cuestión de los celos y cómo sucede que esta emoción, distorsionada tan fácilmente por el pecado se convierte en una parte crucial del amor marital cuando se orienta correctamente.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 23 Jul 2009 20:42:09 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>X-ray Questions: Drawing Out the Whys and Wherefores of Human Behavior/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''RADIOGRAFÍA DE PREGUNTAS: DESCUBRIENDO LOS POR QUÉ Y LAS RAZONES DEL COMPORTAMIENTO HUMANO'''&lt;br /&gt;
por David Powlison.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Por qué lo hice?” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué ''reacciona'' usted de ese modo? ¿Por qué usa esas palabras y ese tono de voz? ¿Por qué piensa o siente así? ¿Por qué no olvida ese aspecto concreto de lo que ocurrió? ¿Por qué hace esa elección para esta situación? ¿Por qué anticipa posibles resultados?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta “¿Por qué?” lanza miles de teorías sobre la naturaleza humana. ¿Por qué actúan las personas como lo hacen? La “respuesta” a esta pregunta está sujeta a cada análisis de la personalidad humana y a cada intento por solucionar lo que mantiene enferma a la raza humana. Un vistazo sobre las motivaciones organiza y colorea cada detalle de la teoría y la práctica. ¿Se quedó usted inmóvil en algún punto de la jerarquía de las necesidades? ¿Está determinado genéticamente hacia la agresividad? ¿Son el culpable las hormonas furiosas? ¿Su instinto lo lleva a conflicto con lo establecido por la sociedad? ¿Sus impulsos se han visto reforzados por estímulos de recompensa? ¿Es usted Aries con ascendente de Júpiter? ¿Es usted un niño adulto por una experiencia traumática que lo marcó? ¿Se está compensado por inferioridades que percibe, intentando adquirir mejor autoestima? ¿Produjo un demonio llamado “Adicción” una grieta en su personalidad? ¿Falló su fuerza de voluntad? ¿Desconoce la doctrina correcta? ¿Es usted de temperamento sanguíneo o melancólico, optimista o pesimista, introvertido o extrovertido? ¿Está inmerso en una falsa consciencia ideológica que caracteriza a su clase social? ¿Sus monólogos distorsionan la base para una identidad y autoestima? “Hice esto, pensé aquello, sentí así ''porque''…” Las razones son más complicadas de lo que parece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las teorías sobre lo que aprueban las personas se encarnan en modelos de consejo. Las explicaciones son postes indicadores de las soluciones: medicarse, volver a ser padres, expulsar un demonio, satisfacer sus necesidades, no tomar decisiones importantes en días que se antojan malos, reprogramar su monólogo interior, explorar su dolor. Las supuestas razones y las respuestas apropiadas son discutidas con fiereza. En cualquier biblioteca universitaria, cientos de yardas de estanterías de libros recogen y recogen estas discusiones. El Señor Dios tiene mucho que decir sobre este tema, sopesándolo con Su propia opinión. Él refuta enérgicamente a los contendientes y a los falsificadores demostrando que las motivaciones humanas están relacionadas con ''Él''. Un consejo que pretenda surgir de las Escrituras debe hacer justicia con lo que Dios dice acerca de los por qué y las razones del corazón humano. Las Escrituras afirman que descubren “los pensamientos y las intenciones del corazón” según los criterios específicos con los que el Buscador de corazones evalúa lo que Él ve en nosotros (He 4:12f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente “radiografía de preguntas” facilita una ayuda para discernir el modelo de las motivaciones de una persona. Las preguntas pretenden ayudar a las personas a identificar y descubrir a los señores impíos que ocupan puestos de autoridad en sus corazones. Estas preguntas ponen de manifiesto a “dioses funcionales”, qué o quién controla realmente acciones específicas, pensamientos, emociones, actitudes, recuerdos y expectativas. Fíjese bien, a menudo los “dioses funcionales” en una situación concreta están diametralmente opuestos al &amp;quot;Dios verdadero&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Piense en cuando se siente ansioso, preocupado y lleno de inquietud. Ocurrió algo que no puede sacarse de la cabeza; ahora está ocurriendo algo que lo está consumiendo; mañana ocurrirá algo a lo que su mente no deja de darle vueltas pensando en cada posible imprevisto. Mientras que el pecado de la preocupación aprieta su desagradable lazo en su alma, puede que usted salte hacia una vía rápida vía de escape para solucionarlo: asalte la heladera, vea la tele, se masturbar, lea una novela, vaya de compras, beba una cerveza, juegue a algo o quizás se movilice para tomar el control: hacer una larga lista de llamadas, trabajar durante toda la noche, conseguir una facción de partidarios, limpiar su casa, enojarse. ¿Por qué está pasando todo esto?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como cristiano usted ''profesa'' que Dios controla todas las cosas y hace que todo ocurra para Su gloria y el ulterior bienestar de usted. Profesa que Dios es su roca y su refugio, una ayuda siempre presente ante cualquier problema que tenga que afrontar. Usted profesa que Lo adora, confía en Él, Lo ama, Lo obedece. Pero en ese momento, hora, día o temporada de ansiedad, huida o descontrol, ''usted'' vive como si necesitase controlarlo todo. Vive como si el dinero, la aprobación de alguien, un sermón “exitoso”, una puntuación, un examen, la salud, evitar un conflicto, salirse con la suya, etc., importase más que confiar y amar a Dios. Vive como si algo que lo hace sentir bien temporalmente pudiera darle refugio, como si sus acciones pudieran arreglar el mundo. Su dios funcional compite contra el Dios que usted profesa. Los incrédulos están completamente dominados por motivaciones impías. Los verdaderos creyentes están a veces severamente comprometidos, distraídos y divididos. No obstante, la gracia nos reorienta, purifica y nos vuelve a nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra transformadora de Cristo en nuestras vidas trabaja simultáneamente en dos dimensiones, la “vertical” y la “horizontal”, el por qué y el cómo. Dios siempre está reorientando tanto nuestra adoración como nuestro caminar, nuestras motivaciones y nuestro estilo de vida. Pablo resume el objetivo de su ministerio de este modo: Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera (1 Ti. 1:5). La renovación de las relaciones horizontales la resume el amor. Un corazón puro, una buena conciencia y una fe sincera atraen la reconfiguración de la relación vertical. Un corazón impuro o de doble ánimo sirve a mucho señores. Una conciencia mala o distorsionada malinterpreta, se equivoca y no evalúa bien, fracasando para entender la vida al modo de Dios. Una fe hipócrita declara, canta y ora de una manera pero confía de otra cuando algo comienza a presionar. La deserción del corazón, la conciencia y la fe produce pecados específicos; la restauración del corazón, la conciencia y la fe produce una obediencia específica. Este artículo explorará en la dimensión vertical que guía y promueve (causa) la dimensión horizontal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe que cada pregunta se mueve alrededor del mismo tema esencial: ¿qué o quién es su Dios o dios funcional? Muchas de las preguntas se desprenden simplemente de los verbos que lo relacionan con Dios: amar, confiar, temer, esperar, buscar, obedecer, refugiarse y semejantes. Cada verbo nos tiende una lámpara para guiarnos a Él que es el camino, la verdad y la vida. Sin embargo, cada verbo puede que también nos vuelva hacia una pregunta, sosteniendo un espejo que nos muestra dónde estamos extraviados. Cada pregunta conduce a la misma pregunta general. En situaciones particulares, diferente tiempo, lugar, personas, unas u otras pueden ser más útiles o apropiadas. Las diferentes maneras de formular las preguntas sobre las motivaciones tocarán a la puerta de cada persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que vienen a continuación son preguntas de &amp;quot;¿Por qué&amp;quot; formuladas concretamente como &amp;quot;¿Qué?&amp;quot;. Estas preguntas pueden ayudarlo a descubrir lo que da sentido específico a la vida de una persona. Usted no va a mirar en el corazón de nadie pero puede hacer preguntas inteligentes como “¿Por qué está enojado? ¿Por qué lo está manipulando? ¿Por qué está ansioso ante esta situación? ¿Por qué tiene problemas con la codicia en ese momento en particular? ¿Por qué bebe hasta el exceso?” La Biblia, la palabra del Buscador de corazones que penetra e ilumina, se preocupa por penetrar más allá del comportamiento y las emociones para exponer las razones, para ponernos al descubierto delante de Él que es ante quien tenemos que dar cuentas. La reorientación de las razones a través de la gracia del evangelio puede venir cuando hay convicción de que existen formas específicas de desorientación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas preguntas pueden emplearse de diversas maneras. Cada una puede analizarse “al microscopio” para diseccionar los detalles de un incidente concreto en la vida de una persona o también pueden analizarse para ofrecer una &amp;quot;mayor perspectiva&amp;quot;, para iluminar modelos típicos y recurrentes que caracterizan la vida entera de una persona. A lo largo de la vida de un consejero encontrará (aparte de su propio crecimiento en la gracia) que los detalles y el panorama se complementan entre sí. El panorama aislado es demasiado general, el cambio sucede en situaciones específicas; los detalles aislados parecen triviales, el panorama le aporta mucho significado a esos pequeños detalles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las referencias bíblicas están pensadas para ser los detonantes que lo hagan pararse a pensar. Las personas apenas arañan la superficie del tratamiento que la Biblia da a las motivaciones humanas. Asegúrese de hacer en primer lugar las preguntas “existenciales”. ¿Qué lo ''está'' motivando a usted o a otro? No acuda hacia la “respuesta cristiana correcta” sin trabajar duro y honestamente para analizar “dioses funcionales” que pervierten. Un arrepentimiento inteligente traerá respuestas correctas que así lo serán y hará que el amor de Jesús sea su alegría y esperanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.¿Qué ama? ¿Qué odia?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta sobre el “primer gran mandamiento” descubre su corazón, alma, mente y fuerza. No hay otra pregunta más profunda que hacerle a alguien. No hay una explicación más profunda para el por qué hace lo que hace. Un amor desordenado secuestra nuestros corazones de nuestro justo Padre y Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.¿Qué quiere, anhela, ansía, codicia y desea? ¿Cuáles son los deseos a los que sirve y obedece? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto resume las operaciones internas dirigidas por los deseos de la carne descritas en las cartas del Nuevo Testamento. &amp;quot;Haré según mi voluntad&amp;quot; y &amp;quot;Quiero...&amp;quot; son a menudo bastante cómodos. Diversos son los deseos que gobiernan a las personas por lo que vaya por los detalles de ''esta'' persona, ''ahora'', en ''esta'' situación. Dese cuenta de que en ocasiones es la voluntad de otra persona la que lo está gobernando (presión de los colegas, agradar a otras personas, ser como un esclavo o un comportamiento camaleónico). En tales casos, lo que ansía su corazón es obtener algo bueno que le están prometiendo y evitar cualquier cosa mala con la que lo amenacen: “Ansío que me incluyan, aprecien, acepten y admiren”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.¿Qué busca, aspira, persigue? ¿Cuáles son sus objetivos y expectativas? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto manifiesta en concreto que su vida es activa y se dirige en una dirección. Estamos  repletos de propósitos. La motivación humana no es pasiva como si necesidades programadas, instintos o impulsos estuvieran controlados desde fuera siendo “incumplidas”, “frustradas” o &amp;quot;condicionadas”. Las personas son verbos activos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.¿Dónde atesora sus esperanzas? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dimensión futura es prominente en la interpretación de Dios sobre las razones humanas. Las personas sacrifican todas sus energías para alcanzar lo que anhelan. ¿Y qué es? Las personas desesperadas han tenido deseos malditos. ¿Cuáles fueron esas esperanzas hechas añicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.¿Qué teme? ¿Qué es lo que no quiere? ¿Qué es lo que tiende a preocuparle? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los temores pecaminosos invierten las ansías. Si quiero evitar algo a toda costa (pérdida de su reputación, de control, pobreza, enfermedad, rechazo, etc), me gobierna un temor codicioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.¿Qué siente que quiere hacer? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es la continuación de la charla para la segunda pregunta, ¿qué desea? Ser &amp;quot;orientado por los sentimientos&amp;quot; significa hacer de sus necesidades su guía: “Siento que quiero maldecirlo. No me siento con ganas de hacer mis tareas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7. ¿Qué piensa que necesita? ¿Qué siente que le hace falta? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas 2 y 3 exponen sus objetivos en términos de actividad y búsqueda. Esta pregunta revela sus objetivos en términos de lo que usted espera recibir, obtener y conservar. La sensación de necesidad se toma frecuentemente como necesidades manifiestas que hay que obtener y no como señores engañosos que esclavizan. Nuestra cultura de la necesidad refuerza los instintos y hábitos de la carne. En la mayoría de casos, la sensación de necesidad de una persona es palabrería para demandas idólatras de amor, comprensión, sensación de tener el control, afirmación y logro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8. ¿Cuáles son sus planes, compromisos, estrategias e intenciones por lograr? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es otra manera de medir lo que se persigue. El egocentrismo que acecha incluso los planes que parecen más nobles puede ser atroz. Nadie afirmará nunca: “la expansión de nuestra iglesia en una súper iglesia me hará famoso, rico y poderoso”, pero tales razones son comunes y corrientes en la naturaleza humana. Su presencia incluso encubierta, pervertirán y mancharán las acciones de uno de una manera u otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9. ¿Qué lo hace moverse? ¿Alrededor de qué sol gira su planeta? ¿Dónde encuentra el jardín de sus delicias? ¿Qué ilumina su mundo? ¿De qué fuente de vida, esperanza y delicia bebe usted? ¿Qué  alimento sustenta su vida? ¿Qué es realmente importante para usted? ¿Qué castillo de cuento de hadas construye en las nubes? ¿Qué sueños lo atormentan o lo aterrorizan? ¿Alrededor de qué organiza su vida? ¿Qué brújula lo orienta? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas metáforas impactantes pueden expresar la pregunta: &amp;quot;¿para qué está viviendo usted realmente?&amp;quot; Dese cuenta de que ser gobernado, por ejemplo, por una profunda sed de intimidad, logro, respeto, salud o riqueza no los hacen deseos legítimos y sin problemas. Funcionan de manera perversa, poniéndonos en el centro del universo. Nosotros estamos hechos para anhelar supremamente al Señor mismo, al Dador, no Sus dones. La ausencia de bendiciones (rechazo, vanidad, injurias, enfermedad, pobreza) es a menudo el crisol en el que aprendemos a amar a Dios por ser Dios. En nuestra idolatría instalamos los dones como bienes supremos y convertimos al Dador en el chico errante de deseos ambulantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10. ¿Dónde encuentra refugio, protección, comodidad, escape, disfrute o seguridad? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es la pregunta de los salmos, desenterrando sus falsas confianzas, sus vías de escape que sustituyen al Señor. Esta pregunta aborda de manera muy útil muchos de estos &amp;quot;comportamientos adictivos&amp;quot;. A menudo surgen en el contexto de las presiones y los problemas de la vida, funcionando como falsos refugios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
11. ¿En qué o quién confía? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confiar es uno de los verbos principales que lo relacionan con Dios, o con mentiras y falsos dioses. Los salmos decisivos respiran confianza en nuestro Padre y Pastor. En su lugar, ¿dónde pone su confianza para dirigir su vida, dónde cimienta su vida? ¿En otras personas? ¿En sus capacidades o logros? ¿En su iglesia o tradición teológica? ¿En sus posesiones? ¿En dietas, ejercicios y cuidados médicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12. ¿Qué actuación importa? ¿En qué hombros descansa el bienestar de su mundo? ¿Quién puede mejorarlo, hacer que funcione, que sea seguro y que sea próspero? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto desentierra autojustificación, vivir mediante sus hijos o esperanzas fijas de tener la clase correcta de esposo o esposa y así sucesivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
13. ¿A quién quiere agradar? ¿Qué opinión sobre usted es la que cuenta? ¿De quién espera aprobación y teme el rechazo? ¿Con qué escala de valores se mide? ¿Ante los ojos de quién está viviendo? ¿De quién necesita amor y aprobación? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuándo se pierde a Dios, se entra en una selva de confusión. Usted tiende a vivir ante sus propios ojos o ante los de los demás, o ambos. Los &amp;quot;ídolos sociales&amp;quot; toman numerosas formas concretas: aceptación o rechazo, ser incluido o excluido, aprobación o crítica, afecto u hostilidad, adoración o subestima, privacidad o alienación, ser comprendido o burlado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
14. ¿Quién es su modelo para comportarse? ¿Qué clase de persona cree que tiene o quiere ser? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su “ídolo” o “héroe” lo descubre. Esas personas encarnan la “imagen” hacia la que usted aspira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
15. En su lecho de muerte, ¿qué logro haría que su vida hubiera valido la pena? ¿Qué le da sentido a su vida? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una pregunta de Eclesiastés. Este libro examina decenas de opciones y encuentra todas finalmente vanas menos una. En alguna ocasión, ¡traduzca Eclesiastés 2 a sus equivalentes modernos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
16. ¿Cómo define y sopesa el éxito o el fracaso, lo correcto de lo incorrecto, lo deseable de lo indeseable en una situación particular? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los modelos que usted sirve y emplea pueden estar totalmente distorsionados. Dios piensa en renovar su “consciencia” por la que usted se evalúa así mismo y a los demás. Si usted aborda la vida &amp;quot;con su propio entendimiento” o “ante sus propios ojos&amp;quot;, vivirá como un loco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
17. ¿Qué lo haría sentirse rico, seguro, próspero? ¿Qué tiene que obtener para que la vida sea vibrante? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia a menudo emplea la metáfora del tesoro o de la heredad para hablar de la motivación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
18. ¿Qué le aportaría el mayor placer, felicidad y deleite? ¿El mayor dolor y miseria? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bendición y la maldición son los modos en los que la Biblia habla de la felicidad y de la aflicción. ¿De qué manera calcula dónde y cómo encontrar bendición? Su cálculo le revela para lo que está viviendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
19. ¿La llegada de qué político al poder mejoraría las cosas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto no solía darse tanto entre los americanos como en otros países donde la política es un importante foco de esperanzas idólatras. Pero mientras el consenso cultural va fracasando, muchas personas ponen sus esperanzas cada vez más en el poder político. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
20. ¿Qué éxito o victoria haría que su vida fuese feliz? ¿Cuál es su definición de éxito o victoria? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se revela por inercia el interés personal? Hay personas que &amp;quot;viven y mueren&amp;quot; en base al resultado del equipo local, el balance financiero de su compañía, una puntuación media o su apariencia física.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
21. ¿Qué considera como sus derechos? ¿A qué cree que tiene derecho? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta a menudo ilumina bien el modelo motivacional de las personas airadas, apenadas, auto-justificadas y autocompasivas. Nuestra cultura de los derechos refuerza los instintos y los hábitos. ¿”Merezco yo…”?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
22. ¿En qué situaciones se siente presionado o tenso? Cuando se siente presionado, ¿hacia quién se vuelve? ¿En qué piensa? ¿Cuáles son sus vías de escape? ¿De qué escapa? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta se vuelve importante desde una orientación ligeramente distinta. Muchas veces algunos modelos específicos de pecado dependen de la situación. Burlarse de aspectos importantes de una situación puede ser el espejo de las motivaciones del corazón. Cuando hablar en público lo tensa, quizás su corazón está gobernado por su propia actuación ante los ojos de los demás (temor al hombre y orgullo). Cuando pagar las facturas genera ansiedad, quizás un ídolo de la codicia está funcionando en usted.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
23. ¿Qué espera conseguir de la vida? ¿Qué recompensa espera obtener de las cosas que hace? &amp;quot;¿Qué saca haciendo esto?&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un modo concreto de reformular las preguntas 3 y 8, desenterrando sus objetivos operacionales. Ídolos, mentiras y ansías ''prometiendo'' cosas buenas. Sirva a Baal y le proporcionará fertilidad.  Consiga que ese chico tan guapo se fije en usted y se sentirá bien consigo misma. Consiga 100 000 $ y avergonzará a aquéllos que pensaban que nunca en la vida lo lograría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
24. ¿Por qué ora? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus oraciones le muestran a menudo el modelo de su desequilibrio y egocentrismo. De todas las cosas posibles que se pueden pedir, ¿en qué se concentra? La oración es sobre deseos, pedimos por lo que queremos. ¿Sus oraciones reflejan los deseos de Dios o de la carne?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
25. ¿En qué es lo que piensa más a menudo? ¿Qué le preocupa o le obsesiona? Por la mañana, ¿hacia qué se desvía su mente instintivamente? ¿Cuá es su &amp;quot;pensamiento&amp;quot;? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Ponga un espejo delante del desvío para que pueda volver a su recorrido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
26. ¿Sobre qué habla? ¿Qué es importante para usted? ¿Qué actitudes transmite? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ésta y la siguiente pregunta suponen la conexión más cercana posible entre las razones y el comportamiento. Observe lo de lo que prefieren hablar las personas y cómo lo dicen. Nuestras palabras proclaman lo que adora nuestro corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
27. ¿Cómo emplea su tiempo? ¿Cuáles son sus prioridades? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe lo que los demás y usted deciden hacer. Es un poste indicador de la lealtad bajo la que opera el corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
28. ¿Cuáles son sus fantasías típicas tanto agradables como aterradoras? ¿Ensueños? ¿Sobre qué giran sus sueños durante la noche? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún somos seres humanos responsables incluso cuando estamos más o menos separados de la conciencia. Su modelo de preocupación y deseo se revelan en la ensoñación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
29. ¿Cuáles son las creencias funcionales que controlan su interpretación de la vida y determinan su manera de actuar? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos 4:12 habla de los “pensamientos e intenciones” del corazón. Quizás podríamos interpretarlo como “creencias y deseos”. Tanto las mentiras en las que cree y la codicia que persigue apoya pecados visibles. Las creencias operativas y funcionales de una persona controlan las respuestas. El modo en el que entiende a Dios, a usted mismo, a los demás, al demonio, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, el pasado, presente, futuro… tiene efectos dominantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
30. ¿Cuáles son sus ídolos o falsos dioses? ¿En qué pone su confianza o sus esperanzas? ¿Hacia qué se vuelve o qué busca? ¿Dónde se refugia? ¿Quién es el salvador, juez, controlador, proveedor, protector en su mundo? ¿A quién sirve? ¿Qué &amp;quot;voz&amp;quot; lo controla? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta lista completa de 35 preguntas busca las cosas que usurpan a Dios. De manera metafórica, cada una de ellas puede denominarse un “ídolo” al que usted es fiel. Las voces que escucha imitan rasgos específicos de Dios. Comience a indicarlas en los detalles de su vida vivida y su capacidad para tratar con la dimensión vertical de una manera relevante y específica madurará.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
31. ¿Cómo vive para si mismo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una manera general de preguntar cualquiera de estas preguntas. “Si mismo” toma miles de formas y disfraces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
32. ¿Cómo es su vida como esclavo del maligno? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La motivación humana no es puramente “psicológica”, “psicosocial” o “psicosomática”. Cuando sirve a la codicia y a las mentiras, está sirviendo a un enemigo personal que desea engañarlo, esclavizarlo y asesinarlo. La motivación humana es &amp;quot;de pactos&amp;quot; en su totalidad. Puede que sirva al demonio o puede que sirva al Señor, pero como dijo Bob Dylan, va a tener que servir a alguno de los dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
33. Implícitamente, ¿cómo dice “Si tan solo…” (para conseguir lo que quiere, evitar lo que no quiere, conservar lo que tiene)? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los “si tan solo” son palabrería que pueden destapar muchos temas de motivación con el fin de crear auto-comprensión y arrepentimiento bíblico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
34. Instintivamente, ¿qué le parece y siente como lo correcto? ¿Cuáles son sus opiniones, las cosas que siente que son verdad? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no sólo “siente” que tiene que hacer ciertas cosas (pregunta 6), también &amp;quot;siente&amp;quot; que ciertas cosas son verdad. Por el contrario, la sabiduría es corregible mientras que se escucha y se aprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
35. ¿Dónde encuentra su identidad? ¿Cómo define quién es? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia dice cosas radicales sobre el auto-conocimiento, identidad y los tipos de auto-evaluación (“consciencia”). Los lugares en los que las personas buscan identidad son pozos secos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta muestra de preguntas lo llevará a pensar de un modo fructífero acerca de cómo la vida humana es absolutamente de relación con Dios. Permítame que acentúe tres puntos que he encontrado particularmente útiles para mantener la orientación tanto para aconsejar como para buscar arrepentimiento por mis propios pecados. En primer lugar, mi regla general es una pregunta de dos caras: ''¿Qué mentiras y codicias se expresan mediante este pecaminoso modelo de vida?'' Cave bajo la irritación, egoísmo, desesperanza, fuga, auto-justificación, auto-compasión, temores agobiantes, queja - lo que sea – y encontrará un mosaico de mentiras concretas que se creyó y ansias perseguidas. Las Escrituras lo equipan para atraparlas y sacarlas a la luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segunda lugar, ''los verbos que relacionan a las personas con Dios deben convertirse en una parte activa de su pensamiento''. Las personas siempre están tratando con Dios. Los seres humanos aman innegablemente a Dios, o aman otra cosa. Nos refugiamos en Dios, o en otra cosa. Ponemos nuestras esperanzas en Dios, o en otra cosa. Tememos a Dios, o a otra cosa. Las Escrituras cobrarán vida de una nueva forma conforme desarrolle un estado de alerta ante la forma en la que los verbos del &amp;quot;hombre delante Dios&amp;quot; se agotan en la vida real. Esa perspectiva concede una poderosa perspectiva tanto para el consejo evangelístico como para ayudar a crecer a los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar,''al ver que toda motivación está relacionada con Dios, usted verá que lo que está mal en nosotros clama por una solución de Dios: gracia, paz, poder y presencia de Jesucristo''. La motivación humana trata de la dimensión vertical. Las buenas noticias de Cristo son que no hay añadidos, no existe un camino religioso para conocer los deseos y necesidades antes de que existan. Vivir la fe en Jesucristo es la única motivación sensata, la alternativa radical a las miles de formas de perversión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santificación pretende purificar tanto el corazón como los miembros, cambiar las razones y el comportamiento; importan los dos. Imagínese sentado en una colina observando un lago. Está mirando una lancha motora por el agua, ve y oye su “comportamiento”: acelera desde el muelle, da un amplio giro, bota dejando una estela a gran velocidad y de repente, apaga el motor, deambula hacia la orilla de una isleta y echa el ancla por la borda. ¿Por qué se comportó de ese modo? Si usted fuera capaz de aumentar el zoom, descubriría sus &amp;quot;razones&amp;quot;. Vería lo qué daba fuerza y dirigía la lancha: un motor interior V-8, un timón y un volante, los pensamientos y las intenciones del piloto. ¿Por qué fue el bote a la isla? ¿Para encontrar un tesoro oculto? ¿Escapar de la policía? ¿Irse con la familia de picnic? ¿Probar el bote antes de una posible compra? ¿Para hacerle señales a alguien que pase porque se quedó sin gasolina? Para poder comprender y “ayudar” totalmente a la lancha motora, debe conversar sobre lo visible y lo invisible, tanto el comportamiento como la razón. La Biblia establece tanto los resultados como las razones. Para evaluar y “aconsejar” a la lancha motora, tiene que buscar todo lo que se pueda saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que Conoce los ''corazones'' recompensará a cada uno según sus ''obras'' (Jeremías 17:10). Las Escrituras nunca separan razón de comportamiento. El espejo de las Escrituras expone los dos. La lámpara de las Escrituras guía a ambos. La gracia y el poder de Jesucristo cambiar tanto la raíz como el fruto. El &amp;quot;primer gran mandamiento&amp;quot; se dirige a raíces motivacionales: ¿ama a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza? ¿O hay algo más que divide y roba su afecto? El &amp;quot;segundo gran mandamiento&amp;quot; se dirige a los frutos del comportamiento: ¿Ama a su prójimo como así mismo? ¿O abusa, intimida, asusta, evita, odia, ignora a su vecino? El evangelio de la gracia saca de nosotros el corazón de piedra, enseñándonos a conocer a Dios, la gracia reemplaza las manos y la lengua que obra el mal, enseñándonos a vivir vidas más hermosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera de estas 35 preguntas pueden hacerse directamente a una persona de esta forma o de otra adapta apropiadamente, pero no siempre son preguntas para hacerse directamente. A veces es mejor escuchar y observar simplemente, revisando el fruto de la vida de una persona para llegar a los modelos que puedan indicar los compromisos por los que funciona su corazón. Recuerdo cuando observé cómo un hombre al que aconsejaba se disculpaba profusamente con signos evidentes de agitación y estrés cada vez que llegaba con unos minutos de retraso. Estas pequeñas cosas &amp;quot;concordaban” con otras piezas del puzzle que no habían tomado aún forma suficiente durante nuestras conversaciones. Mientras se iban desvelando, el hombre llegaba tarde porque no podía desligarse de otras personas, de llamadas o visitantes por temor a que no lo apreciasen. Se disculpaba profusamente conmigo porque tenía miedo de que no lo quisiese. Tenía pocos compañeros de verdad pero a la vez idealizaba a seres superiores o menospreciaba a seres inferiores. Esas pequeñas porciones de fruto (las razones de su retraso, agitación momentánea, disculpas desordenadas, polarizados puntos de vista sobre los demás) nos condujeron al modelo que enseñoreaba su vida: las personas muy grandes y Dios muy pequeño (Proverbios 29:25). Ese entretejido de orgullo y temor al hombre es un desorden fundamental en nuestros corazones desordenados. Eso nos dirigió directamente a Jesucristo digno de confianza. Las explicaciones son indicadores hacia las soluciones. Este hombre encontró perdón y el poder para confiar en un nuevo Señor. Aprendió a ejercer cambios prácticos. En lugar de amedrentarse o engrandecerse, comenzó a amar a las personas con un realismo y ternura crecientes mientras que crecía para ver a los demás básicamente como a él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permítame finalizar con un último caso de estudio. Una vez aconsejé a un hombre que habitualmente escapaba de las presiones de la vida viendo la tele, comiendo, jugando a videojuegos, bebiendo, con pornografía, coleccionando antigüedades, leyendo novelas de ciencia ficción o entrenando en el gimnasio. Abandonaba el amor a su esposa y a sus hijos, flojeaba en el trabajo, era evasivo y engañoso en cuanto a su comunicación con los demás, iba por compromiso a la iglesia. ¿Por dónde empezar? Había muchos problemas, muchísimos pecados tanto de comisión como de omisión. ¿Cómo podía analizar estos problemas? No estaba seguro de por dónde empezar. Entonces me sacudió: ¡prueba con los salmos como un todo! Casi cada salmo en solitario, de alguna u otra manera, retrata al Señor como nuestro refugio ante los problemas, como el centro de nuestras esperanzas. De manera implícita y explícita, los salmos reprochan el refugiarse en otra cosa, los salmos ofrecen amor y misericordia firmes, los salmos nos animan a conocer y a obedecer a Dios en las trincheras de la vida. Este hombre se sentía ligeramente culpable por algunos de sus malos comportamientos pero no era consciente del modelo o de la gravedad de lo que estaba viviendo. Ansiaba la facilidad, control, comodidad y manifestaba sus deseos de decenas de formas. Sus esfuerzos por cambiar se quedaban a medias. La convicción sobre el pecado concreto de su corazón (dar la espalda al Dios vivo para buscar refugios idólatras) lo despertó y vio su comportamiento pecaminoso de una nueva manera. Su necesidad por lo que Dios ofrecía, gracia sobre gracia para una vida de fe obrada a través del amor, comenzó a arder en su interior. Mientras se hacía la luz sobre sus modelos, comenzó incluso a identificar pequeños trucos para escapar de los que nunca antes se había percatado ni había relacionado con los pecados más destacados, como por ejemplo: modos en los que empleó (abusó) del humor, se daba sutiles excusas así mismo o se sentía apesadumbrado. Dios &amp;quot;parecía estar lejos&amp;quot; al principio del proceso, cuando este hombre se encontraba retenido por la niebla. Sin embargo, cuando el proceso comenzó a desarrollarse, Dios parecía muy, muy cercano, relevante y querido. La gracia de Cristo se hizo muy real y necesaria. Este hombre se motivó para un cambio práctico, para afrontar las presiones y las responsabilidades, para aprender a amar a los demás, para la gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ejemplar de Journal Biblical Counseling (JBC) contiene una mezcla de ideas y consejos que confío que encuentre motivadoras y alentadoras tanto en su manera de pensar y en su ministerio con los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros dos primeros artículos se centraban en lo tangible que puede llegar a ser el amor expresado en el ministerio de consejo. La palabra y la obra cooperan. En Counseling Children (“Aconsejando a niños&amp;quot;), Earl Cook (con prefacio de Paul Tripp) debate e ilustra cómo ministrar el amor y la verdad de Cristo a la oveja más joven. En sus comentarios encontrará un compromiso profundo y práctico para entrar en el mundo del niño. Sus acciones y actitudes encarnan el mismo amor y verdad que hablan sus palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Counseling Ministry Within Wider Ministry (“Ministerio de consejo dentro de otro gran ministerio&amp;quot;) presenta un entrevista con John Babler y trae al panorama un tipo diferente de ministerio de la encarnación. Balber describe cómo el amor por las personas se encuentra en momentos de necesidad física, material o social, creando por ende contextos poderosos para un evangelismo personalizado y discipulado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros dos próximos artículos ofrecen estudios de caso sobre apologética, interactuando con bastantes ideas de liderato de la cultura psicológica que predomina en occidente. John Babler evalúa las categorías y estrategias del DSM-IV, la “biblia” del diagnóstico psiquiátrico. Su A Biblical Critique of the DSM-IV (“Una crítica bíblica del DSM-IV&amp;quot;) muestra cómo los síntomas que supuestamente le otorgan a uno una etiqueta psiquiátrica puede ser comprendidos directamente mediante la lupa de la Palabra de nuestro Redentor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Taking Up the Challenge (“Asumiendo el desafío”) de Alfred Poirier responde a la frecuente y reiterada reivindicación de que un modelo de consejo válido que honre a Dios puede (y debe) ser construida sin los materiales de la investigación social. Poirier muestra cómo los mejores ejemplares del pensamiento y la teoría &amp;quot;integracionista” no cumplen sistemáticamente con la sólida teología pastoral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con Let Me Draw a Picture (“Voy a pintar un dibujo”), Dana Stoddard describe el centro dinámico de la vida cristiana, el ciclo de arrepentimiento &amp;quot;desde/hasta”, fe y nueva obediencia. Muchos de los que usted aconseja se quedan atrapados en alguna forma de perfeccionismo o idealización del caminar y la experiencia cristiana. Stoddard captura realísticamente el proceso de crecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra sección de Public Ministry contiene un sermón sobre el Viernes Santo del difunto Ray Dillard. Éste ponía ante nosotros el cáliz de la ira que Jesús bebió en nuestro lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenemos la revisión de dos libros: Worthington and McMurry’s Marriage Conflicts (Conflictos en el matrimonio), de la serie de David Benner para consejo pastoral a corto plazo y un grupo de libros publicados por Plough Publications que cubren perdón, pureza sexual y discipulado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
JBC provee periódicamente una bibliografía anotada de libros escritos por autores comprometidos con el desarrollo de un consejo que glorifique a Jesucristo siendo construido por la Palabra de Dios, una sensata reflexión teológica y habilidosa práctica pastoral; ésta es la cuarta en dicha bibliografía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, con Queries &amp;amp; Controversies (“Cuestiones y controversias”), John Bettler aborda la cuestión de los celos y cómo sucede que esta emoción, distorsionada tan fácilmente por el pecado se convierte en una parte crucial del amor marital cuando se orienta correctamente.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 23 Jul 2009 17:33:06 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>X-ray Questions: Drawing Out the Whys and Wherefores of Human Behavior/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Radiografía de preguntas: descubriendo los por qué y las razones del comportamiento humano&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por David Powlison.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Por qué lo hice?” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué ''reacciona'' usted de ese modo? ¿Por qué usa esas palabras y ese tono de voz? ¿Por qué piensa o siente así? ¿Por qué no olvida ese aspecto concreto de lo que ocurrió? ¿Por qué hace esa elección para esta situación? ¿Por qué anticipa posibles resultados?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta “¿Por qué?” lanza miles de teorías sobre la naturaleza humana. ¿Por qué actúan las personas como lo hacen? La “respuesta” a esta pregunta está sujeta a cada análisis de la personalidad humana y a cada intento por solucionar lo que mantiene enferma a la raza humana. Un vistazo sobre las motivaciones organiza y colorea cada detalle de la teoría y la práctica. ¿Se quedó usted inmóvil en algún punto de la jerarquía de las necesidades? ¿Está determinado genéticamente hacia la agresividad? ¿Son el culpable las hormonas furiosas? ¿Su instinto lo lleva a conflicto con lo establecido por la sociedad? ¿Sus impulsos se han visto reforzados por estímulos de recompensa? ¿Es usted Aries con ascendente de Júpiter? ¿Es usted un niño adulto por una experiencia traumática que lo marcó? ¿Se está compensado por inferioridades que percibe, intentando adquirir mejor autoestima? ¿Produjo un demonio llamado “Adicción” una grieta en su personalidad? ¿Falló su fuerza de voluntad? ¿Desconoce la doctrina correcta? ¿Es usted de temperamento sanguíneo o melancólico, optimista o pesimista, introvertido o extrovertido? ¿Está inmerso en una falsa consciencia ideológica que caracteriza a su clase social? ¿Sus monólogos distorsionan la base para una identidad y autoestima? “Hice esto, pensé aquello, sentí así ''porque''…” Las razones son más complicadas de lo que parece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las teorías sobre lo que aprueban las personas se encarnan en modelos de consejo. Las explicaciones son postes indicadores de las soluciones: medicarse, volver a ser padres, expulsar un demonio, satisfacer sus necesidades, no tomar decisiones importantes en días que se antojan malos, reprogramar su monólogo interior, explorar su dolor. Las supuestas razones y las respuestas apropiadas son discutidas con fiereza. En cualquier biblioteca universitaria, cientos de yardas de estanterías de libros recogen y recogen estas discusiones. El Señor Dios tiene mucho que decir sobre este tema, sopesándolo con Su propia opinión. Él refuta enérgicamente a los contendientes y a los falsificadores demostrando que las motivaciones humanas están relacionadas con ''Él''. Un consejo que pretenda surgir de las Escrituras debe hacer justicia con lo que Dios dice acerca de los por qué y las razones del corazón humano. Las Escrituras afirman que descubren “los pensamientos y las intenciones del corazón” según los criterios específicos con los que el Buscador de corazones evalúa lo que Él ve en nosotros (He 4:12f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente “radiografía de preguntas” facilita una ayuda para discernir el modelo de las motivaciones de una persona. Las preguntas pretenden ayudar a las personas a identificar y descubrir a los señores impíos que ocupan puestos de autoridad en sus corazones. Estas preguntas ponen de manifiesto a “dioses funcionales”, qué o quién controla realmente acciones específicas, pensamientos, emociones, actitudes, recuerdos y expectativas. Fíjese bien, a menudo los “dioses funcionales” en una situación concreta están diametralmente opuestos al &amp;quot;Dios verdadero&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Piense en cuando se siente ansioso, preocupado y lleno de inquietud. Ocurrió algo que no puede sacarse de la cabeza; ahora está ocurriendo algo que lo está consumiendo; mañana ocurrirá algo a lo que su mente no deja de darle vueltas pensando en cada posible imprevisto. Mientras que el pecado de la preocupación aprieta su desagradable lazo en su alma, puede que usted salte hacia una vía rápida vía de escape para solucionarlo: asalte la heladera, vea la tele, se masturbar, lea una novela, vaya de compras, beba una cerveza, juegue a algo o quizás se movilice para tomar el control: hacer una larga lista de llamadas, trabajar durante toda la noche, conseguir una facción de partidarios, limpiar su casa, enojarse. ¿Por qué está pasando todo esto?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como cristiano usted ''profesa'' que Dios controla todas las cosas y hace que todo ocurra para Su gloria y el ulterior bienestar de usted. Profesa que Dios es su roca y su refugio, una ayuda siempre presente ante cualquier problema que tenga que afrontar. Usted profesa que Lo adora, confía en Él, Lo ama, Lo obedece. Pero en ese momento, hora, día o temporada de ansiedad, huida o descontrol, ''usted'' vive como si necesitase controlarlo todo. Vive como si el dinero, la aprobación de alguien, un sermón “exitoso”, una puntuación, un examen, la salud, evitar un conflicto, salirse con la suya, etc., importase más que confiar y amar a Dios. Vive como si algo que lo hace sentir bien temporalmente pudiera darle refugio, como si sus acciones pudieran arreglar el mundo. Su dios funcional compite contra el Dios que usted profesa. Los incrédulos están completamente dominados por motivaciones impías. Los verdaderos creyentes están a veces severamente comprometidos, distraídos y divididos. No obstante, la gracia nos reorienta, purifica y nos vuelve a nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra transformadora de Cristo en nuestras vidas trabaja simultáneamente en dos dimensiones, la “vertical” y la “horizontal”, el por qué y el cómo. Dios siempre está reorientando tanto nuestra adoración como nuestro caminar, nuestras motivaciones y nuestro estilo de vida. Pablo resume el objetivo de su ministerio de este modo: Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera (1 Ti. 1:5). La renovación de las relaciones horizontales la resume el amor. Un corazón puro, una buena conciencia y una fe sincera atraen la reconfiguración de la relación vertical. Un corazón impuro o de doble ánimo sirve a mucho señores. Una conciencia mala o distorsionada malinterpreta, se equivoca y no evalúa bien, fracasando para entender la vida al modo de Dios. Una fe hipócrita declara, canta y ora de una manera pero confía de otra cuando algo comienza a presionar. La deserción del corazón, la conciencia y la fe produce pecados específicos; la restauración del corazón, la conciencia y la fe produce una obediencia específica. Este artículo explorará en la dimensión vertical que guía y promueve (causa) la dimensión horizontal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe que cada pregunta se mueve alrededor del mismo tema esencial: ¿qué o quién es su Dios o dios funcional? Muchas de las preguntas se desprenden simplemente de los verbos que lo relacionan con Dios: amar, confiar, temer, esperar, buscar, obedecer, refugiarse y semejantes. Cada verbo nos tiende una lámpara para guiarnos a Él que es el camino, la verdad y la vida. Sin embargo, cada verbo puede que también nos vuelva hacia una pregunta, sosteniendo un espejo que nos muestra dónde estamos extraviados. Cada pregunta conduce a la misma pregunta general. En situaciones particulares, diferente tiempo, lugar, personas, unas u otras pueden ser más útiles o apropiadas. Las diferentes maneras de formular las preguntas sobre las motivaciones tocarán a la puerta de cada persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que vienen a continuación son preguntas de &amp;quot;¿Por qué&amp;quot; formuladas concretamente como &amp;quot;¿Qué?&amp;quot;. Estas preguntas pueden ayudarlo a descubrir lo que da sentido específico a la vida de una persona. Usted no va a mirar en el corazón de nadie pero puede hacer preguntas inteligentes como “¿Por qué está enojado? ¿Por qué lo está manipulando? ¿Por qué está ansioso ante esta situación? ¿Por qué tiene problemas con la codicia en ese momento en particular? ¿Por qué bebe hasta el exceso?” La Biblia, la palabra del Buscador de corazones que penetra e ilumina, se preocupa por penetrar más allá del comportamiento y las emociones para exponer las razones, para ponernos al descubierto delante de Él que es ante quien tenemos que dar cuentas. La reorientación de las razones a través de la gracia del evangelio puede venir cuando hay convicción de que existen formas específicas de desorientación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas preguntas pueden emplearse de diversas maneras. Cada una puede analizarse “al microscopio” para diseccionar los detalles de un incidente concreto en la vida de una persona o también pueden analizarse para ofrecer una &amp;quot;mayor perspectiva&amp;quot;, para iluminar modelos típicos y recurrentes que caracterizan la vida entera de una persona. A lo largo de la vida de un consejero encontrará (aparte de su propio crecimiento en la gracia) que los detalles y el panorama se complementan entre sí. El panorama aislado es demasiado general, el cambio sucede en situaciones específicas; los detalles aislados parecen triviales, el panorama le aporta mucho significado a esos pequeños detalles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las referencias bíblicas están pensadas para ser los detonantes que lo hagan pararse a pensar. Las personas apenas arañan la superficie del tratamiento que la Biblia da a las motivaciones humanas. Asegúrese de hacer en primer lugar las preguntas “existenciales”. ¿Qué lo ''está'' motivando a usted o a otro? No acuda hacia la “respuesta cristiana correcta” sin trabajar duro y honestamente para analizar “dioses funcionales” que pervierten. Un arrepentimiento inteligente traerá respuestas correctas que así lo serán y hará que el amor de Jesús sea su alegría y esperanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.¿Qué ama? ¿Qué odia?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta sobre el “primer gran mandamiento” descubre su corazón, alma, mente y fuerza. No hay otra pregunta más profunda que hacerle a alguien. No hay una explicación más profunda para el por qué hace lo que hace. Un amor desordenado secuestra nuestros corazones de nuestro justo Padre y Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.¿Qué quiere, anhela, ansía, codicia y desea? ¿Cuáles son los deseos a los que sirve y obedece? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto resume las operaciones internas dirigidas por los deseos de la carne descritas en las cartas del Nuevo Testamento. &amp;quot;Haré según mi voluntad&amp;quot; y &amp;quot;Quiero...&amp;quot; son a menudo bastante cómodos. Diversos son los deseos que gobiernan a las personas por lo que vaya por los detalles de ''esta'' persona, ''ahora'', en ''esta'' situación. Dese cuenta de que en ocasiones es la voluntad de otra persona la que lo está gobernando (presión de los colegas, agradar a otras personas, ser como un esclavo o un comportamiento camaleónico). En tales casos, lo que ansía su corazón es obtener algo bueno que le están prometiendo y evitar cualquier cosa mala con la que lo amenacen: “Ansío que me incluyan, aprecien, acepten y admiren”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.¿Qué busca, aspira, persigue? ¿Cuáles son sus objetivos y expectativas? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto manifiesta en concreto que su vida es activa y se dirige en una dirección. Estamos  repletos de propósitos. La motivación humana no es pasiva como si necesidades programadas, instintos o impulsos estuvieran controlados desde fuera siendo “incumplidas”, “frustradas” o &amp;quot;condicionadas”. Las personas son verbos activos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.¿Dónde atesora sus esperanzas? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dimensión futura es prominente en la interpretación de Dios sobre las razones humanas. Las personas sacrifican todas sus energías para alcanzar lo que anhelan. ¿Y qué es? Las personas desesperadas han tenido deseos malditos. ¿Cuáles fueron esas esperanzas hechas añicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.¿Qué teme? ¿Qué es lo que no quiere? ¿Qué es lo que tiende a preocuparle? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los temores pecaminosos invierten las ansías. Si quiero evitar algo a toda costa (pérdida de su reputación, de control, pobreza, enfermedad, rechazo, etc), me gobierna un temor codicioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.¿Qué siente que quiere hacer? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es la continuación de la charla para la segunda pregunta, ¿qué desea? Ser &amp;quot;orientado por los sentimientos&amp;quot; significa hacer de sus necesidades su guía: “Siento que quiero maldecirlo. No me siento con ganas de hacer mis tareas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7. ¿Qué piensa que necesita? ¿Qué siente que le hace falta? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas 2 y 3 exponen sus objetivos en términos de actividad y búsqueda. Esta pregunta revela sus objetivos en términos de lo que usted espera recibir, obtener y conservar. La sensación de necesidad se toma frecuentemente como necesidades manifiestas que hay que obtener y no como señores engañosos que esclavizan. Nuestra cultura de la necesidad refuerza los instintos y hábitos de la carne. En la mayoría de casos, la sensación de necesidad de una persona es palabrería para demandas idólatras de amor, comprensión, sensación de tener el control, afirmación y logro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8. ¿Cuáles son sus planes, compromisos, estrategias e intenciones por lograr? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es otra manera de medir lo que se persigue. El egocentrismo que acecha incluso los planes que parecen más nobles puede ser atroz. Nadie afirmará nunca: “la expansión de nuestra iglesia en una súper iglesia me hará famoso, rico y poderoso”, pero tales razones son comunes y corrientes en la naturaleza humana. Su presencia incluso encubierta, pervertirán y mancharán las acciones de uno de una manera u otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9. ¿Qué lo hace moverse? ¿Alrededor de qué sol gira su planeta? ¿Dónde encuentra el jardín de sus delicias? ¿Qué ilumina su mundo? ¿De qué fuente de vida, esperanza y delicia bebe usted? ¿Qué  alimento sustenta su vida? ¿Qué es realmente importante para usted? ¿Qué castillo de cuento de hadas construye en las nubes? ¿Qué sueños lo atormentan o lo aterrorizan? ¿Alrededor de qué organiza su vida? ¿Qué brújula lo orienta? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas metáforas impactantes pueden expresar la pregunta: &amp;quot;¿para qué está viviendo usted realmente?&amp;quot; Dese cuenta de que ser gobernado, por ejemplo, por una profunda sed de intimidad, logro, respeto, salud o riqueza no los hacen deseos legítimos y sin problemas. Funcionan de manera perversa, poniéndonos en el centro del universo. Nosotros estamos hechos para anhelar supremamente al Señor mismo, al Dador, no Sus dones. La ausencia de bendiciones (rechazo, vanidad, injurias, enfermedad, pobreza) es a menudo el crisol en el que aprendemos a amar a Dios por ser Dios. En nuestra idolatría instalamos los dones como bienes supremos y convertimos al Dador en el chico errante de deseos ambulantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10. ¿Dónde encuentra refugio, protección, comodidad, escape, disfrute o seguridad? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es la pregunta de los salmos, desenterrando sus falsas confianzas, sus vías de escape que sustituyen al Señor. Esta pregunta aborda de manera muy útil muchos de estos &amp;quot;comportamientos adictivos&amp;quot;. A menudo surgen en el contexto de las presiones y los problemas de la vida, funcionando como falsos refugios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
11. ¿En qué o quién confía? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confiar es uno de los verbos principales que lo relacionan con Dios, o con mentiras y falsos dioses. Los salmos decisivos respiran confianza en nuestro Padre y Pastor. En su lugar, ¿dónde pone su confianza para dirigir su vida, dónde cimienta su vida? ¿En otras personas? ¿En sus capacidades o logros? ¿En su iglesia o tradición teológica? ¿En sus posesiones? ¿En dietas, ejercicios y cuidados médicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12. ¿Qué actuación importa? ¿En qué hombros descansa el bienestar de su mundo? ¿Quién puede mejorarlo, hacer que funcione, que sea seguro y que sea próspero? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto desentierra autojustificación, vivir mediante sus hijos o esperanzas fijas de tener la clase correcta de esposo o esposa y así sucesivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
13. ¿A quién quiere agradar? ¿Qué opinión sobre usted es la que cuenta? ¿De quién espera aprobación y teme el rechazo? ¿Con qué escala de valores se mide? ¿Ante los ojos de quién está viviendo? ¿De quién necesita amor y aprobación? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuándo se pierde a Dios, se entra en una selva de confusión. Usted tiende a vivir ante sus propios ojos o ante los de los demás, o ambos. Los &amp;quot;ídolos sociales&amp;quot; toman numerosas formas concretas: aceptación o rechazo, ser incluido o excluido, aprobación o crítica, afecto u hostilidad, adoración o subestima, privacidad o alienación, ser comprendido o burlado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
14. ¿Quién es su modelo para comportarse? ¿Qué clase de persona cree que tiene o quiere ser? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su “ídolo” o “héroe” lo descubre. Esas personas encarnan la “imagen” hacia la que usted aspira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
15. En su lecho de muerte, ¿qué logro haría que su vida hubiera valido la pena? ¿Qué le da sentido a su vida? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una pregunta de Eclesiastés. Este libro examina decenas de opciones y encuentra todas finalmente vanas menos una. En alguna ocasión, ¡traduzca Eclesiastés 2 a sus equivalentes modernos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
16. ¿Cómo define y sopesa el éxito o el fracaso, lo correcto de lo incorrecto, lo deseable de lo indeseable en una situación particular? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los modelos que usted sirve y emplea pueden estar totalmente distorsionados. Dios piensa en renovar su “consciencia” por la que usted se evalúa así mismo y a los demás. Si usted aborda la vida &amp;quot;con su propio entendimiento” o “ante sus propios ojos&amp;quot;, vivirá como un loco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
17. ¿Qué lo haría sentirse rico, seguro, próspero? ¿Qué tiene que obtener para que la vida sea vibrante? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia a menudo emplea la metáfora del tesoro o de la heredad para hablar de la motivación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
18. ¿Qué le aportaría el mayor placer, felicidad y deleite? ¿El mayor dolor y miseria? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bendición y la maldición son los modos en los que la Biblia habla de la felicidad y de la aflicción. ¿De qué manera calcula dónde y cómo encontrar bendición? Su cálculo le revela para lo que está viviendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
19. ¿La llegada de qué político al poder mejoraría las cosas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto no solía darse tanto entre los americanos como en otros países donde la política es un importante foco de esperanzas idólatras. Pero mientras el consenso cultural va fracasando, muchas personas ponen sus esperanzas cada vez más en el poder político. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
20. ¿Qué éxito o victoria haría que su vida fuese feliz? ¿Cuál es su definición de éxito o victoria? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se revela por inercia el interés personal? Hay personas que &amp;quot;viven y mueren&amp;quot; en base al resultado del equipo local, el balance financiero de su compañía, una puntuación media o su apariencia física.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
21. ¿Qué considera como sus derechos? ¿A qué cree que tiene derecho? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta a menudo ilumina bien el modelo motivacional de las personas airadas, apenadas, auto-justificadas y autocompasivas. Nuestra cultura de los derechos refuerza los instintos y los hábitos. ¿”Merezco yo…”?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
22. ¿En qué situaciones se siente presionado o tenso? Cuando se siente presionado, ¿hacia quién se vuelve? ¿En qué piensa? ¿Cuáles son sus vías de escape? ¿De qué escapa? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta se vuelve importante desde una orientación ligeramente distinta. Muchas veces algunos modelos específicos de pecado dependen de la situación. Burlarse de aspectos importantes de una situación puede ser el espejo de las motivaciones del corazón. Cuando hablar en público lo tensa, quizás su corazón está gobernado por su propia actuación ante los ojos de los demás (temor al hombre y orgullo). Cuando pagar las facturas genera ansiedad, quizás un ídolo de la codicia está funcionando en usted.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
23. ¿Qué espera conseguir de la vida? ¿Qué recompensa espera obtener de las cosas que hace? &amp;quot;¿Qué saca haciendo esto?&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un modo concreto de reformular las preguntas 3 y 8, desenterrando sus objetivos operacionales. Ídolos, mentiras y ansías ''prometiendo'' cosas buenas. Sirva a Baal y le proporcionará fertilidad.  Consiga que ese chico tan guapo se fije en usted y se sentirá bien consigo misma. Consiga 100 000 $ y avergonzará a aquéllos que pensaban que nunca en la vida lo lograría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
24. ¿Por qué ora? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus oraciones le muestran a menudo el modelo de su desequilibrio y egocentrismo. De todas las cosas posibles que se pueden pedir, ¿en qué se concentra? La oración es sobre deseos, pedimos por lo que queremos. ¿Sus oraciones reflejan los deseos de Dios o de la carne?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
25. ¿En qué es lo que piensa más a menudo? ¿Qué le preocupa o le obsesiona? Por la mañana, ¿hacia qué se desvía su mente instintivamente? ¿Cuá es su &amp;quot;pensamiento&amp;quot;? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Ponga un espejo delante del desvío para que pueda volver a su recorrido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
26. ¿Sobre qué habla? ¿Qué es importante para usted? ¿Qué actitudes transmite? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ésta y la siguiente pregunta suponen la conexión más cercana posible entre las razones y el comportamiento. Observe lo de lo que prefieren hablar las personas y cómo lo dicen. Nuestras palabras proclaman lo que adora nuestro corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
27. ¿Cómo emplea su tiempo? ¿Cuáles son sus prioridades? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe lo que los demás y usted deciden hacer. Es un poste indicador de la lealtad bajo la que opera el corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
28. ¿Cuáles son sus fantasías típicas tanto agradables como aterradoras? ¿Ensueños? ¿Sobre qué giran sus sueños durante la noche? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún somos seres humanos responsables incluso cuando estamos más o menos separados de la conciencia. Su modelo de preocupación y deseo se revelan en la ensoñación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
29. ¿Cuáles son las creencias funcionales que controlan su interpretación de la vida y determinan su manera de actuar? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos 4:12 habla de los “pensamientos e intenciones” del corazón. Quizás podríamos interpretarlo como “creencias y deseos”. Tanto las mentiras en las que cree y la codicia que persigue apoya pecados visibles. Las creencias operativas y funcionales de una persona controlan las respuestas. El modo en el que entiende a Dios, a usted mismo, a los demás, al demonio, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, el pasado, presente, futuro… tiene efectos dominantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
30. ¿Cuáles son sus ídolos o falsos dioses? ¿En qué pone su confianza o sus esperanzas? ¿Hacia qué se vuelve o qué busca? ¿Dónde se refugia? ¿Quién es el salvador, juez, controlador, proveedor, protector en su mundo? ¿A quién sirve? ¿Qué &amp;quot;voz&amp;quot; lo controla? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta lista completa de 35 preguntas busca las cosas que usurpan a Dios. De manera metafórica, cada una de ellas puede denominarse un “ídolo” al que usted es fiel. Las voces que escucha imitan rasgos específicos de Dios. Comience a indicarlas en los detalles de su vida vivida y su capacidad para tratar con la dimensión vertical de una manera relevante y específica madurará.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
31. ¿Cómo vive para si mismo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una manera general de preguntar cualquiera de estas preguntas. “Si mismo” toma miles de formas y disfraces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
32. ¿Cómo es su vida como esclavo del maligno? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La motivación humana no es puramente “psicológica”, “psicosocial” o “psicosomática”. Cuando sirve a la codicia y a las mentiras, está sirviendo a un enemigo personal que desea engañarlo, esclavizarlo y asesinarlo. La motivación humana es &amp;quot;de pactos&amp;quot; en su totalidad. Puede que sirva al demonio o puede que sirva al Señor, pero como dijo Bob Dylan, va a tener que servir a alguno de los dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
33. Implícitamente, ¿cómo dice “Si tan solo…” (para conseguir lo que quiere, evitar lo que no quiere, conservar lo que tiene)? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los “si tan solo” son palabrería que pueden destapar muchos temas de motivación con el fin de crear auto-comprensión y arrepentimiento bíblico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
34. Instintivamente, ¿qué le parece y siente como lo correcto? ¿Cuáles son sus opiniones, las cosas que siente que son verdad? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no sólo “siente” que tiene que hacer ciertas cosas (pregunta 6), también &amp;quot;siente&amp;quot; que ciertas cosas son verdad. Por el contrario, la sabiduría es corregible mientras que se escucha y se aprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
35. ¿Dónde encuentra su identidad? ¿Cómo define quién es? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia dice cosas radicales sobre el auto-conocimiento, identidad y los tipos de auto-evaluación (“consciencia”). Los lugares en los que las personas buscan identidad son pozos secos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta muestra de preguntas lo llevará a pensar de un modo fructífero acerca de cómo la vida humana es absolutamente de relación con Dios. Permítame que acentúe tres puntos que he encontrado particularmente útiles para mantener la orientación tanto para aconsejar como para buscar arrepentimiento por mis propios pecados. En primer lugar, mi regla general es una pregunta de dos caras: ''¿Qué mentiras y codicias se expresan mediante este pecaminoso modelo de vida?'' Cave bajo la irritación, egoísmo, desesperanza, fuga, auto-justificación, auto-compasión, temores agobiantes, queja - lo que sea – y encontrará un mosaico de mentiras concretas que se creyó y ansias perseguidas. Las Escrituras lo equipan para atraparlas y sacarlas a la luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segunda lugar, ''los verbos que relacionan a las personas con Dios deben convertirse en una parte activa de su pensamiento''. Las personas siempre están tratando con Dios. Los seres humanos aman innegablemente a Dios, o aman otra cosa. Nos refugiamos en Dios, o en otra cosa. Ponemos nuestras esperanzas en Dios, o en otra cosa. Tememos a Dios, o a otra cosa. Las Escrituras cobrarán vida de una nueva forma conforme desarrolle un estado de alerta ante la forma en la que los verbos del &amp;quot;hombre delante Dios&amp;quot; se agotan en la vida real. Esa perspectiva concede una poderosa perspectiva tanto para el consejo evangelístico como para ayudar a crecer a los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar,''al ver que toda motivación está relacionada con Dios, usted verá que lo que está mal en nosotros clama por una solución de Dios: gracia, paz, poder y presencia de Jesucristo''. La motivación humana trata de la dimensión vertical. Las buenas noticias de Cristo son que no hay añadidos, no existe un camino religioso para conocer los deseos y necesidades antes de que existan. Vivir la fe en Jesucristo es la única motivación sensata, la alternativa radical a las miles de formas de perversión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santificación pretende purificar tanto el corazón como los miembros, cambiar las razones y el comportamiento; importan los dos. Imagínese sentado en una colina observando un lago. Está mirando una lancha motora por el agua, ve y oye su “comportamiento”: acelera desde el muelle, da un amplio giro, bota dejando una estela a gran velocidad y de repente, apaga el motor, deambula hacia la orilla de una isleta y echa el ancla por la borda. ¿Por qué se comportó de ese modo? Si usted fuera capaz de aumentar el zoom, descubriría sus &amp;quot;razones&amp;quot;. Vería lo qué daba fuerza y dirigía la lancha: un motor interior V-8, un timón y un volante, los pensamientos y las intenciones del piloto. ¿Por qué fue el bote a la isla? ¿Para encontrar un tesoro oculto? ¿Escapar de la policía? ¿Irse con la familia de picnic? ¿Probar el bote antes de una posible compra? ¿Para hacerle señales a alguien que pase porque se quedó sin gasolina? Para poder comprender y “ayudar” totalmente a la lancha motora, debe conversar sobre lo visible y lo invisible, tanto el comportamiento como la razón. La Biblia establece tanto los resultados como las razones. Para evaluar y “aconsejar” a la lancha motora, tiene que buscar todo lo que se pueda saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que Conoce los ''corazones'' recompensará a cada uno según sus ''obras'' (Jeremías 17:10). Las Escrituras nunca separan razón de comportamiento. El espejo de las Escrituras expone los dos. La lámpara de las Escrituras guía a ambos. La gracia y el poder de Jesucristo cambiar tanto la raíz como el fruto. El &amp;quot;primer gran mandamiento&amp;quot; se dirige a raíces motivacionales: ¿ama a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza? ¿O hay algo más que divide y roba su afecto? El &amp;quot;segundo gran mandamiento&amp;quot; se dirige a los frutos del comportamiento: ¿Ama a su prójimo como así mismo? ¿O abusa, intimida, asusta, evita, odia, ignora a su vecino? El evangelio de la gracia saca de nosotros el corazón de piedra, enseñándonos a conocer a Dios, la gracia reemplaza las manos y la lengua que obra el mal, enseñándonos a vivir vidas más hermosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera de estas 35 preguntas pueden hacerse directamente a una persona de esta forma o de otra adapta apropiadamente, pero no siempre son preguntas para hacerse directamente. A veces es mejor escuchar y observar simplemente, revisando el fruto de la vida de una persona para llegar a los modelos que puedan indicar los compromisos por los que funciona su corazón. Recuerdo cuando observé cómo un hombre al que aconsejaba se disculpaba profusamente con signos evidentes de agitación y estrés cada vez que llegaba con unos minutos de retraso. Estas pequeñas cosas &amp;quot;concordaban” con otras piezas del puzzle que no habían tomado aún forma suficiente durante nuestras conversaciones. Mientras se iban desvelando, el hombre llegaba tarde porque no podía desligarse de otras personas, de llamadas o visitantes por temor a que no lo apreciasen. Se disculpaba profusamente conmigo porque tenía miedo de que no lo quisiese. Tenía pocos compañeros de verdad pero a la vez idealizaba a seres superiores o menospreciaba a seres inferiores. Esas pequeñas porciones de fruto (las razones de su retraso, agitación momentánea, disculpas desordenadas, polarizados puntos de vista sobre los demás) nos condujeron al modelo que enseñoreaba su vida: las personas muy grandes y Dios muy pequeño (Proverbios 29:25). Ese entretejido de orgullo y temor al hombre es un desorden fundamental en nuestros corazones desordenados. Eso nos dirigió directamente a Jesucristo digno de confianza. Las explicaciones son indicadores hacia las soluciones. Este hombre encontró perdón y el poder para confiar en un nuevo Señor. Aprendió a ejercer cambios prácticos. En lugar de amedrentarse o engrandecerse, comenzó a amar a las personas con un realismo y ternura crecientes mientras que crecía para ver a los demás básicamente como a él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permítame finalizar con un último caso de estudio. Una vez aconsejé a un hombre que habitualmente escapaba de las presiones de la vida viendo la tele, comiendo, jugando a videojuegos, bebiendo, con pornografía, coleccionando antigüedades, leyendo novelas de ciencia ficción o entrenando en el gimnasio. Abandonaba el amor a su esposa y a sus hijos, flojeaba en el trabajo, era evasivo y engañoso en cuanto a su comunicación con los demás, iba por compromiso a la iglesia. ¿Por dónde empezar? Había muchos problemas, muchísimos pecados tanto de comisión como de omisión. ¿Cómo podía analizar estos problemas? No estaba seguro de por dónde empezar. Entonces me sacudió: ¡prueba con los salmos como un todo! Casi cada salmo en solitario, de alguna u otra manera, retrata al Señor como nuestro refugio ante los problemas, como el centro de nuestras esperanzas. De manera implícita y explícita, los salmos reprochan el refugiarse en otra cosa, los salmos ofrecen amor y misericordia firmes, los salmos nos animan a conocer y a obedecer a Dios en las trincheras de la vida. Este hombre se sentía ligeramente culpable por algunos de sus malos comportamientos pero no era consciente del modelo o de la gravedad de lo que estaba viviendo. Ansiaba la facilidad, control, comodidad y manifestaba sus deseos de decenas de formas. Sus esfuerzos por cambiar se quedaban a medias. La convicción sobre el pecado concreto de su corazón (dar la espalda al Dios vivo para buscar refugios idólatras) lo despertó y vio su comportamiento pecaminoso de una nueva manera. Su necesidad por lo que Dios ofrecía, gracia sobre gracia para una vida de fe obrada a través del amor, comenzó a arder en su interior. Mientras se hacía la luz sobre sus modelos, comenzó incluso a identificar pequeños trucos para escapar de los que nunca antes se había percatado ni había relacionado con los pecados más destacados, como por ejemplo: modos en los que empleó (abusó) del humor, se daba sutiles excusas así mismo o se sentía apesadumbrado. Dios &amp;quot;parecía estar lejos&amp;quot; al principio del proceso, cuando este hombre se encontraba retenido por la niebla. Sin embargo, cuando el proceso comenzó a desarrollarse, Dios parecía muy, muy cercano, relevante y querido. La gracia de Cristo se hizo muy real y necesaria. Este hombre se motivó para un cambio práctico, para afrontar las presiones y las responsabilidades, para aprender a amar a los demás, para la gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ejemplar de Journal Biblical Counseling (JBC) contiene una mezcla de ideas y consejos que confío que encuentre motivadoras y alentadoras tanto en su manera de pensar y en su ministerio con los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros dos primeros artículos se centraban en lo tangible que puede llegar a ser el amor expresado en el ministerio de consejo. La palabra y la obra cooperan. En Counseling Children (“Aconsejando a niños&amp;quot;), Earl Cook (con prefacio de Paul Tripp) debate e ilustra cómo ministrar el amor y la verdad de Cristo a la oveja más joven. En sus comentarios encontrará un compromiso profundo y práctico para entrar en el mundo del niño. Sus acciones y actitudes encarnan el mismo amor y verdad que hablan sus palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Counseling Ministry Within Wider Ministry (“Ministerio de consejo dentro de otro gran ministerio&amp;quot;) presenta un entrevista con John Babler y trae al panorama un tipo diferente de ministerio de la encarnación. Balber describe cómo el amor por las personas se encuentra en momentos de necesidad física, material o social, creando por ende contextos poderosos para un evangelismo personalizado y discipulado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros dos próximos artículos ofrecen estudios de caso sobre apologética, interactuando con bastantes ideas de liderato de la cultura psicológica que predomina en occidente. John Babler evalúa las categorías y estrategias del DSM-IV, la “biblia” del diagnóstico psiquiátrico. Su A Biblical Critique of the DSM-IV (“Una crítica bíblica del DSM-IV&amp;quot;) muestra cómo los síntomas que supuestamente le otorgan a uno una etiqueta psiquiátrica puede ser comprendidos directamente mediante la lupa de la Palabra de nuestro Redentor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Taking Up the Challenge (“Asumiendo el desafío”) de Alfred Poirier responde a la frecuente y reiterada reivindicación de que un modelo de consejo válido que honre a Dios puede (y debe) ser construida sin los materiales de la investigación social. Poirier muestra cómo los mejores ejemplares del pensamiento y la teoría &amp;quot;integracionista” no cumplen sistemáticamente con la sólida teología pastoral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con Let Me Draw a Picture (“Voy a pintar un dibujo”), Dana Stoddard describe el centro dinámico de la vida cristiana, el ciclo de arrepentimiento &amp;quot;desde/hasta”, fe y nueva obediencia. Muchos de los que usted aconseja se quedan atrapados en alguna forma de perfeccionismo o idealización del caminar y la experiencia cristiana. Stoddard captura realísticamente el proceso de crecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra sección de Public Ministry contiene un sermón sobre el Viernes Santo del difunto Ray Dillard. Éste ponía ante nosotros el cáliz de la ira que Jesús bebió en nuestro lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenemos la revisión de dos libros: Worthington and McMurry’s Marriage Conflicts (Conflictos en el matrimonio), de la serie de David Benner para consejo pastoral a corto plazo y un grupo de libros publicados por Plough Publications que cubren perdón, pureza sexual y discipulado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
JBC provee periódicamente una bibliografía anotada de libros escritos por autores comprometidos con el desarrollo de un consejo que glorifique a Jesucristo siendo construido por la Palabra de Dios, una sensata reflexión teológica y habilidosa práctica pastoral; ésta es la cuarta en dicha bibliografía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, con Queries &amp;amp; Controversies (“Cuestiones y controversias”), John Bettler aborda la cuestión de los celos y cómo sucede que esta emoción, distorsionada tan fácilmente por el pecado se convierte en una parte crucial del amor marital cuando se orienta correctamente.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 23 Jul 2009 17:31:30 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>X-ray Questions: Drawing Out the Whys and Wherefores of Human Behavior/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
Radiografía de preguntas: descubriendo los por qué y las razones del comportamiento humano&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por David Powlison.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¿Por qué lo hice?” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué ''reacciona'' usted de ese modo? ¿Por qué usa esas palabras y ese tono de voz? ¿Por qué piensa o siente así? ¿Por qué no olvida ese aspecto concreto de lo que ocurrió? ¿Por qué hace esa elección para esta situación? ¿Por qué anticipa posibles resultados?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta “¿Por qué?” lanza miles de teorías sobre la naturaleza humana. ¿Por qué actúan las personas como lo hacen? La “respuesta” a esta pregunta está sujeta a cada análisis de la personalidad humana y a cada intento por solucionar lo que mantiene enferma a la raza humana. Un vistazo sobre las motivaciones organiza y colorea cada detalle de la teoría y la práctica. ¿Se quedó usted inmóvil en algún punto de la jerarquía de las necesidades? ¿Está determinado genéticamente hacia la agresividad? ¿Son el culpable las hormonas furiosas? ¿Su instinto lo lleva a conflicto con lo establecido por la sociedad? ¿Sus impulsos se han visto reforzados por estímulos de recompensa? ¿Es usted Aries con ascendente de Júpiter? ¿Es usted un niño adulto por una experiencia traumática que lo marcó? ¿Se está compensado por inferioridades que percibe, intentando adquirir mejor autoestima? ¿Produjo un demonio llamado “Adicción” una grieta en su personalidad? ¿Falló su fuerza de voluntad? ¿Desconoce la doctrina correcta? ¿Es usted de temperamento sanguíneo o melancólico, optimista o pesimista, introvertido o extrovertido? ¿Está inmerso en una falsa consciencia ideológica que caracteriza a su clase social? ¿Sus monólogos distorsionan la base para una identidad y autoestima? “Hice esto, pensé aquello, sentí así ''porque''…” Las razones son más complicadas de lo que parece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las teorías sobre lo que aprueban las personas se encarnan en modelos de consejo. Las explicaciones son postes indicadores de las soluciones: medicarse, volver a ser padres, expulsar un demonio, satisfacer sus necesidades, no tomar decisiones importantes en días que se antojan malos, reprogramar su monólogo interior, explorar su dolor. Las supuestas razones y las respuestas apropiadas son discutidas con fiereza. En cualquier biblioteca universitaria, cientos de yardas de estanterías de libros recogen y recogen estas discusiones. El Señor Dios tiene mucho que decir sobre este tema, sopesándolo con Su propia opinión. Él refuta enérgicamente a los contendientes y a los falsificadores demostrando que las motivaciones humanas están relacionadas con ''Él''. Un consejo que pretenda surgir de las Escrituras debe hacer justicia con lo que Dios dice acerca de los por qué y las razones del corazón humano. Las Escrituras afirman que descubren “los pensamientos y las intenciones del corazón” según los criterios específicos con los que el Buscador de corazones evalúa lo que Él ve en nosotros (He 4:12f).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente “radiografía de preguntas” facilita una ayuda para discernir el modelo de las motivaciones de una persona. Las preguntas pretenden ayudar a las personas a identificar y descubrir a los señores impíos que ocupan puestos de autoridad en sus corazones. Estas preguntas ponen de manifiesto a “dioses funcionales”, qué o quién controla realmente acciones específicas, pensamientos, emociones, actitudes, recuerdos y expectativas. Fíjese bien, a menudo los “dioses funcionales” en una situación concreta están diametralmente opuestos al &amp;quot;Dios verdadero&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Piense en cuando se siente ansioso, preocupado y lleno de inquietud. Ocurrió algo que no puede sacarse de la cabeza; ahora está ocurriendo algo que lo está consumiendo; mañana ocurrirá algo a lo que su mente no deja de darle vueltas pensando en cada posible imprevisto. Mientras que el pecado de la preocupación aprieta su desagradable lazo en su alma, puede que usted salte hacia una vía rápida vía de escape para solucionarlo: asalte la heladera, vea la tele, se masturbar, lea una novela, vaya de compras, beba una cerveza, juegue a algo o quizás se movilice para tomar el control: hacer una larga lista de llamadas, trabajar durante toda la noche, conseguir una facción de partidarios, limpiar su casa, enojarse. ¿Por qué está pasando todo esto?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como cristiano usted ''profesa'' que Dios controla todas las cosas y hace que todo ocurra para Su gloria y el ulterior bienestar de usted. Profesa que Dios es su roca y su refugio, una ayuda siempre presente ante cualquier problema que tenga que afrontar. Usted profesa que Lo adora, confía en Él, Lo ama, Lo obedece. Pero en ese momento, hora, día o temporada de ansiedad, huida o descontrol, ''usted'' vive como si necesitase controlarlo todo. Vive como si el dinero, la aprobación de alguien, un sermón “exitoso”, una puntuación, un examen, la salud, evitar un conflicto, salirse con la suya, etc., importase más que confiar y amar a Dios. Vive como si algo que lo hace sentir bien temporalmente pudiera darle refugio, como si sus acciones pudieran arreglar el mundo. Su dios funcional compite contra el Dios que usted profesa. Los incrédulos están completamente dominados por motivaciones impías. Los verdaderos creyentes están a veces severamente comprometidos, distraídos y divididos. No obstante, la gracia nos reorienta, purifica y nos vuelve a nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra transformadora de Cristo en nuestras vidas trabaja simultáneamente en dos dimensiones, la “vertical” y la “horizontal”, el por qué y el cómo. Dios siempre está reorientando tanto nuestra adoración como nuestro caminar, nuestras motivaciones y nuestro estilo de vida. Pablo resume el objetivo de su ministerio de este modo: Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera (1 Ti. 1:5). La renovación de las relaciones horizontales la resume el amor. Un corazón puro, una buena conciencia y una fe sincera atraen la reconfiguración de la relación vertical. Un corazón impuro o de doble ánimo sirve a mucho señores. Una conciencia mala o distorsionada malinterpreta, se equivoca y no evalúa bien, fracasando para entender la vida al modo de Dios. Una fe hipócrita declara, canta y ora de una manera pero confía de otra cuando algo comienza a presionar. La deserción del corazón, la conciencia y la fe produce pecados específicos; la restauración del corazón, la conciencia y la fe produce una obediencia específica. Este artículo explorará en la dimensión vertical que guía y promueve (causa) la dimensión horizontal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Observe que cada pregunta se mueve alrededor del mismo tema esencial: ¿qué o quién es su Dios o dios funcional? Muchas de las preguntas se desprenden simplemente de los verbos que lo relacionan con Dios: amar, confiar, temer, esperar, buscar, obedecer, refugiarse y semejantes. Cada verbo nos tiende una lámpara para guiarnos a Él que es el camino, la verdad y la vida. Sin embargo, cada verbo puede que también nos vuelva hacia una pregunta, sosteniendo un espejo que nos muestra dónde estamos extraviados. Cada pregunta conduce a la misma pregunta general. En situaciones particulares, diferente tiempo, lugar, personas, unas u otras pueden ser más útiles o apropiadas. Las diferentes maneras de formular las preguntas sobre las motivaciones tocarán a la puerta de cada persona.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 23 Jul 2009 16:58:58 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:X-ray_Questions:_Drawing_Out_the_Whys_and_Wherefores_of_Human_Behavior/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Anger Part 2: Three Lies about Anger and the Transforming Truth/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Anger_Part_2:_Three_Lies_about_Anger_and_the_Transforming_Truth/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;IRA 2ª PARTE: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
UNA VERDAD QUE TRANSFORMA Y TRES MENTIRAS SOBRE LA IRA&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por David Poliwson.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué es la ira? ¿Cómo deberíamos controlarla? La primera parte de este artículo1 tenía como objetivo ofrecer recursos bíblicos para entender esta imprevisible sensación. Podemos observar que la Biblia trata la ira con sumo detalle. Vemos que la ira afecta a todo el ser: cuerpo, emociones, mente, sentimientos y comportamiento. Tiene una finalidad interpersonal, siempre está relacionada con Dios y normalmente con otras personas. Es tanto natural como aprendida, para bien o para mal; es una cuestión moral. Dios nos da una visión del mundo desde la cual reflexionemos sobre la ira y en base a la cual luchemos contra las distintas expresiones de ira que se crucen en nuestro camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta segunda parte, haremos una crítica de tres de las ideas erróneas más perniciosas acerca de la ira que dominan en nuestra cultura. Como consejeros cristianos, podemos ofrecer la alternativa bíblica en toda su profundidad, esperanza y fuerza para las personas que están envueltas de mentiras. La verdad ofrece el camino para salir de la ira y de la confusión que la rodea. Este artículo concluirá con un conjunto de ocho preguntas que lo ayudarán a evaluar y a vencer la ira con santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 1: La ira es algo dentro de mí'''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una consecuencia decisiva de todo lo que hemos hablado es que la ira no es una “cosa”. Es un acto moral de todo el ser, no una “sustancia” o “algo” dentro de usted. Puede que esto parezca obvio pero no lo es en el entendimiento de la mayoría de las personas. ¿Se trata de un fluido caliente y emocional que aumenta la presión en su interior? ¿O es un demonio que establece su residencia? Estas ideas tan comunes (¡totalmente opuestas la una de la otra!) concluyen ambas en que la ira es “algo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En general, en la cultura occidental muchas teorías explican la ira como un fluido emocional que acumula presión en su interior y tiene que ser liberado. Esta teoría “hidráulica” sobre la ira participa del saber popular para el cual “es simplemente, ni buena ni mala”. Las cosas ''son'' neutrales; los agentes morales no. ¿Por qué esta teoría parece verosímil? Porque los ejemplos mostrados a continuación capturan algo de cómo se puede describir la ira: la ira de una persona puede estar &amp;quot;contenida&amp;quot;, “su bomba puede estar preparada&amp;quot;. Las personas pueden estar con &amp;quot;la sangre hirviendo&amp;quot;, llenas de ira; “liberando la presión”. Los enojos pasados y sin resolver pueden “guardarse dentro”, “esconderse” durante décadas. Usted se siente mejor si “se lo saca de encima” hasta “agotar” la ira. Todas estas metáforas describen persuasivamente la ira como una sustancia a presión en nuestro interior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay duda, estas representaciones tan coloridas ''sí'' capturan cómo nos hace sentir la ira, pero el fin de una metáfora no es dominar algo sino representarlo. Por ejemplo, los autores del Antiguo y del Nuevo Testamento realmente no creían que se avivase un horno interior para calentarlo cuando usted “arde” de ira. La metáfora de &amp;quot;arder” captura gráficamente la sensación y los efectos que produce la ira pero su finalidad no es anular el hecho de que la ira es algo que las personas provocan. La ira parece abrasar pero no es un fuego. La solución para una ira pecaminosa no es sustraer el horno mediante una operación quirúrgica o ¡beber tanta agua que sofoque las llamas! La solución es moral: &amp;quot;volverse&amp;quot; del pecado a la gracia de Dios con fe de arrepentimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué quiero dar a entender si digo: &amp;quot;mi vecina enojada gruñe, ladra o intenta morder a sus hijos? ¿Que muerde y mastica sus cabezas? ¿Se vuelve rabiosa y echa espuma por la boca?” Son palabras muy esclarecedoras. Pero seguramente no quiero dar a entender que tiene un perro guardián hidrófobo y ¡que el rabioso canino se ha apoderado de la situación! En ese caso, la única solución sería ponerle un bozal a la vecina o quitarle su sufrimiento. Un perro loco es una “cosa” que con las palabras no se puede solucionar. Sin embargo, he conocido a &amp;quot;gruñidores&amp;quot; que oyendo a Dios, arrepintiéndose, creyendo y obedeciendo, han crecido plácidamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando la gente cree que la ira es una sustancia bajo presión, algo adentro, y no algo que provocan, esa idea dirige a otra solución distinta de la del arrepentimiento. La necesidad de algún tipo de catarsis parece lógica. Un consejero tratará de liberar la presión “abriendo la tapa” (¡otra metáfora!). “Usted tiene este delicado asunto hirviendo a fuego lento y necesita quitárselo”. Aquí tiene una almohada; considérela su mamá. Tome este bate de béisbol y golpéela fuerte, maldiciéndola por todo lo que le hizo. Se desahogará, se sentirá mejor y estará reparado&amp;quot;. El guión parecería lógico solamente si la ira fuese una ''cosa'' adentro. Pero como no lo es sino un acto moral de todo el ser, el guión es pecado2. La ira no es una cosa, por lo que la verdadera solución es autocomprensión, un reconocimiento del error, arrepentimiento, fe y nueva obediencia por el poder de la gracia de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo modo por el cual se visualiza la ira como una cosa se observa en las culturas animistas y en algunos segmentos de la cultura cristiana contemporánea. En ese contexto, mucha gente trata la ira como un &amp;quot;demonio&amp;quot;. La lógica es la misma que la del modelo laico hidráulico. De nuevo, se ve la ira como ''algo'' en su interior. Usted estará sanado cuando saque esa &amp;quot;cosa&amp;quot;, expulsándola en este caso. Esta teoría parece verosímil otra vez. Igual que las personas enojadas hierven, la ira tanto como cualquier otro pecado nos vuelve exactamente como el maligno. Él es el acusador que usurpa el trono del juicio, echa por la boca mentiras y medias verdades y trae ira contra Dios y otras personas. El mundo iracundo permanece por completo en su poder y el maligno persigue moldearnos a su imagen. Cuando uste ve (o es) una persona iracunda y pecadora, ''voilà'', se muestra la imagen del maligno. Pero la mano del maligno en la ira no es distinta de su implicación en cualquier otro pecado. Él no nos demoniza para pecar, nos dirige. Nos tienta y nos miente en su intento por controlarnos y destruirnos. La solución no radica en exorcismos de supuestos demonios de rabia, ira, orgullo y rebelión, radica en ''arrepentirse'' de la rabia, ira, orgullo y rebelión, en volverse al Señor de la gracia. La ira es un acto moral no una cosa que mora en el interior y su solución es también un acto moral 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya que la ira es algo que las personas como agentes morales provocan, no existe ninguna razón para que tenga que ser descargada u objeto de exorcismo para solucionarla verdaderamente. Las teorías que funden o demonizan la ira parecen convincentes porque describen una metáfora gráfica o al archienemigo acechando por el vecindario pero malinterpretan lo que ven y llevan a las personas a la perdición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 2: Está bien enojarse contra Dios'''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto anteriormente que es frecuente airarse contra Dios. La Biblia habla de ello decenas de veces 4. Es una de las reacciones humanas más lógicas dada la naturaleza carnal del pecado pero es un engaño mortal. Lo que su esposa le dijo a Job fue un consejo terrible pero al menos ella tenía las cosas claras: “Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas psicologías populares tratan la ira contra Dios de manera nada útil. El consejo estándar dice algo así: &amp;quot;Si estás enojado contra Dios tienes que hacer cuatro cosas. Primero, recuerda que la ira simplemente es, ni para bien ni para mal. No pasa nada por estar enojado contra Dios; Él nos creó con sentimientos de ira. Segundo, Dios nos decepciona y nos abandona a menudo. ¿Si no cómo se puede explicar que nos maltraten y que clamemos a Él para que nos libere y aún así, el maltrato continúe? Si se supone que Él tiene el control, entonces Él podría haberlo detenido y no lo hizo. Tercero, usted necesita descargar su ira contra Dios. Su amor es maduro y un amor maduro puede absorber la ira honesta del ser querido, por lo que no tenga miedo de decirle exactamente lo que siente y lo que piensa. Muchos salmos describen la ira contra Dios por lo que si otros santos han dejado salir su ira contra Él, usted también puede. No censure sus sentimientos y su lenguaje, dígalo como lo sienta para que no sea un hipócrita. Cuarto, usted necesita perdonar a Dios. El perdón es lo contrario a la ira y usted necesita dejar salir la hostilidad para estar en paz consigo mismo y para construir una relación de confianza con Dios. Perdónele por las veces que Él lo decepcionó”. ¿Convincente? Muchos lo creen. ¿Coherente? Se complementan bien. ¿Verdadero? De ningún modo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira contra Dios se examina con provecho preguntando: &amp;quot;¿Qué quiere y cree usted?”, como lo haría con cualquier otro caso de ira. Lo que usted siempre encontrará es que su corazón está controlado por deseos concretos y mentiras que han sustituido al Dios vivo y verdadero. Por ejemplo, si deseo casarme y creo que Dios me recompensará por mi devoción hacia Él con una esposa, mi corazón se está levantando en ira contra Dios. Cuando el deseo no sea satisfecho aparecerá la ira y la confianza resultará injustificada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tipo de ira contra Dios que se ve a menudo cuando se aconseja es casi sin excepción (discutiremos esos salmos &amp;quot;iracundos&amp;quot; en un momento) la ira pecaminosa. Fluye con malicia y desconfianza hacia Dios. Abraza (y proclama) con firmeza mentiras sobre cómo es Él. Racionaliza todo tipo de comportamiento pecaminoso y autodestructivo. La ira contra Dios se presenta como una gran oportunidad para aconsejar. Manejada correctamente, es el camino verdadero a través del desorden maligno del corazón humano. Por la gracia de Dios, los que están airados contra Él descubren a menudo por primera vez quién es Él realmente, y también quiénes son ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Examinemos la fórmula terapéutica punto por punto. Primero, hemos tratado con el hecho de que la ira no es neutral. La ira hacia Dios o Lo acusará maliciosamente o manifestará que vive en fe en Él. Los sentimientos iracundos con los que estamos &amp;quot;hechos&amp;quot; pueden ser santos o malignos. Sin embargo, el primer consejo terapéutico evita completamente el dilema moral inherente a la ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, ¿nos abandona Dios cuando sufrimos? En ninguna parte de la Biblia podemos encontrar ni un atisbo de prueba de que Dios nos traicione realmente alguna vez. La Biblia habla del sufrimiento constantemente pero siempre nos muestra que ninguna &amp;quot;traición&amp;quot; aparente de parte de Dios pueda verse en el contexto de Sus grandes propósitos. Seguramente las personas pueden abandonarnos real y gravemente. Una persona maltratadora traiciona la confianza de un modo tan atroz que si en el infierno existen niveles, se merece la fosa más profunda 5. Seguramente, el maligno nos atormenta. Eso es él. Por definición queda claro que el sufrimiento duele. La ira hacia los tiranos y el archi-tirano está enérgicamente justificada. Y la queja (hacia Dios, en fe y esperanza) por nuestro sufrimiento está justificada de todo corazón. ''Pero Dios nunca ha prometido libertad por las lágrimas, lloros, gritos y dolor (o por el mal que las provoca), hasta el gran día en el que la vida y la alegría triunfen para siempre sobre la muerte y la tristeza''. Es curioso que las personas que no creen ''realmente'' en la soberanía de Dios se vuelvan híper-calvinistas (“Él podría haber cambiado las cosas y no lo hizo”) cuando están enojados contra Él. Creer ''realmente'' en la soberanía de Dios es ganar un cimiento inamovible de confianza en medio de incluso tormentos infernales y mucho más con los sufrimientos más llevaderos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios verdadero es el que ''libera'' de los tiranos, no el tirano. Él es la única esperanza de los “pobres, afligidos, necesitados, desgraciados y oprimidos” que se encuentran siendo atacados en un mundo “rebosante de violencia&amp;quot;. Y (una verdad tan profunda que sólo podemos decirla temblando), cuando somos honestos con nosotros mismos nos damos cuenta de que somos más como los tiranos que al contrario. La línea entre el bien y el mal atraviesa ''cada'' corazón, excepto el corazón del Cordero de Dios. No se trata de que los demás merezcan lo que nos hicieron a nosotros. Eso era simplemente maligno y recibirá su merecido, correspondido por completo mediante la ira de Dios (derramada tanto en los tiranos o en Cristo para los que se arrepienten). Pero es no implica que de ese modo seamos inocentes. Nosotros también merecemos ira por nuestros propios pecados. Jesús sufrió las torturas que justamente merecemos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira contra Dios que los consejeros suelen ver ''siempre'' enmascara una autojustificación profunda y manifiestan una incredulidad flagrante, descarada. La fórmula terapéutica del mundo no cuestiona por ninguna parte la autojustificación y la incredulidad sino que en su lugar, la refuerza (¡por eso hay tantos que encuentran el modelo terapéutico tan válido y atractivo!) La fórmula terapéutica nunca podrá ofrecer la única esperanza verdadera para los que luchan porque nunca habla del pecado en la ira contra Dios: el Salvador que cargó con el pecado que liberará a Su pueblo de la condenación y la corrupción de sus propios pecados y del sufrimiento de los pecados de otras personas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia también cuestiona el tercer punto de la fórmula terapéutica. Usted no necesita descargar su ira pecaminosa contra Dios para tratar con ella. Usted necesita arrepentirse por ella como Job. Necesita entender las peticiones, las falsas creencias, la autojustificación que la produce y conduce a ella. No hay ningún salmo que motive la descarga de ira hostil que los terapéuticos aconsejan. En los salmos “iracundos&amp;quot;, sin excepción, lo que se respira es una actitud de fe. Sí, hay verdadero disgusto, queja, dolor y consternación. Podemos llamarla respetuosamente ira justificada porque anhela la gloria de Dios y el bienestar de Su pueblo. Esa ira afectuosa anhela que Dios, nuestra única esperanza, elimine los sufrimientos que estamos pasando ahora mismo. La intensidad de la queja surge de la intensidad de la fe. No contiene maldición, odio amargo, mentiras, desdén ni hostilidad que subestima, ni blasfemias. Los salmistas desmayan porque saben y confían en que Dios es bueno, porque Lo aman y porque están luchando para reconciliar Sus promesas con sus aflicciones en ese momento 6. Los salmistas avanzan hacia dios con fe honesta luchando contra las circunstancias. Sin embargo, las personas airadas contra Dios lo echan a un lado. Los salmistas quieren la gloria de Dios y quieren que el maligno se marche; se quejan en fe. Y típicamente (también ignorado por los falsos terapeutas), expresan una conciencia de culpa y pecado; reconocen que el sufrimiento en general es merecido de alguna manera. Una conciencia que coexiste con el odio hacia los intentos malignos de los causantes de aflicción. Cuando la Biblia nos enseña cómo expresar la angustia a Dios, nos enseña a llorar en fe no a clamar con rabia blasfema. La alternativa terapéutica está demasiado distorsionada como para enseñar a personas traumatizadas cómo y por qué quejarse a un Dios que ellos aman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto, de una lista de blasfemias, la idea de perdonar a Dios es la gran blasfemia. Está claro que la persona que está tratando realmente con su ira hacia Dios con arrepentimiento y fe no volverá a airarse contra Dios. Siente una gratitud irrefrenable(otra cosa ausente en las falsificaciones) porque ha ''encontrado'' perdón, no porque él se lo haya ''concedido''. Dios es bueno; no necesita nuestro perdón. Nunca se sentará en el banquillo de los acusados sin importar hasta qué punto nuestra ira pecaminosa buscase sentarlo a Él ahí. ¿Con quién comienza el perdón de modo que se pueda reconstruir una relación de confianza entre Dios y el hombre? ¿Es con nosotros? Imposible. Los terapeutas impostores llegan a este punto, como el resto, totalmente equivocados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los salmos y Job no ofrecen apoyo bíblico para estas ideas tergiversadas y trivializadas. Incluso Job, un hombre de Dios de fe honesta se arrepintió al final por su tendencia a la autojustificación. Hasta el extremo de que había culpado a Dios y buscó justificarse así mismo, fue llevado a admitir que estaba equivocado. De esto ''trata'' el libro. Los salmos, cuando se leen en su totalidad, no dicen lo que algunos pretenden cuando toman versículos fuera de contexto para apoyar una idea falsa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada paso dentro de la fórmula terapéutica del mundo se inclina hacia un final: mantener al hombre sobre el trono del orgullo. Esta falsificación terapéutica justifica la ira como neutral, culpa a Dios de ser malo, descarga hostilidad y finalmente “perdona” al gran Delincuente. Exhibe un razonamiento moral poco profundo, poca profundidad incluso a la hora de formular el problema del mal (y mucho menos luchar contra ello) y poca profundidad en dedicarse a las Escrituras. ¡Esto debería enojar a los '''cristianos''' 7! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La persona que es honesta sobre su ira hacia Dios (y llega a la verdad sobre ello) caminará por un camino totalmente distinto del prescrito por la fórmula popular. El corazón creyente y arrepentido no se conformará con una incómoda tregua entre sus sufrimientos pasados y su voluntad actual para sobrellevar algún tipo de relación con un Dios que me abandonó. El corazón creyente encontrará verdad, alegría, esperanza y un amor indescriptible. El corazón creyente encontrará a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 3: La ira conmigo mismo es mi mayor problema'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos de los problemas que acabamos de discutir reaparecen en ideas actuales sobre autojustificación. El saber actual argumenta que si uno está enojado consigo mismo y esto es un fenómeno bastante común, principalmente uno tiene que perdonarse 8. Dos verdades típicamente pensadas para pasar de la ira con uno mismo a auto-perdonarse son: primero, “Dios no creó basura y ya que Él me creó yo debo valer algo&amp;quot;. Segundo, &amp;quot;Jesús pensó que yo era tan valioso que Él me amó y vino para morir por mí&amp;quot;. En los cimientos de estas afirmaciones puedo sentirme bien conmigo mismo y ver mis fracasos de una manera más tolerante. ¿Resultado final? “Me perdono” en lugar de enojarme conmigo mismo 9. Para muchas personas suena convincente pero es totalmente erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué se enojan las personas consigo mismas? En primer lugar, siempre que no han logrado estar a la altura de algo. Eso es lo que es la ira, un criterio contrario que se percibe injusto. Ese criterio puede ser falaz: necesitar una casa como las de revistas como House Beautiful, conseguir directamente la máxima puntuación, poder complacer a unos padres insatisfechos, tener un tiempo de estudio tranquilo. O puede que el criterio sea certero: cometer adulterio, abortar, holgazanería. En cualquier caso, hay algo por lo que creo que debo estar al nivel. Y quiero estar al nivel, pero fracaso. Ese es el primer peldaño hacia mi autocomprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, la ira siempre conlleva un juez porque éstos son los que emiten juicios. En las metáforas del Antiguo Testamento algo puede ser desagradable tanto “a mis ojos”, “a tus ojos” como “a ojos del Señor”. ¿Qué ojos están juzgando cuando me enojo conmigo mismo? Los míos. Yo evalúo y mi juicio es final. Por eso los que se odian así mismos nunca están satisfechos del todo con la ayuda bien intencionada para que crean en el perdón de Dios por medio de Cristo. Puede que &amp;quot;ya crean&amp;quot; que Dios les ha perdonado por el caos del aborto pero eso no basta: &amp;quot;no puedo ''perdonarme''&amp;quot;. Y mis ojos son de suma importancia, más importantes que los de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Merece la pena indicar que las personas que suelen “no perdonarse a ellas mismas” atienden tanto a sus ojos como a los de los demás. Quiero que mi casa luzca impecable para agradarme a mí misma (entonces me desagrado cuando no lo logro) y para agradar o impresionar a mi madre y a mis vecinos. Cuando mi casa está desordenada me aborrezco. He fracasado en cada intento sin lograr agradarme ni a mí ni a los demás. O puede que tenga un criterio certero (aborto) pero los ojos equivocados. Ante mis ojos no “puedo perdonarme” por haber abortado. ¿Cómo pude ''yo'' haber hecho eso? ''Tengo'' que compensarlo o ''tengo'' que sufrir por ello. Esto es autojustificación extrema en cada parte de la operación interpersonal: soy a la vez juez, criminal, salvador y no conozco nada sobre la justicia de Cristo que hace que el Nuevo Testamento cante de alegría. De manera típica, los ojos de los demás juegan otra vez un papel paralelo a mis propios ojos: me avergüenza que alguien sepa lo del aborto; tienen que pensar lo peor de mí. La Biblia califica esto de temor al hombre, substituir el temor al Señor por la opinión de los demás. Los ojos para los que viven los que se odian así mismos son a menudo un compuesto de lo que la Biblia llama orgullo y temor al hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, cuando establezco el criterio y los ojos que me juzgan, también estoy creando mi definición de “salvador”. Para compensar mi fracaso y cumplir con mi propio criterio (o el de otros) puede que tenga que esforzarme y preocuparme por alcanzar la perfección. Limpio la casa el doble; abro las puertas de mi casa a madres solteras y trabajo en el ministerio pro-vida de manera compulsiva. Pero no funciona. La casa continúa desordenada sin importar lo bien que lo haga; el aborto aún ensucia mi pasado. Decido que quiero seguir ejerciendo el papel de mi propio salvador reconstruyendo un historial perfecto que (ojalá yo pudiera hacerlo) haría que todo fuese mejor; pero fracaso por lo que los que se odian así mismos siempre tienen la última palabra. Vuelvo a impartir mi propio castigo sin fin representando el papel de juez y cordero sacrificado todo en uno. Me hostigo mentalmente; no dejo de darle vueltas a los remordimientos, las recriminaciones conmigo mismo, odio hacia mí, acusándome sin piedad por mis transgresiones (imaginarias o reales). Estoy enojado conmigo mismo; no puedo perdonarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un consejo bíblico debe dirigirse a estas personas abarcando esos tres puntos: criterios, “ojos” y salvadores. Viven en una total falsificación de la realidad bíblica por lo que viven así de confundidos e infelices. Sólo la verdad puede traerles sabiduría y felicidad. Su objetivo como consejero es redefinir la realidad en la que viven, plantearles cómo se puede transformar la vida mediante la renovación de la mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero, descubra si los criterios que alguien emplea para juzgarse son los de Dios, los suyos o los que ha tomado prestado de otros (como los de mamá o los vecinos). Algunas veces estos criterios estarán definidos y muchas otras tergiversados y podrán ser enfrentados y transformados a la luz de la verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, ¿qué ojos son los sumamente importantes? ¿Qué aprobación importa? Vivir para mis propios ojos es sustituir a Dios en mi consciencia; es un acto de orgullo. Vivir para los ojos de los demás, para su aprobación, es sustituir su evaluación por la de Dios; es un acto de temor al hombre. Vivir ante los ojos de Dios es el comienzo de la sabiduría, por esto el que se odia así mismo y se da cuenta de ello, se despierta a la realidad. Es consciente de sus pecados y nunca duda de su verdadera necesidad de perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, ¿quién es el salvador propuesto a partir de todo este caos y sufrimiento? ¿La persona espera encontrar un modo de perfeccionarse mediante sus propios esfuerzos? ¿Se castiga así misma por la culpabilidad ante los fallos que ve? Jesucristo es el único que perfecciona, Él es el único que puede cargar con la culpa. Él puede perdonar la multitud de pecados que existen: transgresiones serias (adulterio, aborto, holgazanería), la confianza y fe en referentes falsos (House Beautiful), la elección de vivir ante otros ojos que no son los de Dios (los míos o los de mi mamá) y la búsqueda de una justificación alcanzada por uno mismo como un falso salvador. Jesús da la justificación verdadera, Su propia vida perfecta, a las personas que pecan. Él da un perdón real, Su perfecto sacrificio de sí mismo para cargar con nuestra culpa, a las personas que pecan. Él da un poder que mora en nuestro interior, Su Espíritu Santo, para renovar nuestras mentes, darnos gozo y cambiarnos. Qué alivio comparado con la angustiosa auto-absorción de los esquemas para perdonarse uno mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que se odian a ellos mismos verán cómo se resuelven sus problemas mientras que trabajan en esto. No existen cabos sueltos en la verdad de amor de Dios. Vivir para House Beautiful se perderá en lo más hondo como un nervioso y mezquino ladronzuelo del que Dios me ha liberado con sumo gusto. El aborto fue realmente perdonado no porque yo lo enmendase o me castigase a mí misma sino porque Jesús amó a un pecador. El orgullo y el temor al hombre que me llevaron a mí y a otras personas al banquillo de los acusados ahora son reemplazados por el temor del Señor que es el comienzo de la sabiduría. El perfeccionamiento legalista de mi esfuerzo por tener éxito y el auto-castigo de mi ira por sí misma son reemplazados por gratitud por la gracia de Dios. Caso cerrado, no más “enojado conmigo mismo” ni tampoco un tufillo de “tengo que perdonarme&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto, dése cuenta de cómo un análisis falso (¿enojado consigo mismo? Perdónese), lo lleva a un falso evangelio igual que cuando nos planteamos enojarnos contra Dios. En el guión bíblico no hay alusión a “usted es así de valioso gracias a la creación y el amor de Jesús muestra lo valioso que es, por lo que puede sentirse bien consigo mismo&amp;quot;. La verdad es que la creación y la redención no nos dan muchas razones para sentirnos bien con nosotros mismos. Nuestra creación fue a la imagen del Dios de la gloria y aún así mire cuánto hemos caído: &amp;quot;el corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldad y hay locura en su corazón toda su vida” 10. Una mirada honesta a nuestra gloria en la creación “para que toda boca se calle… por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Romanos 3). De igual manera, nuestra redención se consiguió de una manera que manifiesta completamente lo malos e incapaces que somos. El único Hombre valioso y bueno murió voluntariamente por enemigos pecadores, débiles e impíos. ¡Tales datos apenas ofrecen una razón para una confiada aprobación y perdón de uno mismo! La gracia, por definición, arruina la autoestima. El evangelio bíblico nos dirige hacia el valor de Jesucristo quien redimió a los indignos y condenados merecidamente. Cuánto mejor es este evangelio verdadero que establece nuestra necesidad de ser perdonados por ''Dios'' (no por nosotros mismos) y nos perdona completa y gratuitamente. Las personas que abrazan la gracia de Dios se vuelven realmente felices sin necesidad de apoyos para su débil concepto de sí mismas. Un auto-conocimiento bíblico y definido destruye la supuesta necesidad de autoestima; da lugar a las únicas personas de la tierra con razones para estar confiados conforme abordan la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La idea de perdonarse para solucionar la ira con uno mismo complace un pecado básico: mantiene a las personas viviendo ante los ojos equivocados, los suyos. &amp;quot;Estoy enojado conmigo mismo, necesito perdonarme&amp;quot;. Ese armario psicológico sin aire no es en absoluto el mundo real en el que la Biblia nos libera para vivir. Por ejemplo, en 1ª de Corintios 4:3-5 Pablo dice que no le importa lo que otros piensen de él: “En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por vosotros, o por cualquier tribunal humano”. No vive para los ojos de los demás luego dice que no le importa lo que él piensa de sí mismo: “de hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque no estoy consciente de nada en contra mía; mas no por eso estoy sin culpa&amp;quot;. No vive para sus propios ojos. Finalmente dice: “pues el que me juzga es el Señor”, y continúa hablando de lo que significa vivir ante los ojos de Dios. La opinión de mí mismo (“consciencia”) y la que usted tiene sobre mí (“reputación”) no importa a menos que concuerden con la opinión que Dios tiene de mí. Son muy valiosas cuando permanecen en su lugar, son tiranas cuando ocupan el trono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira de por sí, como la ira contra Dios, llega a resolverse de manera rica y satisfactoria cuando se entiende correctamente y cuando el Evangelio se impone. Las falsificaciones que a menudo se les ofrecen a personas con problemas son suficientes para hacer que los cristianos lloren con ira y profundo pesar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un camino fuera de la ira'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vayamos ahora hacia una dirección positiva. ¿Cómo podemos aplicar la enseñanza bíblica sobre la ira para que nos ayude a cambiar? Esa es la pregunta con premio. Todo lo que hemos considerado hasta ahora puede resumirse en ocho preguntas muy prácticas. Las primeras cuatro preguntas ayudan a evaluar la ira, las cuatro segundas conducen a una solución 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permítanme que utilice como ejemplo una sencilla situación que nos incita a muchos (¿a todos?) a enojarnos. Usted se encuentra en un embotellamiento y llega tarde a una cita importante. Quedan cinco minutos para las doce y la cita es a las doce en punto. Se encuentra atrapado en la autopista a diez millas, en un atasco que no ha avanzado durante veinte minutos y no parece dar señas de desatascarse. ¿Una reacción habitual? ''Usted'' gruñe de ira, de frustración, disgusto, consternación, desdicha, tensión. Cuando ocurra así, hágase estas preguntas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 1: ¿Cuál es la situación?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es fácil. ¿Qué situación es la causante? La ira es provocada, tiene un gatillo, sucede por razones específicas de lugar y tiempo. ¿Qué le está ocurriendo? “No fui tentado a la ira hasta que me quedé atrapado en el embotellamiento y el tic-tac del reloj se movía hacia las 12 y sabía que llegaba tarde a la cita&amp;quot;. La importancia de la situación incluye al Departamento de Transporte que decide hacer obras en la carretera en ese preciso momento, el tráfico, el tiempo, la cita, la posible reacción de la persona que está esperando y así sucesivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 2: ¿Cómo reacciono?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta también es relativamente sencilla. Está destinada a ayudarle a identificar modos específicos en los que usted manifiesta esa ira pecaminosa. ¿Qué está pasando por sus pensamientos? Mentalmente está maldiciendo al Departamento de Transportes. Agota ansiosamente posibles guiones mentales para excusarse con esa persona; la estoy dejando plantada. Quizás se auto-recrimine: “¿Por qué no salí antes o tomé un camino diferente o escuché en la radio el informe sobre el tráfico? ¿Y si la persona que tengo que ver se disgusta conmigo?&amp;quot; ¿Dónde está Dios aquí? Puede que haya maldecido apelando a Su ira para atender mis frustraciones. Puede que haya tenido un pensamiento fugaz “tendría que... o no debería…”, pero eso no ralentiza el tren fugitivo. Puede que haya tenido pensamientos iracundos sobre Dios: &amp;quot;el cristianismo no funciona. Dios es una broma, ¿para qué sirve?&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuerpo y sentimientos? Me siento enojado, irritado, caliente. Cuánto más estoy aquí sentado, más siento el humo saliendo por mis orejas. Me siento tenso, la parte posterior del cuello se tensa, el estómago se revuelve, ansiedad por faltar a la cita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Acciones? Acercarme sigilosamente al paragolpes frontal y que nadie aparezca por los lados. Le doy un puñetazo al tablero de mandos. Gruñidos, suspiros, bufidos. Descargo mi indignación “¡No me lo puedo creer!” ¡Esto es ridículo! “De todos los…” Enciende y apaga la radio con agresividad. Una palabra o gesto grosero. Conduce como un maníaco una vez que el tráfico se despeja. Un semi-coherente arrebato de ira y excusas cuando al final llega a la cita. Este guiso de ira (y algo de miedo) es una reacción humana clásica del “fruto de la carne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 3: ¿Cuáles son los motivos?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estoy gruñendo y quejándome por lo que algún conjunto de deseos y falsas creencias deben estar dirigiéndome. Hágase preguntas básicas: ¿Qué es lo que realmente deseo? ¿En qué creo realmente? La ira sale de mi corazón, la situación no la provoca 12. Aquí tiene algunos posibles gobernadores del corazón:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Quiero llegar a donde quiero cuando yo quiera llegar allí&amp;quot;. Esto es puro orgullo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“¿Qué va a pensar la gente de mí? Ya llegué tarde en otra ocasión&amp;quot;. Temor al hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Quiero y necesito el dinero que estoy seguro que esta venta va a producir” (o la cura que el doctor estaba seguro de dar o el amor que esa persona iba a darme de seguro o…) Múltiples antojos (“Yo quiero”) y falsas creencias (“Yo necesito”) respecto al dinero, medicina, amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estos antojos (clásicos “deseos de la carne”) y las falsas creencias gobiernan mi vida, producen ira pecaminosa. Si Dios gobernase mi vida, estos afectos naturales estarían subordinados. Podría sentir alguna desilusión pero no estaría luchando por mantenerme a flote en la ciénaga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 4: ¿Cuáles son las consecuencias?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira tiene consecuencias. Crea ciclos de retroalimentación, círculos viciosos. Puede que mientras los carros avancen lentamente, raye el carro a mi lado y me gane una bronca por la hostilidad del conductor y un cargo de 250$ deducible de mi seguro por colisión. Quizás recoja consecuencias físicas y emocionales: culpa, tensión y angustia creciente, dolor de estómago y de cabeza. En ocasiones las consecuencias son fatales: el gesto grosero lleva al receptor a agarrar un arma y disparar. Quizás cuando finalmente llegue a la cita estoy tan caliente, molesto, nervioso y lleno de excusas que causo una terrible impresión y pierdo la venta (o la novia). Quizás mi manera inmadura de actuar arruina mi reputación ante el personal completo de la consulta del doctor y se pasan veinte minutos de humor sarcástico a mi espalda. “Mi día está arruinado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las primeras cuatro preguntas han identificado y diseccionado la reacción iracunda. Señalan la provocación concreta, el detallado guiso de reacciones, los motivos subyacentes y las consecuencias. Incluso en este diminuto accidente, hemos echado un breve vistazo a los círculos viciosos que definen “pecado y sufrimiento”. Las siguientes cuatro preguntas avanzan hacia una resolución bíblica por la gracia de Dios que ha estado observando todo el tiempo lo que estaba sucediendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 5: ¿Qué es verdad?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Quién es Dios? ¿Qué es lo que dice? Muchos temas y verdades de la Biblia pueden tener importancia pero voy a concentrarme en tres que son siempre importantes cuando se trata con la ira. Primero, Dios está presente y tiene el control de esta y cualquier otra situación. Su soberanía está por encima de las cosas que enfrento en la primera pregunta. No se supone que yo tenga que controlar el mundo pero eso no significa que el mundo vaya al azar y fuera de control. Usted solucionará la ira pecaminosa cuando aprenda a creer. &amp;quot;Dios es sumamente relevante cuando estoy atrapado en el tráfico y llego tarde. Él está presente y Él está preparando algo bueno en mi vida como hijo Suyo. El propósito primordial de Dios es rehacerme a imagen de Jesucristo. Hacer de mí una persona lenta para la ira y repleta de confianza, hacerme un pacificador y no un guerrero. No me gusta que mi cita se anule pero Dios me ha puesto en mi mano una oportunidad perfecta para llegar a ser otro tipo de persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, la ley de Dios habla para situaciones cono esta. La ley actúa de dos maneras, como un espejo y una lámpara. Primero, Dios sostiene un espejo ante mí: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este primer gran mandamiento permanece al descubierto en mi corazón: ¿qué amé en su lugar? Me enojo porque amé mi proceder, aprobación de los hombres y dinero (o salud o amor). Este mandamiento diagnostica lo que averigüé sobre mí en la pregunta 3. De hecho, ¡me enseñó a hacerme este tipo de preguntas! El segundo gran mandamiento deja mis frutos al descubierto. ¿Qué frutos de la carne surgieron de los antojos de la carne? Las reacciones pecaminosas de la pregunta 2 son expuestas por lo que son. Incluso me enseñaron el tipo de cosas que tengo que esperar por la multitud de ejemplos y preceptos en la Biblia que iluminan este mandamiento 13. Dios también sostiene la ley como una lámpara para guiarme. El primer gran mandamiento me dice que ame (y confíe, tema, espere, me vuelva...) a Dios. Yo puedo confiar en Su provisión para mis finanzas (o para la salud, amigos, matrimonio) en vez de codiciarlas. Yo Lo puedo amar por traer sentido y discernimiento sabio para una situación que anteriormente era una ciénaga emocional. Me dice cómo encontrarme y amar a Dios (a continuación en la sexta pregunta). El segundo gran mandamiento habla positivamente sobre considerar los intereses de los demás. ¿Cómo aplicarlo? Yo podría ser generoso mientras que el tráfico confluye y dejar pasar a alguien. Quizás la cortesía me hubiera hecho hacer una llamada (si es posible) para que la persona que me está esperando conociese la situación. Este mandamiento habla de paciencia y de otros numerosos frutos que se aplicarán en diferentes situaciones de la vida. Me acuerdo de que tengo que decir la verdad cuando le cuente a alguien lo que pasó. Me enfrenta para ganar la sabiduría que necesito para aplicar la voluntad de Dios en esta situación concreta: a las 11:55 de la mañana cuando estoy atrapado en un embotellamiento y llego tarde a una cita (a continuación en la pregunta 7).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, la verdad de Dios habla del evangelio. He sido condenado por violar el primer y segundo gran mandamiento en este pequeño incidente en la autopista. Estos son pecados y el evangelio es el puente entre la ley como un espejo y la ley como una lámpara, entre el caos del pecado y el gozo de la sabiduría. El evangelio perdona los pecados, me restaura en Dios, me da poder para ser diferente y una esperanza más grande que las desilusiones de la vida. Dios es una ayuda muy presente cuando hay problemas y puede darme la gracia para actuar de un modo generoso y pacífico mientras aguanto en el embotellamiento. Puedo conocer y regocijarme de nuevo en el indescriptible regalo que es el amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 6: ¿Cómo puedo volverme a Dios para pedir ayuda? Hágalo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta nº 5 estableció la visión del mundo en la que los problemas ahora tienen sentido. Dios se mostró y el modo de escapar de la locura hacia la sabiduría está claro. Sin embargo, análisis simplistas o incluso los pensamientos más claros (algo que las preguntas de la 1 a la 5 intentan manifestar) no me cambiarán.em La sexta pregunta me mantiene en movimiento. Dios quiere que Lo busque, que interaccione con Él. Tengo que aplicar las verdades de la quinta pregunta, por ejemplo trabajando hacia las preguntas que distinguen la justicia y la ira pecaminosa. No es difícil confesar que mi ira fracasó en la primera prueba de ira justa 14: el embotellamiento ''no'' es un demonio moral solicitando la energía de la ira. Mi ira pecaminosa ha hecho válida esa mentira porque yo serví a falsos dioses identificados en la tercera pregunta. Tengo que arrepentirme, volverme de los antojos y frutos de la carne al Señor de vida. Tengo que confesar mis pecados, pedir perdón, creer en el evangelio, pedir sabiduría para conocer cómo responder y el poder para hacerlo. El resultado de todo esto será una claridad mental, “ir hacia la mentalidad correcta”. Conoceré la gratitud genuina hacia Dios y la satisfacción (aún en el embotellamiento, ni más ni menos) que era inconcebible cuando estaba inmerso en mis pecados. ¡Gracias Dios, por ser quien Eres, por la bondad de Tu evangelio que me ha hecho encontrarme aquí en mi necesidad! “Bienaventurado el hombre que halla sabiduría… Es más preciosa que las joyas, y nada de lo que deseas se compara con ella” (Proverbios 3:13-15). Estoy experimentando la bendición de una sabiduría deseada más que mi proceder, que causar impresión, conseguir dinero o el resto de cosas que me volvían un manojo de nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 7: ¿Cómo debo responder ante esta situación para glorificar a Dios? Hágalo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El arrepentimiento y la fe conducen a cambios concretos en el comportamiento, emociones, pensamientos. La justicia es tan específica como los pecados descritos en la segunda pregunta. En el nivel más sencillo, puedo simplemente respirar profundamente y relajarme, confiar que Dios tiene ciertamente el control. Pero Dios también tiene otros frutos en mente. Me he convertido en un conductor educado y generoso. ¿Qué importa si tengo dos carros más delante de mí? Dejaré que pasen un par más; Dios me ha liberado de los aspectos hostiles y competitivos de la ira pecaminosa. El embotellamiento ha dejado de ser una pelea de perros. Le doy gracias a Dios. Planeo lo que voy a decirle a la persona que tengo que enfrentar: ni excusas inquietas ni irritación furiosa, sino los hechos tal cuales y preocupación por su bienestar. Planearé una disculpa por las molestias (no pediré perdón, eso es cuando peco contra alguien, las disculpas son por accidentes. Si hubiera llegado quince minutos tarde a propósito, entonces tendría que pedir perdón por actuar con desconsideración). Qué alegría estar libre del caos emocional del pecado. En lugar de esa mezcla de ira, ansiedad, confusión y contrariedad, estoy tranquilo  mediante la agradecida “paz que sobrepasa todo entendimiento” y el “secreto del contentamiento” que provienen de vivir a la luz del evangelio. La séptima pregunta aborda cada uno de los aspectos de la situación descrita en la pregunta 1 y reivindica con detalle la voluntad de Dios en mi mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta n º 8: ¿Cuáles son las consecuencias de la fe y la obediencia?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya hemos mencionado algunos de los beneficios subjetivos. De manera más objetiva, quizás se evitó un parachoques maltrecho o incluso un asesinato. Se evitó que alguien más tropezase con la ira pecaminosa o con el asesinato por mi culpa. Y desde mi parte del mundo, quizás mi respuesta educada y relajada contagie a la media docena de coches a mí alrededor. La piedad crea un círculo de misericordia; así llegamos al círculo completo y encontramos que la piedad, aunque no garantice un cambio en la situación original, a menudo tiene un efecto para bien sobre el mundo. Quizás acabe logrando igualmente la venta porque el manager está muy impresionado por la manera razonable y calmada con la que manejé una frustrante situación. Ha visto a tantos otros vendedores que soltando más y más excusas que la piedad lo intrigó y lo sedujo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las posibilidades de las polifacéticas bendiciones de Dios son infinitas. En lugar de que mi día fuese arruinado, Dios me ha liberado del pecado y del sufrimiento y seguramente este sea uno de los días más importantes de mi vida desde la perspectiva del crecimiento a la imagen de Cristo. He aprendido cómo funciona la vida en el mundo de Dios. He aprendido cómo trabaja el evangelio. He aprendido profundas lecciones de una parte muy reducida de la vida. Y seguramente cuando hable una tarde por teléfono con un amigo consternado y con problemas, seré capaz de “consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios”. Yo no sufrí mucho el inconveniente del embotellamiento y quizás él o ella estén sufriendo bastante. Pero la dinámica del corazón humano es idéntica: comprenderé la tentación de mi amigo a la ira, temor y desesperación porque comprendí la mía propia. Y he logrado comprender la manera de escapar. Caminar a través de ello no solo me ha bendecido a mí sino que me ha hecho capaz de aconsejar sabiamente a los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un embotellamiento es sólo un minúsculo caso de estudio. Algunas personas podrían preguntar: “¿Qué tiene que ver esto con las grandes aflicciones y mayores provocaciones a la ira?” Del modo en que la Biblia ve las cosas, todo está relacionado. Las mismas verdades sobre Dios se aplican del mismo modo. Seguramente que muchos detalles cambien y la Biblia es franca: habrá lágrimas que no serán enjugadas y enemigos que no se apartarán del camino hasta el último día. La octava pregunta no crea el cielo en la tierra pero crea sabores del cielo aunque el último enemigo no haya sido puesto aún bajo los pies de Cristo. Si el día que vea a Cristo seré hecho completamente como Él, entonces de una pequeña forma estoy probando el gozo del cielo cuando soy hecho un poco más como Él en un embotellamiento. Estas ocho preguntas nos orientan a la realidad ''cristiana'', que es lo mismo que decir ¡qué nos orientan hacia la realidad! Nos enseñan acerca de la realidad de nuestro mundo, de nosotros mismos, de nuestro Dios, de cómo vivir. A las personas que Dios enseña a manejar un embotellamiento, Él enseñará a manejar cualquier cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[La tercera parte de este artículo “Cómo tratar con la ira” (How To Deal With Anger) se centrará en el procedimiento para dar consejo a personas enojadas. Se publicará en el próximo tema de The Journal of Biblical Counseling, Dios mediante. ¿No es llamativo/interesante cómo la última frase puede mantener a los lectores, autores y editores asimismo alejados de la ira pecaminosa si algo se interpusiera con esos planes?&amp;quot;]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 16 Jul 2009 14:20:53 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Anger_Part_2:_Three_Lies_about_Anger_and_the_Transforming_Truth/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Anger Part 2: Three Lies about Anger and the Transforming Truth/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Anger_Part_2:_Three_Lies_about_Anger_and_the_Transforming_Truth/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;IRA 2ª PARTE: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
UNA VERDAD QUE TRANSFORMA Y TRES MENTIRAS SOBRE LA IRA&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por David Poliwson.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué es la ira? ¿Cómo deberíamos controlarla? La primera parte de este artículo tenía como objetivo ofrecer recursos bíblicos para entender esta imprevisible sensación. Podemos observar que la Biblia trata la ira con sumo detalle. Vemos que la ira afecta a todo el ser: cuerpo, emociones, mente, sentimientos y comportamiento. Tiene una finalidad interpersonal, siempre está relacionada con Dios y normalmente con otras personas. Es tanto natural como aprendida, para bien o para mal; es una cuestión moral. Dios nos da una visión del mundo desde la cual reflexionemos sobre la ira y en base a la cual luchemos contra las distintas expresiones de ira que se crucen en nuestro camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta segunda parte, haremos una crítica de tres de las ideas erróneas más perniciosas acerca de la ira que dominan en nuestra cultura. Como consejeros cristianos, podemos ofrecer la alternativa bíblica en toda su profundidad, esperanza y fuerza para las personas que están envueltas de mentiras. La verdad ofrece el camino para salir de la ira y de la confusión que la rodea. Este artículo concluirá con un conjunto de ocho preguntas que lo ayudarán a evaluar y a vencer la ira con santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 1: La ira es algo dentro de mí'''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una consecuencia decisiva de todo lo que hemos hablado es que la ira no es una “cosa”. Es un acto moral de todo el ser, no una “sustancia” o “algo” dentro de usted. Puede que esto parezca obvio pero no lo es en el entendimiento de la mayoría de las personas. ¿Se trata de un fluido caliente y emocional que aumenta la presión en su interior? ¿O es un demonio que establece su residencia? Estas ideas tan comunes (¡totalmente opuestas la una de la otra!) concluyen ambas en que la ira es “algo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En general, en la cultura occidental muchas teorías explican la ira como un fluido emocional que acumula presión en su interior y tiene que ser liberado. Esta teoría “hidráulica” sobre la ira participa del saber popular para el cual “es simplemente, ni buena ni mala”. Las cosas ''son'' neutrales; los agentes morales no. ¿Por qué esta teoría parece verosímil? Porque los ejemplos mostrados a continuación capturan algo de cómo se puede describir la ira: la ira de una persona puede estar &amp;quot;contenida&amp;quot;, “su bomba puede estar preparada&amp;quot;. Las personas pueden estar con &amp;quot;la sangre hirviendo&amp;quot;, llenas de ira; “liberando la presión”. Los enojos pasados y sin resolver pueden “guardarse dentro”, “esconderse” durante décadas. Usted se siente mejor si “se lo saca de encima” hasta “agotar” la ira. Todas estas metáforas describen persuasivamente la ira como una sustancia a presión en nuestro interior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay duda, estas representaciones tan coloridas ''sí'' capturan cómo nos hace sentir la ira, pero el fin de una metáfora no es dominar algo sino representarlo. Por ejemplo, los autores del Antiguo y del Nuevo Testamento realmente no creían que se avivase un horno interior para calentarlo cuando usted “arde” de ira. La metáfora de &amp;quot;arder” captura gráficamente la sensación y los efectos que produce la ira pero su finalidad no es anular el hecho de que la ira es algo que las personas provocan. La ira parece abrasar pero no es un fuego. La solución para una ira pecaminosa no es sustraer el horno mediante una operación quirúrgica o ¡beber tanta agua que sofoque las llamas! La solución es moral: &amp;quot;volverse&amp;quot; del pecado a la gracia de Dios con fe de arrepentimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué quiero dar a entender si digo: &amp;quot;mi vecina enojada gruñe, ladra o intenta morder a sus hijos? ¿Que muerde y mastica sus cabezas? ¿Se vuelve rabiosa y echa espuma por la boca?” Son palabras muy esclarecedoras. Pero seguramente no quiero dar a entender que tiene un perro guardián hidrófobo y ¡que el rabioso canino se ha apoderado de la situación! En ese caso, la única solución sería ponerle un bozal a la vecina o quitarle su sufrimiento. Un perro loco es una “cosa” que con las palabras no se puede solucionar. Sin embargo, he conocido a &amp;quot;gruñidores&amp;quot; que oyendo a Dios, arrepintiéndose, creyendo y obedeciendo, han crecido plácidamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando la gente cree que la ira es una sustancia bajo presión, algo adentro, y no algo que provocan, esa idea dirige a otra solución distinta de la del arrepentimiento. La necesidad de algún tipo de catarsis parece lógica. Un consejero tratará de liberar la presión “abriendo la tapa” (¡otra metáfora!). “Usted tiene este delicado asunto hirviendo a fuego lento y necesita quitárselo”. Aquí tiene una almohada; considérela su mamá. Tome este bate de béisbol y golpéela fuerte, maldiciéndola por todo lo que le hizo. Se desahogará, se sentirá mejor y estará reparado&amp;quot;. El guión parecería lógico solamente si la ira fuese una ''cosa'' adentro. Pero como no lo es sino un acto moral de todo el ser, el guión es pecado . La ira no es una cosa, por lo que la verdadera solución es autocomprensión, un reconocimiento del error, arrepentimiento, fe y nueva obediencia por el poder de la gracia de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo modo por el cual se visualiza la ira como una cosa se observa en las culturas animistas y en algunos segmentos de la cultura cristiana contemporánea. En ese contexto, mucha gente trata la ira como un &amp;quot;demonio&amp;quot;. La lógica es la misma que la del modelo laico hidráulico. De nuevo, se ve la ira como ''algo'' en su interior. Usted estará sanado cuando saque esa &amp;quot;cosa&amp;quot;, expulsándola en este caso. Esta teoría parece verosímil otra vez. Igual que las personas enojadas hierven, la ira tanto como cualquier otro pecado nos vuelve exactamente como el maligno. Él es el acusador que usurpa el trono del juicio, echa por la boca mentiras y medias verdades y trae ira contra Dios y otras personas. El mundo iracundo permanece por completo en su poder y el maligno persigue moldearnos a su imagen. Cuando uste ve (o es) una persona iracunda y pecadora, ''voilà'', se muestra la imagen del maligno. Pero la mano del maligno en la ira no es distinta de su implicación en cualquier otro pecado. Él no nos demoniza para pecar, nos dirige. Nos tienta y nos miente en su intento por controlarnos y destruirnos. La solución no radica en exorcismos de supuestos demonios de rabia, ira, orgullo y rebelión, radica en ''arrepentirse'' de la rabia, ira, orgullo y rebelión, en volverse al Señor de la gracia. La ira es un acto moral no una cosa que mora en el interior y su solución es también un acto moral .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya que la ira es algo que las personas como agentes morales provocan, no existe ninguna razón para que tenga que ser descargada u objeto de exorcismo para solucionarla verdaderamente. Las teorías que funden o demonizan la ira parecen convincentes porque describen una metáfora gráfica o al archienemigo acechando por el vecindario pero malinterpretan lo que ven y llevan a las personas a la perdición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 2: Está bien enojarse contra Dios'''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto anteriormente que es frecuente airarse contra Dios. La Biblia habla de ello decenas de veces . Es una de las reacciones humanas más lógicas dada la naturaleza carnal del pecado pero es un engaño mortal. Lo que su esposa le dijo a Job fue un consejo terrible pero al menos ella tenía las cosas claras: “Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas psicologías populares tratan la ira contra Dios de manera nada útil. El consejo estándar dice algo así: &amp;quot;Si estás enojado contra Dios tienes que hacer cuatro cosas. Primero, recuerda que la ira simplemente es, ni para bien ni para mal. No pasa nada por estar enojado contra Dios; Él nos creó con sentimientos de ira. Segundo, Dios nos decepciona y nos abandona a menudo. ¿Si no cómo se puede explicar que nos maltraten y que clamemos a Él para que nos libere y aún así, el maltrato continúe? Si se supone que Él tiene el control, entonces Él podría haberlo detenido y no lo hizo. Tercero, usted necesita descargar su ira contra Dios. Su amor es maduro y un amor maduro puede absorber la ira honesta del ser querido, por lo que no tenga miedo de decirle exactamente lo que siente y lo que piensa. Muchos salmos describen la ira contra Dios por lo que si otros santos han dejado salir su ira contra Él, usted también puede. No censure sus sentimientos y su lenguaje, dígalo como lo sienta para que no sea un hipócrita. Cuarto, usted necesita perdonar a Dios. El perdón es lo contrario a la ira y usted necesita dejar salir la hostilidad para estar en paz consigo mismo y para construir una relación de confianza con Dios. Perdónele por las veces que Él lo decepcionó”. ¿Convincente? Muchos lo creen. ¿Coherente? Se complementan bien. ¿Verdadero? De ningún modo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira contra Dios se examina con provecho preguntando: &amp;quot;¿Qué quiere y cree usted?”, como lo haría con cualquier otro caso de ira. Lo que usted siempre encontrará es que su corazón está controlado por deseos concretos y mentiras que han sustituido al Dios vivo y verdadero. Por ejemplo, si deseo casarme y creo que Dios me recompensará por mi devoción hacia Él con una esposa, mi corazón se está levantando en ira contra Dios. Cuando el deseo no sea satisfecho aparecerá la ira y la confianza resultará injustificada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tipo de ira contra Dios que se ve a menudo cuando se aconseja es casi sin excepción (discutiremos esos salmos &amp;quot;iracundos&amp;quot; en un momento) la ira pecaminosa. Fluye con malicia y desconfianza hacia Dios. Abraza (y proclama) con firmeza mentiras sobre cómo es Él. Racionaliza todo tipo de comportamiento pecaminoso y autodestructivo. La ira contra Dios se presenta como una gran oportunidad para aconsejar. Manejada correctamente, es el camino verdadero a través del desorden maligno del corazón humano. Por la gracia de Dios, los que están airados contra Él descubren a menudo por primera vez quién es Él realmente, y también quiénes son ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Examinemos la fórmula terapéutica punto por punto. Primero, hemos tratado con el hecho de que la ira no es neutral. La ira hacia Dios o Lo acusará maliciosamente o manifestará que vive en fe en Él. Los sentimientos iracundos con los que estamos &amp;quot;hechos&amp;quot; pueden ser santos o malignos. Sin embargo, el primer consejo terapéutico evita completamente el dilema moral inherente a la ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, ¿nos abandona Dios cuando sufrimos? En ninguna parte de la Biblia podemos encontrar ni un atisbo de prueba de que Dios nos traicione realmente alguna vez. La Biblia habla del sufrimiento constantemente pero siempre nos muestra que ninguna &amp;quot;traición&amp;quot; aparente de parte de Dios pueda verse en el contexto de Sus grandes propósitos. Seguramente las personas pueden abandonarnos real y gravemente. Una persona maltratadora traiciona la confianza de un modo tan atroz que si en el infierno existen niveles, se merece la fosa más profunda . Seguramente, el maligno nos atormenta. Eso es él. Por definición queda claro que el sufrimiento duele. La ira hacia los tiranos y el archi-tirano está enérgicamente justificada. Y la queja (hacia Dios, en fe y esperanza) por nuestro sufrimiento está justificada de todo corazón. ''Pero Dios nunca ha prometido libertad por las lágrimas, lloros, gritos y dolor (o por el mal que las provoca), hasta el gran día en el que la vida y la alegría triunfen para siempre sobre la muerte y la tristeza''. Es curioso que las personas que no creen ''realmente'' en la soberanía de Dios se vuelvan híper-calvinistas (“Él podría haber cambiado las cosas y no lo hizo”) cuando están enojados contra Él. Creer ''realmente'' en la soberanía de Dios es ganar un cimiento inamovible de confianza en medio de incluso tormentos infernales y mucho más con los sufrimientos más llevaderos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios verdadero es el que ''libera'' de los tiranos, no el tirano. Él es la única esperanza de los “pobres, afligidos, necesitados, desgraciados y oprimidos” que se encuentran siendo atacados en un mundo “rebosante de violencia&amp;quot;. Y (una verdad tan profunda que sólo podemos decirla temblando), cuando somos honestos con nosotros mismos nos damos cuenta de que somos más como los tiranos que al contrario. La línea entre el bien y el mal atraviesa ''cada'' corazón, excepto el corazón del Cordero de Dios. No se trata de que los demás merezcan lo que nos hicieron a nosotros. Eso era simplemente maligno y recibirá su merecido, correspondido por completo mediante la ira de Dios (derramada tanto en los tiranos o en Cristo para los que se arrepienten). Pero es no implica que de ese modo seamos inocentes. Nosotros también merecemos ira por nuestros propios pecados. Jesús sufrió las torturas que justamente merecemos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira contra Dios que los consejeros suelen ver ''siempre'' enmascara una autojustificación profunda y manifiestan una incredulidad flagrante, descarada. La fórmula terapéutica del mundo no cuestiona por ninguna parte la autojustificación y la incredulidad sino que en su lugar, la refuerza (¡por eso hay tantos que encuentran el modelo terapéutico tan válido y atractivo!) La fórmula terapéutica nunca podrá ofrecer la única esperanza verdadera para los que luchan porque nunca habla del pecado en la ira contra Dios: el Salvador que cargó con el pecado que liberará a Su pueblo de la condenación y la corrupción de sus propios pecados y del sufrimiento de los pecados de otras personas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia también cuestiona el tercer punto de la fórmula terapéutica. Usted no necesita descargar su ira pecaminosa contra Dios para tratar con ella. Usted necesita arrepentirse por ella como Job. Necesita entender las peticiones, las falsas creencias, la autojustificación que la produce y conduce a ella. No hay ningún salmo que motive la descarga de ira hostil que los terapéuticos aconsejan. En los salmos “iracundos&amp;quot;, sin excepción, lo que se respira es una actitud de fe. Sí, hay verdadero disgusto, queja, dolor y consternación. Podemos llamarla respetuosamente ira justificada porque anhela la gloria de Dios y el bienestar de Su pueblo. Esa ira afectuosa anhela que Dios, nuestra única esperanza, elimine los sufrimientos que estamos pasando ahora mismo. La intensidad de la queja surge de la intensidad de la fe. No contiene maldición, odio amargo, mentiras, desdén ni hostilidad que subestima, ni blasfemias. Los salmistas desmayan porque saben y confían en que Dios es bueno, porque Lo aman y porque están luchando para reconciliar Sus promesas con sus aflicciones en ese momento . Los salmistas avanzan hacia dios con fe honesta luchando contra las circunstancias. Sin embargo, las personas airadas contra Dios lo echan a un lado. Los salmistas quieren la gloria de Dios y quieren que el maligno se marche; se quejan en fe. Y típicamente (también ignorado por los falsos terapeutas), expresan una conciencia de culpa y pecado; reconocen que el sufrimiento en general es merecido de alguna manera. Una conciencia que coexiste con el odio hacia los intentos malignos de los causantes de aflicción. Cuando la Biblia nos enseña cómo expresar la angustia a Dios, nos enseña a llorar en fe no a clamar con rabia blasfema. La alternativa terapéutica está demasiado distorsionada como para enseñar a personas traumatizadas cómo y por qué quejarse a un Dios que ellos aman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto, de una lista de blasfemias, la idea de perdonar a Dios es la gran blasfemia. Está claro que la persona que está tratando realmente con su ira hacia Dios con arrepentimiento y fe no volverá a airarse contra Dios. Siente una gratitud irrefrenable(otra cosa ausente en las falsificaciones) porque ha ''encontrado'' perdón, no porque él se lo haya ''concedido''. Dios es bueno; no necesita nuestro perdón. Nunca se sentará en el banquillo de los acusados sin importar hasta qué punto nuestra ira pecaminosa buscase sentarlo a Él ahí. ¿Con quién comienza el perdón de modo que se pueda reconstruir una relación de confianza entre Dios y el hombre? ¿Es con nosotros? Imposible. Los terapeutas impostores llegan a este punto, como el resto, totalmente equivocados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los salmos y Job no ofrecen apoyo bíblico para estas ideas tergiversadas y trivializadas. Incluso Job, un hombre de Dios de fe honesta se arrepintió al final por su tendencia a la autojustificación. Hasta el extremo de que había culpado a Dios y buscó justificarse así mismo, fue llevado a admitir que estaba equivocado. De esto ''trata'' el libro. Los salmos, cuando se leen en su totalidad, no dicen lo que algunos pretenden cuando toman versículos fuera de contexto para apoyar una idea falsa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada paso dentro de la fórmula terapéutica del mundo se inclina hacia un final: mantener al hombre sobre el trono del orgullo. Esta falsificación terapéutica justifica la ira como neutral, culpa a Dios de ser malo, descarga hostilidad y finalmente “perdona” al gran Delincuente. Exhibe un razonamiento moral poco profundo, poca profundidad incluso a la hora de formular el problema del mal (y mucho menos luchar contra ello) y poca profundidad en dedicarse a las Escrituras. ¡Esto debería enojar a los '''cristianos'''! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La persona que es honesta sobre su ira hacia Dios (y llega a la verdad sobre ello) caminará por un camino totalmente distinto del prescrito por la fórmula popular. El corazón creyente y arrepentido no se conformará con una incómoda tregua entre sus sufrimientos pasados y su voluntad actual para sobrellevar algún tipo de relación con un Dios que me abandonó. El corazón creyente encontrará verdad, alegría, esperanza y un amor indescriptible. El corazón creyente encontrará a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 3: La ira conmigo mismo es mi mayor problema'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos de los problemas que acabamos de discutir reaparecen en ideas actuales sobre autojustificación. Si estoy enojado conmigo mismo y esto es un fenómeno bastante común, el saber actual argumenta que principalmente tengo que perdonarme a mí mismo . Dos verdades típicamente pensadas para pasar de la ira con uno mismo a auto-perdonarse son: primero, “Dios no creó basura y ya que Él me creó yo debo valer algo&amp;quot;. Segundo, &amp;quot;Jesús pensó que yo era tan valioso que Él me amó y vino para morir por mí&amp;quot;. En los cimientos de estas afirmaciones puedo sentirme bien conmigo mismo y ver mis fracasos de una manera más tolerante. ¿Resultado final? “Me perdono” en lugar de enojarme conmigo mismo . Para muchas personas suena convincente pero es totalmente erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué se enojan las personas consigo mismas? En primer lugar, siempre que no han logrado estar a la altura de algo. Eso es lo que es la ira, un criterio contrario que se percibe injusto. Ese criterio puede ser falaz: necesitar una casa como las de revistas como House Beautiful, conseguir directamente la máxima puntuación, poder complacer a unos padres insatisfechos, tener un tiempo de estudio tranquilo. O puede que el criterio sea certero: cometer adulterio, abortar, holgazanería. En cualquier caso, hay algo por lo que creo que debo estar al nivel. Y quiero estar al nivel, pero fracaso. Ese es el primer peldaño hacia mi autocomprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, la ira siempre conlleva un juez porque éstos son los que emiten juicios. En las metáforas del Antiguo Testamento algo puede ser desagradable tanto “a mis ojos”, “a tus ojos” como “a ojos del Señor”. ¿Qué ojos están juzgando cuando me enojo conmigo mismo? Los míos. Yo evalúo y mi juicio es final. Por eso los que se odian así mismos nunca están satisfechos del todo con la ayuda bien intencionada para que crean en el perdón de Dios por medio de Cristo. Puede que &amp;quot;ya crean&amp;quot; que Dios les ha perdonado por el caos del aborto pero eso no basta: &amp;quot;no puedo ''perdonarme''&amp;quot;. Y mis ojos son de suma importancia, más importantes que los de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Merece la pena indicar que las personas que suelen “no perdonarse a ellas mismas” atienden tanto a sus ojos como a los de los demás. Quiero que mi casa luzca impecable para agradarme a mí misma (entonces me desagrado cuando no lo logro) y para agradar o impresionar a mi madre y a mis vecinos. Cuando mi casa está desordenada me aborrezco. He fracasado en cada intento sin lograr agradarme ni a mí ni a los demás. O puede que tenga un criterio certero (aborto) pero los ojos equivocados. Ante mis ojos no “puedo perdonarme” por haber abortado. ¿Cómo pude ''yo'' haber hecho eso? ''Tengo'' que compensarlo o ''tengo'' que sufrir por ello. Esto es autojustificación extrema en cada parte de la operación interpersonal: soy a la vez juez, criminal, salvador y no conozco nada sobre la justicia de Cristo que hace que el Nuevo Testamento cante de alegría. De manera típica, los ojos de los demás juegan otra vez un papel paralelo a mis propios ojos: me avergüenza que alguien sepa lo del aborto; tienen que pensar lo peor de mí. La Biblia califica esto de temor al hombre, substituir el temor al Señor por la opinión de los demás. Los ojos para los que viven los que se odian así mismos son a menudo un compuesto de lo que la Biblia llama orgullo y temor al hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, cuando establezco el criterio y los ojos que me juzgan, también estoy creando mi definición de “salvador”. Para compensar mi fracaso y cumplir con mi propio criterio (o el de otros) puede que tenga que esforzarme y preocuparme por alcanzar la perfección. Limpio la casa el doble; abro las puertas de mi casa a madres solteras y trabajo en el ministerio pro-vida de manera compulsiva. Pero no funciona. La casa continúa desordenada sin importar lo bien que lo haga; el aborto aún ensucia mi pasado. Decido que quiero seguir ejerciendo el papel de mi propio salvador reconstruyendo un historial perfecto que (ojalá yo pudiera hacerlo) haría que todo fuese mejor; pero fracaso por lo que los que se odian así mismos siempre tienen la última palabra. Vuelvo a impartir mi propio castigo sin fin representando el papel de juez y cordero sacrificado todo en uno. Me hostigo mentalmente; no dejo de darle vueltas a los remordimientos, las recriminaciones conmigo mismo, odio hacia mí, acusándome sin piedad por mis transgresiones (imaginarias o reales). Estoy enojado conmigo mismo; no puedo perdonarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un consejo bíblico debe dirigirse a estas personas abarcando esos tres puntos: criterios, “ojos” y salvadores. Viven en una total falsificación de la realidad bíblica por lo que viven así de confundidos e infelices. Sólo la verdad puede traerles sabiduría y felicidad. Su objetivo como consejero es redefinir la realidad en la que viven, plantearles cómo se puede transformar la vida mediante la renovación de la mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero, descubra si los criterios que alguien emplea para juzgarse son los de Dios, los suyos o los que ha tomado prestado de otros (como los de mamá o los vecinos). Algunas veces estos criterios estarán definidos y muchas otras tergiversados y podrán ser enfrentados y transformados a la luz de la verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, ¿qué ojos son los sumamente importantes? ¿Qué aprobación importa? Vivir para mis propios ojos es sustituir a Dios en mi consciencia; es un acto de orgullo. Vivir para los ojos de los demás, para su aprobación, es sustituir su evaluación por la de Dios; es un acto de temor al hombre. Vivir ante los ojos de Dios es el comienzo de la sabiduría, por esto el que se odia así mismo y se da cuenta de ello, se despierta a la realidad. Es consciente de sus pecados y nunca duda de su verdadera necesidad de perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, ¿quién es el salvador propuesto a partir de todo este caos y sufrimiento? ¿La persona espera encontrar un modo de perfeccionarse mediante sus propios esfuerzos? ¿Se castiga así misma por la culpabilidad ante los fallos que ve? Jesucristo es el único que perfecciona, Él es el único que puede cargar con la culpa. Él puede perdonar la multitud de pecados que existen: transgresiones serias (adulterio, aborto, holgazanería), la confianza y fe en referentes falsos (House Beautiful), la elección de vivir ante otros ojos que no son los de Dios (los míos o los de mi mamá) y la búsqueda de una justificación alcanzada por uno mismo como un falso salvador. Jesús da la justificación verdadera, Su propia vida perfecta, a las personas que pecan. Él da un perdón real, Su perfecto sacrificio de sí mismo para cargar con nuestra culpa, a las personas que pecan. Él da un poder que mora en nuestro interior, Su Espíritu Santo, para renovar nuestras mentes, darnos gozo y cambiarnos. Qué alivio comparado con la angustiosa auto-absorción de los esquemas para perdonarse uno mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que se odian a ellos mismos verán cómo se resuelven sus problemas mientras que trabajan en esto. No existen cabos sueltos en la verdad de amor de Dios. Vivir para House Beautiful se perderá en lo más hondo como un nervioso y mezquino ladronzuelo del que Dios me ha liberado con sumo gusto. El aborto fue realmente perdonado no porque yo lo enmendase o me castigase a mí misma sino porque Jesús amó a un pecador. El orgullo y el temor al hombre que me llevaron a mí y a otras personas al banquillo de los acusados ahora son reemplazados por el temor del Señor que es el comienzo de la sabiduría. El perfeccionamiento legalista de mi esfuerzo por tener éxito y el auto-castigo de mi ira por sí misma son reemplazados por gratitud por la gracia de Dios. Caso cerrado, no más “enojado conmigo mismo” ni tampoco un tufillo de “tengo que perdonarme&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto, dése cuenta de cómo un análisis falso (¿enojado consigo mismo? Perdónese), lo lleva a un falso evangelio igual que cuando nos planteamos enojarnos contra Dios. En el guión bíblico no hay alusión a “usted es así de valioso gracias a la creación y el amor de Jesús muestra lo valioso que es, por lo que puede sentirse bien consigo mismo&amp;quot;. La verdad es que la creación y la redención no nos dan muchas razones para sentirnos bien con nosotros mismos. Nuestra creación fue a la imagen del Dios de la gloria y aún así mire cuánto hemos caído: &amp;quot;el corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldad y hay locura en su corazón toda su vida” . Una mirada honesta a nuestra gloria en la creación “para que toda boca se calle… por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Romanos 3). De igual manera, nuestra redención se consiguió de una manera que manifiesta completamente lo malos e incapaces que somos. El único Hombre valioso y bueno murió voluntariamente por enemigos pecadores, débiles e impíos. ¡Tales datos apenas ofrecen una razón para una confiada aprobación y perdón de uno mismo! La gracia, por definición, arruina la autoestima. El evangelio bíblico nos dirige hacia el valor de Jesucristo quien redimió a los indignos y condenados merecidamente. Cuánto mejor es este evangelio verdadero que establece nuestra necesidad de ser perdonados por ''Dios'' (no por nosotros mismos) y nos perdona completa y gratuitamente. Las personas que abrazan la gracia de Dios se vuelven realmente felices sin necesidad de apoyos para su débil concepto de sí mismas. Un auto-conocimiento bíblico y definido destruye la supuesta necesidad de autoestima; da lugar a las únicas personas de la tierra con razones para estar confiados conforme abordan la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La idea de perdonarse para solucionar la ira con uno mismo complace un pecado básico: mantiene a las personas viviendo ante los ojos equivocados, los suyos. &amp;quot;Estoy enojado conmigo mismo, necesito perdonarme&amp;quot;. Ese armario psicológico sin aire no es en absoluto el mundo real en el que la Biblia nos libera para vivir. Por ejemplo, en 1ª de Corintios 4:3-5 Pablo dice que no le importa lo que otros piensen de él: “En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por vosotros, o por cualquier tribunal humano”. No vive para los ojos de los demás luego dice que no le importa lo que él piensa de sí mismo: “de hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque no estoy consciente de nada en contra mía; mas no por eso estoy sin culpa&amp;quot;. No vive para sus propios ojos. Finalmente dice: “pues el que me juzga es el Señor”, y continúa hablando de lo que significa vivir ante los ojos de Dios. La opinión de mí mismo (“consciencia”) y la que usted tiene sobre mí (“reputación”) no importa a menos que concuerden con la opinión que Dios tiene de mí. Son muy valiosas cuando permanecen en su lugar, son tiranas cuando ocupan el trono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira de por sí, como la ira contra Dios, llega a resolverse de manera rica y satisfactoria cuando se entiende correctamente y cuando el Evangelio se impone. Las falsificaciones que a menudo se les ofrecen a personas con problemas son suficientes para hacer que los cristianos lloren con ira y profundo pesar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un camino fuera de la ira'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vayamos ahora hacia una dirección positiva. ¿Cómo podemos aplicar la enseñanza bíblica sobre la ira para que nos ayude a cambiar? Esa es la pregunta con premio. Todo lo que hemos considerado hasta ahora puede resumirse en ocho preguntas muy prácticas. Las primeras cuatro preguntas ayudan a evaluar la ira, las cuatro segundas conducen a una solución .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permítanme que utilice como ejemplo una sencilla situación que nos incita a muchos (¿a todos?) a enojarnos. Usted se encuentra en un embotellamiento y llega tarde a una cita importante. Quedan cinco minutos para las doce y la cita es a las doce en punto. Se encuentra atrapado en la autopista a diez millas, en un atasco que no ha avanzado durante veinte minutos y no parece dar señas de desatascarse. ¿Una reacción habitual? ''Usted'' gruñe de ira, de frustración, disgusto, consternación, desdicha, tensión. Cuando ocurra así, hágase estas preguntas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 1: ¿Cuál es la situación?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es fácil. ¿Qué situación es la causante? La ira es provocada, tiene un gatillo, sucede por razones específicas de lugar y tiempo. ¿Qué le está ocurriendo? “No fui tentado a la ira hasta que me quedé atrapado en el embotellamiento y el tic-tac del reloj se movía hacia las 12 y sabía que llegaba tarde a la cita&amp;quot;. La importancia de la situación incluye al Departamento de Transporte que decide hacer obras en la carretera en ese preciso momento, el tráfico, el tiempo, la cita, la posible reacción de la persona que está esperando y así sucesivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 2: ¿Cómo reacciono?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta también es relativamente sencilla. Está destinada a ayudarle a identificar modos específicos en los que usted manifiesta esa ira pecaminosa. ¿Qué está pasando por sus pensamientos? Mentalmente está maldiciendo al Departamento de Transportes. Agota ansiosamente posibles guiones mentales para excusarse con esa persona; la estoy dejando plantada. Quizás se auto-recrimine: “¿Por qué no salí antes o tomé un camino diferente o escuché en la radio el informe sobre el tráfico? ¿Y si la persona que tengo que ver se disgusta conmigo?&amp;quot; ¿Dónde está Dios aquí? Puede que haya maldecido apelando a Su ira para atender mis frustraciones. Puede que haya tenido un pensamiento fugaz “tendría que... o no debería…”, pero eso no ralentiza el tren fugitivo. Puede que haya tenido pensamientos iracundos sobre Dios: &amp;quot;el cristianismo no funciona. Dios es una broma, ¿para qué sirve?&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuerpo y sentimientos? Me siento enojado, irritado, caliente. Cuánto más estoy aquí sentado, más siento el humo saliendo por mis orejas. Me siento tenso, la parte posterior del cuello se tensa, el estómago se revuelve, ansiedad por faltar a la cita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Acciones? Acercarme sigilosamente al paragolpes frontal y que nadie aparezca por los lados. Le doy un puñetazo al tablero de mandos. Gruñidos, suspiros, bufidos. Descargo mi indignación “¡No me lo puedo creer!” ¡Esto es ridículo! “De todos los…” Enciende y apaga la radio con agresividad. Una palabra o gesto grosero. Conduce como un maníaco una vez que el tráfico se despeja. Un semi-coherente arrebato de ira y excusas cuando al final llega a la cita. Este guiso de ira (y algo de miedo) es una reacción humana clásica del “fruto de la carne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 3: ¿Cuáles son los motivos?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estoy gruñendo y quejándome por lo que algún conjunto de deseos y falsas creencias deben estar dirigiéndome. Hágase preguntas básicas: ¿Qué es lo que realmente deseo? ¿En qué creo realmente? La ira sale de mi corazón, la situación no la provoca . Aquí tiene algunos posibles gobernadores del corazón:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Quiero llegar a donde quiero cuando yo quiera llegar allí&amp;quot;. Esto es puro orgullo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“¿Qué va a pensar la gente de mí? Ya llegué tarde en otra ocasión&amp;quot;. Temor al hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Quiero y necesito el dinero que estoy seguro que esta venta va a producir” (o la cura que el doctor estaba seguro de dar o el amor que esa persona iba a darme de seguro o…) Múltiples antojos (“Yo quiero”) y falsas creencias (“Yo necesito”) respecto al dinero, medicina, amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estos antojos (clásicos “deseos de la carne”) y las falsas creencias gobiernan mi vida, producen ira pecaminosa. Si Dios gobernase mi vida, estos afectos naturales estarían subordinados. Podría sentir alguna desilusión pero no estaría luchando por mantenerme a flote en la ciénaga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 4: ¿Cuáles son las consecuencias?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira tiene consecuencias. Crea ciclos de retroalimentación, círculos viciosos. Puede que mientras los carros avancen lentamente, raye el carro a mi lado y me gane una bronca por la hostilidad del conductor y un cargo de 250$ deducible de mi seguro por colisión. Quizás recoja consecuencias físicas y emocionales: culpa, tensión y angustia creciente, dolor de estómago y de cabeza. En ocasiones las consecuencias son fatales: el gesto grosero lleva al receptor a agarrar un arma y disparar. Quizás cuando finalmente llegue a la cita estoy tan caliente, molesto, nervioso y lleno de excusas que causo una terrible impresión y pierdo la venta (o la novia). Quizás mi manera inmadura de actuar arruina mi reputación ante el personal completo de la consulta del doctor y se pasan veinte minutos de humor sarcástico a mi espalda. “Mi día está arruinado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las primeras cuatro preguntas han identificado y diseccionado la reacción iracunda. Señalan la provocación concreta, el detallado guiso de reacciones, los motivos subyacentes y las consecuencias. Incluso en este diminuto accidente, hemos echado un breve vistazo a los círculos viciosos que definen “pecado y sufrimiento”. Las siguientes cuatro preguntas avanzan hacia una resolución bíblica por la gracia de Dios que ha estado observando todo el tiempo lo que estaba sucediendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 5: ¿Qué es verdad?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Quién es Dios? ¿Qué es lo que dice? Muchos temas y verdades de la Biblia pueden tener importancia pero voy a concentrarme en tres que son siempre importantes cuando se trata con la ira. Primero, Dios está presente y tiene el control de esta y cualquier otra situación. Su soberanía está por encima de las cosas que enfrento en la primera pregunta. No se supone que yo tenga que controlar el mundo pero eso no significa que el mundo vaya al azar y fuera de control. Usted solucionará la ira pecaminosa cuando aprenda a creer. &amp;quot;Dios es sumamente relevante cuando estoy atrapado en el tráfico y llego tarde. Él está presente y Él está preparando algo bueno en mi vida como hijo Suyo. El propósito primordial de Dios es rehacerme a imagen de Jesucristo. Hacer de mí una persona lenta para la ira y repleta de confianza, hacerme un pacificador y no un guerrero. No me gusta que mi cita se anule pero Dios me ha puesto en mi mano una oportunidad perfecta para llegar a ser otro tipo de persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, la ley de Dios habla para situaciones cono esta. La ley actúa de dos maneras, como un espejo y una lámpara. Primero, Dios sostiene un espejo ante mí: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este primer gran mandamiento permanece al descubierto en mi corazón: ¿qué amé en su lugar? Me enojo porque amé mi proceder, aprobación de los hombres y dinero (o salud o amor). Este mandamiento diagnostica lo que averigüé sobre mí en la pregunta 3. De hecho, ¡me enseñó a hacerme este tipo de preguntas! El segundo gran mandamiento deja mis frutos al descubierto. ¿Qué frutos de la carne surgieron de los antojos de la carne? Las reacciones pecaminosas de la pregunta 2 son expuestas por lo que son. Incluso me enseñaron el tipo de cosas que tengo que esperar por la multitud de ejemplos y preceptos en la Biblia que iluminan este mandamiento . Dios también sostiene la ley como una lámpara para guiarme. El primer gran mandamiento me dice que ame (y confíe, tema, espere, me vuelva...) a Dios. Yo puedo confiar en Su provisión para mis finanzas (o para la salud, amigos, matrimonio) en vez de codiciarlas. Yo Lo puedo amar por traer sentido y discernimiento sabio para una situación que anteriormente era una ciénaga emocional. Me dice cómo encontrarme y amar a Dios (a continuación en la sexta pregunta). El segundo gran mandamiento habla positivamente sobre considerar los intereses de los demás. ¿Cómo aplicarlo? Yo podría ser generoso mientras que el tráfico confluye y dejar pasar a alguien. Quizás la cortesía me hubiera hecho hacer una llamada (si es posible) para que la persona que me está esperando conociese la situación. Este mandamiento habla de paciencia y de otros numerosos frutos que se aplicarán en diferentes situaciones de la vida. Me acuerdo de que tengo que decir la verdad cuando le cuente a alguien lo que pasó. Me enfrenta para ganar la sabiduría que necesito para aplicar la voluntad de Dios en esta situación concreta: a las 11:55 de la mañana cuando estoy atrapado en un embotellamiento y llego tarde a una cita (a continuación en la pregunta 7).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, la verdad de Dios habla del evangelio. He sido condenado por violar el primer y segundo gran mandamiento en este pequeño incidente en la autopista. Estos son pecados y el evangelio es el puente entre la ley como un espejo y la ley como una lámpara, entre el caos del pecado y el gozo de la sabiduría. El evangelio perdona los pecados, me restaura en Dios, me da poder para ser diferente y una esperanza más grande que las desilusiones de la vida. Dios es una ayuda muy presente cuando hay problemas y puede darme la gracia para actuar de un modo generoso y pacífico mientras aguanto en el embotellamiento. Puedo conocer y regocijarme de nuevo en el indescriptible regalo que es el amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 6: ¿Cómo puedo volverme a Dios para pedir ayuda? Hágalo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta nº 5 estableció la visión del mundo en la que los problemas ahora tienen sentido. Dios se mostró y el modo de escapar de la locura hacia la sabiduría está claro. Sin embargo, análisis simplistas o incluso los pensamientos más claros (algo que las preguntas de la 1 a la 5 intentan manifestar) no me cambiarán.em La sexta pregunta me mantiene en movimiento. Dios quiere que Lo busque, que interaccione con Él. Tengo que aplicar las verdades de la quinta pregunta, por ejemplo trabajando hacia las preguntas que distinguen la justicia y la ira pecaminosa. No es difícil confesar que mi ira fracasó en la primera prueba de ira justa : el embotellamiento ''no'' es un demonio moral solicitando la energía de la ira. Mi ira pecaminosa ha hecho válida esa mentira porque yo serví a falsos dioses identificados en la tercera pregunta. Tengo que arrepentirme, volverme de los antojos y frutos de la carne al Señor de vida. Tengo que confesar mis pecados, pedir perdón, creer en el evangelio, pedir sabiduría para conocer cómo responder y el poder para hacerlo. El resultado de todo esto será una claridad mental, “ir hacia la mentalidad correcta”. Conoceré la gratitud genuina hacia Dios y la satisfacción (aún en el embotellamiento, ni más ni menos) que era inconcebible cuando estaba inmerso en mis pecados. ¡Gracias Dios, por ser quien Eres, por la bondad de Tu evangelio que me ha hecho encontrarme aquí en mi necesidad! “Bienaventurado el hombre que halla sabiduría… Es más preciosa que las joyas, y nada de lo que deseas se compara con ella” (Proverbios 3:13-15). Estoy experimentando la bendición de una sabiduría deseada más que mi proceder, que causar impresión, conseguir dinero o el resto de cosas que me volvían un manojo de nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 7: ¿Cómo debo responder ante esta situación para glorificar a Dios? Hágalo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El arrepentimiento y la fe conducen a cambios concretos en el comportamiento, emociones, pensamientos. La justicia es tan específica como los pecados descritos en la segunda pregunta. En el nivel más sencillo, puedo simplemente respirar profundamente y relajarme, confiar que Dios tiene ciertamente el control. Pero Dios también tiene otros frutos en mente. Me he convertido en un conductor educado y generoso. ¿Qué importa si tengo dos carros más delante de mí? Dejaré que pasen un par más; Dios me ha liberado de los aspectos hostiles y competitivos de la ira pecaminosa. El embotellamiento ha dejado de ser una pelea de perros. Le doy gracias a Dios. Planeo lo que voy a decirle a la persona que tengo que enfrentar: ni excusas inquietas ni irritación furiosa, sino los hechos tal cuales y preocupación por su bienestar. Planearé una disculpa por las molestias (no pediré perdón, eso es cuando peco contra alguien, las disculpas son por accidentes. Si hubiera llegado quince minutos tarde a propósito, entonces tendría que pedir perdón por actuar con desconsideración). Qué alegría estar libre del caos emocional del pecado. En lugar de esa mezcla de ira, ansiedad, confusión y contrariedad, estoy tranquilo  mediante la agradecida “paz que sobrepasa todo entendimiento” y el “secreto del contentamiento” que provienen de vivir a la luz del evangelio. La séptima pregunta aborda cada uno de los aspectos de la situación descrita en la pregunta 1 y reivindica con detalle la voluntad de Dios en mi mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta n º 8: ¿Cuáles son las consecuencias de la fe y la obediencia?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya hemos mencionado algunos de los beneficios subjetivos. De manera más objetiva, quizás se evitó un parachoques maltrecho o incluso un asesinato. Se evitó que alguien más tropezase con la ira pecaminosa o con el asesinato por mi culpa. Y desde mi parte del mundo, quizás mi respuesta educada y relajada contagie a la media docena de coches a mí alrededor. La piedad crea un círculo de misericordia; así llegamos al círculo completo y encontramos que la piedad, aunque no garantice un cambio en la situación original, a menudo tiene un efecto para bien sobre el mundo. Quizás acabe logrando igualmente la venta porque el manager está muy impresionado por la manera razonable y calmada con la que manejé una frustrante situación. Ha visto a tantos otros vendedores que soltando más y más excusas que la piedad lo intrigó y lo sedujo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las posibilidades de las polifacéticas bendiciones de Dios son infinitas. En lugar de que mi día fuese arruinado, Dios me ha liberado del pecado y del sufrimiento y seguramente este sea uno de los días más importantes de mi vida desde la perspectiva del crecimiento a la imagen de Cristo. He aprendido cómo funciona la vida en el mundo de Dios. He aprendido cómo trabaja el evangelio. He aprendido profundas lecciones de una parte muy reducida de la vida. Y seguramente cuando hable una tarde por teléfono con un amigo consternado y con problemas, seré capaz de “consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios”. Yo no sufrí mucho el inconveniente del embotellamiento y quizás él o ella estén sufriendo bastante. Pero la dinámica del corazón humano es idéntica: comprenderé la tentación de mi amigo a la ira, temor y desesperación porque comprendí la mía propia. Y he logrado comprender la manera de escapar. Caminar a través de ello no solo me ha bendecido a mí sino que me ha hecho capaz de aconsejar sabiamente a los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un embotellamiento es sólo un minúsculo caso de estudio. Algunas personas podrían preguntar: “¿Qué tiene que ver esto con las grandes aflicciones y mayores provocaciones a la ira?” Del modo en que la Biblia ve las cosas, todo está relacionado. Las mismas verdades sobre Dios se aplican del mismo modo. Seguramente que muchos detalles cambien y la Biblia es franca: habrá lágrimas que no serán enjugadas y enemigos que no se apartarán del camino hasta el último día. La octava pregunta no crea el cielo en la tierra pero crea sabores del cielo aunque el último enemigo no haya sido puesto aún bajo los pies de Cristo. Si el día que vea a Cristo seré hecho completamente como Él, entonces de una pequeña forma estoy probando el gozo del cielo cuando soy hecho un poco más como Él en un embotellamiento. Estas ocho preguntas nos orientan a la realidad ''cristiana'', que es lo mismo que decir ¡qué nos orientan hacia la realidad! Nos enseñan acerca de la realidad de nuestro mundo, de nosotros mismos, de nuestro Dios, de cómo vivir. A las personas que Dios enseña a manejar un embotellamiento, Él enseñará a manejar cualquier cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[La tercera parte de este artículo “Cómo tratar con la ira” (How To Deal With Anger) se centrará en el procedimiento para dar consejo a personas enojadas. Se publicará en el próximo tema de The Journal of Biblical Counseling, Dios mediante. ¿No es llamativo/interesante cómo la última frase puede mantener a los lectores, autores y editores asimismo alejados de la ira pecaminosa si algo se interpusiera con esos planes?&amp;quot;]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 13:56:16 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Anger_Part_2:_Three_Lies_about_Anger_and_the_Transforming_Truth/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Anger Part 2: Three Lies about Anger and the Transforming Truth/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Anger_Part_2:_Three_Lies_about_Anger_and_the_Transforming_Truth/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{|info|IRA 2ª PARTE: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
UNA VERDAD QUE TRANSFORMA Y TRES MENTIRAS SOBRE LA IRA}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por David Poliwson.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué es la ira? ¿Cómo deberíamos controlarla? La primera parte de este artículo tenía como objetivo ofrecer recursos bíblicos para entender esta imprevisible sensación. Podemos observar que la Biblia trata la ira con sumo detalle. Vemos que la ira afecta a todo el ser: cuerpo, emociones, mente, sentimientos y comportamiento. Tiene una finalidad interpersonal, siempre está relacionada con Dios y normalmente con otras personas. Es tanto natural como aprendida, para bien o para mal; es una cuestión moral. Dios nos da una visión del mundo desde la cual reflexionemos sobre la ira y en base a la cual luchemos contra las distintas expresiones de ira que se crucen en nuestro camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta segunda parte, haremos una crítica de tres de las ideas erróneas más perniciosas acerca de la ira que dominan en nuestra cultura. Como consejeros cristianos, podemos ofrecer la alternativa bíblica en toda su profundidad, esperanza y fuerza para las personas que están envueltas de mentiras. La verdad ofrece el camino para salir de la ira y de la confusión que la rodea. Este artículo concluirá con un conjunto de ocho preguntas que lo ayudarán a evaluar y a vencer la ira con santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 1: La ira es algo dentro de mí'''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una consecuencia decisiva de todo lo que hemos hablado es que la ira no es una “cosa”. Es un acto moral de todo el ser, no una “sustancia” o “algo” dentro de usted. Puede que esto parezca obvio pero no lo es en el entendimiento de la mayoría de las personas. ¿Se trata de un fluido caliente y emocional que aumenta la presión en su interior? ¿O es un demonio que establece su residencia? Estas ideas tan comunes (¡totalmente opuestas la una de la otra!) concluyen ambas en que la ira es “algo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En general, en la cultura occidental muchas teorías explican la ira como un fluido emocional que acumula presión en su interior y tiene que ser liberado. Esta teoría “hidráulica” sobre la ira participa del saber popular para el cual “es simplemente, ni buena ni mala”. Las cosas ''son'' neutrales; los agentes morales no. ¿Por qué esta teoría parece verosímil? Porque los ejemplos mostrados a continuación capturan algo de cómo se puede describir la ira: la ira de una persona puede estar &amp;quot;contenida&amp;quot;, “su bomba puede estar preparada&amp;quot;. Las personas pueden estar con &amp;quot;la sangre hirviendo&amp;quot;, llenas de ira; “liberando la presión”. Los enojos pasados y sin resolver pueden “guardarse dentro”, “esconderse” durante décadas. Usted se siente mejor si “se lo saca de encima” hasta “agotar” la ira. Todas estas metáforas describen persuasivamente la ira como una sustancia a presión en nuestro interior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay duda, estas representaciones tan coloridas ''sí'' capturan cómo nos hace sentir la ira, pero el fin de una metáfora no es dominar algo sino representarlo. Por ejemplo, los autores del Antiguo y del Nuevo Testamento realmente no creían que se avivase un horno interior para calentarlo cuando usted “arde” de ira. La metáfora de &amp;quot;arder” captura gráficamente la sensación y los efectos que produce la ira pero su finalidad no es anular el hecho de que la ira es algo que las personas provocan. La ira parece abrasar pero no es un fuego. La solución para una ira pecaminosa no es sustraer el horno mediante una operación quirúrgica o ¡beber tanta agua que sofoque las llamas! La solución es moral: &amp;quot;volverse&amp;quot; del pecado a la gracia de Dios con fe de arrepentimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué quiero dar a entender si digo: &amp;quot;mi vecina enojada gruñe, ladra o intenta morder a sus hijos? ¿Que muerde y mastica sus cabezas? ¿Se vuelve rabiosa y echa espuma por la boca?” Son palabras muy esclarecedoras. Pero seguramente no quiero dar a entender que tiene un perro guardián hidrófobo y ¡que el rabioso canino se ha apoderado de la situación! En ese caso, la única solución sería ponerle un bozal a la vecina o quitarle su sufrimiento. Un perro loco es una “cosa” que con las palabras no se puede solucionar. Sin embargo, he conocido a &amp;quot;gruñidores&amp;quot; que oyendo a Dios, arrepintiéndose, creyendo y obedeciendo, han crecido plácidamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando la gente cree que la ira es una sustancia bajo presión, algo adentro, y no algo que provocan, esa idea dirige a otra solución distinta de la del arrepentimiento. La necesidad de algún tipo de catarsis parece lógica. Un consejero tratará de liberar la presión “abriendo la tapa” (¡otra metáfora!). “Usted tiene este delicado asunto hirviendo a fuego lento y necesita quitárselo”. Aquí tiene una almohada; considérela su mamá. Tome este bate de béisbol y golpéela fuerte, maldiciéndola por todo lo que le hizo. Se desahogará, se sentirá mejor y estará reparado&amp;quot;. El guión parecería lógico solamente si la ira fuese una ''cosa'' adentro. Pero como no lo es sino un acto moral de todo el ser, el guión es pecado . La ira no es una cosa, por lo que la verdadera solución es autocomprensión, un reconocimiento del error, arrepentimiento, fe y nueva obediencia por el poder de la gracia de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo modo por el cual se visualiza la ira como una cosa se observa en las culturas animistas y en algunos segmentos de la cultura cristiana contemporánea. En ese contexto, mucha gente trata la ira como un &amp;quot;demonio&amp;quot;. La lógica es la misma que la del modelo laico hidráulico. De nuevo, se ve la ira como ''algo'' en su interior. Usted estará sanado cuando saque esa &amp;quot;cosa&amp;quot;, expulsándola en este caso. Esta teoría parece verosímil otra vez. Igual que las personas enojadas hierven, la ira tanto como cualquier otro pecado nos vuelve exactamente como el maligno. Él es el acusador que usurpa el trono del juicio, echa por la boca mentiras y medias verdades y trae ira contra Dios y otras personas. El mundo iracundo permanece por completo en su poder y el maligno persigue moldearnos a su imagen. Cuando uste ve (o es) una persona iracunda y pecadora, ''voilà'', se muestra la imagen del maligno. Pero la mano del maligno en la ira no es distinta de su implicación en cualquier otro pecado. Él no nos demoniza para pecar, nos dirige. Nos tienta y nos miente en su intento por controlarnos y destruirnos. La solución no radica en exorcismos de supuestos demonios de rabia, ira, orgullo y rebelión, radica en ''arrepentirse'' de la rabia, ira, orgullo y rebelión, en volverse al Señor de la gracia. La ira es un acto moral no una cosa que mora en el interior y su solución es también un acto moral .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya que la ira es algo que las personas como agentes morales provocan, no existe ninguna razón para que tenga que ser descargada u objeto de exorcismo para solucionarla verdaderamente. Las teorías que funden o demonizan la ira parecen convincentes porque describen una metáfora gráfica o al archienemigo acechando por el vecindario pero malinterpretan lo que ven y llevan a las personas a la perdición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 2: Está bien enojarse contra Dios'''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto anteriormente que es frecuente airarse contra Dios. La Biblia habla de ello decenas de veces . Es una de las reacciones humanas más lógicas dada la naturaleza carnal del pecado pero es un engaño mortal. Lo que su esposa le dijo a Job fue un consejo terrible pero al menos ella tenía las cosas claras: “Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas psicologías populares tratan la ira contra Dios de manera nada útil. El consejo estándar dice algo así: &amp;quot;Si estás enojado contra Dios tienes que hacer cuatro cosas. Primero, recuerda que la ira simplemente es, ni para bien ni para mal. No pasa nada por estar enojado contra Dios; Él nos creó con sentimientos de ira. Segundo, Dios nos decepciona y nos abandona a menudo. ¿Si no cómo se puede explicar que nos maltraten y que clamemos a Él para que nos libere y aún así, el maltrato continúe? Si se supone que Él tiene el control, entonces Él podría haberlo detenido y no lo hizo. Tercero, usted necesita descargar su ira contra Dios. Su amor es maduro y un amor maduro puede absorber la ira honesta del ser querido, por lo que no tenga miedo de decirle exactamente lo que siente y lo que piensa. Muchos salmos describen la ira contra Dios por lo que si otros santos han dejado salir su ira contra Él, usted también puede. No censure sus sentimientos y su lenguaje, dígalo como lo sienta para que no sea un hipócrita. Cuarto, usted necesita perdonar a Dios. El perdón es lo contrario a la ira y usted necesita dejar salir la hostilidad para estar en paz consigo mismo y para construir una relación de confianza con Dios. Perdónele por las veces que Él lo decepcionó”. ¿Convincente? Muchos lo creen. ¿Coherente? Se complementan bien. ¿Verdadero? De ningún modo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira contra Dios se examina con provecho preguntando: &amp;quot;¿Qué quiere y cree usted?”, como lo haría con cualquier otro caso de ira. Lo que usted siempre encontrará es que su corazón está controlado por deseos concretos y mentiras que han sustituido al Dios vivo y verdadero. Por ejemplo, si deseo casarme y creo que Dios me recompensará por mi devoción hacia Él con una esposa, mi corazón se está levantando en ira contra Dios. Cuando el deseo no sea satisfecho aparecerá la ira y la confianza resultará injustificada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tipo de ira contra Dios que se ve a menudo cuando se aconseja es casi sin excepción (discutiremos esos salmos &amp;quot;iracundos&amp;quot; en un momento) la ira pecaminosa. Fluye con malicia y desconfianza hacia Dios. Abraza (y proclama) con firmeza mentiras sobre cómo es Él. Racionaliza todo tipo de comportamiento pecaminoso y autodestructivo. La ira contra Dios se presenta como una gran oportunidad para aconsejar. Manejada correctamente, es el camino verdadero a través del desorden maligno del corazón humano. Por la gracia de Dios, los que están airados contra Él descubren a menudo por primera vez quién es Él realmente, y también quiénes son ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Examinemos la fórmula terapéutica punto por punto. Primero, hemos tratado con el hecho de que la ira no es neutral. La ira hacia Dios o Lo acusará maliciosamente o manifestará que vive en fe en Él. Los sentimientos iracundos con los que estamos &amp;quot;hechos&amp;quot; pueden ser santos o malignos. Sin embargo, el primer consejo terapéutico evita completamente el dilema moral inherente a la ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, ¿nos abandona Dios cuando sufrimos? En ninguna parte de la Biblia podemos encontrar ni un atisbo de prueba de que Dios nos traicione realmente alguna vez. La Biblia habla del sufrimiento constantemente pero siempre nos muestra que ninguna &amp;quot;traición&amp;quot; aparente de parte de Dios pueda verse en el contexto de Sus grandes propósitos. Seguramente las personas pueden abandonarnos real y gravemente. Una persona maltratadora traiciona la confianza de un modo tan atroz que si en el infierno existen niveles, se merece la fosa más profunda . Seguramente, el maligno nos atormenta. Eso es él. Por definición queda claro que el sufrimiento duele. La ira hacia los tiranos y el archi-tirano está enérgicamente justificada. Y la queja (hacia Dios, en fe y esperanza) por nuestro sufrimiento está justificada de todo corazón. ''Pero Dios nunca ha prometido libertad por las lágrimas, lloros, gritos y dolor (o por el mal que las provoca), hasta el gran día en el que la vida y la alegría triunfen para siempre sobre la muerte y la tristeza''. Es curioso que las personas que no creen ''realmente'' en la soberanía de Dios se vuelvan híper-calvinistas (“Él podría haber cambiado las cosas y no lo hizo”) cuando están enojados contra Él. Creer ''realmente'' en la soberanía de Dios es ganar un cimiento inamovible de confianza en medio de incluso tormentos infernales y mucho más con los sufrimientos más llevaderos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios verdadero es el que ''libera'' de los tiranos, no el tirano. Él es la única esperanza de los “pobres, afligidos, necesitados, desgraciados y oprimidos” que se encuentran siendo atacados en un mundo “rebosante de violencia&amp;quot;. Y (una verdad tan profunda que sólo podemos decirla temblando), cuando somos honestos con nosotros mismos nos damos cuenta de que somos más como los tiranos que al contrario. La línea entre el bien y el mal atraviesa ''cada'' corazón, excepto el corazón del Cordero de Dios. No se trata de que los demás merezcan lo que nos hicieron a nosotros. Eso era simplemente maligno y recibirá su merecido, correspondido por completo mediante la ira de Dios (derramada tanto en los tiranos o en Cristo para los que se arrepienten). Pero es no implica que de ese modo seamos inocentes. Nosotros también merecemos ira por nuestros propios pecados. Jesús sufrió las torturas que justamente merecemos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira contra Dios que los consejeros suelen ver ''siempre'' enmascara una autojustificación profunda y manifiestan una incredulidad flagrante, descarada. La fórmula terapéutica del mundo no cuestiona por ninguna parte la autojustificación y la incredulidad sino que en su lugar, la refuerza (¡por eso hay tantos que encuentran el modelo terapéutico tan válido y atractivo!) La fórmula terapéutica nunca podrá ofrecer la única esperanza verdadera para los que luchan porque nunca habla del pecado en la ira contra Dios: el Salvador que cargó con el pecado que liberará a Su pueblo de la condenación y la corrupción de sus propios pecados y del sufrimiento de los pecados de otras personas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia también cuestiona el tercer punto de la fórmula terapéutica. Usted no necesita descargar su ira pecaminosa contra Dios para tratar con ella. Usted necesita arrepentirse por ella como Job. Necesita entender las peticiones, las falsas creencias, la autojustificación que la produce y conduce a ella. No hay ningún salmo que motive la descarga de ira hostil que los terapéuticos aconsejan. En los salmos “iracundos&amp;quot;, sin excepción, lo que se respira es una actitud de fe. Sí, hay verdadero disgusto, queja, dolor y consternación. Podemos llamarla respetuosamente ira justificada porque anhela la gloria de Dios y el bienestar de Su pueblo. Esa ira afectuosa anhela que Dios, nuestra única esperanza, elimine los sufrimientos que estamos pasando ahora mismo. La intensidad de la queja surge de la intensidad de la fe. No contiene maldición, odio amargo, mentiras, desdén ni hostilidad que subestima, ni blasfemias. Los salmistas desmayan porque saben y confían en que Dios es bueno, porque Lo aman y porque están luchando para reconciliar Sus promesas con sus aflicciones en ese momento . Los salmistas avanzan hacia dios con fe honesta luchando contra las circunstancias. Sin embargo, las personas airadas contra Dios lo echan a un lado. Los salmistas quieren la gloria de Dios y quieren que el maligno se marche; se quejan en fe. Y típicamente (también ignorado por los falsos terapeutas), expresan una conciencia de culpa y pecado; reconocen que el sufrimiento en general es merecido de alguna manera. Una conciencia que coexiste con el odio hacia los intentos malignos de los causantes de aflicción. Cuando la Biblia nos enseña cómo expresar la angustia a Dios, nos enseña a llorar en fe no a clamar con rabia blasfema. La alternativa terapéutica está demasiado distorsionada como para enseñar a personas traumatizadas cómo y por qué quejarse a un Dios que ellos aman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto, de una lista de blasfemias, la idea de perdonar a Dios es la gran blasfemia. Está claro que la persona que está tratando realmente con su ira hacia Dios con arrepentimiento y fe no volverá a airarse contra Dios. Siente una gratitud irrefrenable(otra cosa ausente en las falsificaciones) porque ha ''encontrado'' perdón, no porque él se lo haya ''concedido''. Dios es bueno; no necesita nuestro perdón. Nunca se sentará en el banquillo de los acusados sin importar hasta qué punto nuestra ira pecaminosa buscase sentarlo a Él ahí. ¿Con quién comienza el perdón de modo que se pueda reconstruir una relación de confianza entre Dios y el hombre? ¿Es con nosotros? Imposible. Los terapeutas impostores llegan a este punto, como el resto, totalmente equivocados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los salmos y Job no ofrecen apoyo bíblico para estas ideas tergiversadas y trivializadas. Incluso Job, un hombre de Dios de fe honesta se arrepintió al final por su tendencia a la autojustificación. Hasta el extremo de que había culpado a Dios y buscó justificarse así mismo, fue llevado a admitir que estaba equivocado. De esto ''trata'' el libro. Los salmos, cuando se leen en su totalidad, no dicen lo que algunos pretenden cuando toman versículos fuera de contexto para apoyar una idea falsa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada paso dentro de la fórmula terapéutica del mundo se inclina hacia un final: mantener al hombre sobre el trono del orgullo. Esta falsificación terapéutica justifica la ira como neutral, culpa a Dios de ser malo, descarga hostilidad y finalmente “perdona” al gran Delincuente. Exhibe un razonamiento moral poco profundo, poca profundidad incluso a la hora de formular el problema del mal (y mucho menos luchar contra ello) y poca profundidad en dedicarse a las Escrituras. ¡Esto debería enojar a los '''cristianos'''! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La persona que es honesta sobre su ira hacia Dios (y llega a la verdad sobre ello) caminará por un camino totalmente distinto del prescrito por la fórmula popular. El corazón creyente y arrepentido no se conformará con una incómoda tregua entre sus sufrimientos pasados y su voluntad actual para sobrellevar algún tipo de relación con un Dios que me abandonó. El corazón creyente encontrará verdad, alegría, esperanza y un amor indescriptible. El corazón creyente encontrará a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mentira nº 3: La ira conmigo mismo es mi mayor problema'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos de los problemas que acabamos de discutir reaparecen en ideas actuales sobre autojustificación. Si estoy enojado conmigo mismo y esto es un fenómeno bastante común, el saber actual argumenta que principalmente tengo que perdonarme a mí mismo . Dos verdades típicamente pensadas para pasar de la ira con uno mismo a auto-perdonarse son: primero, “Dios no creó basura y ya que Él me creó yo debo valer algo&amp;quot;. Segundo, &amp;quot;Jesús pensó que yo era tan valioso que Él me amó y vino para morir por mí&amp;quot;. En los cimientos de estas afirmaciones puedo sentirme bien conmigo mismo y ver mis fracasos de una manera más tolerante. ¿Resultado final? “Me perdono” en lugar de enojarme conmigo mismo . Para muchas personas suena convincente pero es totalmente erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué se enojan las personas consigo mismas? En primer lugar, siempre que no han logrado estar a la altura de algo. Eso es lo que es la ira, un criterio contrario que se percibe injusto. Ese criterio puede ser falaz: necesitar una casa como las de revistas como House Beautiful, conseguir directamente la máxima puntuación, poder complacer a unos padres insatisfechos, tener un tiempo de estudio tranquilo. O puede que el criterio sea certero: cometer adulterio, abortar, holgazanería. En cualquier caso, hay algo por lo que creo que debo estar al nivel. Y quiero estar al nivel, pero fracaso. Ese es el primer peldaño hacia mi autocomprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, la ira siempre conlleva un juez porque éstos son los que emiten juicios. En las metáforas del Antiguo Testamento algo puede ser desagradable tanto “a mis ojos”, “a tus ojos” como “a ojos del Señor”. ¿Qué ojos están juzgando cuando me enojo conmigo mismo? Los míos. Yo evalúo y mi juicio es final. Por eso los que se odian así mismos nunca están satisfechos del todo con la ayuda bien intencionada para que crean en el perdón de Dios por medio de Cristo. Puede que &amp;quot;ya crean&amp;quot; que Dios les ha perdonado por el caos del aborto pero eso no basta: &amp;quot;no puedo ''perdonarme''&amp;quot;. Y mis ojos son de suma importancia, más importantes que los de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Merece la pena indicar que las personas que suelen “no perdonarse a ellas mismas” atienden tanto a sus ojos como a los de los demás. Quiero que mi casa luzca impecable para agradarme a mí misma (entonces me desagrado cuando no lo logro) y para agradar o impresionar a mi madre y a mis vecinos. Cuando mi casa está desordenada me aborrezco. He fracasado en cada intento sin lograr agradarme ni a mí ni a los demás. O puede que tenga un criterio certero (aborto) pero los ojos equivocados. Ante mis ojos no “puedo perdonarme” por haber abortado. ¿Cómo pude ''yo'' haber hecho eso? ''Tengo'' que compensarlo o ''tengo'' que sufrir por ello. Esto es autojustificación extrema en cada parte de la operación interpersonal: soy a la vez juez, criminal, salvador y no conozco nada sobre la justicia de Cristo que hace que el Nuevo Testamento cante de alegría. De manera típica, los ojos de los demás juegan otra vez un papel paralelo a mis propios ojos: me avergüenza que alguien sepa lo del aborto; tienen que pensar lo peor de mí. La Biblia califica esto de temor al hombre, substituir el temor al Señor por la opinión de los demás. Los ojos para los que viven los que se odian así mismos son a menudo un compuesto de lo que la Biblia llama orgullo y temor al hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, cuando establezco el criterio y los ojos que me juzgan, también estoy creando mi definición de “salvador”. Para compensar mi fracaso y cumplir con mi propio criterio (o el de otros) puede que tenga que esforzarme y preocuparme por alcanzar la perfección. Limpio la casa el doble; abro las puertas de mi casa a madres solteras y trabajo en el ministerio pro-vida de manera compulsiva. Pero no funciona. La casa continúa desordenada sin importar lo bien que lo haga; el aborto aún ensucia mi pasado. Decido que quiero seguir ejerciendo el papel de mi propio salvador reconstruyendo un historial perfecto que (ojalá yo pudiera hacerlo) haría que todo fuese mejor; pero fracaso por lo que los que se odian así mismos siempre tienen la última palabra. Vuelvo a impartir mi propio castigo sin fin representando el papel de juez y cordero sacrificado todo en uno. Me hostigo mentalmente; no dejo de darle vueltas a los remordimientos, las recriminaciones conmigo mismo, odio hacia mí, acusándome sin piedad por mis transgresiones (imaginarias o reales). Estoy enojado conmigo mismo; no puedo perdonarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un consejo bíblico debe dirigirse a estas personas abarcando esos tres puntos: criterios, “ojos” y salvadores. Viven en una total falsificación de la realidad bíblica por lo que viven así de confundidos e infelices. Sólo la verdad puede traerles sabiduría y felicidad. Su objetivo como consejero es redefinir la realidad en la que viven, plantearles cómo se puede transformar la vida mediante la renovación de la mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero, descubra si los criterios que alguien emplea para juzgarse son los de Dios, los suyos o los que ha tomado prestado de otros (como los de mamá o los vecinos). Algunas veces estos criterios estarán definidos y muchas otras tergiversados y podrán ser enfrentados y transformados a la luz de la verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, ¿qué ojos son los sumamente importantes? ¿Qué aprobación importa? Vivir para mis propios ojos es sustituir a Dios en mi consciencia; es un acto de orgullo. Vivir para los ojos de los demás, para su aprobación, es sustituir su evaluación por la de Dios; es un acto de temor al hombre. Vivir ante los ojos de Dios es el comienzo de la sabiduría, por esto el que se odia así mismo y se da cuenta de ello, se despierta a la realidad. Es consciente de sus pecados y nunca duda de su verdadera necesidad de perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, ¿quién es el salvador propuesto a partir de todo este caos y sufrimiento? ¿La persona espera encontrar un modo de perfeccionarse mediante sus propios esfuerzos? ¿Se castiga así misma por la culpabilidad ante los fallos que ve? Jesucristo es el único que perfecciona, Él es el único que puede cargar con la culpa. Él puede perdonar la multitud de pecados que existen: transgresiones serias (adulterio, aborto, holgazanería), la confianza y fe en referentes falsos (House Beautiful), la elección de vivir ante otros ojos que no son los de Dios (los míos o los de mi mamá) y la búsqueda de una justificación alcanzada por uno mismo como un falso salvador. Jesús da la justificación verdadera, Su propia vida perfecta, a las personas que pecan. Él da un perdón real, Su perfecto sacrificio de sí mismo para cargar con nuestra culpa, a las personas que pecan. Él da un poder que mora en nuestro interior, Su Espíritu Santo, para renovar nuestras mentes, darnos gozo y cambiarnos. Qué alivio comparado con la angustiosa auto-absorción de los esquemas para perdonarse uno mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que se odian a ellos mismos verán cómo se resuelven sus problemas mientras que trabajan en esto. No existen cabos sueltos en la verdad de amor de Dios. Vivir para House Beautiful se perderá en lo más hondo como un nervioso y mezquino ladronzuelo del que Dios me ha liberado con sumo gusto. El aborto fue realmente perdonado no porque yo lo enmendase o me castigase a mí misma sino porque Jesús amó a un pecador. El orgullo y el temor al hombre que me llevaron a mí y a otras personas al banquillo de los acusados ahora son reemplazados por el temor del Señor que es el comienzo de la sabiduría. El perfeccionamiento legalista de mi esfuerzo por tener éxito y el auto-castigo de mi ira por sí misma son reemplazados por gratitud por la gracia de Dios. Caso cerrado, no más “enojado conmigo mismo” ni tampoco un tufillo de “tengo que perdonarme&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto, dése cuenta de cómo un análisis falso (¿enojado consigo mismo? Perdónese), lo lleva a un falso evangelio igual que cuando nos planteamos enojarnos contra Dios. En el guión bíblico no hay alusión a “usted es así de valioso gracias a la creación y el amor de Jesús muestra lo valioso que es, por lo que puede sentirse bien consigo mismo&amp;quot;. La verdad es que la creación y la redención no nos dan muchas razones para sentirnos bien con nosotros mismos. Nuestra creación fue a la imagen del Dios de la gloria y aún así mire cuánto hemos caído: &amp;quot;el corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldad y hay locura en su corazón toda su vida” . Una mirada honesta a nuestra gloria en la creación “para que toda boca se calle… por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Romanos 3). De igual manera, nuestra redención se consiguió de una manera que manifiesta completamente lo malos e incapaces que somos. El único Hombre valioso y bueno murió voluntariamente por enemigos pecadores, débiles e impíos. ¡Tales datos apenas ofrecen una razón para una confiada aprobación y perdón de uno mismo! La gracia, por definición, arruina la autoestima. El evangelio bíblico nos dirige hacia el valor de Jesucristo quien redimió a los indignos y condenados merecidamente. Cuánto mejor es este evangelio verdadero que establece nuestra necesidad de ser perdonados por ''Dios'' (no por nosotros mismos) y nos perdona completa y gratuitamente. Las personas que abrazan la gracia de Dios se vuelven realmente felices sin necesidad de apoyos para su débil concepto de sí mismas. Un auto-conocimiento bíblico y definido destruye la supuesta necesidad de autoestima; da lugar a las únicas personas de la tierra con razones para estar confiados conforme abordan la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La idea de perdonarse para solucionar la ira con uno mismo complace un pecado básico: mantiene a las personas viviendo ante los ojos equivocados, los suyos. &amp;quot;Estoy enojado conmigo mismo, necesito perdonarme&amp;quot;. Ese armario psicológico sin aire no es en absoluto el mundo real en el que la Biblia nos libera para vivir. Por ejemplo, en 1ª de Corintios 4:3-5 Pablo dice que no le importa lo que otros piensen de él: “En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por vosotros, o por cualquier tribunal humano”. No vive para los ojos de los demás luego dice que no le importa lo que él piensa de sí mismo: “de hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque no estoy consciente de nada en contra mía; mas no por eso estoy sin culpa&amp;quot;. No vive para sus propios ojos. Finalmente dice: “pues el que me juzga es el Señor”, y continúa hablando de lo que significa vivir ante los ojos de Dios. La opinión de mí mismo (“consciencia”) y la que usted tiene sobre mí (“reputación”) no importa a menos que concuerden con la opinión que Dios tiene de mí. Son muy valiosas cuando permanecen en su lugar, son tiranas cuando ocupan el trono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ira de por sí, como la ira contra Dios, llega a resolverse de manera rica y satisfactoria cuando se entiende correctamente y cuando el Evangelio se impone. Las falsificaciones que a menudo se les ofrecen a personas con problemas son suficientes para hacer que los cristianos lloren con ira y profundo pesar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un camino fuera de la ira'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vayamos ahora hacia una dirección positiva. ¿Cómo podemos aplicar la enseñanza bíblica sobre la ira para que nos ayude a cambiar? Esa es la pregunta con premio. Todo lo que hemos considerado hasta ahora puede resumirse en ocho preguntas muy prácticas. Las primeras cuatro preguntas ayudan a evaluar la ira, las cuatro segundas conducen a una solución .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permítanme que utilice como ejemplo una sencilla situación que nos incita a muchos (¿a todos?) a enojarnos. Usted se encuentra en un embotellamiento y llega tarde a una cita importante. Quedan cinco minutos para las doce y la cita es a las doce en punto. Se encuentra atrapado en la autopista a diez millas, en un atasco que no ha avanzado durante veinte minutos y no parece dar señas de desatascarse. ¿Una reacción habitual? ''Usted'' gruñe de ira, de frustración, disgusto, consternación, desdicha, tensión. Cuando ocurra así, hágase estas preguntas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 1: ¿Cuál es la situación?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es fácil. ¿Qué situación es la causante? La ira es provocada, tiene un gatillo, sucede por razones específicas de lugar y tiempo. ¿Qué le está ocurriendo? “No fui tentado a la ira hasta que me quedé atrapado en el embotellamiento y el tic-tac del reloj se movía hacia las 12 y sabía que llegaba tarde a la cita&amp;quot;. La importancia de la situación incluye al Departamento de Transporte que decide hacer obras en la carretera en ese preciso momento, el tráfico, el tiempo, la cita, la posible reacción de la persona que está esperando y así sucesivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 2: ¿Cómo reacciono?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta también es relativamente sencilla. Está destinada a ayudarle a identificar modos específicos en los que usted manifiesta esa ira pecaminosa. ¿Qué está pasando por sus pensamientos? Mentalmente está maldiciendo al Departamento de Transportes. Agota ansiosamente posibles guiones mentales para excusarse con esa persona; la estoy dejando plantada. Quizás se auto-recrimine: “¿Por qué no salí antes o tomé un camino diferente o escuché en la radio el informe sobre el tráfico? ¿Y si la persona que tengo que ver se disgusta conmigo?&amp;quot; ¿Dónde está Dios aquí? Puede que haya maldecido apelando a Su ira para atender mis frustraciones. Puede que haya tenido un pensamiento fugaz “tendría que... o no debería…”, pero eso no ralentiza el tren fugitivo. Puede que haya tenido pensamientos iracundos sobre Dios: &amp;quot;el cristianismo no funciona. Dios es una broma, ¿para qué sirve?&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuerpo y sentimientos? Me siento enojado, irritado, caliente. Cuánto más estoy aquí sentado, más siento el humo saliendo por mis orejas. Me siento tenso, la parte posterior del cuello se tensa, el estómago se revuelve, ansiedad por faltar a la cita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Acciones? Acercarme sigilosamente al paragolpes frontal y que nadie aparezca por los lados. Le doy un puñetazo al tablero de mandos. Gruñidos, suspiros, bufidos. Descargo mi indignación “¡No me lo puedo creer!” ¡Esto es ridículo! “De todos los…” Enciende y apaga la radio con agresividad. Una palabra o gesto grosero. Conduce como un maníaco una vez que el tráfico se despeja. Un semi-coherente arrebato de ira y excusas cuando al final llega a la cita. Este guiso de ira (y algo de miedo) es una reacción humana clásica del “fruto de la carne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pregunta nº 3: ¿Cuáles son los motivos?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estoy gruñendo y quejándome por lo que algún conjunto de deseos y falsas creencias deben estar dirigiéndome. Hágase preguntas básicas: ¿Qué es lo que realmente deseo? ¿En qué creo realmente? La ira sale de mi corazón, la situación no la provoca . Aquí tiene algunos posibles gobernadores del corazón:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Quiero llegar a donde quiero cuando yo quiera llegar allí&amp;quot;. Esto es puro orgullo.&lt;br /&gt;
•“¿Qué va a pensar la gente de mí? Ya llegué tarde en otra ocasión&amp;quot;. Temor al hombre.&lt;br /&gt;
•“Quiero y necesito el dinero que estoy seguro que esta venta va a producir” (o la cura que el doctor estaba seguro de dar o el amor que esa persona iba a darme de seguro o…) Múltiples antojos (“Yo quiero”) y falsas creencias (“Yo necesito”) respecto al dinero, medicina, amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estos antojos (clásicos “deseos de la carne”) y las falsas creencias gobiernan mi vida, producen ira pecaminosa. Si Dios gobernase mi vida, estos afectos naturales estarían subordinados. Podría sentir alguna desilusión pero no estaría luchando por mantenerme a flote en la ciénaga.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 13:47:28 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Anger_Part_2:_Three_Lies_about_Anger_and_the_Transforming_Truth/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>How to Deal with Anger/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/How_to_Deal_with_Anger/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Cómo tratar con la ira}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tuviera que clasificar en una lista los pecados desde el más hasta el menos destructivo, las dos primeras posiciones las ocuparían la ira y la mentira...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No todo el mundo es alcohólico, no todo el mundo roba, maldice o comete adulterio. Sin embargo, '''''todo el mundo tiene problemas con la ira'''''. Es un problema universal. Lo he visto en los caníbales primitivos de Irian Jaya, en personas analfabetas de pequeñas aldeas en las selvas profundas de la República Democrática del Congo, en mis amigos cuando jugábamos de pequeños, en mis padres, en los miembros de la iglesia, en las personas del gobierno. Y sí, en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no puede decidir enojarse. Usted puede tomar medidas elaboradas para prevenirlo; pero tarde o temprano, la ira bajo su piel es disparada por un recuerdo, el comportamiento de alguien, una conversación, una llamada telefónica o una carta. Puede hacer que su corazón se acelere, hacerlo sudar, tensar sus músculos, revolverle el estómago, cambiar su manera de pensar, dictaminar su reacción y disparar palabras de su boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece existir un consenso universal acerca de que a la ira hay que domesticarla. Aun así hay un amplio desacuerdo sobre la causa y el remedio…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Una percepción equivocada de la ira'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente frase resume lo que dicen casi todos cuando acuden a mi consultorio con un problema de ira: “mi ira es una respuesta normal y justificada por el modo en el que me trataron”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rara vez se pregunta uno sobre la posibilidad de que la ira sea un pecado en el corazón. Esa palabra casi ha desaparecido de su vocabulario y en su lugar, las personas confiesan que son infelices, están tensas, tienen ansiedad, están preocupadas, decepcionadas, incomprendidas, recelosas, no se sienten queridas o están bajo extrema presión. Las palabras de moda son '''''estresado''''' y '''''quemado'''''…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''Qué dice la Biblia sobre la ira'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayoría de las personas que buscan consejo argumentarán que tiene derecho a enojarse. “¿Puede culparme ante estas circunstancias?” Esa será su sólida defensa... Pero mientras que argumentan en defensa de su ira, no verán la necesidad ni tendrán el deseo de cambiar, y por tanto, de ser liberados de la infelicidad que conlleva la ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los versículos más citados de la Biblia es este: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Todas las personas a las que aconsejo confiesan que este versículo quiere decir que su ira no es pecado. No obstante, hay una parte de este versículo que no se puede rebatir: si quiere diga que su ira está justificada, pero libérese de ella antes de la puesta de sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo cinco versículos por debajo de “Airaos, pero no pequéis”, se nos declara manifiestamente que podemos quitar de nosotros la ira (véase Efesios 4:31). Gálatas 5:16 dice claramente que las personas que andan por el Espíritu no tienen que luchar contra la ira, que es un deseo de la carne. No existe remedio humano, sólo Dios puede limpiar su corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea otros consejos bíblicos que existen para controlar la ira: &lt;br /&gt;
•“Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios&amp;quot; (Santiago 1:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagare”, dice el Señor” (Romanos 12:19).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efesios 4:31).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo (Salmo 37:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Mejor es el fin de un asunto que su comienzo; mejor es la paciencia de espíritu que la altivez de espíritu (Eclesiastés 7:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para mí está claro que la Biblia nos está diciendo que Dios espera de nosotros que abordemos nuestros problemas con Su amor en nuestros corazones. Siga leyendo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mateo 5:44).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Maridos, amad a vuestras mujeres (…)” (Efesios 5:25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos” (Tito 2:4).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“(…) Amad a los hermanos (…)” (1 Pedro 2:17).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos (...)&amp;quot; (1 Tesalonicenses 3:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:35,38-39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de Jesús hacia los pecadores cuando lo crucificaron entre dos criminales fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la pregunta más difícil es: ¿cómo un ser humano que naturalmente responde con ira ante las circunstancias de la vida puede cambiar para responder con amor? Hablando en términos humanos, tenemos que admitir que este consejo bíblico es imposible de alcanzar. Todos sabemos que reprimir o tragarse la ira no es la solución. Reprimir la ira puede arruinar su salud y torcer el pensamiento. Usted sería como una bomba andante programada para explotar con cualquier provocación externa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia ofrece una solución radical: “Apártelo. Deténgalo&amp;quot;. Esto es humanamente imposible. Sí, necesita de un milagro. Necesita ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los pasos para cambiar'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 1: Reconocer que la ira es pecado'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prescripción bíblica para tratar con la ira destructiva es precisa y sólida. Disputas, malicia, enemistades, ira, enojos, disensiones y pleitos son obras de la carne, de la naturaleza carnal (véase Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Estos son pecado y eso es una buena noticia porque para el pecado existe una solución divina. Dios promete ayudarle; tratar con el pecado es Su especialidad. “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sencillo paso que ofrece una fuente de fuerza para &amp;quot;detener&amp;quot; las reacciones de la ira es invitar a Jesús a entrar en su vida. Incluso así, muchas personas inteligentes y capaces pasan por momentos muy duros para aceptar el hecho de que necesitan ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Puedo controlar mi ira. ¿No basta con eso?” Ciertamente evita que explote. No obstante, solamente Dios puede ayudarle a detenerla. Dado que la ira es pecado, usted necesita un Salvador que le limpie de sus pecados: &amp;quot;Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad&amp;quot; (1 Juan 1:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 2: Reemplace la ira por sentimientos de Dios'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando usted tiene un corazón que ha sido limpiado y perdonado, puede pedirle a Dios que el poder del Espíritu Santo produzca los frutos del Espíritu en su vida (véase Gálatas 5:22-23):&lt;br /&gt;
•Amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Gozo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Paz&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Paciencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Benignidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Bondad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Fidelidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Mansedumbre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Dominio propio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todo el mundo, seguirá teniendo problemas y personas difíciles e injusticias a las que enfrentarse. Puede que aún tenga que volver a tomar energía, estar alerta y ser alentado para corregir lo que necesita corregir. Pero un Cristiano sabe que una persona llena de la energía del Espíritu Santo con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio cuenta con la fuerza necesaria para vencer las palabras amargas y sarcásticas, la ansiedad, las tensiones del cuerpo y el comportamiento violento que antes lo caracterizaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Pablo no pudo decirlo mejor: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gálatas 5:16).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El Espíritu de Dios en Uganda'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una sangrienta guerra civil rugió en Uganda. Había escasez de comida, agua, vehículos, gasolina y ropa. Las carreteras tenían baches del tamaño de un carro. Allá donde mirásemos había horribles máquinas de guerra: tanques, camiones, artillería. Teníamos que pasar por frecuentes controles dirigidos por soldados adolescentes y armados. Nos pararon una docena de veces mientras que recorríamos las 25 millas que separan el aeropuerto de Entebbe de la capital, Kampala. En cada control teníamos que abrir nuestras maletas para su inspección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al día siguiente teníamos que viajar a la ciudad de Goma donde estaba planeado que dirigiese un encuentro. Sam, mi conductor, había estado buscando en vano gasolina para nuestro vehículo de un lado a otro. Para cuando Sam me dijo que había encontrado algo de gasolina por 30$ el galón, ya llevábamos tres horas de retraso. Necesitábamos quince galones o lo equivalente a 450$.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me cuestioné el viaje. ¿Quién iba a estar esperando a un conferenciante extranjero que llevaba tres horas de retraso? Sam me convenció de que debíamos ir. Fue un viaje lento, lleno de baches y con más controles dirigidos por soldados poco amistosos. Llegamos al lugar del encuentro que estaba repleto de personas. Hacía tanto calor y había tanta humedad que el aire de la sala era casi insoportable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me senté en la plataforma  y miré hacia el público. Sabía que casi todos estaban hambrientos. Iban pobremente vestidos. Sabía que ninguno de los presentes se había puesto delante de un armario lleno de ropa preguntándose qué ponerse. Alguien que nunca se había planteado qué vestir o comer, ¿qué podía decirle a estas personas? Sabía que muchos de ellos habían sufrido la muerte de un familiar. Muchas de sus familias habían sido dispersadas, algunas habían tenido que huir a la selva para evitar ser acribilladas por fuego hostil. Oré en silencio “Señor, no sé que decirle a esta gente. Dios, tienes que ayudarme&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El único pensamiento que vino a mí fue: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que les dije fue que creía que cada uno de ellos podía tener todo lo que quisiera de un don gratuito. El don era el fruto del Espíritu. Estaban disponibles para todos gratuitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un mensaje importante'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del encuentro, un hombre vestido con harapos se me acercó. Me dijo que parecí inseguro acerca de mi mensaje. Me confirmó que el fruto del Espíritu estaba disponible en Uganda pero que había omitido en mi mensaje una condición importante. Me preguntó si podría tomarme un tiempo para ir a su casa. Él quería contarme su historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras descendíamos por una calle polvorienta bajo el intenso calor, señaló hacia una gran casa con unas cinco o seis habitaciones, en lo alto de las montañas. “Esa era mi casa”, me dijo, “pero los soldados de Idi Amin vinieron un día y la tomaron como cuartel general para su ejército. Mi familia tuvo que huir y hasta hoy se encuentran en la selva. Tenía un Mercedes Benz aparcado delante de mi tienda de ropa. Un día llegaron los soldados y se llevaron mi carro. Después se quedaron con mi tienda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguimos caminando por esa calle polvorienta con chozas de paredes de adobe y techos de paja a cada lado. Llegamos a una de ellas y me indicó que vivía ahí. Entramos: una habitación oscura, el suelo sucio y un cajón en el suelo. Me hizo señas para que me sentase en el cajón. Él se sentó al otro lado del mismo y continuó con la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me senté en mi silla y tuve un ataque de histeria por culpa de los soldados que habían tomado mi carro, mi negocio, mi casa y dispersado a mi familia. Me consumía de odio, amargura e ira”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cuando me obligaron a salir de mi casa, me llevé una silla. También tenía una vaca para la que necesitaba un poco de spray antimosquitos. Cambié mi silla por el spray pero la vaca murió. También tenía una cabra y la cambié por semillas para plantar un huerto pero no llovió por lo que mi huerto se malogró. Ahora no tengo ni carro, ni negocio, ni casa, ni familia, ni silla, ni vaca, ni cabra ni huerto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Un día mientras estaba sentado en este cajón y recordaba todo esto, pensaba que iba a estallar de odio y de rencor. En medio de esta situación, un hombre llegó a mi puerta. Me dijo que era misionero y que había venido para decirme que Dios me amaba. Eso es todo lo que escuché. ¿Que Dios me ama? Estallé. ¿Sabe lo que me ha ocurrido?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Furioso, agarré a ese hombre y lo eché fuera de mi casa. ¡Dios me ama! ¡Estaba tan enojado que apenas podía contenerme a mí mismo! Para mi sorpresa, el hombre se levantó y volvió a entrar. Me asusté por su osadía. Me dijo que había venido para hablarme de Jesús y que quería continuar. Me dijo: Dios le ama tanto que entregó a Su único Hijo para morir por usted. Si se lo pide, entrará en su vida y cambiará su corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Estaba furioso! Entonces de repente, lo que este hombre dijo me dio algo de esperanza. Yo necesitaba algo, así que le pedí a Jesús que entrase en mi vida justo en ese instante. Lo hizo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ahora viene la parte de mi historia que tiene que ver con su mensaje. Le dije que omitió algo. Cuando le pedí a Jesús que entrase en mi vida, aún podía ver mi hogar ocupado, los soldados manejando mi Mercedes Benz, mi negocio arruinado, mi familia dispersa, sin huerto y preguntándome cómo sobrevivir. Mi corazón aún estaba lleno de rencor hacia esos soldados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me leyó un versículo de la Biblia para los Hijos de Dios: &amp;quot;Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones” (Mateo 6:14,15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Un rayo de luz en una total oscuridad! Necesitaba perdonar a esos soldados. Necesitaba amarlos. De repente, quería amarlos. Abrí mi corazón y eché todo el odio, ira y amargura que había almacenado ahí. Lo único que quería era el fruto del espíritu en mi corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Usted tiene razón&amp;quot;, me dijo. &amp;quot;Podemos tener todo lo que queramos gratuitamente. Pero usted tiene que cumplir con las condiciones de Dios. Usted tiene que perdonar las  transgresiones de los hombres&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me dijo que era el hombre más rico de Uganda. Había sido liberado de la insoportable carga del pecado (odio, ira, amargura) y ahora se deleitaba en la ilimitada riqueza del fruto del Espíritu que solamente Dios puede dar. Mientras nos separábamos, le prometí que compartiría su historia con los demás…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un plan para el arrepentimiento'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
...Arrepentirse por un pecado de ira es raro. Jesús explicó por qué: &amp;quot;Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas” (Juan 3:19-20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las personas inteligentes, que no se arrepienten creen que pueden justificar su ira porque Dios se enoja. Por eso peinan los Evangelios para encontrar una sola prueba de que Jesús se enojó. El término “indignación justa” sólo esclarece aún menos el asunto.&lt;br /&gt;
Quizás, el 95% de la ira de cualquier persona es por un pecado evidente y viejo, y todos lo sabemos. La ira aflige a cualquiera. Simplemente deberíamos enfrentarlo y aceptar la oferta de Jesús: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11-28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Este artículo es una adaptación de un capítulo de &amp;quot;The Word for the Wise&amp;quot; por Henry Brandt, Ph.D. y Kerry L. Skinner (Nashville: Broadman &amp;amp; Holman Publishers, 1995). Utilizado con permiso.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 11:37:26 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:How_to_Deal_with_Anger/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>How to Deal with Anger/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/How_to_Deal_with_Anger/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Cómo tratar con la ira}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tuviera que clasificar en una lista los pecados desde el más hasta el menos destructivo, las dos primeras posiciones las ocuparían la ira y la mentira...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No todo el mundo es alcohólico, no todo el mundo roba, maldice o comete adulterio. Sin embargo, '''''todo el mundo tiene problemas con la ira'''''. Es un problema universal. Lo he visto en los caníbales primitivos de Irian Jaya, en personas analfabetas de pequeñas aldeas en las selvas profundas de la República Democrática del Congo, en mis amigos cuando jugábamos de pequeños, en mis padres, en los miembros de la iglesia, en las personas del gobierno. Y sí, en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no puede decidir enojarse. Usted puede tomar medidas elaboradas para prevenirlo; pero tarde o temprano, la ira bajo su piel es disparada por un recuerdo, el comportamiento de alguien, una conversación, una llamada telefónica o una carta. Puede hacer que su corazón se acelere, hacerlo sudar, tensar sus músculos, revolverle el estómago, cambiar su manera de pensar, dictaminar su reacción y disparar palabras de su boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece existir un consenso universal acerca de que a la ira hay que domesticarla. Aun así hay un amplio desacuerdo sobre la causa y el remedio…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Una percepción equivocada de la ira'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente frase resume lo que dicen casi todos cuando acuden a mi consultorio con un problema de ira: “mi ira es una respuesta normal y justificada por el modo en el que me trataron”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rara vez se pregunta uno sobre la posibilidad de que la ira sea un pecado en el corazón. Esa palabra casi ha desaparecido de su vocabulario y en su lugar, las personas confiesan que son infelices, están tensas, tienen ansiedad, están preocupadas, decepcionadas, incomprendidas, recelosas, no se sienten queridas o están bajo extrema presión. Las palabras de moda son '''''estresado''''' y '''''quemado'''''…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''Qué dice la Biblia sobre la ira'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayoría de las personas que buscan consejo argumentarán que tiene derecho a enojarse. “¿Puede culparme ante estas circunstancias?” Esa será su sólida defensa... Pero mientras que argumentan en defensa de su ira, no verán la necesidad ni tendrán el deseo de cambiar, y por tanto, de ser liberados de la infelicidad que conlleva la ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los versículos más citados de la Biblia es este: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Todas las personas a las que aconsejo confiesan que este versículo quiere decir que su ira no es pecado. No obstante, hay una parte de este versículo que no se puede rebatir: si quiere diga que su ira está justificada, pero libérese de ella antes de la puesta de sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo cinco versículos por debajo de “Airaos, pero no pequéis”, se nos declara manifiestamente que podemos quitar de nosotros la ira (véase Efesios 4:31). Gálatas 5:16 dice claramente que las personas que andan por el Espíritu no tienen que luchar contra la ira, que es un deseo de la carne. No existe remedio humano, sólo Dios puede limpiar su corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea otros consejos bíblicos que existen para controlar la ira: &lt;br /&gt;
•“Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios&amp;quot; (Santiago 1:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagare”, dice el Señor” (Romanos 12:19).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efesios 4:31).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo (Salmo 37:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Mejor es el fin de un asunto que su comienzo; mejor es la paciencia de espíritu que la altivez de espíritu (Eclesiastés 7:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para mí está claro que la Biblia nos está diciendo que Dios espera de nosotros que abordemos nuestros problemas con Su amor en nuestros corazones. Siga leyendo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mateo 5:44).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Maridos, amad a vuestras mujeres (…)” (Efesios 5:25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos” (Tito 2:4).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“(…) Amad a los hermanos (…)” (1 Pedro 2:17).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos (...)&amp;quot; (1 Tesalonicenses 3:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:35,38-39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de Jesús hacia los pecadores cuando lo crucificaron entre dos criminales fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la pregunta más difícil es: ¿cómo un ser humano que naturalmente responde con ira ante las circunstancias de la vida puede cambiar para responder con amor? Hablando en términos humanos, tenemos que admitir que este consejo bíblico es imposible de alcanzar. Todos sabemos que reprimir o tragarse la ira no es la solución. Reprimir la ira puede arruinar su salud y torcer el pensamiento. Usted sería como una bomba andante programada para explotar con cualquier provocación externa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia ofrece una solución radical: “Apártelo. Deténgalo&amp;quot;. Esto es humanamente imposible. Sí, necesita de un milagro. Necesita ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los pasos para cambiar'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 1: Reconocer que la ira es pecado'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prescripción bíblica para tratar con la ira destructiva es precisa y sólida. Disputas, malicia, enemistades, ira, enojos, disensiones y pleitos son obras de la carne, de la naturaleza carnal (véase Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Estos son pecado y eso es una buena noticia porque para el pecado existe una solución divina. Dios promete ayudarle; tratar con el pecado es Su especialidad. “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sencillo paso que ofrece una fuente de fuerza para &amp;quot;detener&amp;quot; las reacciones de la ira es invitar a Jesús a entrar en su vida. Incluso así, muchas personas inteligentes y capaces pasan por momentos muy duros para aceptar el hecho de que necesitan ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Puedo controlar mi ira. ¿No basta con eso?” Ciertamente evita que explote. No obstante, solamente Dios puede ayudarle a detenerla. Dado que la ira es pecado, usted necesita un Salvador que le limpie de sus pecados: &amp;quot;Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad&amp;quot; (1 Juan 1:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 2: Reemplace la ira por sentimientos de Dios'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando usted tiene un corazón que ha sido limpiado y perdonado, puede pedirle a Dios que el poder del Espíritu Santo produzca los frutos del Espíritu en su vida (véase Gálatas 5:22-23):&lt;br /&gt;
•Amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Gozo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Paz&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Paciencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Benignidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Bondad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Fidelidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Mansedumbre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Dominio propio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todo el mundo, seguirá teniendo problemas y personas difíciles e injusticias a las que enfrentarse. Puede que aún tenga que volver a tomar energía, estar alerta y ser alentado para corregir lo que necesita corregir. Pero un Cristiano sabe que una persona llena de la energía del Espíritu Santo con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio cuenta con la fuerza necesaria para vencer las palabras amargas y sarcásticas, la ansiedad, las tensiones del cuerpo y el comportamiento violento que antes lo caracterizaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Pablo no pudo decirlo mejor: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gálatas 5:16).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El Espíritu de Dios en Uganda'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una sangrienta guerra civil rugió en Uganda. Había escasez de comida, agua, vehículos, gasolina y ropa. Las carreteras tenían baches del tamaño de un carro. Allá donde mirásemos había horribles máquinas de guerra: tanques, camiones, artillería. Teníamos que pasar por frecuentes controles dirigidos por soldados adolescentes y armados. Nos pararon una docena de veces mientras que recorríamos las 25 millas que separan el aeropuerto de Entebbe de la capital, Kampala. En cada control teníamos que abrir nuestras maletas para su inspección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al día siguiente teníamos que viajar a la ciudad de Goma donde estaba planeado que dirigiese un encuentro. Sam, mi conductor, había estado buscando en vano gasolina para nuestro vehículo de un lado a otro. Para cuando Sam me dijo que había encontrado algo de gasolina por 30$ el galón, ya llevábamos tres horas de retraso. Necesitábamos quince galones o lo equivalente a 450$.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me cuestioné el viaje. ¿Quién iba a estar esperando a un conferenciante extranjero que llevaba tres horas de retraso? Sam me convenció de que debíamos ir. Fue un viaje lento, lleno de baches y con más controles dirigidos por soldados poco amistosos. Llegamos al lugar del encuentro que estaba repleto de personas. Hacía tanto calor y había tanta humedad que el aire de la sala era casi insoportable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me senté en la plataforma  y miré hacia el público. Sabía que casi todos estaban hambrientos. Iban pobremente vestidos. Sabía que ninguno de los presentes se había puesto delante de un armario lleno de ropa preguntándose qué ponerse. Alguien que nunca se había planteado qué vestir o comer, ¿qué podía decirle a estas personas? Sabía que muchos de ellos habían sufrido la muerte de un familiar. Muchas de sus familias habían sido dispersadas, algunas habían tenido que huir a la selva para evitar ser acribilladas por fuego hostil. Oré en silencio “Señor, no sé que decirle a esta gente. Dios, tienes que ayudarme&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El único pensamiento que vino a mí fue: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que les dije fue que creía que cada uno de ellos podía tener todo lo que quisiera de un don gratuito. El don era el fruto del Espíritu. Estaban disponibles para todos gratuitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un mensaje importante'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del encuentro, un hombre vestido con harapos se me acercó. Me dijo que parecí inseguro acerca de mi mensaje. Me confirmó que el fruto del Espíritu estaba disponible en Uganda pero que había omitido en mi mensaje una condición importante. Me preguntó si podría tomarme un tiempo para ir a su casa. Él quería contarme su historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras descendíamos por una calle polvorienta bajo el intenso calor, señaló hacia una gran casa con unas cinco o seis habitaciones, en lo alto de las montañas. “Esa era mi casa”, me dijo, “pero los soldados de Idi Amin vinieron un día y la tomaron como cuartel general para su ejército. Mi familia tuvo que huir y hasta hoy se encuentran en la selva. Tenía un Mercedes Benz aparcado delante de mi tienda de ropa. Un día llegaron los soldados y se llevaron mi carro. Después se quedaron con mi tienda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguimos caminando por esa calle polvorienta con chozas de paredes de adobe y techos de paja a cada lado. Llegamos a una de ellas y me indicó que vivía ahí. Entramos: una habitación oscura, el suelo sucio y un cajón en el suelo. Me hizo señas para que me sentase en el cajón. Él se sentó al otro lado del mismo y continuó con la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me senté en mi silla y tuve un ataque de histeria por culpa de los soldados que habían tomado mi carro, mi negocio, mi casa y dispersado a mi familia. Me consumía de odio, amargura e ira”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cuando me obligaron a salir de mi casa, me llevé una silla. También tenía una vaca para la que necesitaba un poco de spray antimosquitos. Cambié mi silla por el spray pero la vaca murió. También tenía una cabra y la cambié por semillas para plantar un huerto pero no llovió por lo que mi huerto se malogró. Ahora no tengo ni carro, ni negocio, ni casa, ni familia, ni silla, ni vaca, ni cabra ni huerto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Un día mientras estaba sentado en este cajón y recordaba todo esto, pensaba que iba a estallar de odio y de rencor. En medio de esta situación, un hombre llegó a mi puerta. Me dijo que era misionero y que había venido para decirme que Dios me amaba. Eso es todo lo que escuché. ¿Que Dios me ama? Estallé. ¿Sabe lo que me ha ocurrido?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Furioso, agarré a ese hombre y lo eché fuera de mi casa. ¡Dios me ama! ¡Estaba tan enojado que apenas podía contenerme a mí mismo! Para mi sorpresa, el hombre se levantó y volvió a entrar. Me asusté por su osadía. Me dijo que había venido para hablarme de Jesús y que quería continuar. Me dijo: Dios le ama tanto que entregó a Su único Hijo para morir por usted. Si se lo pide, entrará en su vida y cambiará su corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Estaba furioso! Entonces de repente, lo que este hombre dijo me dio algo de esperanza. Yo necesitaba algo, así que le pedí a Jesús que entrase en mi vida justo en ese instante. Lo hizo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ahora viene la parte de mi historia que tiene que ver con su mensaje. Le dije que omitió algo. Cuando le pedí a Jesús que entrase en mi vida, aún podía ver mi hogar ocupado, los soldados manejando mi Mercedes Benz, mi negocio arruinado, mi familia dispersa, sin huerto y preguntándome cómo sobrevivir. Mi corazón aún estaba lleno de rencor hacia esos soldados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me leyó un versículo de la Biblia para los Hijos de Dios: &amp;quot;Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones” (Mateo 6:14,15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Un rayo de luz en una total oscuridad! Necesitaba perdonar a esos soldados. Necesitaba amarlos. De repente, quería amarlos. Abrí mi corazón y eché todo el odio, ira y amargura que había almacenado ahí. Lo único que quería era el fruto del espíritu en mi corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Usted tiene razón&amp;quot;, me dijo. &amp;quot;Podemos tener todo lo que queramos gratuitamente. Pero usted tiene que cumplir con las condiciones de Dios. Usted tiene que perdonar las  transgresiones de los hombres&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me dijo que era el hombre más rico de Uganda. Había sido liberado de la insoportable carga del pecado (odio, ira, amargura) y ahora se deleitaba en la ilimitada riqueza del fruto del Espíritu que solamente Dios puede dar. Mientras nos separábamos, le prometí que compartiría su historia con los demás…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un plan para el arrepentimiento'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
...Arrepentirse por pecado de ira es raro. Jesús explicó por qué: &amp;quot;Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas” (Juan 3:19-20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las personas inteligentes, que no se arrepienten creen que pueden justificar su ira porque Dios se enoja. Por eso peinan los Evangelios para encontrar una sola prueba de que Jesús se enojó. El término “indignación justa” sólo esclarece aún menos el asunto.&lt;br /&gt;
Quizás, el 95% de la ira de cualquier persona es por un pecado evidente y viejo, y todos lo sabemos. La ira aflige a cualquiera. Simplemente deberíamos enfrentarlo y aceptar la oferta de Jesús: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11-28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Este artículo es una adaptación de un capítulo de &amp;quot;The Word for the Wise&amp;quot; por Henry Brandt, Ph.D. y Kerry L. Skinner (Nashville: Broadman &amp;amp; Holman Publishers, 1995). Utilizado con permiso.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 11:36:50 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:How_to_Deal_with_Anger/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>How to Deal with Anger/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/How_to_Deal_with_Anger/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''&lt;br /&gt;
CÓMO TRATAR CON EL ENOJO'''&lt;br /&gt;
por Henry Brandt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tuviera que clasificar en una lista los pecados desde el más hasta el menos destructivo, las dos primeras posiciones las ocuparían el enojo y la mentira...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No todo el mundo es alcohólico, no todo el mundo roba, maldice o comete adulterio. Sin embargo, '''''todo el mundo tiene problemas con el enojo'''''. Es un problema universal. Lo he visto en los caníbales primitivos de Irian Jaya, en personas analfabetas de pequeñas aldeas en las selvas profundas de la República Democrática del Congo, en mis amigos cuando jugábamos de pequeños, en mis padres, en los miembros de la iglesia, en las personas del gobierno. Y sí, en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no puede decidir enojarse. Usted puede tomar medidas elaboradas para prevenirlo; pero tarde o temprano, la ira bajo su piel es disparada por un recuerdo, el comportamiento de alguien, una conversación, una llamada telefónica o una carta. Puede hacer que su corazón se acelere, hacerlo sudar, tensar sus músculos, revolverle el estómago, cambiar su manera de pensar, dictaminar su reacción y disparar palabras de su boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece existir un consenso universal acerca de que a la ira hay que domesticarla. Aun así hay un amplio desacuerdo sobre la causa y el remedio…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Una percepción equivocada del enojo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente frase resume lo que casi todo el mundo con un problema de enojo dice cuando acude a mi consultorio: “mi enojo es una respuesta normal y justificada por el modo en el que me trataron”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rara vez se pregunta uno sobre la posibilidad de que el enojo sea un pecado en su corazón. Esa palabra casi ha desaparecido de su vocabulario y en su lugar, las personas confiesan que son infelices, están tensas, tienen ansiedad, están preocupadas, decepcionadas, incomprendidas, recelosas, no se sienten queridas o están bajo extrema presión. Las palabras de moda son '''''estresado''''' y '''''quemado'''''…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''Qué dice la Biblia sobre el enojo'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayoría de las personas que buscan consejo argumentarán que tiene derecho a enojarse. “¿Puede culparme ante estas circunstancias?” Esa será su sólida defensa... Pero mientras que argumentan en defensa de su ira, no verán la necesidad ni tendrán el deseo de cambiar y por tanto, de ser liberados de la infelicidad que conlleva el enojo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los versículos más citados de la Biblia es este: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Todas las personas a las que aconsejo confiesan que este versículo quiere decir que su enojo no es pecado. No obstante, hay una parte de este versículo que no se puede rebatir: diga si quiere que su enojo está justificado, pero libérese de él antes de la puesta de sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo cinco versículos por debajo de “Airaos, pero no pequéis”, se nos declara manifiestamente que podemos quitar de nosotros el enojo (véase Efesios 4:31). Gálatas 5:16 dice claramente que las personas que andan por el Espíritu no tienen que luchar contra la ira, que es un deseo de la carne. No existe remedio humano, sólo Dios puede limpiar su corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea otros consejos bíblicos que existen para controlar la ira: &lt;br /&gt;
•“Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios&amp;quot; (Santiago 1:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagare”, dice el Señor” (Romanos 12:19).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efesios 4:31).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo (Salmo 37:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Mejor es el fin de un asunto que su comienzo; mejor es la paciencia de espíritu que la altivez de espíritu (Eclesiastés 7:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para mí está claro que la Biblia nos está diciendo que Dios espera de nosotros que abordemos nuestros problemas con Su amor en nuestros corazones. Siga leyendo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mateo 5:44).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Maridos, amad a vuestras mujeres (…)” (Efesios 5:25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos” (Tito 2:4).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“(…) Amad a los hermanos (…)” (1 Pedro 2:17).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos (...)&amp;quot; (1 Tesalonicenses 3:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:35,38-39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de Jesús hacia los pecadores cuando lo crucificaron entre dos criminales fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la pregunta más difícil es: ¿cómo un ser humano que naturalmente responde con enojo a las circunstancias de la vida puede cambiar para responder con amor? Hablando en términos humanos, tenemos que admitir que este consejo bíblico es imposible de alcanzar. Todos sabemos que reprimir o tragarse el enojo no es la solución. Reprimir el enojo puede arruinar su salud y torcer el pensamiento. Usted sería como una bomba andante programada para explotar con cualquier provocación externa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia ofrece una solución radical: “Apártelo. Deténgalo&amp;quot;. Esto es humanamente imposible. Sí, necesita de un milagro. Necesita ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los pasos para cambiar'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 1: Reconocer que el enojo es pecado'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prescripción bíblica para tratar con el enojo destructivo es precisa y sólida. Disputas, malicia, enemistades, ira, enojos, disensiones y pleitos son obras de la carne, de la naturaleza carnal (véase Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Estos son pecado y eso es una buena noticia porque para el pecado existe una solución divina. Dios promete ayudarle; tratar con el pecado es Su especialidad. “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sencillo paso que ofrece una fuente de fuerza para &amp;quot;detener&amp;quot; las reacciones del enojo es invitar a Jesús a entrar en su vida. Incluso así, muchas personas inteligentes y capaces pasan por momentos muy duros para aceptar el hecho de que necesitan ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Puedo controlar mi ira. ¿No basta con eso?” Ciertamente evita que explote. No obstante, solamente Dios puede ayudarle a detenerla. Dado que la ira es pecado, usted necesita un Salvador que le limpie de sus pecados: &amp;quot;Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad&amp;quot; (1 Juan 1:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 2: Reemplace el enojo por sentimientos de Dios'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando usted tiene un corazón que ha sido limpiado y perdonado, puede pedirle a Dios que el poder del Espíritu Santo produzca los frutos del Espíritu en su vida (véase Gálatas 5:22-23):&lt;br /&gt;
•Amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Gozo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Paz&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Paciencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Benignidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Bondad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Fidelidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Mansedumbre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•Dominio propio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todo el mundo, seguirá teniendo problemas y personas difíciles e injusticias a las que enfrentarse. Puede que aún tenga que volver a tomar energía, estar alerta y ser alentado para corregir lo que necesita corregir. Pero un Cristiano sabe que una persona llena de la energía del Espíritu Santo con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio cuenta con la fuerza necesaria para vencer las palabras amargas y sarcásticas, la ansiedad, las tensiones del cuerpo y el comportamiento violento que antes lo caracterizaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Pablo no pudo decirlo mejor: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gálatas 5:16).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El Espíritu de Dios en Uganda'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una sangrienta guerra civil rugió en Uganda. Había escasez de comida, agua, vehículos, gasolina y ropa. Las carreteras tenían baches del tamaño de un carro. Allá donde mirásemos había horribles máquinas de guerra: tanques, camiones, artillería. Teníamos que pasar por frecuentes controles dirigidos por soldados adolescentes y armados. Nos pararon una docena de veces mientras que recorríamos las 25 millas que separan el aeropuerto de Entebbe de la capital, Kampala. En cada control teníamos que abrir nuestras maletas para su inspección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al día siguiente teníamos que viajar a la ciudad de Goma donde estaba planeado que dirigiese un encuentro. Sam, mi conductor, había estado buscando en vano gasolina para nuestro vehículo de un lado a otro. Para cuando Sam me dijo que había encontrado algo de gasolina por 30$ el galón, ya llevábamos tres horas de retraso. Necesitábamos quince galones o lo equivalente a 450$.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me cuestioné el viaje. ¿Quién iba a estar esperando a un conferenciante extranjero que llevaba tres horas de retraso? Sam me convenció de que debíamos ir. Fue un viaje lento, lleno de baches y con más controles dirigidos por soldados poco amistosos. Llegamos al lugar del encuentro que estaba repleto de personas. Hacía tanto calor y había tanta humedad que el aire de la sala era casi insoportable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me senté en la plataforma  y miré hacia el público. Sabía que casi todos estaban hambrientos. Iban pobremente vestidos. Sabía que ninguno de los presentes se había puesto delante de un armario lleno de ropa preguntándose qué ponerse. Alguien que nunca se había planteado qué vestir o comer, ¿qué podía decirle a estas personas? Sabía que muchos de ellos habían sufrido la muerte de un familiar. Muchas de sus familias habían sido dispersadas, algunas habían tenido que huir a la selva para evitar ser acribilladas por fuego hostil. Oré en silencio “Señor, no sé que decirle a esta gente. Dios, tienes que ayudarme&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El único pensamiento que vino a mí fue: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que les dije fue que creía que cada uno de ellos podía tener todo lo que quisiera de un don gratuito. El don era el fruto del Espíritu. Estaban disponibles para todos gratuitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un mensaje importante'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del encuentro, un hombre vestido con harapos se me acercó. Me dijo que parecí inseguro acerca de mi mensaje. Me confirmó que el fruto del Espíritu estaba disponible en Uganda pero que había omitido en mi mensaje una condición importante. Me preguntó si podría tomarme un tiempo para ir a su casa. Él quería contarme su historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras descendíamos por una calle polvorienta bajo el intenso calor, señaló hacia una gran casa con unas cinco o seis habitaciones, en lo alto de las montañas. “Esa era mi casa”, me dijo, “pero los soldados de Idi Amin vinieron un día y la tomaron como cuartel general para su ejército. Mi familia tuvo que huir y hasta hoy se encuentran en la selva. Tenía un Mercedes Benz aparcado delante de mi tienda de ropa. Un día llegaron los soldados y se llevaron mi carro. Después se quedaron con mi tienda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguimos caminando por esa calle polvorienta con chozas de paredes de adobe y techos de paja a cada lado. Llegamos a una de ellas y me indicó que vivía ahí. Entramos: una habitación oscura, el suelo sucio y un cajón en el suelo. Me hizo señas para que me sentase en el cajón. Él se sentó al otro lado del mismo y continuó con la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me senté en mi silla y tuve un ataque de histeria por culpa de los soldados que habían tomado mi carro, mi negocio, mi casa y dispersado a mi familia. Me consumía de odio, amargura e ira”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cuando me obligaron a salir de mi casa, me llevé una silla. También tenía una vaca para la que necesitaba un poco de spray antimosquitos. Cambié mi silla por el spray pero la vaca murió. También tenía una cabra y la cambié por semillas para plantar un huerto pero no llovió por lo que mi huerto se malogró. Ahora no tengo ni carro, ni negocio, ni casa, ni familia, ni silla, ni vaca, ni cabra ni huerto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Un día mientras estaba sentado en este cajón y recordaba todo esto, pensaba que iba a estallar de odio y de rencor. En medio de esta situación, un hombre llegó a mi puerta. Me dijo que era misionero y que había venido para decirme que Dios me amaba. Eso es todo lo que escuché. ¿Que Dios me ama? Estallé. ¿Sabe lo que me ha ocurrido?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Furioso, agarré a ese hombre y lo eché fuera de mi casa. ¡Dios me ama! ¡Estaba tan enojado que apenas podía contenerme a mí mismo! Para mi sorpresa, el hombre se levantó y volvió a entrar. Me asusté por su osadía. Me dijo que había venido para hablarme de Jesús y que quería continuar. Me dijo: Dios le ama tanto que entregó a Su único Hijo para morir por usted. Si se lo pide, entrará en su vida y cambiará su corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Estaba furioso! Entonces de repente, lo que este hombre dijo me dio algo de esperanza. Yo necesitaba algo, así que le pedí a Jesús que entrase en mi vida justo en ese instante. Lo hizo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ahora viene la parte de mi historia que tiene que ver con su mensaje. Le dije que omitió algo. Cuando le pedí a Jesús que entrase en mi vida, aún podía ver mi hogar ocupado, los soldados manejando mi Mercedes Benz, mi negocio arruinado, mi familia dispersa, sin huerto y preguntándome cómo sobrevivir. Mi corazón aún estaba lleno de rencor hacia esos soldados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me leyó un versículo de la Biblia para los Hijos de Dios: &amp;quot;Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones” (Mateo 6:14,15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Un rayo de luz en una total oscuridad! Necesitaba perdonar a esos soldados. Necesitaba amarlos. De repente, quería amarlos. Abrí mi corazón y eché todo el odio, ira y amargura que había almacenado ahí. Lo único que quería era el fruto del espíritu en mi corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Usted tiene razón&amp;quot;, me dijo. &amp;quot;Podemos tener todo lo que queramos gratuitamente. Pero usted tiene que cumplir con las condiciones de Dios. Usted tiene que perdonar las  transgresiones de los hombres&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me dijo que era el hombre más rico de Uganda. Había sido liberado de la insoportable carga del pecado (odio, ira, amargura) y ahora se deleitaba en la ilimitada riqueza del fruto del Espíritu que solamente Dios puede dar. Mientras nos separábamos, le prometí que compartiría su historia con los demás…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un plan para el arrepentimiento'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
…Arrepentirse por pecado de enojo es raro. Jesús explicó por qué: &amp;quot;Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas” (Juan 3:19-20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las personas inteligentes, que no se arrepienten creen que pueden justificar su enojo porque Dios se enoja. Por eso peinan los Evangelios para encontrar una sola prueba de que Jesús se enojó. El término “indignación justa” no esclarece el asunto.&lt;br /&gt;
Quizás, el 95% del enojo de cualquier persona es por un pecado evidente y viejo, y todos lo sabemos. El enojo aflige a cualquiera. Simplemente deberíamos enfrentarlo y aceptar la oferta de Jesús: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11-28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Este artículo es una adaptación de un capítulo de &amp;quot;The Word for the Wise&amp;quot; por Henry Brandt, Ph.D. y Kerry L. Skinner (Nashville: Broadman &amp;amp; Holman Publishers, 1995). Utilizado con permiso.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 17:08:43 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:How_to_Deal_with_Anger/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>How to Deal with Anger/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/How_to_Deal_with_Anger/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''&lt;br /&gt;
CÓMO TRATAR CON EL ENOJO'''&lt;br /&gt;
por Henry Brandt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tuviera que clasificar en una lista los pecados desde el más hasta el menos destructivo, las dos primeras posiciones las ocuparían el enojo y la mentira...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No todo el mundo es alcohólico, no todo el mundo roba, maldice o comete adulterio. Sin embargo, '''''todo el mundo tiene problemas con el enojo'''''. Es un problema universal. Lo he visto en los caníbales primitivos de Irian Jaya, en personas analfabetas de pequeñas aldeas en las selvas profundas de la República Democrática del Congo, en mis amigos cuando jugábamos de pequeños, en mis padres, en los miembros de la iglesia, en las personas del gobierno. Y sí, en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no puede decidir enojarse. Usted puede tomar medidas elaboradas para prevenirlo; pero tarde o temprano, la ira bajo su piel es disparada por un recuerdo, el comportamiento de alguien, una conversación, una llamada telefónica o una carta. Puede hacer que su corazón se acelere, hacerlo sudar, tensar sus músculos, revolverle el estómago, cambiar su manera de pensar, dictaminar su reacción y disparar palabras de su boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece existir un consenso universal acerca de que a la ira hay que domesticarla. Aun así hay un amplio desacuerdo sobre la causa y el remedio…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Una percepción equivocada del enojo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente frase resume lo que casi todo el mundo con un problema de enojo dice cuando acude a mi consultorio: “mi enojo es una respuesta normal y justificada por el modo en el que me trataron”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rara vez se pregunta uno sobre la posibilidad de que el enojo sea un pecado en su corazón. Esa palabra casi ha desaparecido de su vocabulario y en su lugar, las personas confiesan que son infelices, están tensas, tienen ansiedad, están preocupadas, decepcionadas, incomprendidas, recelosas, no se sienten queridas o están bajo extrema presión. Las palabras de moda son '''''estresado''''' y '''''quemado'''''…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''Qué dice la Biblia sobre el enojo'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayoría de las personas que buscan consejo argumentarán que tiene derecho a enojarse. “¿Puede culparme ante estas circunstancias?” Esa será su sólida defensa... Pero mientras que argumentan en defensa de su ira, no verán la necesidad ni tendrán el deseo de cambiar y por tanto, de ser liberados de la infelicidad que conlleva el enojo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los versículos más citados de la Biblia es este: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Todas las personas a las que aconsejo confiesan que este versículo quiere decir que su enojo no es pecado. No obstante, hay una parte de este versículo que no se puede rebatir: diga si quiere que su enojo está justificado, pero libérese de él antes de la puesta de sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo cinco versículos por debajo de “Airaos, pero no pequéis”, se nos declara manifiestamente que podemos quitar de nosotros el enojo (véase Efesios 4:31). Gálatas 5:16 dice claramente que las personas que andan por el Espíritu no tienen que luchar contra la ira, que es un deseo de la carne. No existe remedio humano, sólo Dios puede limpiar su corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea otros consejos bíblicos que existen para controlar la ira: &lt;br /&gt;
•“Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios&amp;quot; (Santiago 1:20).&lt;br /&gt;
•“Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagare”, dice el Señor” (Romanos 12:19).&lt;br /&gt;
•Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efesios 4:31).&lt;br /&gt;
•Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo (Salmo 37:8).&lt;br /&gt;
•Mejor es el fin de un asunto que su comienzo; mejor es la paciencia de espíritu que la altivez de espíritu (Eclesiastés 7:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para mí está claro que la Biblia nos está diciendo que Dios espera de nosotros que abordemos nuestros problemas con Su amor en nuestros corazones. Siga leyendo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mateo 5:44).&lt;br /&gt;
•“Maridos, amad a vuestras mujeres (…)” (Efesios 5:25).&lt;br /&gt;
•“Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos” (Tito 2:4).&lt;br /&gt;
•“Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).&lt;br /&gt;
•“(…) Amad a los hermanos (…)” (1 Pedro 2:17).&lt;br /&gt;
•“y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos (...)&amp;quot; (1 Tesalonicenses 3:12).&lt;br /&gt;
•“y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).&lt;br /&gt;
•“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:35,38-39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de Jesús hacia los pecadores cuando lo crucificaron entre dos criminales fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la pregunta más difícil es: ¿cómo un ser humano que naturalmente responde con enojo a las circunstancias de la vida puede cambiar para responder con amor? Hablando en términos humanos, tenemos que admitir que este consejo bíblico es imposible de alcanzar. Todos sabemos que reprimir o tragarse el enojo no es la solución. Reprimir el enojo puede arruinar su salud y torcer el pensamiento. Usted sería como una bomba andante programada para explotar con cualquier provocación externa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia ofrece una solución radical: “Apártelo. Deténgalo&amp;quot;. Esto es humanamente imposible. Sí, necesita de un milagro. Necesita ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los pasos para cambiar'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 1: Reconocer que el enojo es pecado'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prescripción bíblica para tratar con el enojo destructivo es precisa y sólida. Disputas, malicia, enemistades, ira, enojos, disensiones y pleitos son obras de la carne, de la naturaleza carnal (véase Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Estos son pecado y eso es una buena noticia porque para el pecado existe una solución divina. Dios promete ayudarle; tratar con el pecado es Su especialidad. “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sencillo paso que ofrece una fuente de fuerza para &amp;quot;detener&amp;quot; las reacciones del enojo es invitar a Jesús a entrar en su vida. Incluso así, muchas personas inteligentes y capaces pasan por momentos muy duros para aceptar el hecho de que necesitan ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Puedo controlar mi ira. ¿No basta con eso?” Ciertamente evita que explote. No obstante, solamente Dios puede ayudarle a detenerla. Dado que la ira es pecado, usted necesita un Salvador que le limpie de sus pecados: &amp;quot;Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad&amp;quot; (1 Juan 1:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 2: Reemplace el enojo por sentimientos de Dios'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando usted tiene un corazón que ha sido limpiado y perdonado, puede pedirle a Dios que el poder del Espíritu Santo produzca los frutos del Espíritu en su vida (véase Gálatas 5:22-23):&lt;br /&gt;
•Amor&lt;br /&gt;
•Gozo&lt;br /&gt;
•Paz&lt;br /&gt;
•Paciencia&lt;br /&gt;
•Benignidad&lt;br /&gt;
•Bondad&lt;br /&gt;
•Fidelidad&lt;br /&gt;
•Mansedumbre&lt;br /&gt;
•Dominio propio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todo el mundo, seguirá teniendo problemas y personas difíciles e injusticias a las que enfrentarse. Puede que aún tenga que volver a tomar energía, estar alerta y ser alentado para corregir lo que necesita corregir. Pero un Cristiano sabe que una persona llena de la energía del Espíritu Santo con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio cuenta con la fuerza necesaria para vencer las palabras amargas y sarcásticas, la ansiedad, las tensiones del cuerpo y el comportamiento violento que antes lo caracterizaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Pablo no pudo decirlo mejor: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gálatas 5:16).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El Espíritu de Dios en Uganda'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una sangrienta guerra civil rugió en Uganda. Había escasez de comida, agua, vehículos, gasolina y ropa. Las carreteras tenían baches del tamaño de un carro. Allá donde mirásemos había horribles máquinas de guerra: tanques, camiones, artillería. Teníamos que pasar por frecuentes controles dirigidos por soldados adolescentes y armados. Nos pararon una docena de veces mientras que recorríamos las 25 millas que separan el aeropuerto de Entebbe de la capital, Kampala. En cada control teníamos que abrir nuestras maletas para su inspección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al día siguiente teníamos que viajar a la ciudad de Goma donde estaba planeado que dirigiese un encuentro. Sam, mi conductor, había estado buscando en vano gasolina para nuestro vehículo de un lado a otro. Para cuando Sam me dijo que había encontrado algo de gasolina por 30$ el galón, ya llevábamos tres horas de retraso. Necesitábamos quince galones o lo equivalente a 450$.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me cuestioné el viaje. ¿Quién iba a estar esperando a un conferenciante extranjero que llevaba tres horas de retraso? Sam me convenció de que debíamos ir. Fue un viaje lento, lleno de baches y con más controles dirigidos por soldados poco amistosos. Llegamos al lugar del encuentro que estaba repleto de personas. Hacía tanto calor y había tanta humedad que el aire de la sala era casi insoportable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me senté en la plataforma  y miré hacia el público. Sabía que casi todos estaban hambrientos. Iban pobremente vestidos. Sabía que ninguno de los presentes se había puesto delante de un armario lleno de ropa preguntándose qué ponerse. Alguien que nunca se había planteado qué vestir o comer, ¿qué podía decirle a estas personas? Sabía que muchos de ellos habían sufrido la muerte de un familiar. Muchas de sus familias habían sido dispersadas, algunas habían tenido que huir a la selva para evitar ser acribilladas por fuego hostil. Oré en silencio “Señor, no sé que decirle a esta gente. Dios, tienes que ayudarme&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El único pensamiento que vino a mí fue: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que les dije fue que creía que cada uno de ellos podía tener todo lo que quisiera de un don gratuito. El don era el fruto del Espíritu. Estaban disponibles para todos gratuitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un mensaje importante'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del encuentro, un hombre vestido con harapos se me acercó. Me dijo que parecí inseguro acerca de mi mensaje. Me confirmó que el fruto del Espíritu estaba disponible en Uganda pero que había omitido en mi mensaje una condición importante. Me preguntó si podría tomarme un tiempo para ir a su casa. Él quería contarme su historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras descendíamos por una calle polvorienta bajo el intenso calor, señaló hacia una gran casa con unas cinco o seis habitaciones, en lo alto de las montañas. “Esa era mi casa”, me dijo, “pero los soldados de Idi Amin vinieron un día y la tomaron como cuartel general para su ejército. Mi familia tuvo que huir y hasta hoy se encuentran en la selva. Tenía un Mercedes Benz aparcado delante de mi tienda de ropa. Un día llegaron los soldados y se llevaron mi carro. Después se quedaron con mi tienda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguimos caminando por esa calle polvorienta con chozas de paredes de adobe y techos de paja a cada lado. Llegamos a una de ellas y me indicó que vivía ahí. Entramos: una habitación oscura, el suelo sucio y un cajón en el suelo. Me hizo señas para que me sentase en el cajón. Él se sentó al otro lado del mismo y continuó con la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me senté en mi silla y tuve un ataque de histeria por culpa de los soldados que habían tomado mi carro, mi negocio, mi casa y dispersado a mi familia. Me consumía de odio, amargura e ira”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cuando me obligaron a salir de mi casa, me llevé una silla. También tenía una vaca para la que necesitaba un poco de spray antimosquitos. Cambié mi silla por el spray pero la vaca murió. También tenía una cabra y la cambié por semillas para plantar un huerto pero no llovió por lo que mi huerto se malogró. Ahora no tengo ni carro, ni negocio, ni casa, ni familia, ni silla, ni vaca, ni cabra ni huerto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Un día mientras estaba sentado en este cajón y recordaba todo esto, pensaba que iba a estallar de odio y de rencor. En medio de esta situación, un hombre llegó a mi puerta. Me dijo que era misionero y que había venido para decirme que Dios me amaba. Eso es todo lo que escuché. ¿Que Dios me ama? Estallé. ¿Sabe lo que me ha ocurrido?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Furioso, agarré a ese hombre y lo eché fuera de mi casa. ¡Dios me ama! ¡Estaba tan enojado que apenas podía contenerme a mí mismo! Para mi sorpresa, el hombre se levantó y volvió a entrar. Me asusté por su osadía. Me dijo que había venido para hablarme de Jesús y que quería continuar. Me dijo: Dios le ama tanto que entregó a Su único Hijo para morir por usted. Si se lo pide, entrará en su vida y cambiará su corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Estaba furioso! Entonces de repente, lo que este hombre dijo me dio algo de esperanza. Yo necesitaba algo, así que le pedí a Jesús que entrase en mi vida justo en ese instante. Lo hizo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ahora viene la parte de mi historia que tiene que ver con su mensaje. Le dije que omitió algo. Cuando le pedí a Jesús que entrase en mi vida, aún podía ver mi hogar ocupado, los soldados manejando mi Mercedes Benz, mi negocio arruinado, mi familia dispersa, sin huerto y preguntándome cómo sobrevivir. Mi corazón aún estaba lleno de rencor hacia esos soldados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me leyó un versículo de la Biblia para los Hijos de Dios: &amp;quot;Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones” (Mateo 6:14,15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Un rayo de luz en una total oscuridad! Necesitaba perdonar a esos soldados. Necesitaba amarlos. De repente, quería amarlos. Abrí mi corazón y eché todo el odio, ira y amargura que había almacenado ahí. Lo único que quería era el fruto del espíritu en mi corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Usted tiene razón&amp;quot;, me dijo. &amp;quot;Podemos tener todo lo que queramos gratuitamente. Pero usted tiene que cumplir con las condiciones de Dios. Usted tiene que perdonar las  transgresiones de los hombres&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me dijo que era el hombre más rico de Uganda. Había sido liberado de la insoportable carga del pecado (odio, ira, amargura) y ahora se deleitaba en la ilimitada riqueza del fruto del Espíritu que solamente Dios puede dar. Mientras nos separábamos, le prometí que compartiría su historia con los demás…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un plan para el arrepentimiento'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
…Arrepentirse por pecado de enojo es raro. Jesús explicó por qué: &amp;quot;Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas” (Juan 3:19-20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las personas inteligentes, que no se arrepienten creen que pueden justificar su enojo porque Dios se enoja. Por eso peinan los Evangelios para encontrar una sola prueba de que Jesús se enojó. El término “indignación justa” no esclarece el asunto.&lt;br /&gt;
Quizás, el 95% del enojo de cualquier persona es por un pecado evidente y viejo, y todos lo sabemos. El enojo aflige a cualquiera. Simplemente deberíamos enfrentarlo y aceptar la oferta de Jesús: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11-28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Este artículo es una adaptación de un capítulo de &amp;quot;The Word for the Wise&amp;quot; por Henry Brandt, Ph.D. y Kerry L. Skinner (Nashville: Broadman &amp;amp; Holman Publishers, 1995). Utilizado con permiso.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 17:07:16 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:How_to_Deal_with_Anger/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>How to Deal with Anger/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/How_to_Deal_with_Anger/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''&lt;br /&gt;
CÓMO TRATAR CON EL ENOJO'''&lt;br /&gt;
por Henry Brandt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tuviera que clasificar en una lista los pecados desde el más hasta el menos destructivo, las dos primeras posiciones las ocuparían el enojo y la mentira...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No todo el mundo es alcohólico, no todo el mundo roba, maldice o comete adulterio. Sin embargo, '''''todo el mundo tiene problemas con el enojo'''''. Es un problema universal. Lo he visto en los caníbales primitivos de Irian Jaya, en personas analfabetas de pequeñas aldeas en las selvas profundas de la República Democrática del Congo, en mis amigos cuando jugábamos de pequeños, en mis padres, en los miembros de la iglesia, en las personas del gobierno. Y sí, en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Usted no puede decidir enojarse. Usted puede tomar medidas elaboradas para prevenirlo; pero tarde o temprano, la ira bajo su piel es disparada por un recuerdo, el comportamiento de alguien, una conversación, una llamada telefónica o una carta. Puede hacer que su corazón se acelere, hacerlo sudar, tensar sus músculos, revolverle el estómago, cambiar su manera de pensar, dictaminar su reacción y disparar palabras de su boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece existir un consenso universal acerca de que a la ira hay que domesticarla. Aun así hay un amplio desacuerdo sobre la causa y el remedio…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Una percepción equivocada del enojo'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente frase resume lo que casi todo el mundo con un problema de enojo dice cuando acude a mi consultorio: “mi enojo es una respuesta normal y justificada por el modo en el que me trataron”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rara vez se pregunta uno sobre la posibilidad de que el enojo sea un pecado en su corazón. Esa palabra casi ha desaparecido de su vocabulario y en su lugar, las personas confiesan que son infelices, están tensas, tienen ansiedad, están preocupadas, decepcionadas, incomprendidas, recelosas, no se sienten queridas o están bajo extrema presión. Las palabras de moda son '''''estresado''''' y '''''quemado'''''…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''''Qué dice la Biblia sobre el enojo'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mayoría de las personas que buscan consejo argumentarán que tiene derecho a enojarse. “¿Puede culparme ante estas circunstancias?” Esa será su sólida defensa... Pero mientras que argumentan en defensa de su ira, no verán la necesidad ni tendrán el deseo de cambiar y por tanto, de ser liberados de la infelicidad que conlleva el enojo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los versículos más citados de la Biblia es este: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Todas las personas a las que aconsejo confiesan que este versículo quiere decir que su enojo no es pecado. No obstante, hay una parte de este versículo que no se puede rebatir: diga si quiere que su enojo está justificado, pero libérese de él antes de la puesta de sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo cinco versículos por debajo de “Airaos, pero no pequéis”, se nos declara manifiestamente que podemos quitar de nosotros el enojo (véase Efesios 4:31). Gálatas 5:16 dice claramente que las personas que andan por el Espíritu no tienen que luchar contra la ira, que es un deseo de la carne. No existe remedio humano, sólo Dios puede limpiar su corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea otros consejos bíblicos que existen para controlar la ira: &lt;br /&gt;
•“Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios&amp;quot; (Santiago 1:20).&lt;br /&gt;
•“Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagare”, dice el Señor” (Romanos 12:19).&lt;br /&gt;
•Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efesios 4:31).&lt;br /&gt;
•Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo (Salmo 37:8).&lt;br /&gt;
•Mejor es el fin de un asunto que su comienzo; mejor es la paciencia de espíritu que la altivez de espíritu (Eclesiastés 7:8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para mí está claro que la Biblia nos está diciendo que Dios espera de nosotros que abordemos nuestros problemas con Su amor en nuestros corazones. Siga leyendo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mateo 5:44).&lt;br /&gt;
•“Maridos, amad a vuestras mujeres (…)” (Efesios 5:25).&lt;br /&gt;
•“Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos” (Tito 2:4).&lt;br /&gt;
•“Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).&lt;br /&gt;
•“(…) Amad a los hermanos (…)” (1 Pedro 2:17).&lt;br /&gt;
•“y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos (...)&amp;quot; (1 Tesalonicenses 3:12).&lt;br /&gt;
•“y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).&lt;br /&gt;
•“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:35,38-39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta de Jesús hacia los pecadores cuando lo crucificaron entre dos criminales fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la pregunta más difícil es: ¿cómo un ser humano que naturalmente responde con enojo a las circunstancias de la vida puede cambiar para responder con amor? Hablando en términos humanos, tenemos que admitir que este consejo bíblico es imposible de alcanzar. Todos sabemos que reprimir o tragarse el enojo no es la solución. Reprimir el enojo puede arruinar su salud y torcer el pensamiento. Usted sería como una bomba andante programada para explotar con cualquier provocación externa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblia ofrece una solución radical: “Apártelo. Deténgalo&amp;quot;. Esto es humanamente imposible. Sí, necesita de un milagro. Necesita ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los pasos para cambiar'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 1: Reconocer que el enojo es pecado'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prescripción bíblica para tratar con el enojo destructivo es precisa y sólida. Disputas, malicia, enemistades, ira, enojos, disensiones y pleitos son obras de la carne, de la naturaleza carnal (véase Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Estos son pecado y eso es una buena noticia porque para el pecado existe una solución divina. Dios promete ayudarle; tratar con el pecado es Su especialidad. “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sencillo paso que ofrece una fuente de fuerza para &amp;quot;detener&amp;quot; las reacciones del enojo es invitar a Jesús a entrar en su vida. Incluso así, muchas personas inteligentes y capaces pasan por momentos muy duros para aceptar el hecho de que necesitan ayuda sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Puedo controlar mi ira. ¿No basta con eso?” Ciertamente evita que explote. No obstante, solamente Dios puede ayudarle a detenerla. Dado que la ira es pecado, usted necesita un Salvador que le limpie de sus pecados: &amp;quot;Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad&amp;quot; (1 Juan 1:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Paso 2: Reemplace el enojo por sentimientos de Dios'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando usted tiene un corazón que ha sido limpiado y perdonado, puede pedirle a Dios que el poder del Espíritu Santo produzca los frutos del Espíritu en su vida (véase Gálatas 5:22-23):&lt;br /&gt;
•Amor&lt;br /&gt;
•Gozo&lt;br /&gt;
•Paz&lt;br /&gt;
•Paciencia&lt;br /&gt;
•Benignidad&lt;br /&gt;
•Bondad&lt;br /&gt;
•Fidelidad&lt;br /&gt;
•Mansedumbre&lt;br /&gt;
•Dominio propio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todo el mundo, seguirá teniendo problemas y personas difíciles e injusticias a las que enfrentarse. Puede que aún tenga que volver a tomar energía, estar alerta y ser alentado para corregir lo que necesita corregir. Pero un Cristiano sabe que una persona llena de la energía del Espíritu Santo con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio cuenta con la fuerza necesaria para vencer las palabras amargas y sarcásticas, la ansiedad, las tensiones del cuerpo y el comportamiento violento que antes lo caracterizaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Pablo no pudo decirlo mejor: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gálatas 5:16).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El Espíritu de Dios en Uganda'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una sangrienta guerra civil rugió en Uganda. Había escasez de comida, agua, vehículos, gasolina y ropa. Las carreteras tenían baches del tamaño de un carro. Allá donde mirásemos había horribles máquinas de guerra: tanques, camiones, artillería. Teníamos que pasar por frecuentes controles dirigidos por soldados adolescentes y armados. Nos pararon una docena de veces mientras que recorríamos las 25 millas que separan el aeropuerto de Entebbe de la capital, Kampala. En cada control teníamos que abrir nuestras maletas para su inspección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al día siguiente teníamos que viajar a la ciudad de Goma donde estaba planeado que dirigiese un encuentro. Sam, mi conductor, había estado buscando en vano gasolina para nuestro vehículo de un lado a otro. Para cuando Sam me dijo que había encontrado algo de gasolina por 30$ el galón, ya llevábamos tres horas de retraso. Necesitábamos quince galones o lo equivalente a 450$.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me cuestioné el viaje. ¿Quién iba a estar esperando a un conferenciante extranjero que llevaba tres horas de retraso? Sam me convenció de que debíamos ir. Fue un viaje lento, lleno de baches y con más controles dirigidos por soldados poco amistosos. Llegamos al lugar del encuentro que estaba repleto de personas. Hacía tanto calor y había tanta humedad que el aire de la sala era casi insoportable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me senté en la plataforma  y miré hacia el público. Sabía que casi todos estaban hambrientos. Iban pobremente vestidos. Sabía que ninguno de los presentes se había puesto delante de un armario lleno de ropa preguntándose qué ponerse. Alguien que nunca se había planteado qué vestir o comer, ¿qué podía decirle a estas personas? Sabía que muchos de ellos habían sufrido la muerte de un familiar. Muchas de sus familias habían sido dispersadas, algunas habían tenido que huir a la selva para evitar ser acribilladas por fuego hostil. Oré en silencio “Señor, no sé que decirle a esta gente. Dios, tienes que ayudarme&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El único pensamiento que vino a mí fue: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que les dije fue que creía que cada uno de ellos podía tener todo lo que quisiera de un don gratuito. El don era el fruto del Espíritu. Estaban disponibles para todos gratuitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un mensaje importante'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del encuentro, un hombre vestido con harapos se me acercó. Me dijo que parecí inseguro acerca de mi mensaje. Me confirmó que el fruto del Espíritu estaba disponible en Uganda pero que había omitido en mi mensaje una condición importante. Me preguntó si podría tomarme un tiempo para ir a su casa. Él quería contarme su historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras descendíamos por una calle polvorienta bajo el intenso calor, señaló hacia una gran casa con unas cinco o seis habitaciones, en lo alto de las montañas. “Esa era mi casa”, me dijo, “pero los soldados de Idi Amin vinieron un día y la tomaron como cuartel general para su ejército. Mi familia tuvo que huir y hasta hoy se encuentran en la selva. Tenía un Mercedes Benz aparcado delante de mi tienda de ropa. Un día llegaron los soldados y se llevaron mi carro. Después se quedaron con mi tienda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguimos caminando por esa calle polvorienta con chozas de paredes de adobe y techos de paja a cada lado. Llegamos a una de ellas y me indicó que vivía ahí. Entramos: una habitación oscura, el suelo sucio y un cajón en el suelo. Me hizo señas para que me sentase en el cajón. Él se sentó al otro lado del mismo y continuó con la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Me senté en mi silla y tuve un ataque de histeria por culpa de los soldados que habían tomado mi carro, mi negocio, mi casa y dispersado a mi familia. Me consumía de odio, amargura e ira”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cuando me obligaron a salir de mi casa, me llevé una silla. También tenía una vaca para la que necesitaba un poco de spray antimosquitos. Cambié mi silla por el spray pero la vaca murió. También tenía una cabra y la cambié por semillas para plantar un huerto pero no llovió por lo que mi huerto se malogró. Ahora no tengo ni carro, ni negocio, ni casa, ni familia, ni silla, ni vaca, ni cabra ni huerto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Un día mientras estaba sentado en este cajón y recordaba todo esto, pensaba que iba a estallar de odio y de rencor. En medio de esta situación, un hombre llegó a mi puerta. Me dijo que era misionero y que había venido para decirme que Dios me amaba. Eso es todo lo que escuché. ¿Que Dios me ama? Estallé. ¿Sabe lo que me ha ocurrido?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Furioso, agarré a ese hombre y lo eché fuera de mi casa. ¡Dios me ama! ¡Estaba tan enojado que apenas podía contenerme a mí mismo! Para mi sorpresa, el hombre se levantó y volvió a entrar. Me asusté por su osadía. Me dijo que había venido para hablarme de Jesús y que quería continuar. Me dijo: Dios le ama tanto que entregó a Su único Hijo para morir por usted. Si se lo pide, entrará en su vida y cambiará su corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Estaba furioso! Entonces de repente, lo que este hombre dijo me dio algo de esperanza. Yo necesitaba algo, así que le pedí a Jesús que entrase en mi vida justo en ese instante. Lo hizo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ahora viene la parte de mi historia que tiene que ver con su mensaje. Le dije que omitió algo. Cuando le pedí a Jesús que entrase en mi vida, aún podía ver mi hogar ocupado, los soldados manejando mi Mercedes Benz, mi negocio arruinado, mi familia dispersa, sin huerto y preguntándome cómo sobrevivir. Mi corazón aún estaba lleno de rencor hacia esos soldados”. &lt;br /&gt;
http://gospeltranslations.org/w/skins/common/images/button_italic.png&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me leyó un versículo de la Biblia para los Hijos de Dios: &amp;quot;Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones” (Mateo 6:14,15). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Un rayo de luz en una total oscuridad! Necesitaba perdonar a esos soldados. Necesitaba amarlos. De repente, quería amarlos. Abrí mi corazón y eché todo el odio, ira y amargura que había almacenado ahí. Lo único que quería era el fruto del espíritu en mi corazón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Usted tiene razón&amp;quot;, me dijo. &amp;quot;Podemos tener todo lo que queramos gratuitamente. Pero usted tiene que cumplir con las condiciones de Dios. Usted tiene que perdonar las  transgresiones de los hombres&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi nuevo amigo me dijo que era el hombre más rico de Uganda. Había sido liberado de la insoportable carga del pecado (odio, ira, amargura) y ahora se deleitaba en la ilimitada riqueza del fruto del Espíritu que solamente Dios puede dar. Mientras nos separábamos, le prometí que compartiría su historia con los demás…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Un plan para el arrepentimiento'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
…Arrepentirse por pecado de enojo es raro. Jesús explicó por qué: &amp;quot;Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas” (Juan 3:19-20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las personas inteligentes, que no se arrepienten creen que pueden justificar su enojo porque Dios se enoja. Por eso peinan los Evangelios para encontrar una sola prueba de que Jesús se enojó. El término “indignación justa” no esclarece el asunto.&lt;br /&gt;
Quizás, el 95% del enojo de cualquier persona es por un pecado evidente y viejo, y todos lo sabemos. El enojo aflige a cualquiera. Simplemente deberíamos enfrentarlo y aceptar la oferta de Jesús: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11-28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Este artículo es una adaptación de un capítulo de &amp;quot;The Word for the Wise&amp;quot; por Henry Brandt, Ph.D. y Kerry L. Skinner (Nashville: Broadman &amp;amp; Holman Publishers, 1995). Utilizado con permiso.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 17:05:58 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:How_to_Deal_with_Anger/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Words of Hope for Those Who Struggle with Depression/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Words_of_Hope_for_Those_Who_Struggle_with_Depression/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''PALABRAS DE ESPERANZA PARA LOS QUE LUCHAN CONTRA LA DEPRESIÓN''' por Edward T. Welch.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Técnicamente se conoce como depresión, pero no se puede definir mediante una sola palabra. Usted se siente paralizado aunque su cabeza no deja de dar vueltas; vacío aunque en su interior se oyen gritos; cansado, y aún así los temores abundan. Las cosas con las que antes disfrutaba ahora apenas retienen su atención. Siente que su mente rodeada de niebla. Se siente como si le hubieran puesto un lastre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Recuerda cuando tenía objetivos? ¿Cosas que le ilusionaban? Podían ser tan insignificantes como ir al cine el sábado por la noche o lograr finalizar una tarea que se había propuesto. Ahora tiene muy pocos objetivos; tan sólo con que pase el día se conforma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Se da cuenta de cómo es la vida cuando no hay objetivos? Cada día es igual. No existe el ritmo in crescendo con la ilusión, la satisfacción por el deber cumplido y luego el descanso. Cada día trae una terrible monotonía y siente que mañana será igual que hoy. Siente que la monotonía de la vida lo está matando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Dormir? Es una pesadilla. Nunca descansa lo suficiente. Ni siquiera recuerda lo que es despertarse descansado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez ha visto las pinturas de Pablo Picasso durante sus años oscuros? Si encuentra un libro sobre Picasso quizás deba echarle un vistazo. Las pinturas no son alentadoras pero al menos se dará cuenta de que no es el único. Atormentado a causa de una relación difícil, pintó una serie de cuadros en los que las personas aparecían desesperanzadas y todo estaba en sombras grises y azules. ¿Estaba plasmando sus sentimientos en el arte o estaba representando el mundo de manera fiel a como él lo veía? En ambos casos, no existen los días soleados en la depresión, solo cielos encapotados que infunden temor y un mundo sin color y sin sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Picasso no fue el único en luchar contra lo que se ha terminado por conocer como depresión. Abraham Lincoln, Winston Churchill, el gran predicador inglés Charles Spurgeon, el misionero J.B. Phillips fueron algunas de las personas más conocidas y brillantes que hablaron y escribieron acerca de sus luchas. Por tanto, aunque se sienta solo, hay muchos que han pasado antes por ahí y hay muchos que están pasando ahora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si algo de esto le resulta familiar, continúe leyendo. Ya no tiene un motivo para la esperanza así que el hecho de que esté dispuesto a leer (en absoluto necesario) es un importante avance en sí mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto será tan breve como sea posible. Se trata del bosquejo de un mapa que muestra un camino para atravesar la depresión. Si hay algo con lo que no esté de acuerdo, dígalo. Si le parece que es demasiado para usted, déjelo y vuelva a retomarlo más tarde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debe saber de antemano que el mapa conduce a Jesucristo. Conduce a una persona más que a unas técnicas. Hay gente que dice: “Jesús no es la solución”, “ya lo he intentado y sigo con depresión”. Sin embargo considere lo siguiente: Jesús proclama ser el camino, la verdad, la vida, la fuente de esperanza, amante de nuestras almas, servidor, hermano, amigo, el único que escucha y actúa, el único que nunca abandona. '''Ninguna terapia o medicación hace unas declaraciones tan audaces'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Jesús y las enseñanzas en las Escrituras le resultan tópicos vanos, y quizás sea así, recuerde que justo ahora a usted '''todo''' le resulta vacío de alguna u otra manera. Lo que ahora puede parecerle algo común se irá convirtiendo en algo profundo conforme se vaya cerciorando de esta realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''¿Cómo puedo hacer algo cuando no tengo ganas de hacer nada?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí está el problema. Mucha gente hace cosas porque '''siente''' que tiene que hacerlas. Se levantan por la mañana porque sienten que tienen que ir a trabajar o porque no tienen ganas de escuchar al jefe preguntarles por qué han llegado tarde, o no quieren verse en una situación de pobreza sin trabajo. Nos dejamos llevar por los sentimientos más de lo que pensamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando está deprimido, no siente nada (o cualquier cosa que sí sienta no va a motivarle para hacer algo provechoso. Por ejemplo, se siente con ganas de morir, gritar, huir, desaparecer, evitarlo todo). ¿Cómo puede una persona cuyos sentimientos la dirigen plantearse metas, tener propósitos o motivarse cuando no siente nada?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio tendrá que aprender a vivir de otra manera. Tendrá que ser como la mujer cuyos músculos aún funcionaban pero dejó de sentir sus extremidades. No estaba paralizada pero si cerraba los ojos no podía saber si estaba de pie, sentada o tumbada. A veces se miraba en el espejo y veía que tenía el brazo derecho levantado sin que se hubiera dado cuenta. Ni siquiera podía andar porque no sentía las piernas. Poco a poco, mirándose en espejos y viendo su cuerpo en lugar de sentirlo, comenzó a caminar de nuevo. Después de mucho entrenamiento, caminar comenzó a ser algo natural otra vez. No obstante, tuvo que aprender una nueva forma de vivir y de moverse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La nueva forma de vivir estando deprimido es '''creer''' y actuar según lo que Dios dice, en vez de sentir lo que Dios dice. Es vivir por fe. Parafraseando Hebreos 11:1: “la fe es la convicción de '''lo que no sentimos'''”. En otras palabras, cuando se plantea un debate entre lo que dicen sus sentimientos y lo que dicen las Escrituras, ganan las Escrituras. Otro resultado y simplemente le estará diciendo a Dios que no se puede confiar en Él. “Dios no dice la verdad, no puedo confiar en Él. Sólo puedo confiar en mí mismo&amp;quot;. Seguramente '''no''' eso es lo que quiere expresar. Quizás prefiera decir que '''no''' entiende lo que Dios está haciendo pero negar que Dios dice la verdad es una mentira en si misma. No lo piense, Dios '''es''' verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A continuación tiene un ejemplo de esta nueva manera de vivir. Usted '''siente''' que no tiene un propósito o esperanza. No existe ninguna razón para levantarse de la cama, trabajar, amar o vivir. Lo siente en todo su cuerpo. Sin embargo, Dios rebate cada una de estos sentimientos en cada página de las Escrituras. Por ejemplo: “amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22). Eso es una declaración con propósito. Es una razón para levantarse de la cama. Usted tiene que combatir los sentimientos que lo paralizan para poder amar a otra persona. ¿Por qué hacerlo? Porque es el encargo personal de Dios Mismo, el Rey de reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si es siervo del Rey, y lo es, y Él le pide que haga algo, le acaban de dar un propósito para vivir. Solamente cuando el Rey diga que ya no lo necesita, se acabará su propósito y esto, por supuesto, nunca sucederá con el Dios verdadero. Él dice que Sus propósitos para usted duran toda la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para llevar su propósito hasta lo más profundo, su trabajo tiene que ser para la gloria y satisfacción de Dios (1 Co. 10:31). Para la gloria de Dios significa hacer célebre Su nombre. Su honor y Su reputación se vuelven más importantes que el suyo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la gloria de Dios. ¿Suena cómo un cliché? Aunque suene poco práctico, es en realidad algo muy concreto. Se lleva a cabo con pequeños y a veces personales pasos de fe y obediencia. Puede que otras personas no lo vean pero si usted hace '''cualquier cosa''' por causa de Jesús y por lo que Jesús hizo por usted (desde peinarse el pelo hasta vender cualquier posesión y convertirse en misionero) entonces estará dándole la gloria a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Quiere un aliciente tangible? En las Escrituras hay pruebas contundentes de que cuando uno busca a Dios y Su reino, las cargas se aligeran (2 Co. 4:16, 17).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Escuchar''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme vaya desarrollando una declaración de propósitos definida, sería adecuado que contase con alguien que le ayude a perfeccionarla, se la recuerde y se la lea. En ese momento, su trabajo será escuchar. Usted ha estado escuchando a sus propios pensamientos pero ahora debe escuchar lo que Dios dice en Su Palabra y lo que Dios habla a través de las personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escuchar es algo pasivo pero difícil de llevar a cabo. La epístola de Santiago nos recuerda que estamos predispuestos a ser “solamente oidores”, como las personas que miran nuestra apariencia en un espejo y olvidan rápidamente cómo somos. Por eso cuando lea u oiga sobre la verdad y el amor, no se contente simplemente con escuchar, '''oiga''' realmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué va a oír? Cuando en la Trinidad Dios habla, Él habla inevitablemente de Jesús. Jesús es el que tiene compasión por aquellos que sufren y los comprende porque Su dolor sobrepasó el nuestro. ¿Alguna vez se ha dado cuenta de que cuando escucha el sufrimiento de otra persona, sobre todo si era inconsolable e intenso, sus propios problemas parecen disminuir? Al menos, escuchando desviamos la atención de nuestro propio sufrimiento y nos damos cuenta de que no somos los únicos. Esto es lo que ocurre cuando miramos hacia Jesús y escuchamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún así continúe escuchando. Incluso si se siente rechazado por los demás, Jesús no lo rechazará (Sal. 27:10). Vuélvase a Él en fe, incluso sólo con un poquito de fe, y Él nunca lo dejará ni lo desamparará (He. 13:5). Él se lo jura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿El amor no siempre lo motiva? Piense en ello. En Su presencia, el amor es lo que nos llevará por comprender toda la eternidad. Si no lo motiva ahora, lo hará. Su amor es como el de un buen padre con el hijo que no entiende las particularidades de su amor. En otras palabras, el niño puede pensar a veces que su padre no lo quiere, sin embargo el amor del padre es demasiado elaborado y hermoso como para que el niño lo entienda. El niño está desconsolado porque ya no puede jugar más en el barro pero el padre lo está lavando para llevarlo a Disneyland. Si no puede ver este amor, entonces siga escuchando el evangelio que nos dice que, según el plan de Dios, Jesús murió por pecadores como nosotros. '''Este''' es un maravilloso y profundo amor. Si no suena maravilloso, quizás haya olvidado que usted es un pecador. Jesús, después de todo, no murió por buenas personas que necesitaban un aliciente espiritual, Él murió para hacer de enemigos alejados y condenados parte de su familia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios dice mucho más, pero es demasiado fácil comenzar a distanciarse y pensar: “esto no me está ayudando”. Como expresaba una mujer: “ninguna cantidad de amor hacia o por parte de otras personas (y había mucho) podía ayudar. Ni la ventaja de contar con una familia preocupada y un trabajo fabuloso era suficiente para superar el dolor y la desesperanza”. Llegados a este punto, hay que pararse a pensar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Pensar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si está deprimido y escucha sus pensamientos, seguramente escuche pensamientos oscuros, desesperados, pesimistas y críticos consigo mismo y con los demás. Dónde sea que comiencen estos pensamientos, raramente se detienen hasta que llegan al punto más desesperanzador posible. Por ejemplo, si alguien está hablando de Santa Claus, comienza a pensar que usted también está gordo y que a sus espaldas, todo el mundo se ríe de ello. Si alguien le hace un cumplido por un trabajo bien hecho, está seguro de que fue para amortiguar la noticia de su inminente despido y que si esa persona realmente hubiera conocido su trabajo, ya estaría despedido, y que si...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo el proceso es automático. Arranca y sigue solo. Piloto automático mental. El hecho de que su mente pueda estar siempre turbada significa que no se siente capaz de realizar el esfuerzo herculano necesario para corregirse mentalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene que comenzar a pensar, no de manera automática sino con propósito. Sus pensamientos deben ser guiados por las Escrituras. ¿Difícil? Sí. Ningún esfuerzo mental va a funcionar. ¿Cambios inmediatos? Seguramente no los que serían obvios para usted, pero tiene que hacerlo. Su manera de pensar actual se inclina hacia la desesperación y la desesperanza. Tiene que estar dispuesto a comenzar una batalla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si es reacio a hacerlo, entonces '''tiene que cuestionarse si realmente quiere cambiar'''. Puede sonar extraño, pero mucha gente no quiere. El trabajo que conlleva no parece que merezca la pena, detestan lo que tendrán que confrontar si dejan de estar deprimidos o son fieles a su propio estilo de vida, prefiriendo en su lugar que cambie el mundo a su alrededor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces piense. ¿Realmente quiere cambiar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cree que usted es más reacio a cambiar de lo que pensaba, '''debe''' regresar y reflexionar acerca de su propósito. Algunas personas se valen de sus hijos como motivación para el cambio pero los niños no son una razón lo suficientemente poderosa. Sus oscuros pensamientos lo persuadirán rápidamente de que tanto sus hijos como los demás estarían mejor sin usted. La única razón que vale es que usted ha sido llamado para representar a Dios en la tierra, Él es el Señor que lo ama y usted es Su hijo, servidor y embajador, escoja lo que prefiera. Usted vive a causa de Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si esto no es suficiente, tendrá que regresar para escuchar. Pídale a alguien que le diga quién es Dios. Cuando la mente está rodeada de niebla, es difícil recordárselo a uno mismo, así que pregúntele a alguien. Pídale a alguien que le diga que Dios el creador vive y que Él envió a Jesús para morir por los pecados de gente como nosotros que ignoraban y eran enemigos de Dios. Pídale a esa persona que lo convenza de que Dios es bueno. Pídale a esa persona que siga hablando hasta que suene como buenas noticias y usted las crea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Piense en ello. Si no estuviera deprimido, usted estaría sobrecogido por lo que Dios ha hecho. Simplemente se arrodillaría y como muchos otros que han comprendido el amor y la presencia de Dios, diría: “no valgo nada pero ¡estoy agradecido! Continúe escuchando estas verdades. Lo cambiarán; no desfallezca.&lt;br /&gt;
'''&lt;br /&gt;
¿Qué le está diciendo su depresión? ¿Qué significa?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que intenta escuchar, oír acerca de Cristo y del propósito que usted tiene para vivir, la siguiente etapa en un pensamiento práctico es preguntarse: &amp;quot;¿qué dicen mis sentimientos?” Sus sentimientos le dicen algo acerca de usted. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los sentimientos ocurre así: miedo, enfado, expectación, terror, etc, etc. Normalmente vienen causados por alguna circunstancia de nuestra vida pero son '''sus''' respuestas y sus interpretaciones de dicho acontecimiento. Por ejemplo, si le llega una factura inesperada, puede producirle una preocupación financiera, pero si se obsesiona y tiene miedo crónico por su futuro financiero, ese miedo revela donde ha puesto usted su confianza: la ha puesto en usted en lugar de en Dios. Sus sentimientos '''lo''' revelan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Moisés le dijo esto mismo a los hebreos cuando vagaban por el desierto. Les enseñó que las dificultades de la vida en el desierto ponen a prueba a las personas “a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos [de Dios]” (Dt.8:2). Cuando el pueblo estaba descontento e incluso enojado, estaba hablando más acerca de él mismo que del desierto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo ocurre con la depresión: la depresión le dice algo sobre su corazón. La pregunta es: ¿qué dice? Aquí es donde tiene que pensar. Considere alguna de las siguientes posibilidades. ¿Cuáles expresan sus sentimientos de abatimiento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Tengo miedo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miedo de		tomar una decisión equivocada.&lt;br /&gt;
			fracasar.&lt;br /&gt;
			quedar en evidencia.&lt;br /&gt;
			perder a alguien querido.&lt;br /&gt;
			ser abandonado.&lt;br /&gt;
			no tener el control.&lt;br /&gt;
			morir.&lt;br /&gt;
			padecer una enfermedad que me discapacite.&lt;br /&gt;
			ver a Dios.&lt;br /&gt;
			todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Me siento culpable” o “avergonzado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Culpable por    	mi propio pecado.&lt;br /&gt;
			no estar a la altura del nivel de éxito de Dios sino del mío propio.	&lt;br /&gt;
			no contar con la aprobación de personas cuyas opiniones se han vuelto más importantes que las de Dios.	&lt;br /&gt;
			vivir como si tuviera que devolverle a Dios la cuenta por mi pecado cuando en realidad, la manera de darle &lt;br /&gt;
la gloria a Dios es aceptando que Él pagó por todo.&lt;br /&gt;
			una consciencia que está juzgando por hechos del pasado (p.ej.: Me hago responsable de los pecados de otras personas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Perdí algo”. A veces la depresión nos hace sentir como si estuviésemos vacíos, como si hubiésemos perdido algo o a alguien. Puede tratarse de un trabajo, salud, juventud, dinero o una persona. Se siente como si alguien querido hubiera muerto. Pero la depresión es más que dolor por alguien querido, es un sufrimiento enloquecedor. Casi con toda seguridad, lo que perdió era como un dios para usted; era donde usted puso su confianza y esperanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Necesito algo”. ¿Le está diciendo la depresión que usted necesita amor, reconocimiento, respeto o algún otro deseo psicológico? Todos disfrutamos de esas cosas cuando las tenemos pero en ocasiones toman más importancia de la que debieran. ¿Se ha dado cuenta de lo que ocurre cuando sus deseos se convierten en lo más importante para usted? Sus deseos se transforman en necesidades; siente que los necesita para poder vivir. Esto es codicia y la codicia siempre quiere más, nunca está satisfecha, siempre se siente vacía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•&amp;quot;ESTOY ENOJADO”. Seguramente oiga que la depresión le puede estar diciendo: “Estoy enojado”. Normalmente nos enojamos porque no conseguimos lo que queríamos de alguien o de Dios mismo. Esto no quiere decir que tenga instintos asesinos contra alguien o que alce su puño contra Dios, aunque pueda ocurrir. Busque formas de expresión más silenciosas del enojo como la queja, murmuración, ausencia de perdón o autocompasión. Si no las ve, busque de nuevo; estarán allí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Tengo que evitar algo”. Considere lo que no le agradaría confrontar si dejase de estar deprimido. ¿Tendría que hacer frente a algo que prefiere evitar como a una persona, dificultades financieras o responsabilidades que conllevan la posibilidad de un fracaso? La niebla mental y el cansancio físico de la depresión le ayudan a evitar pensar en algo o alguien que lo turba especialmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Yo soy la aflicción”. Las personas que tienen experiencia en ayudar a otras con depresión no tardan en señalar que la depresión habla el idioma de la autocompasión. “Si nadie va a sentir pena por mí, sentiré pena yo mismo”. Esto puede ser mortal. Significa que vive como una víctima en lugar de como alguien a quien se le ha mostrado una misericordia y gracia infinita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“No tengo esperanza”. Si esto le resulta familiar, entonces tiene que hacerse otra pregunta: ¿esperanza para qué? ¿Esperanza para deshacerse de la depresión? Quizás está deseando muy poco.&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Nosotros nos gloriamos en la gloria de Dios; Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado (Ro 5:2-5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pasaje de la Escritura es difícil de entender pero una cosa está clara: el apóstol Pablo quien escribió esta carta, padeció profundo dolor y tribulaciones en su vida pero de alguna manera, eso no hizo que se derrumbase. La tarea que usted tiene es averiguar su secreto, el cual Pablo desea revelar.&lt;br /&gt;
Aquí tiene una pista: “Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón” (He. 12:3). Pablo mantuvo su mirada en Jesús. Cuando apartamos nuestra mirada de Jesús, el camino se hace interminable; sabemos que no tendremos resistencia suficiente pero cuando entendemos que Jesús – El que conoce los corazones – ya ha pasado por ese camino antes que nosotros, entonces podemos estar seguros de que el Espíritu está con nosotros y que nos dará fuerza para caminar en humilde fe y obediencia.&lt;br /&gt;
Y no ha sido solamente Jesús el único que ha caminado por este camino de esperanza, esperando la gloria que estaba a la vuelta de la esquina, apenas fuera del alcance de la vista. Como indica Hebreos 11, el camino está bien desgastado y poblado por el paso de los santos presentes y pasados. Aunque las personas con depresión se sientan completamente solas, forman parte de una enorme procesión destinada al cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
•“Sé que mi Redentor está conmigo y esperaré humildemente a que me libere”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando la fe es probada, y así es durante una depresión, a veces lo que se revela es un corazón que confía en el Señor. Usted ha decidido que seguirá a Dios, no porque Él lo haga sentirse bien sino porque Él es Señor de todo, el Pastor que nos ama, el Padre eterno. No hay otro a quien seguir. Por supuesto, no entiende lo que le está ocurriendo ahora pero sabe que Él es su Dios, que está con usted y eso es suficiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué dice su depresión? Aquí tiene una breve lista de algunas de las palabras más comunes que salen del corazón. Existen muchas más; si usted no puede distinguir cuál es la que define su depresión, aún hay muchas más que pueden hacerlo. Oír el evangelio de Cristo, conocer el propósito que hay para usted y actuar en consecuencia es ya suficiente trabajo en sí. No obstante, continúe preguntándose qué le dice su depresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Confíe y adore sólo a Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando piense en el significado de sus sentimientos, se dará cuenta de que en lugar de llevarlo a una situación más y más desesperada, el camino le lleva a la trinidad de Dios. Concretamente, lo llevará a la pregunta: ¿va a vivir para Dios o va a vivir para usted mismo y las cosas que adora? A veces lleva tiempo llegar a la pregunta más crítica de todas pero siempre está ahí. A menudo, lo único que tiene que hacer es preguntarse “por qué” como un niño de tres años.&lt;br /&gt;
“No puedo continuar&amp;quot;.&lt;br /&gt;
“¿Por qué?”.&lt;br /&gt;
“Porque estoy tan cansado que ya no puedo soportar más el sufrimiento&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Por qué?”&lt;br /&gt;
“Porque me encuentro solo”.&lt;br /&gt;
“¿Por qué?”&lt;br /&gt;
“Porque… no creo que Dios esté conmigo”.&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Por qué?”&lt;br /&gt;
“Porque… no confío en Él. Confío en '''mi''' interpretación y en lo que traen '''mis''' sentimientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas “¿por qué?” deberían guiarlo a Dios. Para cuando llegue a la segunda ya estará cansado, pero siga preguntando. Al final de las preguntas dígale a Él: “Jesús es mi Señor, yo confieso mi incredulidad y confío en Ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confianza, confesión de pecados, y seguir a Cristo en obediencia: ¿le resulta familiar? Esto es lo básico de una vida espiritual. Cuando se adentra por debajo de la superficie ve que estas son las cosas importantes para todos; se dará cuenta de que funcionan.&lt;br /&gt;
Si esto le parece superficial, usted está insensible a los secretos del universo y necesita regresar a escuchar. No confíe en lo que sus sentimientos le dicen sobre esto. Estas cosas pueden ser sencillas pero no son simplistas; son los cimientos de la vida misma, son el modo primordial en el que respondemos a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Confiese sus pecados a su Padre Celestial'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La confianza en Cristo, la confesión de pecado y la obediencia al Único que lo ama. De estos tres, la confesión de pecados puede desalentarle al principio. Puede que ya se sienta usted como una mala persona. Esto solo empeora las cosas, pero reflexione:&lt;br /&gt;
•Si el Espíritu de Dios va a permitirle que vea el pecado en su vida, aquí tiene una prueba bastante evidente de que Él es su Padre y de que usted es Su hijo. Usted no puede ver su propio pecado sin que Dios se lo revele.&lt;br /&gt;
•Confesar los pecados debería ser una parte normal de nuestra rutina diaria, estemos deprimidos o no (Mt. 6:9-13).&lt;br /&gt;
•Confesar los pecados no pone en peligro nuestra relación con Dios sino que la fortalece. Si hemos confiado en Cristo, el juicio divino sobre nuestros pecados ha recaído en Cristo, no en nosotros. Confesar los pecados nos recuerda que Cristo ya ha tratado con nuestro problema más profundo y que tenemos razones para estar agradecidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es la regla: si tiene en cuenta lo que su depresión le está diciendo y lo lleva a recorrer todo el camino hacia su relación con Cristo, entonces no se detenga en este viaje hasta que oiga algo bueno. La Palabra de Dios siempre nos enseña a depender de Jesús y de palabras que son buenas noticias para nuestros oídos que escuchan, por lo cual no se detenga en “miserable de mí”. Puede que sea un miserable pero no puede detenerse ahí. “¡Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” (Ro. 7:24-25). Recuerde que si usted ha puesto su confianza en Jesús, usted ha sido perdonado, adoptado, amado y se regocija en Él. Tiene que comenzar a pensar como Dios piensa, no como usted piensa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ponga en práctica pasos útiles de amor y obediencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La siguiente lista incluye una enumeración de aplicaciones de la Escritura. La idea esencial es que la fe se expresa en acciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.Tome una historia bíblica, léala día tras día y escriba 25 maneras de aplicarla (5, 10 o 50 aplicaciones). Esto puede parecer imposible pero una vez que haya escrito las 10 primeras será más sencillo. No olvide, su mente va y viene, está cansada. Concentrarse será difícil pero lo ayudará.&lt;br /&gt;
2.Escriba cinco maneras en las que un amigo lo ha bendecido. Envíeselas.&lt;br /&gt;
3.Escriba su propósito para vivir. Permita que otros lo revisen. Luego memorícelo y vívalo.&lt;br /&gt;
4.Hágase un experto acerca de lo que Dios dice a aquellos que sufren. Considere comenzar con Hebreos 10-12. Hebreos 10-12 lo exhorta a la fe y la esperanza, lo pone en dirección a Jesús. No obstante esto no acaba aquí. La Escritura también nos pone siempre en dirección hacia los demás: fe en Dios y amor hacia los demás. En este caso, dice: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:14). ¿Cómo puede ser usted un pacificador? ¿A quién necesita perdonar? ¿A quién necesita pedir perdón?&lt;br /&gt;
5.Tome notas durante el sermón del domingo. Actúe en base a ellas.&lt;br /&gt;
6.Hable o escriba cada día algo que pueda servir de aliento a otros. Usted tiene un llamado; hay personas a las que amar, cuidar y ayudar.&lt;br /&gt;
7.Escuche cada día la Palabra de Dios, música que lo oriente hacia Cristo o a alguna persona que tenga sabiduría espiritual. Sea capaz de resumir lo que ha oído y de contárselo a alguien.&lt;br /&gt;
8.Manténgase alerta contra quejas y murmuraciones. Al igual que los chismorreos, son pecados aceptados en nuestra cultura por eso no vemos sus horrendas raíces. ¿Qué dicen realmente la queja y la murmuración? ¿Ve cómo son contrarias a Dios?&lt;br /&gt;
9.Considere estas cuestiones. En esta cultura, ¿hemos olvidado los beneficios de pasar por momentos de aflicción? ¿Cuáles son los posibles beneficios ante las tribulaciones? (Sal. 119:67, 71; 2 Co. 1:8-10; He. 5:8; Stg. 1:3).&lt;br /&gt;
10.Pídale a algunas personas que oren por usted e invítelos a hablarle a usted de la Verdad. Cuando pida que oren por usted, pida más que simplemente alivio para su depresión. Use esto como una ocasión para realizar '''grandes''' oraciones; busque oraciones en las Escrituras y ore. Por ejemplo, ore porque usted conozca el amor de Cristo (Ef. 3), porque cada día sea más hecho a la imagen de Jesús (Ro. 8:29), que ame a los demás, y que discierna lo que significa darle la gloria a Dios.&lt;br /&gt;
11.Cuando dude, muestre su amor a otras personas de manera creativa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Reflexiones finales'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La depresión es dura. No se va sin haber luchado antes. Pero existen buenas razones por las que emprender la batalla. Los cambios están garantizados (Fil. 1:6) Usted está en la presencia del “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra” (2 Co. 1:3-4) ¿Usted lo cree? Piense en ello. No hay razones para pensar que Él será tacaño respecto de su amor y compasión ahora que Le conocemos como Padre, si considera que el Padre envió a Su Hijo - Su unigénito amado – para morir por nosotros cuando aún éramos Sus enemigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, a veces tenemos nuestra '''propia''' definición de compasión. Compasión puede significar “quitar la tristeza rápidamente”. Al contrario, usted debe creer que el amor y la compasión de Dios excede nuestros pensamientos, dejando a un lado nuestro entendimiento. Él tiene en mente algo bueno. Él quiere rociarle de gracia y hacerle más y más parecido a Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que no abandone. Usted tiene un propósito. Dios se está moviendo. Usted es un servidor del Reino, un hijo que representa al Padre, y pronto tendrá el privilegio de “consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2 Co. 1:4). El cuerpo de Cristo le necesita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ALGUNAS PREGUNTAS USUALES'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''¿Qué ayudó a otras personas?''' A algunas personas que pasaron por una depresión se les pidió que completaran la siguiente frase: &amp;quot;comencé a ver cambios durante mi depresión cuando...&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.…comencé a hablar conmigo mismo en lugar de escucharme a mí mismo. Comencé a hablarme diversas Escrituras en lugar de escuchar mi propia voz desesperanzada.&lt;br /&gt;
2.…dejé de decir “esto no funciona”. Siempre estaba buscando la varita mágica. Oraría (intentando hacer pactos con Dios), miraría a mi propio corazón (durante uno o dos minutos) o intentaría brevemente alguna otra actividad espiritual parecida, y cuando no funcionase, lo dejaría. Ahora creo que eso sí “funciona&amp;quot;. Hay contentamiento e incluso alegría a largo plazo, pequeños pasos de fe y obediencia.&lt;br /&gt;
3.…contaba con un amigo y un pastor que mantuvieron la imagen más grande del reino de Dios delante de mí. La depresión hizo mi mundo tan pequeño que cuando comencé a ver que Dios se estaba moviendo, comencé a tener esperanza.&lt;br /&gt;
4.…mi hija se puso muy enferma. Me obligó a ver más allá de mi propio mundo.&lt;br /&gt;
5.…una amiga no me abandonó nunca. Ella estaba siempre amándome y encaminándome a la verdad incluso cuando no quería oír hablar de Jesús.&lt;br /&gt;
6.…una amiga me “prestó” su fe. Mi fe era tan débil… pero siempre supe que ella estaba segura de la presencia y del amor de Dios por la iglesia e incluso por mí.&lt;br /&gt;
7.…perdoné a mi padre y lo confié a Dios.&lt;br /&gt;
8.…me di cuenta de que era 90% orgullo. Sentía que la gente me debía algo.&lt;br /&gt;
9.…comencé a creer que me encontraba en una batalla y me di cuenta de que tenía que luchar.&lt;br /&gt;
10.…vi que en vez de que me hicieran las cosas a mí, era yo el que las provocaba. Por ejemplo, estaba provocando enojo, estaba pasado mucho tiempo quejándome. En mi corazón, estaba haciendo lo que yo quería.&lt;br /&gt;
11.…comencé a conocer la gracia de Dios. Comencé a ver que mi regodeo en la culpabilidad era más un trabajo de justificación que tristeza proveniente de Dios.&lt;br /&gt;
12.…una vez que me di cuenta de que era bueno ver mi pecado (era una prueba del amor de Dios y de la obra del Espíritu en mi vida) comencé a decirme a mí mismo “cuando dudes, arrepiéntete”.&lt;br /&gt;
13.…practiqué dando un paso tras otro y continué con las responsabilidades que creía que me había dado Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''¿Qué hay sobre las cosas que alivian los síntomas?''' ¿Qué hay sobre tomar medicamentos contra la depresión? ¿Cambiar su dieta? ¿Usar luces nocturnas? ¿Seguir un programa de ejercicios? ¿Irse de vacaciones? Puede que usted ya haya intentado algunas de estas cosas que a veces pueden aliviar la dureza de algunos de los síntomas de la depresión. ¿Debería usted intentarlo o no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al final la decisión es suya. Solamente tome una decisión bien pensada, sabia. Coméntelo con otros. ¿Cuáles son los riesgos y los beneficios? ¿Cuáles son las alternativas? Haga su tarea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea consciente de que no existe una cura milagrosa. Si algo le ayuda, aún debería preguntarse acerca de lo que está diciendo la depresión y aún debería buscar crecer en Cristo. La depresión no revela sólo la composición química de nuestro cerebro, por lo que no piense en el problema como algo físico o espiritual. En su lugar, piense en el problema como una ocasión para tener en cuenta su propio corazón. Mientras lo hace, su depresión se aligerará de manera significativa con más frecuencia de lo que parece. ¿Puede que exista un problema físico o químico? Quizás. Pero un problema, cualquiera que sea su origen, es también una ocasión para el trabajo espiritual.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 31 May 2009 18:19:09 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Words_of_Hope_for_Those_Who_Struggle_with_Depression/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Speaking Redemptively/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Speaking_Redemptively/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''PALABRAS DE REDENCIÓN (SPEAKING REDEMPTIVELY)'''&lt;br /&gt;
por Paul David Tripp.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en el instituto, tenía mi primer empleo y por primera vez, tuve que hacer frente a un gran problema fuera de mi hogar. Mis compañeros de trabajo robaban y dañaban el material. Sabía quién era el culpable pero el jefe no. Yo no quería formar parte de lo que estaba pasando ni que me culpasen a mí por algo que no había hecho. Tenía que hablar con mi jefe y quizás con mis compañeros, pero estaba asustado. Reuní el valor suficiente para contarle a mi padre lo que estaba ocurriendo. Él se mostró de acuerdo en que tenía que hablar con los implicados y entonces me dijo: “Hijo, intenta elegir tus palabras con atención”; fue una buena forma de resumir lo que significa hablar con dominio y con propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención es elegir nuestras palabras con atención. No se trata sólo de las palabras que utilizamos sino de las que decidimos no utilizar. Hablar palabras de redención es estar preparado para decir lo correcto en el momento adecuado y con dominio propio. Hablar palabras de redención es no dejarnos llevar por las pasiones o los deseos personales, sino hablar teniendo presente el propósito de Dios. Se trata de ejercitar la fe necesaria para lo que Dios hace en ese momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuando las palabras destruyen.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda eran una pareja con mucho conocimiento mutuo y sin embargo nunca habían podido resolver los problemas de su relación. Cuando comenzamos a reunirnos, tenían serias dificultades en su matrimonio. Desde hacía dos años, Sam se había ido de casa en tres ocasiones desde dos semanas hasta un mes. Belinda se fue en una ocasión a casa de sus padres para prolongar sus &amp;quot;vacaciones&amp;quot;. Aquí teníamos a un matrimonio cristiano, casado durante 20 años, con un sólido conocimiento de las Escrituras y el uno del otro, y aún así no eran capaces de poner solución a sus problemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que nos reunimos, la tensión no se podría haber cortado con un cuchillo… ¡se hubiera necesitado una motosierra! Sam estaba tan enojado que en cuanto terminé de orar, se levantó y dijo: “¡No sé qué hago aquí! Sé perfectamente qué es lo que no funciona en nuestra relación; se lo he dicho a Belinda cientos de veces. Ella se niega a aceptarlo y se hace la víctima. No tengo ningún interés en sentarme aquí y volver a recordar todas las horribles cosas que han pasado entre nosotros durante los últimos 20 años! ¡Simplemente no puedo!”. Y dicho esto se marchó. Me disculpé ante Belinda y salí tras él hasta llegar a su coche donde al final logré convencerlo para que volviese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había mucha verdad en lo que Sam había dicho. Realmente sí ''conocía'' los problemas de su matrimonio. Muchas veces le ''había'' dicho a Belinda cosas que ella no quiso escuchar. Belinda sí se ''hacía'' la víctima en esos momentos de enfrentamiento. Sam se ''había'' visto obligado a tener que recordar una y otra vez las desagradables escenas que habían tenido lugar entre ellos. Y a pesar de todas las charlas y análisis, Sam no había sido otra cosa que un instrumento para cambiar la vida de Belinda. En realidad, el fruto de las palabras de Sam era una esposa victimista más resentida que nunca. Con todo lo que la conocía, Sam nunca formó parte de lo que Dios buscaba obrar en la vida de Belinda. Al contrario, se interpuso en la obra del Señor, brindándole una y otra vez grandes oportunidades al diablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto Belinda como Sam habían traído consigo cosas al matrimonio que contribuyeron a sus problemas. El padre de Belinda era un hombre extremadamente crítico y legalista. Cada noche a la hora de cenar, Belinda era testigo del maltrato verbal que sufría su madre cuando su padre criticaba su trabajo en casa, su manera de cocinar, sus palabras, su apariencia e incluso su voz (“esa voz de rata quejica”). Había muchas noches en las que Belinda lloraba hasta quedarse dormida o se quedaba pensando en cómo devolverle a su padre el dolor que le estaba provocando a su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando comenzaron a salir, Sam se dio cuenta de que Belinda solía ser demasiado susceptible y eso le molestaba a veces, pero intentaba pasarlo por alto porque había otras muchas cosas que le gustaban de Belinda. No se imaginaba que se iba a casar con una mujer resentida, auto protectora, llena de miedos, y decidida a hacer todo lo que fuera necesario para no caer en el &amp;quot;infierno&amp;quot; que su madre había vivido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al revés, los padres de Sam mantuvieron una magnífica relación. A menudo se prodigaban muestras de cariño. Si discutían, no sólo se pedían perdón mutuamente sino que también se disculpaban ante cualquier hijo que hubiera presenciado la discusión. En la familia de Sam, un fracaso no era el fin del mundo sino lo contrario, te alentaban a levantarte e intentarlo de nuevo. Sam siempre deseó tener un matrimonio como el de sus padres. Soñaba con esa maravillosa época como es la navidad alrededor del árbol, siendo él ahora el padre. Se casó con Belinda con ese sueño en mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casar a Sam y Belinda no fue una equivocación en la soberanía de Dios. Se trataba del sabio propósito de redención de Dios utilizar su relación como taller para Su continuo trabajo de santificación. En esta relación, sus corazones iban a exponerse y a ser cambiados; este era el propósito de Dios. Sin embargo Sam no se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en su sueño. Belinda tampoco se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en sus miedos. Por lo que ninguno de los dos pensó o habló palabras de redención cuando Sam comenzó a ver su sueño desmoronarse y Belinda sus miedos hacerse realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí; Sam sabía que Belinda siempre parecía predispuesta a oír críticas incluso donde no las había. Y Belinda sabía que Sam siempre parecía decepcionado porque su familia no se correspondía con la familia de sus sueños. Pero a pesar de todo su conocimiento mutuo, las cosas entre ellos se fueron degenerando mientras pasaban los años. Las palabras alrededor de sus problemas solo iban añadiendo capas de dolor y complicación. En lugar de exigirse cambiar, Sam y Belinda necesitaban aprender el significado de hablar palabras de redención ante la decepción, el dolor, el fracaso y el pecado: situaciones que son comunes en un mundo decadente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Por qué destruyen las palabras.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos entender la incapacidad de Belinda y Sam para resolver los problemas de su relación? ¿Cuál es su camino hacia el cambio? ¿Qué significado tiene tanto para ellos como para nosotros ''elegir nuestras palabras'', hablar palabras de redención?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un pasaje concreto de Gálatas que da una explicación a la relación de Sam y Belinda, seguido de otro que indica cómo cambiar. Ambos pasajes definen lo que significa “elegir nuestras palabras” para que podamos formar parte de lo que el Redentor está haciendo en nuestra vida y en la de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos primero qué ha ido mal en la relación de Belinda y Sam. El pasaje para el diagnóstico será Gálatas 5:13-15:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las tres partes de las que consta este pasaje pueden ayudarnos a comprender qué va mal en la relación de Sam y Belinda, especialmente en lo que concierne a la comunicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''1.“Sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”.'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si ustedes le hubiesen preguntado a Belinda y a Sam si su relación era un pretexto para la carne hubieran respondido &amp;quot;no&amp;quot; automáticamente; pero hubieran estado automáticamente equivocados. El mandamiento del amor no daba forma a su relación y a su comunicación. Carecían gravemente de la actitud de servicio que se exhorta en este pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le preguntaron a Dios cómo podían actuar para alentar al cónyuge y apoyar lo que Dios estaba haciendo en la vida del otro. No consideraron cómo podían “estimularse el uno al otro al amor y a las buenas obras” (He. 10:24). No buscaron el modo de consolarse, alentarse, advertirse o enseñarse el uno al otro. No consideraron las dificultades como una oportunidad para ministrar la gracia de Dios. No buscaron el modo de ayudarse a llevar su carga. No eligieron palabras que alentaran la unidad, el amor y el servicio mutuo; Sam y Belinda esperaban ser servidos. Él quería disfrutar de su sueño y ella aislarse de sus miedos. Por  lo tanto, no buscaban maneras de servir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí es donde este pasaje nos ayuda especialmente porque nos dice que lo contrario a servir por amor no es la ''ausencia'' de amor o de servicio, ¡sino la satisfacción activa de la carne! O vivo como un servidor del Señor y acepto Su llamado a servir a los que están a mi alrededor o vivo para complacer las ansias de la carne y espero a que los demás también lo hagan. Aunque al principio Belinda y Sam no lo habrían admitido, finalmente comprendieron que habían comenzado su relación con deseos egoístas como centro de la misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam perseguía su objetivo por la familia y la esposa perfecta. A causa de ello, en seguida comenzó a sentirse decepcionado y enojado cuando vio a Belinda como un obstáculo para conseguirlo. Belinda se casó con el objetivo personal de auto protección. Su continua fijación en ella misma (¿cómo me está tratando el mundo?) dominaba su relación y su comunicación con Sam. A causa de este objetivo de auto protección, cualquier cosa que Sam hacía o decía la tomaba aparte para encontrar siempre algo que fuera insensible, criticable, negligente o &amp;quot;blasfemia&amp;quot;. Entonces, en su decepción, con su ira arremetía contra él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Santiago 4:1-2, explica la manera en la que los deseos de Belinda y Sam afectaban a la dinámica de su relación. &amp;quot;¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis”. La suya era una relación de conflictos constantes porque sus corazones estaban gobernados por las pasiones de la carne. Santiago habla sobre las pasiones que combaten en el cuerpo, pasiones que declaran la guerra para ejercer el control sobre las personas, los recursos, el &amp;quot;territorio&amp;quot;. La batalla entre el deseo por la familia perfecta y el deseo de auto protección se había adueñado del matrimonio de Sam y Belinda. El resultado, como describe Santiago, era de conflicto continuo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''2.“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto también nos proporciona una perspectiva muy importante para la relación. Los problemas en la relación de Sam y Belinda no eran primordialmente horizontales (de persona a persona) sino primordialmente verticales (de la persona a Dios). Si estoy viviendo para la gloria de Dios, si este es mi objetivo personal antes que mi propia felicidad, si mi amor por Él permanece por encima de mi amor por cualquier cosa o persona, incluyéndome a mí mismo, entonces mi objetivo real en la vida será agradar a Dios en todo lo que haga y diga allá donde quiera Él que yo esté. De tal compromiso con Dios que sale del corazón, se desprende un fruto seguro: que amaré a mi prójimo como a mí mismo. El Primer gran mandamiento siempre precede y determina el cumplimiento del Segundo. Nunca podré amar a mi prójimo como a mí mismo si primero no estoy amando a Dios sobre todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Santiago 4 es otra vez útil. En el versículo 4, en medio de la discusión sobre las causas y las soluciones a los conflictos del hombre, Santiago introduce el concepto de adulterio espiritual. El adulterio se produce cuando el amor que prometimos a una persona se lo damos a otra. El adulterio espiritual se produce cuando el amor que le pertenece a Dios se entrega a cualquier otro aspecto de la creación (véase Romanos 1:25). Santiago dice algo inmensamente útil en tanto que intentamos comprender la relación entre Belinda y Sam: ¡la raíz del conflicto entre hombres se encuentra en el adulterio espiritual! Cuando un deseo por algo sustituye al amor de Dios como la fuerza que controla mi corazón, obtendré conflictos en mis relaciones como resultado. El conflicto tiene una raíz vertical que produce frutos horizontales como la pelea y la discusión. Tener un amor por Dios que me haga querer guardar Su ley siempre tendrá como resultado un amor real hacia mi prójimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''3.“Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros”.'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta última parte de Gálatas 5 es una acertada descripción de las conversaciones diarias entre Belinda y Sam. Uno a otro se mordía y devoraba con palabras. Nunca se estableció, ni se reforzó o alentó la comunicación. En su lugar, se especializaron en lanzarse dardos el uno al otro. Sam conocía las partes sensibles y vulnerables de Belinda y atacaba ahí cada vez que se interponía en su sueño. Belinda conocía donde podía herir a Sam, y devorar sus alegrías o esperanzas con unas precisas palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras de ambos eran críticas, condenatorias, manipuladoras, amenazantes, sentenciosas, egoístas, maliciosas, exigentes, despiadadas y vengativas. De sus palabras se desprendía que más que necesitar un cambio radical en su vocabulario, Sam y Belinda necesitaban un cambio radical en el corazón, lo que cambiaría primordialmente el modo de dirigirse el uno al otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión no era que tenían problemas cuando se casaron. Eso nos pasa a cada uno de nosotros; además Dios diseñó el matrimonio así. El acto más importante en las relaciones humanas existe fundamentalmente como medio para Su continuo trabajo de santificación y no para nuestra satisfacción, sino para que podamos ser para alabanza de Su gloria. No es casualidad que la relación humana más importante (el matrimonio) ocurra durante el proceso más importante de la vida (la santificación). ¡Dios lo ha determinado así para Su gloria y para el bien de Sus hijos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería un error que Sam y Belinda dijesen que su matrimonio acabó en ese estado tan horroroso porque estaban maldecidos con problemas inusuales. El problema no era que tuvieran problemas. La cuestión principal era el modo en el que los deseos de su corazón dictaban sus reacciones durante los problemas. Puesto que vivían para ellos mismos y no para Dios, se mordían y devoraban el uno al otro hasta llegar a destruirse. Sam había expresado dudas acerca de la fidelidad y el amor de Dios y Belinda había dejado de acudir a la iglesia con él. La fe de ambos yacía herida bajo las ruinas del conflicto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos dice que la Biblia es poderosa para discernir “los pensamientos y las intenciones del corazón” (He.4:12), y Gálatas 5 hace exactamente eso con Sam y Belinda. Su relación no estaba gobernada por la ley del amor sino por los deseos de la carne. Como Dios no tenía el control, se enfrentaban a cada situación esperando poder cumplir sus propios sueños, deseos y exigencias. En su enojo y decepción, se mordían el uno al otro con palabras. Sus palabras rompían la estructura de su relación porque la estructura de su fe ya se había roto en sus corazones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablar palabras de redención en un mundo de pecado.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda nos muestran que hablar palabras de redención no es una cuestión superficial acerca de elegir las palabras adecuadas, sino un compromiso fundamental del corazón para elegir las palabras que promuevan la obra de Dios en una situación concreta. Belinda y Sam habían olvidado la verdadera guerra que se esconde tras las disputas de los hombres. Habían comenzado a pensar que su batalla ''era'' con sangre y carne, por lo que se peleaban para conseguir los sueños que estaban afianzados en sus corazones. Las palabras eran su principal arma. ¿Qué hubiera significado para Sam y Belinda hablar palabras de redención ante esta situación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gálatas 5 continua dándonos respuestas útiles: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.&lt;br /&gt;
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.&lt;br /&gt;
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.&lt;br /&gt;
Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gálatas 5:16-6:2).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pasaje proporciona una guía paso a paso de lo que significa hablar palabras de redención. Recuerden que hablar palabras de redención no quiere decir que ignoremos las preocupaciones reales de la vida; no podemos porque vamos a encontrarlas cada día. Al contrario, con palabras de redención le hablamos a esas preocupaciones de un modo que promueva los intereses del Rey de las siguientes formas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''1. Hablar con palabras de redención comienza cuando reconocemos la batalla interior''' (véanse versículos 16,17). Mientras que el pecado siga morando en nosotros, habrá una batalla en nuestros corazones (Ro. 7:7-15, Ef. 6:10-20, Santiago 4:1-10). Debemos vivir siempre conscientes de este conflicto porque olvidar la presencia y el poder del pecado en nuestro interior nos llevará inmediatamente a tener problemas con nuestras palabras. Este es ''el'' conflicto, de donde parten todas las batallas que peleamos. Nunca deberíamos ceder ante el pensamiento de que nuestra principal batalla es con sangre y carne (véase Ef. 6:10-12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No debemos permitirnos ver a nuestro marido, esposa, padre, hijo, hermano, hermana o amigo como el enemigo. Cuando lo hacemos, nuestro objetivo se vuelve en dirección horizontal, y las palabras de redención salen por la ventana. Solamente existe un enemigo que está maquinando, manipulando, tentando, decepcionando y enmascarando para que olvidemos la verdadera batalla y tentándonos a sucumbir a los deseos de la carne. Cuando hablamos conscientes de la verdadera guerra espiritual interior, frustramos el trabajo del enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''2. Hablar palabras de redención significa no satisfacer nunca cuando hablamos los deseos de la carne''' (véase versículo 16). Todos nosotros luchamos contra un conflictivo catálogo de deseos. Cuando algo ha ido mal, puede que deseemos encontrar una solución apropiada de Dios, pero hay otros deseos que también están funcionando. Puede que deseemos ver quién tiene la culpa o quitarnos responsabilidad. Puede que deseemos recordar todas las veces que esta persona nos ha fallado o que sufra como nosotros sufrimos. Puede que deseemos compartir su fracaso con otra persona. Puede que tengamos celos de alguien que se esté llevando la atención que creemos merecer. Puede que estemos resentidos o llenos de odio hacia alguien que nos ha fallado una y otra vez. Puede que estemos llenos de ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa decir no a cualquier conversación que derive de estos deseos. Hablar con redención no comienza por examinar la situación, la necesidad de la persona(s) con la que tenemos que hablar, o los pasajes de las Escrituras que nos indicarían lo que deberíamos decir. No; hablar palabras de redención comienza con un auto examen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''3. Hablar palabras de redención significa rechazar las palabras que sean contrarias a lo que el Espíritu está intentando producir en mí y en los demás''' (véanse versículos 16-18). Como cristiano, lo más importante en mi vida es que se complete la obra de Dios en mí y en los demás para alabanza de Su Gloria. No quiero obstaculizar lo que como Redentor está haciendo en los pequeños momentos de la vida. Reconozco que finalmente esos momentos no me pertenecen a mí sino a Él. Son el taller en los que realiza Su obra de santificación y mi tarea es ser un instrumento útil en Sus manos redentoras. Cada vez que hablo con los deseos de mi carne, me estoy comunicando de una manera que va en contra de lo que el Espíritu está intentando producir en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''4. Hablar palabras de redención supone una disposición a examinar cómo están presentes los frutos de la carne en mis palabras''' (véanse los versículos 19-21). Si quiero vivir de manera consecuente con la obra que el Espíritu está haciendo en mí y no dejar espacio al enemigo, tengo que estar dispuesto a examinar mi forma de hablar delante del espejo de la Palabra de Dios. Yo quiero que “las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón” sean gratas delante del Señor (salmo 19:14), por tanto voy a buscar si hay palabras de envidia, celos y orgullo. Voy a buscar palabras sectarias, de disensión y división; palabras de enojo, ira, malicia y odio; palabras egoístas, de autojustificación, de auto protección y defensivas. Palabras que muestren impaciencia, irritación, ausencia de perdón, desagrado y ausencia de mansedumbre. Busco palabras groseras o materialistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me examino con una actitud de auto crítica morbosa y desalentadora; lo hago con alegría, dándome cuenta de que gracias a la presencia del Espíritu Santo en mi interior, no tengo que vivir bajo el control de la carne (Ro. 8:5-11). ¡Con gozo, busco agradarle a Él sea como sea y en cualquier situación! Quiero hablar de una manera digna de la vocación con que he sido llamado (Ef. 4:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''5. Hablar palabras de redención significa decir “no” a cualquier razonamiento o argumentos de auto suficiencia o de búsqueda de culpabilidad que justifique palabras contrarias a la obra del Espíritu, o que haga que mis palabras sean adecuadas o aceptables para una persona del mundo''' (véanse versículos 19-21). Yo era un joven pastor de una pequeña congregación conflictiva y con una enorme necesidad de consejo. Me parecía que nunca había un momento de tranquilidad en casa antes de que me estuviera llamando alguien para contarme la última, gran crisis. Tenía pavor de escuchar el teléfono por la noche y más aún de las palabras: “Paul, te llaman&amp;quot;. Aunque no me diera cuenta, poco a poco veía a ciertas personas de la congregación como obstáculos para lo que yo quería hacer en lugar de instrumentos del llamado del Señor, que con gozo yo había aceptado. Recuerdo que cuando me llamaban le decía a mi mujer: ¡¿Quién es ahora?! Y luego respondía con una amistoso y pastoral: ''“Holaa”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado por la tarde que pasaba en casa con mi mujer y mis hijos recibí una llamada de un joven que estaba desesperado. Llevaba mucho tiempo en esa situación y parecía tener el don de llamarme en los momentos más inoportunos. Siempre se mostraba desanimado, siempre estaba pidiendo ayuda y sin embargo siempre que se le ofrecía se resistía a aceptarla. Nada parecía darle resultado; afirmaba que lo había intentado todo. Se encontraba en uno de los cutres moteles de la zona diciendo que iba a poner fin a su vida de una vez por todas. Decía que a menos que tuviera una razón para vivir, se suicidaría antes de que acabase el día. Averigüé donde se alojaba, le pedí a mi mujer que orase y me fui en coche a hablar con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el camino oré y sabía que mi mujer estaba orando pero había una guerra librándose en mi interior. ¡Yo ''era'' ese conflictivo catálogo de deseos! Realmente no me gustaba ese hombre. Me disgustaba esa actitud abatida, su voz quejica. Me disgustaba esa necesidad de tener que ser siempre el centro de atención. Odiaba la manera en la que había escupido mis consejos cada vez que se los había ofrecido. Me molestaba el tiempo que le había robado a mi familia y a otros ámbitos de mi ministerio. Y me enfadaba pensar que tenía que ir una vez más a rescatarlo. Mientras iba conduciendo, mis pensamientos iban y venían en la guerra entre la responsabilidad pastoral y el resentimiento personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando llegué al motel nos sentamos en una habitación sucia que olía a humo y a sudor. Me contó su típica letanía de quejas. Comencé a contestarle con verdades del evangelio cuando me interrumpió y me dijo: “¿No irás a soltarme ese rollo otra vez, no? ¿No tienes nada nuevo que contarme?&amp;quot;. No podía creer lo que estaba oyendo. Ahí estaba yo permitiendo que mi familia se preocupase por él, y ¡él se estaba burlando de mis esfuerzos por ayudarle sin ningún agradecimiento! Perdí. Cedí a la rabia que había estado acumulando durante semanas. Lo puse verde de arriba abajo. Le dije todo lo que la congregación y yo pensábamos de él. Lo culpé de todo lo que pude; le dije que moviera el trasero e hiciera algo bueno para cambiar, oré por él (!) y me fui. Iba furioso de camino a casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La condena no tardó mucho tiempo en aparecer mientras conducía de camino a casa. Tampoco tardaron los razonamientos y los argumentos de auto disculpa. Cuando llegué a casa, estaba convencido de que había hablado como uno de esos antiguos profetas proclamando en un lugar de rebelión y pecado un &amp;quot;así dice el Señor&amp;quot;. Me había auto convencido de que Dios usaría ese dramático momento de verdad para crear un cambio permanente en la vida de ese hombre. Cuando entré en casa, mi mujer que había estado orando, me preguntó cómo fue todo. Le dije que nunca le había hablado a nadie de mi ministerio con tanta brusquedad como a aquel hombre. Me aseguré de que le contaba la analogía del profeta. Y enseguida me respondió: “suena como si te hubieras enojado y hubieras explotado”. En el momento en que pronunció esas palabras, vi claramente mis argumentos de auto suficiencia como lo que eran y me llené de remordimientos. Conforme aparecía, Dios utilizó la confesión posterior de mi propio pecado y la batalla con ese hombre para comenzar a cambiarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiere que escuchemos palabras contrarias a la obra del Espíritu pero también que escuchemos la manera en la que racionalizamos palabras carnales para aceptarlas en nuestra conciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''6. Hablar palabras de redención significa hablar “andando por el Espíritu”''' (véase versículo 25).&lt;br /&gt;
Andar por el espíritu significa tener un compromiso por hablar de manera consecuente con Su obra en mí y que promueva Su obra en otra persona. En este pasaje, la obra del Espíritu está bastante clara. Está trabajando para cosechar en nosotros conforme al carácter de Cristo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Hablar andado por el Espíritu significa que como acción de sumisión y fe, mantengo mis palabras a la altura de estos frutos espirituales. Y descubro en las dificultades de la vida, oportunidades soberanas para ver por Su gracia este fruto maduro en mí. Las dificultades no son obstáculos para el desarrollo de este fruto sino ocasiones para verlo crecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace años había un hombre en nuestra congregación que era bastante crítico con mi ministerio. Me revolvía por dentro cada vez que lo veía o incluso pensaba en él. Recuerdo lo aliviado que me sentía cuando llegaba a la iglesia y me daba cuenta de que no estaba allí. También era consciente de que no se guardaba sus comentarios para él; había comenzado a reunir a personas del mismo parecer. Nuestra congregación no era grande y por tanto el descontento era cada vez más evidente. Decidí que era hora de preguntarle a ese hombre si podíamos hablar. Le dije a mi esposa que estaba pensando en hablar con Pete (no es su nombre real) y enseguida me preguntó lo que iba a decirle. Mientras le iba contando lo que pensaba, me di cuenta de que mi esposa no estaba de acuerdo por lo que le pregunté la razón. Ella me dijo: &amp;quot;Paul, antes de que trates con él tienes que tratar contigo mismo. Me da la impresión de que odias a ese hombre. No creo que resulte nada bueno de tratar con él y con sus equivocaciones hasta que no trates con tu propia actitud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quería creer que Luella no era sino otra persona que me malinterpretaba y me juzgaba mal; pero no era así. Nunca me habían hablado más claro. Odiaba a ese hombre. Odiaba el efecto controlador que ejercía sobre mí. Odiaba que hubiera puesto a otros en mi contra. ¡Odiaba que a causa de sus críticas me cuestionara todo lo que hacía como pastor! Odiaba cómo había destruido el sueño por mi ministerio y por nuestra congregación. Odiaba su sonrisilla arrogante. Realmente no quería tratar con él. ¡Sólo quería que saliera de mi vida!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luella tenía razón. No me encontraba en condiciones de ser un instrumento del Espíritu en la vida de Pete. No me encontraba en situación de hablar palabras de redención. ''Estaba'' andando sin el Espíritu completamente respecto a esta relación. ''Necesitaba'' tratar primero conmigo; ''necesitaba'' examinar mi corazón y confesar el pecado que había allí, y ''necesitaba'' determinación para hablar de un modo consecuente con el fruto que el Espíritu estaba produciendo en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme examinaba mi corazón, salían muchas más cosas que necesitaba cambiar de las que jamás había pensado. Mi problema no era tan solo odio e ira, sino pecados a un nivel más profundo. Mucho de lo que había estado motivándome en el ministerio no había sido la obra de Dios sino mi deseo personal. Había soñado con establecer un ministerio en una zona difícil y tener más éxito que nadie. Había soñado con ser muy respetado por una congregación cada vez más numerosa y con el tiempo, por toda la comunidad cristiana. Había soñado con un gran crecimiento del número de miembros, con construir unas instalaciones grandes y modernas, y con liderar a la “iglesia influyente” de la zona. Sobre todo, había soñado con que yo sería considerado como el único responsable de todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Odiaba a ese hombre porque él tenía razón! No en la forma con la que trató sus ideas sobre mi ministerio, pero sí en su opinión sobre mi orgullo. ''Realmente'' me encantaba ser el centro de atención de cualquier reunión. ''Realmente'' yo tenía la última palabra en cada tema. Me ''frustraba'' cuando la gente era un obstáculo para mis novedosos programas. Odiaba que las cosas avanzaran lentamente y que la gente fuera tan negativa. Y estaba luchando contra Dios por haberme puesto en ese sitio tan difícil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo hombre que odiaba comenzó a convertirse en un instrumento de rescate en las manos del Señor. A través de Pete, mi sueño arrogante y egoísta comenzó a morir. Bajo el fuego de esta prueba, Dios me mostró de otra manera el pecado de mi corazón. Me tomé varios días para examinarme a mí mismo y esta situación durante los cuales comencé a estar agradecido por el mismo hombre que había odiado. No estaba agradecido por su pecado sino por la manera en la que Dios lo había usado en mi vida. Conforme me volvía agradecido, empecé a escuchar lo que Pete había dicho sobre mí y cómo lo había dicho. Me di cuenta de que había cosas que Dios quería que aprendiese incluso viniendo de un mensajero tan severo. Finalmente, escuchando cómo expresaba sus pensamientos me di cuenta de que él y yo éramos bastante parecidos. Pete era orgulloso, dogmático, protestón e impaciente. Había estado odiando todas esas cosas pero me di cuenta de que también estaban presentes en mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días, Dios me dio un genuino amor pastoral hacia Pete, y cuando hablábamos podía dirigirme a él de una manera paciente, amable, educada, pacífica y con dominio propio. Incluso era capaz de comenzar esas conversaciones tan difíciles con alegría mientras meditaba en la buena obra que el Espíritu había hecho en mí a través de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar andando por el Espíritu no es solo hablar de un modo consecuente con lo que el Espíritu está haciendo en ''mí'', también significa hablar de un modo que promueva el crecimiento de ese fruto en ''usted''. Francamente, antes de que Luella hablase conmigo no me importaba si Dios me estaba usando en la vida de Pete. Sólo había dos cosas que me importaban: quería mostrarle a Pete que estaba equivocado y luego que abandonase la iglesia y ¡que me dejase en paz! Había cedido al pensamiento de que mi batalla era con &amp;quot;sangre y carne&amp;quot; (Ef. 6:10-12). Veía a Pete como el enemigo al que derrotar y había olvidado la guerra espiritual que se estaba librando bajo la superficie. No quería ser servidor de Pete, quería que el apoyase mi sueño. Incluso siendo su pastor, lo último que quería era ser un instrumento de redención en su vida. Hasta que hablé con Luella, ni siquiera antes había considerado que yo fuera un instrumento que el Espíritu podía usar para producir buenos frutos en su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando por fin hablé con Pete, seguí un plan radicalmente diferente al que le había planteado a mi esposa al principio. Ya no quería “ganar”. Ya no quería conseguir callarlo y que pasase obedientemente a formar parte de mi sueño. Yo quería que Dios me usase realmente para producir los frutos del Espíritu en Pete, el cual se presentó a nuestra conversación listo para la batalla. Era evidente que había preparado sus armas y ensayado su defensa. Pero no hubo batalla. Le dije que le estaba agradecido por sus comentarios, que a través de él, el Espíritu había expuesto mi corazón, y le pedí que me perdonase. Incluso antes de que tuviese la oportunidad de seguir hablando de él, Pete dijo; “Paul, yo también estaba equivocado. Supongo que si soy sincero tendría que decirte que te he odiado y que he buscado cualquier ocasión para criticarte delante de los demás. He estado enojado contigo y con Dios por ponernos en esta congregación. Necesito que me perdone&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, por primera vez desde hacía mucho tiempo, Pete y yo hablamos andando por el Espíritu, y el Espíritu produjo nuevos frutos en cada uno de nosotros. Pero no se olviden: comenzó cuando alguien se enfrentó a mí y me llevó a examinar mi propio corazón antes de enfrentarme a Pete. Hablar andando por el Espíritu significa tomarse un tiempo para escuchar, examinar, meditar y prepararse. Significa hablar con un compromiso de participar en la continua obra de gracia del Espíritu en nuestras vidas y en las de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''7. Hablar palabras de redención significa no dar lugar a las pasiones y a los deseos de la carne''' (véanse versículos 16, 24). Pongan mucha atención a las palabras del versículo 24: “Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Observen que esto no está en voz pasiva. Dice que cuando recibimos a Cristo, ''nosotros'' crucificamos las pasiones y los deseos de la carne. Este pasaje nos conduce a plantearnos un aspecto del evangelio que a veces olvidamos. El evangelio es un glorioso mensaje de ''consolación'', de pecados perdonados, de abolición de la condena, de relaciones reconciliadas con Dios, de Espíritu derramado y de eternidad garantizada. Pero el evangelio también es un ''llamado'' a abandonar una vida de acuerdo a los deseos de la carne para que podamos vivir para Cristo. La verdadera salvación no es solo recibir consolación sino también responder al llamado. Este compromiso de una vez y para siempre de vivir una vida santa crucificando las pasiones y los deseos de la carne, tiene que vivirse mediante el poder de Cristo en nuestro interior en cualquiera relación o situación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existe otro lugar donde este compromiso sea más necesario que en el área de la comunicación. Si fuéramos humildemente honestos, admitiríamos que mucho de lo que decimos está motivado por las pasiones y los deseos de la carne, y no por un compromiso con la obra y la voluntad de Cristo. Maridos que critican con enojo a sus esposas, esposas que ceden a las protestas y las quejas, niños que expulsan su ira contra sus padres, padres que en su frustración muerden a sus hijos con palabras, miembros decepcionados del cuerpo de Cristo que difaman a sus líderes… Todos ellos cediendo a las pasiones y deseos de la carne. El resultado es una cosecha de malos frutos de relaciones rotas y problemas cada vez más complicados y sin resolver.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hablamos con palabras formadas según las emociones y deseos de la carne, estaremos negando tanto la promesa de Cristo de libertad frente al dominio del pecado como nuestro compromiso de vivir como aquellos que ''pertenecen'' a Él. Hablar palabras de redención significa proclamar el poderoso dominio propio que Cristo nos ha otorgado, proclamar al Único que rompió las cadenas de nuestra esclavitud del pecado y que nos dio el don de Su Espíritu que mora en nosotros. ¡Nuestras palabras pueden ser instrumentos de justicia! Podemos decir “no” a las emociones y a los deseos de la carne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''8. Hablar palabras de redención significa entender las relaciones desde un punto de vista de restauración''' (véase capítulo 6, versículos 1 y 2). Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Pablo está hablando de una condición que incluye este aspecto de la gloria en todos nosotros. Somos “atrapados” por el enojo, orgullo, auto compasión, envidia, venganza, amargura, auto justificación, lujuria, egoísmo, miedo e incredulidad. Y ni aún así nos damos cuenta de que estamos atrapados o no sabemos cómo liberarnos. Existen pecados ante los cuales estamos ciegos o que son nuestro particular terreno de lucha. ¡Llegará el día en que la trampa final caiga y estemos ''con'' Cristo para siempre! Pero hasta ese momento, necesitamos reconocer que como pecadores, el pecado nos atrapa fácilmente. Por eso, nos necesitamos los unos a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, Pablo dice: “vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Cuando estamos “andando por el Espíritu” (versículo 25), estamos en posición de ser uno de Sus restauradores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa que nuestras relaciones están dirigidas por este plan de restauración. Todos tendemos a pensar que nuestras relaciones nos pertenecen. Tendemos a ver a los demás como nuestras posesiones. Los padres caen en esto con sus hijos; luego durante la adolescencia, cuando el niño fracasa, los padres no son capaces de ver más allá de su propio enojo ¡ni de ser agentes de restauración con sus propios hijos! Esposas y esposos piensan que es responsabilidad de su cónyuge el hacerlos felices. La vida se convierte en una serie de exámenes finales. Juzgamos a las personas dependiendo de cómo actúen, del impacto que tengan en nosotros. Buscamos respeto, amor, aprecio y honor, y para nosotros es muy difícil mantener relaciones en las que no haya esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos está exhortando ahora a hacer algo radicalmente distinto. Este nuevo plan está arraigado en el reconocimiento primordial de que nuestras relaciones no nos pertenecen a nosotros sino a Dios. En cuanto comenzamos a considerar de este modo nuestras relaciones, comenzamos a ver esta necesidad de restauración a nuestro alrededor. Cuando están de vacaciones y los niños se pelean en la parte trasera del coche, ¡existe algo más aparte de que se arruinen sus caras vacaciones! La necesidad de restauración se está revelando por si sola. Ante esta situación puede reaccionar como un padre irritado al que sus hijos le están quitando las vacaciones de sus sueños, o puede reaccionar como un restaurador que quiere ser un instrumento en manos del gran Restaurador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esposos y esposas discuten una y otra vez sobre el mismo tema, tienen que hacer otra cosa aparte de maldecir su matrimonio porque no funciona o al otro porque no entiende nada. Necesitan descubrir o darse cuenta de donde han sido “atrapados” y tienen que actuar el uno con el otro no siguiendo un plan exigente sino un plan de restauración. El mayor logro de las relaciones humanas no es la búsqueda de la felicidad entre los hombres sino la reconciliación con Dios y la restauración a la imagen de Su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''9. Hablar palabras de redención significa hablar con humildad y mansedumbre''' (véase capítulo 6, versículo 1). Expresiones ásperas (“¿Tan difícil es que te organices?&amp;quot;; “si piensas que voy a seguir arreglando tu desorden, ¡ya puedes ir quitándotelo de la cabeza!”) y palabras orgullosas (&amp;quot;Cuando yo quiera&amp;quot; o &amp;quot;simplemente no puedo entender a la gente así&amp;quot;) habladas ante la debilidad, la tentación o el pecado de otra persona, sencillamente contradicen el mensaje del Evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre debería ser nuestra respuesta natural cuando vemos a un hermano o hermana atrapado en el pecado. Tenemos que reconocer que si no fuera por la gracia de Dios nos encontraríamos donde están ellos. Por tanto tenemos que actuar con ellos con la misma gracia que hemos recibido. Dios nos amó cuando éramos detestables. Nos ha perdonado cada vez que hemos vuelto a pecar. De hecho, es Su amor el que nos lleva de la oscuridad hacia Su maravillosa luz. Cuando hablamos unos con otros, todos tenemos que luchar contra la realidad de los pecados que permanecen, por eso es esencial que nos reflejemos en el apremiante amor de Cristo. Él es nuestra única razón, nuestra única esperanza. Él solo es capaz de cambiar nuestros corazones. Debemos querer hablar de tal manera que lleve a la gente a poner su esperanza en Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos libres para ser mansos porque hemos desechado cualquier esperanza de que la presión, el poder o la lógica del hombre puedan cambiar corazones. El cambio en una persona no lo va a producir nunca el volumen de nuestra voz, el poder de nuestras palabras, el dramatismo del momento, la creatividad de nuestros ejemplos, la fuerza de nuestras palabras, el fantasma de nuestros temores o la grandeza de nuestros gestos. La mansedumbre fluye al saber donde reside nuestro poder. Dios puede susurrar palabras que produzcan una convicción ensordecedora en el corazón. Sí; nosotros queremos pensar y hablar bien, pero solamente porque queremos ser instrumentos útiles en manos del Único que ''trae'' el cambio, no porque confiemos en nuestra habilidad para producirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre en las palabras no proviene de alguien que está enojado y espera zanjar el asunto. Proviene de una persona que está hablando no por lo que quiere ''de'' ti sino por lo que quiere ''para'' ti. Solo puedo hablar con mansedumbre cuando no hablo desde el daño personal, enfado o resentimiento sino con auto sacrificio y amor de redención. Estoy hablando con usted no porque su pecado me haya afectado sino porque le ha atrapado. Deseo verle liberado de esa trampa. No tengo una misión de enfrentamiento egoísta sino de rescate por amor. Y sé que de alguna manera todos necesitamos este rescate a diario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''10. Hablar palabras de redención significa tener una vida y una comunicación con otro enfoque''' (véase Gálatas 6:2). El ejemplo aquí es el de unas personas de viaje. No sólo están concentrados en la carga que tienen que llevar sino que están mirando alrededor para ver quién necesita ayuda. Con estas palabras: &amp;quot;Llevad los unos las cargas de los otros”, Pablo extiende su exhortación a nosotros. Nos exhorta a mirar más allá de nuestro consuelo y prosperidad, y a ver como algo bueno la persona que lucha por llevar su carga y compartir el peso. Este es el ejemplo de Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos exhortados a hablarles a los demás con esta mentalidad de “llevar cargas”. Cuando vemos que alguien está luchando contra la debilidad, tenemos que mostrarle la fuerza que tiene en Cristo. Cuando alguien es ignorante, tenemos que hablarle con palabras de verdad dadas por la sabiduría. Cuando alguien tiene miedo, le hablamos de la ayuda omnipresente que es Dios en tiempo de problemas. Cuando alguien está sufriendo, queremos hablarle palabras de consuelo. Cuando alguien está desanimado, buscamos hablarle palabras de esperanza. Si se siente solo, lo recibimos con muestras de nuestro amor y de la presencia de Cristo. Si está enojado, le mostramos que la rectitud, venganza y justicia es de Dios. Si está peleado, buscamos hablar como pacificadores y reconciliadores. Si está preocupado, le indicamos el Sabbath de descanso que Cristo a dado a Sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa elegir nuestras palabras con atención. No queremos satisfacer los deseos de la carne. No queremos provocar que otro peque a causa de nuestra propia envidia y vanidad. No queremos mordernos y devorarnos unos a otros con palabras. En su lugar, estamos comprometidos a servirnos los unos a los otros con amor en nuestras palabras. Queremos hablar andando conforme a lo que el Espíritu está queriendo producir en nosotros y en los demás. Queremos hablar de manera consecuente con Sus frutos y promoviendo el crecimiento de esos frutos en los demás. Por último, queremos hablar como agentes de restauración mansos y humildes, como personas que llevan las cargas, comprometidas a vivir según el mandamiento de amor de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cargásemos con esta exhortación en cada situación y relación, ¡obtendríamos un avivamiento, reconciliación y restauración radical en nuestras iglesias hogares y amistades! Si estuviésemos comprometidos a hablar palabras de redención todo el tiempo, ¡las cosas serían tan diferentes! ¡La relación de Sam y Belinda hubiera sido completamente diferente si hubieran respondido a la exhortación de Dios de hablarse con palabras de redención! ¡Elegir bien nuestras palabras es tan importante para nosotros!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Paul Tripp es director de  Changing Lives Ministries y consejero y miembro facultativo de CCEF, Glenside,&lt;br /&gt;
Pennsylvania. Este artículo pertenece a un libro sobre comunicación que será publicado próximamente&lt;br /&gt;
en la colección Resources for Changing Lives Series.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 12 Apr 2009 12:01:20 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Speaking_Redemptively/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Speaking Redemptively/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Speaking_Redemptively/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''PALABRAS DE REDENCIÓN (SPEAKING REDEMPTIVELY)'''&lt;br /&gt;
por Paul David Tripp.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en el instituto, tenía mi primer empleo y por primera vez, tuve que hacer frente a un gran problema fuera de mi hogar. Mis compañeros de trabajo robaban y dañaban el material. Sabía quién era el culpable pero el jefe no. Yo no quería formar parte de lo que estaba pasando ni que me culpasen a mí por algo que no había hecho. Tenía que hablar con mi jefe y quizás con mis compañeros, pero estaba asustado. Reuní el valor suficiente para contarle a mi padre lo que estaba ocurriendo. Él se mostró de acuerdo en que tenía que hablar con los implicados y entonces me dijo: “Hijo, intenta elegir tus palabras con atención”; fue una buena forma de resumir lo que significa hablar con dominio y con propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención es elegir nuestras palabras con atención. No se trata sólo de las palabras que utilizamos sino de las que decidimos no utilizar. Hablar palabras de redención es estar preparado para decir lo correcto en el momento adecuado y con dominio propio. Hablar palabras de redención es no dejarnos llevar por las pasiones o los deseos personales, sino hablar teniendo presente el propósito de Dios. Se trata de ejercitar la fe necesaria para lo que Dios hace en ese momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuando las palabras destruyen.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda eran una pareja con mucho conocimiento mutuo y sin embargo nunca habían podido resolver los problemas de su relación. Cuando comenzamos a reunirnos, tenían serias dificultades en su matrimonio. Desde hacía dos años, Sam se había ido de casa en tres ocasiones desde dos semanas hasta un mes. Belinda se fue en una ocasión a casa de sus padres para prolongar sus &amp;quot;vacaciones&amp;quot;. Aquí teníamos a un matrimonio cristiano, casado durante 20 años, con un sólido conocimiento de las Escrituras y el uno del otro, y aún así no eran capaces de poner solución a sus problemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que nos reunimos, la tensión no se podría haber cortado con un cuchillo… ¡se hubiera necesitado una motosierra! Sam estaba tan enojado que en cuanto terminé de orar, se levantó y dijo: “¡No sé qué hago aquí! Sé perfectamente qué es lo que no funciona en nuestra relación; se lo he dicho a Belinda cientos de veces. Ella se niega a aceptarlo y se hace la víctima. No tengo ningún interés en sentarme aquí y volver a recordar todas las horribles cosas que han pasado entre nosotros durante los últimos 20 años! ¡Simplemente no puedo!”. Y dicho esto se marchó. Me disculpé ante Belinda y salí tras él hasta llegar a su coche donde al final logré convencerlo para que volviese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había mucha verdad en lo que Sam había dicho. Realmente sí ''conocía'' los problemas de su matrimonio. Muchas veces le ''había'' dicho a Belinda cosas que ella no quiso escuchar. Belinda sí se ''hacía'' la víctima en esos momentos de enfrentamiento. Sam se ''había'' visto obligado a tener que recordar una y otra vez las desagradables escenas que habían tenido lugar entre ellos. Y a pesar de todas las charlas y análisis, Sam no había sido otra cosa que un instrumento para cambiar la vida de Belinda. En realidad, el fruto de las palabras de Sam era una esposa victimista más resentida que nunca. Con todo lo que la conocía, Sam nunca formó parte de lo que Dios buscaba obrar en la vida de Belinda. Al contrario, se interpuso en la obra del Señor, brindándole una y otra vez grandes oportunidades al diablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto Belinda como Sam habían traído consigo cosas al matrimonio que contribuyeron a sus problemas. El padre de Belinda era un hombre extremadamente crítico y legalista. Cada noche a la hora de cenar, Belinda era testigo del maltrato verbal que sufría su madre cuando su padre criticaba su trabajo en casa, su manera de cocinar, sus palabras, su apariencia e incluso su voz (“esa voz de rata quejica”). Había muchas noches en las que Belinda lloraba hasta quedarse dormida o se quedaba pensando en cómo devolverle a su padre el dolor que le estaba provocando a su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando comenzaron a salir, Sam se dio cuenta de que Belinda solía ser demasiado susceptible y eso le molestaba a veces, pero intentaba pasarlo por alto porque había otras muchas cosas que le gustaban de Belinda. No se imaginaba que se iba a casar con una mujer resentida, auto protectora, llena de miedos, y decidida a hacer todo lo que fuera necesario para no caer en el &amp;quot;infierno&amp;quot; que su madre había vivido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al revés, los padres de Sam mantuvieron una magnífica relación. A menudo se prodigaban muestras de cariño. Si discutían, no sólo se pedían perdón mutuamente sino que también se disculpaban ante cualquier hijo que hubiera presenciado la discusión. En la familia de Sam, un fracaso no era el fin del mundo sino lo contrario, te alentaban a levantarte e intentarlo de nuevo. Sam siempre deseó tener un matrimonio como el de sus padres. Soñaba con esa maravillosa época como es la navidad alrededor del árbol, siendo él ahora el padre. Se casó con Belinda con ese sueño en mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casar a Sam y Belinda no fue una equivocación en la soberanía de Dios. Se trataba del sabio propósito de redención de Dios utilizar su relación como taller para Su continuo trabajo de santificación. En esta relación, sus corazones iban a exponerse y a ser cambiados; este era el propósito de Dios. Sin embargo Sam no se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en su sueño. Belinda tampoco se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en sus miedos. Por lo que ninguno de los dos pensó o habló palabras de redención cuando Sam comenzó a ver su sueño desmoronarse y Belinda sus miedos hacerse realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí; Sam sabía que Belinda siempre parecía predispuesta a oír críticas incluso donde no las había. Y Belinda sabía que Sam siempre parecía decepcionado porque su familia no se correspondía con la familia de sus sueños. Pero a pesar de todo su conocimiento mutuo, las cosas entre ellos se fueron degenerando mientras pasaban los años. Las palabras alrededor de sus problemas solo iban añadiendo capas de dolor y complicación. En lugar de exigirse cambiar, Sam y Belinda necesitaban aprender el significado de hablar palabras de redención ante la decepción, el dolor, el fracaso y el pecado: situaciones que son comunes en un mundo decadente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Por qué destruyen las palabras.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos entender la incapacidad de Belinda y Sam para resolver los problemas de su relación? ¿Cuál es su camino hacia el cambio? ¿Qué significado tiene tanto para ellos como para nosotros ''elegir nuestras palabras'', hablar palabras de redención?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un pasaje concreto de Gálatas que da una explicación a la relación de Sam y Belinda, seguido de otro que indica cómo cambiar. Ambos pasajes definen lo que significa “elegir nuestras palabras” para que podamos formar parte de lo que el Redentor está haciendo en nuestra vida y en la de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos primero qué ha ido mal en la relación de Belinda y Sam. El pasaje para el diagnóstico será Gálatas 5:13-15:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las tres partes de las que consta este pasaje pueden ayudarnos a comprender qué va mal en la relación de Sam y Belinda, especialmente en lo que concierne a la comunicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
        '''1.“Sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si ustedes le hubiesen preguntado a Belinda y a Sam si su relación era un pretexto para la carne hubieran respondido &amp;quot;no&amp;quot; automáticamente; pero hubieran estado automáticamente equivocados. El mandamiento del amor no daba forma a su relación y a su comunicación. Carecían gravemente de la actitud de servicio que se exhorta en este pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le preguntaron a Dios cómo podían actuar para alentar al cónyuge y apoyar lo que Dios estaba haciendo en la vida del otro. No consideraron cómo podían “estimularse el uno al otro al amor y a las buenas obras” (He. 10:24). No buscaron el modo de consolarse, alentarse, advertirse o enseñarse el uno al otro. No consideraron las dificultades como una oportunidad para ministrar la gracia de Dios. No buscaron el modo de ayudarse a llevar su carga. No eligieron palabras que alentaran la unidad, el amor y el servicio mutuo; Sam y Belinda esperaban ser servidos. Él quería disfrutar de su sueño y ella aislarse de sus miedos. Por  lo tanto, no buscaban maneras de servir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí es donde este pasaje nos ayuda especialmente porque nos dice que lo contrario a servir por amor no es la ''ausencia'' de amor o de servicio, ¡sino la satisfacción activa de la carne! O vivo como un servidor del Señor y acepto Su llamado a servir a los que están a mi alrededor o vivo para complacer las ansias de la carne y espero a que los demás también lo hagan. Aunque al principio Belinda y Sam no lo habrían admitido, finalmente comprendieron que habían comenzado su relación con deseos egoístas como centro de la misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam perseguía su objetivo por la familia y la esposa perfecta. A causa de ello, en seguida comenzó a sentirse decepcionado y enojado cuando vio a Belinda como un obstáculo para conseguirlo. Belinda se casó con el objetivo personal de auto protección. Su continua fijación en ella misma (¿cómo me está tratando el mundo?) dominaba su relación y su comunicación con Sam. A causa de este objetivo de auto protección, cualquier cosa que Sam hacía o decía la tomaba aparte para encontrar siempre algo que fuera insensible, criticable, negligente o &amp;quot;blasfemia&amp;quot;. Entonces, en su decepción, con su ira arremetía contra él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Santiago 4:1-2, explica la manera en la que los deseos de Belinda y Sam afectaban a la dinámica de su relación. &amp;quot;¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis”. La suya era una relación de conflictos constantes porque sus corazones estaban gobernados por las pasiones de la carne. Santiago habla sobre las pasiones que combaten en el cuerpo, pasiones que declaran la guerra para ejercer el control sobre las personas, los recursos, el &amp;quot;territorio&amp;quot;. La batalla entre el deseo por la familia perfecta y el deseo de auto protección se había adueñado del matrimonio de Sam y Belinda. El resultado, como describe Santiago, era de conflicto continuo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
         '''2.“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto también nos proporciona una perspectiva muy importante para la relación. Los problemas en la relación de Sam y Belinda no eran primordialmente horizontales (de persona a persona) sino primordialmente verticales (de la persona a Dios). Si estoy viviendo para la gloria de Dios, si este es mi objetivo personal antes que mi propia felicidad, si mi amor por Él permanece por encima de mi amor por cualquier cosa o persona, incluyéndome a mí mismo, entonces mi objetivo real en la vida será agradar a Dios en todo lo que haga y diga allá donde quiera Él que yo esté. De tal compromiso con Dios que sale del corazón, se desprende un fruto seguro: que amaré a mi prójimo como a mí mismo. El Primer gran mandamiento siempre precede y determina el cumplimiento del Segundo. Nunca podré amar a mi prójimo como a mí mismo si primero no estoy amando a Dios sobre todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Santiago 4 es otra vez útil. En el versículo 4, en medio de la discusión sobre las causas y las soluciones a los conflictos del hombre, Santiago introduce el concepto de adulterio espiritual. El adulterio se produce cuando el amor que prometimos a una persona se lo damos a otra. El adulterio espiritual se produce cuando el amor que le pertenece a Dios se entrega a cualquier otro aspecto de la creación (véase Romanos 1:25). Santiago dice algo inmensamente útil en tanto que intentamos comprender la relación entre Belinda y Sam: ¡la raíz del conflicto entre hombres se encuentra en el adulterio espiritual! Cuando un deseo por algo sustituye al amor de Dios como la fuerza que controla mi corazón, obtendré conflictos en mis relaciones como resultado. El conflicto tiene una raíz vertical que produce frutos horizontales como la pelea y la discusión. Tener un amor por Dios que me haga querer guardar Su ley siempre tendrá como resultado un amor real hacia mi prójimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
             '''3.“Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta última parte de Gálatas 5 es una acertada descripción de las conversaciones diarias entre Belinda y Sam. Uno a otro se mordía y devoraba con palabras. Nunca se estableció, ni se reforzó o alentó la comunicación. En su lugar, se especializaron en lanzarse dardos el uno al otro. Sam conocía las partes sensibles y vulnerables de Belinda y atacaba ahí cada vez que se interponía en su sueño. Belinda conocía donde podía herir a Sam, y devorar sus alegrías o esperanzas con unas precisas palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras de ambos eran críticas, condenatorias, manipuladoras, amenazantes, sentenciosas, egoístas, maliciosas, exigentes, despiadadas y vengativas. De sus palabras se desprendía que más que necesitar un cambio radical en su vocabulario, Sam y Belinda necesitaban un cambio radical en el corazón, lo que cambiaría primordialmente el modo de dirigirse el uno al otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión no era que tenían problemas cuando se casaron. Eso nos pasa a cada uno de nosotros; además Dios diseñó el matrimonio así. El acto más importante en las relaciones humanas existe fundamentalmente como medio para Su continuo trabajo de santificación y no para nuestra satisfacción, sino para que podamos ser para alabanza de Su gloria. No es casualidad que la relación humana más importante (el matrimonio) ocurra durante el proceso más importante de la vida (la santificación). ¡Dios lo ha determinado así para Su gloria y para el bien de Sus hijos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería un error que Sam y Belinda dijesen que su matrimonio acabó en ese estado tan horroroso porque estaban maldecidos con problemas inusuales. El problema no era que tuvieran problemas. La cuestión principal era el modo en el que los deseos de su corazón dictaban sus reacciones durante los problemas. Puesto que vivían para ellos mismos y no para Dios, se mordían y devoraban el uno al otro hasta llegar a destruirse. Sam había expresado dudas acerca de la fidelidad y el amor de Dios y Belinda había dejado de acudir a la iglesia con él. La fe de ambos yacía herida bajo las ruinas del conflicto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos dice que la Biblia es poderosa para discernir “los pensamientos y las intenciones del corazón” (He.4:12), y Gálatas 5 hace exactamente eso con Sam y Belinda. Su relación no estaba gobernada por la ley del amor sino por los deseos de la carne. Como Dios no tenía el control, se enfrentaban a cada situación esperando poder cumplir sus propios sueños, deseos y exigencias. En su enojo y decepción, se mordían el uno al otro con palabras. Sus palabras rompían la estructura de su relación porque la estructura de su fe ya se había roto en sus corazones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablar palabras de redención en un mundo de pecado.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda nos muestran que hablar palabras de redención no es una cuestión superficial acerca de elegir las palabras adecuadas, sino un compromiso fundamental del corazón para elegir las palabras que promuevan la obra de Dios en una situación concreta. Belinda y Sam habían olvidado la verdadera guerra que se esconde tras las disputas de los hombres. Habían comenzado a pensar que su batalla ''era'' con sangre y carne, por lo que se peleaban para conseguir los sueños que estaban afianzados en sus corazones. Las palabras eran su principal arma. ¿Qué hubiera significado para Sam y Belinda hablar palabras de redención ante esta situación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gálatas 5 continua dándonos respuestas útiles: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.&lt;br /&gt;
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.&lt;br /&gt;
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.&lt;br /&gt;
Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gálatas 5:16-6:2).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pasaje proporciona una guía paso a paso de lo que significa hablar palabras de redención. Recuerden que hablar palabras de redención no quiere decir que ignoremos las preocupaciones reales de la vida; no podemos porque vamos a encontrarlas cada día. Al contrario, con palabras de redención le hablamos a esas preocupaciones de un modo que promueva los intereses del Rey de las siguientes formas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''1. Hablar con palabras de redención comienza cuando reconocemos la batalla interior''' (véanse versículos 16,17). Mientras que el pecado siga morando en nosotros, habrá una batalla en nuestros corazones (Ro. 7:7-15, Ef. 6:10-20, Santiago 4:1-10). Debemos vivir siempre conscientes de este conflicto porque olvidar la presencia y el poder del pecado en nuestro interior nos llevará inmediatamente a tener problemas con nuestras palabras. Este es ''el'' conflicto, de donde parten todas las batallas que peleamos. Nunca deberíamos ceder ante el pensamiento de que nuestra principal batalla es con sangre y carne (véase Ef. 6:10-12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No debemos permitirnos ver a nuestro marido, esposa, padre, hijo, hermano, hermana o amigo como el enemigo. Cuando lo hacemos, nuestro objetivo se vuelve en dirección horizontal, y las palabras de redención salen por la ventana. Solamente existe un enemigo que está maquinando, manipulando, tentando, decepcionando y enmascarando para que olvidemos la verdadera batalla y tentándonos a sucumbir a los deseos de la carne. Cuando hablamos conscientes de la verdadera guerra espiritual interior, frustramos el trabajo del enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''2. Hablar palabras de redención significa no satisfacer nunca cuando hablamos los deseos de la carne''' (véase versículo 16). Todos nosotros luchamos contra un conflictivo catálogo de deseos. Cuando algo ha ido mal, puede que deseemos encontrar una solución apropiada de Dios, pero hay otros deseos que también están funcionando. Puede que deseemos ver quién tiene la culpa o quitarnos responsabilidad. Puede que deseemos recordar todas las veces que esta persona nos ha fallado o que sufra como nosotros sufrimos. Puede que deseemos compartir su fracaso con otra persona. Puede que tengamos celos de alguien que se esté llevando la atención que creemos merecer. Puede que estemos resentidos o llenos de odio hacia alguien que nos ha fallado una y otra vez. Puede que estemos llenos de ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa decir no a cualquier conversación que derive de estos deseos. Hablar con redención no comienza por examinar la situación, la necesidad de la persona(s) con la que tenemos que hablar, o los pasajes de las Escrituras que nos indicarían lo que deberíamos decir. No; hablar palabras de redención comienza con un auto examen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''3. Hablar palabras de redención significa rechazar las palabras que sean contrarias a lo que el Espíritu está intentando producir en mí y en los demás''' (véanse versículos 16-18). Como cristiano, lo más importante en mi vida es que se complete la obra de Dios en mí y en los demás para alabanza de Su Gloria. No quiero obstaculizar lo que como Redentor está haciendo en los pequeños momentos de la vida. Reconozco que finalmente esos momentos no me pertenecen a mí sino a Él. Son el taller en los que realiza Su obra de santificación y mi tarea es ser un instrumento útil en Sus manos redentoras. Cada vez que hablo con los deseos de mi carne, me estoy comunicando de una manera que va en contra de lo que el Espíritu está intentando producir en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''4. Hablar palabras de redención supone una disposición a examinar cómo están presentes los frutos de la carne en mis palabras''' (véanse los versículos 19-21). Si quiero vivir de manera consecuente con la obra que el Espíritu está haciendo en mí y no dejar espacio al enemigo, tengo que estar dispuesto a examinar mi forma de hablar delante del espejo de la Palabra de Dios. Yo quiero que “las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón” sean gratas delante del Señor (salmo 19:14), por tanto voy a buscar si hay palabras de envidia, celos y orgullo. Voy a buscar palabras sectarias, de disensión y división; palabras de enojo, ira, malicia y odio; palabras egoístas, de autojustificación, de auto protección y defensivas. Palabras que muestren impaciencia, irritación, ausencia de perdón, desagrado y ausencia de mansedumbre. Busco palabras groseras o materialistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me examino con una actitud de auto crítica morbosa y desalentadora; lo hago con alegría, dándome cuenta de que gracias a la presencia del Espíritu Santo en mi interior, no tengo que vivir bajo el control de la carne (Ro. 8:5-11). ¡Con gozo, busco agradarle a Él sea como sea y en cualquier situación! Quiero hablar de una manera digna de la vocación con que he sido llamado (Ef. 4:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''5. Hablar palabras de redención significa decir “no” a cualquier razonamiento o argumentos de auto suficiencia o de búsqueda de culpabilidad que justifique palabras contrarias a la obra del Espíritu, o que haga que mis palabras sean adecuadas o aceptables para una persona del mundo''' (véanse versículos 19-21). Yo era un joven pastor de una pequeña congregación conflictiva y con una enorme necesidad de consejo. Me parecía que nunca había un momento de tranquilidad en casa antes de que me estuviera llamando alguien para contarme la última, gran crisis. Tenía pavor de escuchar el teléfono por la noche y más aún de las palabras: “Paul, te llaman&amp;quot;. Aunque no me diera cuenta, poco a poco veía a ciertas personas de la congregación como obstáculos para lo que yo quería hacer en lugar de instrumentos del llamado del Señor, que con gozo yo había aceptado. Recuerdo que cuando me llamaban le decía a mi mujer: ¡¿Quién es ahora?! Y luego respondía con una amistoso y pastoral: ''“Holaa”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado por la tarde que pasaba en casa con mi mujer y mis hijos recibí una llamada de un joven que estaba desesperado. Llevaba mucho tiempo en esa situación y parecía tener el don de llamarme en los momentos más inoportunos. Siempre se mostraba desanimado, siempre estaba pidiendo ayuda y sin embargo siempre que se le ofrecía se resistía a aceptarla. Nada parecía darle resultado; afirmaba que lo había intentado todo. Se encontraba en uno de los cutres moteles de la zona diciendo que iba a poner fin a su vida de una vez por todas. Decía que a menos que tuviera una razón para vivir, se suicidaría antes de que acabase el día. Averigüé donde se alojaba, le pedí a mi mujer que orase y me fui en coche a hablar con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el camino oré y sabía que mi mujer estaba orando pero había una guerra librándose en mi interior. ¡Yo ''era'' ese conflictivo catálogo de deseos! Realmente no me gustaba ese hombre. Me disgustaba esa actitud abatida, su voz quejica. Me disgustaba esa necesidad de tener que ser siempre el centro de atención. Odiaba la manera en la que había escupido mis consejos cada vez que se los había ofrecido. Me molestaba el tiempo que le había robado a mi familia y a otros ámbitos de mi ministerio. Y me enfadaba pensar que tenía que ir una vez más a rescatarlo. Mientras iba conduciendo, mis pensamientos iban y venían en la guerra entre la responsabilidad pastoral y el resentimiento personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando llegué al motel nos sentamos en una habitación sucia que olía a humo y a sudor. Me contó su típica letanía de quejas. Comencé a contestarle con verdades del evangelio cuando me interrumpió y me dijo: “¿No irás a soltarme ese rollo otra vez, no? ¿No tienes nada nuevo que contarme?&amp;quot;. No podía creer lo que estaba oyendo. Ahí estaba yo permitiendo que mi familia se preocupase por él, y ¡él se estaba burlando de mis esfuerzos por ayudarle sin ningún agradecimiento! Perdí. Cedí a la rabia que había estado acumulando durante semanas. Lo puse verde de arriba abajo. Le dije todo lo que la congregación y yo pensábamos de él. Lo culpé de todo lo que pude; le dije que moviera el trasero e hiciera algo bueno para cambiar, oré por él (¡!) y me fui. Iba furioso de camino a casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La condena no tardó mucho tiempo en aparecer mientras conducía de camino a casa. Tampoco tardaron los razonamientos y los argumentos de auto disculpa. Cuando llegué a casa, estaba convencido de que había hablado como uno de esos antiguos profetas proclamando en un lugar de rebelión y pecado un &amp;quot;así dice el Señor&amp;quot;. Me había auto convencido de que Dios usaría ese dramático momento de verdad para crear un cambio permanente en la vida de ese hombre. Cuando entré en casa, mi mujer que había estado orando, me preguntó cómo fue todo. Le dije que nunca le había hablado a nadie de mi ministerio con tanta brusquedad como a aquel hombre. Me aseguré de que le contaba la analogía del profeta. Y enseguida me respondió: “suena como si te hubieras enojado y hubieras explotado”. En el momento en que pronunció esas palabras, vi claramente mis argumentos de auto suficiencia como lo que eran y me llené de remordimientos. Conforme aparecía, Dios utilizó la confesión posterior de mi propio pecado y la batalla con ese hombre para comenzar a cambiarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiere que escuchemos palabras contrarias a la obra del Espíritu pero también que escuchemos la manera en la que racionalizamos palabras carnales para aceptarlas en nuestra conciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
        '''6. Hablar palabras de redención significa hablar “andando por el Espíritu”''' (véase versículo 25).&lt;br /&gt;
Andar por el espíritu significa tener un compromiso por hablar de manera consecuente con Su obra en mí y que promueva Su obra en otra persona. En este pasaje, la obra del Espíritu está bastante clara. Está trabajando para cosechar en nosotros conforme al carácter de Cristo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Hablar andado por el Espíritu significa que como acción de sumisión y fe, mantengo mis palabras a la altura de estos frutos espirituales. Y descubro en las dificultades de la vida, oportunidades soberanas para ver por Su gracia este fruto maduro en mí. Las dificultades no son obstáculos para el desarrollo de este fruto sino ocasiones para verlo crecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace años había un hombre en nuestra congregación que era bastante crítico con mi ministerio. Me revolvía por dentro cada vez que lo veía o incluso pensaba en él. Recuerdo lo aliviado que me sentía cuando llegaba a la iglesia y me daba cuenta de que no estaba allí. También era consciente de que no se guardaba sus comentarios para él; había comenzado a reunir a personas del mismo parecer. Nuestra congregación no era grande y por tanto el descontento era cada vez más evidente. Decidí que era hora de preguntarle a ese hombre si podíamos hablar. Le dije a mi esposa que estaba pensando en hablar con Pete (no es su nombre real) y enseguida me preguntó lo que iba a decirle. Mientras le iba contando lo que pensaba, me di cuenta de que mi esposa no estaba de acuerdo por lo que le pregunté la razón. Ella me dijo: &amp;quot;Paul, antes de que trates con él tienes que tratar contigo mismo. Me da la impresión de que odias a ese hombre. No creo que resulte nada bueno de tratar con él y con sus equivocaciones hasta que no trates con tu propia actitud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quería creer que Luella no era sino otra persona que me malinterpretaba y me juzgaba mal; pero no era así. Nunca me habían hablado más claro. Odiaba a ese hombre. Odiaba el efecto controlador que ejercía sobre mí. Odiaba que hubiera puesto a otros en mi contra. ¡Odiaba que a causa de sus críticas me cuestionara todo lo que hacía como pastor! Odiaba cómo había destruido el sueño por mi ministerio y por nuestra congregación. Odiaba su sonrisilla arrogante. Realmente no quería tratar con él. ¡Sólo quería que saliera de mi vida!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luella tenía razón. No me encontraba en condiciones de ser un instrumento del Espíritu en la vida de Pete. No me encontraba en situación de hablar palabras de redención. ''Estaba'' andando sin el Espíritu completamente respecto a esta relación. ''Necesitaba'' tratar primero conmigo; ''necesitaba'' examinar mi corazón y confesar el pecado que había allí, y ''necesitaba'' determinación para hablar de un modo consecuente con el fruto que el Espíritu estaba produciendo en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme examinaba mi corazón, salían muchas más cosas que necesitaba cambiar de las que jamás había pensado. Mi problema no era tan solo odio e ira, sino pecados a un nivel más profundo. Mucho de lo que había estado motivándome en el ministerio no había sido la obra de Dios sino mi deseo personal. Había soñado con establecer un ministerio en una zona difícil y tener más éxito que nadie. Había soñado con ser muy respetado por una congregación cada vez más numerosa y con el tiempo, por toda la comunidad cristiana. Había soñado con un gran crecimiento del número de miembros, con construir unas instalaciones grandes y modernas, y con liderar a la “iglesia influyente” de la zona. Sobre todo, había soñado con que yo sería considerado como el único responsable de todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Odiaba a ese hombre porque él tenía razón! No en la forma con la que trató sus ideas sobre mi ministerio, pero sí en su opinión sobre mi orgullo. ''Realmente'' me encantaba ser el centro de atención de cualquier reunión. ''Realmente'' yo tenía la última palabra en cada tema. Me ''frustraba'' cuando la gente era un obstáculo para mis novedosos programas. Odiaba que las cosas avanzaran lentamente y que la gente fuera tan negativa. Y estaba luchando contra Dios por haberme puesto en ese sitio tan difícil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo hombre que odiaba comenzó a convertirse en un instrumento de rescate en las manos del Señor. A través de Pete, mi sueño arrogante y egoísta comenzó a morir. Bajo el fuego de esta prueba, Dios me mostró de otra manera el pecado de mi corazón. Me tomé varios días para examinarme a mí mismo y esta situación durante los cuales comencé a estar agradecido por el mismo hombre que había odiado. No estaba agradecido por su pecado sino por la manera en la que Dios lo había usado en mi vida. Conforme me volvía agradecido, empecé a escuchar lo que Pete había dicho sobre mí y cómo lo había dicho. Me di cuenta de que había cosas que Dios quería que aprendiese incluso viniendo de un mensajero tan severo. Finalmente, escuchando cómo expresaba sus pensamientos me di cuenta de que él y yo éramos bastante parecidos. Pete era orgulloso, dogmático, protestón e impaciente. Había estado odiando todas esas cosas pero me di cuenta de que también estaban presentes en mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días, Dios me dio un genuino amor pastoral hacia Pete, y cuando hablábamos podía dirigirme a él de una manera paciente, amable, educada, pacífica y con dominio propio. Incluso era capaz de comenzar esas conversaciones tan difíciles con alegría mientras meditaba en la buena obra que el Espíritu había hecho en mí a través de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar andando por el Espíritu no es solo hablar de un modo consecuente con lo que el Espíritu está haciendo en ''mí'', también significa hablar de un modo que promueva el crecimiento de ese fruto en ''usted''. Francamente, antes de que Luella hablase conmigo no me importaba si Dios me estaba usando en la vida de Pete. Sólo había dos cosas que me importaban: quería mostrarle a Pete que estaba equivocado y luego que abandonase la iglesia y ¡que me dejase en paz! Había cedido al pensamiento de que mi batalla era con &amp;quot;sangre y carne&amp;quot; (Ef. 6:10-12). Veía a Pete como el enemigo al que derrotar y había olvidado la guerra espiritual que se estaba librando bajo la superficie. No quería ser servidor de Pete, quería que el apoyase mi sueño. Incluso siendo su pastor, lo último que quería era ser un instrumento de redención en su vida. Hasta que hablé con Luella, ni siquiera antes había considerado que yo fuera un instrumento que el Espíritu podía usar para producir buenos frutos en su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando por fin hablé con Pete, seguí un plan radicalmente diferente al que le había planteado a mi esposa al principio. Ya no quería “ganar”. Ya no quería conseguir callarlo y que pasase obedientemente a formar parte de mi sueño. Yo quería que Dios me usase realmente para producir los frutos del Espíritu en Pete, el cual se presentó a nuestra conversación listo para la batalla. Era evidente que había preparado sus armas y ensayado su defensa. Pero no hubo batalla. Le dije que le estaba agradecido por sus comentarios, que a través de él, el Espíritu había expuesto mi corazón, y le pedí que me perdonase. Incluso antes de que tuviese la oportunidad de seguir hablando de él, Pete dijo; “Paul, yo también estaba equivocado. Supongo que si soy sincero tendría que decirte que te he odiado y que he buscado cualquier ocasión para criticarte delante de los demás. He estado enojado contigo y con Dios por ponernos en esta congregación. Necesito que me perdone&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, por primera vez desde hacía mucho tiempo, Pete y yo hablamos andando por el Espíritu, y el Espíritu produjo nuevos frutos en cada uno de nosotros. Pero no se olviden: comenzó cuando alguien se enfrentó a mí y me llevó a examinar mi propio corazón antes de enfrentarme a Pete. Hablar andando por el Espíritu significa tomarse un tiempo para escuchar, examinar, meditar y prepararse. Significa hablar con un compromiso de participar en la continua obra de gracia del Espíritu en nuestras vidas y en las de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''7. Hablar palabras de redención significa no dar lugar a las pasiones y a los deseos de la carne''' (véanse versículos 16, 24). Pongan mucha atención a las palabras del versículo 24: “Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Observen que esto no está en voz pasiva. Dice que cuando recibimos a Cristo, ''nosotros'' crucificamos las pasiones y los deseos de la carne. Este pasaje nos conduce a plantearnos un aspecto del evangelio que a veces olvidamos. El evangelio es un glorioso mensaje de ''consolación'', de pecados perdonados, de abolición de la condena, de relaciones reconciliadas con Dios, de Espíritu derramado y de eternidad garantizada. Pero el evangelio también es un ''llamado'' a abandonar una vida de acuerdo a los deseos de la carne para que podamos vivir para Cristo. La verdadera salvación no es solo recibir consolación sino también responder al llamado. Este compromiso de una vez y para siempre de vivir una vida santa crucificando las pasiones y los deseos de la carne, tiene que vivirse mediante el poder de Cristo en nuestro interior en cualquiera relación o situación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existe otro lugar donde este compromiso sea más necesario que en el área de la comunicación. Si fuéramos humildemente honestos, admitiríamos que mucho de lo que decimos está motivado por las pasiones y los deseos de la carne, y no por un compromiso con la obra y la voluntad de Cristo. Maridos que critican con enojo a sus esposas, esposas que ceden a las protestas y las quejas, niños que expulsan su ira contra sus padres, padres que en su frustración muerden a sus hijos con palabras, miembros decepcionados del cuerpo de Cristo que difaman a sus líderes… Todos ellos cediendo a las pasiones y deseos de la carne. El resultado es una cosecha de malos frutos de relaciones rotas y problemas cada vez más complicados y sin resolver.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hablamos con palabras formadas según las emociones y deseos de la carne, estaremos negando tanto la promesa de Cristo de libertad frente al dominio del pecado como nuestro compromiso de vivir como aquellos que ''pertenecen'' a Él. Hablar palabras de redención significa proclamar el poderoso dominio propio que Cristo nos ha otorgado, proclamar al Único que rompió las cadenas de nuestra esclavitud del pecado y que nos dio el don de Su Espíritu que mora en nosotros. ¡Nuestras palabras pueden ser instrumentos de justicia! Podemos decir “no” a las emociones y a los deseos de la carne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''8. Hablar palabras de redención significa entender las relaciones desde un punto de vista de restauración''' (véase capítulo 6, versículos 1 y 2). Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Pablo está hablando de una condición que incluye este aspecto de la gloria en todos nosotros. Somos “atrapados” por el enojo, orgullo, auto compasión, envidia, venganza, amargura, auto justificación, lujuria, egoísmo, miedo e incredulidad. Y ni aún así nos damos cuenta de que estamos atrapados o no sabemos cómo liberarnos. Existen pecados ante los cuales estamos ciegos o que son nuestro particular terreno de lucha. ¡Llegará el día en que la trampa final caiga y estemos ''con'' Cristo para siempre! Pero hasta ese momento, necesitamos reconocer que como pecadores, el pecado nos atrapa fácilmente. Por eso, nos necesitamos los unos a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, Pablo dice: “vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Cuando estamos “andando por el Espíritu” (versículo 25), estamos en posición de ser uno de Sus restauradores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa que nuestras relaciones están dirigidas por este plan de restauración. Todos tendemos a pensar que nuestras relaciones nos pertenecen. Tendemos a ver a los demás como nuestras posesiones. Los padres caen en esto con sus hijos; luego durante la adolescencia, cuando el niño fracasa, los padres no son capaces de ver más allá de su propio enojo ¡ni de ser agentes de restauración con sus propios hijos! Esposas y esposos piensan que es responsabilidad de su cónyuge el hacerlos felices. La vida se convierte en una serie de exámenes finales. Juzgamos a las personas dependiendo de cómo actúen, del impacto que tengan en nosotros. Buscamos respeto, amor, aprecio y honor, y para nosotros es muy difícil mantener relaciones en las que no haya esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos está exhortando ahora a hacer algo radicalmente distinto. Este nuevo plan está arraigado en el reconocimiento primordial de que nuestras relaciones no nos pertenecen a nosotros sino a Dios. En cuanto comenzamos a considerar de este modo nuestras relaciones, comenzamos a ver esta necesidad de restauración a nuestro alrededor. Cuando están de vacaciones y los niños se pelean en la parte trasera del coche, ¡existe algo más aparte de que se arruinen sus caras vacaciones! La necesidad de restauración se está revelando por si sola. Ante esta situación puede reaccionar como un padre irritado al que sus hijos le están quitando las vacaciones de sus sueños, o puede reaccionar como un restaurador que quiere ser un instrumento en manos del gran Restaurador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esposos y esposas discuten una y otra vez sobre el mismo tema, tienen que hacer otra cosa aparte de maldecir su matrimonio porque no funciona o al otro porque no entiende nada. Necesitan descubrir o darse cuenta de donde han sido “atrapados” y tienen que actuar el uno con el otro no siguiendo un plan exigente sino un plan de restauración. El mayor logro de las relaciones humanas no es la búsqueda de la felicidad entre los hombres sino la reconciliación con Dios y la restauración a la imagen de Su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''9. Hablar palabras de redención significa hablar con humildad y mansedumbre''' (véase capítulo 6, versículo 1). Expresiones ásperas (“¿Tan difícil es que te organices?&amp;quot;; “si piensas que voy a seguir arreglando tu desorden, ¡ya puedes ir quitándotelo de la cabeza!”) y palabras orgullosas (&amp;quot;Cuando yo quiera&amp;quot; o &amp;quot;simplemente no puedo entender a la gente así&amp;quot;) habladas ante la debilidad, la tentación o el pecado de otra persona, sencillamente contradicen el mensaje del Evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre debería ser nuestra respuesta natural cuando vemos a un hermano o hermana atrapado en el pecado. Tenemos que reconocer que si no fuera por la gracia de Dios nos encontraríamos donde están ellos. Por tanto tenemos que actuar con ellos con la misma gracia que hemos recibido. Dios nos amó cuando éramos detestables. Nos ha perdonado cada vez que hemos vuelto a pecar. De hecho, es Su amor el que nos lleva de la oscuridad hacia Su maravillosa luz. Cuando hablamos unos con otros, todos tenemos que luchar contra la realidad de los pecados que permanecen, por eso es esencial que nos reflejemos en el apremiante amor de Cristo. Él es nuestra única razón, nuestra única esperanza. Él solo es capaz de cambiar nuestros corazones. Debemos querer hablar de tal manera que lleve a la gente a poner su esperanza en Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos libres para ser mansos porque hemos desechado cualquier esperanza de que la presión, el poder o la lógica del hombre puedan cambiar corazones. El cambio en una persona no lo va a producir nunca el volumen de nuestra voz, el poder de nuestras palabras, el dramatismo del momento, la creatividad de nuestros ejemplos, la fuerza de nuestras palabras, el fantasma de nuestros temores o la grandeza de nuestros gestos. La mansedumbre fluye al saber donde reside nuestro poder. Dios puede susurrar palabras que produzcan una convicción ensordecedora en el corazón. Sí; nosotros queremos pensar y hablar bien, pero solamente porque queremos ser instrumentos útiles en manos del Único que ''trae'' el cambio, no porque confiemos en nuestra habilidad para producirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre en las palabras no proviene de alguien que está enojado y espera zanjar el asunto. Proviene de una persona que está hablando no por lo que quiere ''de'' ti sino por lo que quiere ''para'' ti. Solo puedo hablar con mansedumbre cuando no hablo desde el daño personal, enfado o resentimiento sino con auto sacrificio y amor de redención. Estoy hablando con usted no porque su pecado me haya afectado sino porque le ha atrapado. Deseo verle liberado de esa trampa. No tengo una misión de enfrentamiento egoísta sino de rescate por amor. Y sé que de alguna manera todos necesitamos este rescate a diario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''10. Hablar palabras de redención significa tener una vida y una comunicación con otro enfoque''' (véase Gálatas 6:2). El ejemplo aquí es el de unas personas de viaje. No sólo están concentrados en la carga que tienen que llevar sino que están mirando alrededor para ver quién necesita ayuda. Con estas palabras: &amp;quot;Llevad los unos las cargas de los otros”, Pablo extiende su exhortación a nosotros. Nos exhorta a mirar más allá de nuestro consuelo y prosperidad, y a ver como algo bueno la persona que lucha por llevar su carga y compartir el peso. Este es el ejemplo de Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos exhortados a hablarles a los demás con esta mentalidad de “llevar cargas”. Cuando vemos que alguien está luchando contra la debilidad, tenemos que mostrarle la fuerza que tiene en Cristo. Cuando alguien es ignorante, tenemos que hablarle con palabras de verdad dadas por la sabiduría. Cuando alguien tiene miedo, le hablamos de la ayuda omnipresente que es Dios en tiempo de problemas. Cuando alguien está sufriendo, queremos hablarle palabras de consuelo. Cuando alguien está desanimado, buscamos hablarle palabras de esperanza. Si se siente solo, lo recibimos con muestras de nuestro amor y de la presencia de Cristo. Si está enojado, le mostramos que la rectitud, venganza y justicia es de Dios. Si está peleado, buscamos hablar como pacificadores y reconciliadores. Si está preocupado, le indicamos el Sabbath de descanso que Cristo a dado a Sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa elegir nuestras palabras con atención. No queremos satisfacer los deseos de la carne. No queremos provocar que otro peque a causa de nuestra propia envidia y vanidad. No queremos mordernos y devorarnos unos a otros con palabras. En su lugar, estamos comprometidos a servirnos los unos a los otros con amor en nuestras palabras. Queremos hablar andando conforme a lo que el Espíritu está queriendo producir en nosotros y en los demás. Queremos hablar de manera consecuente con Sus frutos y promoviendo el crecimiento de esos frutos en los demás. Por último, queremos hablar como agentes de restauración mansos y humildes, como personas que llevan las cargas, comprometidas a vivir según el mandamiento de amor de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cargásemos con esta exhortación en cada situación y relación, ¡obtendríamos un avivamiento, reconciliación y restauración radical en nuestras iglesias hogares y amistades! Si estuviésemos comprometidos a hablar palabras de redención todo el tiempo, ¡las cosas serían tan diferentes! ¡La relación de Sam y Belinda hubiera sido completamente diferente si hubieran respondido a la exhortación de Dios de hablarse con palabras de redención! ¡Elegir bien nuestras palabras es tan importante para nosotros!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Paul Tripp es director de  Changing Lives Ministries y consejero y miembro facultativo de CCEF, Glenside,&lt;br /&gt;
Pennsylvania. Este artículo pertenece a un libro sobre comunicación que será publicado próximamente&lt;br /&gt;
en la colección Resources for Changing Lives Series.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 10 Apr 2009 10:34:57 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Speaking_Redemptively/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Speaking Redemptively/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Speaking_Redemptively/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''PALABRAS DE REDENCIÓN (SPEAKING REDEMPTIVELY)'''&lt;br /&gt;
por Paul David Tripp.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en el instituto, tenía mi primer empleo y por primera vez, tuve que hacer frente a un gran problema fuera de mi hogar. Mis compañeros de trabajo robaban y dañaban el material. Sabía quién era el culpable pero el jefe no. Yo no quería formar parte de lo que estaba pasando ni que me culpasen a mí por algo que no había hecho. Tenía que hablar con mi jefe y quizás con mis compañeros, pero estaba asustado. Reuní el valor suficiente para contarle a mi padre lo que estaba ocurriendo. Él se mostró de acuerdo en que tenía que hablar con los implicados y entonces me dijo: “Hijo, intenta elegir tus palabras con atención”; fue una buena forma de resumir lo que significa hablar con dominio y con propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención es elegir nuestras palabras con atención. No se trata sólo de las palabras que utilizamos sino de las que decidimos no utilizar. Hablar palabras de redención es estar preparado para decir lo correcto en el momento adecuado y con dominio propio. Hablar palabras de redención es no dejarnos llevar por las pasiones o los deseos personales, sino hablar teniendo presente el propósito de Dios. Se trata de ejercitar la fe necesaria para lo que Dios hace en ese momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuando las palabras destruyen.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda eran una pareja con mucho conocimiento mutuo y sin embargo nunca habían podido resolver los problemas de su relación. Cuando comenzamos a reunirnos, tenían serias dificultades en su matrimonio. Desde hacía dos años, Sam se había ido de casa en tres ocasiones desde dos semanas hasta un mes. Belinda se fue en una ocasión a casa de sus padres para prolongar sus &amp;quot;vacaciones&amp;quot;. Aquí teníamos a un matrimonio cristiano, casado durante 20 años, con un sólido conocimiento de las Escrituras y el uno del otro, y aún así no eran capaces de poner solución a sus problemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que nos reunimos, la tensión no se podría haber cortado con un cuchillo… ¡se hubiera necesitado una motosierra! Sam estaba tan enojado que en cuanto terminé de orar, se levantó y dijo: “¡No sé qué hago aquí! Sé perfectamente qué es lo que no funciona en nuestra relación; se lo he dicho a Belinda cientos de veces. Ella se niega a aceptarlo y se hace la víctima. No tengo ningún interés en sentarme aquí y volver a recordar todas las horribles cosas que han pasado entre nosotros durante los últimos 20 años! ¡Simplemente no puedo!”. Y dicho esto se marchó. Me disculpé ante Belinda y salí tras él hasta llegar a su coche donde al final logré convencerlo para que volviese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había mucha verdad en lo que Sam había dicho. Realmente sí ''conocía'' los problemas de su matrimonio. Muchas veces le ''había'' dicho a Belinda cosas que ella no quiso escuchar. Belinda sí se ''hacía'' la víctima en esos momentos de enfrentamiento. Sam se ''había'' visto obligado a tener que recordar una y otra vez las desagradables escenas que habían tenido lugar entre ellos. Y a pesar de todas las charlas y análisis, Sam no había sido otra cosa que un instrumento para cambiar la vida de Belinda. En realidad, el fruto de las palabras de Sam era una esposa victimista más resentida que nunca. Con todo lo que la conocía, Sam nunca formó parte de lo que Dios buscaba obrar en la vida de Belinda. Al contrario, se interpuso en la obra del Señor, brindándole una y otra vez grandes oportunidades al diablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto Belinda como Sam habían traído consigo cosas al matrimonio que contribuyeron a sus problemas. El padre de Belinda era un hombre extremadamente crítico y legalista. Cada noche a la hora de cenar, Belinda era testigo del maltrato verbal que sufría su madre cuando su padre criticaba su trabajo en casa, su manera de cocinar, sus palabras, su apariencia e incluso su voz (“esa voz de rata quejica”). Había muchas noches en las que Belinda lloraba hasta quedarse dormida o se quedaba pensando en cómo devolverle a su padre el dolor que le estaba provocando a su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando comenzaron a salir, Sam se dio cuenta de que Belinda solía ser demasiado susceptible y eso le molestaba a veces, pero intentaba pasarlo por alto porque había otras muchas cosas que le gustaban de Belinda. No se imaginaba que se iba a casar con una mujer resentida, auto protectora, llena de miedos, y decidida a hacer todo lo que fuera necesario para no caer en el &amp;quot;infierno&amp;quot; que su madre había vivido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al revés, los padres de Sam mantuvieron una magnífica relación. A menudo se prodigaban muestras de cariño. Si discutían, no sólo se pedían perdón mutuamente sino que también se disculpaban ante cualquier hijo que hubiera presenciado la discusión. En la familia de Sam, un fracaso no era el fin del mundo sino lo contrario, te alentaban a levantarte e intentarlo de nuevo. Sam siempre deseó tener un matrimonio como el de sus padres. Soñaba con esa maravillosa época como es la navidad alrededor del árbol, siendo él ahora el padre. Se casó con Belinda con ese sueño en mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casar a Sam y Belinda no fue una equivocación en la soberanía de Dios. Se trataba del sabio propósito de redención de Dios utilizar su relación como taller para Su continuo trabajo de santificación. En esta relación, sus corazones iban a exponerse y a ser cambiados; este era el propósito de Dios. Sin embargo Sam no se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en su sueño. Belinda tampoco se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en sus miedos. Por lo que ninguno de los dos pensó o habló palabras de redención cuando Sam comenzó a ver su sueño desmoronarse y Belinda sus miedos hacerse realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí; Sam sabía que Belinda siempre parecía predispuesta a oír críticas incluso donde no las había. Y Belinda sabía que Sam siempre parecía decepcionado porque su familia no se correspondía con la familia de sus sueños. Pero a pesar de todo su conocimiento mutuo, las cosas entre ellos se fueron degenerando mientras pasaban los años. Las palabras alrededor de sus problemas solo iban añadiendo capas de dolor y complicación. En lugar de exigirse cambiar, Sam y Belinda necesitaban aprender el significado de hablar palabras de redención ante la decepción, el dolor, el fracaso y el pecado: situaciones que son comunes en un mundo decadente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Por qué destruyen las palabras.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos entender la incapacidad de Belinda y Sam para resolver los problemas de su relación? ¿Cuál es su camino hacia el cambio? ¿Qué significado tiene tanto para ellos como para nosotros ''elegir nuestras palabras'', hablar palabras de redención?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un pasaje concreto de Gálatas que da una explicación a la relación de Sam y Belinda, seguido de otro que indica cómo cambiar. Ambos pasajes definen lo que significa “elegir nuestras palabras” para que podamos formar parte de lo que el Redentor está haciendo en nuestra vida y en la de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos primero qué ha ido mal en la relación de Belinda y Sam. El pasaje para el diagnóstico será Gálatas 5:13-15:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las tres partes de las que consta este pasaje pueden ayudarnos a comprender qué va mal en la relación de Sam y Belinda, especialmente en lo que concierne a la comunicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
        '''1.“Sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si ustedes le hubiesen preguntado a Belinda y a Sam si su relación era un pretexto para la carne hubieran respondido &amp;quot;no&amp;quot; automáticamente; pero hubieran estado automáticamente equivocados. El mandamiento del amor no daba forma a su relación y a su comunicación. Carecían gravemente de la actitud de servicio que se exhorta en este pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le preguntaron a Dios cómo podían actuar para alentar al cónyuge y apoyar lo que Dios estaba haciendo en la vida del otro. No consideraron cómo podían “estimularse el uno al otro al amor y a las buenas obras” (He. 10:24). No buscaron el modo de consolarse, alentarse, advertirse o enseñarse el uno al otro. No consideraron las dificultades como una oportunidad para ministrar la gracia de Dios. No buscaron el modo de ayudarse a llevar su carga. No eligieron palabras que alentaran la unidad, el amor y el servicio mutuo; Sam y Belinda esperaban ser servidos. Él quería disfrutar de su sueño y ella aislarse de sus miedos. Por  lo tanto, no buscaban maneras de servir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí es donde este pasaje nos ayuda especialmente porque nos dice que lo contrario a servir por amor no es la ''ausencia'' de amor o de servicio, ¡sino la satisfacción activa de la carne! O vivo como un servidor del Señor y acepto Su llamado a servir a los que están a mi alrededor o vivo para complacer las ansias de la carne y espero a que los demás también lo hagan. Aunque al principio Belinda y Sam no lo habrían admitido, finalmente comprendieron que habían comenzado su relación con deseos egoístas como centro de la misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam perseguía su objetivo por la familia y la esposa perfecta. A causa de ello, en seguida comenzó a sentirse decepcionado y enojado cuando vio a Belinda como un obstáculo para conseguirlo. Belinda se casó con el objetivo personal de auto protección. Su continua fijación en ella misma (¿cómo me está tratando el mundo?) dominaba su relación y su comunicación con Sam. A causa de este objetivo de auto protección, cualquier cosa que Sam hacía o decía la tomaba aparte para encontrar siempre algo que fuera insensible, criticable, negligente o &amp;quot;blasfemia&amp;quot;. Entonces, en su decepción, con su ira arremetía contra él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Santiago 4:1-2, explica la manera en la que los deseos de Belinda y Sam afectaban a la dinámica de su relación. &amp;quot;¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis”. La suya era una relación de conflictos constantes porque sus corazones estaban gobernados por las pasiones de la carne. Santiago habla sobre las pasiones que combaten en el cuerpo, pasiones que declaran la guerra para ejercer el control sobre las personas, los recursos, el &amp;quot;territorio&amp;quot;. La batalla entre el deseo por la familia perfecta y el deseo de auto protección se había adueñado del matrimonio de Sam y Belinda. El resultado, como describe Santiago, era de conflicto continuo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
         '''2.“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto también nos proporciona una perspectiva muy importante para la relación. Los problemas en la relación de Sam y Belinda no eran primordialmente horizontales (de persona a persona) sino primordialmente verticales (de la persona a Dios). Si estoy viviendo para la gloria de Dios, si este es mi objetivo personal antes que mi propia felicidad, si mi amor por Él permanece por encima de mi amor por cualquier cosa o persona, incluyéndome a mí mismo, entonces mi objetivo real en la vida será agradar a Dios en todo lo que haga y diga allá donde quiera Él que yo esté. De tal compromiso con Dios que sale del corazón, se desprende un fruto seguro: que amaré a mi prójimo como a mí mismo. El Primer gran mandamiento siempre precede y determina el cumplimiento del Segundo. Nunca podré amar a mi prójimo como a mí mismo si primero no estoy amando a Dios sobre todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Santiago 4 es otra vez útil. En el versículo 4, en medio de la discusión sobre las causas y las soluciones a los conflictos del hombre, Santiago introduce el concepto de adulterio espiritual. El adulterio se produce cuando el amor que prometimos a una persona se lo damos a otra. El adulterio espiritual se produce cuando el amor que le pertenece a Dios se entrega a cualquier otro aspecto de la creación (véase Romanos 1:25). Santiago dice algo inmensamente útil en tanto que intentamos comprender la relación entre Belinda y Sam: ¡la raíz del conflicto entre hombres se encuentra en el adulterio espiritual! Cuando un deseo por algo sustituye al amor de Dios como la fuerza que controla mi corazón, obtendré conflictos en mis relaciones como resultado. El conflicto tiene una raíz vertical que produce frutos horizontales como la pelea y la discusión. Tener un amor por Dios que me haga querer guardar Su ley siempre tendrá como resultado un amor real hacia mi prójimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
             '''3.“Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta última parte de Gálatas 5 es una acertada descripción de las conversaciones diarias entre Belinda y Sam. Uno a otro se mordía y devoraba con palabras. Nunca se estableció, ni se reforzó o alentó la comunicación. En su lugar, se especializaron en lanzarse dardos el uno al otro. Sam conocía las partes sensibles y vulnerables de Belinda y atacaba ahí cada vez que se interponía en su sueño. Belinda conocía donde podía herir a Sam, y devorar sus alegrías o esperanzas con unas precisas palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras de ambos eran críticas, condenatorias, manipuladoras, amenazantes, sentenciosas, egoístas, maliciosas, exigentes, despiadadas y vengativas. De sus palabras se desprendía que más que necesitar un cambio radical en su vocabulario, Sam y Belinda necesitaban un cambio radical en el corazón, lo que cambiaría primordialmente el modo de dirigirse el uno al otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión no era que tenían problemas cuando se casaron. Eso nos pasa a cada uno de nosotros; además Dios diseñó el matrimonio así. El acto más importante en las relaciones humanas existe fundamentalmente como medio para Su continuo trabajo de santificación y no para nuestra satisfacción, sino para que podamos ser para alabanza de Su gloria. No es casualidad que la relación humana más importante (el matrimonio) ocurra durante el proceso más importante de la vida (la santificación). ¡Dios lo ha determinado así para Su gloria y para el bien de Sus hijos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería un error que Sam y Belinda dijesen que su matrimonio acabó en ese estado tan horroroso porque estaban maldecidos con problemas inusuales. El problema no era que tuvieran problemas. La cuestión principal era el modo en el que los deseos de su corazón dictaban sus reacciones durante los problemas. Puesto que vivían para ellos mismos y no para Dios, se mordían y devoraban el uno al otro hasta llegar a destruirse. Sam había expresado dudas acerca de la fidelidad y el amor de Dios y Belinda había dejado de acudir a la iglesia con él. La fe de ambos yacía herida bajo las ruinas del conflicto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos dice que la Biblia es poderosa para discernir “los pensamientos y las intenciones del corazón” (He.4:12), y Gálatas 5 hace exactamente eso con Sam y Belinda. Su relación no estaba gobernada por la ley del amor sino por los deseos de la carne. Como Dios no tenía el control, se enfrentaban a cada situación esperando poder cumplir sus propios sueños, deseos y exigencias. En su enojo y decepción, se mordían el uno al otro con palabras. Sus palabras rompían la estructura de su relación porque la estructura de su fe ya se había roto en sus corazones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablar palabras de redención en un mundo de pecado.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda nos muestran que hablar palabras de redención no es una cuestión superficial acerca de elegir las palabras adecuadas, sino un compromiso fundamental del corazón para elegir las palabras que promuevan la obra de Dios en una situación concreta. Belinda y Sam habían olvidado la verdadera guerra que se esconde tras las disputas de los hombres. Habían comenzado a pensar que su batalla ''era'' con sangre y carne, por lo que se peleaban para conseguir los sueños que estaban afianzados en sus corazones. Las palabras eran su principal arma. ¿Qué hubiera significado para Sam y Belinda hablar palabras de redención ante esta situación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gálatas 5 continua dándonos respuestas útiles: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.&lt;br /&gt;
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.&lt;br /&gt;
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.&lt;br /&gt;
Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gálatas 5:16-6:2).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pasaje proporciona una guía paso a paso de lo que significa hablar palabras de redención. Recuerden que hablar palabras de redención no quiere decir que ignoremos las preocupaciones reales de la vida; no podemos porque vamos a encontrarlas cada día. Al contrario, con palabras de redención le hablamos a esas preocupaciones de un modo que promueva los intereses del Rey de las siguientes formas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''1. Hablar con palabras de redención comienza cuando reconocemos la batalla interior''' (véanse versículos 16,17). Mientras que el pecado siga morando en nosotros, habrá una batalla en nuestros corazones (Ro. 7:7-15, Ef. 6:10-20, Santiago 4:1-10). Debemos vivir siempre conscientes de este conflicto porque olvidar la presencia y el poder del pecado en nuestro interior nos llevará inmediatamente a tener problemas con nuestras palabras. Este es ''el'' conflicto, de donde parten todas las batallas que peleamos. Nunca deberíamos ceder ante el pensamiento de que nuestra principal batalla es con sangre y carne (véase Ef. 6:10-12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No debemos permitirnos ver a nuestro marido, esposa, padre, hijo, hermano, hermana o amigo como el enemigo. Cuando lo hacemos, nuestro objetivo se vuelve en dirección horizontal, y las palabras de redención salen por la ventana. Solamente existe un enemigo que está maquinando, manipulando, tentando, decepcionando y enmascarando para que olvidemos la verdadera batalla y tentándonos a sucumbir a los deseos de la carne. Cuando hablamos conscientes de la verdadera guerra espiritual interior, frustramos el trabajo del enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''2. Hablar palabras de redención significa no satisfacer nunca cuando hablamos los deseos de la carne''' (véase versículo 16). Todos nosotros luchamos contra un conflictivo catálogo de deseos. Cuando algo ha ido mal, puede que deseemos encontrar una solución apropiada de Dios, pero hay otros deseos que también están funcionando. Puede que deseemos ver quién tiene la culpa o quitarnos responsabilidad. Puede que deseemos recordar todas las veces que esta persona nos ha fallado o que sufra como nosotros sufrimos. Puede que deseemos compartir su fracaso con otra persona. Puede que tengamos celos de alguien que se esté llevando la atención que creemos merecer. Puede que estemos resentidos o llenos de odio hacia alguien que nos ha fallado una y otra vez. Puede que estemos llenos de ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa decir no a cualquier conversación que derive de estos deseos. Hablar con redención no comienza por examinar la situación, la necesidad de la persona(s) con la que tenemos que hablar, o los pasajes de las Escrituras que nos indicarían lo que deberíamos decir. No; hablar palabras de redención comienza con un auto examen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''3. Hablar palabras de redención significa rechazar las palabras que sean contrarias a lo que el Espíritu está intentando producir en mí y en los demás''' (véanse versículos 16-18). Como cristiano, lo más importante en mi vida es que se complete la obra de Dios en mí y en los demás para alabanza de Su Gloria. No quiero obstaculizar lo que como Redentor está haciendo en los pequeños momentos de la vida. Reconozco que finalmente esos momentos no me pertenecen a mí sino a Él. Son el taller en los que realiza Su obra de santificación y mi tarea es ser un instrumento útil en Sus manos redentoras. Cada vez que hablo con los deseos de mi carne, me estoy comunicando de una manera que va en contra de lo que el Espíritu está intentando producir en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''4. Hablar palabras de redención supone una disposición a examinar cómo están presentes los frutos de la carne en mis palabras''' (véanse los versículos 19-21). Si quiero vivir de manera consecuente con la obra que el Espíritu está haciendo en mí y no dejar espacio al enemigo, tengo que estar dispuesto a examinar mi forma de hablar delante del espejo de la Palabra de Dios. Yo quiero que “las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón” sean gratas delante del Señor (salmo 19:14), por tanto voy a buscar si hay palabras de envidia, celos y orgullo. Voy a buscar palabras sectarias, de disensión y división; palabras de enojo, ira, malicia y odio; palabras egoístas, de autojustificación, de auto protección y defensivas. Palabras que muestren impaciencia, irritación, ausencia de perdón, desagrado y ausencia de mansedumbre. Busco palabras groseras o materialistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me examino con una actitud de auto crítica morbosa y desalentadora; lo hago con alegría, dándome cuenta de que gracias a la presencia del Espíritu Santo en mi interior, no tengo que vivir bajo el control de la carne (Ro. 8:5-11). ¡Con gozo, busco agradarle a Él sea como sea y en cualquier situación! Quiero hablar de una manera digna de la vocación con que he sido llamado (Ef. 4:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''5. Hablar palabras de redención significa decir “no” a cualquier razonamiento o argumentos de auto suficiencia o de búsqueda de culpabilidad que justifique palabras contrarias a la obra del Espíritu, o que haga que mis palabras sean adecuadas o aceptables para una persona del mundo''' (véanse versículos 19-21). Yo era un joven pastor de una pequeña congregación conflictiva y con una enorme necesidad de consejo. Me parecía que nunca había un momento de tranquilidad en casa antes de que me estuviera llamando alguien para contarme la última, gran crisis. Tenía pavor de escuchar el teléfono por la noche y más aún de las palabras: “Paul, te llaman&amp;quot;. Aunque no me diera cuenta, poco a poco veía a ciertas personas de la congregación como obstáculos para lo que yo quería hacer en lugar de instrumentos del llamado del Señor, que con gozo yo había aceptado. Recuerdo que cuando me llamaban le decía a mi mujer: ¡¿Quién es ahora?! Y luego respondía con una amistoso y pastoral: ''“Holaa”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado por la tarde que pasaba en casa con mi mujer y mis hijos recibí una llamada de un joven que estaba desesperado. Llevaba mucho tiempo en esa situación y parecía tener el don de llamarme en los momentos más inoportunos. Siempre se mostraba desanimado, siempre estaba pidiendo ayuda y sin embargo siempre que se le ofrecía se resistía a aceptarla. Nada parecía darle resultado; afirmaba que lo había intentado todo. Se encontraba en uno de los cutres moteles de la zona diciendo que iba a poner fin a su vida de una vez por todas. Decía que a menos que tuviera una razón para vivir, se suicidaría antes de que acabase el día. Averigüé donde se alojaba, le pedí a mi mujer que orase y me fui en coche a hablar con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el camino oré y sabía que mi mujer estaba orando pero había una guerra librándose en mi interior. ¡Yo ''era'' ese conflictivo catálogo de deseos! Realmente no me gustaba ese hombre. Me disgustaba esa actitud abatida, su voz quejica. Me disgustaba esa necesidad de tener que ser siempre el centro de atención. Odiaba la manera en la que había escupido mis consejos cada vez que se los había ofrecido. Me molestaba el tiempo que le había robado a mi familia y a otros ámbitos de mi ministerio. Y me enfadaba pensar que tenía que ir una vez más a rescatarlo. Mientras iba conduciendo, mis pensamientos iban y venían en la guerra entre la responsabilidad pastoral y el resentimiento personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando llegué al motel nos sentamos en una habitación sucia que olía a humo y a sudor. Me contó su típica letanía de quejas. Comencé a contestarle con verdades del evangelio cuando me interrumpió y me dijo: “¿No irás a soltarme ese rollo otra vez, no? ¿No tienes nada nuevo que contarme?&amp;quot;. No podía creer lo que estaba oyendo. Ahí estaba yo permitiendo que mi familia se preocupase por él, y ¡él se estaba burlando de mis esfuerzos por ayudarle sin ningún agradecimiento! Perdí. Cedí a la rabia que había estado acumulando durante semanas. Lo puse verde de arriba abajo. Le dije todo lo que la congregación y yo pensábamos de él. Lo culpé de todo lo que pude; le dije que moviera el trasero e hiciera algo bueno para cambiar, oré por él (¡!) y me fui. Iba furioso de camino a casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La condena no tardó mucho tiempo en aparecer mientras conducía de camino a casa. Tampoco tardaron los razonamientos y los argumentos de auto disculpa. Cuando llegué a casa, estaba convencido de que había hablado como uno de esos antiguos profetas proclamando en un lugar de rebelión y pecado un &amp;quot;así dice el Señor&amp;quot;. Me había auto convencido de que Dios usaría ese dramático momento de verdad para crear un cambio permanente en la vida de ese hombre. Cuando entré en casa, mi mujer que había estado orando, me preguntó cómo fue todo. Le dije que nunca le había hablado a nadie de mi ministerio con tanta brusquedad como a aquel hombre. Me aseguré de que le contaba la analogía del profeta. Y enseguida me respondió: “suena como si te hubieras enojado y hubieras explotado”. En el momento en que pronunció esas palabras, vi claramente mis argumentos de auto suficiencia como lo que eran y me llené de remordimientos. Conforme aparecía, Dios utilizó la confesión posterior de mi propio pecado y la batalla con ese hombre para comenzar a cambiarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiere que escuchemos palabras contrarias a la obra del Espíritu pero también que escuchemos la manera en la que racionalizamos palabras carnales para aceptarlas en nuestra conciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
        '''6. Hablar palabras de redención significa hablar “andando por el Espíritu”''' (véase versículo 25). Andar por el espíritu significa tener un compromiso por hablar de manera consecuente con Su obra en mí y que promueva Su obra en otra persona. En este pasaje, la obra del Espíritu está bastante clara. Está trabajando para cosechar en nosotros conforme al carácter de Cristo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Hablar andado por el Espíritu significa que como acción de sumisión y fe, mantengo mis palabras a la altura de estos frutos espirituales. Y descubro en las dificultades de la vida, oportunidades soberanas para ver por Su gracia este fruto maduro en mí. Las dificultades no son obstáculos para el desarrollo de este fruto sino ocasiones para verlo crecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace años había un hombre en nuestra congregación que era bastante crítico con mi ministerio. Me revolvía por dentro cada vez que lo veía o incluso pensaba en él. Recuerdo lo aliviado que me sentía cuando llegaba a la iglesia y me daba cuenta de que no estaba allí. También era consciente de que no se guardaba sus comentarios para él; había comenzado a reunir a personas del mismo parecer. Nuestra congregación no era grande y por tanto el descontento era cada vez más evidente. Decidí que era hora de preguntarle a ese hombre si podíamos hablar. Le dije a mi esposa que estaba pensando en hablar con Pete (no es su nombre real) y enseguida me preguntó lo que iba a decirle. Mientras le iba contando lo que pensaba, me di cuenta de que mi esposa no estaba de acuerdo por lo que le pregunté la razón. Ella me dijo: &amp;quot;Paul, antes de que trates con él tienes que tratar contigo mismo. Me da la impresión de que odias a ese hombre. No creo que resulte nada bueno de tratar con él y con sus equivocaciones hasta que no trates con tu propia actitud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quería creer que Luella no era sino otra persona que me malinterpretaba y me juzgaba mal; pero no era así. Nunca me habían hablado más claro. Odiaba a ese hombre. Odiaba el efecto controlador que ejercía sobre mí. Odiaba que hubiera puesto a otros en mi contra. ¡Odiaba que a causa de sus críticas me cuestionara todo lo que hacía como pastor! Odiaba cómo había destruido el sueño por mi ministerio y por nuestra congregación. Odiaba su sonrisilla arrogante. Realmente no quería tratar con él. ¡Sólo quería que saliera de mi vida!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luella tenía razón. No me encontraba en condiciones de ser un instrumento del Espíritu en la vida de Pete. No me encontraba en situación de hablar palabras de redención. ''Estaba'' andando sin el Espíritu completamente respecto a esta relación. ''Necesitaba'' tratar primero conmigo; ''necesitaba'' examinar mi corazón y confesar el pecado que había allí, y ''necesitaba'' determinación para hablar de un modo consecuente con el fruto que el Espíritu estaba produciendo en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme examinaba mi corazón, salían muchas más cosas que necesitaba cambiar de las que jamás había pensado. Mi problema no era tan solo odio e ira, sino pecados a un nivel más profundo. Mucho de lo que había estado motivándome en el ministerio no había sido la obra de Dios sino mi deseo personal. Había soñado con establecer un ministerio en una zona difícil y tener más éxito que nadie. Había soñado con ser muy respetado por una congregación cada vez más numerosa y con el tiempo, por toda la comunidad cristiana. Había soñado con un gran crecimiento del número de miembros, con construir unas instalaciones grandes y modernas, y con liderar a la “iglesia influyente” de la zona. Sobre todo, había soñado con que yo sería considerado como el único responsable de todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Odiaba a ese hombre porque él tenía razón! No en la forma con la que trató sus ideas sobre mi ministerio, pero sí en su opinión sobre mi orgullo. ''Realmente'' me encantaba ser el centro de atención de cualquier reunión. ''Realmente'' yo tenía la última palabra en cada tema. Me ''frustraba'' cuando la gente era un obstáculo para mis novedosos programas. Odiaba que las cosas avanzaran lentamente y que la gente fuera tan negativa. Y estaba luchando contra Dios por haberme puesto en ese sitio tan difícil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo hombre que odiaba comenzó a convertirse en un instrumento de rescate en las manos del Señor. A través de Pete, mi sueño arrogante y egoísta comenzó a morir. Bajo el fuego de esta prueba, Dios me mostró de otra manera el pecado de mi corazón. Me tomé varios días para examinarme a mí mismo y esta situación durante los cuales comencé a estar agradecido por el mismo hombre que había odiado. No estaba agradecido por su pecado sino por la manera en la que Dios lo había usado en mi vida. Conforme me volvía agradecido, empecé a escuchar lo que Pete había dicho sobre mí y cómo lo había dicho. Me di cuenta de que había cosas que Dios quería que aprendiese incluso viniendo de un mensajero tan severo. Finalmente, escuchando cómo expresaba sus pensamientos me di cuenta de que él y yo éramos bastante parecidos. Pete era orgulloso, dogmático, protestón e impaciente. Había estado odiando todas esas cosas pero me di cuenta de que también estaban presentes en mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días, Dios me dio un genuino amor pastoral hacia Pete, y cuando hablábamos podía dirigirme a él de una manera paciente, amable, educada, pacífica y con dominio propio. Incluso era capaz de comenzar esas conversaciones tan difíciles con alegría mientras meditaba en la buena obra que el Espíritu había hecho en mí a través de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar andando por el Espíritu no es solo hablar de un modo consecuente con lo que el Espíritu está haciendo en ''mí'', también significa hablar de un modo que promueva el crecimiento de ese fruto en ''usted''. Francamente, antes de que Luella hablase conmigo no me importaba si Dios me estaba usando en la vida de Pete. Sólo había dos cosas que me importaban: quería mostrarle a Pete que estaba equivocado y luego que abandonase la iglesia y ¡que me dejase en paz! Había cedido al pensamiento de que mi batalla era con &amp;quot;sangre y carne&amp;quot; (Ef. 6:10-12). Veía a Pete como el enemigo al que derrotar y había olvidado la guerra espiritual que se estaba librando bajo la superficie. No quería ser servidor de Pete, quería que el apoyase mi sueño. Incluso siendo su pastor, lo último que quería era ser un instrumento de redención en su vida. Hasta que hablé con Luella, ni siquiera antes había considerado que yo fuera un instrumento que el Espíritu podía usar para producir buenos frutos en su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando por fin hablé con Pete, seguí un plan radicalmente diferente al que le había planteado a mi esposa al principio. Ya no quería “ganar”. Ya no quería conseguir callarlo y que pasase obedientemente a formar parte de mi sueño. Yo quería que Dios me usase realmente para producir los frutos del Espíritu en Pete, el cual se presentó a nuestra conversación listo para la batalla. Era evidente que había preparado sus armas y ensayado su defensa. Pero no hubo batalla. Le dije que le estaba agradecido por sus comentarios, que a través de él, el Espíritu había expuesto mi corazón, y le pedí que me perdonase. Incluso antes de que tuviese la oportunidad de seguir hablando de él, Pete dijo; “Paul, yo también estaba equivocado. Supongo que si soy sincero tendría que decirte que te he odiado y que he buscado cualquier ocasión para criticarte delante de los demás. He estado enojado contigo y con Dios por ponernos en esta congregación. Necesito que me perdone&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, por primera vez desde hacía mucho tiempo, Pete y yo hablamos andando por el Espíritu, y el Espíritu produjo nuevos frutos en cada uno de nosotros. Pero no se olviden: comenzó cuando alguien se enfrentó a mí y me llevó a examinar mi propio corazón antes de enfrentarme a Pete. Hablar andando por el Espíritu significa tomarse un tiempo para escuchar, examinar, meditar y prepararse. Significa hablar con un compromiso de participar en la continua obra de gracia del Espíritu en nuestras vidas y en las de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''7. Hablar palabras de redención significa no dar lugar a las pasiones y a los deseos de la carne''' (véanse versículos 16, 24). Pongan mucha atención a las palabras del versículo 24: “Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Observen que esto no está en voz pasiva. Dice que cuando recibimos a Cristo, ''nosotros'' crucificamos las pasiones y los deseos de la carne. Este pasaje nos conduce a plantearnos un aspecto del evangelio que a veces olvidamos. El evangelio es un glorioso mensaje de ''consolación'', de pecados perdonados, de abolición de la condena, de relaciones reconciliadas con Dios, de Espíritu derramado y de eternidad garantizada. Pero el evangelio también es un ''llamado'' a abandonar una vida de acuerdo a los deseos de la carne para que podamos vivir para Cristo. La verdadera salvación no es solo recibir consolación sino también responder al llamado. Este compromiso de una vez y para siempre de vivir una vida santa crucificando las pasiones y los deseos de la carne, tiene que vivirse mediante el poder de Cristo en nuestro interior en cualquiera relación o situación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existe otro lugar donde este compromiso sea más necesario que en el área de la comunicación. Si fuéramos humildemente honestos, admitiríamos que mucho de lo que decimos está motivado por las pasiones y los deseos de la carne, y no por un compromiso con la obra y la voluntad de Cristo. Maridos que critican con enojo a sus esposas, esposas que ceden a las protestas y las quejas, niños que expulsan su ira contra sus padres, padres que en su frustración muerden a sus hijos con palabras, miembros decepcionados del cuerpo de Cristo que difaman a sus líderes… Todos ellos cediendo a las pasiones y deseos de la carne. El resultado es una cosecha de malos frutos de relaciones rotas y problemas cada vez más complicados y sin resolver.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hablamos con palabras formadas según las emociones y deseos de la carne, estaremos negando tanto la promesa de Cristo de libertad frente al dominio del pecado como nuestro compromiso de vivir como aquellos que ''pertenecen'' a Él. Hablar palabras de redención significa proclamar el poderoso dominio propio que Cristo nos ha otorgado, proclamar al Único que rompió las cadenas de nuestra esclavitud del pecado y que nos dio el don de Su Espíritu que mora en nosotros. ¡Nuestras palabras pueden ser instrumentos de justicia! Podemos decir “no” a las emociones y a los deseos de la carne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''8. Hablar palabras de redención significa entender las relaciones desde un punto de vista de restauración''' (véase capítulo 6, versículos 1 y 2). Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Pablo está hablando de una condición que incluye este aspecto de la gloria en todos nosotros. Somos “atrapados” por el enojo, orgullo, auto compasión, envidia, venganza, amargura, auto justificación, lujuria, egoísmo, miedo e incredulidad. Y ni aún así nos damos cuenta de que estamos atrapados o no sabemos cómo liberarnos. Existen pecados ante los cuales estamos ciegos o que son nuestro particular terreno de lucha. ¡Llegará el día en que la trampa final caiga y estemos ''con'' Cristo para siempre! Pero hasta ese momento, necesitamos reconocer que como pecadores, el pecado nos atrapa fácilmente. Por eso, nos necesitamos los unos a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, Pablo dice: “vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Cuando estamos “andando por el Espíritu” (versículo 25), estamos en posición de ser uno de Sus restauradores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa que nuestras relaciones están dirigidas por este plan de restauración. Todos tendemos a pensar que nuestras relaciones nos pertenecen. Tendemos a ver a los demás como nuestras posesiones. Los padres caen en esto con sus hijos; luego durante la adolescencia, cuando el niño fracasa, los padres no son capaces de ver más allá de su propio enojo ¡ni de ser agentes de restauración con sus propios hijos! Esposas y esposos piensan que es responsabilidad de su cónyuge el hacerlos felices. La vida se convierte en una serie de exámenes finales. Juzgamos a las personas dependiendo de cómo actúen, del impacto que tengan en nosotros. Buscamos respeto, amor, aprecio y honor, y para nosotros es muy difícil mantener relaciones en las que no haya esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos está exhortando ahora a hacer algo radicalmente distinto. Este nuevo plan está arraigado en el reconocimiento primordial de que nuestras relaciones no nos pertenecen a nosotros sino a Dios. En cuanto comenzamos a considerar de este modo nuestras relaciones, comenzamos a ver esta necesidad de restauración a nuestro alrededor. Cuando están de vacaciones y los niños se pelean en la parte trasera del coche, ¡existe algo más aparte de que se arruinen sus caras vacaciones! La necesidad de restauración se está revelando por si sola. Ante esta situación puede reaccionar como un padre irritado al que sus hijos le están quitando las vacaciones de sus sueños, o puede reaccionar como un restaurador que quiere ser un instrumento en manos del gran Restaurador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esposos y esposas discuten una y otra vez sobre el mismo tema, tienen que hacer otra cosa aparte de maldecir su matrimonio porque no funciona o al otro porque no entiende nada. Necesitan descubrir o darse cuenta de donde han sido “atrapados” y tienen que actuar el uno con el otro no siguiendo un plan exigente sino un plan de restauración. El mayor logro de las relaciones humanas no es la búsqueda de la felicidad entre los hombres sino la reconciliación con Dios y la restauración a la imagen de Su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''9. Hablar palabras de redención significa hablar con humildad y mansedumbre''' (véase capítulo 6, versículo 1). Expresiones ásperas (“¿Tan difícil es que te organices?&amp;quot;; “si piensas que voy a seguir arreglando tu desorden, ¡ya puedes ir quitándotelo de la cabeza!”) y palabras orgullosas (&amp;quot;Cuando yo quiera&amp;quot; o &amp;quot;simplemente no puedo entender a la gente así&amp;quot;) habladas ante la debilidad, la tentación o el pecado de otra persona, sencillamente contradicen el mensaje del Evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre debería ser nuestra respuesta natural cuando vemos a un hermano o hermana atrapado en el pecado. Tenemos que reconocer que si no fuera por la gracia de Dios nos encontraríamos donde están ellos. Por tanto tenemos que actuar con ellos con la misma gracia que hemos recibido. Dios nos amó cuando éramos detestables. Nos ha perdonado cada vez que hemos vuelto a pecar. De hecho, es Su amor el que nos lleva de la oscuridad hacia Su maravillosa luz. Cuando hablamos unos con otros, todos tenemos que luchar contra la realidad de los pecados que permanecen, por eso es esencial que nos reflejemos en el apremiante amor de Cristo. Él es nuestra única razón, nuestra única esperanza. Él solo es capaz de cambiar nuestros corazones. Debemos querer hablar de tal manera que lleve a la gente a poner su esperanza en Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos libres para ser mansos porque hemos desechado cualquier esperanza de que la presión, el poder o la lógica del hombre puedan cambiar corazones. El cambio en una persona no lo va a producir nunca el volumen de nuestra voz, el poder de nuestras palabras, el dramatismo del momento, la creatividad de nuestros ejemplos, la fuerza de nuestras palabras, el fantasma de nuestros temores o la grandeza de nuestros gestos. La mansedumbre fluye al saber donde reside nuestro poder. Dios puede susurrar palabras que produzcan una convicción ensordecedora en el corazón. Sí; nosotros queremos pensar y hablar bien, pero solamente porque queremos ser instrumentos útiles en manos del Único que ''trae'' el cambio, no porque confiemos en nuestra habilidad para producirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre en las palabras no proviene de alguien que está enojado y espera zanjar el asunto. Proviene de una persona que está hablando no por lo que quiere ''de'' ti sino por lo que quiere ''para'' ti. Solo puedo hablar con mansedumbre cuando no hablo desde el daño personal, enfado o resentimiento sino con auto sacrificio y amor de redención. Estoy hablando con usted no porque su pecado me haya afectado sino porque le ha atrapado. Deseo verle liberado de esa trampa. No tengo una misión de enfrentamiento egoísta sino de rescate por amor. Y sé que de alguna manera todos necesitamos este rescate a diario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''10. Hablar palabras de redención significa tener una vida y una comunicación con otro enfoque''' (véase Gálatas 6:2). El ejemplo aquí es el de unas personas de viaje. No sólo están concentrados en la carga que tienen que llevar sino que están mirando alrededor para ver quién necesita ayuda. Con estas palabras: &amp;quot;Llevad los unos las cargas de los otros”, Pablo extiende su exhortación a nosotros. Nos exhorta a mirar más allá de nuestro consuelo y prosperidad, y a ver como algo bueno la persona que lucha por llevar su carga y compartir el peso. Este es el ejemplo de Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos exhortados a hablarles a los demás con esta mentalidad de “llevar cargas”. Cuando vemos que alguien está luchando contra la debilidad, tenemos que mostrarle la fuerza que tiene en Cristo. Cuando alguien es ignorante, tenemos que hablarle con palabras de verdad dadas por la sabiduría. Cuando alguien tiene miedo, le hablamos de la ayuda omnipresente que es Dios en tiempo de problemas. Cuando alguien está sufriendo, queremos hablarle palabras de consuelo. Cuando alguien está desanimado, buscamos hablarle palabras de esperanza. Si se siente solo, lo recibimos con muestras de nuestro amor y de la presencia de Cristo. Si está enojado, le mostramos que la rectitud, venganza y justicia es de Dios. Si está peleado, buscamos hablar como pacificadores y reconciliadores. Si está preocupado, le indicamos el Sabbath de descanso que Cristo a dado a Sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa elegir nuestras palabras con atención. No queremos satisfacer los deseos de la carne. No queremos provocar que otro peque a causa de nuestra propia envidia y vanidad. No queremos mordernos y devorarnos unos a otros con palabras. En su lugar, estamos comprometidos a servirnos los unos a los otros con amor en nuestras palabras. Queremos hablar andando conforme a lo que el Espíritu está queriendo producir en nosotros y en los demás. Queremos hablar de manera consecuente con Sus frutos y promoviendo el crecimiento de esos frutos en los demás. Por último, queremos hablar como agentes de restauración mansos y humildes, como personas que llevan las cargas, comprometidas a vivir según el mandamiento de amor de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cargásemos con esta exhortación en cada situación y relación, ¡obtendríamos un avivamiento, reconciliación y restauración radical en nuestras iglesias hogares y amistades! Si estuviésemos comprometidos a hablar palabras de redención todo el tiempo, ¡las cosas serían tan diferentes! ¡La relación de Sam y Belinda hubiera sido completamente diferente si hubieran respondido a la exhortación de Dios de hablarse con palabras de redención! ¡Elegir bien nuestras palabras es tan importante para nosotros!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Paul Tripp es director de  Changing Lives Ministries y consejero y miembro facultativo de CCEF, Glenside,&lt;br /&gt;
Pennsylvania. Este artículo pertenece a un libro sobre comunicación que será publicado próximamente&lt;br /&gt;
en la colección Resources for Changing Lives Series.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 10 Apr 2009 10:33:41 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Speaking_Redemptively/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Speaking Redemptively/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Speaking_Redemptively/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''PALABRAS DE REDENCIÓN (SPEAKING REDEMPTIVELY)'''&lt;br /&gt;
por Paul David Tripp.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en el instituto, tenía mi primer empleo y por primera vez, tuve que hacer frente a un gran problema fuera de mi hogar. Mis compañeros de trabajo robaban y dañaban el material. Sabía quién era el culpable pero el jefe no. Yo no quería formar parte de lo que estaba pasando ni que me culpasen a mí por algo que no había hecho. Tenía que hablar con mi jefe y quizás con mis compañeros, pero estaba asustado. Reuní el valor suficiente para contarle a mi padre lo que estaba ocurriendo. Él se mostró de acuerdo en que tenía que hablar con los implicados y entonces me dijo: “Hijo, intenta elegir tus palabras con atención”; fue una buena forma de resumir lo que significa hablar con dominio y con propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención es elegir nuestras palabras con atención. No se trata sólo de las palabras que utilizamos sino de las que decidimos no utilizar. Hablar palabras de redención es estar preparado para decir lo correcto en el momento adecuado y con dominio propio. Hablar palabras de redención es no dejarnos llevar por las pasiones o los deseos personales, sino hablar teniendo presente el propósito de Dios. Se trata de ejercitar la fe necesaria para lo que Dios hace en ese momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuando las palabras destruyen.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda eran una pareja con mucho conocimiento mutuo y sin embargo nunca habían podido resolver los problemas de su relación. Cuando comenzamos a reunirnos, tenían serias dificultades en su matrimonio. Desde hacía dos años, Sam se había ido de casa en tres ocasiones desde dos semanas hasta un mes. Belinda se fue en una ocasión a casa de sus padres para prolongar sus &amp;quot;vacaciones&amp;quot;. Aquí teníamos a un matrimonio cristiano, casado durante 20 años, con un sólido conocimiento de las Escrituras y el uno del otro, y aún así no eran capaces de poner solución a sus problemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que nos reunimos, la tensión no se podría haber cortado con un cuchillo… ¡se hubiera necesitado una motosierra! Sam estaba tan enojado que en cuanto terminé de orar, se levantó y dijo: “¡No sé qué hago aquí! Sé perfectamente qué es lo que no funciona en nuestra relación; se lo he dicho a Belinda cientos de veces. Ella se niega a aceptarlo y se hace la víctima. No tengo ningún interés en sentarme aquí y volver a recordar todas las horribles cosas que han pasado entre nosotros durante los últimos 20 años! ¡Simplemente no puedo!”. Y dicho esto se marchó. Me disculpé ante Belinda y salí tras él hasta llegar a su coche donde al final logré convencerlo para que volviese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había mucha verdad en lo que Sam había dicho. Realmente sí ''conocía'' los problemas de su matrimonio. Muchas veces le ''había'' dicho a Belinda cosas que ella no quiso escuchar. Belinda sí se ''hacía'' la víctima en esos momentos de enfrentamiento. Sam se ''había'' visto obligado a tener que recordar una y otra vez las desagradables escenas que habían tenido lugar entre ellos. Y a pesar de todas las charlas y análisis, Sam no había sido otra cosa que un instrumento para cambiar la vida de Belinda. En realidad, el fruto de las palabras de Sam era una esposa victimista más resentida que nunca. Con todo lo que la conocía, Sam nunca formó parte de lo que Dios buscaba obrar en la vida de Belinda. Al contrario, se interpuso en la obra del Señor, brindándole una y otra vez grandes oportunidades al diablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto Belinda como Sam habían traído consigo cosas al matrimonio que contribuyeron a sus problemas. El padre de Belinda era un hombre extremadamente crítico y legalista. Cada noche a la hora de cenar, Belinda era testigo del maltrato verbal que sufría su madre cuando su padre criticaba su trabajo en casa, su manera de cocinar, sus palabras, su apariencia e incluso su voz (“esa voz de rata quejica”). Había muchas noches en las que Belinda lloraba hasta quedarse dormida o se quedaba pensando en cómo devolverle a su padre el dolor que le estaba provocando a su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando comenzaron a salir, Sam se dio cuenta de que Belinda solía ser demasiado susceptible y eso le molestaba a veces, pero intentaba pasarlo por alto porque había otras muchas cosas que le gustaban de Belinda. No se imaginaba que se iba a casar con una mujer resentida, auto protectora, llena de miedos, y decidida a hacer todo lo que fuera necesario para no caer en el &amp;quot;infierno&amp;quot; que su madre había vivido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al revés, los padres de Sam mantuvieron una magnífica relación. A menudo se prodigaban muestras de cariño. Si discutían, no sólo se pedían perdón mutuamente sino que también se disculpaban ante cualquier hijo que hubiera presenciado la discusión. En la familia de Sam, un fracaso no era el fin del mundo sino lo contrario, te alentaban a levantarte e intentarlo de nuevo. Sam siempre deseó tener un matrimonio como el de sus padres. Soñaba con esa maravillosa época como es la navidad alrededor del árbol, siendo él ahora el padre. Se casó con Belinda con ese sueño en mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casar a Sam y Belinda no fue una equivocación en la soberanía de Dios. Se trataba del sabio propósito de redención de Dios utilizar su relación como taller para Su continuo trabajo de santificación. En esta relación, sus corazones iban a exponerse y a ser cambiados; este era el propósito de Dios. Sin embargo Sam no se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en su sueño. Belinda tampoco se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en sus miedos. Por lo que ninguno de los dos pensó o habló palabras de redención cuando Sam comenzó a ver su sueño desmoronarse y Belinda sus miedos hacerse realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí; Sam sabía que Belinda siempre parecía predispuesta a oír críticas incluso donde no las había. Y Belinda sabía que Sam siempre parecía decepcionado porque su familia no se correspondía con la familia de sus sueños. Pero a pesar de todo su conocimiento mutuo, las cosas entre ellos se fueron degenerando mientras pasaban los años. Las palabras alrededor de sus problemas solo iban añadiendo capas de dolor y complicación. En lugar de exigirse cambiar, Sam y Belinda necesitaban aprender el significado de hablar palabras de redención ante la decepción, el dolor, el fracaso y el pecado: situaciones que son comunes en un mundo decadente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Por qué destruyen las palabras.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos entender la incapacidad de Belinda y Sam para resolver los problemas de su relación? ¿Cuál es su camino hacia el cambio? ¿Qué significado tiene tanto para ellos como para nosotros ''elegir nuestras palabras'', hablar palabras de redención?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un pasaje concreto de Gálatas que da una explicación a la relación de Sam y Belinda, seguido de otro que indica cómo cambiar. Ambos pasajes definen lo que significa “elegir nuestras palabras” para que podamos formar parte de lo que el Redentor está haciendo en nuestra vida y en la de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos primero qué ha ido mal en la relación de Belinda y Sam. El pasaje para el diagnóstico será Gálatas 5:13-15:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las tres partes de las que consta este pasaje pueden ayudarnos a comprender qué va mal en la relación de Sam y Belinda, especialmente en lo que concierne a la comunicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
        '''1.“Sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si ustedes le hubiesen preguntado a Belinda y a Sam si su relación era un pretexto para la carne hubieran respondido &amp;quot;no&amp;quot; automáticamente; pero hubieran estado automáticamente equivocados. El mandamiento del amor no daba forma a su relación y a su comunicación. Carecían gravemente de la actitud de servicio que se exhorta en este pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le preguntaron a Dios cómo podían actuar para alentar al cónyuge y apoyar lo que Dios estaba haciendo en la vida del otro. No consideraron cómo podían “estimularse el uno al otro al amor y a las buenas obras” (He. 10:24). No buscaron el modo de consolarse, alentarse, advertirse o enseñarse el uno al otro. No consideraron las dificultades como una oportunidad para ministrar la gracia de Dios. No buscaron el modo de ayudarse a llevar su carga. No eligieron palabras que alentaran la unidad, el amor y el servicio mutuo; Sam y Belinda esperaban ser servidos. Él quería disfrutar de su sueño y ella aislarse de sus miedos. Por  lo tanto, no buscaban maneras de servir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí es donde este pasaje nos ayuda especialmente porque nos dice que lo contrario a servir por amor no es la ''ausencia'' de amor o de servicio, ¡sino la satisfacción activa de la carne! O vivo como un servidor del Señor y acepto Su llamado a servir a los que están a mi alrededor o vivo para complacer las ansias de la carne y espero a que los demás también lo hagan. Aunque al principio Belinda y Sam no lo habrían admitido, finalmente comprendieron que habían comenzado su relación con deseos egoístas como centro de la misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam perseguía su objetivo por la familia y la esposa perfecta. A causa de ello, en seguida comenzó a sentirse decepcionado y enojado cuando vio a Belinda como un obstáculo para conseguirlo. Belinda se casó con el objetivo personal de auto protección. Su continua fijación en ella misma (¿cómo me está tratando el mundo?) dominaba su relación y su comunicación con Sam. A causa de este objetivo de auto protección, cualquier cosa que Sam hacía o decía la tomaba aparte para encontrar siempre algo que fuera insensible, criticable, negligente o &amp;quot;blasfemia&amp;quot;. Entonces, en su decepción, con su ira arremetía contra él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Santiago 4:1-2, explica la manera en la que los deseos de Belinda y Sam afectaban a la dinámica de su relación. &amp;quot;¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis”. La suya era una relación de conflictos constantes porque sus corazones estaban gobernados por las pasiones de la carne. Santiago habla sobre las pasiones que combaten en el cuerpo, pasiones que declaran la guerra para ejercer el control sobre las personas, los recursos, el &amp;quot;territorio&amp;quot;. La batalla entre el deseo por la familia perfecta y el deseo de auto protección se había adueñado del matrimonio de Sam y Belinda. El resultado, como describe Santiago, era de conflicto continuo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
         '''2.“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto también nos proporciona una perspectiva muy importante para la relación. Los problemas en la relación de Sam y Belinda no eran primordialmente horizontales (de persona a persona) sino primordialmente verticales (de la persona a Dios). Si estoy viviendo para la gloria de Dios, si este es mi objetivo personal antes que mi propia felicidad, si mi amor por Él permanece por encima de mi amor por cualquier cosa o persona, incluyéndome a mí mismo, entonces mi objetivo real en la vida será agradar a Dios en todo lo que haga y diga allá donde quiera Él que yo esté. De tal compromiso con Dios que sale del corazón, se desprende un fruto seguro: que amaré a mi prójimo como a mí mismo. El Primer gran mandamiento siempre precede y determina el cumplimiento del Segundo. Nunca podré amar a mi prójimo como a mí mismo si primero no estoy amando a Dios sobre todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Santiago 4 es otra vez útil. En el versículo 4, en medio de la discusión sobre las causas y las soluciones a los conflictos del hombre, Santiago introduce el concepto de adulterio espiritual. El adulterio se produce cuando el amor que prometimos a una persona se lo damos a otra. El adulterio espiritual se produce cuando el amor que le pertenece a Dios se entrega a cualquier otro aspecto de la creación (véase Romanos 1:25). Santiago dice algo inmensamente útil en tanto que intentamos comprender la relación entre Belinda y Sam: ¡la raíz del conflicto entre hombres se encuentra en el adulterio espiritual! Cuando un deseo por algo sustituye al amor de Dios como la fuerza que controla mi corazón, obtendré conflictos en mis relaciones como resultado. El conflicto tiene una raíz vertical que produce frutos horizontales como la pelea y la discusión. Tener un amor por Dios que me haga querer guardar Su ley siempre tendrá como resultado un amor real hacia mi prójimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
             '''3.“Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta última parte de Gálatas 5 es una acertada descripción de las conversaciones diarias entre Belinda y Sam. Uno a otro se mordía y devoraba con palabras. Nunca se estableció, ni se reforzó o alentó la comunicación. En su lugar, se especializaron en lanzarse dardos el uno al otro. Sam conocía las partes sensibles y vulnerables de Belinda y atacaba ahí cada vez que se interponía en su sueño. Belinda conocía donde podía herir a Sam, y devorar sus alegrías o esperanzas con unas precisas palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras de ambos eran críticas, condenatorias, manipuladoras, amenazantes, sentenciosas, egoístas, maliciosas, exigentes, despiadadas y vengativas. De sus palabras se desprendía que más que necesitar un cambio radical en su vocabulario, Sam y Belinda necesitaban un cambio radical en el corazón, lo que cambiaría primordialmente el modo de dirigirse el uno al otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión no era que tenían problemas cuando se casaron. Eso nos pasa a cada uno de nosotros; además Dios diseñó el matrimonio así. El acto más importante en las relaciones humanas existe fundamentalmente como medio para Su continuo trabajo de santificación y no para nuestra satisfacción, sino para que podamos ser para alabanza de Su gloria. No es casualidad que la relación humana más importante (el matrimonio) ocurra durante el proceso más importante de la vida (la santificación). ¡Dios lo ha determinado así para Su gloria y para el bien de Sus hijos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería un error que Sam y Belinda dijesen que su matrimonio acabó en ese estado tan horroroso porque estaban maldecidos con problemas inusuales. El problema no era que tuvieran problemas. La cuestión principal era el modo en el que los deseos de su corazón dictaban sus reacciones durante los problemas. Puesto que vivían para ellos mismos y no para Dios, se mordían y devoraban el uno al otro hasta llegar a destruirse. Sam había expresado dudas acerca de la fidelidad y el amor de Dios y Belinda había dejado de acudir a la iglesia con él. La fe de ambos yacía herida bajo las ruinas del conflicto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos dice que la Biblia es poderosa para discernir “los pensamientos y las intenciones del corazón” (He.4:12), y Gálatas 5 hace exactamente eso con Sam y Belinda. Su relación no estaba gobernada por la ley del amor sino por los deseos de la carne. Como Dios no tenía el control, se enfrentaban a cada situación esperando poder cumplir sus propios sueños, deseos y exigencias. En su enojo y decepción, se mordían el uno al otro con palabras. Sus palabras rompían la estructura de su relación porque la estructura de su fe ya se había roto en sus corazones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablar palabras de redención en un mundo de pecado.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda nos muestran que hablar palabras de redención no es una cuestión superficial acerca de elegir las palabras adecuadas, sino un compromiso fundamental del corazón para elegir las palabras que promuevan la obra de Dios en una situación concreta. Belinda y Sam habían olvidado la verdadera guerra que se esconde tras las disputas de los hombres. Habían comenzado a pensar que su batalla ''era'' con sangre y carne, por lo que se peleaban para conseguir los sueños que estaban afianzados en sus corazones. Las palabras eran su principal arma. ¿Qué hubiera significado para Sam y Belinda hablar palabras de redención ante esta situación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gálatas 5 continua dándonos respuestas útiles: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.&lt;br /&gt;
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.&lt;br /&gt;
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.&lt;br /&gt;
Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gálatas 5:16-6:2).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pasaje proporciona una guía paso a paso de lo que significa hablar palabras de redención. Recuerden que hablar palabras de redención no quiere decir que ignoremos las preocupaciones reales de la vida; no podemos porque vamos a encontrarlas cada día. Al contrario, con palabras de redención le hablamos a esas preocupaciones de un modo que promueva los intereses del Rey de las siguientes formas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''1. Hablar con palabras de redención comienza cuando reconocemos la batalla interior''' (véanse versículos 16,17). Mientras que el pecado siga morando en nosotros, habrá una batalla en nuestros corazones (Ro. 7:7-15, Ef. 6:10-20, Santiago 4:1-10). Debemos vivir siempre conscientes de este conflicto porque olvidar la presencia y el poder del pecado en nuestro interior nos llevará inmediatamente a tener problemas con nuestras palabras. Este es ''el'' conflicto, de donde parten todas las batallas que peleamos. Nunca deberíamos ceder ante el pensamiento de que nuestra principal batalla es con sangre y carne (véase Ef. 6:10-12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No debemos permitirnos ver a nuestro marido, esposa, padre, hijo, hermano, hermana o amigo como el enemigo. Cuando lo hacemos, nuestro objetivo se vuelve en dirección horizontal, y las palabras de redención salen por la ventana. Solamente existe un enemigo que está maquinando, manipulando, tentando, decepcionando y enmascarando para que olvidemos la verdadera batalla y tentándonos a sucumbir a los deseos de la carne. Cuando hablamos conscientes de la verdadera guerra espiritual interior, frustramos el trabajo del enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''2. Hablar palabras de redención significa no satisfacer nunca cuando hablamos los deseos de la carne''' (véase versículo 16). Todos nosotros luchamos contra un conflictivo catálogo de deseos. Cuando algo ha ido mal, puede que deseemos encontrar una solución apropiada de Dios, pero hay otros deseos que también están funcionando. Puede que deseemos ver quién tiene la culpa o quitarnos responsabilidad. Puede que deseemos recordar todas las veces que esta persona nos ha fallado o que sufra como nosotros sufrimos. Puede que deseemos compartir su fracaso con otra persona. Puede que tengamos celos de alguien que se esté llevando la atención que creemos merecer. Puede que estemos resentidos o llenos de odio hacia alguien que nos ha fallado una y otra vez. Puede que estemos llenos de ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa decir no a cualquier conversación que derive de estos deseos. Hablar con redención no comienza por examinar la situación, la necesidad de la persona(s) con la que tenemos que hablar, o los pasajes de las Escrituras que nos indicarían lo que deberíamos decir. No; hablar palabras de redención comienza con un auto examen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''3. Hablar palabras de redención significa rechazar las palabras que sean contrarias a lo que el Espíritu está intentando producir en mí y en los demás''' (véanse versículos 16-18). Como cristiano, lo más importante en mi vida es que se complete la obra de Dios en mí y en los demás para alabanza de Su Gloria. No quiero obstaculizar lo que como Redentor está haciendo en los pequeños momentos de la vida. Reconozco que finalmente esos momentos no me pertenecen a mí sino a Él. Son el taller en los que realiza Su obra de santificación y mi tarea es ser un instrumento útil en Sus manos redentoras. Cada vez que hablo con los deseos de mi carne, me estoy comunicando de una manera que va en contra de lo que el Espíritu está intentando producir en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''4. Hablar palabras de redención supone una disposición a examinar cómo están presentes los frutos de la carne en mis palabras''' (véanse los versículos 19-21). Si quiero vivir de manera consecuente con la obra que el Espíritu está haciendo en mí y no dejar espacio al enemigo, tengo que estar dispuesto a examinar mi forma de hablar delante del espejo de la Palabra de Dios. Yo quiero que “las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón” sean gratas delante del Señor (salmo 19:14), por tanto voy a buscar si hay palabras de envidia, celos y orgullo. Voy a buscar palabras sectarias, de disensión y división; palabras de enojo, ira, malicia y odio; palabras egoístas, de autojustificación, de auto protección y defensivas. Palabras que muestren impaciencia, irritación, ausencia de perdón, desagrado y ausencia de mansedumbre. Busco palabras groseras o materialistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me examino con una actitud de auto crítica morbosa y desalentadora; lo hago con alegría, dándome cuenta de que gracias a la presencia del Espíritu Santo en mi interior, no tengo que vivir bajo el control de la carne (Ro. 8:5-11). ¡Con gozo, busco agradarle a Él sea como sea y en cualquier situación! Quiero hablar de una manera digna de la vocación con que he sido llamado (Ef. 4:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''5. Hablar palabras de redención significa decir “no” a cualquier razonamiento o argumentos de auto suficiencia o de búsqueda de culpabilidad que justifique palabras contrarias a la obra del Espíritu, o que haga que mis palabras sean adecuadas o aceptables para una persona del mundo''' (véanse versículos 19-21). Yo era un joven pastor de una pequeña congregación conflictiva y con una enorme necesidad de consejo. Me parecía que nunca había un momento de tranquilidad en casa antes de que me estuviera llamando alguien para contarme la última, gran crisis. Tenía pavor de escuchar el teléfono por la noche y más aún de las palabras: “Paul, te llaman&amp;quot;. Aunque no me diera cuenta, poco a poco veía a ciertas personas de la congregación como obstáculos para lo que yo quería hacer en lugar de instrumentos del llamado del Señor, que con gozo yo había aceptado. Recuerdo que cuando me llamaban le decía a mi mujer: ¡¿Quién es ahora?! Y luego respondía con una amistoso y pastoral: ''“Holaa”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado por la tarde que pasaba en casa con mi mujer y mis hijos recibí una llamada de un joven que estaba desesperado. Llevaba mucho tiempo en esa situación y parecía tener el don de llamarme en los momentos más inoportunos. Siempre se mostraba desanimado, siempre estaba pidiendo ayuda y sin embargo siempre que se le ofrecía se resistía a aceptarla. Nada parecía darle resultado; afirmaba que lo había intentado todo. Se encontraba en uno de los cutres moteles de la zona diciendo que iba a poner fin a su vida de una vez por todas. Decía que a menos que tuviera una razón para vivir, se suicidaría antes de que acabase el día. Averigüé donde se alojaba, le pedí a mi mujer que orase y me fui en coche a hablar con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el camino oré y sabía que mi mujer estaba orando pero había una guerra librándose en mi interior. ¡Yo ''era'' ese conflictivo catálogo de deseos! Realmente no me gustaba ese hombre. Me disgustaba esa actitud abatida, su voz quejica. Me disgustaba esa necesidad de tener que ser siempre el centro de atención. Odiaba la manera en la que había escupido mis consejos cada vez que se los había ofrecido. Me molestaba el tiempo que le había robado a mi familia y a otros ámbitos de mi ministerio. Y me enfadaba pensar que tenía que ir una vez más a rescatarlo. Mientras iba conduciendo, mis pensamientos iban y venían en la guerra entre la responsabilidad pastoral y el resentimiento personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando llegué al motel nos sentamos en una habitación sucia que olía a humo y a sudor. Me contó su típica letanía de quejas. Comencé a contestarle con verdades del evangelio cuando me interrumpió y me dijo: “¿No irás a soltarme ese rollo otra vez, no? ¿No tienes nada nuevo que contarme?&amp;quot;. No podía creer lo que estaba oyendo. Ahí estaba yo permitiendo que mi familia se preocupase por él, y ¡él se estaba burlando de mis esfuerzos por ayudarle sin ningún agradecimiento! Perdí. Cedí a la rabia que había estado acumulando durante semanas. Lo puse verde de arriba abajo. Le dije todo lo que la congregación y yo pensábamos de él. Lo culpé de todo lo que pude; le dije que moviera el trasero e hiciera algo bueno para cambiar, oré por él (¡!) y me fui. Iba furioso de camino a casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La condena no tardó mucho tiempo en aparecer mientras conducía de camino a casa. Tampoco tardaron los razonamientos y los argumentos de auto disculpa. Cuando llegué a casa, estaba convencido de que había hablado como uno de esos antiguos profetas proclamando en un lugar de rebelión y pecado un &amp;quot;así dice el Señor&amp;quot;. Me había auto convencido de que Dios usaría ese dramático momento de verdad para crear un cambio permanente en la vida de ese hombre. Cuando entré en casa, mi mujer que había estado orando, me preguntó cómo fue todo. Le dije que nunca le había hablado a nadie de mi ministerio con tanta brusquedad como a aquel hombre. Me aseguré de que le contaba la analogía del profeta. Y enseguida me respondió: “suena como si te hubieras enojado y hubieras explotado”. En el momento en que pronunció esas palabras, vi claramente mis argumentos de auto suficiencia como lo que eran y me llené de remordimientos. Conforme aparecía, Dios utilizó la confesión posterior de mi propio pecado y la batalla con ese hombre para comenzar a cambiarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiere que escuchemos palabras contrarias a la obra del Espíritu pero también que escuchemos la manera en la que racionalizamos palabras carnales para aceptarlas en nuestra conciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
          '''6. Hablar palabras de redención significa hablar “andando por el Espíritu”''' (véase versículo 25). Andar por el espíritu significa tener un compromiso por hablar de manera consecuente con Su obra en mí y que promueva Su obra en otra persona. En este pasaje, la obra del Espíritu está bastante clara. Está trabajando para cosechar en nosotros conforme al carácter de Cristo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Hablar andado por el Espíritu significa que como acción de sumisión y fe, mantengo mis palabras a la altura de estos frutos espirituales. Y descubro en las dificultades de la vida, oportunidades soberanas para ver por Su gracia este fruto maduro en mí. Las dificultades no son obstáculos para el desarrollo de este fruto sino ocasiones para verlo crecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace años había un hombre en nuestra congregación que era bastante crítico con mi ministerio. Me revolvía por dentro cada vez que lo veía o incluso pensaba en él. Recuerdo lo aliviado que me sentía cuando llegaba a la iglesia y me daba cuenta de que no estaba allí. También era consciente de que no se guardaba sus comentarios para él; había comenzado a reunir a personas del mismo parecer. Nuestra congregación no era grande y por tanto el descontento era cada vez más evidente. Decidí que era hora de preguntarle a ese hombre si podíamos hablar. Le dije a mi esposa que estaba pensando en hablar con Pete (no es su nombre real) y enseguida me preguntó lo que iba a decirle. Mientras le iba contando lo que pensaba, me di cuenta de que mi esposa no estaba de acuerdo por lo que le pregunté la razón. Ella me dijo: &amp;quot;Paul, antes de que trates con él tienes que tratar contigo mismo. Me da la impresión de que odias a ese hombre. No creo que resulte nada bueno de tratar con él y con sus equivocaciones hasta que no trates con tu propia actitud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quería creer que Luella no era sino otra persona que me malinterpretaba y me juzgaba mal; pero no era así. Nunca me habían hablado más claro. Odiaba a ese hombre. Odiaba el efecto controlador que ejercía sobre mí. Odiaba que hubiera puesto a otros en mi contra. ¡Odiaba que a causa de sus críticas me cuestionara todo lo que hacía como pastor! Odiaba cómo había destruido el sueño por mi ministerio y por nuestra congregación. Odiaba su sonrisilla arrogante. Realmente no quería tratar con él. ¡Sólo quería que saliera de mi vida!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luella tenía razón. No me encontraba en condiciones de ser un instrumento del Espíritu en la vida de Pete. No me encontraba en situación de hablar palabras de redención. ''Estaba'' andando sin el Espíritu completamente respecto a esta relación. ''Necesitaba'' tratar primero conmigo; ''necesitaba'' examinar mi corazón y confesar el pecado que había allí, y ''necesitaba'' determinación para hablar de un modo consecuente con el fruto que el Espíritu estaba produciendo en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme examinaba mi corazón, salían muchas más cosas que necesitaba cambiar de las que jamás había pensado. Mi problema no era tan solo odio e ira, sino pecados a un nivel más profundo. Mucho de lo que había estado motivándome en el ministerio no había sido la obra de Dios sino mi deseo personal. Había soñado con establecer un ministerio en una zona difícil y tener más éxito que nadie. Había soñado con ser muy respetado por una congregación cada vez más numerosa y con el tiempo, por toda la comunidad cristiana. Había soñado con un gran crecimiento del número de miembros, con construir unas instalaciones grandes y modernas, y con liderar a la “iglesia influyente” de la zona. Sobre todo, había soñado con que yo sería considerado como el único responsable de todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Odiaba a ese hombre porque él tenía razón! No en la forma con la que trató sus ideas sobre mi ministerio, pero sí en su opinión sobre mi orgullo. ''Realmente'' me encantaba ser el centro de atención de cualquier reunión. ''Realmente'' yo tenía la última palabra en cada tema. Me ''frustraba'' cuando la gente era un obstáculo para mis novedosos programas. Odiaba que las cosas avanzaran lentamente y que la gente fuera tan negativa. Y estaba luchando contra Dios por haberme puesto en ese sitio tan difícil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo hombre que odiaba comenzó a convertirse en un instrumento de rescate en las manos del Señor. A través de Pete, mi sueño arrogante y egoísta comenzó a morir. Bajo el fuego de esta prueba, Dios me mostró de otra manera el pecado de mi corazón. Me tomé varios días para examinarme a mí mismo y esta situación durante los cuales comencé a estar agradecido por el mismo hombre que había odiado. No estaba agradecido por su pecado sino por la manera en la que Dios lo había usado en mi vida. Conforme me volvía agradecido, empecé a escuchar lo que Pete había dicho sobre mí y cómo lo había dicho. Me di cuenta de que había cosas que Dios quería que aprendiese incluso viniendo de un mensajero tan severo. Finalmente, escuchando cómo expresaba sus pensamientos me di cuenta de que él y yo éramos bastante parecidos. Pete era orgulloso, dogmático, protestón e impaciente. Había estado odiando todas esas cosas pero me di cuenta de que también estaban presentes en mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días, Dios me dio un genuino amor pastoral hacia Pete, y cuando hablábamos podía dirigirme a él de una manera paciente, amable, educada, pacífica y con dominio propio. Incluso era capaz de comenzar esas conversaciones tan difíciles con alegría mientras meditaba en la buena obra que el Espíritu había hecho en mí a través de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar andando por el Espíritu no es solo hablar de un modo consecuente con lo que el Espíritu está haciendo en ''mí'', también significa hablar de un modo que promueva el crecimiento de ese fruto en ''usted''. Francamente, antes de que Luella hablase conmigo no me importaba si Dios me estaba usando en la vida de Pete. Sólo había dos cosas que me importaban: quería mostrarle a Pete que estaba equivocado y luego que abandonase la iglesia y ¡que me dejase en paz! Había cedido al pensamiento de que mi batalla era con &amp;quot;sangre y carne&amp;quot; (Ef. 6:10-12). Veía a Pete como el enemigo al que derrotar y había olvidado la guerra espiritual que se estaba librando bajo la superficie. No quería ser servidor de Pete, quería que el apoyase mi sueño. Incluso siendo su pastor, lo último que quería era ser un instrumento de redención en su vida. Hasta que hablé con Luella, ni siquiera antes había considerado que yo fuera un instrumento que el Espíritu podía usar para producir buenos frutos en su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando por fin hablé con Pete, seguí un plan radicalmente diferente al que le había planteado a mi esposa al principio. Ya no quería “ganar”. Ya no quería conseguir callarlo y que pasase obedientemente a formar parte de mi sueño. Yo quería que Dios me usase realmente para producir los frutos del Espíritu en Pete, el cual se presentó a nuestra conversación listo para la batalla. Era evidente que había preparado sus armas y ensayado su defensa. Pero no hubo batalla. Le dije que le estaba agradecido por sus comentarios, que a través de él, el Espíritu había expuesto mi corazón, y le pedí que me perdonase. Incluso antes de que tuviese la oportunidad de seguir hablando de él, Pete dijo; “Paul, yo también estaba equivocado. Supongo que si soy sincero tendría que decirte que te he odiado y que he buscado cualquier ocasión para criticarte delante de los demás. He estado enojado contigo y con Dios por ponernos en esta congregación. Necesito que me perdone&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, por primera vez desde hacía mucho tiempo, Pete y yo hablamos andando por el Espíritu, y el Espíritu produjo nuevos frutos en cada uno de nosotros. Pero no se olviden: comenzó cuando alguien se enfrentó a mí y me llevó a examinar mi propio corazón antes de enfrentarme a Pete. Hablar andando por el Espíritu significa tomarse un tiempo para escuchar, examinar, meditar y prepararse. Significa hablar con un compromiso de participar en la continua obra de gracia del Espíritu en nuestras vidas y en las de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''7. Hablar palabras de redención significa no dar lugar a las pasiones y a los deseos de la carne''' (véanse versículos 16, 24). Pongan mucha atención a las palabras del versículo 24: “Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Observen que esto no está en voz pasiva. Dice que cuando recibimos a Cristo, ''nosotros'' crucificamos las pasiones y los deseos de la carne. Este pasaje nos conduce a plantearnos un aspecto del evangelio que a veces olvidamos. El evangelio es un glorioso mensaje de ''consolación'', de pecados perdonados, de abolición de la condena, de relaciones reconciliadas con Dios, de Espíritu derramado y de eternidad garantizada. Pero el evangelio también es un ''llamado'' a abandonar una vida de acuerdo a los deseos de la carne para que podamos vivir para Cristo. La verdadera salvación no es solo recibir consolación sino también responder al llamado. Este compromiso de una vez y para siempre de vivir una vida santa crucificando las pasiones y los deseos de la carne, tiene que vivirse mediante el poder de Cristo en nuestro interior en cualquiera relación o situación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existe otro lugar donde este compromiso sea más necesario que en el área de la comunicación. Si fuéramos humildemente honestos, admitiríamos que mucho de lo que decimos está motivado por las pasiones y los deseos de la carne, y no por un compromiso con la obra y la voluntad de Cristo. Maridos que critican con enojo a sus esposas, esposas que ceden a las protestas y las quejas, niños que expulsan su ira contra sus padres, padres que en su frustración muerden a sus hijos con palabras, miembros decepcionados del cuerpo de Cristo que difaman a sus líderes… Todos ellos cediendo a las pasiones y deseos de la carne. El resultado es una cosecha de malos frutos de relaciones rotas y problemas cada vez más complicados y sin resolver.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hablamos con palabras formadas según las emociones y deseos de la carne, estaremos negando tanto la promesa de Cristo de libertad frente al dominio del pecado como nuestro compromiso de vivir como aquellos que ''pertenecen'' a Él. Hablar palabras de redención significa proclamar el poderoso dominio propio que Cristo nos ha otorgado, proclamar al Único que rompió las cadenas de nuestra esclavitud del pecado y que nos dio el don de Su Espíritu que mora en nosotros. ¡Nuestras palabras pueden ser instrumentos de justicia! Podemos decir “no” a las emociones y a los deseos de la carne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''8. Hablar palabras de redención significa entender las relaciones desde un punto de vista de restauración''' (véase capítulo 6, versículos 1 y 2). Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Pablo está hablando de una condición que incluye este aspecto de la gloria en todos nosotros. Somos “atrapados” por el enojo, orgullo, auto compasión, envidia, venganza, amargura, auto justificación, lujuria, egoísmo, miedo e incredulidad. Y ni aún así nos damos cuenta de que estamos atrapados o no sabemos cómo liberarnos. Existen pecados ante los cuales estamos ciegos o que son nuestro particular terreno de lucha. ¡Llegará el día en que la trampa final caiga y estemos ''con'' Cristo para siempre! Pero hasta ese momento, necesitamos reconocer que como pecadores, el pecado nos atrapa fácilmente. Por eso, nos necesitamos los unos a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, Pablo dice: “vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Cuando estamos “andando por el Espíritu” (versículo 25), estamos en posición de ser uno de Sus restauradores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa que nuestras relaciones están dirigidas por este plan de restauración. Todos tendemos a pensar que nuestras relaciones nos pertenecen. Tendemos a ver a los demás como nuestras posesiones. Los padres caen en esto con sus hijos; luego durante la adolescencia, cuando el niño fracasa, los padres no son capaces de ver más allá de su propio enojo ¡ni de ser agentes de restauración con sus propios hijos! Esposas y esposos piensan que es responsabilidad de su cónyuge el hacerlos felices. La vida se convierte en una serie de exámenes finales. Juzgamos a las personas dependiendo de cómo actúen, del impacto que tengan en nosotros. Buscamos respeto, amor, aprecio y honor, y para nosotros es muy difícil mantener relaciones en las que no haya esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos está exhortando ahora a hacer algo radicalmente distinto. Este nuevo plan está arraigado en el reconocimiento primordial de que nuestras relaciones no nos pertenecen a nosotros sino a Dios. En cuanto comenzamos a considerar de este modo nuestras relaciones, comenzamos a ver esta necesidad de restauración a nuestro alrededor. Cuando están de vacaciones y los niños se pelean en la parte trasera del coche, ¡existe algo más aparte de que se arruinen sus caras vacaciones! La necesidad de restauración se está revelando por si sola. Ante esta situación puede reaccionar como un padre irritado al que sus hijos le están quitando las vacaciones de sus sueños, o puede reaccionar como un restaurador que quiere ser un instrumento en manos del gran Restaurador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esposos y esposas discuten una y otra vez sobre el mismo tema, tienen que hacer otra cosa aparte de maldecir su matrimonio porque no funciona o al otro porque no entiende nada. Necesitan descubrir o darse cuenta de donde han sido “atrapados” y tienen que actuar el uno con el otro no siguiendo un plan exigente sino un plan de restauración. El mayor logro de las relaciones humanas no es la búsqueda de la felicidad entre los hombres sino la reconciliación con Dios y la restauración a la imagen de Su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''9. Hablar palabras de redención significa hablar con humildad y mansedumbre''' (véase capítulo 6, versículo 1). Expresiones ásperas (“¿Tan difícil es que te organices?&amp;quot;; “si piensas que voy a seguir arreglando tu desorden, ¡ya puedes ir quitándotelo de la cabeza!”) y palabras orgullosas (&amp;quot;Cuando yo quiera&amp;quot; o &amp;quot;simplemente no puedo entender a la gente así&amp;quot;) habladas ante la debilidad, la tentación o el pecado de otra persona, sencillamente contradicen el mensaje del Evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre debería ser nuestra respuesta natural cuando vemos a un hermano o hermana atrapado en el pecado. Tenemos que reconocer que si no fuera por la gracia de Dios nos encontraríamos donde están ellos. Por tanto tenemos que actuar con ellos con la misma gracia que hemos recibido. Dios nos amó cuando éramos detestables. Nos ha perdonado cada vez que hemos vuelto a pecar. De hecho, es Su amor el que nos lleva de la oscuridad hacia Su maravillosa luz. Cuando hablamos unos con otros, todos tenemos que luchar contra la realidad de los pecados que permanecen, por eso es esencial que nos reflejemos en el apremiante amor de Cristo. Él es nuestra única razón, nuestra única esperanza. Él solo es capaz de cambiar nuestros corazones. Debemos querer hablar de tal manera que lleve a la gente a poner su esperanza en Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos libres para ser mansos porque hemos desechado cualquier esperanza de que la presión, el poder o la lógica del hombre puedan cambiar corazones. El cambio en una persona no lo va a producir nunca el volumen de nuestra voz, el poder de nuestras palabras, el dramatismo del momento, la creatividad de nuestros ejemplos, la fuerza de nuestras palabras, el fantasma de nuestros temores o la grandeza de nuestros gestos. La mansedumbre fluye al saber donde reside nuestro poder. Dios puede susurrar palabras que produzcan una convicción ensordecedora en el corazón. Sí; nosotros queremos pensar y hablar bien, pero solamente porque queremos ser instrumentos útiles en manos del Único que ''trae'' el cambio, no porque confiemos en nuestra habilidad para producirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre en las palabras no proviene de alguien que está enojado y espera zanjar el asunto. Proviene de una persona que está hablando no por lo que quiere ''de'' ti sino por lo que quiere ''para'' ti. Solo puedo hablar con mansedumbre cuando no hablo desde el daño personal, enfado o resentimiento sino con auto sacrificio y amor de redención. Estoy hablando con usted no porque su pecado me haya afectado sino porque le ha atrapado. Deseo verle liberado de esa trampa. No tengo una misión de enfrentamiento egoísta sino de rescate por amor. Y sé que de alguna manera todos necesitamos este rescate a diario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''10. Hablar palabras de redención significa tener una vida y una comunicación con otro enfoque''' (véase Gálatas 6:2). El ejemplo aquí es el de unas personas de viaje. No sólo están concentrados en la carga que tienen que llevar sino que están mirando alrededor para ver quién necesita ayuda. Con estas palabras: &amp;quot;Llevad los unos las cargas de los otros”, Pablo extiende su exhortación a nosotros. Nos exhorta a mirar más allá de nuestro consuelo y prosperidad, y a ver como algo bueno la persona que lucha por llevar su carga y compartir el peso. Este es el ejemplo de Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos exhortados a hablarles a los demás con esta mentalidad de “llevar cargas”. Cuando vemos que alguien está luchando contra la debilidad, tenemos que mostrarle la fuerza que tiene en Cristo. Cuando alguien es ignorante, tenemos que hablarle con palabras de verdad dadas por la sabiduría. Cuando alguien tiene miedo, le hablamos de la ayuda omnipresente que es Dios en tiempo de problemas. Cuando alguien está sufriendo, queremos hablarle palabras de consuelo. Cuando alguien está desanimado, buscamos hablarle palabras de esperanza. Si se siente solo, lo recibimos con muestras de nuestro amor y de la presencia de Cristo. Si está enojado, le mostramos que la rectitud, venganza y justicia es de Dios. Si está peleado, buscamos hablar como pacificadores y reconciliadores. Si está preocupado, le indicamos el Sabbath de descanso que Cristo a dado a Sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa elegir nuestras palabras con atención. No queremos satisfacer los deseos de la carne. No queremos provocar que otro peque a causa de nuestra propia envidia y vanidad. No queremos mordernos y devorarnos unos a otros con palabras. En su lugar, estamos comprometidos a servirnos los unos a los otros con amor en nuestras palabras. Queremos hablar andando conforme a lo que el Espíritu está queriendo producir en nosotros y en los demás. Queremos hablar de manera consecuente con Sus frutos y promoviendo el crecimiento de esos frutos en los demás. Por último, queremos hablar como agentes de restauración mansos y humildes, como personas que llevan las cargas, comprometidas a vivir según el mandamiento de amor de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cargásemos con esta exhortación en cada situación y relación, ¡obtendríamos un avivamiento, reconciliación y restauración radical en nuestras iglesias hogares y amistades! Si estuviésemos comprometidos a hablar palabras de redención todo el tiempo, ¡las cosas serían tan diferentes! ¡La relación de Sam y Belinda hubiera sido completamente diferente si hubieran respondido a la exhortación de Dios de hablarse con palabras de redención! ¡Elegir bien nuestras palabras es tan importante para nosotros!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Paul Tripp es director de  Changing Lives Ministries &lt;br /&gt;
y consejero y miembro facultativo de CCEF, Glenside,&lt;br /&gt;
Pennsylvania. Este artículo pertenece a un libro sobre &lt;br /&gt;
la comunicación que  será publicado próximamente&lt;br /&gt;
en la colección Resources for Changing Lives Series.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 10 Apr 2009 10:24:58 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Speaking_Redemptively/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Speaking Redemptively/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Speaking_Redemptively/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''PALABRAS DE REDENCIÓN (SPEAKING REDEMPTIVELY)'''&lt;br /&gt;
por Paul David Tripp.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en el instituto, tenía mi primer empleo y por primera vez, tuve que hacer frente a un gran problema fuera de mi hogar. Mis compañeros de trabajo robaban y dañaban el material. Sabía quién era el culpable pero el jefe no. Yo no quería formar parte de lo que estaba pasando ni que me culpasen a mí por algo que no había hecho. Tenía que hablar con mi jefe y quizás con mis compañeros, pero estaba asustado. Reuní el valor suficiente para contarle a mi padre lo que estaba ocurriendo. Él se mostró de acuerdo en que tenía que hablar con los implicados y entonces me dijo: “Hijo, intenta elegir tus palabras con atención”; fue una buena forma de resumir lo que significa hablar con dominio y con propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención es elegir nuestras palabras con atención. No se trata sólo de las palabras que utilizamos sino de las que decidimos no utilizar. Hablar palabras de redención es estar preparado para decir lo correcto en el momento adecuado y con dominio propio. Hablar palabras de redención es no dejarnos llevar por las pasiones o los deseos personales, sino hablar teniendo presente el propósito de Dios. Se trata de ejercitar la fe necesaria para lo que Dios hace en ese momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuando las palabras destruyen.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda eran una pareja con mucho conocimiento mutuo y sin embargo nunca habían podido resolver los problemas de su relación. Cuando comenzamos a reunirnos, tenían serias dificultades en su matrimonio. Desde hacía dos años, Sam se había ido de casa en tres ocasiones desde dos semanas hasta un mes. Belinda se fue en una ocasión a casa de sus padres para prolongar sus &amp;quot;vacaciones&amp;quot;. Aquí teníamos a un matrimonio cristiano, casado durante 20 años, con un sólido conocimiento de las Escrituras y el uno del otro, y aún así no eran capaces de poner solución a sus problemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que nos reunimos, la tensión no se podría haber cortado con un cuchillo… ¡se hubiera necesitado una motosierra! Sam estaba tan enojado que en cuanto terminé de orar, se levantó y dijo: “¡No sé qué hago aquí! Sé perfectamente qué es lo que no funciona en nuestra relación; se lo he dicho a Belinda cientos de veces. Ella se niega a aceptarlo y se hace la víctima. No tengo ningún interés en sentarme aquí y volver a recordar todas las horribles cosas que han pasado entre nosotros durante los últimos 20 años! ¡Simplemente no puedo!”. Y dicho esto se marchó. Me disculpé ante Belinda y salí tras él hasta llegar a su coche donde al final logré convencerlo para que volviese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había mucha verdad en lo que Sam había dicho. Realmente sí ''conocía'' los problemas de su matrimonio. Muchas veces le ''había'' dicho a Belinda cosas que ella no quiso escuchar. Belinda sí se ''hacía'' la víctima en esos momentos de enfrentamiento. Sam se ''había'' visto obligado a tener que recordar una y otra vez las desagradables escenas que habían tenido lugar entre ellos. Y a pesar de todas las charlas y análisis, Sam no había sido otra cosa que un instrumento para cambiar la vida de Belinda. En realidad, el fruto de las palabras de Sam era una esposa victimista más resentida que nunca. Con todo lo que la conocía, Sam nunca formó parte de lo que Dios buscaba obrar en la vida de Belinda. Al contrario, se interpuso en la obra del Señor, brindándole una y otra vez grandes oportunidades al diablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto Belinda como Sam habían traído consigo cosas al matrimonio que contribuyeron a sus problemas. El padre de Belinda era un hombre extremadamente crítico y legalista. Cada noche a la hora de cenar, Belinda era testigo del maltrato verbal que sufría su madre cuando su padre criticaba su trabajo en casa, su manera de cocinar, sus palabras, su apariencia e incluso su voz (“esa voz de rata quejica”). Había muchas noches en las que Belinda lloraba hasta quedarse dormida o se quedaba pensando en cómo devolverle a su padre el dolor que le estaba provocando a su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando comenzaron a salir, Sam se dio cuenta de que Belinda solía ser demasiado susceptible y eso le molestaba a veces, pero intentaba pasarlo por alto porque había otras muchas cosas que le gustaban de Belinda. No se imaginaba que se iba a casar con una mujer resentida, auto protectora, llena de miedos, y decidida a hacer todo lo que fuera necesario para no caer en el &amp;quot;infierno&amp;quot; que su madre había vivido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al revés, los padres de Sam mantuvieron una magnífica relación. A menudo se prodigaban muestras de cariño. Si discutían, no sólo se pedían perdón mutuamente sino que también se disculpaban ante cualquier hijo que hubiera presenciado la discusión. En la familia de Sam, un fracaso no era el fin del mundo sino lo contrario, te alentaban a levantarte e intentarlo de nuevo. Sam siempre deseó tener un matrimonio como el de sus padres. Soñaba con esa maravillosa época como es la navidad alrededor del árbol, siendo él ahora el padre. Se casó con Belinda con ese sueño en mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casar a Sam y Belinda no fue una equivocación en la soberanía de Dios. Se trataba del sabio propósito de redención de Dios utilizar su relación como taller para Su continuo trabajo de santificación. En esta relación, sus corazones iban a exponerse y a ser cambiados; este era el propósito de Dios. Sin embargo Sam no se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en su sueño. Belinda tampoco se casó con los ojos puestos en el Evangelio sino en sus miedos. Por lo que ninguno de los dos pensó o habló palabras de redención cuando Sam comenzó a ver su sueño desmoronarse y Belinda sus miedos hacerse realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí; Sam sabía que Belinda siempre parecía predispuesta a oír críticas incluso donde no las había. Y Belinda sabía que Sam siempre parecía decepcionado porque su familia no se correspondía con la familia de sus sueños. Pero a pesar de todo su conocimiento mutuo, las cosas entre ellos se fueron degenerando mientras pasaban los años. Las palabras alrededor de sus problemas solo iban añadiendo capas de dolor y complicación. En lugar de exigirse cambiar, Sam y Belinda necesitaban aprender el significado de hablar palabras de redención ante la decepción, el dolor, el fracaso y el pecado: situaciones que son comunes en un mundo decadente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Por qué destruyen las palabras.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos entender la incapacidad de Belinda y Sam para resolver los problemas de su relación? ¿Cuál es su camino hacia el cambio? ¿Qué significado tiene tanto para ellos como para nosotros ''elegir nuestras palabras'', hablar palabras de redención?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un pasaje concreto de Gálatas que da una explicación a la relación de Sam y Belinda, seguido de otro que indica cómo cambiar. Ambos pasajes definen lo que significa “elegir nuestras palabras” para que podamos formar parte de lo que el Redentor está haciendo en nuestra vida y en la de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos primero qué ha ido mal en la relación de Belinda y Sam. El pasaje para el diagnóstico será Gálatas 5:13-15:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las tres partes de las que consta este pasaje pueden ayudarnos a comprender qué va mal en la relación de Sam y Belinda, especialmente en lo que concierne a la comunicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
        '''1.“Sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si ustedes le hubiesen preguntado a Belinda y a Sam si su relación era un pretexto para la carne hubieran respondido &amp;quot;no&amp;quot; automáticamente; pero hubieran estado automáticamente equivocados. El mandamiento del amor no daba forma a su relación y a su comunicación. Carecían gravemente de la actitud de servicio que se exhorta en este pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le preguntaron a Dios cómo podían actuar para alentar al cónyuge y apoyar lo que Dios estaba haciendo en la vida del otro. No consideraron cómo podían “estimularse el uno al otro al amor y a las buenas obras” (He. 10:24). No buscaron el modo de consolarse, alentarse, advertirse o enseñarse el uno al otro. No consideraron las dificultades como una oportunidad para ministrar la gracia de Dios. No buscaron el modo de ayudarse a llevar su carga. No eligieron palabras que alentaran la unidad, el amor y el servicio mutuo; Sam y Belinda esperaban ser servidos. Él quería disfrutar de su sueño y ella aislarse de sus miedos. Por  lo tanto, no buscaban maneras de servir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí es donde este pasaje nos ayuda especialmente porque nos dice que lo contrario a servir por amor no es la ''ausencia'' de amor o de servicio, ¡sino la satisfacción activa de la carne! O vivo como un servidor del Señor y acepto Su llamado a servir a los que están a mi alrededor o vivo para complacer las ansias de la carne y espero a que los demás también lo hagan. Aunque al principio Belinda y Sam no lo habrían admitido, finalmente comprendieron que habían comenzado su relación con deseos egoístas como centro de la misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam perseguía su objetivo por la familia y la esposa perfecta. A causa de ello, en seguida comenzó a sentirse decepcionado y enojado cuando vio a Belinda como un obstáculo para conseguirlo. Belinda se casó con el objetivo personal de auto protección. Su continua fijación en ella misma (¿cómo me está tratando el mundo?) dominaba su relación y su comunicación con Sam. A causa de este objetivo de auto protección, cualquier cosa que Sam hacía o decía la tomaba aparte para encontrar siempre algo que fuera insensible, criticable, negligente o &amp;quot;blasfemia&amp;quot;. Entonces, en su decepción, con su ira arremetía contra él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Santiago 4:1-2, explica la manera en la que los deseos de Belinda y Sam afectaban a la dinámica de su relación. &amp;quot;¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis”. La suya era una relación de conflictos constantes porque sus corazones estaban gobernados por las pasiones de la carne. Santiago habla sobre las pasiones que combaten en el cuerpo, pasiones que declaran la guerra para ejercer el control sobre las personas, los recursos, el &amp;quot;territorio&amp;quot;. La batalla entre el deseo por la familia perfecta y el deseo de auto protección se había adueñado del matrimonio de Sam y Belinda. El resultado, como describe Santiago, era de conflicto continuo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
         '''2.“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto también nos proporciona una perspectiva muy importante para la relación. Los problemas en la relación de Sam y Belinda no eran primordialmente horizontales (de persona a persona) sino primordialmente verticales (de la persona a Dios). Si estoy viviendo para la gloria de Dios, si este es mi objetivo personal antes que mi propia felicidad, si mi amor por Él permanece por encima de mi amor por cualquier cosa o persona, incluyéndome a mí mismo, entonces mi objetivo real en la vida será agradar a Dios en todo lo que haga y diga allá donde quiera Él que yo esté. De tal compromiso con Dios que sale del corazón, se desprende un fruto seguro: que amaré a mi prójimo como a mí mismo. El Primer gran mandamiento siempre precede y determina el cumplimiento del Segundo. Nunca podré amar a mi prójimo como a mí mismo si primero no estoy amando a Dios sobre todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Santiago 4 es otra vez útil. En el versículo 4, en medio de la discusión sobre las causas y las soluciones a los conflictos del hombre, Santiago introduce el concepto de adulterio espiritual. El adulterio se produce cuando el amor que prometimos a una persona se lo damos a otra. El adulterio espiritual se produce cuando el amor que le pertenece a Dios se entrega a cualquier otro aspecto de la creación (véase Romanos 1:25). Santiago dice algo inmensamente útil en tanto que intentamos comprender la relación entre Belinda y Sam: ¡la raíz del conflicto entre hombres se encuentra en el adulterio espiritual! Cuando un deseo por algo sustituye al amor de Dios como la fuerza que controla mi corazón, obtendré conflictos en mis relaciones como resultado. El conflicto tiene una raíz vertical que produce frutos horizontales como la pelea y la discusión. Tener un amor por Dios que me haga querer guardar Su ley siempre tendrá como resultado un amor real hacia mi prójimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
             '''3.“Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros”.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta última parte de Gálatas 5 es una acertada descripción de las conversaciones diarias entre Belinda y Sam. Uno a otro se mordía y devoraba con palabras. Nunca se estableció, ni se reforzó o alentó la comunicación. En su lugar, se especializaron en lanzarse dardos el uno al otro. Sam conocía las partes sensibles y vulnerables de Belinda y atacaba ahí cada vez que se interponía en su sueño. Belinda conocía donde podía herir a Sam, y devorar sus alegrías o esperanzas con unas precisas palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras de ambos eran críticas, condenatorias, manipuladoras, amenazantes, sentenciosas, egoístas, maliciosas, exigentes, despiadadas y vengativas. De sus palabras se desprendía que más que necesitar un cambio radical en su vocabulario, Sam y Belinda necesitaban un cambio radical en el corazón, lo que cambiaría primordialmente el modo de dirigirse el uno al otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión no era que tenían problemas cuando se casaron. Eso nos pasa a cada uno de nosotros; además Dios diseñó el matrimonio así. El acto más importante en las relaciones humanas existe fundamentalmente como medio para Su continuo trabajo de santificación y no para nuestra satisfacción, sino para que podamos ser para alabanza de Su gloria. No es casualidad que la relación humana más importante (el matrimonio) ocurra durante el proceso más importante de la vida (la santificación). ¡Dios lo ha determinado así para Su gloria y para el bien de Sus hijos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería un error que Sam y Belinda dijesen que su matrimonio acabó en ese estado tan horroroso porque estaban maldecidos con problemas inusuales. El problema no era que tuvieran problemas. La cuestión principal era el modo en el que los deseos de su corazón dictaban sus reacciones durante los problemas. Puesto que vivían para ellos mismos y no para Dios, se mordían y devoraban el uno al otro hasta llegar a destruirse. Sam había expresado dudas acerca de la fidelidad y el amor de Dios y Belinda había dejado de acudir a la iglesia con él. La fe de ambos yacía herida bajo las ruinas del conflicto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hebreos dice que la Biblia es poderosa para discernir “los pensamientos y las intenciones del corazón” (He.4:12), y Gálatas 5 hace exactamente eso con Sam y Belinda. Su relación no estaba gobernada por la ley del amor sino por los deseos de la carne. Como Dios no tenía el control, se enfrentaban a cada situación esperando poder cumplir sus propios sueños, deseos y exigencias. En su enojo y decepción, se mordían el uno al otro con palabras. Sus palabras rompían la estructura de su relación porque la estructura de su fe ya se había roto en sus corazones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablar palabras de redención en un mundo de pecado.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sam y Belinda nos muestran que hablar palabras de redención no es una cuestión superficial acerca de elegir las palabras adecuadas, sino un compromiso fundamental del corazón para elegir las palabras que promuevan la obra de Dios en una situación concreta. Belinda y Sam habían olvidado la verdadera guerra que se esconde tras las disputas de los hombres. Habían comenzado a pensar que su batalla ''era'' con sangre y carne, por lo que se peleaban para conseguir los sueños que estaban afianzados en sus corazones. Las palabras eran su principal arma. ¿Qué hubiera significado para Sam y Belinda hablar palabras de redención ante esta situación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gálatas 5 continua dándonos respuestas útiles: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.&lt;br /&gt;
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.&lt;br /&gt;
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.&lt;br /&gt;
Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gálatas 5:16-6:2).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pasaje proporciona una guía paso a paso de lo que significa hablar palabras de redención. Recuerden que hablar palabras de redención no quiere decir que ignoremos las preocupaciones reales de la vida; no podemos porque vamos a encontrarlas cada día. Al contrario, con palabras de redención le hablamos a esas preocupaciones de un modo que promueva los intereses del Rey de las siguientes formas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''1. Hablar con palabras de redención comienza cuando reconocemos la batalla interior''' (véanse versículos 16,17). Mientras que el pecado siga morando en nosotros, habrá una batalla en nuestros corazones (Ro. 7:7-15, Ef. 6:10-20, Santiago 4:1-10). Debemos vivir siempre conscientes de este conflicto porque olvidar la presencia y el poder del pecado en nuestro interior nos llevará inmediatamente a tener problemas con nuestras palabras. Este es ''el'' conflicto, de donde parten todas las batallas que peleamos. Nunca deberíamos ceder ante el pensamiento de que nuestra principal batalla es con sangre y carne (véase Ef. 6:10-12).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No debemos permitirnos ver a nuestro marido, esposa, padre, hijo, hermano, hermana o amigo como el enemigo. Cuando lo hacemos, nuestro objetivo se vuelve en dirección horizontal, y las palabras de redención salen por la ventana. Solamente existe un enemigo que está maquinando, manipulando, tentando, decepcionando y enmascarando para que olvidemos la verdadera batalla y tentándonos a sucumbir a los deseos de la carne. Cuando hablamos conscientes de la verdadera guerra espiritual interior, frustramos el trabajo del enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''2. Hablar palabras de redención significa no satisfacer nunca cuando hablamos los deseos de la carne''' (véase versículo 16). Todos nosotros luchamos contra un conflictivo catálogo de deseos. Cuando algo ha ido mal, puede que deseemos encontrar una solución apropiada de Dios, pero hay otros deseos que también están funcionando. Puede que deseemos ver quién tiene la culpa o quitarnos responsabilidad. Puede que deseemos recordar todas las veces que esta persona nos ha fallado o que sufra como nosotros sufrimos. Puede que deseemos compartir su fracaso con otra persona. Puede que tengamos celos de alguien que se esté llevando la atención que creemos merecer. Puede que estemos resentidos o llenos de odio hacia alguien que nos ha fallado una y otra vez. Puede que estemos llenos de ira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa decir no a cualquier conversación que derive de estos deseos. Hablar con redención no comienza por examinar la situación, la necesidad de la persona(s) con la que tenemos que hablar, o los pasajes de las Escrituras que nos indicarían lo que deberíamos decir. No; hablar palabras de redención comienza con un auto examen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''3. Hablar palabras de redención significa rechazar las palabras que sean contrarias a lo que el Espíritu está intentando producir en mí y en los demás''' (véanse versículos 16-18). Como cristiano, lo más importante en mi vida es que se complete la obra de Dios en mí y en los demás para alabanza de Su Gloria. No quiero obstaculizar lo que como Redentor está haciendo en los pequeños momentos de la vida. Reconozco que finalmente esos momentos no me pertenecen a mí sino a Él. Son el taller en los que realiza Su obra de santificación y mi tarea es ser un instrumento útil en Sus manos redentoras. Cada vez que hablo con los deseos de mi carne, me estoy comunicando de una manera que va en contra de lo que el Espíritu está intentando producir en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''4. Hablar palabras de redención supone una disposición a examinar cómo están presentes los frutos de la carne en mis palabras''' (véanse los versículos 19-21). Si quiero vivir de manera consecuente con la obra que el Espíritu está haciendo en mí y no dejar espacio al enemigo, tengo que estar dispuesto a examinar mi forma de hablar delante del espejo de la Palabra de Dios. Yo quiero que “las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón” sean gratas delante del Señor (salmo 19:14), por tanto voy a buscar si hay palabras de envidia, celos y orgullo. Voy a buscar palabras sectarias, de disensión y división; palabras de enojo, ira, malicia y odio; palabras egoístas, de autojustificación, de auto protección y defensivas. Palabras que muestren impaciencia, irritación, ausencia de perdón, desagrado y ausencia de mansedumbre. Busco palabras groseras o materialistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No me examino con una actitud de auto crítica morbosa y desalentadora; lo hago con alegría, dándome cuenta de que gracias a la presencia del Espíritu Santo en mi interior, no tengo que vivir bajo el control de la carne (Ro. 8:5-11). ¡Con gozo, busco agradarle a Él sea como sea y en cualquier situación! Quiero hablar de una manera digna de la vocación con que he sido llamado (Ef. 4:1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''5. Hablar palabras de redención significa decir “no” a cualquier razonamiento o argumentos de auto suficiencia o de búsqueda de culpabilidad que justifique palabras contrarias a la obra del Espíritu, o que haga que mis palabras sean adecuadas o aceptables para una persona del mundo''' (véanse versículos 19-21). Yo era un joven pastor de una pequeña congregación conflictiva y con una enorme necesidad de consejo. Me parecía que nunca había un momento de tranquilidad en casa antes de que me estuviera llamando alguien para contarme la última, gran crisis. Tenía pavor de escuchar el teléfono por la noche y más aún de las palabras: “Paul, te llaman&amp;quot;. Aunque no me diera cuenta, poco a poco veía a ciertas personas de la congregación como obstáculos para lo que yo quería hacer en lugar de instrumentos del llamado del Señor, que con gozo yo había aceptado. Recuerdo que cuando me llamaban le decía a mi mujer: ¡¿Quién es ahora?! Y luego respondía con una amistoso y pastoral: ''“Holaa”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado por la tarde que pasaba en casa con mi mujer y mis hijos recibí una llamada de un joven que estaba desesperado. Llevaba mucho tiempo en esa situación y parecía tener el don de llamarme en los momentos más inoportunos. Siempre se mostraba desanimado, siempre estaba pidiendo ayuda y sin embargo siempre que se le ofrecía se resistía a aceptarla. Nada parecía darle resultado; afirmaba que lo había intentado todo. Se encontraba en uno de los cutres moteles de la zona diciendo que iba a poner fin a su vida de una vez por todas. Decía que a menos que tuviera una razón para vivir, se suicidaría antes de que acabase el día. Averigüé donde se alojaba, le pedí a mi mujer que orase y me fui en coche a hablar con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el camino oré y sabía que mi mujer estaba orando pero había una guerra librándose en mi interior. ¡Yo ''era'' ese conflictivo catálogo de deseos! Realmente no me gustaba ese hombre. Me disgustaba esa actitud abatida, su voz quejica. Me disgustaba esa necesidad de tener que ser siempre el centro de atención. Odiaba la manera en la que había escupido mis consejos cada vez que se los había ofrecido. Me molestaba el tiempo que le había robado a mi familia y a otros ámbitos de mi ministerio. Y me enfadaba pensar que tenía que ir una vez más a rescatarlo. Mientras iba conduciendo, mis pensamientos iban y venían en la guerra entre la responsabilidad pastoral y el resentimiento personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando llegué al motel nos sentamos en una habitación sucia que olía a humo y a sudor. Me contó su típica letanía de quejas. Comencé a contestarle con verdades del evangelio cuando me interrumpió y me dijo: “¿No irás a soltarme ese rollo otra vez, no? ¿No tienes nada nuevo que contarme?&amp;quot;. No podía creer lo que estaba oyendo. Ahí estaba yo permitiendo que mi familia se preocupase por él, y ¡él se estaba burlando de mis esfuerzos por ayudarle sin ningún agradecimiento! Perdí. Cedí a la rabia que había estado acumulando durante semanas. Lo puse verde de arriba abajo. Le dije todo lo que la congregación y yo pensábamos de él. Lo culpé de todo lo que pude; le dije que moviera el trasero e hiciera algo bueno para cambiar, oré por él (¡!) y me fui. Iba furioso de camino a casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La condena no tardó mucho tiempo en aparecer mientras conducía de camino a casa. Tampoco tardaron los razonamientos y los argumentos de auto disculpa. Cuando llegué a casa, estaba convencido de que había hablado como uno de esos antiguos profetas proclamando en un lugar de rebelión y pecado un &amp;quot;así dice el Señor&amp;quot;. Me había auto convencido de que Dios usaría ese dramático momento de verdad para crear un cambio permanente en la vida de ese hombre. Cuando entré en casa, mi mujer que había estado orando, me preguntó cómo fue todo. Le dije que nunca le había hablado a nadie de mi ministerio con tanta brusquedad como a aquel hombre. Me aseguré de que le contaba la analogía del profeta. Y enseguida me respondió: “suena como si te hubieras enojado y hubieras explotado”. En el momento en que pronunció esas palabras, vi claramente mis argumentos de auto suficiencia como lo que eran y me llené de remordimientos. Conforme aparecía, Dios utilizó la confesión posterior de mi propio pecado y la batalla con ese hombre para comenzar a cambiarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiere que escuchemos palabras contrarias a la obra del Espíritu pero también que escuchemos la manera en la que racionalizamos palabras carnales para aceptarlas en nuestra conciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
          '''6. Hablar palabras de redención significa hablar “andando por el Espíritu”''' (véase versículo 25). Andar por el espíritu significa tener un compromiso por hablar de manera consecuente con Su obra en mí y que promueva Su obra en otra persona. En este pasaje, la obra del Espíritu está bastante clara. Está trabajando para cosechar en nosotros conforme al carácter de Cristo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Hablar andado por el Espíritu significa que como acción de sumisión y fe, mantengo mis palabras a la altura de estos frutos espirituales. Y descubro en las dificultades de la vida, oportunidades soberanas para ver por Su gracia este fruto maduro en mí. Las dificultades no son obstáculos para el desarrollo de este fruto sino ocasiones para verlo crecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace años había un hombre en nuestra congregación que era bastante crítico con mi ministerio. Me revolvía por dentro cada vez que lo veía o incluso pensaba en él. Recuerdo lo aliviado que me sentía cuando llegaba a la iglesia y me daba cuenta de que no estaba allí. También era consciente de que no se guardaba sus comentarios para él; había comenzado a reunir a personas del mismo parecer. Nuestra congregación no era grande y por tanto el descontento era cada vez más evidente. Decidí que era hora de preguntarle a ese hombre si podíamos hablar. Le dije a mi esposa que estaba pensando en hablar con Pete (no es su nombre real) y enseguida me preguntó lo que iba a decirle. Mientras le iba contando lo que pensaba, me di cuenta de que mi esposa no estaba de acuerdo por lo que le pregunté la razón. Ella me dijo: &amp;quot;Paul, antes de que trates con él tienes que tratar contigo mismo. Me da la impresión de que odias a ese hombre. No creo que resulte nada bueno de tratar con él y con sus equivocaciones hasta que no trates con tu propia actitud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quería creer que Luella no era sino otra persona que me malinterpretaba y me juzgaba mal; pero no era así. Nunca me habían hablado más claro. Odiaba a ese hombre. Odiaba el efecto controlador que ejercía sobre mí. Odiaba que hubiera puesto a otros en mi contra. ¡Odiaba que a causa de sus críticas me cuestionara todo lo que hacía como pastor! Odiaba cómo había destruido el sueño por mi ministerio y por nuestra congregación. Odiaba su sonrisilla arrogante. Realmente no quería tratar con él. ¡Sólo quería que saliera de mi vida!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luella tenía razón. No me encontraba en condiciones de ser un instrumento del Espíritu en la vida de Pete. No me encontraba en situación de hablar palabras de redención. ''Estaba'' andando sin el Espíritu completamente respecto a esta relación. ''Necesitaba'' tratar primero conmigo; ''necesitaba'' examinar mi corazón y confesar el pecado que había allí, y ''necesitaba'' determinación para hablar de un modo consecuente con el fruto que el Espíritu estaba produciendo en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme examinaba mi corazón, salían muchas más cosas que necesitaba cambiar de las que jamás había pensado. Mi problema no era tan solo odio e ira, sino pecados a un nivel más profundo. Mucho de lo que había estado motivándome en el ministerio no había sido la obra de Dios sino mi deseo personal. Había soñado con establecer un ministerio en una zona difícil y tener más éxito que nadie. Había soñado con ser muy respetado por una congregación cada vez más numerosa y con el tiempo, por toda la comunidad cristiana. Había soñado con un gran crecimiento del número de miembros, con construir unas instalaciones grandes y modernas, y con liderar a la “iglesia influyente” de la zona. Sobre todo, había soñado con que yo sería considerado como el único responsable de todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Odiaba a ese hombre porque él tenía razón! No en la forma con la que trató sus ideas sobre mi ministerio, pero sí en su opinión sobre mi orgullo. ''Realmente'' me encantaba ser el centro de atención de cualquier reunión. ''Realmente'' yo tenía la última palabra en cada tema. Me ''frustraba'' cuando la gente era un obstáculo para mis novedosos programas. Odiaba que las cosas avanzaran lentamente y que la gente fuera tan negativa. Y estaba luchando contra Dios por haberme puesto en ese sitio tan difícil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo hombre que odiaba comenzó a convertirse en un instrumento de rescate en las manos del Señor. A través de Pete, mi sueño arrogante y egoísta comenzó a morir. Bajo el fuego de esta prueba, Dios me mostró de otra manera el pecado de mi corazón. Me tomé varios días para examinarme a mí mismo y esta situación durante los cuales comencé a estar agradecido por el mismo hombre que había odiado. No estaba agradecido por su pecado sino por la manera en la que Dios lo había usado en mi vida. Conforme me volvía agradecido, empecé a escuchar lo que Pete había dicho sobre mí y cómo lo había dicho. Me di cuenta de que había cosas que Dios quería que aprendiese incluso viniendo de un mensajero tan severo. Finalmente, escuchando cómo expresaba sus pensamientos me di cuenta de que él y yo éramos bastante parecidos. Pete era orgulloso, dogmático, protestón e impaciente. Había estado odiando todas esas cosas pero me di cuenta de que también estaban presentes en mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días, Dios me dio un genuino amor pastoral hacia Pete, y cuando hablábamos podía dirigirme a él de una manera paciente, amable, educada, pacífica y con dominio propio. Incluso era capaz de comenzar esas conversaciones tan difíciles con alegría mientras meditaba en la buena obra que el Espíritu había hecho en mí a través de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar andando por el Espíritu no es solo hablar de un modo consecuente con lo que el Espíritu está haciendo en ''mí'', también significa hablar de un modo que promueva el crecimiento de ese fruto en ''usted''. Francamente, antes de que Luella hablase conmigo no me importaba si Dios me estaba usando en la vida de Pete. Sólo había dos cosas que me importaban: quería mostrarle a Pete que estaba equivocado y luego que abandonase la iglesia y ¡que me dejase en paz! Había cedido al pensamiento de que mi batalla era con &amp;quot;sangre y carne&amp;quot; (Ef. 6:10-12). Veía a Pete como el enemigo al que derrotar y había olvidado la guerra espiritual que se estaba librando bajo la superficie. No quería ser servidor de Pete, quería que el apoyase mi sueño. Incluso siendo su pastor, lo último que quería era ser un instrumento de redención en su vida. Hasta que hablé con Luella, ni siquiera antes había considerado que yo fuera un instrumento que el Espíritu podía usar para producir buenos frutos en su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando por fin hablé con Pete, seguí un plan radicalmente diferente al que le había planteado a mi esposa al principio. Ya no quería “ganar”. Ya no quería conseguir callarlo y que pasase obedientemente a formar parte de mi sueño. Yo quería que Dios me usase realmente para producir los frutos del Espíritu en Pete, el cual se presentó a nuestra conversación listo para la batalla. Era evidente que había preparado sus armas y ensayado su defensa. Pero no hubo batalla. Le dije que le estaba agradecido por sus comentarios, que a través de él, el Espíritu había expuesto mi corazón, y le pedí que me perdonase. Incluso antes de que tuviese la oportunidad de seguir hablando de él, Pete dijo; “Paul, yo también estaba equivocado. Supongo que si soy sincero tendría que decirte que te he odiado y que he buscado cualquier ocasión para criticarte delante de los demás. He estado enojado contigo y con Dios por ponernos en esta congregación. Necesito que me perdone&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, por primera vez desde hacía mucho tiempo, Pete y yo hablamos andando por el Espíritu, y el Espíritu produjo nuevos frutos en cada uno de nosotros. Pero no se olviden: comenzó cuando alguien se enfrentó a mí y me llevó a examinar mi propio corazón antes de enfrentarme a Pete. Hablar andando por el Espíritu significa tomarse un tiempo para escuchar, examinar, meditar y prepararse. Significa hablar con un compromiso de participar en la continua obra de gracia del Espíritu en nuestras vidas y en las de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''7. Hablar palabras de redención significa no dar lugar a las pasiones y a los deseos de la carne''' (véanse versículos 16, 24). Pongan mucha atención a las palabras del versículo 24: “Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Observen que esto no está en voz pasiva. Dice que cuando recibimos a Cristo, ''nosotros'' crucificamos las pasiones y los deseos de la carne. Este pasaje nos conduce a plantearnos un aspecto del evangelio que a veces olvidamos. El evangelio es un glorioso mensaje de ''consolación'', de pecados perdonados, de abolición de la condena, de relaciones reconciliadas con Dios, de Espíritu derramado y de eternidad garantizada. Pero el evangelio también es un ''llamado'' a abandonar una vida de acuerdo a los deseos de la carne para que podamos vivir para Cristo. La verdadera salvación no es solo recibir consolación sino también responder al llamado. Este compromiso de una vez y para siempre de vivir una vida santa crucificando las pasiones y los deseos de la carne, tiene que vivirse mediante el poder de Cristo en nuestro interior en cualquiera relación o situación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existe otro lugar donde este compromiso sea más necesario que en el área de la comunicación. Si fuéramos humildemente honestos, admitiríamos que mucho de lo que decimos está motivado por las pasiones y los deseos de la carne, y no por un compromiso con la obra y la voluntad de Cristo. Maridos que critican con enojo a sus esposas, esposas que ceden a las protestas y las quejas, niños que expulsan su ira contra sus padres, padres que en su frustración muerden a sus hijos con palabras, miembros decepcionados del cuerpo de Cristo que difaman a sus líderes… Todos ellos cediendo a las pasiones y deseos de la carne. El resultado es una cosecha de malos frutos de relaciones rotas y problemas cada vez más complicados y sin resolver.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hablamos con palabras formadas según las emociones y deseos de la carne, estaremos negando tanto la promesa de Cristo de libertad frente al dominio del pecado como nuestro compromiso de vivir como aquellos que ''pertenecen'' a Él. Hablar palabras de redención significa proclamar el poderoso dominio propio que Cristo nos ha otorgado, proclamar al Único que rompió las cadenas de nuestra esclavitud del pecado y que nos dio el don de Su Espíritu que mora en nosotros. ¡Nuestras palabras pueden ser instrumentos de justicia! Podemos decir “no” a las emociones y a los deseos de la carne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''8. Hablar palabras de redención significa entender las relaciones desde un punto de vista de restauración''' (véase capítulo 6, versículos 1 y 2). Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Pablo está hablando de una condición que incluye este aspecto de la gloria en todos nosotros. Somos “atrapados” por el enojo, orgullo, auto compasión, envidia, venganza, amargura, auto justificación, lujuria, egoísmo, miedo e incredulidad. Y ni aún así nos damos cuenta de que estamos atrapados o no sabemos cómo liberarnos. Existen pecados ante los cuales estamos ciegos o que son nuestro particular terreno de lucha. ¡Llegará el día en que la trampa final caiga y estemos ''con'' Cristo para siempre! Pero hasta ese momento, necesitamos reconocer que como pecadores, el pecado nos atrapa fácilmente. Por eso, nos necesitamos los unos a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, Pablo dice: “vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre”. Cuando estamos “andando por el Espíritu” (versículo 25), estamos en posición de ser uno de Sus restauradores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa que nuestras relaciones están dirigidas por este plan de restauración. Todos tendemos a pensar que nuestras relaciones nos pertenecen. Tendemos a ver a los demás como nuestras posesiones. Los padres caen en esto con sus hijos; luego durante la adolescencia, cuando el niño fracasa, los padres no son capaces de ver más allá de su propio enojo ¡ni de ser agentes de restauración con sus propios hijos! Esposas y esposos piensan que es responsabilidad de su cónyuge el hacerlos felices. La vida se convierte en una serie de exámenes finales. Juzgamos a las personas dependiendo de cómo actúen, del impacto que tengan en nosotros. Buscamos respeto, amor, aprecio y honor, y para nosotros es muy difícil mantener relaciones en las que no haya esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos está exhortando ahora a hacer algo radicalmente distinto. Este nuevo plan está arraigado en el reconocimiento primordial de que nuestras relaciones no nos pertenecen a nosotros sino a Dios. En cuanto comenzamos a considerar de este modo nuestras relaciones, comenzamos a ver esta necesidad de restauración a nuestro alrededor. Cuando están de vacaciones y los niños se pelean en la parte trasera del coche, ¡existe algo más aparte de que se arruinen sus caras vacaciones! La necesidad de restauración se está revelando por si sola. Ante esta situación puede reaccionar como un padre irritado al que sus hijos le están quitando las vacaciones de sus sueños, o puede reaccionar como un restaurador que quiere ser un instrumento en manos del gran Restaurador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esposos y esposas discuten una y otra vez sobre el mismo tema, tienen que hacer otra cosa aparte de maldecir su matrimonio porque no funciona o al otro porque no entiende nada. Necesitan descubrir o darse cuenta de donde han sido “atrapados” y tienen que actuar el uno con el otro no siguiendo un plan exigente sino un plan de restauración. El mayor logro de las relaciones humanas no es la búsqueda de la felicidad entre los hombres sino la reconciliación con Dios y la restauración a la imagen de Su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''9. Hablar palabras de redención significa hablar con humildad y mansedumbre''' (véase capítulo 6, versículo 1). Expresiones ásperas (“¿Tan difícil es que te organices?&amp;quot;; “si piensas que voy a seguir arreglando tu desorden, ¡ya puedes ir quitándotelo de la cabeza!”) y palabras orgullosas (&amp;quot;Cuando yo quiera&amp;quot; o &amp;quot;simplemente no puedo entender a la gente así&amp;quot;) habladas ante la debilidad, la tentación o el pecado de otra persona, sencillamente contradicen el mensaje del Evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre debería ser nuestra respuesta natural cuando vemos a un hermano o hermana atrapado en el pecado. Tenemos que reconocer que si no fuera por la gracia de Dios nos encontraríamos donde están ellos. Por tanto tenemos que actuar con ellos con la misma gracia que hemos recibido. Dios nos amó cuando éramos detestables. Nos ha perdonado cada vez que hemos vuelto a pecar. De hecho, es Su amor el que nos lleva de la oscuridad hacia Su maravillosa luz. Cuando hablamos unos con otros, todos tenemos que luchar contra la realidad de los pecados que permanecen, por eso es esencial que nos reflejemos en el apremiante amor de Cristo. Él es nuestra única razón, nuestra única esperanza. Él solo es capaz de cambiar nuestros corazones. Debemos querer hablar de tal manera que lleve a la gente a poner su esperanza en Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos libres para ser mansos porque hemos desechado cualquier esperanza de que la presión, el poder o la lógica del hombre puedan cambiar corazones. El cambio en una persona no lo va a producir nunca el volumen de nuestra voz, el poder de nuestras palabras, el dramatismo del momento, la creatividad de nuestros ejemplos, la fuerza de nuestras palabras, el fantasma de nuestros temores o la grandeza de nuestros gestos. La mansedumbre fluye al saber donde reside nuestro poder. Dios puede susurrar palabras que produzcan una convicción ensordecedora en el corazón. Sí; nosotros queremos pensar y hablar bien, pero solamente porque queremos ser instrumentos útiles en manos del Único que ''trae'' el cambio, no porque confiemos en nuestra habilidad para producirlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mansedumbre en las palabras no proviene de alguien que está enojado y espera zanjar el asunto. Proviene de una persona que está hablando no por lo que quiere ''de'' ti sino por lo que quiere ''para'' ti. Solo puedo hablar con mansedumbre cuando no hablo desde el daño personal, enfado o resentimiento sino con auto sacrificio y amor de redención. Estoy hablando con usted no porque su pecado me haya afectado sino porque le ha atrapado. Deseo verle liberado de esa trampa. No tengo una misión de enfrentamiento egoísta sino de rescate por amor. Y sé que de alguna manera todos necesitamos este rescate a diario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	'''10. Hablar palabras de redención significa tener una vida y una comunicación con otro enfoque''' (véase Gálatas 6:2). El ejemplo aquí es el de unas personas de viaje. No sólo están concentrados en la carga que tienen que llevar sino que están mirando alrededor para ver quién necesita ayuda. Con estas palabras: &amp;quot;Llevad los unos las cargas de los otros”, Pablo extiende su exhortación a nosotros. Nos exhorta a mirar más allá de nuestro consuelo y prosperidad, y a ver como algo bueno la persona que lucha por llevar su carga y compartir el peso. Este es el ejemplo de Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También somos exhortados a hablarles a los demás con esta mentalidad de “llevar cargas”. Cuando vemos que alguien está luchando contra la debilidad, tenemos que mostrarle la fuerza que tiene en Cristo. Cuando alguien es ignorante, tenemos que hablarle con palabras de verdad dadas por la sabiduría. Cuando alguien tiene miedo, le hablamos de la ayuda omnipresente que es Dios en tiempo de problemas. Cuando alguien está sufriendo, queremos hablarle palabras de consuelo. Cuando alguien está desanimado, buscamos hablarle palabras de esperanza. Si se siente solo, lo recibimos con muestras de nuestro amor y de la presencia de Cristo. Si está enojado, le mostramos que la rectitud, venganza y justicia es de Dios. Si está peleado, buscamos hablar como pacificadores y reconciliadores. Si está preocupado, le indicamos el Sabbath de descanso que Cristo a dado a Sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablar palabras de redención significa elegir nuestras palabras con atención. No queremos satisfacer los deseos de la carne. No queremos provocar que otro peque a causa de nuestra propia envidia y vanidad. No queremos mordernos y devorarnos unos a otros con palabras. En su lugar, estamos comprometidos a servirnos los unos a los otros con amor en nuestras palabras. Queremos hablar andando conforme a lo que el Espíritu está queriendo producir en nosotros y en los demás. Queremos hablar de manera consecuente con Sus frutos y promoviendo el crecimiento de esos frutos en los demás. Por último, queremos hablar como agentes de restauración mansos y humildes, como personas que llevan las cargas, comprometidas a vivir según el mandamiento de amor de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si cargásemos con esta exhortación en cada situación y relación, ¡obtendríamos un avivamiento, reconciliación y restauración radical en nuestras iglesias hogares y amistades! Si estuviésemos comprometidos a hablar palabras de redención todo el tiempo, ¡las cosas serían tan diferentes! ¡La relación de Sam y Belinda hubiera sido completamente diferente si hubieran respondido a la exhortación de Dios de hablarse con palabras de redención! ¡Elegir bien nuestras palabras es tan importante para nosotros!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Paul Tripp es director de  Changing Lives Ministries &lt;br /&gt;
y consejero y miembro facultativo de CCEF, Glenside,&lt;br /&gt;
Pennsylvania. Este artículo pertenece a un libro sobre &lt;br /&gt;
la comunicación que  será publicado próximamente&lt;br /&gt;
en la colección Resources for Changing Lives Series.''&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 10 Apr 2009 10:22:30 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Speaking_Redemptively/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>A Brave New World/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/A_Brave_New_World/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|&amp;quot;Un mundo feliz&amp;quot;}}&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día 14 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos aún estaba tratando de asimilar los ataques de al Qaeda contra Nueva York y Washington D.C., algunos dignatarios se reunieron en la catedral nacional para honrar a los fallecidos y para demostrar la resolución del país de permanecer unido en contra de los atacantes. Aunque aparentemente ésta era una casa de alabanza cristiana, el clero que dirigió el servicio no representó en absoluto la fe cristiana. De hecho, un rabí y un imán tuvieron roles en la “alabanza,” que se abrió con una invocación llamando al “Dios de Abraham y Mohammed y al Padre de nuestro Señor Jesucristo”.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo más sorprendente de este servicio no fue que personas que no eran cristianas tomasen parte activa en él. En vez, fue que pocos creyentes de los sistemas religiosos ahí representados hablaron en contra del clero que, por estar sentado junto, confirmaron implícitamente al judaísmo, islamismo, y cristianismo como caminos válidos hacia el Creador. Dejando a un lado por un momento las cuestiones sobre si estas tres religiones son verdaderas o falsas, cualquier observador imparcial debería preguntare cómo fue que al clero se le ocurrió hacer eso. Dado que estas grandes religiones tienen ideas muy diferentes acerca de Dios, el predicamento del hombre, y la divinidad de Jesucristo, cualquier creyente comprometido con cualquiera de estos tres credos no hubiera podido encontrar aceptable ni siquiera la insinuación de que judíos, musulmanes y cristianos sirven todos al mismo Dios.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, este supuesto de que todas las creencias son verdaderas y válidas es precisamente lo que nuestra cultura nos quiere imponer cada día. En el nombre de la tolerancia, nos dicen que “no importa lo que tu creas, siempre y cuando lo creas sinceramente”. Parece que los que son verdaderamente cultos, no sólo aceptan la existencia de otras verdades religiosas, sino que también las aceptan como vías por las cuales podemos encontrar el camino hacia la montaña de Dios, quien quiera que Él sea.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este llamado a la “tolerancia” es la manera en que la cultura laica responde a la realidad en la que ahora vivimos. Hoy en día nos encontramos en un “mundo feliz”. Si todavía no se ha abierto una mezquita en tu barrio, probablemente los minaretes aparecerán pronto en el horizonte. A lo mejor hoy, tu vecino es cristiano. No te sorprendas si un Budista practicante se muda mañana. A lo mejor estás escuchando a un simpático misionero mormón llamando a tu puerta mientras que lees este artículo. El mundo con toda su gran diversidad de religiones ha venido a nuestros barrios y ha abierto nuevas oportunidades sociales y económicas. Para tomar ventaja de esta situación, debemos llevarnos bien con los que tienen estas visiones del mundo tan diferentes, y la manera más fácil de hacerlo es evitando “hacer ruido”. Claro, la única manera de evitar hacer ruido es no decirle nunca a nadie que puede estar equivocado, especialmente en la práctica de su religión. Por el bien de todos, debemos “tolerar” a las personas de nuestro alrededor. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que interpretar la tolerancia de esta manera es malinterpretar terriblemente la virtud. La tolerancia es algo bueno cuando se practica correctamente. Por ejemplo, yo puedo ser tolerante con mi vecino ateísta siendo caritativo y amistoso con él, respetándolo como persona, y tratando de entender seriamente su punto de vista en lugar de burlarme de sus ideas. Pero hay una clara diferencia entre tolerar y consentir. Nosotros consentimos y no toleramos si tolerancia significa que yo no puedo decirle a mi amigo ateísta que está equivocado acerca de la existencia de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que nuestra cultura persigue en realidad el consentimiento y no la tolerancia se ve en la indignación que surge cada vez que cristianos manifiestan en los medios de comunicación que Jesús es el único camino al Padre (Juan 14:6). Si nuestra sociedad realmente practicara la tolerancia, la gente no tendría reacciones tan viscerales ante estas declaraciones. A lo mejor no están de acuerdo con nosotros, pero no deberían llamarnos ignorantes o arrogantes cuando somos fieles al mensaje de nuestro Señor y Salvador. Si nuestra cultura practicara una auténtica tolerancia, no intentarían silenciarnos aun cuando no compartan nuestra postura. Está claro que la llamada “tolerancia” que practica nuestra cultura es la forma más insidiosa de intolerancia. La cultura occidental generalmente “tolera” cualquier visión del mundo siempre y cuando esa visión no declare que las demás son falsas. La única afirmación exclusiva que alguien puede hacer es que nadie puede hacer afirmaciones exclusivas. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como resultado de esta &amp;quot;tolerancia intolerante&amp;quot; cada vez se ve más el evangelismo como el mayor crimen contra la humanidad. Por ejemplo, puedes ser etiquetado de antisemita si sugieres que personas judías, como todas las demás personas, necesitan a Jesús para salvarles. En cualquier librería es sencillo encontrar libros de antropología que lamentan la conversión de tribus al evangelio, o guías para diálogos religiosos que propugnan renunciar a la exclusividad de Cristo como la única manera de tener una conversación auténtica con los incrédulos de nuestro alrededor. La presión para rechazar la afirmación bíblica e histórica de que la salvación viene a través de una fe personal y conciente en Jesús es enorme y va a ir en aumento en los próximos años a menos que haya un gran avivamiento en nuestra tierra. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, la tentación para nosotros es estar en la defensiva, escondernos en nuestras iglesias y adoptar una mentalidad de “nosotros contra de ellos” que nos mantiene en un gueto cristiano y nos frena a la hora de buscar activamente a los que están perdidos a nuestro alrededor. No obstante, esta no puede ser nuestra respuesta. Los primeros cristianos encontraron un mundo similar en el cual se “toleraban” diferentes religiones mientras que sus seguidores no causasen revuelos; pero ellos no construyeron paredes a su alrededor. En vez, salieron a proclamar las buenas nuevas de Jesucristo. Nosotros debemos hacer lo mismo. A pesar de la confusión y los problemas que aparecen cuando personas con visiones del mundo tan diferentes viven a nuestro alrededor, debemos reconocer que Dios nos ha traído las naciones. Nosotros podemos hablar de nuestra fe con gente que viene de países cerrados al evangelio. Este es un privilegio tremendo y una oportunidad para nosotros de ser una parte integral del plan de nuestro Padre: traer personas de toda lengua y tribu a su reino (Apocalipsis 7:9-12). &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos aprovechar al máximo la oportunidad de alcanzar al mundo en nuestros rellanos? Yo sugeriría cinco maneras: &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero. Debemos asegurarnos de que tenemos un entendimiento sólido de la fe cristiana. El camino a salvación del evangelio es inmensamente diferente al sistema de cualquier otra religión: es contrario a que la salvación es por las buenas obras de cada uno, mentalidad a la que tiende la humanidad pecadora. No podemos llegar a saber demasiado de nuestro Salvador y debemos recordarnos constantemente las doctrinas centrales del cristianismo para que podamos proclamarlas con exactitud. Los editores de la revista Tabletalk se esfuerzan por proveer cada mes a los lectores con artículos y recursos que declaran un cristianismo ortodoxo y bíblico. Catequismos, libros y numerosos materiales de todas las épocas de la historia de la iglesia están disponibles en internet, librerías y bibliotecas de los Estados Unidos. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo. Debemos tener un buen entendimiento de las personas con las cuales dialogamos. Cuando uno discute las diferencias entre religiones puede ser fácil caracterizar erróneamente las creencias de las personas que no siguen a Cristo. Estas caracterizaciones equívocas nos impiden hablar con precisión de la manera en la que ellos ven el mundo y muestran una falta de respeto hacia el incrédulo. Estos dos errores desobedecen 1 Pedro 3:15-16, que nos implora defender la verdad con mansedumbre y respeto. Si tienes un amigo musulmán, aprende del islam y sus diferencias con el cristianismo. Conoce la tradición budista de tu vecina para que puedas corregir con la verdad los errores en los que cree. Haz lo que puedas para confrontar las cuestiones reales y no a hombres falsos construidos de paja y con precipitación. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero. Ayudemos a que el incrédulo ponga en duda la suposición de que la verdad religiosa es menos absoluta que las matemáticas o la ciencia. Nosotros no afirmamos que esté bien que una persona crea que dos más dos es cuatro y que otras puedan creer que dos más dos es cinco. ¿Por qué tendríamos que tratar la verdad sobre las religiones de manera distinta? &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto. Ayudemos al pluralista religioso a ver que realmente él no cree que todos los caminos lleven al cielo. Si lo hiciera, no se escandalizaría ante atentados suicidas, sacrificios humanos, y otras prácticas que incluso firmes pluralistas religiosos encuentran aborrecibles. Uno no puede adoptar sistemáticamente pluralismo religioso y relativismo y al mismo tiempo oponerse a cualquier creencia o práctica religiosa. Si la sinceridad es todo lo que importa para la salvación, los terroristas religiosos que sinceramente creen que su dios los llama a matar a otras personas no hacen nada malo cuando lo obedecen. Condenar una sola idea religiosa es apelar a una norma estándar final por la cual podríamos evaluar la religión, estableciendo esa norma como la religión única y verdadera, y para un honesto pluralista religioso no puede haber ninguna religión verdadera. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, debemos amar a aquéllos que en esta cultura pluralista no creen todavía en Cristo. Oremos por su salvación y prediquemos el Evangelio, que nunca los veamos como si no fueran personas, como simple ideas que necesitan ser refutadas. Ofréceles tu amistad, se bueno con ellos, camina la milla extra, y entiende sus preocupaciones, ilusiones, y miedos (1 Pedro 2:15). Ya que Dios nos amó cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:8), ¿podemos hacer algo menos que amar a los que nos rodean?&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 21:10:01 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:A_Brave_New_World/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>A Brave New World/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/A_Brave_New_World/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|&amp;quot;Un mundo feliz&amp;quot;}}&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día 14 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos aún estaba tratando de asimilar los ataques de al Qaeda contra Nueva York y Washington D.C., algunos dignatarios se reunieron en la catedral nacional para honrar a los fallecidos y para demostrar la resolución del país de permanecer unido en contra de los atacantes. Aunque aparentemente ésta era una casa de alabanza cristiana, el clero que dirigió el servicio no representó en absoluto la fe cristiana. De hecho, un rabí y un imán tuvieron roles en la “alabanza,” que se abrió con una invocación llamando al “Dios de Abraham y Mohammed y al Padre de nuestro Señor Jesucristo”.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo más sorprendente de este servicio no fue que personas que no eran cristianas tomasen parte activa en él. En vez, fue que pocos creyentes de los sistemas religiosos ahí representados hablaron en contra del clero que, por estar sentado junto, confirmaron implícitamente al judaísmo, islamismo, y cristianismo como caminos válidos hacia el Creador. Dejando a un lado por un momento las cuestiones sobre si estas tres religiones son verdaderas o falsas, cualquier observador imparcial debería preguntare cómo fue que al clero se le ocurrió hacer eso. Dado que estas grandes religiones tienen ideas muy diferentes acerca de Dios, el predicamento del hombre, y la divinidad de Jesucristo, cualquier creyente comprometido con cualquiera de estos tres credos no hubiera podido encontrar aceptable ni siquiera la insinuación de que judíos, musulmanes y cristianos sirven todos al mismo Dios.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, este supuesto de que todas las creencias son verdaderas y válidas es precisamente lo que nuestra cultura nos quiere imponer cada día. En el nombre de la tolerancia, nos dicen que “no importa lo que tu creas, siempre y cuando lo creas sinceramente”. Parece que los que son verdaderamente cultos, no sólo aceptan la existencia de otras verdades religiosas, sino que también las aceptan como vías por las cuales podemos encontrar el camino hacia la montaña de Dios, quien quiera que Él sea.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este llamado a la “tolerancia” es la manera en que la cultura laica responde a la realidad en la que ahora vivimos. Hoy en día nos encontramos en un “mundo feliz”. Si todavía no se ha abierto una mezquita en tu barrio, probablemente los minaretes aparecerán pronto en el horizonte. A lo mejor hoy, tu vecino es cristiano. No te sorprendas si un Budista practicante se muda mañana. A lo mejor estás escuchando a un simpático misionero mormón llamando a tu puerta mientras que lees este artículo. El mundo con toda su gran diversidad de religiones ha venido a nuestros barrios y ha abierto nuevas oportunidades sociales y económicas. Para tomar ventaja de esta situación, debemos llevarnos bien con los que tienen estas visiones del mundo tan diferentes, y la manera más fácil de hacerlo es evitando “hacer ruido”. Claro, la única manera de evitar hacer ruido es no decirle nunca a nadie que puede estar equivocado, especialmente en la práctica de su religión. Por el bien de todos, debemos “tolerar” a las personas de nuestro alrededor. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que interpretar la tolerancia de esta manera es malinterpretar terriblemente la virtud. La tolerancia es algo bueno cuando se practica correctamente. Por ejemplo, yo puedo ser tolerante con mi vecino ateísta siendo caritativo y amistoso con él, respetándolo como persona, y tratando de entender seriamente su punto de vista en lugar de burlarme de sus ideas. Pero hay una clara diferencia entre tolerar y consentir. Nosotros consentimos y no toleramos si tolerancia significa que yo no puedo decirle a mi amigo ateísta que está equivocado acerca de la existencia de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que nuestra cultura persigue en realidad el consentimiento y no la tolerancia se ve en la indignación que surge cada vez que cristianos manifiestan en los medios de comunicación que Jesús es el único camino al Padre (Juan 14:6). Si nuestra sociedad realmente practicara la tolerancia, la gente no tendría reacciones tan viscerales ante estas declaraciones. A lo mejor no están de acuerdo con nosotros, pero no deberían llamarnos ignorantes o arrogantes cuando somos fieles al mensaje de nuestro Señor y Salvador. Si nuestra cultura practicara una auténtica tolerancia, no intentarían silenciarnos aun cuando no compartan nuestra postura. Está claro que la llamada “tolerancia” que practica nuestra cultura es la forma más insidiosa de intolerancia. La cultura occidental generalmente “tolera” cualquier visión del mundo siempre y cuando esa visión no declare que las demás son falsas. La única afirmación exclusiva que alguien puede hacer es que nadie puede hacer afirmaciones exclusivas. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como resultado de esta &amp;quot;tolerancia intolerante&amp;quot; cada vez se ve más el evangelismo como el mayor crimen contra la humanidad. Por ejemplo, puedes ser etiquetado de antisemita si sugieres que personas judías, como todas las demás personas, necesitan a Jesús para salvarles. En cualquier librería es sencillo encontrar libros de antropología que lamentan la conversión de tribus al evangelio, o guías para diálogos religiosos que propugnan renunciar a la exclusividad de Cristo como la única manera de tener una conversación auténtica con los incrédulos de nuestro alrededor. La presión para rechazar la afirmación bíblica e histórica de que la salvación viene a través de una fe personal y conciente en Jesús es enorme y va a ir en aumento en los próximos años a menos que haya un gran avivamiento en nuestra tierra. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, la tentación para nosotros es estar en la defensiva, escondernos en nuestras iglesias y adoptar una mentalidad de “nosotros contra de ellos” que nos mantiene en un gueto cristiano y nos frena a la hora de buscar activamente a los que están perdidos a nuestro alrededor. No obstante, esta no puede ser nuestra respuesta. Los primeros cristianos encontraron un mundo similar en el cual se “toleraban” diferentes religiones mientras que sus seguidores no causasen revuelos; pero ellos no construyeron paredes a su alrededor. En vez, salieron a proclamar las buenas nuevas de Jesucristo. Nosotros debemos hacer lo mismo. A pesar de la confusión y los problemas que aparecen cuando personas con visiones del mundo tan diferentes viven a nuestro alrededor, debemos reconocer que Dios nos ha traído las naciones. Nosotros podemos hablar de nuestra fe con gente que viene de países cerrados al evangelio. Este es un privilegio tremendo y una oportunidad para nosotros de ser una parte integral del plan de nuestro Padre: traer personas de toda lengua y tribu a su reino (Apocalipsis 7:9-12). &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos aprovechar al máximo la oportunidad de alcanzar al mundo en nuestros rellanos? Yo sugeriría cinco maneras: &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero. Debemos asegurarnos de que tenemos un entendimiento sólido de la fe cristiana. El camino a salvación del evangelio es inmensamente diferente al sistema de cualquier otra religión: es contrario a que la salvación es por las buenas obras de cada uno, mentalidad a la que tiende la humanidad pecadora. No podemos llegar a saber demasiado de nuestro Salvador y debemos recordarnos constantemente las doctrinas centrales del cristianismo para que podamos proclamarlas con exactitud. Los editores de la revista Tabletalk se esfuerzan por proveer cada mes a los lectores con artículos y recursos que declaran un cristianismo ortodoxo y bíblico. Catequismos, libros y numerosos materiales de todas las épocas de la historia de la iglesia están disponibles en internet, librerías y bibliotecas de los Estados Unidos. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo. Debemos tener un buen entendimiento de las personas con las cuales dialogamos. Cuando uno discute las diferencias entre religiones puede ser fácil caracterizar erróneamente las creencias de las personas que no siguen a Cristo. Estas caracterizaciones equívocas nos impiden hablar con precisión de la manera en la que ellos ven el mundo y muestran una falta de respeto hacia el incrédulo. Estos dos errores desobedecen 1 Pedro 3:15-16, que nos implora defender la verdad con mansedumbre y respeto. Si tienes un amigo musulmán, aprende del islam y sus diferencias con el cristianismo. Conoce la tradición budista de tu vecina para que puedas corregir con la verdad los errores en los que cree. Haz lo que puedas para confrontar las cuestiones reales y no a hombres falsos construidos de paja y con precipitación. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero. Ayudemos a que el incrédulo ponga en duda la suposición de que la verdad religiosa es menos absoluta que las matemáticas o la ciencia. Nosotros no afirmamos que esté bien que una persona crea que dos más dos es cuatro y que otras puedan creer que dos más dos es cinco. ¿Por qué tendríamos que tratar la verdad sobre las religiones de manera distinta? &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto. Ayudemos al pluralista religioso a ver que realmente él no cree que todos los caminos lleven al cielo. Si lo hiciera, no se escandalizaría ante atentados suicidas, sacrificios humanos, y otras prácticas que incluso firmes pluralistas religiosos encuentran aborrecibles. Uno no puede adoptar sistemáticamente pluralismo religioso y relativismo y al mismo tiempo oponerse a cualquier creencia o práctica religiosa. Si la sinceridad es todo lo que importa para la salvación, los terroristas religiosos que sinceramente creen que su dios los llama a matar a otras personas no hacen nada malo cuando lo obedecen. Condenar una sola idea religiosa es apelar a una norma estándar final por la cual podríamos evaluar la religión, estableciendo esa norma como la religión única y verdadera, y para un honesto pluralista religioso no puede haber ninguna religión verdadera. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, debemos amar a aquéllos que en esta cultura pluralista no creen todavía en Cristo. Oremos por su salvación y prediquemos el Evangelio, pero que nunca los veamos como si no fueran personas, como simple ideas que necesitan ser refutadas. Ofréceles tu amistad, se bueno con ellos, camina la milla extra, y entiende sus preocupaciones, ilusiones, y miedos (1 Pedro 2:15). Ya que Dios nos amó cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:8), ¿podemos hacer algo menos que amar a los que nos rodean?&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 21:09:20 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:A_Brave_New_World/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>A Brave New World/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/A_Brave_New_World/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|&amp;quot;Un mundo feliz&amp;quot; (A Brave New World)}}&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día 14 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos aún estaba tratando de asimilar los ataques de al Qaeda contra Nueva York y Washington D.C., algunos dignatarios se reunieron en la catedral nacional para honrar a los fallecidos y para demostrar la resolución del país de permanecer unido en contra de los atacantes. Aunque aparentemente ésta era una casa de alabanza cristiana, el clero que dirigió el servicio no representó en absoluto la fe cristiana. De hecho, un rabí y un imán tuvieron roles en la “alabanza,” que se abrió con una invocación llamando al “Dios de Abraham y Mohammed y al Padre de nuestro Señor Jesucristo”.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo más sorprendente de este servicio no fue que personas que no eran cristianas tomasen parte activa en él. En vez, fue que pocos creyentes de los sistemas religiosos ahí representados hablaron en contra del clero que, por estar sentado junto, confirmaron implícitamente al judaísmo, islamismo, y cristianismo como caminos válidos hacia el Creador. Dejando a un lado por un momento las cuestiones sobre si estas tres religiones son verdaderas o falsas, cualquier observador imparcial debería preguntare cómo fue que al clero se le ocurrió hacer eso. Dado que estas grandes religiones tienen ideas muy diferentes acerca de Dios, el predicamento del hombre, y la divinidad de Jesucristo, cualquier creyente comprometido con cualquiera de estos tres credos no hubiera podido encontrar aceptable ni siquiera la insinuación de que judíos, musulmanes y cristianos sirven todos al mismo Dios.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, este supuesto de que todas las creencias son verdaderas y válidas es precisamente lo que nuestra cultura nos quiere imponer cada día. En el nombre de la tolerancia, nos dicen que “no importa lo que tu creas, siempre y cuando lo creas sinceramente”. Parece que los que son verdaderamente cultos, no sólo aceptan la existencia de otras verdades religiosas, sino que también las aceptan como vías por las cuales podemos encontrar el camino hacia la montaña de Dios, quien quiera que Él sea.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este llamado a la “tolerancia” es la manera en que la cultura laica responde a la realidad en la que ahora vivimos. Hoy en día nos encontramos en un “mundo feliz”. Si todavía no se ha abierto una mezquita en tu barrio, probablemente los minaretes aparecerán pronto en el horizonte. A lo mejor hoy, tu vecino es cristiano. No te sorprendas si un Budista practicante se muda mañana. A lo mejor estás escuchando a un simpático misionero mormón llamando a tu puerta mientras que lees este artículo. El mundo con toda su gran diversidad de religiones ha venido a nuestros barrios y ha abierto nuevas oportunidades sociales y económicas. Para tomar ventaja de esta situación, debemos llevarnos bien con los que tienen estas visiones del mundo tan diferentes, y la manera más fácil de hacerlo es evitando “hacer ruido”. Claro, la única manera de evitar hacer ruido es no decirle nunca a nadie que puede estar equivocado, especialmente en la práctica de su religión. Por el bien de todos, debemos “tolerar” a las personas de nuestro alrededor. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que interpretar la tolerancia de esta manera es malinterpretar terriblemente la virtud. La tolerancia es algo bueno cuando se practica correctamente. Por ejemplo, yo puedo ser tolerante con mi vecino ateísta siendo caritativo y amistoso con él, respetándolo como persona, y tratando de entender seriamente su punto de vista en lugar de burlarme de sus ideas. Pero hay una clara diferencia entre tolerar y consentir. Nosotros consentimos y no toleramos si tolerancia significa que yo no puedo decirle a mi amigo ateísta que está equivocado acerca de la existencia de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que nuestra cultura persigue en realidad el consentimiento y no la tolerancia se ve en la indignación que surge cada vez que cristianos manifiestan en los medios de comunicación que Jesús es el único camino al Padre (Juan 14:6). Si nuestra sociedad realmente practicara la tolerancia, la gente no tendría reacciones tan viscerales ante estas declaraciones. A lo mejor no están de acuerdo con nosotros, pero no deberían llamarnos ignorantes o arrogantes cuando somos fieles al mensaje de nuestro Señor y Salvador. Si nuestra cultura practicara una auténtica tolerancia, no intentarían silenciarnos aun cuando no compartan nuestra postura. Está claro que la llamada “tolerancia” que practica nuestra cultura es la forma más insidiosa de intolerancia. La cultura occidental generalmente “tolera” cualquier visión del mundo siempre y cuando esa visión no declare que las demás son falsas. La única afirmación exclusiva que alguien puede hacer es que nadie puede hacer afirmaciones exclusivas. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como resultado de esta &amp;quot;tolerancia intolerante&amp;quot; cada vez se ve más el evangelismo como el mayor crimen contra la humanidad. Por ejemplo, puedes ser etiquetado de antisemita si sugieres que personas judías, como todas las demás personas, necesitan a Jesús para salvarles. En cualquier librería es sencillo encontrar libros de antropología que lamentan la conversión de tribus al evangelio, o guías para diálogos religiosos que propugnan renunciar a la exclusividad de Cristo como la única manera de tener una conversación auténtica con los incrédulos de nuestro alrededor. La presión para rechazar la afirmación bíblica e histórica de que la salvación viene a través de una fe personal y conciente en Jesús es enorme y va a ir en aumento en los próximos años a menos que haya un gran avivamiento en nuestra tierra. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este contexto, la tentación para nosotros es estar en la defensiva, escondernos en nuestras iglesias y adoptar una mentalidad de “nosotros contra de ellos” que nos mantiene en un gueto cristiano y nos frena a la hora de buscar activamente a los que están perdidos a nuestro alrededor. No obstante, esta no puede ser nuestra respuesta. Los primeros cristianos encontraron un mundo similar en el cual se “toleraban” diferentes religiones mientras que sus seguidores no causasen revuelos; pero ellos no construyeron paredes a su alrededor. En vez, salieron a proclamar las buenas nuevas de Jesucristo. Nosotros debemos hacer lo mismo. A pesar de la confusión y los problemas que aparecen cuando personas con visiones del mundo tan diferentes viven a nuestro alrededor, debemos reconocer que Dios nos ha traído las naciones. Nosotros podemos hablar de nuestra fe con gente que viene de países cerrados al evangelio. Este es un privilegio tremendo y una oportunidad para nosotros de ser una parte integral del plan de nuestro Padre: traer personas de toda lengua y tribu a su reino (Apocalipsis 7:9-12). &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos aprovechar al máximo la oportunidad de alcanzar al mundo en nuestros rellanos? Yo sugeriría cinco maneras: &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero. Debemos asegurarnos de que tenemos un entendimiento sólido de la fe cristiana. El camino a salvación del evangelio es inmensamente diferente al sistema de cualquier otra religión: es contrario a que la salvación es por las buenas obras de cada uno, mentalidad a la que tiende la humanidad pecadora. No podemos llegar a saber demasiado de nuestro Salvador y debemos recordarnos constantemente las doctrinas centrales del cristianismo para que podamos proclamarlas con exactitud. Los editores de la revista Tabletalk se esfuerzan por proveer cada mes a los lectores con artículos y recursos que declaran un cristianismo ortodoxo y bíblico. Catequismos, libros y numerosos materiales de todas las épocas de la historia de la iglesia están disponibles en internet, librerías y bibliotecas de los Estados Unidos. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo. Debemos tener un buen entendimiento de las personas con las cuales dialogamos. Cuando uno discute las diferencias entre religiones puede ser fácil caracterizar erróneamente las creencias de las personas que no siguen a Cristo. Estas caracterizaciones equívocas nos impiden hablar con precisión de la manera en la que ellos ven el mundo y muestran una falta de respeto hacia el incrédulo. Estos dos errores desobedecen 1 Pedro 3:15-16, que nos implora defender la verdad con mansedumbre y respeto. Si tienes un amigo musulmán, aprende del islam y sus diferencias con el cristianismo. Conoce la tradición budista de tu vecina para que puedas corregir con la verdad los errores en los que cree. Haz lo que puedas para confrontar las cuestiones reales y no a hombres falsos construidos de paja y con precipitación. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero. Ayudemos a que el incrédulo ponga en duda la suposición de que la verdad religiosa es menos absoluta que las matemáticas o la ciencia. Nosotros no afirmamos que esté bien que una persona crea que dos más dos es cuatro y que otras puedan creer que dos más dos es cinco. ¿Por qué tendríamos que tratar la verdad sobre las religiones de manera distinta? &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto. Ayudemos al pluralista religioso a ver que realmente él no cree que todos los caminos lleven al cielo. Si lo hiciera, no se escandalizaría ante atentados suicidas, sacrificios humanos, y otras prácticas que incluso firmes pluralistas religiosos encuentran aborrecibles. Uno no puede adoptar sistemáticamente pluralismo religioso y relativismo y al mismo tiempo oponerse a cualquier creencia o práctica religiosa. Si la sinceridad es todo lo que importa para la salvación, los terroristas religiosos que sinceramente creen que su dios los llama a matar a otras personas no hacen nada malo cuando lo obedecen. Condenar una sola idea religiosa es apelar a una norma estándar final por la cual podríamos evaluar la religión, estableciendo esa norma como la religión única y verdadera, y para un honesto pluralista religioso no puede haber ninguna religión verdadera. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, debemos amar a aquéllos que en esta cultura pluralista no creen todavía en Cristo. Oremos por su salvación y prediquemos el Evangelio, pero que nunca los veamos como si no fueran personas, como simple ideas que necesitan ser refutadas. Ofréceles tu amistad, se bueno con ellos, camina la milla extra, y entiende sus preocupaciones, ilusiones, y miedos (1 Pedro 2:15). Ya que Dios nos amó cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:8), ¿podemos hacer algo menos que amar a los que nos rodean?&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under_review|Under_review]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 17:49:07 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:A_Brave_New_World/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>A Brave New World/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/A_Brave_New_World/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Un Nuevo Mundo Valiente}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el día 14 de septiembre, 2001, cuando los Estados Unidos aun estaba tratando de entender los asaltos de al Qaeda contra Nueva York y Washington, D.C., dignatarios se reunieron en la catedral nacional para honrar a los fallecidos y para demostrar la resolución del país de permanecer unido en contra de los atacantes. Aunque aparentement ésta era una casa de alabanza cristiana, el clero que dirigió el servicio no representó para nada la fe cristiana. De hecho, un rabí y un imán tuvieron roles en la “alabanza,” que se abrió con una invocación llamando al “Dios de Abraham, y Mohammed, y al Padre de nuestro Señor Jesucristo.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mas sorprendente de este servicio no fue que no-cristianos tomaron una parte activa. En vez, fue que pocos de los creyentes en los sistemas de religión representados ahí hablaron en contra del clero que, por estar sentado juntos, implícitamente afirmaron Judaísmo, Islamismo, y Cristianismo como caminos válidos hacia el Creador. Poniendo a un lado las preguntas de que si estas tres religiones son verdad o falsas por un momento, cualquier observador se preguntaría cómo fue que el clero pensó en hacer esto. Dado el hecho de que estas religiones mayores tienen ideas muy diferentes acerca de Dios, el predicamento humano, y la divinidad de Jesucristo, cualquier creyente de cualquiera de estos tres credos no hubiera podido encontrar aceptable ni siquiera la implicación de que Judíos, Musulmanes, y Cristianos todos sirven al mismo Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, esta implicación de que todas estas creencias son verdad y válidas es precisamente lo que nuestra cultura nos quiere imponer cada día. En el nombre de tolerancia, nos dicen que “no importa lo que tu crees, siempre y cuando tú lo creas sinceramente.” Los que son verdaderamente ilustrados, no aceptan solamente las existencia de otras verdades religiosas, también las afirman como vías por las cuales nosotros podemos encontrar el camino a la montaña de Dios, cualquiera queremos que Él sea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este llamado a la “tolerancia” es la manera en que nuestra cultura civil responde a la realidad en la que ahora vivimos. Nos encontramos en un mundo valiente. Si una mezquita no ha abierto en tu barrio, probablemente el edificio aparecerá pronto en el horizonte. A lo mejor tu vecino es Cristiano. No te sorprendas si un Budista practicante se muda mañana. A lo mejor tu escuchas a un misionero Mormón en tu puerta en este momento en el que lees este artículo. El mundo con todas sus religiones diversas ha venido a nuestros barrios y ha abierto oportunidades sociales y económicas. Para tomar ventaja de esta situación, debemos llevarnos bien con personas que tienen estos puntos de vista diferentes- y la manera mas fácil de hacerlo es evitar “mover el barco.” Claro, la única manera de evitar mover el barco es nunca decirle a alguien que puede estar equivocado, especialmente en su práctica de religión. Por el bien de todos, nosotros debemos “tolerar” a las personas al nuestro alrededor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que interpretar tolerancia en esta manera es mal entender la virtud horrendamente. Tolerancia es algo bueno, cuando es practicada correctamente. Por ejemplo, yo puedo tolerar a mi vecino ateísta siendo caritativo y amistoso con el, respetándolo como persona, y tratando de entender su punto de vista honestamente en lugar de burlarme de sus ideas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero hay diferencias distintas entre tolerar y afirmar. Nosotros hemos embrazado afirmación y no tolerancia si tolerancia significa que yo no puedo decirle a mi amigo ateísta que está equivocado acerca de la existencia de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que nuestra cultura esta persiguiendo afirmación y no tolerancia se ve en la indignación que se escucha cada vez que cristianos dicen a los medios de comunicación que Jesús es el único camino al Padre (Juan 14:6). Si nuestra sociedad realmente practicara tolerancia, la gente no tendría esa reacción a estas declaraciones. A lo mejor no están de acuerdo con nosotros, pero no deberían llamarnos ignorantes o arrogantes cuando somos fieles al mensaje de nuestro Señor y Salvador. Si nuestra cultura practicara tolerancia auténticamente, no atentarían silenciarnos aun cuando no embrazan nuestra posición. Está claro que la “tolerancia” que nuestra cultura practica es la forma más insidiosa de intolerancia. La cultura occidental libremente “tolera” cualquier punto de vista siempre y cuando ese punto de vista no diga que los otros puntos de vista son falsos. La única afirmación exclusiva que alguien puede hacer es que no hay afirmaciones exclusivas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El resultado de esta &amp;quot;tolerancia intolerante&amp;quot; es que más y más el evangelismo es visto como el mayor crimen hacia la humanidad. Por ejemplo, tú puedes ser llamado antisemita si tú sugieres que personas judías, como todas las demás personas, necesitan a Jesús para salvarles. En cualquier librería es fácil encontrar libros de antropología que lamentan la conversión de tribus al evangelio, o libros guías para diálogos religiosos que defienden la rendición de la exclusividad de Cristo como la única manera de tener una conversación auténtica con los incrédulos a nuestro alrededor. La presión para rendir la afirmación bíblica y histórica de que la salvación viene a través de una fe personal y conciente en Jesús es enorme y solamente va a aumentar en los años que vienen al menos que veamos un gran resurgimiento en nuestra tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta situación, la tentación para nosotros es estar en la defensiva, es escondernos en nuestras iglesias y adoptar una mentalidad de “nosotros en contra de ellos” que nos mantiene en un gueto cristiano y nos previene de buscar activamente a los que están perdidos alrededor de nosotros. No obstante, esta no puede ser nuestra respuesta. Los primeros cristianos encontraron un mundo similar en el cual diferentes religiones fueron “toleradas” si es que los adherentes no causaban problemas- pero ellos no construyeron paredes a su alrededor. En vez, ellos salieron a proclamar las buenas nuevas de Jesucristo. Nosotros debemos hacer lo mismo. A pesar de la confusión y los problemas que hay cuando personas de inmensamente diferentes religiones viven alrededor nuestro, debemos reconocer que Dios ha traído las naciones a nosotros. Nosotros podemos hablar de nuestra fe con gente que vienen de países cerrados al evangelio. Este es un privilegio tremendo y una oportunidad para nosotros de ser una parte integral del plan de nuestro Padre: traer personas de toda lengua y tribu a su reino (Apocalipsis 7:9-12). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo podemos aprovechar al máximo la oportunidad de alcanzar al mundo en nuestros patios? Yo sugiero cinco maneras: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero, debemos asegurarnos de que tenemos un entendimiento sólida de la fe cristiana. El camino a salvación del evangelio es inmensamente diferente que el sistema de cualquier otra religión- es contrario a la mentalidad de que la salvación es por buenas obras, al cual la humanidad pecadora esta inclinada. Nosotros no podemos saber demasiado de nuestro Salvador y debemos recordarnos constantemente de las doctrinas centrales del cristianismo para que podamos proclamarlas exactamente. Los editores de Tabletalk trabajan para proveer a los lectores artículos y recursos cada mes que afirman un cristianismo ortodoxo y bíblico. Catequismos, libros, y numerosos materiales de todas la eras de la historia de la Iglesia están disponibles en el Internet, en librerías, y en bibliotecas en los Estados Unidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, debemos tener un buen entendimiento de las personas con las cuales dialogamos. Cuando uno discute las diferencias de religiones, puede ser fácil mal caracterizar las creencias de las personas que no siguen a Cristo. Estas malas caracterizaciones nos impiden criticar sin errores la manera en la que ellos ven al mundo y muestran una falta de respeto por el no cristiano. Estos dos errores violan 1 Pedro 3:15-16, que nos implora defender la verdad con gentilidad y respeto. Si tienes un amigo Musulmán, aprende del Islam y sus diferencias con el Cristianismo. Entiende la tradición budista de tu vecino para que puedas corregir con la verdad los errores que él cree. Haz lo que puedas para confrontar las cuestiones reales y no a hombres falsos construidos de paja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, ayudemos a que el no creyente ponga en duda la suposición de que la verdad religiosa es menos absolutas que matemáticas o ciencia. Nosotros no afirmamos que está bien que una persona crea que dos más dos es cuatro y que otras personas puedan creer que dos más dos es cinco. ¿Por qué deberíamos abrochar religiones diferentemente? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto, ayudemos al pluralista religioso ver que él realmente no cree que todos los caminos dirigen al cielo. Si es que el lo hiciera, él no expresaría escándalo a atentados suicidas, sacrificios humanos, y otras prácticas que incluso firmes pluralistas religiosos encuentran detestables. Uno no puede embrazar consistentemente pluralismo religioso y relativismo y al mismo tiempo oponer cualquier idea o práctica. Si sinceridad es todo lo que importa para salvación, terroristas religiosos que sinceramente creen que su dios los llama a matar a otras personas no hacen nada malo cuando ellos lo obedecen. Condenar una idea religiosa es apelar a una norma estándar final por el cual nosotros podríamos evaluar religión, estableciendo esa norma como la religión única y verdadera - y no puede haber una religión verdadera para el pluralista religioso honesto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, debemos amar a aquellos que en esta cultura pluralista no creen todavía en Cristo. Oremos por su salvación y prediquemos el Evangelio, pero nunca debemos verlos como si no fueran personas, como simple ideas que necesitan ser refutadas. Ofréceles tu amistad, se bueno con ellos, camina la milla extra, y entiende sus preocupaciones, ilusiones, y miedos (1 Pedro 2:15). Ya que Dios nos amó cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:8), ¿podemos hacer algo menos que amar a los que nos rodean?&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under review]] &amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 14:37:16 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:A_Brave_New_World/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Are You Born Again?/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Are_You_Born_Again%3F/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|¿Ha nacido usted de nuevo?}}'''&amp;lt;br&amp;gt;''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: &amp;quot;Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios&amp;quot; (Juan 3:3). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es suficiente con responder: &amp;quot;Pertenezco a una iglesia; supongo que soy cristiano&amp;quot;. Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber vuelto a nacer que se nos han dado en las Escrituras, muchas enumeradas en la primera epístola de Juan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''No comete pecados habitualmente'''&amp;lt;br&amp;gt;Primero que todo, Juan escribió: &amp;quot;Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado (…)&amp;quot; (1 Juan 3:9). &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Una persona que ha nacido de nuevo o se ha regenerado no cometerá pecados habitualmente. Esa persona no pecará más con su corazón, voluntad ni tendrá ningún deseo de hacerlo. Probablemente hubo un tiempo en el que esa persona no pensó si sus acciones eran o no pecaminosas y no siempre se sintió atribulada después de hacer algo malo. No existía un conflicto entre esa persona y el pecado; eran amigos. Sin embargo, los verdaderos cristianos odian el pecado, huyen de él, luchan contra él, lo consideran la plaga más despreciable, se resienten con la carga de su presencia, se acongojan cuando caen bajo su influencia y anhelan liberarse completamente de él. El pecado ya no lo satisface; se ha convertido en algo horrible que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de sí mismo. Si dice que no tiene pecados, estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran deseo de su alma es no cometer ninguna clase de pecados. No puede evitar que entren en su mente malos pensamientos ni que aparezcan errores, descuidos y defectos en sus palabras o en sus acciones. Sabe que &amp;quot;todos tropezamos de muchas maneras (…)&amp;quot; (Santiago 3:2). Pero puede decir sinceramente ante la presencia de Dios, que estas cosas le causan sufrimiento y tristeza y que todo su ser lo rechaza. ''¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Cree en Cristo '''&amp;lt;br&amp;gt;Segundo, Juan dijo: &amp;quot;Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (…)&amp;quot; (1 Juan 5:1). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que es la persona divina designada por Dios Padre para este preciso propósito y que aparte de Él, no existe ningún otro salvador. En su interior esta persona no encuentra ningún tipo de valor, pero confía completamente en Cristo, y confiando en Él, cree que todos sus pecados serán perdonados. Él cree que, por fe en la obra llevada a cabo por Cristo y su muerte en la cruz, será considerado justo ante los ojos de Dios y puede esperar la muerte y el juicio sin angustia. Puede tener miedos y dudas; algunas veces podrá decirle que se siente como si no tuviese fe en nada, pero pregúntele si desea confiar en cualquier cosa en vez de en Cristo y escuche lo que le dirá. Pregúntele si depositará su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, un ministro o su iglesia y escuche su respuesta. ''¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Practica la justicia '''&amp;lt;br&amp;gt;Tercero, Juan escribió: &amp;quot;Si sabéis que El es justo, sabéis también que todo el que hace justicia es nacido de El&amp;quot; (1 Juan 2:29). &amp;lt;br&amp;gt;El hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado es un hombre santo. Se esfuerza por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, por hacer las cosas que agradan a Dios y por evitar las cosas que Dios aborrece. Desea mirarse continuamente en Cristo como su ejemplo y su Salvador y demostrarse a sí mismo que es amigo de Cristo guardando sus mandamientos. Sabe que no es perfecto; es terriblemente consciente de la corrupción que hay en su interior. Encuentra un principio de maldad dentro de sí el cual está constantemente atentando contra la gracia y tratando de alejarlo de Dios; pero no se lo permite aunque no pueda evitar su presencia. Incluso si a veces se siente tan insignificante que se pregunta si realmente es cristiano o no, podrá decir al igual que dijo John Newton: &amp;quot;no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez, y por gracia de Dios soy lo que soy&amp;quot;. ''¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Ama a otros cristianos '''&amp;lt;br&amp;gt;Cuarto, Juan escribió: &amp;quot;Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos (…)&amp;quot; (1 Juan 3:14).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los verdaderos discípulos de Cristo. Como su Padre en el cielo, ama a todos los hombres con un gran amor general, pero tiene un amor especial por aquéllos que comparten su fe en Cristo. Como su Señor y Salvador, ama a los peores pecadores y lloraría por ellos; pero tiene un amor característico por los que son creyentes. Nunca se siente tan en casa como cuando está en su compañía. Él siente que todos son miembros de la misma familia. Ellos son sus compañeros soldados, peleando contra el mismo enemigo. Ellos son sus compañeros de viaje, recorriendo el mismo camino. Él los entiende y ellos lo entienden a él. Pueden ser muy diferentes en muchas sentidos: en el puesto que ocupen, en posición social o en riqueza, pero eso no importa; son los hijos e hijas del Padre y no puede evitar amarlos. ''¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Vence al mundo '''&amp;lt;br&amp;gt;Quinto, Juan escribió: &amp;quot;Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo (…)&amp;quot; (1 Juan 5:4).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha vuelto a nacer no se vale de la opinión del mundo para medir el bien y el mal. No teme ir en contra del estilo, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le preocupa. Él vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar la felicidad a la mayoría de las personas; para él, parecen insensatos e indignos de un ser inmortal. Ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Teme más ofender a Dios que ofender al hombre. No le importa que le culpen o le alaben; su principal objetivo es agradar a Dios. ''¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Mantenerse puro '''&amp;lt;br&amp;gt;Sexto, Juan escribió: &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (1 Juan 5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo cuida su propia alma. No solamente trata de evitar el pecado sino también de evitar todo lo que lo pueda generar. Selecciona cuidadosamente sus compañías, sabe que las malas relaciones corrompen el corazón y que es más fácil tomar el mal que el bien, así como se contagia más la enfermedad que la buena salud. Es cuidadoso con el uso de su tiempo; su principal deseo es emplearlo provechosamente. Desea vivir como un soldado en un país enemigo, usando su armadura continuamente y preparado para enfrentarse a la tentación. Es diligente para ser un hombre que vela, que es humilde y que ora. ''¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''La prueba '''&amp;lt;br&amp;gt;Estas son las seis grandes señales que identifican a un cristiano que ha vuelto a nacer. &amp;lt;br&amp;gt;En cada persona hay grandes diferencias entre la profundidad y distinción de estas señales. En algunas son débiles y casi imperceptibles; en otras son destacadas, sencillas e inconfundibles, de tal forma que cualquiera las puede identificar. Algunas de estas señales son más visibles que otras en cada individuo; raras veces son igual de evidentes en cada persona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Pero aún así, después de tener en cuenta las posibles diferencias, podemos encontrar seis señales predominantes provenientes de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;¿Cómo deberíamos reaccionar ante estas cosas? Podemos lógicamente llegar a una única conclusión: solamente los que han nacido de nuevo poseen estas seis características y aquéllos que no tienen estas señales no han vuelto a nacer. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol pretendía que nosotros llegásemos. ''¿Tiene usted estas características? ¿Ha nacido usted de nuevo?''&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under_review|&amp;lt;br&amp;gt;]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 12:07:15 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Are_You_Born_Again%3F/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Are You Born Again?/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Are_You_Born_Again%3F/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|¿Ha nacido usted de nuevo?}}'''&amp;lt;br&amp;gt;''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: &amp;quot;Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios&amp;quot; (Juan 3:3). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es suficiente con responder: &amp;quot;Pertenezco a una iglesia; supongo que soy cristiano&amp;quot;. Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber vuelto a nacer que se nos han dado en las Escrituras, muchas enumeradas en la primera epístola de Juan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''No comete pecados habitualmente'''&amp;lt;br&amp;gt;Primero que todo, Juan escribió: &amp;quot;Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado (…)&amp;quot; (1 Juan 3:9). &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Una persona que ha nacido de nuevo o se ha regenerado no cometerá pecados habitualmente. Esa persona no pecará más con su corazón, voluntad ni tendrá ningún deseo de hacerlo. Probablemente hubo un tiempo en el que esa persona no pensó si sus acciones eran o no pecaminosas y no siempre se sintió atribulada después de hacer algo malo. No existía un conflicto entre esa persona y el pecado; eran amigos. Sin embargo, los verdaderos cristianos odian el pecado, huyen de él, luchan contra él, lo consideran la plaga más despreciable, se resienten con la carga de su presencia, se acongojan cuando caen bajo su influencia y anhelan liberarse completamente de él. El pecado ya no lo satisface; se ha convertido en algo horrible que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de sí mismo. Si dice que no tiene pecados, estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran deseo de su alma es no cometer ninguna clase de pecados. No puede evitar que entren en su mente malos pensamientos ni que aparezcan errores, descuidos y defectos en sus palabras o en sus acciones. Sabe que &amp;quot;todos tropezamos de muchas maneras (…)&amp;quot; (Santiago 3:2). Pero puede decir sinceramente ante la presencia de Dios, que estas cosas le causan sufrimiento y tristeza y que todo su ser lo rechaza. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Cree en Cristo '''&amp;lt;br&amp;gt;Segundo, Juan dijo: &amp;quot;Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (…)&amp;quot; (1 Juan 5:1). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que es la persona divina designada por Dios Padre para este preciso propósito y que aparte de Él, no existe ningún otro salvador. En su interior esta persona no encuentra ningún tipo de valor, pero confía completamente en Cristo, y confiando en Él, cree que todos sus pecados serán perdonados. Él cree que, por fe en la obra llevada a cabo por Cristo y su muerte en la cruz, será considerado justo ante los ojos de Dios y puede esperar la muerte y el juicio sin angustia. Puede tener miedos y dudas; algunas veces podrá decirle que se siente como si no tuviese fe en nada, pero pregúntele si desea confiar en cualquier cosa en vez de en Cristo y escuche lo que le dirá. Pregúntele si depositará su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, un ministro o su iglesia y escuche su respuesta. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Practica la justicia '''&amp;lt;br&amp;gt;Tercero, Juan escribió: &amp;quot;Si sabéis que El es justo, sabéis también que todo el que hace justicia es nacido de El&amp;quot; (1 Juan 2:29). &amp;lt;br&amp;gt;El hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado es un hombre santo. Se esfuerza por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, por hacer las cosas que agradan a Dios y por evitar las cosas que Dios aborrece. Desea mirarse continuamente en Cristo como su ejemplo y su Salvador y demostrarse a sí mismo que es amigo de Cristo guardando sus mandamientos. Sabe que no es perfecto; es terriblemente consciente de la corrupción que hay en su interior. Encuentra un principio de maldad dentro de sí el cual está constantemente atentando contra la gracia y tratando de alejarlo de Dios; pero no se lo permite aunque no pueda evitar su presencia. Incluso si a veces se siente tan insignificante que se pregunta si realmente es cristiano o no, podrá decir al igual que dijo John Newton: &amp;quot;no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez, y por gracia de Dios soy lo que soy&amp;quot;. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Ama a otros cristianos '''&amp;lt;br&amp;gt;Cuarto, Juan escribió: &amp;quot;Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos (…)&amp;quot; (1 Juan 3:14).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los verdaderos discípulos de Cristo. Como su Padre en el cielo, ama a todos los hombres con un gran amor general, pero tiene un amor especial por aquéllos que comparten su fe en Cristo. Como su Señor y Salvador, ama a los peores pecadores y lloraría por ellos; pero tiene un amor característico por los que son creyentes. Nunca se siente tan en casa como cuando está en su compañía. Él siente que todos son miembros de la misma familia. Ellos son sus compañeros soldados, peleando contra el mismo enemigo. Ellos son sus compañeros de viaje, recorriendo el mismo camino. Él los entiende y ellos lo entienden a él. Pueden ser muy diferentes en muchas sentidos: en el puesto que ocupen, en posición social o en riqueza, pero eso no importa; son los hijos e hijas del Padre y no puede evitar amarlos. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Vence al mundo '''&amp;lt;br&amp;gt;Quinto, Juan escribió: &amp;quot;Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo (…)&amp;quot; (1 Juan 5:4).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha vuelto a nacer no se vale de la opinión del mundo para medir el bien y el mal. No teme ir en contra del estilo, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le preocupa. Él vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar la felicidad a la mayoría de las personas; para él, parecen insensatos e indignos de un ser inmortal. Ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Teme más ofender a Dios que ofender al hombre. No le importa que le culpen o le alaben; su principal objetivo es agradar a Dios. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Mantenerse puro '''&amp;lt;br&amp;gt;Sexto, Juan escribió: &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (1 Juan 5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo cuida su propia alma. No solamente trata de evitar el pecado sino también de evitar todo lo que lo pueda generar. Selecciona cuidadosamente sus compañías, sabe que las malas relaciones corrompen el corazón y que es más fácil tomar el mal que el bien, así como se contagia más la enfermedad que la buena salud. Es cuidadoso con el uso de su tiempo; su principal deseo es emplearlo provechosamente. Desea vivir como un soldado en un país enemigo, usando su armadura continuamente y preparado para enfrentarse a la tentación. Es diligente para ser un hombre que vela, que es humilde y que ora. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''La prueba '''&amp;lt;br&amp;gt;Estas son las seis grandes señales que identifican a un cristiano que ha vuelto a nacer. &amp;lt;br&amp;gt;En cada persona hay grandes diferencias entre la profundidad y distinción de estas señales. En algunas son débiles y casi imperceptibles; en otras son destacadas, sencillas e inconfundibles, de tal forma que cualquiera las puede identificar. Algunas de estas señales son más visibles que otras en cada individuo; raras veces son igual de evidentes en cada persona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Pero aún así, después de tener en cuenta las posibles diferencias, podemos encontrar seis señales predominantes provenientes de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;¿Cómo deberíamos reaccionar ante estas cosas? Podemos lógicamente llegar a una única conclusión: solamente los que han nacido de nuevo poseen estas seis características y aquéllos que no tienen estas señales no han vuelto a nacer. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol pretendía que nosotros llegásemos. ¿Tiene usted estas características? ¿Ha nacido usted de nuevo?&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under_review|&amp;lt;br&amp;gt;]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 12:05:55 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Are_You_Born_Again%3F/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Are You Born Again?/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Are_You_Born_Again%3F/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{ ¿Ha nacido usted de nuevo? }}&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''&amp;lt;br&amp;gt;''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: &amp;quot;Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios&amp;quot; (Juan 3:3). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es suficiente con responder: &amp;quot;Pertenezco a una iglesia; supongo que soy cristiano&amp;quot;. Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber vuelto a nacer que se nos han dado en las Escrituras, muchas enumeradas en la primera epístola de Juan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''No comete pecados habitualmente'''&amp;lt;br&amp;gt;Primero que todo, Juan escribió: &amp;quot;Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado (…)&amp;quot; (1 Juan 3:9). &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Una persona que ha nacido de nuevo o se ha regenerado no cometerá pecados habitualmente. Esa persona no pecará más con su corazón, voluntad ni tendrá ningún deseo de hacerlo. Probablemente hubo un tiempo en el que esa persona no pensó si sus acciones eran o no pecaminosas y no siempre se sintió atribulada después de hacer algo malo. No existía un conflicto entre esa persona y el pecado; eran amigos. Sin embargo, los verdaderos cristianos odian el pecado, huyen de él, luchan contra él, lo consideran la plaga más despreciable, se resienten con la carga de su presencia, se acongojan cuando caen bajo su influencia y anhelan liberarse completamente de él. El pecado ya no lo satisface; se ha convertido en algo horrible que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de sí mismo. Si dice que no tiene pecados, estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran deseo de su alma es no cometer ninguna clase de pecados. No puede evitar que entren en su mente malos pensamientos ni que aparezcan errores, descuidos y defectos en sus palabras o en sus acciones. Sabe que &amp;quot;todos tropezamos de muchas maneras (…)&amp;quot; (Santiago 3:2). Pero puede decir sinceramente ante la presencia de Dios, que estas cosas le causan sufrimiento y tristeza y que todo su ser lo rechaza. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Cree en Cristo '''&amp;lt;br&amp;gt;Segundo, Juan dijo: &amp;quot;Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (…)&amp;quot; (1 Juan 5:1). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que es la persona divina designada por Dios Padre para este preciso propósito y que aparte de Él, no existe ningún otro salvador. En su interior esta persona no encuentra ningún tipo de valor, pero confía completamente en Cristo, y confiando en Él, cree que todos sus pecados serán perdonados. Él cree que, por fe en la obra llevada a cabo por Cristo y su muerte en la cruz, será considerado justo ante los ojos de Dios y puede esperar la muerte y el juicio sin angustia. Puede tener miedos y dudas; algunas veces podrá decirle que se siente como si no tuviese fe en nada, pero pregúntele si desea confiar en cualquier cosa en vez de en Cristo y escuche lo que le dirá. Pregúntele si depositará su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, un ministro o su iglesia y escuche su respuesta. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Practica la justicia '''&amp;lt;br&amp;gt;Tercero, Juan escribió: &amp;quot;Si sabéis que El es justo, sabéis también que todo el que hace justicia es nacido de El&amp;quot; (1 Juan 2:29). &amp;lt;br&amp;gt;El hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado es un hombre santo. Se esfuerza por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, por hacer las cosas que agradan a Dios y por evitar las cosas que Dios aborrece. Desea mirarse continuamente en Cristo como su ejemplo y su Salvador y demostrarse a sí mismo que es amigo de Cristo guardando sus mandamientos. Sabe que no es perfecto; es terriblemente consciente de la corrupción que hay en su interior. Encuentra un principio de maldad dentro de sí el cual está constantemente atentando contra la gracia y tratando de alejarlo de Dios; pero no se lo permite aunque no pueda evitar su presencia. Incluso si a veces se siente tan insignificante que se pregunta si realmente es cristiano o no, podrá decir al igual que dijo John Newton: &amp;quot;no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez, y por gracia de Dios soy lo que soy&amp;quot;. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Ama a otros cristianos '''&amp;lt;br&amp;gt;Cuarto, Juan escribió: &amp;quot;Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos (…)&amp;quot; (1 Juan 3:14).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los verdaderos discípulos de Cristo. Como su Padre en el cielo, ama a todos los hombres con un gran amor general, pero tiene un amor especial por aquéllos que comparten su fe en Cristo. Como su Señor y Salvador, ama a los peores pecadores y lloraría por ellos; pero tiene un amor característico por los que son creyentes. Nunca se siente tan en casa como cuando está en su compañía. Él siente que todos son miembros de la misma familia. Ellos son sus compañeros soldados, peleando contra el mismo enemigo. Ellos son sus compañeros de viaje, recorriendo el mismo camino. Él los entiende y ellos lo entienden a él. Pueden ser muy diferentes en muchas sentidos: en el puesto que ocupen, en posición social o en riqueza, pero eso no importa; son los hijos e hijas del Padre y no puede evitar amarlos. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Vence al mundo '''&amp;lt;br&amp;gt;Quinto, Juan escribió: &amp;quot;Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo (…)&amp;quot; (1 Juan 5:4).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha vuelto a nacer no se vale de la opinión del mundo para medir el bien y el mal. No teme ir en contra del estilo, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le preocupa. Él vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar la felicidad a la mayoría de las personas; para él, parecen insensatos e indignos de un ser inmortal. Ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Teme más ofender a Dios que ofender al hombre. No le importa que le culpen o le alaben; su principal objetivo es agradar a Dios. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Mantenerse puro '''&amp;lt;br&amp;gt;Sexto, Juan escribió: &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (1 Juan 5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo cuida su propia alma. No solamente trata de evitar el pecado sino también de evitar todo lo que lo pueda generar. Selecciona cuidadosamente sus compañías, sabe que las malas relaciones corrompen el corazón y que es más fácil tomar el mal que el bien, así como se contagia más la enfermedad que la buena salud. Es cuidadoso con el uso de su tiempo; su principal deseo es emplearlo provechosamente. Desea vivir como un soldado en un país enemigo, usando su armadura continuamente y preparado para enfrentarse a la tentación. Es diligente para ser un hombre que vela, que es humilde y que ora. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''La prueba '''&amp;lt;br&amp;gt;Estas son las seis grandes señales que identifican a un cristiano que ha vuelto a nacer. &amp;lt;br&amp;gt;En cada persona hay grandes diferencias entre la profundidad y distinción de estas señales. En algunas son débiles y casi imperceptibles; en otras son destacadas, sencillas e inconfundibles, de tal forma que cualquiera las puede identificar. Algunas de estas señales son más visibles que otras en cada individuo; raras veces son igual de evidentes en cada persona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Pero aún así, después de tener en cuenta las posibles diferencias, podemos encontrar seis señales predominantes provenientes de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;¿Cómo deberíamos reaccionar ante estas cosas? Podemos lógicamente llegar a una única conclusión: solamente los que han nacido de nuevo poseen estas seis características y aquéllos que no tienen estas señales no han vuelto a nacer. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol pretendía que nosotros llegásemos. ¿Tiene usted estas características? ¿Ha nacido usted de nuevo?&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under_review|&amp;lt;br&amp;gt;]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 12:04:47 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Are_You_Born_Again%3F/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Are You Born Again?/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Are_You_Born_Again%3F/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|¿Usted Ha Vuelto a Nacer?}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''¿Ha nacido usted de nuevo?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: &amp;quot;Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios&amp;quot; (Juan 3:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es suficiente con responder: &amp;quot;Pertenezco a una iglesia; supongo que soy cristiano&amp;quot;. Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber vuelto a nacer que se nos han dado en las Escrituras, muchas enumeradas en la primera epístola de Juan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''No comete pecados habitualmente'''&amp;lt;br&amp;gt;Primero que todo, Juan escribió: &amp;quot;Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado (…)&amp;quot; (1 Juan 3:9). &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Una persona que ha nacido de nuevo o se ha regenerado no cometerá pecados habitualmente. Esa persona no pecará más con su corazón, voluntad ni tendrá ningún deseo de hacerlo. Probablemente hubo un tiempo en el que esa persona no pensó si sus acciones eran o no pecaminosas y no siempre se sintió atribulada después de hacer algo malo. No existía un conflicto entre esa persona y el pecado; eran amigos. Sin embargo, los verdaderos cristianos odian el pecado, huyen de él, luchan contra él, lo consideran la plaga más despreciable, se resienten con la carga de su presencia, se acongojan cuando caen bajo su influencia y anhelan liberarse completamente de él. El pecado ya no lo satisface; se ha convertido en algo horrible que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de sí mismo. Si dice que no tiene pecados, estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran deseo de su alma es no cometer ninguna clase de pecados. No puede evitar que entren en su mente malos pensamientos ni que aparezcan errores, descuidos y defectos en sus palabras o en sus acciones. Sabe que &amp;quot;todos tropezamos de muchas maneras (…)&amp;quot; (Santiago 3:2). Pero puede decir sinceramente ante la presencia de Dios, que estas cosas le causan sufrimiento y tristeza y que todo su ser lo rechaza. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Cree en Cristo '''&amp;lt;br&amp;gt;Segundo, Juan dijo: &amp;quot;Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (…)&amp;quot; (1 Juan 5:1). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que es la persona divina designada por Dios Padre para este preciso propósito y que aparte de Él, no existe ningún otro salvador. En su interior esta persona no encuentra ningún tipo de valor, pero confía completamente en Cristo, y confiando en Él, cree que todos sus pecados serán perdonados. Él cree que, por fe en la obra llevada a cabo por Cristo y su muerte en la cruz, será considerado justo ante los ojos de Dios y puede esperar la muerte y el juicio sin angustia. Puede tener miedos y dudas; algunas veces podrá decirle que se siente como si no tuviese fe en nada, pero pregúntele si desea confiar en cualquier cosa en vez de en Cristo y escuche lo que le dirá. Pregúntele si depositará su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, un ministro o su iglesia y escuche su respuesta. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Practica la justicia '''&amp;lt;br&amp;gt;Tercero, Juan escribió: &amp;quot;Si sabéis que El es justo, sabéis también que todo el que hace justicia es nacido de El&amp;quot; (1 Juan 2:29). &amp;lt;br&amp;gt;El hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado es un hombre santo. Se esfuerza por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, por hacer las cosas que agradan a Dios y por evitar las cosas que Dios aborrece. Desea mirarse continuamente en Cristo como su ejemplo y su Salvador y demostrarse a sí mismo que es amigo de Cristo guardando sus mandamientos. Sabe que no es perfecto; es terriblemente consciente de la corrupción que hay en su interior. Encuentra un principio de maldad dentro de sí el cual está constantemente atentando contra la gracia y tratando de alejarlo de Dios; pero no se lo permite aunque no pueda evitar su presencia. Incluso si a veces se siente tan insignificante que se pregunta si realmente es cristiano o no, podrá decir al igual que dijo John Newton: &amp;quot;no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez, y por gracia de Dios soy lo que soy&amp;quot;. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Ama a otros cristianos '''&amp;lt;br&amp;gt;Cuarto, Juan escribió: &amp;quot;Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos (…)&amp;quot; (1 Juan 3:14).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los verdaderos discípulos de Cristo. Como su Padre en el cielo, ama a todos los hombres con un gran amor general, pero tiene un amor especial por aquéllos que comparten su fe en Cristo. Como su Señor y Salvador, ama a los peores pecadores y lloraría por ellos; pero tiene un amor característico por los que son creyentes. Nunca se siente tan en casa como cuando está en su compañía. Él siente que todos son miembros de la misma familia. Ellos son sus compañeros soldados, peleando contra el mismo enemigo. Ellos son sus compañeros de viaje, recorriendo el mismo camino. Él los entiende y ellos lo entienden a él. Pueden ser muy diferentes en muchas sentidos: en el puesto que ocupen, en posición social o en riqueza, pero eso no importa; son los hijos e hijas del Padre y no puede evitar amarlos. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Vence al mundo '''&amp;lt;br&amp;gt;Quinto, Juan escribió: &amp;quot;Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo (…)&amp;quot; (1 Juan 5:4).&amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha vuelto a nacer no se vale de la opinión del mundo para medir el bien y el mal. No teme ir en contra del estilo, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le preocupa. Él vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar la felicidad a la mayoría de las personas; para él, parecen insensatos e indignos de un ser inmortal. Ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Teme más ofender a Dios que ofender al hombre. No le importa que le culpen o le alaben; su principal objetivo es agradar a Dios. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Mantenerse puro '''&amp;lt;br&amp;gt;Sexto, Juan escribió: &amp;quot;Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca (…)&amp;quot; (1 Juan 5:18). &amp;lt;br&amp;gt;Un hombre que ha nacido de nuevo cuida su propia alma. No solamente trata de evitar el pecado sino también de evitar todo lo que lo pueda generar. Selecciona cuidadosamente sus compañías, sabe que las malas relaciones corrompen el corazón y que es más fácil tomar el mal que el bien, así como se contagia más la enfermedad que la buena salud. Es cuidadoso con el uso de su tiempo; su principal deseo es emplearlo provechosamente. Desea vivir como un soldado en un país enemigo, usando su armadura continuamente y preparado para enfrentarse a la tentación. Es diligente para ser un hombre que vela, que es humilde y que ora. ¿Qué diría el apóstol sobre usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''La prueba '''&amp;lt;br&amp;gt;Estas son las seis grandes señales que identifican a un cristiano que ha vuelto a nacer. &amp;lt;br&amp;gt;En cada persona hay grandes diferencias entre la profundidad y distinción de estas señales. En algunas son débiles y casi imperceptibles; en otras son destacadas, sencillas e inconfundibles, de tal forma que cualquiera las puede identificar. Algunas de estas señales son más visibles que otras en cada individuo; raras veces son igual de evidentes en cada persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Pero aún así, después de tener en cuenta las posibles diferencias, podemos encontrar seis señales predominantes provenientes de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;¿Cómo deberíamos reaccionar ante estas cosas? Podemos lógicamente llegar a una única conclusión: solamente los que han nacido de nuevo poseen estas seis características y aquéllos que no tienen estas señales no han vuelto a nacer. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol pretendía que nosotros llegásemos. ¿Tiene usted estas características? ¿Ha nacido usted de nuevo?&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under_review|Under_review]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 12:03:06 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Are_You_Born_Again%3F/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Are You Born Again?/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Are_You_Born_Again%3F/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|¿Usted Ha Vuelto a Nacer?}}Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: &amp;quot;Excepto si vuelve a nacer, una persona no puede ver el reino de Dios&amp;quot; (Juan 3:3). No es suficiente responder: &amp;quot;Pertenezco a la iglesia; supongo que soy cristiano.&amp;quot; Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber vuelto a nacer, por lo cual se nos ha dado las Escrituras--muchas listadas en la primera Epístola de Juan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''No hay pecados habituales''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero que todo, Juan escribió: &amp;quot;Cualquiera que haya nacido de Dios no cometerá pecado&amp;quot; (1 Juan 3:9). &amp;quot;Cualquiera que haya nacido de Dios no tendrá pecados&amp;quot; (5:18). Una persona que haya vuelto a nacer o se haya regenerado, no cometerá pecados habitualmente. Esa persona no pecará más con su corazón, voluntad ni inclinación total. Probablemente hubo un momento cuando esa persona no pensó sobre si sus acciones eran o no pecaminosas y no siempre se sintió atribulada después de hacer el mal. No hubo discusiones entre esa persona y el pecado. Ellos eran amigos. Pero los verdaderos cristianos odian el pecado, huyen de él, luchan contra él, lo consideran la plaga más despreciable, se resienten con la carga de su presencia, se acongojan cuando caen bajo su influencia y anhelan liberarse completamente de él. El pecado ya no lo satisface; se ha convertido en una situación horrible que él odia. Sin embargo, él no puede eliminar su presencia dentro de sí mismo. Si dice que no tiene pecados, estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran deseo de su alma es no cometer ninguna clase de pecados. Él no puede evitar que los malos pensamientos ingresen a su mente ni los errores, omisiones y defectos aparezcan ni en sus palabras ni en sus acciones. Sabe que &amp;quot;en muchas cosas ofendemos todo&amp;quot; (Santiago 3:2). Pero puede decir sinceramente, ante la presencia de Dios, que estas cosas le causan sufrimiento y tristeza y que toda su naturaleza no las consiente. ''¿Que diría el apóstol sobre usted? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Creer en Cristo''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Segundo, Juan dijo: &amp;quot; Cualquiera que creyese que Jesús es el Cristo nacerá de Dios&amp;quot; (1 Juan 5:1). Un hombre que vuelve a nacer o se regenera, cree que Jesucristo es el único salvador que puede perdonar su alma, que es la persona Divina designada por Dios el Padre para el mismo propósito y además de Él, no hay ningún otro salvador. Dentro de él mismo solamente ve indignidad. Pero él cree absolutamente en Cristo, y confiando en Él, cree que todos sus pecados serán perdonados. Él cree que, a través de la fé en la misión llevada a cabo por Cristo y su muerte en la cruz, será considerado justo ante los ojos de Dios y puede esperar la muerte y el juicio sin angustia. Puede tener miedos y dudas. Algunas veces él puede decirte que se siente como si no tuviese fé en nada. Pero pregúntele si él desea confiar en cualquier cosa en vez de Cristo y escuche lo que dice. Pregúntele si él deja su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propios trabajos, sus oraciones, su ministro o su iglesia y escuche su respuesta. ''¿Que diría el apóstol sobre usted? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' Practicar la rectitud &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tercero, Juan escribió: &amp;quot;Todo el que es justo ha nacido de Él&amp;quot; (1 Juan 2:29). El hombre que vuelve a nacer o se regenera es un hombre sagrado. Él se esmera por vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, para hacer las cosas que satisfacen a Dios y para evitar las cosas que disgustan a Dios. Él desea continuamente considerar a Cristo como su ejemplo, así como también su Salvador y probarse a sí mismo ser el amigo de Cristo haciendo lo que Él le ordena. Él sabe que no es perfecto. Él es dolorosamente consciente de su corrupción interior. Él haya un principio maligno dentro de sí mismo el cual está constantemente atentando contra la gracia y tratando de alejarlo de Dios. Pero él no lo consiente, por lo tanto no puede evitar su presencia. De tal forma que algunas veces se puede sentir insignificante y se pregunta si realmente es un cristiano o no, será capaz de decir lo que dijo John Newton, &amp;quot;no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; Pero aún no soy lo que alguna vez solía ser y por la gracia de Dios yo soy lo que soy.&amp;quot; ''¿Que diría el apóstol sobre usted? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Amar a otros cristianos''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuarto, Juan escribió: &amp;quot;Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos&amp;quot; (1 Juan 3:14) Un hombre que ha vuelvo a nacer tiene un amor especial por todos los verdaderos discípulos de Cristo. Como su padre en el cielo, él ama a todos los hombres con un amor general y grandioso, pero tiene un amor especial por aquellos que comparten su fé en Cristo. Como su Señor y Salvador, él ama lo peor de los pecados y lloraría sobre ellos; pero él tiene un amor peculiar por aquellos que son creyentes. Él nunca se siente en casa como cuando está en la compañía de ellos. El siente que todos son miembros de la misma familia. Ellos son sus soldados amigos, peleando contra el mismo enemigo. Ellos son sus amigos viajeros, viajando por el mismo camino. Él los entiende y ellos lo entienden a él. Ellos pueden ser muy diferentes a él en muchas formas -- en rango, en estación y en riqueza. Pero eso no importa. Ellos son los hijos e hijas del Padre y Él no puede evitar amarlos. ''¿Que diría el apóstol sobre usted? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vencer al mundo''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quinto, Juan escribió: &amp;quot;Cualquiera que haya nacido de Dios, vencerá al mundo&amp;quot; (1 Juan 5:4) Un hombre que haya vuelto a nacer no usa la opinión del mundo como su norma del bien y el mal. Él no teme ir en contra de las formas, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le interesa a él. El vencerá el amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar felicidad a la mayoría de las personas. Para él, ellos parecen tontos e indignos de un ser inmortal. Él ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Él teme más ofender a Dios que ofender al hombre. Para él no es importante ser culpado o alabado; su principal objetivo es satisfacer a Dios. ''¿Que diría el apóstol sobre usted? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mantenerse uno mismo puro''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sexto, Juan escribió: &amp;quot;El que provenga de Dios se mantiene a sí mismo&amp;quot; (1 Juan 5:18). Un hombre que haya vuelto a nacer cuida su propia alma. Él trata no solamente de evitar el pecado sino también de evitar todo lo que lo pueda generar. Él selecciona cuidadosamente las compañías que tiene. Él sabe que la mala comunicación afecta al corazón y que el mal es más fácil tomarlo que el bien, así como la enfermedad es más contagiosa que la salud. Él es cuidadoso con el uso de su tiempo; su principal deseo es usarlo eficazmente. Él desea vivir como un soldado en un país enemigo, para usar su armadura continuamente y estar preparado para la tentación. Él es diligente para ser un hombre cuidadoso, humilde y piadoso. ''¿Que diría el apóstol sobre usted? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' La prueba Hay seis grandes señales que identifican a un cristiano que ha vuelto a nacer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay una gran diferencia entre la profundidad y distinción de estas señales en diferentes personas. En algunos, ellas son débiles y casi imperceptibles. En otros, ellas son prominentes, comunes e inconfundibles, de tal forma que cualquiera las puede identificar. Algunas de estas señales son más visibles que otras en cada individuo. Raras veces son igualmente evidentes en todas las personas. Pero todavía, después de cada asignación, podemos encontrar seis señales resaltadamente trazadas provenientes de Dios. ¿Cómo deberíamos reaccionar ante estas cosas? Podemos lógicamente llegar a una sóla conclusión--- solamente aquellos que vuelven a nacer tienen estas seis características y aquellos que no tienen estas señales no han vuelto a nacer. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol pretendía que nosostros llegaramos. ''¿Usted tiene estas características? ¿Usted ha vuelto a nacer?'' &lt;br /&gt;
[[Category:Under review]]&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 28 Feb 2009 22:40:11 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Are_You_Born_Again%3F/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Cosmic Treason (May 2008)/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Cosmic_Treason_(May_2008)/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Traición Cósmica}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La pecaminosidad del pecado&amp;quot; suena como una redundancia vacía que no añade nueva información al tema de debate. Sin embargo, la necesidad de hablar de la pecaminosidad del pecado se nos impone debido a una cultura e incluso a una iglesia que ha disminuido la importancia del pecado en sí mismo. El pecado se define en nuestros días en términos de cometer errores o hacer malas elecciones. Cuando hago un examen o una prueba de escritura, si cometo una falta, fallo en una palabra en concreto. Una cosa es cometer una falta, otra muy distinta es mirar el examen de mi compañero y copiar sus respuestas para obtener una buena nota. En este caso, mi error ha ascendido a la categoría de transgresión moral. Aunque el pecado pueda estar implícito en el error cometido a consecuencia de haber sido perezoso al preparar el examen, la acción de hacer trampa lleva el acto a un nivel mucho más serio. Decir que “hacer malas elecciones” es pecado es verdad, pero también es un eufemismo que puede quitar importancia a la seriedad de la acción. La decisión de pecar es, ciertamente, una mala decisión pero de nuevo, es algo más que un simple error; es un acto de transgresión moral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mi libro La Verdad de La Cruz dediqué un capítulo entero a tratar este tema de la pecaminosidad del pecado. Empiezo el capítulo con la anécdota de mi total incredulidad al recibir una edición de las citas Bartlett’s Familiar Quotations. Aunque me alegré de recibir este ejemplar gratuito, estaba perplejo pues no comprendía por qué alguien me lo habría querido enviar. Mientras ojeaba las páginas de citas que incluían frases de Immanuel Kant, Aristóteles, Tomás de Aquino y otros, me encontré para gran sorpresa, con una cita mía. Que se incluyera una cita mía en una colección con tantos pensadores importantes me sorprendió mucho. Estaba perplejo preguntándome qué podía haber dicho que mereciera ser incluido en esta antología, y la respuesta se encontraba en una sencilla frase que se me atribuía: “El pecado es traición cósmica”. Lo que quería decir con esa frase era que incluso el pecado más pequeño que una criatura comete contra su Creador, es un acto de violencia hacia la santidad del Creador, Su gloria y Su justicia. Cada pecado, por insignificante que parezca, es un acto de rebelión contra la soberanía de Dios quien reina y gobierna sobre nosotros y, como tal, es un acto de traición hacia el Rey cósmico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traición cósmica es una manera de explicar la noción de pecado, pero si examinamos las descripciones del pecado que hacen las Escrituras, vemos que hay tres que destacan sobre las demás. Primero, el pecado es una deuda; segundo, es una expresión de enemistad; tercero, se representa como un crimen. En el primer caso, nosotros, pecadores, somos descritos en las Escrituras como deudores que no pueden pagar sus deudas. En este sentido, no estamos hablando de deudas financieras, sino de una deuda moral. Dios tiene el derecho soberano de imponer obligaciones a Sus criaturas. Cuando no cumplimos dichas obligaciones, somos deudores hacia nuestro Señor. Esta deuda representa un fracaso por nuestra parte a la hora de cumplir con una obligación moral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda manera en que se describe bíblicamente el pecado es como una expresión de enemistad. En este sentido, el pecado no se restringe únicamente a una acción externa que transgrede una ley divina. Más bien, representa un motivo interno, un motivo originado por una hostilidad inherente del ser humano hacia el Dios del universo. En la iglesia o en el mundo rara vez se habla de que la descripción bíblica de la caída del ser humano incluye una acusación de que somos por naturaleza enemigos de Dios. En nuestra enemistad hacia Él, no queremos ni tenerlo en nuestros pensamientos, y esta actitud, es una muestra de hostilidad hacia el mismo hecho de que Dios nos ordena que obedezcamos Su voluntad. Como consecuencia de este concepto de enemistad, en el Nuevo Testamento se describe muy a menudo nuestra redención en términos de reconciliación. Una de las condiciones necesarias para que exista reconciliación es que previamente haya habido una enemistad entre al menos dos partes. Esta enemistad se da por supuesta con la obra de redención de nuestro Mediador, Jesús Cristo, que supera esta dimensión de enemistad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La tercera manera en que la Biblia habla del pecado es en términos de transgresión de la ley. El catecismo Westminster Shorter Catechism contesta a la decimocuarta pregunta “¿Qué es el pecado?, con la respuesta: “El pecado es cualquier forma de disconformidad o transgresión de la ley de Dios”. Aquí vemos que el pecado se describe como desobediencia, tanto pasiva como activa. Hablamos de pecados de comisión y de pecados de omisión. Cuando no cumplimos con lo que Dios exige de nosotros, podemos ver esta falta de conformidad con Su voluntad. Pero no somos culpables únicamente de no cumplir con lo que Dios exige de nosotros, sino que además hacemos de manera consciente aquello que Dios prohíbe. Por tanto, el pecado es una transgresión de la ley de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Cuando la gente viola las leyes de los hombres de un modo grave, hacemos referencia a sus acciones no como simples faltas sino en el análisis definitivo, como crímenes. De la misma manera, nuestros actos de rebelión y transgresión de la ley de Dios no son vistos por Él como delitos menores; más bien, son delitos graves, son criminales en su impacto. Si consideramos seriamente la realidad del pecado en nuestras vidas, nos daremos cuenta de que cometemos crímenes hacia un Dios sagrado y hacia Su reino. Nuestros crímenes no son virtudes, son vicios, y cualquier transgresión hacia un Dios santo es criminal por definición. Hasta que no entendamos quién es Dios, no llegaremos a comprender realmente la seriedad de nuestro pecado. La seriedad de nuestras transgresiones no nos conmueve porque vivimos en medio de gente pecadora, donde las normas del comportamiento humano están dictadas por la cultura que nos rodea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que estamos a gusto en Sion, pero cuando el carácter de Dios se nos revela claramente y somos capaces de sopesar nuestras acciones, no en términos relativos con respecto de los demás humanos, sino en términos absolutos con respecto a Dios, Su carácter y Su ley, entonces empezamos a ser conscientes del carácter flagrante de nuestra rebelión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Hasta que no consideremos a Dios seriamente, no podremos tomar en serio el pecado. Pero si reconocemos la justicia del carácter justo de Dios, entonces, como los antiguos santos, nos cubriremos la boca con las manos y nos arrepentiremos en polvo y cenizas ante Él.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 18 Jan 2009 12:48:30 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Cosmic_Treason_(May_2008)/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Cosmic Treason (May 2008)/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Cosmic_Treason_(May_2008)/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Traición Cósmica}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La pecaminosidad del pecado&amp;quot; suena como una redundancia vacía que no añade información nueva al tema de debate. Sin embargo, la necesidad de hablar de la pecaminosidad del pecado se ha hecho necesaria debido a una cultura e incluso a una iglesia que han disminuido la importancia del pecado en sí mismo. El pecado se define en nuestros días en términos de cometer errores o hacer malas elecciones. Cuando hago un examen o un test de escritura, si cometo un error, fallo una palabra en concreto. Una cosa es cometer un error. Otra muy distinta, es mirar el examen de mi compañero y copiar sus respuestas para obtener una buena nota. En este caso, mi error ha ascendido a la categoría de transgresión moral. Aunque el pecado puede ser una parte de cometer errores como consecuencia de la pereza en la preparación, el acto de hacer trampa lleva la actividad a un nivel mucho más serio. Decir que “hacer malas elecciones” es pecado es verdad, pero también es un eufemismo que puede quitar importancia a la seriedad de la acción. La decisión de pecar es, ciertamente, una mala decisión pero, de nuevo, es algo más que un simple error. Es un acto de transgresión moral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mi libro ''La Verdad de La Cruz'' dediqué un capítulo completo a tratar este tema de la pecaminosidad del pecado. Empiezo el capítulo usando la anécdota de mi genuina incredulidad al recibir una edición reciente de ''Bartlett’s Familiar Quotations''. Aunque me alegré de recibir este ejemplar gratuito, estaba perplejo pues no comprendía por qué alguien me lo querría enviar. Mientras ojeaba las páginas de citas que incluían frases de Immanuel Kant, Aristóteles, Thomas Aquinas, y otros, me encontré, para gran sorpresa, con una cita mía. Que se incluyera una cita mía en una colección con tantos pensadores importantes me sorprendió mucho. Estaba perplejo preguntándome qué podía haber dicho que mereciera ser incluido en esta antología, y la respuesta estaba en una sencilla frase que se me atribuía: “El pecado es traición cósmica”. Lo que quería decir con esa frase era que incluso el pecado más pequeño que una criatura comete contra su Creador, es un acto de violencia hacia la santidad del Creador, Su gloria y su justicia. Cada pecado, por insignificante que parezca, es un acto de rebelión contra la soberanía de Dios que reina y gobierna sobre nosotros y, como tal, es un acto de traición hacia el Rey cósmico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traición cósmica es una manera de explicar la noción de pecado, pero si miramos las descripciones que hacen de él las Escrituras, vemos que hay tres que destacan sobre las otras. Primero, el pecado es una deuda; segundo, es una expresión de enemistad; tercero, se muestra como un crimen. En el primer caso, nosotros, los pecadores, somos descritos en las Escrituras como deudores que no pueden pagar sus deudas. En este sentido, no estamos hablando de deudas financieras, sino de una deuda moral. Dios tiene el derecho soberano de imponer obligaciones a Sus criaturas. Cuando no cumplimos dichas obligaciones, somos deudores hacia nuestro Señor. Esta deuda representa un fallo por nuestra parte para mantener una obligación moral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda manera en que se describe bíblicamente el pecado es como expresión de enemistad. En este sentido, el pecado no se restringe únicamente a una acción externa que transgrede una ley divina. Más bien, representa un motivo interno, un motivo originado por una hostilidad inherente hacia el Dios del universo. Raramente se discute en la iglesia o en el mundo que la descripción bíblica de la caída del ser humano incluye el comentario de que somos, por naturaleza, enemigos de Dios. En nuestra enemistad hacia Él, no queremos ni tenerlo en nuestros pensamientos, y esta actitud, es una actitud de hostilidad hacia el hecho mismo de que Dios nos ordena que obedezcamos Su voluntad. Es como consecuencia de este concepto de enemistad, que en el Nuevo Testamento, a menudo se describe nuestra redención en términos de reconciliación. Una de las condiciones necesarias para la reconciliación es que debe haber una enemistad previa entre al menos dos partes. Esta enemistad es lo que se presupone en el trabajo redentor de nuestro Mediador, Jesús Cristo, que supera esta dimensión de enemistad. &amp;lt;br&amp;gt;La tercera manera en que la Biblia habla del pecado es en términos de transgresión de la ley. El Westminster Shorter Catechism contesta la catorceava pregunta, “¿Qué es el pecado? con la respuesta, “El pecado es cualquier forma de disconformidad, o transgresión de, la ley de Dios”. Aquí vemos que el pecado se describe como desobediencia, tanto pasiva como activa. Hablamos de pecados de comisión y de pecados de omisión. Cuando no cumplimos con lo que Dios requiere de nosotros, podemos ver esta falta de conformidad hacia Su voluntad. Pero no somos culpables únicamente de no cumplir con lo que Dios requiere de nosotros, sino que hacemos de manera consciente aquello que Dios prohíbe. Por tanto, el pecado es una transgresión de la ley de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;Cuando la gente viola las leyes de los hombres de un modo importante, no referimos a sus acciones, no como simples faltas sino, en el análisis definitivo, como crímenes. De la misma manera, nuestros actos de rebelión y transgresión de la ley de Dios, no son vistos por Él como simples faltas; más bien, son culpas. Son criminales en su impacto. Si consideramos seriamente la realidad del pecado en nuestras vidas, nos daremos cuenta de que cometemos crímenes hacia un Dios sagrado, y hacia Su reino. Nuestros crímenes no son virtudes; son vicios, y cualquier transgresión de un Dios sagrado, es viciosa por definición. Hasta que no entendamos quién es Dios, no llegaremos a comprender realmente la seriedad de nuestro pecado. Es porque vivimos en medio de gente pecadora, donde los estándares del comportamiento humano están dictados por la cultura que nos rodea, es por ello, que no nos conmueve la seriedad de nuestras transgresiones. Estamos, definitivamente, en paz en Zion. Pero cuando la figura de Dios se nos revela clara y cuando somos capaces de medir nuestras acciones, no en términos relativos con respecto al resto de los humanos, sino en términos absolutos con respecto a Dios, Su figura, y Su ley, entonces empezamos a ser conscientes de la calidad egregia de nuestra rebelión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Hasta que no consideremos a Dios seriamente, no podremos considerar el pecado seriamente. Pero, si nos damos cuenta del carácter justo de Dios, entonces, como los antiguos santos, nos cubriremos la boca con las manos y nos arrepentiremos en polvo y cenizas ante Él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under review]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 10 Jan 2009 20:25:03 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Cosmic_Treason_(May_2008)/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Man Shall Not Live on Bread Alone/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Man_Shall_Not_Live_on_Bread_Alone/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|No Solo de Pan Vivirá El Hombre}}&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mateo 3:16-4:4'''&amp;lt;br&amp;gt;“Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo largo de este año hemos visto en Hechos 13 a los profetas y maestros de Antioquia ayunar, y hemos oído a Jesús decirnos que cuando el novio, es decir, Él mismo, fuese llevado de este mundo, entonces sus invitados, es decir, nosotros, sus discípulos, ayunaríamos. Y hoy podemos ver a Jesús, el Hijo de Dios, ayunando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Espero dos cosas de este mensaje.''' &amp;lt;br&amp;gt;Espero que este mensaje logre dos cosas. Una es que conozcamos mejor a Jesús. La semana pasada le oímos hacer una maravillosa declaración: que el novio había venido (Dios se llamaba a sí mismo el novio y esposo de Israel en el Antiguo Testamento). Ahora, Jesús nos ésta diciendo: el novio está aquí. Hoy en día vemos a Jesús en este texto como representante y cabeza de un nuevo Israel, como un nuevo Josué preparándose para llevar a su pueblo a la tierra prometida, no sin antes ser probado en el desierto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo que espero, además de conocer mejor a Jesús, es que comprendamos mejor el ayuno y veamos más en profundidad su valor espiritual para nosotros como individuos y como iglesia. Creo que debería darnos tranquilidad, comprender que el Hijo de Dios comenzó su ministerio con un ayuno de 40 días. Deberíamos detenernos por un momento y pensar en esto. Deberíamos preguntarnos: ¿qué hay sobre mí, Señor? ¿Puedo enfrentarme a los grandes retos de mi vida cristiana sin participar del ayuno de Jesús? &amp;lt;br&amp;gt;¿Podemos como iglesia experimentar la plenitud del poder y la bendición de Cristo sin buscar humildemente al Señor por medio del ayuno? Estos días son cruciales. Siento conmoción en mi corazón por lo que Dios está preparando para nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el personal de la iglesia ayunó el miércoles pasado y oró, el Señor nos dio palabras llenas de esperanza. El último párrafo de mi informe anual de 1994 decía así: &amp;lt;br&amp;gt;“Y finalmente, gracias a todos ustedes por su oración y su constante aliento. Soy feliz en este trabajo porque ustedes han estado orando. ¡Qué privilegio es estar aquí! Hay una brisa fresca en el aire. Mis velas están izadas. El cielo se está aclarando. El Señor está a bordo y me dice que lograré una buena pesca de hombres no muy lejos de la orilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Mi corazón anhela que Dios trabaje más profundamente en medio de nosotros! Un trabajo que verá cada semana un nuevo nacimiento sobrenatural en sus vidas ungidas en estas ciudades. Por eso el ayuno es primordial. Charles Spurgeon, un pastor londinense del siglo pasado dijo: “Nuestros tiempos de ayuno y oración en el Tabernáculo han sido de cierto días importantes; nunca antes se han abierto las puertas del Cielo tan ampliamente; nunca antes nuestros corazones han estado tan cerca de la Gloria”.&amp;lt;br&amp;gt;Mi corazón anhela que nosotros como iglesia estemos más cerca de la Gloria Central, que estemos tan cerca del fuego que nos queme el celo de Jesús por su nombre y por este mundo en deterioro. Veamos ahora Su ayuno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''El ayuno de Jesús durante cuarenta días.&amp;lt;br&amp;gt;'''Mateo 3:16 dice que “después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él”. Claro que el Espíritu Santo siempre había estado con Jesús; Él fue concebido por el Espíritu Santo. Pero éste fue un ungimiento especial, o derramamiento, o bautizo, que permanecería sobre Jesús durante sus tres años de ministerio público. Jesús fue bautizado para identificarse con nosotros en su sumisión a las leyes y a la justicia de Dios. El Espíritu Santo descendió sobre él, igual que lo hace sobre nosotros, para darle poder y guiarlo ante las grandes exigencias de su ministerio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''El Padre complacido y la guía del Espíritu.&amp;lt;br&amp;gt;'''Cuando el Espíritu se posaba sobre Jesús, Dios Padre dijo (v. 17): &amp;quot;Este es mi Hijo amado en quien me he complacido&amp;quot;. Uno de los maravillosos efectos de estas palabras es asegurarle a Jesús y a nosotros que el fuego de la aflicción y del dolor que Jesús estaba a punto de experimentar NO se debía al desagrado de su Padre.&amp;lt;br&amp;gt;Esto es especialmente importante si vemos en el siguiente versículo (Mateo 4:1) cuál es la primera obra del Espíritu en el ministerio de Jesús. Dice que &amp;quot;entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo&amp;quot;. La primera obra del Espíritu en el ministerio de Jesús es llevarlo al desierto y exponerlo a las pruebas de Satanás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Jesús se prepara para el combate por medio del ayuno.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guiado por el Espíritu, Jesús se preparó para su encuentro con el demonio por medio del ayuno. Fue la voluntad del Espíritu de Dios que el Hijo de Dios fuera probado antes de comenzar su ministerio, y también fue su voluntad que Jesús triunfara en sus pruebas por medio del ayuno. Jesús triunfó sobre el gran enemigo de su alma por medio del ayuno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que esta historia debería sacudirnos. Ahí está Jesús, de pie bajo el umbral del ministerio público más importante de la historia del mundo. De su obediencia y rectitud depende la salvación del mundo. Nadie podrá escapar de la condenación de no ser por este ministerio de obediente sufrimiento, muerte y resurrección. Fue la voluntad de Dios que en su inicio este ministerio estuviese amenazado por la destrucción, es decir, las tentaciones de Satanás para abandonar el camino de humildad, sufrimiento y obediencia. De entre las cientos de cosas que Jesús podía haber hecho para luchar contra esta tremenda amenaza a la salvación, Él fue guiado al ayuno. ¡Al ayuno! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Satanás hubiera tenido éxito al disuadir a Jesús del camino de una humilde, sufrida obediencia, no hubiera habido salvación. Aún estaríamos en nuestro pecado y sin esperanza. Por consiguiente, debemos nuestra salvación al fiel ayuno de Jesús; éste es un importante homenaje al ayuno. Detengámonos aquí un momento, pensemos en ello. Jesús comenzó su ministerio ayunando. Y triunfó sobre su enemigo con el ayuno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Deuteronomio 8:2–3 es semejante a Mateo 4:1–4.&amp;lt;br&amp;gt;'''Ahora, vayamos a Deuteronomio 8 para ver el significado completo de esto. Cada vez que Jesús responde a las tres tentaciones del demonio en el desierto, cita un versículo del libro de Deuteronomio. &amp;quot;No solo de pan vive el hombre&amp;quot; (Deuteronomio 8:3); &amp;quot;No tentarás al Señor tu Dios&amp;quot; (Deuteronomio 6:16); y &amp;quot;Temerás sólo al SEÑOR tu Dios; y a Él adorarás, y jurarás por su nombre&amp;quot; (Deuteronomio 6:13). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Jesús es tentado en el desierto.'''&amp;lt;br&amp;gt;Esto es muy importante. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto - al desierto - y para rechazar las tentaciones de Satanás, Jesús cita pasajes del libro de Deuteronomio, los cuales fueron hablados por Moisés al pueblo de Israel cuando estaban pasando por las pruebas en el desierto. Mateo 4:3–4 dice: “Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: &amp;quot;NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Las palabras de Moisés sobre el tiempo de Israel en el desierto.'''&amp;lt;br&amp;gt;Veamos ahora Deuteronomio 8:2–3 y veamos las semejanzas entre esa situación en el desierto y la situación de Jesús en el desierto. Moisés dice a la gente: “Y te acordarás de todo el camino por donde el SEÑOR tu Dios te ha traído por el desierto [NOTA: Jesús es llevado por el Espíritu al desierto] durante estos cuarenta años [NOTA: Jesús estuvo allí cuarenta días], en el desierto, para humillarte, probándote, [NOTA: Jesús fue &amp;quot;probado&amp;quot;], a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos. 3 Y te humilló, y te dejó tener hambre, [NOTA: Jesús tuvo hambre debido a su ayuno], y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no sólo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''¿Qué significan estas semejanzas? '''&amp;lt;br&amp;gt;Hay demasiadas similitudes entre lo que le sucede a Jesús en el desierto y lo que le sucedió al pueblo de Israel como para pensar que es una coincidencia. ¿Qué significa esto? &amp;lt;br&amp;gt;Significa que Dios se está preparando para librar a su gente - el nuevo Israel - de la esclavitud egipcia del pecado hacia la tierra prometida del perdón y la justicia, de la paz y del gozo y de vida eterna. Para esto envió a un nuevo Josué, Josué y Jesús es exactamente la misma palabra en griego (Hechos 7:45). Este nuevo Josué es el líder y representante de todo el pueblo, y por ellos, será llevado por Dios al desierto. Los 40 días representan los 40 años. Será probado al igual que Israel fue probado, y tendrá hambre, al igual que Israel tuvo hambre. Y si triunfa, Él y su pueblo entrarán seguros en la tierra prometida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''El propósito del ayuno de Jesús (y del nuestro).'''&amp;lt;br&amp;gt;Ahora podemos ver con más claridad el significado del ayuno de Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Identificación voluntaria con el pueblo de Dios.'''&amp;lt;br&amp;gt;No fue una elección arbitraria de algo que hacer frente a la tentación de Satanás. Fue un acto voluntario de identificación con el pueblo de Dios en su privación y prueba en el desierto. De hecho, Jesús estaba diciendo: &amp;quot;He sido enviado para guiar al pueblo de Dios fuera del pecado de Egipto hacia la tierra prometida de la salvación. Para hacer esto debo ser uno de ellos; para eso nací. Por consiguiente, pasaré por la misma prueba que ellos experimentaron. Los representaré en el desierto y dejaré que mi corazón sea probado con el ayuno para demostrar dónde está mi lealtad. Y con la ayuda del Espíritu triunfaré en el ayuno, venceré al demonio, y guiaré a todos los que confíen en mí hacia la tierra prometida de la gloria eterna&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Un medio para luchar contra Satanás.'''&amp;lt;br&amp;gt;En otras palabras, el ayuno de Jesús es parte de su prueba, al igual que el hambre lo fue para el pueblo de Israel en el desierto. Pero eso no significa que el ayuno no fuera un medio para luchar contra Satanás, ya que el ayuno revela dónde está el corazón. Y cuando el corazón prueba que ama a Dios más que al pan, Satanás no logra tener la presencia que tendría si nuestro corazón amase las cosas terrenales tanto como el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''Probando nuestros corazones.&amp;lt;br&amp;gt;'''Generalmente, el pueblo de Dios es llamado a vivir sin los medios de vida ordinarios. El ayuno es una experiencia breve y voluntaria de privación para probar nuestros corazones. Cuando experimentamos este &amp;quot;vivir sin&amp;quot;, el Señor revela lo que está en nuestros corazones. ¿Qué es lo que nos controla? Richard Foster dice en su capítulo sobre el ayuno que: &amp;lt;br&amp;gt;“Más que cualquier otra disciplina, el ayuno pone de manifiesto las cosas que nos controlan. Este es un maravilloso beneficio para el verdadero discípulo que anhela ser transformado a la imagen de Jesucristo. Cubrimos lo que está dentro de nosotros con alimento y otras cosas buenas, pero al ayunar estas cosas salen a la superficie. Si el orgullo nos controla, será revelado casi enseguida. David dijo: &amp;quot;afligí con ayuno mi alma&amp;quot; (salmos 69:10). La ira, la amargura, los celos, la contienda, el miedo… si están dentro de nosotros, saldrán a la superficie con el ayuno. Al principio racionalizaremos diciendo que nuestra ira se debe al hambre, luego entenderemos que estamos enojados porque el espíritu de la ira está dentro de nosotros. Nos podemos regocijar en este conocimiento porque sabemos que la sanidad está disponible por medio del poder de Cristo. ¿De qué somos esclavos? ¿Cuáles son nuestras pasiones más profundas? El ayuno es el lugar de prueba de Dios, y su lugar de sanación. ¿Murmuraremos como lo hicieron los Israelitas cuando no tuvieron qué comer? ¿Abandonaremos el camino de la obediencia y convertiremos piedras en pan? ¿O &amp;quot;viviremos de toda palabra que sale de la boca de Dios&amp;quot;? El ayuno es una forma de revelarnos a nosotros mismos y de confesar a Dios lo que está en nuestros corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;'''El propósito del ayuno.'''&amp;lt;br&amp;gt;Y el propósito del ayuno es que logremos depender menos de la comida y más de Dios mismo. Ese es el significado de las palabras de Mateo 4:4: &amp;quot;No solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&amp;quot; Cada vez que ayunamos, decimos junto con Jesús, &amp;quot;No solo de pan Señor sino de Ti. No solo de pan Señor sino de Ti.&amp;quot; &amp;lt;br&amp;gt;Para terminar, voy a demostrarles rápidamente porqué creo que Jesús nos está diciendo que debemos confiar en Dios y no en el alimento. &amp;lt;br&amp;gt;Porqué debemos confiar en Dios y no en el alimento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Viene del contexto de Deuteronomio 8:3 de donde Jesús toma estas palabras y las dice en Mateo 4:4. [Dios] te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, [¡NOTA!] para hacerte entender que el hombre no sólo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR.&amp;lt;br&amp;gt;Les dio maná (un alimento totalmente desconocido que caía del cielo) ¿Por qué? &amp;quot;Para que&amp;quot; aprendieran a vivir de todo lo que sale de la boca de Dios. ¿Cómo nos enseña esto el milagroso maná? Porque el maná es una de las formas increíbles en que Dios puede, con una sola palabra, revelarse a sí mismo y cubrir tus necesidades cuando nada más parece funcionar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Pero veamos lo que Satanás hace con eso. Satanás le dice a Jesús, &amp;quot;si eres el Hijo de Dios, convierte esta piedra en pan”. En otras palabras, &amp;quot;haz el maná, como lo hiciste en el desierto. Si la clave del maná en el desierto fue enseñar a la gente a esperar milagros en momentos de aflicción, entonces hazte un poco de pan milagroso para ti, y estarás obedeciendo las Escrituras&amp;quot;. Pero Jesús responde: &amp;quot;Estás tan cerca, y al mismo tiempo tan lejos. Siempre has manejado la Palabra de Dios así, tan sutilmente. Parecería que aceptas la Palabra de Dios, pero vuelcas toda palabra en contra de Él. Esta es la clave Satanás: No dependas del pan, ni siquiera del pan milagroso, confía en Dios. No obtengas del alimento tu mayor satisfacción en la vida, ni siquiera del alimento milagroso dado por Dios, sino de Dios mismo. Toda palabra que viene de la boca de Dios revela a Dios, y es de esta auto-revelación de la que nos alimentamos. Esto durará por siempre. Esta es la vida eterna. Vete, Satanás, Dios es mi porción. No me desviaré de su camino ni de su compañía, ni siquiera por el milagroso maná&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Te invito a que dejes que Dios pruebe tu corazón con ayuno este miércoles. Verás que te revelará cosas muy profundas, y se entregará a sí mismo como alimento para ti.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 29 Dec 2008 10:14:51 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Man_Shall_Not_Live_on_Bread_Alone/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Man Shall Not Live on Bread Alone/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Man_Shall_Not_Live_on_Bread_Alone/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|No Solo de Pan Vivirá El Hombre}} &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''Mateo 3:16-4:4'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&amp;lt;blockquote&amp;gt;Tan pronto como Jesús fue bautizado salió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y Jesús vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él, una voz del cielo decía: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.» Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
A lo largo de este año hemos visto a los profetas y maestros de Antioquia ayunar en Hechos 13, y hemos escuchado a Jesús decir que cuando el novio, es decir, él mismo, sea llevado de este mundo, entonces sus invitados, es decir, nosotros, sus discípulos, ayunaremos. Y hoy vemos a Jesús, el Hijo de Dios, ayunando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== '''Espero dos cosas de este mensaje&amp;amp;nbsp;'''  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espero que este mensaje logre dos cosas. Una es que conozcamos mejor a Jesús. La semana pasada le escuchamos hacer una maravillosa declaración: que el novio había venido —Dios se llamaba a si mismo el novio y esposo de Israel en el Antiguo Testamento. Ahora, Jesús nos dice que el novio está aquí. Hoy vemos en este texto a Jesús como representante y cabeza de un nuevo Israel, como un nuevo Josué preparándose para llevar a su gente hacia la tierra prometida, no sin antes ser probado en el desierto.&amp;lt;br&amp;gt;&amp;lt;br&amp;gt;Lo segundo que espero, además de conocer mejor a Jesús, es que comprendamos mejor el ayuno y veamos más profundamente su valor espiritual para nosotros como individuos y como iglesia. Creo que debería darnos paz, comprender que el Hijo de Dios comenzó su ministerio con un ayuno de 40 días. Deberíamos detenernos por un momento y pensar en esto. Deberíamos preguntar, ¿qué hay sobre mi, Señor? ¿Puedo enfrentar los grandes retos de mi vida cristiana sin compartir el ayuno de Jesús? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Podemos como iglesia experimentar la plenitud del poder y la bendición de Cristo sin buscar humildemente al Señor por medio del ayuno? Estos días son cruciales. Siento una conmoción en mi corazón por lo que Dios está preparando para nosotros. Cuando el personal de la iglesia ayunó el miércoles pasado y oró, el Señor nos dio palabras llenas de esperanza. El último párrafo de mi reporte anual de 1994 dice así: &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Y&amp;amp;nbsp;finalmente, gracias a todos ustedes por su oración y su constante aliento. Soy feliz en este trabajo porque ustedes han estado orando. ¡Qué privilegio es estar aquí! Hay una&amp;amp;nbsp;fresca brisa en el aire. Mis velas están izadas. El cielo se está aclarando. El Señor está a bordo y me dice que lograré una buena pesca de hombres no muy lejos de la orilla. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
¡Mi corazón anhela que Dios trabaje más profundamente en medio de nosotros! Un trabajo que verá un nuevo nacimiento sobrenatural cada semana en sus vidas ungidas en estas ciudades. Es por esto que el ayuno es tan primordial. Charles Spurgeon, el pastor Londinense de hace un siglo dijo, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Nuestros tiempos de ayuno y oración en el Tabernáculo han sido de cierto días importantes; nunca antes las puertas del Cielo se han abierto tan ampliamente; nunca antes nuestros corazones han estado más cerca de la Gloria. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
Mi corazón anhela que nosotros como iglesia estemos más cerca de la Gloria Central, que estemos tan cerca del fuego que nos queme el fervor de Jesús por su nombre y por este mundo en deterioro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos ahora su ayuno &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== '''El ayuno de Jesús durante Cuarenta Días'''  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mateo 3:16 dice que luego de haber sido bautizado, Jesús salió del agua y los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. Claro que el Espíritu Santo siempre había estado con Jesús. Él fue concebido por el Espíritu Santo. Pero éste fue un ungimiento especial, o derramamiento, o bautizo, que permanecería sobre Jesús durante sus tres años de ministerio público. Jesús fue bautizado para identificarse con nosotros en su sumisión a las leyes y rectitud de Dios. El Espíritu Santo bajó sobre él, igual que viene sobre nosotros, para darle poder y guiarlo en las grandes demandas que su ministerio exige. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== El Padre Complacido&amp;amp;nbsp;y la Guía del Espíritu  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Espíritu se posó sobre Jesús, Dios Padre dijo (v. 17), &amp;quot; Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él&amp;quot;. Uno de los maravillosos efectos de estas palabras es asegurar a Jesús y a nosotros que el fuego de la miseria y del dolor que Jesús estaba a punto de experimentar NO se debía al desagrado de su Padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante ver esto, especialmente si notamos en el siguiente verso (Mateo 4:1) cuál es el primero acto en el ministerio de Jesús. Dice que &amp;quot;Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo&amp;quot;. El primer acto del Espíritu en el ministerio de Jesús es llevarlo al desierto y exponerlo a las pruebas de Satanás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Jesús se Prepara al Combate por medio del Ayuno  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guiado por el Espíritu, Jesús se preparó para su encuentro con el demonio por medio del ayuno. Fue la voluntad del Espíritu de Dios que el Hijo de Dios fuera probado antes de comenzar su ministerio, y también fue su voluntad que Jesús triunfara en sus pruebas por medio del ayuno. Jesús triunfó sobre el gran enemigo de su alma por medio del ayuno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pienso que esta historia debería sacudirnos. Aquí está Jesús parado en el umbral del ministerio público más importante en la historia del mundo. De su obediencia y rectitud depende la salvación del mundo. Nadie podrá escapar de la condenación de no ser por este ministerio de obediente sufrimiento, muerte y resurrección. Fue la voluntad de Dios que en su inicio este ministerio fuera amenazado con la destrucción—es decir, las tentaciones de Satanás de abandonar el camino de humildad, sufrimiento y obediencia. De entre los cientos de cosas que Jesús podía haber hecho para luchar contra esta tremenda amenaza a la salvación, él fue guiado al ayuno. ¡Al ayuno! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Satanás hubiera tenido éxito al disuadir a Jesús del camino de una humilde, sufrida obediencia, no hubiera salvación. Aún estaríamos en nuestro pecado y sin esperanza. Por consiguiente, debemos nuestra salvación al fiel ayuno de Jesús. Este es un importante tributo al ayuno. Detengámonos aquí un momento. Pensemos en ello. Jesús comenzó su ministerio ayunando. Y triunfó sobre su enemigo con el ayuno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Deuteronomio 8:2–3 es similar a Mateo 4:1–4  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, para ver el significado más completo de esto, vayamos a Deuteronomio 8. Cada vez que Jesús responde a las tres tentaciones del demonio en el desierto, cita un verso del libro de Deuteronomio. &amp;quot;No solo de pan vive el hombre&amp;quot;—Deuteronomio 8:3; &amp;quot;No tentarás al Señor tu Dios&amp;quot;—Deuteronomio 6:16; y &amp;quot;Teme al SEÑOR tu Dios, sírvele solamente a él, y jura sólo en su nombre.&amp;quot;—Deuteronomio 6:13. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Jesús es Tentado en el Desierto  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es muy importante. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto—el desierto— y para enfrentar las tentaciones de Satanás, Jesús cita pasajes del libro de Deuteronomio, el cual fue hablado por Moisés a la gente de Israel cuando estaban pasando por las pruebas en el desierto. Mateo 4:3–4 dice, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
===== Las palabras de Moisés sobre el tiempo de Israel&amp;amp;nbsp;en el desierto  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos ahora Deuteronomio 8:2–3 y notemos las semejanzas entre esa situación en el desierto y la situación de Jesús en el desierto. Moisés dice a la gente, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios [NOTA: Jesús es llevado por el Espíritu al desierto] estos cuarenta años [NOTA: Jesús estuvo ahí cuarenta días], en el desierto, para afligirte, para probarte, [NOTA: Jesús fue &amp;quot;probado&amp;quot;], para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, [NOTA: Jesús tuvo hambre debido a su ayuno], y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
===== ¿Qué significan estas semejanzas?  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay demasiadas similitudes entre lo que le sucede a Jesús en el desierto y lo que le sucedió a la gente de Israel como para pensar que es una coincidencia. ¿Qué significa esto? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Significa que Dios se está preparando para sacar a su gente —el nuevo Israel—de la esclavitud Egipcia del pecado hacia la tierra prometida del perdón y la rectitud, de la paz y el gozo y la vida eterna. Para esto, envió a un nuevo Josué—Josué y Jesús es exactamente la misma palabra en Griego (Hechos 7:45). Este nuevo Josué es el líder y representante de toda la gente, y por ellos, será llevado por Dios al desierto. Los 40 días representan los 40 años. Será probado al igual que Israel fue probado, y tendrá hambre, al igual que Israel tuvo hambre. Y si triunfa, él y su gente entrarán seguros a la tierra prometida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El propósito del ayuno de Jesús (y del nuestro)  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora podemos ver con más claridad el significado del ayuno de Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Identificación Voluntaria con la Gente de Dios  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue una elección arbitraria de algo que hacer frente a la tentación de Satanás. Fue un acto voluntario de identificación con la gente de Dios en su privación y prueba en el desierto. Jesús en efecto estaba diciendo, &amp;quot;He sido enviado para guiar a la gente de Dios fuera del pecado de Egipto a la tierra prometida de la salvación. Para hacer esto debo ser uno de ellos. Para eso nací. Por consiguiente, pasaré por la misma prueba que ellos experimentaron. Los representaré en el desierto y dejaré que mi corazón sea probado con el ayuno para demostrar dónde está mi lealtad. Y con la ayuda del Espíritu triunfaré en el ayuno, venceré al demonio, y guiaré a todos los que confíen en mi a la tierra prometida de la gloria eterna.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Un medio de luchar contra Satanás  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otras palabras, el ayuno de Jesús es parte de su prueba, al igual que el hambre lo fue para la gente de Israel en el desierto. Pero eso no significa que el ayuno no fuera un medio de luchar contra Satanás, ya que el ayuno revela dónde está el corazón. Y cuando el corazón prueba que ama a Dios más que el pan, Satanás no logra tener la presencia que tuviera si nuestro corazón amara las cosas terrenales como el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Probando nuestros corazones  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La gente de Dios generalmente es llamada a vivir sin los medios de vida ordinarios. El ayuno es una experiencia breve y voluntaria de privación para probar nuestros corazones. Cuando experimentamos este &amp;quot;vivir sin&amp;quot;, el Señor revela lo que está en nuestros corazones. ¿Qué es lo que nos controla? Richard Foster dice en su capítulo sobre el ayuno, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Más que cualquier otra Disciplina, el ayuno revela las cosas que nos controlan. Este es un maravilloso beneficio del verdadero discípulo, que anhela ser transformado a la imagen de Jesucristo. Cubrimos lo que está dentro de nosotros con alimento y otras cosas buenas, pero al ayunar estas cosas salen a la superficie. Si el orgullo nos controla, será revelado casi enseguida. David dijo, &amp;quot;afligí con ayuno mi alma&amp;quot; (salmos 69:10). La ira, la amargura, los celos, la contienda, el miedo—si están dentro de nosotros, saldrán a la superficie con el ayuno. Al principio racionalizaremos diciendo que nuestra ira se debe al hambre, luego entendemos que estamos enojados porque el espíritu de la ira está dentro de nosotros. Nos podemos regocijar en este conocimiento porque sabemos que la cura está disponible por medio del poder de Cristo. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
¿De qué somos esclavos? ¿Cuáles son nuestras pasiones más fuertes? El ayuno es el sitio de prueba de Dios—y su sitio de sanación. ¿Murmuraremos como lo hicieron los Israelitas cuando no tuvieron qué comer? ¿Abandonaremos el camino de la obediencia y convertiremos piedras en pan? ¿O &amp;quot;viviremos de toda palabra que sale de la boca de Dios&amp;quot;? el ayuno es una forma de revelarnos a nosotros mismos y de confesar a Dios lo que está en nuestros corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== El propósito del Ayuno  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El propósito del ayuno es que logremos depender menos de la comida y más de Dios mismo. Ese es el significado de las palabras de Mateo 4:4, &amp;quot;No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&amp;quot; Cada vez que ayunamos, decimos junto con Jesús, &amp;quot;No solo de pan Señor sino de Ti. No solo de pan Señor sino de Ti.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para terminar, déjenme demostrarles rápidamente porqué creo que Jesús nos está diciendo que debemos confiar en Dios y no en el alimento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Porqué debemos confiar en Dios y no en el alimento  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viene del contexto de Deuteronomio 8:3 de donde Jesús toma estas palabras y las dice en Mateo 4:4, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;[Dios] te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, [NOTA!] para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
Les dio maná—un alimento totalmente desconocido que caía del cielo— ¿por qué? &amp;quot;Para que&amp;quot; aprendieran a vivir de todo lo que sale de la boca de Dios. ¿Cómo nos enseña esto el milagroso maná? Porque el maná es una de las formas increíbles en que Dios puede, con una sola palabra, revelarse a si mismo y cubrir tus necesidades cuando nada más parece funcionar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero veamos lo que Satanás hace con eso. Satanás le dice a Jesús, &amp;quot;si eres el Hijo de Dios, convierte esta piedra en pan.&amp;quot; En otras palabras, &amp;quot;Haz el maná, como lo hiciste en el desierto. Si el punto del maná en el desierto fue enseñar a la gente a esperar milagros en momentos de aflicción, entonces hazte un poco de pan milagroso para ti, y estarás obedeciendo las Escrituras.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Jesús responde, &amp;quot;Estás tan cerca, y al mismo tiempo tan lejos. Siempre has manejado la Palabra de Dios así, tan sutilmente. Parecería que aceptas la Palabra de Dios, pero vuelcas toda palabra en contra de Él. Este es el punto Satanás: No dependas del pan —ni siquiera del pan milagroso—confía en Dios. No obtengas tu mayor satisfacción en la vida del alimento—ni siquiera del alimento milagroso dado por Dios—sino de Dios mismo. Toda palabra que viene de la boca de Dios revela a Dios, y de esta auto-revelación es que nos alimentamos. Esto durará por siempre. Esta es la vida eterna. Vete, Satanás, Dios es mi porción. No me desviaré de su camino y de su compañía, ni siquiera por el milagroso maná.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Te invito a que dejes que Dios pruebe tu corazón con ayuno este miércoles. Verás que te revelará cosas muy profundas, y se entregará a si mismo como alimento para ti.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under review]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 16 Dec 2008 09:29:38 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Man_Shall_Not_Live_on_Bread_Alone/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Man Shall Not Live on Bread Alone/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Man_Shall_Not_Live_on_Bread_Alone/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|No Solo de Pan Vivirá El Hombre}} &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''Mateo 3:16-4:4'''&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&amp;lt;blockquote&amp;gt;Tan pronto como Jesús fue bautizado salió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y Jesús vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él, una voz del cielo decía: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.» Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
A lo largo de este año hemos visto a los profetas y maestros de Antioquia ayunar en Hechos 13, y hemos escuchado a Jesús decir que cuando el novio, es decir, él mismo, sea llevado de este mundo, entonces sus invitados, es decir, nosotros, sus discípulos, ayunaremos. Y hoy vemos a Jesús, el Hijo de Dios, ayunando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== '''Espero dos cosas de este mensaje&amp;amp;nbsp;'''  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espero que este mensaje logre dos cosas. Una es que conozcamos mejor a Jesús. La semana pasada le escuchamos hacer una maravillosa declaración: que el novio había venido —Dios se llamaba a si mismo el novio y esposo de Israel en el Antiguo Testamento. Ahora, Jesús nos dice que el novio está aquí. Hoy vemos en este texto a Jesús como representante y cabeza de un nuevo Israel, como un nuevo Josué preparándose para llevar a su gente hacia la tierra prometida, no sin antes ser probado en el desierto.&amp;lt;br&amp;gt;&amp;lt;br&amp;gt;Lo segundo que espero, además de conocer mejor a Jesús, es que comprendamos mejor el ayuno y veamos más profundamente su valor espiritual para nosotros como individuos y como iglesia. Creo que debería darnos paz, comprender que el Hijo de Dios comenzó su ministerio con un ayuno de 40 días. Deberíamos detenernos por un momento y pensar en esto. Deberíamos preguntar, ¿qué hay sobre mi, Señor? ¿Puedo enfrentar los grandes retos de mi vida cristiana sin compartir el ayuno de Jesús? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Podemos como iglesia experimentar la plenitud del poder y la bendición de Cristo sin buscar humildemente al Señor por medio del ayuno? Estos días son cruciales. Siento una conmoción en mi corazón por lo que Dios está preparando para nosotros. Cuando el personal de la iglesia ayunó el miércoles pasado y oró, el Señor nos dio palabras llenas de esperanza. El último párrafo de mi reporte anual de 1994 dice así: &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Y&amp;amp;nbsp;finalmente, gracias a todos ustedes por su oración y su constante aliento. Soy feliz en este trabajo porque ustedes han estado orando. ¡Qué privilegio es estar aquí! Hay una&amp;amp;nbsp;fresca brisa en el aire. Mis velas están izadas. El cielo se está aclarando. El Señor está a bordo y me dice que lograré una buena pesca de hombres no muy lejos de la orilla. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
¡Mi corazón anhela que Dios trabaje más profundamente en medio de nosotros! Un trabajo que verá un nuevo nacimiento sobrenatural cada semana en sus vidas ungidas en estas ciudades. Es por esto que el ayuno es tan primordial. Charles Spurgeon, el pastor Londinense de hace un siglo dijo, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Nuestros tiempos de ayuno y oración en el Tabernáculo han sido de cierto días importantes; nunca antes las puertas del Cielo se han abierto tan ampliamente; nunca antes nuestros corazones han estado más cerca de la Gloria. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
Mi corazón anhela que nosotros como iglesia estemos más cerca de la Gloria Central, que estemos tan cerca del fuego que nos queme el fervor de Jesús por su nombre y por este mundo en deterioro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos ahora su ayuno &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== '''El ayuno de Jesús durante Cuarenta Días'''  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mateo 3:16 dice que luego de haber sido bautizado, Jesús salió del agua y los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. Claro que el Espíritu Santo siempre había estado con Jesús. Él fue concebido por el Espíritu Santo. Pero éste fue un ungimiento especial, o derramamiento, o bautizo, que permanecería sobre Jesús durante sus tres años de ministerio público. Jesús fue bautizado para identificarse con nosotros en su sumisión a las leyes y rectitud de Dios. El Espíritu Santo bajó sobre él, igual que viene sobre nosotros, para darle poder y guiarlo en las grandes demandas que su ministerio exige. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== El Padre Complacido&amp;amp;nbsp;y la Guía del Espíritu  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Espíritu se posó sobre Jesús, Dios Padre dijo (v. 17), &amp;quot; Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él&amp;quot;. Uno de los maravillosos efectos de estas palabras es asegurar a Jesús y a nosotros que el fuego de la miseria y del dolor que Jesús estaba a punto de experimentar NO se debía al desagrado de su Padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante ver esto, especialmente si notamos en el siguiente verso (Mateo 4:1) cuál es el primero acto en el ministerio de Jesús. Dice que &amp;quot;Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo&amp;quot;. El primer acto del Espíritu en el ministerio de Jesús es llevarlo al desierto y exponerlo a las pruebas de Satanás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Jesús se Prepara al Combate por medio del Ayuno  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guiado por el Espíritu, Jesús se preparó para su encuentro con el demonio por medio del ayuno. Fue la voluntad del Espíritu de Dios que el Hijo de Dios fuera probado antes de comenzar su ministerio, y también fue su voluntad que Jesús triunfara en sus pruebas por medio del ayuno. Jesús triunfó sobre el gran enemigo de su alma por medio del ayuno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pienso que esta historia debería sacudirnos. Aquí está Jesús parado en el umbral del ministerio público más importante en la historia del mundo. De su obediencia y rectitud depende la salvación del mundo. Nadie podrá escapar de la condenación de no ser por este ministerio de obediente sufrimiento, muerte y resurrección. Fue la voluntad de Dios que en su inicio este ministerio fuera amenazado con la destrucción—es decir, las tentaciones de Satanás de abandonar el camino de humildad, sufrimiento y obediencia. De entre los cientos de cosas que Jesús podía haber hecho para luchar contra esta tremenda amenaza a la salvación, él fue guiado al ayuno. ¡Al ayuno! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Satanás hubiera tenido éxito al disuadir a Jesús del camino de una humilde, sufrida obediencia, no hubiera salvación. Aún estaríamos en nuestro pecado y sin esperanza. Por consiguiente, debemos nuestra salvación al fiel ayuno de Jesús. Este es un importante tributo al ayuno. Detengámonos aquí un momento. Pensemos en ello. Jesús comenzó su ministerio ayunando. Y triunfó sobre su enemigo con el ayuno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Deuteronomio 8:2–3 es similar a Mateo 4:1–4  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, para ver el significado más completo de esto, vayamos a Deuteronomio 8. Cada vez que Jesús responde a las tres tentaciones del demonio en el desierto, cita un verso del libro de Deuteronomio. &amp;quot;No solo de pan vive el hombre&amp;quot;—Deuteronomio 8:3; &amp;quot;No tentarás al Señor tu Dios&amp;quot;—Deuteronomio 6:16; y &amp;quot;Teme al SEÑOR tu Dios, sírvele solamente a él, y jura sólo en su nombre.&amp;quot;—Deuteronomio 6:13. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Jesús es Tentado en el Desierto  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es muy importante. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto—el desierto— y para enfrentar las tentaciones de Satanás, Jesús cita pasajes del libro de Deuteronomio, el cual fue hablado por Moisés a la gente de Israel cuando estaban pasando por las pruebas en el desierto. Mateo 4:3–4 dice, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
===== Las palabras de Moisés sobre el tiempo de Israel&amp;amp;nbsp;en el desierto  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos ahora Deuteronomio 8:2–3 y notemos las semejanzas entre esa situación en el desierto y la situación de Jesús en el desierto. Moisés dice a la gente, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios [NOTA: Jesús es llevado por el Espíritu al desierto] estos cuarenta años [NOTA: Jesús estuvo ahí cuarenta días], en el desierto, para afligirte, para probarte, [NOTA: Jesús fue &amp;quot;probado&amp;quot;], para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, [NOTA: Jesús tuvo hambre debido a su ayuno], y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
===== ¿Qué significan estas semejanzas?  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay demasiadas similitudes entre lo que le sucede a Jesús en el desierto y lo que le sucedió a la gente de Israel como para pensar que es una coincidencia. ¿Qué significa esto? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Significa que Dios se está preparando para sacar a su gente —el nuevo Israel—de la esclavitud Egipcia del pecado hacia la tierra prometida del perdón y la rectitud, de la paz y el gozo y la vida eterna. Para esto, envió a un nuevo Josué—Josué y Jesús es exactamente la misma palabra en Griego (Hechos 7:45). Este nuevo Josué es el líder y representante de toda la gente, y por ellos, será llevado por Dios al desierto. Los 40 días representan los 40 años. Será probado al igual que Israel fue probado, y tendrá hambre, al igual que Israel tuvo hambre. Y si triunfa, él y su gente entrarán seguros a la tierra prometida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El propósito del ayuno de Jesús (y del nuestro)  ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora podemos ver con más claridad el significado del ayuno de Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Identificación Voluntaria con la Gente de Dios  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue una elección arbitraria de algo que hacer frente a la tentación de Satanás. Fue un acto voluntario de identificación con la gente de Dios en su privación y prueba en el desierto. Jesús en efecto estaba diciendo, &amp;quot;He sido enviado para guiar a la gente de Dios fuera del pecado de Egipto a la tierra prometida de la salvación. Para hacer esto debo ser uno de ellos. Para eso nací. Por consiguiente, pasaré por la misma prueba que ellos experimentaron. Los representaré en el desierto y dejaré que mi corazón sea probado con el ayuno para demostrar dónde está mi lealtad. Y con la ayuda del Espíritu triunfaré en el ayuno, venceré al demonio, y guiaré a todos los que confíen en mi a la tierra prometida de la gloria eterna.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Un medio de luchar contra Satanás  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otras palabras, el ayuno de Jesús es parte de su prueba, al igual que el hambre lo fue para la gente de Israel en el desierto. Pero eso no significa que el ayuno no fuera un medio de luchar contra Satanás, ya que el ayuno revela dónde está el corazón. Y cuando el corazón prueba que ama a Dios más que el pan, Satanás no logra tener la presencia que tuviera si nuestro corazón amara las cosas terrenales como el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Probando nuestros corazones  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La gente de Dios generalmente es llamada a vivir sin los medios de vida ordinarios. El ayuno es una experiencia breve y voluntaria de privación para probar nuestros corazones. Cuando experimentamos este &amp;quot;vivir sin&amp;quot;, el Señor revela lo que está en nuestros corazones. ¿Qué es lo que nos controla? Richard Foster dice en su capítulo sobre el ayuno, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Más que cualquier otra Disciplina, el ayuno revela las cosas que nos controlan. Este es un maravilloso beneficio del verdadero discípulo, que anhela ser transformado a la imagen de Jesucristo. Cubrimos lo que está dentro de nosotros con alimento y otras cosas buenas, pero al ayunar estas cosas salen a la superficie. Si el orgullo nos controla, será revelado casi enseguida. David dijo, &amp;quot;afligí con ayuno mi alma&amp;quot; (salmos 69:10). La ira, la amargura, los celos, la contienda, el miedo—si están dentro de nosotros, saldrán a la superficie con el ayuno. Al principio racionalizaremos diciendo que nuestra ira se debe al hambre, luego entendemos que estamos enojados porque el espíritu de la ira está dentro de nosotros. Nos podemos regocijar en este conocimiento porque sabemos que la cura está disponible por medio del poder de Cristo. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
¿De qué somos esclavos? ¿Cuáles son nuestras pasiones más fuertes? El ayuno es el sitio de prueba de Dios—y su sitio de sanación. ¿Murmuraremos como lo hicieron los Israelitas cuando no tuvieron qué comer? ¿Abandonaremos el camino de la obediencia y convertiremos piedras en pan? ¿O &amp;quot;viviremos de toda palabra que sale de la boca de Dios&amp;quot;? el ayuno es una forma de revelarnos a nosotros mismos y de confesar a Dios lo que está en nuestros corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== El propósito del Ayuno  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El propósito del ayuno es que logremos depender menos de la comida y más de Dios mismo. Ese es el significado de las palabras de Mateo 4:4, &amp;quot;No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&amp;quot; Cada vez que ayunamos, decimos junto con Jesús, &amp;quot;No solo de pan Señor sino de Ti. No solo de pan Señor sino de Ti.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para terminar, déjenme demostrarles rápidamente porqué creo que Jesús nos está diciendo que debemos confiar en Dios y no en el alimento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===== Porqué debemos confiar en Dios y no en el alimento  =====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viene del contexto de Deuteronomio 8:3 de donde Jesús toma estas palabras y las dice en Mateo 4:4, &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;[Dios] te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, [NOTA!] para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. &amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
Les dio maná—un alimento totalmente desconocido que caía del cielo— ¿por qué? &amp;quot;Para que&amp;quot; aprendieran a vivir de todo lo que sale de la boca de Dios. ¿Cómo nos enseña esto el milagroso maná? Porque el maná es una de las formas increíbles en que Dios puede, con una sola palabra, revelarse a si mismo y cubrir tus necesidades cuando nada más parece funcionar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero veamos lo que Satanás hace con eso. Satanás le dice a Jesús, &amp;quot;si eres el Hijo de Dios, convierte esta piedra en pan.&amp;quot; En otras palabras, &amp;quot;Haz el maná, como lo hiciste en el desierto. Si el punto del maná en el desierto fue enseñar a la gente a esperar milagros en momentos de aflicción, entonces hazte un poco de pan milagroso para ti, y estarás obedeciendo las Escrituras.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Jesús responde, &amp;quot;Estás tan cerca, y al mismo tiempo tan lejos. Siempre has manejado la Palabra de Dios así, tan sutilmente. Parecería que aceptas la Palabra de Dios, pero vuelcas toda palabra en contra de Él. Este es el punto Satanás: No dependas del pan —ni siquiera del pan milagroso—confía en Dios. No obtengas tu mayor satisfacción en la vida del alimento—ni siquiera del alimento milagroso dado por Dios—sino de Dios mismo. Toda palabra que viene de la boca de Dios revela a Dios, y de esta auto-revelación es que nos alimentamos. Esto durará por siempre. Esta es la vida eterna. Vete, Satanás, Dios es mi porción. No me desviaré de su camino y de su compañía, ni siquiera por el milagroso maná.&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Te invito a que dejes que Dios pruebe tu corazón con ayuno este miércoles. Verás que te revelará cosas muy profundas, y se entregará a si mismo como alimento para ti.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Category:Under review]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 16 Dec 2008 09:29:02 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Man_Shall_Not_Live_on_Bread_Alone/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Grounded in Grace/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Grounded_in_Grace/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Basado en la Gracia}}&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El histórico debate entre el Protestantismo y el Catolicismo romano a menudo se enmarca en los términos de una discusión entre obras o fe y mérito o gracia. Los reformadores magistrales expresaron su opinión sobre la justificación a través de un arquetipo teológico de lemas en latín, y las frases que utilizaban: ''sola fide ''y ''sola gratia'', se han afianzado profundamente en la historia protestante. ''Sola fide'', o “sólo fe” niega que nuestras obras contribuyan al fundamento de nuestra justificación, mientras que ''sola gratia'', o “sólo gracia”, niega que cualquier mérito propio contribuya a nuestra justificación.&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El problema de los lemas es que, en su función de arquetipos teológicos, pueden ser fácilmente malinterpretados o emplearse como licencia para simplificar temas complejos excesivamente. Así, cuando la fe se distingue radicalmente de las obras, algunas distorsiones se cuelan en nuestro entendimiento con facilidad. Cuando los reformadores insistían en que la justificación sólo era por fe, no querían decir que la fe en sí fuese otro tipo de obra más. Al procurar excluir las obras del fundamento de nuestra justificación, no querían sugerir que la fe no contribuyese en nada a la justificación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''EL CORAZÓN DEL PROBLEMA&amp;lt;br&amp;gt;'''Puede decirse que el núcleo del debate del siglo XVI sobre la justificación era la cuestión sobre el fundamento de la misma. La base de la justificación es el fundamento por el que Dios declara justa a una persona. Los reformadores insistían en que según la Biblia el único fundamento posible para nuestra justificación es la justicia de Jesucristo. Esto es una referencia explícita a la justicia con la que vivió Cristo su propia vida, no se trata de la justicia de Jesucristo en nosotros sino la justicia de Jesucristo por nosotros. Si nos plantamos de lleno ante la cuestión del fundamento de la justificación, vemos que ''sola fide ''es un lema arquetípico no sólo para la doctrina de la justificación por la fe, sino también para la idea de que la justificación es sólo mediante Jesucristo. Dios nos declara justos ante Su presencia sólo en, a través, y por la justicia de Jesucristo. Que la justificación es sólo por fe significa sencillamente que es por o a través de la fe de la manera en la que se nos imputa la justicia de Jesucristo a nosotros. Por tanto, la fe es la causa instrumental, o el medio, por el cual establecemos una relación con Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Roma enseña que la causa instrumental de la justificación es el sacramento del bautismo (en primer lugar) y el sacramento de la penitencia (en segundo lugar). A través del sacramento, la gracia de la justificación, o la justicia de Jesucristo, se infunde (o se vierte) en el alma del destinatario. Por lo tanto, la persona debe consentir y cooperar con esta gracia infundida hasta tal punto que la verdadera justicia sea inherente al creyente, en cuyo caso Dios declara justa a esa persona. Para que Dios justifique a una persona, primero la persona debe volverse justa. Por consiguiente, Roma cree que para que una persona se vuelva justa necesita tres cosas: gracia, fe, y Jesucristo. Roma no enseña que el hombre se pueda salvar a sí mismo por su propio mérito sin gracia, por sus propias obras sin fe, o por sí mismo sin Jesucristo. ¿Así que por qué se armó tanto alboroto? Ni los debates del siglo XVI, ni las más recientes discusiones y declaraciones conjuntas entre Católicos y Protestantes han sido capaces de resolver el tema clave del debate, la cuestión del fundamento de la justificación. ¿Es la justicia imputada de Jesucristo o la justicia infundada de Jesucristo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestros días, muchos de los que se enfrentan a este conflicto secular simplemente se encogen de hombros y dicen: “¿Y qué?” o “¿Cuál es el problema?”. Ya que ambas partes afirman que la justicia de Jesucristo es necesaria para nuestra justificación, y que igualmente necesarias son la gracia y la fe, investigar más a fondo en otras cuestiones técnicas parece una pérdida de tiempo o un ejercicio de pedante arrogancia teológica. Cada vez, más y más personas piensan que este debate es como hacer una montaña de un grano de arena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''DOS PERSPECTIVAS''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien, ¿cuál es el problema? Intentaré responder a esta pregunta desde dos perspectivas: una teológica, y otra personal y existencial. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gran problema teológico es la esencia del Evangelio. Los problemas no van mucho más allá. La Buena Nueva es que la justicia que Dios exige a sus criaturas fue lograda para ellos por Jesucristo. La obra de Jesucristo cuenta para el creyente. El creyente está justificado en base a lo que Jesucristo hizo por él, fuera de él y aparte de él, no por lo que Jesucristo hace en él. Según Roma, una persona no está justificada hasta que o a menos que la justificación sea inherente a ella. La persona obtiene la ayuda de Jesucristo, pero Dios no calcula, transfiere o le imputa la justicia de Cristo a esa persona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y qué significa esto personal y existencialmente? La visión de Roma infunde tristeza en mi alma. Si tengo que esperar hasta que la justicia sea inherente en mí para que Dios me declare recto, me queda una larga espera. Según Roma, si cometo un pecado mortal perderé toda la gracia que ahora mismo me justifica. Incluso si la recupero por medio del sacramento de la penitencia, todavía tengo que enfrentarme al purgatorio. Si muero con cualquier impureza en mi vida, debo ir al purgatorio para &amp;quot;purgar&amp;quot; todas las impurezas, y esto puede tardar miles y miles de años en llevarse a cabo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué diferencia tan radical comparado con el Evangelio bíblico, que me garantiza que la justificación ante Dios es mía en el momento en que pongo mi confianza en Jesucristo. Su justicia es perfecta, no puede aumentar ni disminuir. Y si su justicia se imputa en mí, ahora poseo el fundamento total y completo de la justificación. &amp;lt;br&amp;gt;La cuestión de la justicia imputada contra la justicia infundida no puede resolverse sin rechazar una u otra. Son dos opiniones sobre la justificación que se excluyen mutuamente. Si una es verdadera, la otra tiene que ser falsa. Una de estas opiniones expone el Evangelio bíblico verdadero, el otro es un Evangelio falso. Sencillamente, las dos conjuntamente no pueden ser verdad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De nuevo, esta cuestión no puede resolverse con una explicación que quede en término medio. Estas dos posturas incompatibles pueden ser ignoradas o minimizadas (como hacen los diálogos modernos a través de la revisión histórica), pero no pueden reconciliarse. Tampoco pueden reducirse a un mero malentendido; ambas partes son demasiado inteligentes para que esto haya ocurrido durante los últimos 400 años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión del mérito y la gracia en la justificación está cubierta de nubes de confusión. Roma dice que hay dos tipos de mérito para los creyentes: congruente y digno. El mérito congruente se obtiene realizando obras de satisfacción en conexión con el sacramento de la penitencia. Estas obras no son tan meritorias como para imponerle a un juez justo la obligación de recompensarlas, pero son lo suficientemente buenas para que sean &amp;quot;acordes&amp;quot; o &amp;quot;congruentes&amp;quot; y que Dios las recompense. El mérito digno es una orden superior de mérito lograda por los santos. Pero incluso este mérito, según lo define Roma, está arraigado y basado en la gracia. Es un mérito que no se podría lograr sin la ayuda de la gracia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reformadores rechazaron tanto el mérito congruente como el digno, argumentando que nuestro estado no sólo está arraigado en la gracia, sino que además es gracia en todo momento. El único mérito que cuenta para nuestra justificación es el mérito de Jesucristo. De hecho, somos salvos por obras meritorias: las de Jesucristo. Que seamos salvos gracias a que se nos imputa Su mérito es la propia esencia de la gracia de la salvación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es esta gracia la que nunca debe ser comprometida o negociada por la iglesia. Sin ella, estaremos verdaderamente desesperanzados e indefensos para poder permanecer justos ante un Dios santo. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 03 Dec 2008 20:45:50 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Grounded_in_Grace/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Grounded in Grace/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Grounded_in_Grace/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Basado en la Gracia}}&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El histórico debate entre el Protestantismo y el Catolicismo romano a menudo se enmarca en los términos de una discusión entre obras o fe y mérito o gracia. Los reformadores magistrales expresaron su opinión sobre la justificación a través de un arquetipo teológico de lemas en latín, y las frases que utilizaban: ''sola fide ''y ''sola gratia'', se han afianzado profundamente en la historia protestante. ''Sola fide'', o “sólo fe” niega que nuestras obras contribuyan al fundamento de nuestra justificación, mientras que ''sola gratia'', o “sólo gracia”, niega que cualquier mérito propio contribuya a nuestra justificación.&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El problema de los lemas es que, en su función de arquetipos teológicos, pueden ser fácilmente malinterpretados o emplearse como licencia para simplificar temas complejos excesivamente. Así, cuando la fe se distingue radicalmente de las obras, algunas distorsiones se cuelan en nuestro entendimiento con facilidad. Cuando los reformadores insistían en que la justificación sólo era por fe, no querían decir que la fe en sí fuese otro tipo de obra más. Al procurar excluir las obras del fundamento de nuestra justificación, no querían sugerir que la fe no contribuyese en nada a la justificación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''EL CORAZÓN DEL PROBLEMA&amp;lt;br&amp;gt;'''Puede decirse que el núcleo del debate del siglo XVI sobre la justificación era la cuestión sobre el fundamento de la misma. La base de la justificación es el fundamento por el que Dios declara justa a una persona. Los reformadores insistían en que según la Biblia el único fundamento posible para nuestra justificación es la justicia de Jesucristo. Esto es una referencia explícita a la justicia con la que vivió Cristo su propia vida, no se trata de la justicia de Jesucristo en nosotros sino la justicia de Jesucristo por nosotros. Si nos plantamos de lleno ante la cuestión del fundamento de la justificación, vemos que sola fide es un lema arquetípico no sólo para la doctrina de la justificación por la fe, sino también para la idea de que la justificación es sólo mediante Jesucristo. Dios nos declara justos ante Su presencia sólo en, a través, y por la justicia de Jesucristo. Que la justificación es sólo por fe significa sencillamente que es por o a través de la fe de la manera en la que se nos imputa la justicia de Jesucristo a nosotros. Por tanto, la fe es la causa instrumental, o el medio, por el cual establecemos una relación con Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Roma enseña que la causa instrumental de la justificación es el sacramento del bautismo (en primer lugar) y el sacramento de la penitencia (en segundo lugar). A través del sacramento, la gracia de la justificación, o la justicia de Jesucristo, se infunde (o se vierte) en el alma del destinatario. Por lo tanto, la persona debe consentir y cooperar con esta gracia infundida hasta tal punto que la verdadera justicia sea inherente al creyente, en cuyo caso Dios declara justa a esa persona. Para que Dios justifique a una persona, primero la persona debe volverse justa. Por consiguiente, Roma cree que para que una persona se vuelva justa necesita tres cosas: gracia, fe, y Jesucristo. Roma no enseña que el hombre se pueda salvar a sí mismo por su propio mérito sin gracia, por sus propias obras sin fe, o por sí mismo sin Jesucristo. ¿Así que por qué se armó tanto alboroto? Ni los debates del siglo XVI, ni las más recientes discusiones y declaraciones conjuntas entre Católicos y Protestantes han sido capaces de resolver el tema clave del debate, la cuestión del fundamento de la justificación. ¿Es la justicia imputada de Jesucristo o la justicia infundada de Jesucristo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestros días, muchos de los que se enfrentan a este conflicto secular simplemente se encogen de hombros y dicen: “¿Y qué?” o “¿Cuál es el problema?”. Ya que ambas partes afirman que la justicia de Jesucristo es necesaria para nuestra justificación, y que igualmente necesarias son la gracia y la fe, investigar más a fondo en otras cuestiones técnicas parece una pérdida de tiempo o un ejercicio de pedante arrogancia teológica. Cada vez, más y más personas piensan que este debate es como hacer una montaña de un grano de arena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''DOS PERSPECTIVAS'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien, ¿cuál es el problema? Intentaré responder a esta pregunta desde dos perspectivas: una teológica, y otra personal y existencial. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gran problema teológico es la esencia del Evangelio. Los problemas no van mucho más allá. La Buena Nueva es que la justicia que Dios exige a sus criaturas fue lograda para ellos por Jesucristo. La obra de Jesucristo cuenta para el creyente. El creyente está justificado en base a lo que Jesucristo hizo por él, fuera de él y aparte de él, no por lo que Jesucristo hace en él. Según Roma, una persona no está justificada hasta que o a menos que la justificación sea inherente a ella. La persona obtiene la ayuda de Jesucristo, pero Dios no calcula, transfiere o le imputa la justicia de Cristo a esa persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y qué significa esto personal y existencialmente? La visión de Roma infunde tristeza en mi alma. Si tengo que esperar hasta que la justicia sea inherente en mí para que Dios me declare recto, me queda una larga espera. Según Roma, si cometo un pecado mortal perderé toda la gracia que ahora mismo me justifica. Incluso si la recupero por medio del sacramento de la penitencia, todavía tengo que enfrentarme al purgatorio. Si muero con cualquier impureza en mi vida, debo ir al purgatorio para &amp;quot;purgar&amp;quot; todas las impurezas, y esto puede tardar miles y miles de años en llevarse a cabo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué diferencia tan radical comparado con el Evangelio bíblico, que me garantiza que la justificación ante Dios es mía en el momento en que pongo mi confianza en Jesucristo. Su justicia es perfecta, no puede aumentar ni disminuir. Y si su justicia se imputa en mí, ahora poseo el fundamento total y completo de la justificación. &amp;lt;br&amp;gt;La cuestión de la justicia imputada contra la justicia infundida no puede resolverse sin rechazar una u otra. Son dos opiniones sobre la justificación que se excluyen mutuamente. Si una es verdadera, la otra tiene que ser falsa. Una de estas opiniones expone el Evangelio bíblico verdadero, el otro es un Evangelio falso. Sencillamente, las dos conjuntamente no pueden ser verdad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De nuevo, esta cuestión no puede resolverse con una explicación que quede en término medio. Estas dos posturas incompatibles pueden ser ignoradas o minimizadas (como hacen los diálogos modernos a través de la revisión histórica), pero no pueden reconciliarse. Tampoco pueden reducirse a un mero malentendido; ambas partes son demasiado inteligentes para que esto haya ocurrido durante los últimos 400 años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión del mérito y la gracia en la justificación está cubierta de nubes de confusión. Roma dice que hay dos tipos de mérito para los creyentes: congruente y digno. El mérito congruente se obtiene realizando obras de satisfacción en conexión con el sacramento de la penitencia. Estas obras no son tan meritorias como para imponerle a un juez justo la obligación de recompensarlas, pero son lo suficientemente buenas para que sean &amp;quot;acordes&amp;quot; o &amp;quot;congruentes&amp;quot; y que Dios las recompense. El mérito digno es una orden superior de mérito lograda por los santos. Pero incluso este mérito, según lo define Roma, está arraigado y basado en la gracia. Es un mérito que no se podría lograr sin la ayuda de la gracia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reformadores rechazaron tanto el mérito congruente como el digno, argumentando que nuestro estado no sólo está arraigado en la gracia, sino que además es gracia en todo momento. El único mérito que cuenta para nuestra justificación es el mérito de Jesucristo. De hecho, somos salvos por obras meritorias: las de Jesucristo. Que seamos salvos gracias a que se nos imputa Su mérito es la propia esencia de la gracia de la salvación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es esta gracia la que nunca debe ser comprometida o negociada por la iglesia. Sin ella, estaremos verdaderamente desesperanzados e indefensos para poder permanecer justos ante un Dios santo. &amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 03 Dec 2008 20:44:33 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Grounded_in_Grace/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Grounded in Grace/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Grounded_in_Grace/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Basado en la Gracia}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El histórico debate entre el Protestantismo y el Catolicismo Romano a menudo se enmarca en términos de una discusión entre obras/fe y/o mérito/gracia. Los Reformadores magistrales articularon su visión de la justificación a través de un aparato de arquetipo teológico de lemas en latín, y las frases que utilizaban – ''sola fide'' y ''sola gratia'' - se han arraigado profundamente en la historia protestante. ''Sola fide'', o “sólo fe” niega que nuestras obras contribuyan al motivo de nuestra justificación, mientras que ''sola gratia'', o “sólo gracia”, niega que cualquier mérito nuestro contribuya a nuestra justificación. &amp;lt;br&amp;gt;El problema de los lemas es que, en su función de arquetipos teológicos, son capaces de ser fácilmente malinterpretados, o pueden ser utilizados como licencias para simplificar temas complejos. Así, cuando la fe se diferencia radicalmente de las obras, varias distorsiones se cuelan en nuestra comprensión. &amp;lt;br&amp;gt;Cuando los Reformadores insistían en que la justificación sólo está motivada por la fe, no querían decir que la fe en sí misma es una obra cualquiera. En la búsqueda por excluir las obras de la base de nuestra justificación, no querían sugerir que la fe contribuye de forma alguna a la justificación.&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''EL CORAZÓN DEL PROBLEMA'''&amp;lt;br&amp;gt;Puede decirse que el corazón del debate del siglo dieciséis sobre la justificación era el tema del motivo de la justificación. El motivo de la justificación es la base por la que Dios declara justa a una persona. Los Reformadores insistían en que la visión bíblica es que la única causa posible para nuestra justificación es la rectitud de Jesucristo. Esto es una referencia explícita a la rectitud lograda por Jesús en el modo de vivir Su propia vida, no es la rectitud de Jesucristo ''en ''nosotros sino la rectitud de Jesucristo ''por'' nosotros. &amp;lt;br&amp;gt;Cuando tenemos de lleno delante nuestro el tema del motivo de la justificación, vemos que sola fide es un lema arquetípico no sólo para la doctrina de la justificación motivada sólo por la fe, sino para la noción de que la justificación está motivada sólo por Jesucristo. Es en, a través, y por la rectitud de Jesucristo solo como Dios nos declara justos en Su opinión. &amp;lt;br&amp;gt;Decir que la justificación está motivada por la fe significa que ''por ''o a través de la fe recibimos la imputación de la rectitud de Jesucristo a nuestro favor. Por tanto, la fe es la causa instrumental, o los medios, por los que expresamos a Jesucristo. &amp;lt;br&amp;gt;Roma enseña que la causa instrumental de la justificación es el sacramento del bautismo (en primer lugar) y el sacramento de la penitencia (en segundo lugar). A través del sacramento, la gracia de la justificación, o la rectitud de Jesucristo, se infunde (o vierte) el alma del recipiente. Por lo tanto, la persona debe consentir y cooperar con esta gracia infundida hasta tal punto que la verdadera rectitud es inherente al creyente, en cuyo caso Dios declara a esa persona justa. Para que Dios justifique a una persona, la persona primero se debe ''volver'' justa. &amp;lt;br&amp;gt;Por consiguiente, Roma cree que para que una persona se vuelva justa, necesita tres cosas: gracia, fe, y Jesucristo. Roma no enseña que el hombre se puede salvar a sí mismo por su propio mérito sin gracia, por sus propias obras sin fe, o por sí mismo sin Jeuscristo. ¿Así que por qué se armó tanto alboroto?&amp;lt;br&amp;gt;Ni los debates del siglo dieciséis, ni las recientes discusiones y declaraciones conjuntas entre Católicos y Protestantes han sido capaces de resolver el problema clave del debate, el problema del motivo de la justificación. ¿Es la rectitud ''imputada'' de Jesucristo o la rectitud ''infundada'' de Jesucristo?&amp;lt;br&amp;gt;En nuestros días, muchos de los que se enfrentan a este conflicto secular simplemente se encogen de hombros y dicen, “¿Y qué?” o “¿Cuál es el problema?”. Como ambas partes afirman que la rectitud de Jesucristo es necesaria para nuestra justificación, y que igualmente necesarias son la gracia y la fe, hurgar más hondo en otros problemas técnicos parece una pérdida de tiempo o un ejercicio de pedante arrogancia teológica. Cada vez más y más personas piensan que el debate es hacer una montaña de un grano de arena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''DOS PERSPECTIVAS'''&amp;lt;br&amp;gt;Bien, ''¿cuál es el problema? ''Déjame intentar responder esto desde dos perspectivas, una teológica, la otra personal y existencial. &amp;lt;br&amp;gt;El gran problema teológico es la esencia del Evangelio. Los problemas no se hacen mucho más grandes. La Buena Noticia es que la rectitud que Dios exige a sus criaturas fue lograda por ellos por Jesucristo. La obra de Jesucristo ''cuenta'' para el creyente. El creyente está justificado en base a lo que Jesucristo hizo por él, fuera de o aparte de él, no por lo que Jesucristo hace en él. Éste obtiene la ayuda de Jesucristo, pero Dios no calcula, transfiere o imputa la rectitud de Cristo a su cuenta. &amp;lt;br&amp;gt;¿Qué significa esto personal y existencialmente? La visión de Roma infunde tristeza en mi alma. Si tengo que esperar hasta que sea inherentemente recto antes de que Dios me declare recto, tengo una larga espera delante de mí. Según la opinión de Roma, si cometo un pecado mortal, perderé cualquier gracia justificante que posea en el presente. Incluso si la recupero por medio del sacramento de la penitencia, todavía tengo que enfrentarme al purgatorio. Si muero con cualquier impureza en mi vida, debo ir al purgatorio para &amp;quot;purgar&amp;quot; todas las impurezas. Esto puede tardar miles y miles de años en llevarse a cabo. &amp;lt;br&amp;gt;Qué diferencia tan radical del Evangelio bíblico, que me garantiza que la justificación delante de Dios es mía en el momento en que pongo mi confianza en Jesucristo. Debido a que su rectitud es perfecta, no puede aumentar ni disminuir. Y si su rectitud se imputa en mí, ahora poseo la ''causa'' completa de la justificación. &amp;lt;br&amp;gt;El tema de la rectitud imputada contra la rectitud infundida no puede ser resuelto sin repudiar una u otra. Son visiones mutuamente excluyentes de la justificación. Si una es verdadera, la otra debe ser falsa. Una de estas visiones declara el Evangelio bíblico verdadero, el otro es un Evangelio falso. Sencillamente ambos no pueden ser verdaderos. &amp;lt;br&amp;gt;De nuevo, este tema no puede resolverse mediante ningún término medio. Las dos visiones incompatibles pueden ser ignoradas o minimizadas (como lo hacen los diálogos modernos a través de la revisión histórica), pero no pueden reconciliarse. Tampoco pueden reducirse a un mero malentendido - ambas partes son demasiado inteligentes para que haya ocurrido eso en los últimos 400 años. &amp;lt;br&amp;gt;El problema del mérito y la gracia en la justificación está empañado por la confusión. Roma cuenta que los creyentes tienen dos tipos de mérito: congruente y digno. El mérito congruente se obtiene realizando obras de satisfacción en conexión con el sacramento de la penitencia. Estas obras no son tan meritorias como para imponer una obligación en un juez justo para recompensarlas, pero son lo suficientemente buenas como para que sean &amp;quot;acordes&amp;quot; o &amp;quot;congruentes&amp;quot; para que Dios las recompense. &amp;lt;br&amp;gt;El mérito digno es una orden de mérito más alto logrado por los santos. Pero incluso este mérito, según lo define Roma, está arraigado y basado en la gracia. Es un mérito que no se podría lograr sin la ayuda de la gracia. &amp;lt;br&amp;gt;Los Reformadores rechazaron tanto el mérito congruente como digno, argumentando que nuestra situación no sólo está ''arraigada'' en la gracia, sino que es misericordiosa en todo momento. El único mérito que cuenta hacia el camino de la justificación es el mérito de Jesucristo. De hecho, estamos salvados por obras meritorias – las de Jesucristo. El hecho de que nos salvemos gracias a que se nos impute el mérito de alguien es la misma esencia de la gracia de la salvación. &amp;lt;br&amp;gt;Es esta gracia la que nunca debe ser comprometida o negociada por la iglesia. Sin ella, estamos verdaderamente desesperanzados e indefensos para aparecer rectos delante de un Dios sagrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Category:Under review]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 26 Nov 2008 13:04:34 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Grounded_in_Grace/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Transforming Love/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Transforming_Love/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|El Amor nos transforma}}&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un padre profundamente angustiado estuvo sentado durante dos semanas en una UCI pediátrica, viendo cómo su hijo de tres años moría lentamente. Durante esas dos semanas leyó, curiosamente, un libro sobre el Evangelio. Más tarde, me escribió: “Quería decirte que el Evangelio es verdaderamente para la vida real”.&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me quedé perplejo con su afirmación. ¿Cómo pudo un libro sobre el Evangelio ayudar a este padre en esos momentos de profunda tragedia? Yo habría pensado que un libro acerca de la confianza en Dios en los momentos de adversidad le hubiera sido de mayor ayuda. Pero, ¿un libro sobre el Evangelio? ¿Cómo puede ayudar en un momento así? Estuve considerando esta pregunta durante varias semanas. Finalmente, un día mientras preparaba un mensaje acerca del amor de Dios, la respuesta vino a mí. En el Evangelio, este padre vio el amor de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Juan escribió: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1, 4:9-10).&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A menudo suelo decir: “Si quieres ver el amor de Dios, mira primero a la Cruz”, porque esa es la demostración suprema de Su amor. Fue a la cruz donde Dios envió a Su único Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados. Propiciación, a pesar de ser una buena palabra bíblica, rara vez es comprendida por los Cristianos de hoy en día. Quizás la mejor manera de entenderla es pensar que es el acto de Jesús soportando en la Cruz el peso completo de la justa y santa ira de Dios, que deberíamos haber soportado nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos merecemos la ira de Dios por nuestro pecado – no sólo por el pecado en los días en los que no creíamos sino también por los que cometemos ahora que creemos. Pero si hemos confiado en Cristo, nunca beberemos ni una gota de la copa de la ira de Dios. Jesús bebió la copa por nosotros, como nuestro sustituto. Y Juan nos dice que Dios, en Su amor, envío a Jesús para que lo hiciera por nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fundamentalmente, existen dos ocasiones en las que los Cristianos comprometidos tienden a dudar del amor de Dios. La más común es cuando por algún motivo, somos completamente conscientes de que estamos pecando. Puede tratarse de alguna forma de pecado constante en nuestras vidas o quizá, el conjunto de todos los pecados de nuestra existencia. En momentos así solemos pensar: “¿Cómo es posible que Dios ame a alguien tan pecador como yo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cualquier caso, debemos volver la mirada otra vez hacia la Cruz y ver a Jesús soportando esos mismos pecados que nos hacen sentir tan culpables. Y después, hemos de recordar que “Al que no conoció pecado, [Dios] le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Dios tomó nuestro pecado (incluso el que provoca un malestar inmediato) e hizo que Cristo cargara con él, y Él en su justicia perfecta nos dio justicia a nosotros. Dios no hizo esto porque fuéramos dignos de ser amados, sino por su único y auto-generado amor. Como Juan decía en el párrafo anterior “no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La segunda ocasión más común que nos tienta a dudar del amor de Dios, se da en momentos de adversidad. Podemos pensar: “Si Dios me amara de verdad, Él no permitiría que esto me ocurriera”. En esos momentos de duda debemos mirar de nuevo hacia la Cruz y ver a Dios entregando a Su Hijo para morir en nuestro lugar (Romanos 8:32). Después de todo, fue en ese contexto en el que Pablo preguntó: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”. Y unas pocas frases después, responde a su propia pregunta con la contundente afirmación de que “ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 8:35-39). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gran puritano John Owen escribió una vez: “La pena más grande y la mayor carga que puedes darle al Padre, la mayor muestra de ingratitud es no creer que Él te quiere”. Hubiéramos esperado quizá que Owen dijera que la pena más grande que puedes darle al Padre es cometer algún pecado desmesurado que deshonre Su nombre. Ciertamente, el pecado entristece a Dios, pero Owen nos dice que dudar de Su amor, lo entristece todavía más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, cuando estés tentado de cuestionar el amor de Dios, bien por tu pecado o por las circunstancias difíciles en las que te encuentres, mira hacia la Cruz, y recuerda que en la Cruz demostró Dios su amor hacia ti, más allá de cualquier duda. Es más, no esperes a que lleguen esos momentos difíciles. Vuelve la mirada hacia la Cruz cada día durante un rato para fortalecerte contra esos momentos de duda y desaliento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, por gloriosa que sea la verdad del amor de Dios hacia nosotros, Juan no nos dice simplemente que nos gocemos de ese amor de manera exclusiva. Por el contrario, nos dice directamente: “Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4:11). La implicación de esto no es, únicamente que debemos amarnos los unos a los otros porque Dios nos amó, sino que debemos amar a los demás del mismo modo que Dios nos amó a nosotros. Es decir, que si Dios nos ama a pesar de nuestro pecado y cualidad intrínseca de no amarnos, nosotros debemos amar a los demás, con todos sus defectos. Eso no significa que debamos ignorar el pecado en la vida de los demás, sino que cuando ese pecado esté dirigido hacia nosotros, perdonemos como Dios nos perdonó en Cristo (Efesios 4:32). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que la mayor demostración de nuestro amor hacia los demás es la predisposición a perdonarnos basándonos en el perdón que recibimos de Dios. La parábola de Jesús de los dos deudores (Mateo 18:21-35) es muy instructiva en este asunto. El primer sirviente le debía a su amo 10.000 talentos, el equivalente a 200.000 años de sueldo para un trabajador corriente, una suma imposible de devolver. El segundo sirviente le debía al primero 100 dinares, el equivalente a un tercio del sueldo de un año. En sí, no era una suma insignificante; la mayoría de nosotros no querríamos contraer una deuda equivalente a un tercio de nuestro salario anual, pero comparado con 200.000 años, un tercio es insignificante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje de la parábola es que cada uno de nosotros es el primer sirviente. Nuestra deuda con Dios, como consecuencia de nuestro pecado, es enorme, una cantidad imposible de pagar. En comparación, la deuda por el pecado de otra persona hacia mí, aunque sea en sí misma significativa, no es nada comparada con mi deuda con Dios. Por ello, cuando alguien peca contra mí sea de manera real o sólo desde mi perspectiva, intento responder: “pero Padre, yo soy el sirviente que debe 10.000 talentos”. Eso me ayuda a ver el pecado de la otra persona desde una perspectiva adecuada, y me permite perdonar de manera libre, incluso como Dios me ha perdonado a mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los lectores de Tabletalk están familiarizados hasta cierto punto con 1 Corintios 13, el clásico pasaje sobre el amor. Pero, ¿alguna vez os habéis dado cuenta de cuántos de los términos descriptivos del amor en los versos 4-7 tienen que ver con el perdón o la tolerancia? El amor es, ante todo, paciente, y se expresa mediante la tolerancia y el perdón (ver Colosenses 3:12-13). No es irritable o resentido. Por eso, el amor soporta todas las cosas y permanece ante todas las cosas. Son maneras diferentes de expresar la misma idea: perdón y tolerancia. Y debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto, hay más en el amor, ya sea el de Dios o el nuestro, que en el perdón. Dios ha prometido no desampararnos nunca (Hebreos 13:5), satisfacer todas nuestras necesidades (Filipenses 4:19), y hacer que todas las cosas cooperen para nuestro propio bien (Romanos 8:28). Incluso ha dicho que la disciplina que Él nos impone de vez en cuando es un signo de Su amor, porque su finalidad es hacernos participar más y más de Su santidad (Hebreos 12:5-11). De manera similar, debemos amarnos los unos a los otros en el Cuerpo de Cristo con amor fraternal (Romanos 12:10). Esto significa que cuidemos los unos de los otros, nos animemos los unos a los otros, recemos los unos por los otros y, como es adecuado, nos ayudemos los unos a los otros materialmente (1 Juan 3:16-18). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obviamente, nunca podremos amarnos los unos a los otros de la misma manera, o en la misma medida en la que Dios nos ama. Podemos perdonar, pero nunca podremos expiar los pecados de los demás. Y Dios es soberano en Su amor. Él tiene el poder de expresar Su amor hasta el máximo grado de Su propósito. Nosotros no podemos hacerlo. A menudo, nuestro deseo excede a nuestra habilidad de expresar nuestro amor de una manera tangible. Pero no debemos nunca perder de vista Su amor por nosotros, ya sea como base de nuestra relación con los demás o con Él. Juan dijo: “Nosotros amamos, porque El nos amó primero” (1 Juan 4:19). Fijaos que el objeto de nuestro amor no está definido. ¿Juan nos dice que amemos a Dios, o los unos a los otros? El contexto sugiere que es los unos a los otros. Pero creo que es posible que el Espíritu Santo guiara a Juan a dejar el objeto de nuestro amor ambiguo porque los dos son verdad. Sólo podremos amar a Dios mientras nos gocemos en Su amor por nosotros. Y sólo podremos amarnos los unos a los otros mientras sigamos teniendo en cuenta el amor infinito de Dios hacia nosotros. Amados, amémonos los unos a los otros porque ese amor es de Dios.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 23 Nov 2008 21:03:01 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Transforming_Love/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Transforming Love/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Transforming_Love/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|El Amor nos transforma}}&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un padre profundamente angustiado estuvo sentado durante dos semanas en una UCI pediátrica, viendo cómo su hijo de tres años moría lentamente. Durante esas dos semanas leyó, curiosamente, un libro sobre el Evangelio. Más tarde, me escribió: “Quería decirte que el Evangelio es verdaderamente para la vida real”.&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me quedé perplejo con su afirmación. ¿Cómo pudo un libro sobre el Evangelio ayudar a este padre en esos momentos de profunda tragedia? Yo habría pensado que un libro acerca de la confianza en Dios en los momentos de adversidad le hubiera sido de mayor ayuda. Pero, ¿un libro sobre el Evangelio? ¿Cómo puede ayudar en un momento así? Estuve considerando esta pregunta durante varias semanas. Finalmente, un día mientras preparaba un mensaje acerca del amor de Dios, la respuesta vino a mí. En el Evangelio, este padre vio el amor de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Juan escribió: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1, 4:9-10). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A menudo suelo decir: “Si quieres ver el amor de Dios, mira primero a la Cruz”, porque esa es la demostración suprema de Su amor. Fue a la cruz donde Dios envió a Su único Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados. Propiciación, a pesar de ser una buena palabra bíblica, rara vez es comprendida por los Cristianos de hoy en día. Quizás la mejor manera de entenderla es pensar que es el acto de Jesús soportando en la Cruz el peso completo de la justa y santa ira de Dios, que deberíamos haber soportado nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos merecemos la ira de Dios por nuestro pecado – no sólo por el pecado en los días en los que no creíamos sino también por los que cometemos ahora que creemos. Pero si hemos confiado en Cristo, nunca beberemos ni una gota de la copa de la ira de Dios. Jesús bebió la copa por nosotros, como nuestro sustituto. Y Juan nos dice que Dios, en Su amor, envío a Jesús para que lo hiciera por nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fundamentalmente, existen dos ocasiones en las que los Cristianos comprometidos tienden a dudar del amor de Dios. La más común es cuando por algún motivo, somos completamente conscientes de que estamos pecando. Puede tratarse de alguna forma de pecado constante en nuestras vidas o quizá, el conjunto de todos los pecados de nuestra existencia. En momentos así solemos pensar: “¿Cómo es posible que Dios ame a alguien tan pecador como yo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cualquier caso, debemos volver la mirada otra vez hacia la Cruz y ver a Jesús soportando esos mismos pecados que nos hacen sentir tan culpables. Y después, hemos de recordar que “Al que no conoció pecado, [Dios] le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Dios tomó nuestro pecado (incluso el que provoca un malestar inmediato) e hizo que Cristo cargara con él, y Él en su justicia perfecta nos dio justicia a nosotros. Dios no hizo esto porque fuéramos dignos de ser amados, sino por su único y auto-generado amor. Como Juan decía en el párrafo anterior “no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La segunda ocasión más común que nos tienta a dudar del amor de Dios, se da en momentos de adversidad. Podemos pensar: “Si Dios me amara de verdad, Él no permitiría que esto me ocurriera”. En esos momentos de duda debemos mirar de nuevo hacia la Cruz y ver a Dios entregando a Su Hijo para morir en nuestro lugar (Romanos 8:32). Después de todo, fue en ese contexto en el que Pablo preguntó: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”. Y unas pocas frases después, responde a su propia pregunta con la contundente afirmación de que “ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 8:35-39). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gran puritano John Owen escribió una vez: “La pena más grande y la mayor carga que puedes darle al Padre, la mayor muestra de ingratitud es no creer que Él te quiere”. Hubiéramos esperado quizá que Owen dijera que la pena más grande que puedes darle al Padre es cometer algún pecado desmesurado que deshonre Su nombre. Ciertamente, el pecado entristece a Dios, pero Owen nos dice que dudar de Su amor, lo entristece todavía más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, cuando estés tentado de cuestionar el amor de Dios, bien por tu pecado o por las circunstancias difíciles en las que te encuentres, mira hacia la Cruz, y recuerda que en la Cruz demostró Dios su amor hacia ti, más allá de cualquier duda. Es más, no esperes a que lleguen esos momentos difíciles. Vuelve la mirada hacia la Cruz cada día durante un rato para fortalecerte contra esos momentos de duda y desaliento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, por gloriosa que sea la verdad del amor de Dios hacia nosotros, Juan no nos dice simplemente que nos gocemos de ese amor de manera exclusiva. Por el contrario, nos dice directamente: “Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4:11). La implicación de esto no es, únicamente que debemos amarnos los unos a los otros porque Dios nos amó, sino que debemos amar a los demás del mismo modo que Dios nos amó a nosotros. Es decir, que si Dios nos ama a pesar de nuestro pecado y cualidad intrínseca de no amarnos, nosotros debemos amar a los demás, con todos sus defectos. Eso no significa que debamos ignorar el pecado en la vida de los demás, sino que cuando ese pecado esté dirigido hacia nosotros, perdonemos como Dios nos perdonó en Cristo (Efesios 4:32). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que la mayor demostración de nuestro amor hacia los demás es la predisposición a perdonarnos basándonos en el perdón que recibimos de Dios. La parábola de Jesús de los dos deudores (Mateo 18:21-35) es muy instructiva en este asunto. El primer sirviente le debía a su amo 10.000 talentos, el equivalente a 200.000 años de sueldo para un trabajador corriente, una suma imposible de devolver. El segundo sirviente le debía al primero 100 dinares, el equivalente a un tercio del sueldo de un año. En sí, no era una suma insignificante; la mayoría de nosotros no querríamos contraer una deuda equivalente a un tercio de nuestro salario anual, pero comparado con 200.000 años, un tercio es insignificante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje de la parábola es que cada uno de nosotros es el primer sirviente. Nuestra deuda con Dios, como consecuencia de nuestro pecado, es enorme, una cantidad imposible de pagar. En comparación, la deuda por el pecado de otra persona hacia mí, aunque sea en sí misma significativa, no es nada comparada con mi deuda con Dios. Por ello, cuando alguien peca contra mí sea de manera real o sólo desde mi perspectiva, intento responder: “pero Padre, yo soy el sirviente que debe 10.000 talentos”. Eso me ayuda a ver el pecado de la otra persona desde una perspectiva adecuada, y me permite perdonar de manera libre, incluso como Dios me ha perdonado a mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los lectores de Tabletalk están familiarizados hasta cierto punto con 1 Corintios 13, el clásico pasaje sobre el amor. Pero, ¿alguna vez os habéis dado cuenta de cuántos de los términos descriptivos del amor en los versos 4-7 tienen que ver con el perdón o la tolerancia? El amor es, ante todo, paciente, y se expresa mediante la tolerancia y el perdón (ver Colosenses 3:12-13). No es irritable o resentido. Por eso, el amor soporta todas las cosas y permanece ante todas las cosas. Son maneras diferentes de expresar la misma idea: perdón y tolerancia. Y debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto, hay más en el amor, ya sea el de Dios o el nuestro, que en el perdón. Dios ha prometido no desampararnos nunca (Hebreos 13:5), satisfacer todas nuestras necesidades (Filipenses 4:19), y hacer que todas las cosas cooperen para nuestro propio bien (Romanos 8:28). Incluso ha dicho que la disciplina que Él nos impone de vez en cuando es un signo de Su amor, porque su finalidad es hacernos participar más y más de Su santidad (Hebreos 12:5-11). De manera similar, debemos amarnos los unos a los otros en el Cuerpo de Cristo con amor fraternal (Romanos 12:10). Esto significa que cuidemos los unos de los otros, nos animemos los unos a los otros, recemos los unos por los otros y, como es adecuado, nos ayudemos los unos a los otros materialmente (1 Juan 3:16-18). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obviamente, nunca podremos amarnos los unos a los otros de la misma manera, o en la misma medida en la que Dios nos ama. Podemos perdonar, pero nunca podremos expiar los pecados de los demás. Y Dios es soberano en Su amor. Él tiene el poder de expresar Su amor hasta el máximo grado de Su propósito. Nosotros no podemos hacerlo. A menudo, nuestro deseo excede a nuestra habilidad de expresar nuestro amor de una manera tangible. Pero no debemos nunca perder de vista Su amor por nosotros, ya sea como base de nuestra relación con los demás o con Él. Juan dijo: “Nosotros amamos, porque El nos amó primero” (1 Juan 4:19). Fijaos que el objeto de nuestro amor no está definido. ¿Juan nos dice que amemos a Dios, o los unos a los otros? El contexto sugiere que es los unos a los otros. Pero creo que es posible que el Espíritu Santo guiara a Juan a dejar el objeto de nuestro amor ambiguo porque los dos son verdad. Sólo podremos amar a Dios mientras nos gocemos en Su amor por nosotros. Y sólo podremos amarnos los unos a los otros mientras sigamos teniendo en cuenta el amor infinito de Dios hacia nosotros. Amados, amémonos los unos a los otros porque ese amor es de Dios.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 23 Nov 2008 21:01:59 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Transforming_Love/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Transforming Love/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Transforming_Love/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|El Amor nos Transforma}}&amp;amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un padre profundamente angustiado estuvo sentado durante dos semanas en una UCI pediátrica, viendo cómo su hijo de tres años moría lentamente. Durante esas dos semanas leyó, curiosamente, un libro sobre el Evangelio. Más tarde, me escribió: “Quería decirte que el Evangelio es verdaderamente para la vida real”.&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me quedé perplejo con su afirmación. ¿Cómo pudo un libro sobre el Evangelio ayudar a este padre en esos momentos de profunda tragedia? Yo habría pensado que un libro acerca de la confianza en Dios en los momentos de adversidad le hubiera sido de mayor ayuda. Pero, ¿un libro sobre el Evangelio? ¿Cómo puede ayudar en un momento así? Estuve considerando esta pregunta durante varias semanas. Finalmente, un día mientras preparaba un mensaje acerca del amor de Dios, la respuesta vino a mí. En el Evangelio, este padre vio el amor de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apóstol Juan escribió: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1, 4:9-10). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A menudo suelo decir: “Si quieres ver el amor de Dios, mira primero a la Cruz”, porque esa es la demostración suprema de Su amor. Fue a la cruz donde Dios envió a Su único Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados. Propiciación, a pesar de ser una buena palabra bíblica, rara vez es comprendida por los Cristianos de hoy en día. Quizás la mejor manera de entenderla es pensar que es el acto de Jesús soportando en la Cruz el peso completo de la justa y santa ira de Dios, que deberíamos haber soportado nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos merecemos la ira de Dios por nuestro pecado – no sólo por el pecado en los días en los que no creíamos sino también por los que cometemos ahora que creemos. Pero si hemos confiado en Cristo, nunca beberemos ni una gota de la copa de la ira de Dios. Jesús bebió la copa por nosotros, como nuestro sustituto. Y Juan nos dice que Dios, en Su amor, envío a Jesús para que lo hiciera por nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fundamentalmente, existen dos ocasiones en las que los Cristianos comprometidos tienden a dudar del amor de Dios. La más común es cuando por algún motivo, somos completamente conscientes de que estamos pecando. Puede tratarse de alguna forma de pecado constante en nuestras vidas o quizá, el conjunto de todos los pecados de nuestra existencia. En momentos así solemos pensar: “¿Cómo es posible que Dios ame a alguien tan pecador como yo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cualquier caso, debemos volver la mirada otra vez hacia la Cruz y ver a Jesús soportando esos mismos pecados que nos hacen sentir tan culpables. Y después, hemos de recordar que “Al que no conoció pecado, [Dios] le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Dios tomó nuestro pecado (incluso el que provoca un malestar inmediato) e hizo que Cristo cargara con él, y Él en su justicia perfecta nos dio justicia a nosotros. Dios no hizo esto porque fuéramos dignos de ser amados, sino por su único y auto-generado amor. Como Juan decía en el párrafo anterior “no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La segunda ocasión más común que nos tienta a dudar del amor de Dios, se da en momentos de adversidad. Podemos pensar: “Si Dios me amara de verdad, Él no permitiría que esto me ocurriera”. En esos momentos de duda debemos mirar de nuevo hacia la Cruz y ver a Dios entregando a Su Hijo para morir en nuestro lugar (Romanos 8:32). Después de todo, fue en ese contexto en el que Pablo preguntó: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”. Y unas pocas frases después, responde a su propia pregunta con la contundente afirmación de que “ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 8:35-39). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gran puritano John Owen escribió una vez: “La pena más grande y la mayor carga que puedes darle al Padre, la mayor muestra de ingratitud es no creer que Él te quiere”. Hubiéramos esperado quizá que Owen dijera que la pena más grande que puedes darle al Padre es cometer algún pecado desmesurado que deshonre Su nombre. Ciertamente, el pecado entristece a Dios, pero Owen nos dice que dudar de Su amor, lo entristece todavía más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, cuando estés tentado de cuestionar el amor de Dios, bien por tu pecado o por las circunstancias difíciles en las que te encuentres, mira hacia la Cruz, y recuerda que en la Cruz demostró Dios su amor hacia ti, más allá de cualquier duda. Es más, no esperes a que lleguen esos momentos difíciles. Vuelve la mirada hacia la Cruz cada día durante un rato para fortalecerte contra esos momentos de duda y desaliento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, por gloriosa que sea la verdad del amor de Dios hacia nosotros, Juan no nos dice simplemente que nos gocemos de ese amor de manera exclusiva. Por el contrario, nos dice directamente: “Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4:11). La implicación de esto no es, únicamente que debemos amarnos los unos a los otros porque Dios nos amó, sino que debemos amar a los demás del mismo modo que Dios nos amó a nosotros. Es decir, que si Dios nos ama a pesar de nuestro pecado y cualidad intrínseca de no amarnos, nosotros debemos amar a los demás, con todos sus defectos. Eso no significa que debamos ignorar el pecado en la vida de los demás, sino que cuando ese pecado esté dirigido hacia nosotros, perdonemos como Dios nos perdonó en Cristo (Efesios 4:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que la mayor demostración de nuestro amor hacia los demás es la predisposición a perdonarnos basándonos en el perdón que recibimos de Dios. La parábola de Jesús de los dos deudores (Mateo 18:21-35) es muy instructiva en este asunto. El primer sirviente le debía a su amo 10.000 talentos, el equivalente a 200.000 años de sueldo para un trabajador corriente, una suma imposible de devolver. El segundo sirviente le debía al primero 100 dinares, el equivalente a un tercio del sueldo de un año. En sí, no era una suma insignificante; la mayoría de nosotros no querríamos contraer una deuda equivalente a un tercio de nuestro salario anual, pero comparado con 200.000 años, un tercio es insignificante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje de la parábola es que cada uno de nosotros es el primer sirviente. Nuestra deuda con Dios, como consecuencia de nuestro pecado, es enorme, una cantidad imposible de pagar. En comparación, la deuda por el pecado de otra persona hacia mí, aunque sea en sí misma significativa, no es nada comparada con mi deuda con Dios. Por ello, cuando alguien peca contra mí sea de manera real o sólo desde mi perspectiva, intento responder: “pero Padre, yo soy el sirviente que debe 10.000 talentos”. Eso me ayuda a ver el pecado de la otra persona desde una perspectiva adecuada, y me permite perdonar de manera libre, incluso como Dios me ha perdonado a mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los lectores de Tabletalk están familiarizados hasta cierto punto con 1 Corintios 13, el clásico pasaje sobre el amor. Pero, ¿alguna vez os habéis dado cuenta de cuántos de los términos descriptivos del amor en los versos 4-7 tienen que ver con el perdón o la tolerancia? El amor es, ante todo, paciente, y se expresa mediante la tolerancia y el perdón (ver Colosenses 3:12-13). No es irritable o resentido. Por eso, el amor soporta todas las cosas y permanece ante todas las cosas. Son maneras diferentes de expresar la misma idea: perdón y tolerancia. Y debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto, hay más en el amor, ya sea el de Dios o el nuestro, que en el perdón. Dios ha prometido no desampararnos nunca (Hebreos 13:5), satisfacer todas nuestras necesidades (Filipenses 4:19), y hacer que todas las cosas cooperen para nuestro propio bien (Romanos 8:28). Incluso ha dicho que la disciplina que Él nos impone de vez en cuando es un signo de Su amor, porque su finalidad es hacernos participar más y más de Su santidad (Hebreos 12:5-11). De manera similar, debemos amarnos los unos a los otros en el Cuerpo de Cristo con amor fraternal (Romanos 12:10). Esto significa que cuidemos los unos de los otros, nos animemos los unos a los otros, recemos los unos por los otros y, como es adecuado, nos ayudemos los unos a los otros materialmente (1 Juan 3:16-18). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obviamente, nunca podremos amarnos los unos a los otros de la misma manera, o en la misma medida en la que Dios nos ama. Podemos perdonar, pero nunca podremos expiar los pecados de los demás. Y Dios es soberano en Su amor. Él tiene el poder de expresar Su amor hasta el máximo grado de Su propósito. Nosotros no podemos hacerlo. A menudo, nuestro deseo excede a nuestra habilidad de expresar nuestro amor de una manera tangible. Pero no debemos nunca perder de vista Su amor por nosotros, ya sea como base de nuestra relación con los demás o con Él. Juan dijo: “Nosotros amamos, porque El nos amó primero” (1 Juan 4:19). Fijaos que el objeto de nuestro amor no está definido. ¿Juan nos dice que amemos a Dios, o los unos a los otros? El contexto sugiere que es los unos a los otros. Pero creo que es posible que el Espíritu Santo guiara a Juan a dejar el objeto de nuestro amor ambiguo porque los dos son verdad. Sólo podremos amar a Dios mientras nos gocemos en Su amor por nosotros. Y sólo podremos amarnos los unos a los otros mientras sigamos teniendo en cuenta el amor infinito de Dios hacia nosotros. Amados, amémonos los unos a los otros porque ese amor es de Dios.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 23 Nov 2008 21:01:12 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Transforming_Love/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Transforming Love/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Transforming_Love/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|El Amor nos Transforma}}&amp;amp;nbsp;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un padre profundamente angustiado estuvo sentado durante dos semanas en una UCI pediátrica, viendo como su hijo de tres años moría lentamente. Durante esas dos semanas leyó, curiosamente, un libro sobre el Evangelio. Más tarde, me escribió: “Quería decirte que el Evangelio es ciertamente para la vida real”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Me quedé perplejo con su afirmación. ¿Cómo pudo un libro sobre el Evangelio ayudar a este padre en esos momentos de profunda tragedia? Hubiera considerado que un libro acerca de confiar en Dios en los momentos de adversidad le hubiera sido de mayor ayuda. Pero, ¿un libro sobre el Evangelio? ¿Cómo puede ayudar en un momento así? Estuve considerando esta pregunta durante varias semanas. Finalmente, un día, mientras preparaba un mensaje acerca del amor de Dios, le respuesta vino a mí. En el Evangelio, este padre vio el amor de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;El apóstol Juan escribió: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados”. (Juan 1, 4:9-10) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;A menudo digo, “Si quieres ver el amor de Dios, mira primero la Cruz”, porque esa es la muestra más preeminente de Su amor. Fue a la cruz a donde Dios envió a Su único Hijo para ser la propiciación de nuestros pecados. Propiciación, a pesar de ser una buena palabra en la Biblia, apenas es comprendida por los Cristianos de hoy en día. Quizá la mejor manera de entenderla es pensar que es el acto de Jesús soportando en la Cruz el peso completo de la justa y santa ira de Dios, que nosotros deberíamos haber soportado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Todos merecemos la ira de Dios por nuestro pecado – no sólo el pecado de nuestros días como no-creyentes sino también el pecado que cometemos cada día como creyentes. Pero si hubiéramos confiado en Cristo, nunca hubiéramos experimentado ni una gota de la copa de la ira de Dios. Jesús bebió de la copa en nuestro lugar, como nuestro sustituto. Y Juan nos dice que Dios, en Su amor, envío a Jesús para que lo hiciera por nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Hay principalmente dos ocasiones en las que los Cristianos comprometidos tienden a dudar del amor de Dios. La más común es cuando, por algún motivo, somos completamente conscientes de que estamos pecando. Puede tratarse de algún modelo de pecado constante en nuestras vidas o quizá, el conjunto de todos los pecados de nuestra existencia. En momentos así solemos pensar, “¿Cómo es posible que Dios ame a alguien tan pecador como yo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;En cualquier caso, debemos volver otra vez la mirada hacia la Cruz y mirar a Jesús cargando con esos mismos pecados que nos hacen sentir tan culpables. Y después, hemos de recordar que “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2 Cor. 5:21). Dios cogió nuestro pecado – incluso aquel que provoca un malestar inmediato – e hizo que Cristo cargara con ello, y Él en su justicia perfecta nos dio el crédito a nosotros. Dios hizo esto no porque fuéramos dignos de ser amados, sino por su incondicional autogenerado amor. Como Juan decía en el texto anterior, es “no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La segunda ocasión más común que nos tienta a dudar del amor de Dios, se da en momentos de adversidad. Podemos pensar: “Si Dios me amara de verdad, Él no dejaría que esto me ocurriera”. En esos momentos de duda debemos mirar de nuevo hacia la Cruz y ver a Dios entregando a Su Hijo para morir en nuestro lugar (Rom. 8:32). Después de todo, fue en ese contexto en el que Pablo preguntó, “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Y unas pocas frases después, responde su propia pregunta con la contundente afirmación de que “ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Rom. 8:35-39). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;El gran Puritano John Owen escribió una vez, “La pena más grande y la mayor carga que puedes darle al Padre, la mayor muestra de ingratitud es no creer que Él te quiere”. Hubiéramos esperado quizá que Owen dijera que la pena más grande que puedes darle al Padre es cometer algún pecado desmesurado que deshonre Su nombre. Ciertamente, el pecado entristece a Dios, pero Owen nos dice que dudar de Su amor, lo entristece todavía más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Por eso, cuando estés tentado de cuestionar el amor de Dios bien por tu pecado o por tus circunstancias difíciles, mira hacia la Cruz, y recuerda que en la Cruz demostró Dios su amor hacia ti, más allá de cualquier duda. Es más, no esperes a que lleguen esos momentos difíciles. Vuelve la mirada hacia la Cruz cada día para fortalecerte contra esos momentos de duda y desaliento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Sin embargo, por gloriosa que sea la verdad del amor de Dios hacia nosotros, Juan no nos dice que disfrutemos de ese amor de manera exclusiva. Por el contrario, dice muy claramente: “Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4:11). La implicación de esto no es, únicamente que debemos amarnos los unos a los otros porque Dios nos amó, sino que debemos amar a los demás del mismo modo que Dios nos amó a nosotros. Es decir, que si Dios nos ama a pesar de nuestro pecado y cualidad intrínseca de no ser amados, nosotros debemos amar así a los demás — con todos sus defectos. Eso no significa que debamos ignorar el pecado en la vida de los demás, sino que significa que, cuando ese pecado esté dirigido a nosotros, sepamos perdonar como Dios nos perdonó en la figura de Cristo (Epf. 4:32) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Creo que la mayor demostración de nuestro amor hacia los demás es la predisposición a perdonarnos basándonos en el perdón que recibimos de Dios. La parábola de Jesús de los dos deudores (Mat. 18:21-35) es muy instructiva en este asunto. El primer sirviente le debía a su amo 10.000 talentos — el equivalente a 200.000 años de sueldo para un trabajador corriente — una suma imposible de devolver. El segundo sirviente le debía al primer sirviente 100 dinares — el equivalente a un tercio del sueldo de un año. En sí misma, no era una suma insignificante. La mayoría de nosotros no querríamos contraer una deuda equivalente a un tercio de nuestro salario anual, pero comparado con 200.000 años, un tercio de año es insignificante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;El mensaje de la parábola es que cada uno de nosotros es el primer sirviente. Nuestra deuda con Dios, como consecuencia de nuestro pecado, es enorme — una cantidad imposible de pagar. En contraste, la deuda por el pecado de otra persona hacia mí, aunque sea en sí misma significativa, no es nada comparada con mi deuda con Dios. Por ello, cuando alguien peca contra mí, sea de manera real, o sólo desde mi perspectiva, intento responder, “Pero Padre, yo soy el sirviente que debe 10.000 talentos”. Eso me ayuda a ver el pecado de la otra persona desde una perspectiva adecuada, y me permite perdonar de manera libre, como Dios me ha perdonado a mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Los lectores de ''Tabletalk ''están familiarizados hasta cierto punto con 1 Corintios 13 — el clásico pasaje sobre el amor. Pero, ¿alguna vez os habéis dado cuenta de cuantos de los términos descriptivos del amor en los versos 4-7 tienen que ver con el perdón o la compasión? El amor es, ante todo, paciente, y se expresa mediante la compasión y el perdón (ver Col. 3:12-13). No es irritable o resentido. Por eso, el amor soporta todas las cosas y resiste todas las cosas. Son maneras diferentes de expresar la misma idea — perdón y compasión. Y debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Por supuesto, el amor es mucho más — ya sea el de Dios o el nuestro — que perdón. Dios ha prometido no abandonarnos nunca (Heb. 13:5), satisfacer nuestras necesidades (Fil. 4:19), y hacer que los acontecimientos repercutan en nuestro propio bien (rom. 8:28). Incluso ha dicho que la disciplina que Él nos impone de vez en cuando es un signo de Su amor, porque su finalidad es hacernos participar más y más en Su santidad (Heb. 12:5-11). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;De manera similar, debemos amarnos los unos a los otros en el Cuerpo de Cristo con amor fraternal (Rom. 12:10). Esto significa que cuidemos los unos de los otros, nos animemos los unos a los otros, recemos los unos por los otros y, como es adecuado, nos ayudemos los unos a los otros materialmente (1 Juan 3:16-18). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Obviamente, nunca podremos amarnos los unos a los otros de la misma manera, o en la misma medida en la que Dios nos ama. Podemos perdonar, pero nunca podremos expiar los pecados de los demás. Y Dios es soberano en Su amor. Él tiene el poder de expresar Su amor hasta el máximo grado de Su propósito. Nosotros no podemos hacerlo. A menudo, nuestro deseo excede a nuestra habilidad de expresar nuestro amor de una manera tangible. Pero no debemos nunca perder de vista Su amor por nosotros, ya sea como base de nuestra relación con los demás o con Él. Juan dijo, “Nosotros amamos, porque El nos amó primero” (1 Juan 4:19). Fijaos que el objeto de ese amor no está definido. ¿Juan nos dice que amemos a Dios o los unos a los otros? El contexto sugiere que es los unos a los otros. Pero creo que es posible que el Espíritu Santo guiara a Juan a dejar el objeto de nuestro amor ambiguo porque los dos son verdad. Sólo podremos amar a Dios mientras gocemos de Su amor por nosotros. Y sólo podremos amarnos los unos a los otros mientras tengamos en cuenta el amor infinito de Dios hacia nosotros. Amados, amémonos los unos a los otros porque ese amor es hacia Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
[[Category:Under review]]&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 15 Nov 2008 13:05:34 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Transforming_Love/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Washed by Grace/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Washed_by_Grace/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Limpiado por gracia}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La necesidad bíblica que tenemos de llevar una vida en santidad no ignora la gracia. Más bien, esta necesidad se basa directamente en el perdón obtenido por la gracia y pone de manifiesto el poder de la gracia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1ª de Corintios 15:10, Pablo dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí”. La gracia no es sólo el perdón que pasa por encima de nuestra maldad, sino el poder que produce la bondad en nosotros. Si Dios dice que esto es hecho por gracia, no estamos ignorando la gracia si estamos de acuerdo con Él. En realidad, todo lo contrario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mandamiento bíblico de llevar una vida en santidad no contradice que la justificación venga sólo por la fe. Todos los pecados del pueblo de Dios, pasados, presentes y futuros, son perdonados gracias a que Cristo murió una sola vez por todos nuestros pecados. Esta justificación fundada en la muerte de Cristo por nosotros es la base de la santificación, y no de otro modo. El único pecado contra el cual podemos luchar con éxito es un pecado perdonado. Sin la justificación realizada por Cristo una vez por todos los pecados, lo único que produce nuestro esfuerzo por conseguir la santidad es desesperación o autojustificación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El trabajo de Dios en la justificación no hace que el trabajo de Dios para la santificación sea opcional. La Biblia no dice que el perdón haga de la santidad una opción; en realidad, el perdón es lo que hace posible la santidad. El Dios que justifica también santifica. La fe que justifica también satisface: el corazón humano se sacia de Dios y se libera de los placeres engañosos del pecado. Por esta razón, la justificación y el proceso para la santificación siempre van juntos: los dos provienen de la misma fe. La perfección va a llegar al final de nuestros días cuando muramos o con la venida de Cristo, pero el esfuerzo por llevar una vida en santidad comienza con la primera semilla de mostaza de fe. Ésa es la naturaleza de la fe salvadora. Encuentra su gozo en Cristo y asimismo se desliga de los placeres que trae el pecado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1ª Tesalonicenses 5:23–24, Pablo dice: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Ahora hay que fijarse en tres puntos: exhortaciones, oración, y promesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''EXHORTACIONES'''. En los versículos [1ª Tesalonicenses] 14-22, Pablo acaba con una sucesión de exhortaciones. Dicha sucesión termina en el versículo 22: “absteneos de toda forma de mal”. Por eso sabemos que Dios usa exhortaciones y llamados para santificarnos. Dios no nos dice: “Yo soy el que te santifica, por eso no tengo nada que decirte&amp;quot;. Él no nos santifica de una manera simple y subconsciente. Él se ocupa de nuestros pensamientos y nuestros deseos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ORACIÓN'''. En el versículo 23, Pablo pasa de ordenarnos o exhortarnos a ser santos, a pedirle a Dios que nos santifique: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Por tanto, Dios no solo usa mandamientos y llamados en la manera en la que Él nos santifica, sino también las oraciones de Su pueblo. Él no se ocupa sólo de tus pensamientos y motivaciones para santificarte, también se ocupa de los pensamientos y motivaciones de otras personas afín de que oren por ti. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''PROMESA'''. Después de ordenarnos en los versículos 14-22 que persigamos llevar una vida en santidad, y de orar en el versículo 23 para que Dios nos santificara, Pablo dice la frase definitiva en el versículo 24: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un razonamiento humano equivocado piensa: “Bueno, Dios nos está ordenando que nos abstengamos de toda forma de mal, así que dependerá de nosotros que seamos santos&amp;quot;, o &amp;quot;bueno, Pablo está orando para que Dios me santifique, así que depende de que Dios responda o no a la oración de Pablo”. Todo esto es una manera equivocada de pensar y no es lo que el texto nos está diciendo. Una manera correcta de pensar nos lleva al versículo 24 y es: ¡La fidelidad de Dios junto con Su llamado demuestra que Él lo hará! “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará&amp;quot;. ¿Y qué es “lo”? &amp;quot;Lo&amp;quot; es lo que Pablo ha ordenado y por lo que ha estado orando, en otras palabras, la santificación. Dios lo hará. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Vamos a confiar en Él por la gracia por la que nuestros pecados son perdonados o también por la gracia para hacernos progresar a la hora de vencer nuestros pecados? Piensa en esta pregunta durante un momento mientras seguimos reflexionando sobre esta idea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si prestas atención al versículo 23, puede que te hagas la misma pregunta que yo: cuando Pablo está orando para que Dios nos santifique y nos preserve irreprensibles “para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, ¿se refiere a que Dios nos transformará en un abrir y cerrar de ojos cuando Jesús vuelva? ¿O a que Él trabajará ahora en nosotros para que seamos santos con la venida de Jesús? ¿Los versículos 23 y 24 son una oración y una promesa de lo que Dios hará de una sola vez con la venida de Jesús? ¿O son una oración y una promesa de lo que Dios va a hacer ahora en la vida de los creyentes para prepararlos a estar en santidad para ese día? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos versículos son una oración y una promesa de que lo que hay que hacer, Dios lo va a hacer ahora. Y afirmo esto porque la santificación normalmente hace referencia al proceso para hacernos santos en este momento, además de que el paralelismo en 1ª Tesalonicenses 3:12-13 muestra que esto es lo que Pablo quiere decir: “y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad [por lo que Pablo ora en 5:23] delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús [la misma frase que en 5:23] con todos sus santos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo está orando para que Dios obre algo que nos haga crecer y abundar en amor. Y el objetivo de esta obra constante en nosotros ahora, es que cuando llegue el final podamos presentarnos ante Dios en santidad, porque el amor es la esencia de la santidad del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primera de Tesalonicenses 5:23-24 nos enseña verdaderamente que Dios es el único que puede santificar en este momento. Lo hace mediante exhortaciones y llamados que apelan a nuestros pensamientos y a nuestros deseos. Lo hace mediante la oración. No obstante, sea como sea, tarde lo que tarde y por imperfectos que nos podamos sentir, lo único que importa es que Dios lo hace. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¿cómo puede ser que la fidelidad de Dios lo comprometa a santificarnos? La clave es la conexión existente entre los demás elementos para nuestra salvación y el trabajo de santificación de Dios. Esto se ve claramente en 5:24 donde Pablo dice: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Es como si Pablo dijera: &amp;quot;¡Te ha llamado! ¿No te das cuenta? ¡Te ha llamado! Y si Él te ha llamado, entonces Él te santificará. Eso es Su fidelidad. ¿No lo entiendes?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tú te rascas la cabeza y preguntas: ¿Por qué el hecho de que Él nos ha llamado implica que tenga que santificarnos?” Y Pablo responde: “Porque Su propósito cuando te llamó era que pudieses ser santo. La santidad es el propósito imbatible de Dios cuando te llamó. Estaría siendo infiel a Su propósito si sólo te llamase y no te santificase. Eso es lo que os repetía en 1 Tesalonicenses 4:7: &amp;quot;Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paso tras paso en tu camino hacia la salvación está basado en la seguridad sobre todos los pasos que diste anteriormente. Tu santificación está basada y garantizada por tu llamado. Tu llamado está basado en la muerte de Cristo por los pecadores. La muerte de Cristo se basa en la predestinación y la predestinación se basa en la elección. Una vez que te sientes atrapado por la graciosa, maravillosa y ecuánime salvación forjada por Dios, sabes que eres amado por un amor que es salvador, santificador, que te llama, te asombra, te predestina, te elije, que es perpetuo y omnipotente. Y proclamas: &amp;quot;Dios es fiel. ¡Él lo hará!”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no solamente el propósito de Dios al elegirte era tu santidad. Efesios 1:4 dice: “[Dios] según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él (cf. 2ª Ts. 2:13). Tu santidad es tan cierta como tu elección. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el propósito de Dios al predestinarte era tu santidad. Romanos 8:29a: “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Que seamos cada día más parecidos a Jesús es tan cierto como el propósito de Dios en la predestinación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el propósito de Dios con la muerte de su Hijo era tu santidad. Efesios 5:25b-26a dice: “Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella para que pudiera santificarla” (versión acotada). Que seas santo es tan cierto como el propósito imbatible de Dios con la muerte de Su Hijo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al elegirte, al predestinarte, al morir por ti y al llamarte, Su propósito era tu santidad. Y por eso podemos decir como Pablo en 1 Tesalonicenses 5:24 que no solo “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” sino que además “Fiel es el que os elije, el cual también lo hará. Fiel es el que te predestinó, el cual también lo hará. Fiel es el que envió a Su Hijo para morir por ti, el cual también lo hará&amp;quot;. ¿Cuál es el propósito final? “para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:6).&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 15 Nov 2008 10:30:38 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Washed_by_Grace/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Our Father/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Our_Father/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Nuestro Padre}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi primera clase en la Free University de Ámsterdam echó por tierra mi autocomplacencia académica. Fue un shock cultural, una prueba de contrastes que comenzó en el momento en que el profesor, el Dr. G.C. Berkouwer entró en la sala. Cuando apareció por la puerta, todos los estudiantes se pusieron firmes mientras subía los peldaños del estrado, abría su cuaderno de notas y en silencio, asentía para que los estudiantes se sentaran. Entonces, comenzaba a dar su clase y los estudiantes, en un silencio sagrado, escuchaban obedientemente y tomaban notas durante una hora. Nadie se atrevió nunca a interrumpir o distraer al profesor atreviéndose a levantar la mano. La sesión estaba dominada por una sola voz: la voz a la que todos prestábamos atención. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Al terminar la clase, el profesor cerraba su cuaderno, descendía del estrado y se iba apresuradamente, no sin que antes los estudiantes se hubiesen puesto una vez más de pie en su honor. No había conversaciones, no había citas para después, no había cotilleos. Ningún estudiante se dirigió nunca al profesor excepto en los exámenes orales privados que estaban programados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando tuve mi primer examen de ese tipo estaba aterrorizado. Fui a la casa del profesor esperando pasar un calvario. Pero a pesar de lo exigente del examen, no lo fue. El doctor Berkouwer se mostró amable y acogedor. Como si fuera mi tío, me preguntó por mi familia. Se mostró muy preocupado por mi bienestar y me pidió que le preguntase lo que quisiera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cierta manera, esta experiencia fue como probar un poco del cielo. Naturalmente, el profesor Berkouwer era mortal; pero era un hombre con una inteligencia titánica y conocimientos de enciclopedia. Yo no me encontraba en su casa para enseñarle o para discutir con él: él era el profesor y yo el estudiante. Apenas había nada del mundo de la teología que él pudiera aprender de mí, y aún así, me estuvo escuchando como si realmente pensase que yo podía enseñarle algo. Se tomaba muy en serio mis respuestas ante sus sagaces preguntas. Era como si un padre preocupado se estuviese interesando por su hijo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta situación es la mejor analogía humana en la que puedo pensar para darle respuesta a la vieja pregunta de: Si Dios es soberano, ¿para qué hay que orar? No obstante, tengo que decir que esta analogía no es comparable. Aunque Berkouwer me sobrepasaba con su conocimiento, éste no era infinito sino limitado. En ningún caso era omnisciente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otra parte, cuando hablo con Dios, no estoy hablando simplemente con un Gran Profesor en el Cielo. Estoy hablando con alguien que posee todo el conocimiento, alguien que no va a aprender nada de mí que Él ya no sepa. Él conoce todo lo que se puede conocer, incluyendo todo lo que tengo en mi cabeza. Él ya sabe todo lo que tengo que decirle antes de que se lo diga. Él sabe lo que va a hacer antes de que lo haga. Su conocimiento es soberano porque Él es soberano. Su conocimiento es perfecto, inalterable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque a veces la Biblia no encaja con el pensamiento humano que manifiesta la idea de que Dios cambia su parecer, cede o se arrepiente de Sus planes, en algún lugar la Biblia nos recuerda que las formas de expresión humanas son sólo eso, y que Dios no es un hombre que se arrepienta. En Él no hay atisbo de cambio. Su consejo permanece por siempre. Él no tiene un plan B. Un plan B es un plan “de emergencia”, y aunque Dios conoce todas las situaciones de emergencia, para Él mismo no existen tales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La gente se pregunta: ¿la oración cambia la voluntad de Dios? Hacer esa pregunta es responderla. ¿Qué clase de Dios podría verse influenciado por mis oraciones? ¿Cómo podrían mis oraciones cambiar Sus planes? ¿Puede ser que yo le dé a Dios alguna información que Él ya no tenga? O ¿podría persuadirle de hacer algo de una forma más excelente gracias a mi sabiduría superior? Por supuesto que no. No estoy capacitado en absoluto para ser el mentor de Dios o su asesor en la toma de decisiones. Por tanto, la respuesta es sencillamente que la oración no cambia la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero supongamos que preguntamos sobre la relación entre la soberanía de Dios y nuestras oraciones de una manera ligeramente distinta: ¿La oración cambia las cosas? La respuesta ahora se convierte en un enérgico “¡Sí!”. Las Escrituras nos dicen que &amp;quot;La oración eficaz del justo puede lograr mucho” (Santiago 5:16). Este texto declara que la oración es efectiva, no un ejercicio piadoso e inútil. Lo que es inútil no logra nada. Sin embargo, la oración logra mucho. Lo que logra mucho nunca es inútil. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué logra la oración? ¿Qué cambia? En primer lugar, mis oraciones me cambian. El propósito de la oración no es cambiar a Dios. Él no cambia porque no necesita cambiar, pero yo sí. Igual que las preguntas del doctor Berkouwer no eran para su beneficio sino para el mío, mi tiempo con Dios es para mi edificación, no para la de Él. La oración es uno de los grandes privilegios que se nos dio junto con la justificación. Una de las consecuencias de nuestra justificación es que tenemos acceso a Dios. Hemos sido adoptados en Su familia y hemos recibido el derecho a dirigirnos a Él llamándole Padre. Somos alentados a acudir a Su presencia sin complejos (existe por supuesto una diferencia entre sin complejos y con arrogancia). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la oración también cambia cosas. En la práctica, podemos decir que la oración funciona. Aquello que es efectivo es aquello que provoca o produce efectos. En teología, se distingue entre causalidad primaria y secundaria. La causalidad primaria es la fuente de energía de todas las causas. Cuando la Biblia dice &amp;quot;porque en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:22), indica que sin la providencia de Dios que nos sustenta, no tendríamos ninguna fuerza para vivir, movernos o existir. Toda la fuerza que podamos tener es algo secundario; siempre dependerá de Dios para su eficacia final. Y esto es real. La oración es uno de los medios que usa Dios para que se cumpla la voluntad que Él dispone. Esto quiere decir que Dios no solamente dispone propósitos, sino también los medios que Él usa para que se cumplan esos propósitos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no necesita que prediquemos para salvar a Su pueblo. Aún así, ha elegido obrar mediante la predicación. Él es el que da poder a nuestra predicación humana mediante Su propio poder. Él da poder a nuestras oraciones para que después de que hayamos orado, podamos apartarnos y ver cómo desata Su poder en y por medio de nuestras oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oramos con esperanza y confiadamente no sólo por la soberanía de Dios, sino a causa de ella. Lo que sería una pérdida de aliento y de tiempo sería orar a un dios que no fuera soberano.&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 21 Oct 2008 14:01:36 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Our_Father/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Washed by Grace/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Washed_by_Grace/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Limpiado por la gracia}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La necesidad bíblica que tenemos de llevar una vida en santidad no ignora la gracia. Más bien, esta necesidad se basa directamente en el perdón obtenido por la gracia y pone de manifiesto el poder de la gracia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1ª de Corintios 15:10, Pablo dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí”. La gracia no es sólo el perdón que pasa por encima de nuestra maldad, sino el poder que produce la bondad en nosotros. Si Dios dice que esto es hecho por gracia, no estamos ignorando la gracia si estamos de acuerdo con Él. En realidad, todo lo contrario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mandamiento bíblico de llevar una vida en santidad no contradice que la justificación venga sólo por la fe. Todos los pecados del pueblo de Dios, pasados, presentes y futuros, son perdonados gracias a que Cristo murió una sola vez por todos nuestros pecados. Esta justificación fundada en la muerte de Cristo por nosotros es la base de la santificación, y no de otro modo. El único pecado contra el cual podemos luchar con éxito es un pecado perdonado. Sin la justificación realizada por Cristo una vez por todos los pecados, lo único que produce nuestro esfuerzo por conseguir la santidad es desesperación o autojustificación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El trabajo de Dios en la justificación no hace que el trabajo de Dios para la santificación sea opcional. La Biblia no dice que el perdón haga de la santidad una opción; en realidad, el perdón es lo que hace posible la santidad. El Dios que justifica también santifica. La fe que justifica también satisface: el corazón humano se sacia de Dios y se libera de los placeres engañosos del pecado. Por esta razón, la justificación y el proceso para la santificación siempre van juntos: los dos provienen de la misma fe. La perfección va a llegar al final de nuestros días cuando muramos o con la venida de Cristo, pero el esfuerzo por llevar una vida en santidad comienza con la primera semilla de mostaza de fe. Ésa es la naturaleza de la fe salvadora. Encuentra su gozo en Cristo y asimismo se desliga de los placeres que trae el pecado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1ª Tesalonicenses 5:23–24, Pablo dice: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Ahora hay que fijarse en tres puntos: exhortaciones, oración, y promesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''EXHORTACIONES'''. En los versículos [1ª Tesalonicenses] 14-22, Pablo acaba con una sucesión de exhortaciones. Dicha sucesión termina en el versículo 22: “absteneos de toda forma de mal”. Por eso sabemos que Dios usa exhortaciones y llamados para santificarnos. Dios no nos dice: “Yo soy el que te santifica, por eso no tengo nada que decirte&amp;quot;. Él no nos santifica de una manera simple y subconsciente. Él se ocupa de nuestros pensamientos y nuestros deseos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ORACIÓN'''. En el versículo 23, Pablo pasa de ordenarnos o exhortarnos a ser santos, a pedirle a Dios que nos santifique: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Por tanto, Dios no solo usa mandamientos y llamados en la manera en la que Él nos santifica, sino también las oraciones de Su pueblo. Él no se ocupa sólo de tus pensamientos y motivaciones para santificarte, también se ocupa de los pensamientos y motivaciones de otras personas afín de que oren por ti. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''PROMESA'''. Después de ordenarnos en los versículos 14-22 que persigamos llevar una vida en santidad, y de orar en el versículo 23 para que Dios nos santificara, Pablo dice la frase definitiva en el versículo 24: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un razonamiento humano equivocado piensa: “Bueno, Dios nos está ordenando que nos abstengamos de toda forma de mal, así que dependerá de nosotros que seamos santos&amp;quot;, o &amp;quot;bueno, Pablo está orando para que Dios me santifique, así que depende de que Dios responda o no a la oración de Pablo”. Todo esto es una manera equivocada de pensar y no es lo que el texto nos está diciendo. Una manera correcta de pensar nos lleva al versículo 24 y es: ¡La fidelidad de Dios junto con Su llamado demuestra que Él lo hará! “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará&amp;quot;. ¿Y qué es “lo”? &amp;quot;Lo&amp;quot; es lo que Pablo ha ordenado y por lo que ha estado orando, en otras palabras, la santificación. Dios lo hará. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Vamos a confiar en Él por la gracia por la que nuestros pecados son perdonados o también por la gracia para hacernos progresar a la hora de vencer nuestros pecados? Piensa en esta pregunta durante un momento mientras seguimos reflexionando sobre esta idea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si prestas atención al versículo 23, puede que te hagas la misma pregunta que yo: cuando Pablo está orando para que Dios nos santifique y nos preserve irreprensibles “para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, ¿se refiere a que Dios nos transformará en un abrir y cerrar de ojos cuando Jesús vuelva? ¿O a que Él trabajará ahora en nosotros para que seamos santos con la venida de Jesús? ¿Los versículos 23 y 24 son una oración y una promesa de lo que Dios hará de una sola vez con la venida de Jesús? ¿O son una oración y una promesa de lo que Dios va a hacer ahora en la vida de los creyentes para prepararlos a estar en santidad para ese día? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos versículos son una oración y una promesa de que lo que hay que hacer, Dios lo va a hacer ahora. Y afirmo esto porque la santificación normalmente hace referencia al proceso para hacernos santos en este momento, además de que el paralelismo en 1ª Tesalonicenses 3:12-13 muestra que esto es lo que Pablo quiere decir: “y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad [por lo que Pablo ora en 5:23] delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús [la misma frase que en 5:23] con todos sus santos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo está orando para que Dios obre algo que nos haga crecer y abundar en amor. Y el objetivo de esta obra constante en nosotros ahora, es que cuando llegue el final podamos presentarnos ante Dios en santidad, porque el amor es la esencia de la santidad del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primera de Tesalonicenses 5:23-24 nos enseña verdaderamente que Dios es el único que puede santificar en este momento. Lo hace mediante exhortaciones y llamados que apelan a nuestros pensamientos y a nuestros deseos. Lo hace mediante la oración. No obstante, sea como sea, tarde lo que tarde y por imperfectos que nos podamos sentir, lo único que importa es que Dios lo hace. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¿cómo puede ser que la fidelidad de Dios lo comprometa a santificarnos? La clave es la conexión existente entre los demás elementos para nuestra salvación y el trabajo de santificación de Dios. Esto se ve claramente en 5:24 donde Pablo dice: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Es como si Pablo dijera: &amp;quot;¡Te ha llamado! ¿No te das cuenta? ¡Te ha llamado! Y si Él te ha llamado, entonces Él te santificará. Eso es Su fidelidad. ¿No lo entiendes?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tú te rascas la cabeza y preguntas: ¿Por qué el hecho de que Él nos ha llamado implica que tenga que santificarnos?” Y Pablo responde: “Porque Su propósito cuando te llamó era que pudieses ser santo. La santidad es el propósito imbatible de Dios cuando te llamó. Estaría siendo infiel a Su propósito si sólo te llamase y no te santificase. Eso es lo que os repetía en 1 Tesalonicenses 4:7: &amp;quot;Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paso tras paso en tu camino hacia la salvación está basado en la seguridad sobre todos los pasos que diste anteriormente. Tu santificación está basada y garantizada por tu llamado. Tu llamado está basado en la muerte de Cristo por los pecadores. La muerte de Cristo se basa en la predestinación y la predestinación se basa en la elección. Una vez que te sientes atrapado por la graciosa, maravillosa y ecuánime salvación forjada por Dios, sabes que eres amado por un amor que es salvador, santificador, que te llama, te asombra, te predestina, te elije, que es perpetuo y omnipotente. Y proclamas: &amp;quot;Dios es fiel. ¡Él lo hará!”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no solamente el propósito de Dios al elegirte era tu santidad. Efesios 1:4 dice: “[Dios] según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él (cf. 2ª Ts. 2:13). Tu santidad es tan cierta como tu elección. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el propósito de Dios al predestinarte era tu santidad. Romanos 8:29a: “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Que seamos cada día más parecidos a Jesús es tan cierto como el propósito de Dios en la predestinación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el propósito de Dios con la muerte de su Hijo era tu santidad. Efesios 5:25b-26a dice: “Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella para que pudiera santificarla” (versión acotada). Que seas santo es tan cierto como el propósito imbatible de Dios con la muerte de Su Hijo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al elegirte, al predestinarte, al morir por ti y al llamarte, Su propósito era tu santidad. Y por eso podemos decir como Pablo en 1 Tesalonicenses 5:24 que no solo “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” sino que además “Fiel es el que os elije, el cual también lo hará. Fiel es el que te predestinó, el cual también lo hará. Fiel es el que envió a Su Hijo para morir por ti, el cual también lo hará&amp;quot;. ¿Cuál es el propósito final? “para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:6).&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 13 Oct 2008 20:42:34 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Washed_by_Grace/es</comments>		</item>
		<item>
			<title>Washed by Grace/es</title>
			<link>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Washed_by_Grace/es</link>
			<description>&lt;p&gt;Avillos: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Limpiado por la gracia}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La necesidad bíblica que tenemos de llevar una vida en santidad no ignora la gracia. Más bien, esta necesidad se basa directamente en el perdón obtenido por la gracia y pone de manifiesto el poder de la gracia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1ª de Corintios 15:10, Pablo dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí”. La gracia no es sólo el perdón que pasa por encima de nuestra maldad, sino el poder que produce la bondad en nosotros. Si Dios dice que esto es hecho por gracia, no estamos ignorando la gracia si estamos de acuerdo con Él. En realidad, todo lo contrario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mandamiento bíblico de llevar una vida en santidad no contradice que la justificación venga sólo por la fe. Todos los pecados del pueblo de Dios, pasados, presentes y futuros, son perdonados gracias a que Cristo murió una sola vez por todos nuestros pecados. Esta justificación fundada en la muerte de Cristo por nosotros es la base de la santificación, y no de otro modo. El único pecado contra el cual podemos luchar con éxito es un pecado perdonado. Sin la justificación realizada por Cristo una vez por todos los pecados, lo único que produce nuestro esfuerzo por conseguir la santidad es desesperación o autojustificación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El trabajo de Dios en la justificación no hace que el trabajo de Dios para la santificación sea opcional. La Biblia no dice que el perdón haga de la santidad una opción; en realidad, el perdón es lo que hace posible la santidad. El Dios que justifica también santifica. La fe que justifica también satisface: el corazón humano se sacia de Dios y se libera de los placeres engañosos del pecado. Por esta razón, la justificación y el proceso para la santificación siempre van juntos: los dos provienen de la misma fe. La perfección va a llegar al final de nuestros días cuando muramos o con la venida de Cristo, pero el esfuerzo por llevar una vida en santidad comienza con la primera semilla de mostaza de fe. Ésa es la naturaleza de la fe salvadora. Encuentra su gozo en Cristo y asimismo se desliga de los placeres que trae el pecado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1ª Tesalonicenses 5:23–24, Pablo dice: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Ahora hay que fijarse en tres puntos: exhortaciones, oración, y promesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''EXHORTACIONES'''. En los versículos [1ª Tesalonicenses] 14-22, Pablo acaba con una sucesión de exhortaciones. Dicha sucesión termina en el versículo 22: “absteneos de toda forma de mal”. Por eso sabemos que Dios usa exhortaciones y llamados para santificarnos. Dios no nos dice: “Yo soy el que te santifica, por eso no tengo nada que decirte&amp;quot;. Él no nos santifica de una manera simple y subconsciente. Él se ocupa de nuestros pensamientos y nuestros deseos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ORACIÓN'''. En el versículo 23, Pablo pasa de ordenarnos o exhortarnos a ser santos, a pedirle a Dios que nos santifique: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Por tanto, Dios no solo usa mandamientos y llamados en la manera en la que Él nos santifica, sino también las oraciones de Su pueblo. Él no se ocupa sólo de tus pensamientos y motivaciones para santificarte, también se ocupa de los pensamientos y motivaciones de otras personas afín de que oren por ti. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''PROMESA'''. Después de ordenarnos en los versículos 14-22 que persigamos llevar una vida en santidad, y de orar en el versículo 23 para que Dios nos santificara, Pablo dice la frase definitiva en el versículo 24: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un razonamiento humano equivocado piensa: “Bueno, Dios nos está ordenando que nos abstengamos de toda forma de mal, así que dependerá de nosotros que seamos santos&amp;quot;, o &amp;quot;bueno, Pablo está orando para que Dios me santifique, así que depende de que Dios responda o no a la oración de Pablo”. Todo esto es una manera equivocada de pensar y no es lo que el texto nos está diciendo. Una manera correcta de pensar nos lleva al versículo 24 y es: ¡La fidelidad de Dios junto con Su llamado demuestra que Él lo hará! “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará&amp;quot;. ¿Y qué es “lo”? &amp;quot;Lo&amp;quot; es lo que Pablo ha ordenado y por lo que ha estado orando, en otras palabras, la santificación. Dios lo hará. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Vamos a confiar en Él por la gracia por la que nuestros pecados son perdonados o también por la gracia para hacernos progresar a la hora de vencer nuestros pecados? Piensa en esta pregunta durante un momento mientras seguimos reflexionando sobre esta idea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si prestas atención al versículo 23, puede que te hagas la misma pregunta que yo: cuando Pablo está orando para que Dios nos santifique y nos preserve irreprensibles “para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, ¿se refiere a que Dios nos transformará en un abrir y cerrar de ojos cuando Jesús vuelva? ¿O a que Él trabajará ahora en nosotros para que seamos santos con la venida de Jesús? ¿Los versículos 23 y 24 son una oración y una promesa de lo que Dios hará de una sola vez con la venida de Jesús? ¿O son una oración y una promesa de lo que Dios va a hacer ahora en la vida de los creyentes para prepararlos a estar en santidad para ese día? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos versículos son una oración y una promesa de que lo que hay que hacer, Dios lo va a hacer ahora. Y afirmo esto porque la santificación normalmente hace referencia al proceso para hacernos santos en este momento, además de que el paralelismo en 1ª Tesalonicenses 3:12-13 muestra que esto es lo que Pablo quiere decir: “y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad [por lo que Pablo ora en 5:23] delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús [la misma frase que en 5:23] con todos sus santos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo está orando para que Dios obre algo que nos haga crecer y abundar en amor. Y el objetivo de esta obra constante en nosotros ahora, es que cuando llegue el final podamos presentarnos ante Dios en santidad, porque el amor es la esencia de la santidad del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primera de Tesalonicenses 5:23-24 nos enseña verdaderamente que Dios es el único que puede santificar en este momento. Lo hace mediante exhortaciones y llamados que apelan a nuestros pensamientos y a nuestros deseos. Lo hace mediante la oración. No obstante, sea como sea, tarde lo que tarde y por imperfectos que nos podamos sentir, lo único que importa es que Dios lo hace. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¿cómo puede ser que la fidelidad de Dios lo comprometa a santificarnos? La clave es la conexión existente entre los demás elementos para nuestra salvación y el trabajo de santificación de Dios. Esto se ve claramente en 5:24 donde Pablo dice: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Es como si Pablo dijera: &amp;quot;¡Te ha llamado! ¿No te das cuenta? ¡Te ha llamado! Y si Él te ha llamado, entonces Él te santificará. Eso es Su fidelidad. ¿No lo entiendes?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tú te rascas la cabeza y preguntas: ¿Por qué el hecho de que Él nos ha llamado implica que tenga que santificarnos?” Y Pablo responde: “Porque Su propósito cuando te llamó era que pudieses ser santo. La santidad es el propósito imbatible de Dios cuando te llamó. Estaría siendo infiel a Su propósito si sólo te llamase y no te santificase. Eso es lo que os repetía en 1 Tesalonicenses 4:7: &amp;quot;Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paso tras paso en tu camino hacia la salvación está basado en la seguridad sobre todos los pasos que diste anteriormente. Tu santificación está basada y garantizada por tu llamado. Tu llamado está basado en la muerte de Cristo por los pecadores. La muerte de Cristo se basa en la predestinación y la predestinación se basa en la elección. Una vez que te sientes atrapado por la graciosa, maravillosa y ecuánime salvación forjada por Dios, sabes que eres amado por un amor que es salvador, santificador, que te llama, te asombra, te predestina, te elije, que es perpetuo y omnipotente. Y proclamas: &amp;quot;Dios es fiel. ¡Él lo hará!”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no solamente el propósito de Dios al elegirte era tu santidad. Efesios 1:4 dice: “[Dios] según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él (cf. 2ª Ts. 2:13). Tu santidad es tan cierta como tu elección. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el propósito de Dios al predestinarte era tu santidad. Romanos 8:29a: “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Que seamos cada día más parecidos a Jesús es tan cierto como el propósito de Dios en la predestinación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el propósito de Dios con la muerte de su Hijo era tu santidad. Efesios 5:25b-26a dice: “Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella para que pudiera santificarla” (versión acotada). Que seas santo es tan cierto como el propósito imbatible de Dios con la muerte de Su Hijo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al elegirte, al predestinarte, al morir por ti y al llamarte, Su propósito era tu santidad. Y por eso podemos decir como Pablo en 1 Tesalonicenses 5:24 que no solo “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” sino que además “Fiel es el que os elije, el cual también lo hará. Fiel es el que te predestinó, el cual también lo hará. Fiel es el que envió a Su Hijo para morir por ti, el cual también lo hará&amp;quot;. ¿Cuál es el propósito final? “para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:6).&lt;/div&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 13 Oct 2008 20:37:29 GMT</pubDate>			<dc:creator>Avillos</dc:creator>			<comments>http://en.gospeltranslations.org/wiki/Talk:Washed_by_Grace/es</comments>		</item>
	</channel>
</rss>